Por ver qué grande es el mundo del amor
Chapter 3
Esta mañana me ha parecido esplendorosa. Cuando salí de casa parecía que el sol regalaba sus acariciantes rayos al inmenso laberinto de mi ciudad. Por las calles se desparramaba la gente rumbo a sus labores cotidianas. Hasta el tránsito me pareció tranquilo y poco molesto. Su vertiginoso remolino que en líneas verticales y horizontales confundía los estruendos de su escándalo con la agitación de quienes se devanaban por llegar puntuales a sus trabajos, semejaba algo simpático. Todo era como si se levantara el telón de la esperanza y me colmara como de una extraña alegría al saber que aún hay maestros que se preocupan por sus alumnos. Ayer sucedió algo que me ha puesto de buen humor y me ha hecho recuperar eso que a veces pienso tan importante: el ayudar a los demás. Ahí es donde uno olvida las tristezas y decepciones que van apareciendo en nuestro diario vivir. Cuando llegué a la secundaria, todos daban prisa a sus pasos para evitar el regaño formidable de doña barbas, como le dicen a la prefecta; una hombruna mujer que se entretiene seleccionando alumnos o alumnas, según su juicio personal, que no portan el uniforme correctamente; o que la falda está demasiado corta; que traes los cabellos muy largos; que despíntate las uñas; que no debes venir maquillada: “no eres una vedette corriente”; que esos zapatos están muy sucios y así, por cosas que a mí me parecen insignificantes, castiga a mis compañeras como si fuera la gestapo que nos cuentan en la clase de Historia. Es como un Hitler con faldas; por suerte no tiene pistola, si no: Yo me los fusilaba a todos; mocosos majaderos y chilapastrosos, grita fúrica con suma frecuencia. En esta ocasión había detenido sin más, a uno de mis compañeros que siempre se caracteriza por caminar cabizbajo y con la mirada llena de preocupaciones. -Y a ti que te pasa, idiota. –le dijo la prefecta. -Nada señorita, prefecta. –contestó con corrección. Pero la vieja energúmena lo comenzó a insultar diciéndole desarrapado: Mira qué uniforme tan roto traes; cóselo, no seas barbaján. En esta secundaria cuidamos la imagen de nuestro alumnado y tú pareces un andrajoso gañán. Te voy a llevar a la dirección. Y empujándolo, lo llevó hasta el sitio señalado. Mientras tanto, la balumba de adolescentes aprovechaba el incidente para meterse sin revisión. Casi todos mostraban júbilo por la circunstancia. La mujerona aquella siguió amenazante al jovencito y lo presentó en las oficinas directivas. Abrió la puerta y dijo a la directora: -Traigo aquí a un mugroso que ya muchas veces le he dicho que tenga más cuidado con su uniforme y no hace caso. Mírelo, todo roto. La cacica se quedó boquiabierta y tragándose sus palabras y sus berrinches, cuando la directora exclamó, al ver a aquel adolescente: -Pasa José Luis. ¡Qué bueno que este incidente sin importancia permitió que vinieras antes de lo esperado!- y mirando como burlesca a la mujerona, le indicó:- Puede marcharse Imelda. Este joven es uno de los más estudiosos de la escuela y acaba de ganar un concurso de Matemáticas. Su apariencia humilde no es para que usted lo trate de esta manera. Deje de ser una gendarme y cumpla su función de prefecta, sin exagerar. - Está bien señorita directora.-y enrojecida de coraje, salió bufando de la dirección. Las secretarias que allí había, al verla, se carcajearon, como si se vengaran de algo. Esto la enfureció de tal manera que no se fijó que la puerta de cristal estaba cerrada y se dio un frentazo que prosiguió la hilaridad no solo la del secretariado, sino la del alumnado que por allí deambulaba. Adentro, la directora se dirigió con amabilidad al alumno reportado y le dijo con voz cariñosa: -Iba a mandarte buscar, pero ya que por error doña barbas, oh, perdón,- y sonrió como quien se sabe cómplice de alguna travesura- quise decir la señorita prefecta, me ha hecho el gran favor de traerte, quiero darte unas muy buenas noticias. -¿De veras, maestra? -Por