Part 8
Las anexiones de esta nacion, que tanto han contribuido á las reprimendas de sus enemigos, no dan mérito, en modo alguno, á esos reproches hirientes, fundados tan solo en la ignorancia de los sucesos. El desenvolvimiento estraordinario de la República no es el resultado de una brutal conquista; ella invade por su fuerza moral; compra ó adquiere territorios á los cuales concede en breve la vida municipal y las prerogativas de sus subdivisiones autonómicas, lo cual está muy distante de mostrar la intencion de imponer con las armas á los vecinos ó de subvertir violentamente y en provecho propio un órden dado. Su historia política demuestra, pues, lo que comprueba tambien la historia sud-americana, en los asuntos de detalle la versatilidad ocasionada por la forma de gobierno y en los fundamentales la lejítima y tradicional aspiracion de hacer estensivos al mundo de Colon los beneficios de su sistema admirable.
El desenlace de la ruidosa cuestion Hopkins, que orijinó un sério conflicto entre la República del Paraguay y los Estados Unidos, prueba que las injusticias y arbitrariedades cometidas en nombre de esta nacion solo pueden atribuirse á malos gobiernos ó á maquinaciones individuales.--Aquel sujeto había obtenido de su pátria el nombramiento de Cónsul en la Asuncion, donde alcanzó la proteccion del Presidente y su beneplácito para esplotar las riquezas naturales del país por cuenta de una compañia que daria los capitales necesarios. Despues de haber sacado todo el partido posible de su posicion oficial y de su amistad personal con muchos paraguayos distinguidos, meditó Hopkins, como _negocio lucrativo_ y liquidacion de su compañia una de tantas odiosas reclamaciones internacionales que el pabellon americano habia de protejer parodiando á los europeos y que solo significan la presion de la fuerza. Para lograr su objeto usó en el Paraguay de una conducta vituperable que dió mérito al retiro de su _exequatur_. Ejerciendo, no obstante, sus atribuciones de Cónsul ordenó al comandante del buque americano _Water Witch_ estacionado en la Asuncion, que le facilitara los medios de retirar violentamente los papeles de la compañia, atropello que llevó á efecto violando el territorio paraguayo con cierto número de marineros armados. De regreso á Estados Unidos hizo que el Gobierno amparara su reclamacion, estimada por él en varios millones de pesos fuertes y logró inducir al gabinete de Buchanan al envio de una espedicion naval contra el Paraguay. Este pensamiento no se llevó á efecto y léjos de ello el Gobierno americano envió á la Asuncion al Señor Bowlin, representante diplomático encargado de buscar una conveniente solucion al conflicto. El resultado de esta mision fué el nombramiento de dos árbitros, el Señor Berges en representacion del Paraguay y el Señor J. Johnson en nombre de los Estados Unidos, que adoptaron una decision enteramente favorable á aquel Gobierno. El honorable Señor Johnson estudió con juicio imparcial y recto los antecedentes en que fundaba la compañia su reclamacion y al terminar su notable escrito sobre la materia, decia «El orgullo y la gloria del Gobierno y del pueblo de los Estados Unidos ha sido siempre no someterse á ninguna injusticia de otro Gobierno ó de otro pueblo; pero al propio tiempo lo ha sido no exigir de ellos _nada mas que lo justo_; y tardará mucho todavia, así lo espero confiadamente, en que llegue el dia en que puedan acumularse con su consentimiento y sancion, fortunas colosales como las de la India oriental debidas al _saqueo de Estados débiles y arrebatadas con la boca del cañon_.» Concluia el Señor Johnson dictaminando contra las indignas exijencias de la compañia y haciendo recaer su sentencia arbitral en favor del Paraguay.
Este notable fallo de americano tan distinguido y honrado, á favor de una nacion estraña y contra el Gobierno de su pátria, es una prueba mas, patente y clara, en apoyo de la idea que sostengo. De él se desprende, como de los sucesos comentados ya, la enorme distancia que hay en Estados Unidos entre los actos del Gobierno y los impulsos jenerosos del pueblo, sujeto aquel al interés individual y á las debilidades que son injénitas al hombre, con sed este de justicia y de _confraternidad dentro de sus instituciones_.