supuesto; luego de las largas gestiones, que te constan, he realizado para tu caso, he logrado algo para solucionar tus problemas de campesino solitario en la ciudad. No es justo que un muchacho como tú; aplicado, reflexivo, entusiasta y afanoso, se pierda entre lo común tan sólo por no tener los medios suficientes para continuar sus estudios. Te he conseguido una beca para patrocinar no sólo tu bachillerato, sino la carrera que tú elijas. El monto de la beca permitirá que tus papás viajen desde tu pueblo en la sierra chatina hasta la ciudad de México para que cuiden de ti. Además, el gobierno te premió con una viviendo popular a donde tú podrás vivir con tu familia. El único requisito es conservar tus excelentes calificaciones y las muestras de tus progresos en el estudio. Y eso no será difícil para ti. -Muchas gracias, maestra.- y los ojos del joven brillaron, acaso por primera vez, de felicidad.- Es muy gentil la opinión que tiene usted de mí. Yo solamente hago lo que puedo desde mi deseo de superarme y ayudar a que los míos se superen. Sé que ocupo un lugar dentro del alumnado de la escuela y que tengo un compromiso con ella y con usted; con mis maestros y con mis padres: no defraudarlos y echarle muchas ganas. Me gusta estudiar para saber cada vez más y más. Hoy sé que soy un privilegiado al estar en esta secundaria y que cuántos no desearían una oportunidad como ésta. Yo la voy a aprovechar al máximo, maestra. Ya lo verá. -Me admira tu forma de hablar y nuevamente te repito que con este entusiasmo, tú puedes destacar en lo que emprendas. Por eso he luchado contra viento y barreras para beneficiarte. Yo también tuve que enfrentarme a muchos obstáculos para llegar a ser maestra y luego directora, pero al final, la calidad del trabajo es lo que cuenta. Esta beca ya la hubiera querido yo; pero eran otros tiempos. Sin embargo aquí estoy y tengo la oportunidad de ayudar a alguien como tú. Sé que tus padres se encuentran en malas condiciones económicas y que viven de manera muy humilde en los altos de la sierra sur de Oaxaca, pero eso no debe preocuparte más. Algún día tú regresarás a esa tu tierra y contribuirás a su engrandecimiento, como lo hizo un zapoteca hace más de un siglo con nuestro país. Además, tú eres un maravilloso políglota: hablas chatino, mazateco, zapoteco, español y vas que vuelas en inglés y en francés. Eres un caso excepcional. Esa es la razón por la cual me pareció que la Patria no debe desaprovecharte. -Gracias señorita directora; me hace usted muy feliz. Y disculpe mi gastado uniforme. - Ya no te preocupes por ello. Yo te voy a prestar unos centavitos para que te compres uno nuevo y zapatos. No creas que te los regalo. Te los estoy prestando, ¿lo oyes?; cuando recibas en un mes, tu beca retroactiva hasta primero de secundaria, me los pagarás. -Por supuesto, señorita. Permítame besarle las manos. -Eso nunca José Luis. Te ayudé porque siento que es mi obligación como maestra y todos los que nos hemos dedicado a esta profesión hemos de velar por el crecimiento intelectual, cultural y social de nuestro alumnado. -Usted sí qué merece el nombre de maestra. Ojalá que todos los profesores fueran así. -Bueno; ya basta. No vamos a estar intercambiando elogios. Ve a tu salón y a la salida pasas por el sobre donde va tu préstamo. Ya ha sonado el timbre. Las clases van a comenzar. -Sí, maestra,- dijo con el rostro regocijado-regreso a estudiar con nuevos ímpetus. Voy a estudiar como nunca. Ya lo verá usted.- y salió. Cuando entró al salón, aún no llegaba el maestro de Química y fue cuando pude acercarme a él para saber lo que le había sucedido; un poco preocupada porque, además de ser un gran amigo que me ha explicado todas esas patrañas de trigonometría, es un chico admirable; aunque su tipo es indígena, es súper más inteligente y estudioso que los estúpidos güeritos de mi salón, y los de toda la escuela. Cuando me contó, casi salté de gusto. Por eso hoy, como él, ahora soy también toda luz, toda caminos.
el MUNDO ENTRE LAS MANOS
Esta tarde vino mi amiga Julieta más contenta que nunca, de por sí siempre parece zafada del cerebro, pero hoy, se le notaba una alegría contagiosa y llena de arrebato. Con una sonrisita enfebrecida por un frenesí común en ella, me contó lo que le había sucedido el fin de semana. Sergio era el motivo de tanto alborozo. ¡Ay que adolescentes que somos! De la nada nos volamos y mi amiga parecía astronauta en su enamoramiento. Parece que el amor está a la expectativa para enloquecernos. Todo es amor. A donde quiera que voy se ve gente que se ama o por lo menos lo aparenta. Así que ella principió su tropel de palabras a más no poder. Casi me mareaba tanta velocidad en su habla: - Desde que lo conocí, mana, siento que tengo el amor entre mis manos. Si tú has amado, entenderás que el amor se nos queda o vuela. Si permanece, se esconde en nuestro corazón y parece todo un misterio por descubrir. Lástima que por más que me le insinúe para ver si nos hacemos novios, parece no tomarme en cuenta y me inquieta su indiferencia. Lo miro y lo miro, pero como si nada. Me le quedo viendo como si le dijera: Si vieras con más atención a mis ojos, entenderías que podemos tener nuestro amor en las manos. Aunque vergüenza pueda darme, sé que de pronto vas a descubrir este secreto y entonces me comprenderás. Por fin me harás caso. E insisto mirándolo y con los ojos le repito: Si tú quieres, sentirás cómo mi amor canta y a la vez calla. Escúchame y podrás oír mi voz interior. Si tú buscas también un poco de amor quizá lo podrás encontrar en mí y de inmediato sentirás que los dos podemos formar un solo corazón. Con tanto como lo veía, ya sabes amiga cómo veo, le desperté la atención y se me quedó observando como admirado. Luego sonrió, mientras yo le seguía diciendo con solo los ojos fijos en él: ¡Ah Sonríes. ¿Acaso has entendido que te amo? Ven, si quieres. Tendrás siempre la luz de mi corazón, porque ahora ya lo sabes también tú, que el amor puede quedarse o volar; anda, asómate a mi alma y encontrarás siempre amor. Me he enamorado de ti y siento que vuelo sobre el mundo y lo tengo todo entre mis manos. Tú puedes ser mi mundo y yo ser el tuyo. Ay sí, querida, hoy sí he sentido lo que es estar loca por alguien. Pero el muy tímido o discreto, no pasó de su sonrisita y se fue con sus amigos, quién sabe a dónde. Sólo falta que él se conmueva, recapacite y un día de estos, me tome al fin de las manos y diga que me ama. Como Tony a María en Amor sin barreras. Ojalá que se dé cuenta rápido. Como dice aquella vieja canción de nuestros abuelos: ¡Es que estoy taaaan enamorada! -Ah, Julieta, no seas tan soñadora como yo- la interrumpí en su torrente frenético-, ya ves cómo me ha ido. -¿Y qué amiga? Como dice la maestra de Civismo, -prosiguió su tarabilla- no hay que dejar pasar los sueños, mientras sueños sean. Cuando despertemos, nadie nos quitará lo soñado. Si es real, qué maravilla; si es fantaseado, mejor. ¿O no? Mientras tanto yo insistiré, porque como ya te lo dije y lo repetiré hasta el cansancio el amor se nos queda o vuela, canta y a la vez calla y es un misterio por descubrir y el amor... se nos queda o vuela, canta y a la vez calla y es un misterio por descubrir y el amor... se nos queda o vuela, canta y a la vez calla y es un misterio por descubrir y el amor...