No quiero con tales apreciaciones significar que todos los gobiernos hayan seguido la misma línea de conducta; porque algunos de ellos, respetando los compromisos contraidos en el programa internacional de su país, han demostrado en momentos difíciles ardientes simpatias hácia las otras repúblicas del nuevo mundo. Cuando las tropas del General Howe batian á las de Washington cerca de Nueva York, el Congreso que acababa de declarar la independencia envió á Europa en carácter diplomático al Dr. Franklin, á Arturo Lee y á Juan Adams para solicitar la alianza de algunas potencias. Refiriéndose á España dicen las instrucciones de estos representantes:.. «si no se inclinase en favor de nuestra causa por temor de que peligren sus dominios en la América del Sur, quedais autorizados para dar toda clase de seguridades de que los Estados Unidos no perjudicarán á ese reino en la tranquila posesion de sus territorios.»--Tal actitud en la derrota podia dar que temer á España para el momento del triunfo; pero fuerza es confesar que nunca quebrantó su propósito la gran nacion. Llegado el caso, por ejemplo, de reconocerse la independencia de las repúblicas hispano-americanas, é interpuesta por el Ministro de España en Washington una enérjica protesta, el presidente Adams repuso: «Los Estados Unidos han decidido sobre el hecho, consecuentes en eso con su propia historia y con sus propios títulos á la independencia.»--Deseaba este majistrado que su pátria conservara muy buenas relaciones con España, pero no podia dejar de reconocer la independencia de sus antiguas colonias, puesto que ellas habian luchado con éxito, creado sus gobiernos y ejercido todos los atributos de la soberania ante la impotencia de la metrópoli. Esta conducta, la que usaron mas tarde cuando tuvieron lugar los movimientos políticos de la Isla de Cuba con el propósito de obtener su anexion á los Estados Unidos, rechazando ese ofrecimiento á pesar de ser considerada la anexion como una necesidad geográfica y del aliciente que ofrece á un país tan mercantil esa riquísima isla, ¿no prueba hasta la evidencia que la nacion solo busca su engrandecimiento, ya muy considerable, por las vías lejítimas? ¿No prueba más, que su republicanismo es escecivamente simpático al nuestro y que su política, cuando traduce el sentimiento público, tiende á acercarnos recíprocamente como habitantes de un mismo continente y defensores de las mismas ideas filosóficas?
Se ha condenado la prescindencia política de los Estados Unidos, haciendo resaltar los inconvenientes de la doctrina de Monroe en lo que atañe á los intereses jenerales de la democracia. Los americanos, se dice, han practicado leyes benignas sin preocuparse de que sus efectos se sientan en otros continentes; han recibido con bondad y con cariño á los proscritos de la autocracia, pero no les han ayudado en sus empresas liberales.--He aquí el caso de hacer resaltar de nuevo la frecuente oposicion del pueblo y del gobierno en aquella república. En efecto, este nada intentó en favor de Hungria cuando el ardoroso Kossuth inflamó el entusiasmo popular de un estremo á otro de la Union y obtuvo en suscriciones un apoyo eficaz en favor de sus desventurados compatriotas; mas lo que no hizo el gobierno lo hicieron individualmente algunos de sus miembros. Daniel Webster, Ministro de Estado entonces, asistió á una fiesta dada en honor del revolucionario; y á la protesta del Señor Hulsemann, Ministro de Austria, él mismo esplicó la teoría de su gobierno diciendo: «A este le interesa la suerte de todos los paises del mundo y le inspiran, además, simpatia todos los pueblos que luchan por su libertad. La tradicional neutralidad de mi pátria no se quebranta por eso, desde que no se hace ninguna manifestacion pública de hostilidad. En cuanto al pueblo en jeneral y á los individuos en particular, tienen en Estados Unidos perfecto derecho de significar sus simpatías.»
Estas bellas palabras de Webster, uno de los hombres públicos más notables de su pátria, encubren el pensamiento atrevido de que la Europa debe despoblarse para poblar la América y esplican las miras del Gobierno de los Estados Unidos al circunscribir su accion en los asuntos esteriores; espresan claramente la idea de que el nuevo continente no interviene en los asuntos internos de otros, porque si bien le interesa la suerte de todos los hombres que habitan el planeta, tiene dentro de sí mismo los medios de proveer á su bienestar material y moral, por la fecundidad de su suelo y por la escelencia de sus leyes. Ambas condiciones son exijencias humanas que provocarán las migraciones á medida que se acentúen los jérmenes de desorganizacion que hay en el viejo mundo y los de prosperidad que hay en el nuevo.
De las consideraciones precedentes se desprende, á mi juicio, que el pueblo americano se preocupa de los intereses republicanos con las restricciones que le sujiere su interés como colectividad política, pero que al mismo tiempo acuerda una decidida preferencia y una atencion especial á todos aquellos problemas que afectan al desarrollo de la América hispana y á la consolidacion de las instituciones que profesa.
La mision confiada á los Señores Tacher y Reynolds y el proyecto presentado al Congreso Americano por el Senador Frye, recibidos ambos con un entusiasmo inequívoco por el pueblo de la Union, comprueban en la actualidad tan elevadas miras.