ETERNO RETORNO
Esas palabras ya las he escuchado en otra ocasión. Son las mismas que Alberto me dijo hace dos años, cuando yo acababa de cumplir catorce: -Me iré de aquí la semana que entra. Yo no lo quisiera, pero como mi padre será trasladado por la compañía de seguros a Madrid, toda mi familia tendrá que irse con él. Así que no podremos vernos más durante mucho tiempo. ¿Quién sabe cuánto? Pero te escribiré; te mandaré postales y te juro que no voy a olvidarte. Cuando regrese, volveremos a estar juntos como lo hemos estado hasta ahora, desde que nos conocimos al entrar a la secundaria. ¿Recuerdas? Los dos teníamos trece y estábamos en distintos grupos, pero ya ves cómo son las cosas. De tanto asistir a la cooperativa, nos conocimos, hicimos amistad; vimos que teníamos gustos semejantes y que nos interesaban parecidas preferencias: las películas, el excursionismo, las novelas de Riva Palacio, el patinaje, las canciones humorísticas, el baile y ciertos juegos. Lamento mucho que tengamos que separarnos por ahora, pero verás que retornaré. ¡Ah! Discúlpame, por favor, pero debo irme, porque se está haciendo tarde y no quiero que por mi culpa vayamos a perder el avión. Ya ves que aunque el aeropuerto no está retirado de donde vivimos (los aviones siempre pasan por los techos de nuestro vecindario), nunca es bueno confiarse de las cercanías. Y dándome un beso cariñoso en la mejilla, que a mí me pareció helado, se alejó. Desde la puerta de mi casa lo vi perderse con rapidez en la lejanía y más tarde lo vi pasar en el taxi donde iba con toda su familia: su padre, su madre, su hermano mayor y su hermanita, la pequeña. Yo no sé si sentí tristeza o cierta tranquilidad, pero la verdad, parecía que se me había desprendido un poco de mi recién adquirida adolescencia. De pronto me dieron ganas de llorar, mas me aguanté. Total- dije- sabía que lo nuestro no podía durar para siempre. Algo había leído de esto en la Marianela de Galdós. Cuando luego de un rato, como siempre, pasó un avión; imaginé que a lo mejor él iba allí. Que le vaya bien, pensé, mientras sentía la caricia de las manos de mamá sobre mi cabellera. ¿Se habría dado cuenta de la despedida? No sé. Sólo recuerdo que después la abracé con fuerza, como cuando yo era niña y me asustaba de algo: -No, no me dejes tú, mamá. No, no me dejes. – le murmuraba mientras en mi mente repetía lo que nunca escuchó él: No, no me dejes; no me dejes nunca. Y sus últimas palabras resonaban en mi mente como un infinito eco de película. Por eso ahora que Arturo también vino a despedirse, se me hizo una como repetición de lo que ya me había sucedido con Alberto y con Fabio. Su padre tenía que irse a otra ciudad, creo que a Morelia. Por lo menos más cercana que Madrid. De igual manera la empresa donde trabajaba, lo enviaba a ocuparse de la sucursal de allá y me dijo algo semejante a lo de Alberto, mientras yo sonreía como con placidez, inocencia y comprensión: -Me iré de aquí, pero ya verás que volveré. Cuando salió no pude contener un burlón cómo no y continué haciendo mi tarea. Hoy, ni uno ni otro ha regresado. Yo ya he cumplido quince, dicen, primaveras; aunque a mí me parece definitivamente medio cursi tal expresión. Pero en fin, es el lenguaje de los adultos que se creen muy poéticos. Yo no voy esperar ni a Alberto ni a Arturo una sola primavera más. Acaso a Fabio sí, por conocer a su esposa. A ver qué gusto tuvo. Con él ya no tengo ninguna perspectiva. Mejor, ahora que voy a entrar al bachillerato, procuraré ser menos paciente y me aventuraré a conocer mundo. Hoy me importa un comino si no regresa Arturo. Alberto me envió dos o tres postales de Europa y nada más. Arturo me escribió tan solo una carta donde parecía presumirme de su nueva vida. Ni siquiera sé si han venido a México en alguna vez. Hasta Fabio ha dejado de mandarme postales. Si me han olvidado, estén seguros que yo ya ni me acuerdo mucho ni de aquél ni de éste ni del otro. Creo que así es la vida: un camino de olvidos. Acaso sea lo mejor...
COMO TÚ, nadie
Hoy conocí a otro chico muy simpático. O al menos a mí así me pareció. Y ya no sé, con éste, ni cuántos me han impresionado. Pareciera que ando buscando de quien enamorarme. Por hoy, lo único que he encontrado es un idea de lo que puede ser el amor y jamás lo he visto realizado en un ser concreto. Pero que quede claro, yo no soy una rogona ni una buscona. Sólo el fondo de mi alma lo sabe, aunque no me niego a experimentar. Desde el primer momento en que me lo presentaron, me di cuenta de su personalidad tan diferente. Él me saludó muy cortés e iniciamos una bonita charla. No sé por qué su voz me pareció llena de inseguridades, como si algo le faltara o le preocupara. Tartamudeaba tanto como con gran nerviosismo que en ocasiones le sacaba las palabras con tirabuzón. No parecía tan tímido, sin embargo... yo lo veía tan agradable. Cuando llegué a casa venía como muy contenta, como si todo fuera nuevo en ella. Nada había cambiado en mi hogar, sin embargo, me parecía más luminosa, más alegre, más acogedora. Era como una satisfactoria tibieza que me recorría todo el cuerpo. Sobre todo cuando pensaba en Armando, que así se llama el chico recién conocido. Sus ojos tenían un tono como de cobre y su sonrisa me deleitaba muchísimo mientras charlábamos, bueno, si así se puede decir. Cuando al fin hablaba, yo lo veía sin escucharlo; estaba como ida. (Otra vez) Debo ser una tonta que me impresiono con cualquier muchacho atractivo. A lo mejor voy a ser con el tiempo una... ¡No! ¡Qué digo! Cállate mensa. Ahora que estoy a punto de dormirme, su imagen me llega como una película de Zefirelli y al ir entrando al sueño, una voz interna parece dictarme: Como tú no hay ninguno; tú eres único en el universo; en tus ojos profundos yo miro tanta melancolía. Y se me hace que te sientes tan solo. De ahí acaso procede tu timidez que en el fondo se asemeja a la mía, aunque finjo estar muy despierta. Armando, si tienes miedo del mundo ven junto a mí. Dime qué cosa puedo hacer por ti; tus pensamientos comparte conmigo; yo te quiero ayudar. Quisiera estar en lo más secreto de tus sueños, pues bueno como tú, dulce como tú, hay uno solo. Tú eres único en mi mundo. Me voy durmiendo y creo estar soñando con él. Espero que ahora sí. Mmm, qué bello sueño...
QUÉ ME IMPORTA EL PELIGRO
Soñé que éramos los personajes principales de una película de aventuras que no sabíamos que era una película. Nuestra nave cósmica se había perdido en el espacio y poco a poco los tripulantes iban muriendo al irse acabando el oxígeno. Pobres, qué impresionante. Un pánico principiaba a invadirme al pensar que mi final sería tal vez como el de los cosmonautas camaradas míos. De pronto a lo lejos, avistamos un planeta azul como la Tierra y pensamos que habíamos regresado a ella. Nos abrazamos llenos de felicidad y nos preparamos al aterrizaje. Sólo nos conmovía que nuestros compañeros de viaje, hubieran fallecido. Si hubieran resistido un poco, el oxígeno de nuestro planeta habría impedido su deceso. La nave descendió con suavidad, dirigida por el piloto automático que irradiaba lucecillas de mil tonalidades, y al abrirse la escotilla, salimos y descubrimos con gran sorpresa que no era nuestro mundo. Estábamos solos a merced de los peligros que hubiera en esos parajes desolados, pero de brillosos coloridos y escenarios feéricos, según la palabra favorita de nuestro maestro de música. Nos atrevimos a explorar un poco y nos alejamos unos cuantos metros de la nave. A lo lejos comenzaron a oírse rugidos espantosos como de dinosaurios. El piso principió a temblar ante la proximidad de espantosas piernas que parecía venían corriendo para degustarse con nosotros. Seríamos un bocadillo en los hocicos gigantescos de aquellos horribles monstruos. Tú me dijiste que no llorara, al ver mi angustia y me consolaste tanto que entre sollozos alcanzaba a decirte como en las palabras agónicas de un resignado a morir: qué me importa el peligro cuando estás cerca de mí; yo no pido nada más al cielo si te tengo a mi lado. Y la cercanía de aquellas aparentemente descomunales fieras se presentía inmediata. Yo continuaba diciéndole a mi héroe: No me mires si lloro, es un goce que siento en mí, pues no existe algo más grande que este amor que me has sabido despertar. Haz que este momento dure toda la vida y estréchame fuerte; muy fuerte. Que me importa el sacrificio, si tú estás conmigo. Y él me abrazaba dispuesto a dejarse engullir primero por las bestias que parecían cada vez más cercanas. Yo me apretujaba a él para acabar al mismo tiempo. De pronto apareció un engendro espantoso. Era uno solo y semejaba un enorme pulpo de dos cabezas y decenas de ojos en cada una de ellas. Apoyado en una sola enorme y gruesa pierna que se desplazaba saltando y hundiéndose brevemente en aquella tierra esponjosa. Luego volvía a salir para continuar su carrera hacia nosotros que nos encontrábamos como paralizados de terror al lado de la nave. Los dos estábamos horrorizados y nos estrechábamos en un frenético abrazo. Como si nos tratáramos de ocultar uno en el otro. Casi sobre nosotros y esperando lo peor, los ojos de aquella bestia infernal saltaron de las dos cabezas como enormes cables rumbo a la nave, convertidos en hocicos de filosos dientes y comenzaron a devorarla con gran gusto, como si engulleran un exquisito platillo. A nosotros ni nos hizo caso. Cuando acabaron con la nave, sus decenas de ojos-hocicos nos miraron y haciendo una especie de fuchi, dieron un enorme eructo a coro y regresándose a sus dos enormes cabezas, se cerraron como si se hubieran quedado dormidos reposando de gozo mientras el engendro se hacía chiquito e insignificante. ¡Linda pesadilla! Lástima que hasta ahora no he podido encontrar una pareja así; me refiero a mi héroe, no al engendro; pero sí muchas bestias depredadoras acechándome día tras día. De estos peligros sí que debo tener cuidado.
MI RIVAL
¡Qué rabia me da! Ahora que por fin tengo un noviecito, me pasa esto. ¿Por qué los domingos siempre me deja sola para ir a ver el partido de fútbol y hasta parece que no le importo? Yo me quedo aburriéndome en casa e intento soportar su ausencia viendo los estúpidos programas de la televisión, oyendo discos o terminando alguna tarea de la escuela. Tal vez realmente lo que desea es ver jugar a su equipo favorito, aunque no estoy muy segura. A lo mejor esto sólo es una excusa para alejarse de mí y hacer lo que su regalada gana le dé. No sé si me dice la verdad o todo esa patraña es pura mentira. Mi mamá me dice que le tenga paciencia. Así son los hombres. Necesitan una emoción deportiva que los libere de tensiones y el fútbol tiene el primer lugar como catarsis; luego le sigue la lucha libre, el boxeo y los toros. Algunos se emocionan con las carreras de automóviles y otros con el alpinismo. Ya ves a tu papá, en cuanto comienza el fut, le importa un comino todo y se planta frente al televisor por un buen rato; lo bueno que después nos convertimos en el centro total de su atención y nos saca a pasear. Dicen que es de mal gusto andar espiando como periodista o como chismoso, pero un día lo voy a seguir hasta aclarar esta situación. La otra vez Emma me dijo que lo había visto paseando en Xochimilco rodeado de chicas y chicos. -Se divertían de lo lindo-afirmó-; hasta iban tomando cervezas y cantando canciones rancheras. Eso me molestó y me ha llevado a tener muchas sospechas. Desde entonces las dudas no me dejan dormir. Sin embargo, si esto resultara cierto, ya no me lo tomaría tan en serio y estaría más tranquila, porque entonces habría descubierto que es un falso, un mentiroso, un hipócrita. Un farsante. No me merecería. Aunque luego, de inmediato me freno y me pregunto: ¿Y si fuera una calumnia de Emma que es tan argüendera, nomás para molestarme? En fin, si descubro algo, a lo mejor es lo más conveniente. Al fin y al cabo no es el único. Ya no me volvería a aburrir los domingos esperándolo. Le haría caso a mis amigas y nos iríamos a pasear a la feria o cualquier centro de diversión. Tal vez encontraría un buen rival para él y entonces, mi falsario noviecito, perdería en el juego, pero en el del amor. Cuando lo viera, me reiría de él. No importa que en el fondo acaso aún quisiera retenerlo. Pero yo no daría un paso ante el embustero. No tengo porqué encerrarme en una sola opción, cuando pueden existir tantas. Pero... ¿y si no es cierto?
NO ES TAN FÁCIL TENER QUINCE AÑOS