Las instrucciones de aquellos diplomáticos contenian las clausulas siguientes, que debian presentarse á la consideracion de las naciones de América.
1º La ventaja de entablar y mantener relaciones políticas entre los Estados Unidos y cada una de ellas.
2º El ofrecimiento hecho en nombre de los Estados Unidos, de su influencia moral para promover y protejer la paz en esas repúblicas.
3º La ventaja de un Congreso Nacional de Delegados de todas las Repúblicas Americanas, para discutir y convenir sobre medios para asegurar la paz permanente entre las Naciones de este hemisferio; para convenir sobre el modo de arreglar dificultades sin apelar á las armas; para presentar una resistencia unida contra las agresiones de los poderes europeos ó su interferencia en asuntos americanos, pues es la doctrina de los Estados Unidos, que las Repúblicas Americanas son capaces para arreglar sus propias disputas, para determinar lo que es mejor para ellas y protejerse, defenderse y apoyar su mútuo desarrollo; que el comercio americano debería limitarse en lo posible á los mares americanos.
4º La ventaja de una moneda de plata comun, acuñada por cada una de las Naciones Americanas en debida proporcion y que deberá tener curso legal en todas las transacciones comerciales entre los ciudadanos de diferentes repúblicas. (Méjico, Venezuela, Costa Rica, Guatemala, Honduras, Ecuador, Perú y Chile ya han dado su adhesion á este proyecto).
5º La ventaja de un Tratado de reciprocidad entre todas las naciones de América y los Estados Unidos, por el cual los productos de esos paises se admitirán libres del uno al otro cuando sean llevados en sus buques ó en los de los Estados Unidos.--Este Tratado debe garantizar la proteccion de las personas y la propiedad de los ciudadanos, y todas las disputas tocante á ellas deberán determinarse por arbitraje.
6º ¿Qué sujestion tienen que hacer los respectivos Gobiernos al Gobierno y al pueblo de los Estados Unidos para fomentar el comercio entre ambos paises?
Por el proyecto del Senador Frye se autoriza y se incita al Presidente de los Estados Unidos para invitar en nombre del Gobierno y del pueblo á los delegados de cada una de las repúblicas de Sud y Centro-América, incluyendo á Santo Domingo y Méjico, con el objeto de reunirse en Washington el 1º de Octubre de 1886 para considerar y decidir sobre las cuestiones que puedan ser de comun beneficio á esas naciones.--Cada una de ellas podrá enviar varios delegados al Congreso, pero la delegacion solo tendrá un voto.
Al invitar á las demas repúblicas el Presidente de los Estados Unidos manifestará que el Congreso se forma con el objeto: 1º De tomar todas las medidas necesarias para conservar la paz y promover la prosperidad de las naciones americanas, para presentar una resistencia uniforme contra los poderes monárquicos de Europa y defender la integridad territorial contra las desmembraciones posibles. 2º De adoptar las que sean tendentes á la formacion de una union aduanera americana, por la cual se acepte, mientras sea conveniente y fácil, un libre cambio de productos naturales y de manufacturas en las aguas americanas. 3º De promover el establecimiento de líneas de vapores frecuentes y directas entre los puertos del continente. 4º De establecer un sistema uniforme para regular los impuestos aduaneros en cada una de los Estados independientes y un método igual de clasificacion y avaluo. 5º De adoptar un sistema comun de pesas y medidas, leyes uniformes para protejer las personas y la propiedad, las patentes y marcas de comercio de los ciudadanos de una nacion en las otras.--6º De adoptar un cuño de plata igual, que se usará por cada gobierno segun la proporcion de sus habitantes y que circulará con igual valor en las transacciones de todos los americanos.--7º De formular un plan definitivo para dilucidar por medio del arbitraje todas las cuestiones.
Por ser de oríjen americano son pertinentes en este capitulo los anteriores documentos. Esta circunstancia, la de haber merecido una entusiasta acojida por el pueblo de los Estados Unidos y écos de simpatia en los demas de América, los hace esenciales tratándose del porvenir social del nuevo mundo. Los gobiernos, que no se han ocupado hasta ahora ni poco ni mucho del futuro, ¿interpretarán esos sentimientos que en el corazon de todos están? ¿comprenderán la importancia que hay para el mundo todo en impulsar las corrientes republicanas á un solo cauce que con su fuerza avasalladora derrumbe los obstáculos que los sostenedores de la monarquía quieren oponer á su marcha progresista? Debe esperarse que sí, desde que se inspiren en el provecho real y en el afecto de las respectivas nacionalidades; pero puede temerse que no, si sujetan sus actos al interés del momento ó se abandonan á la proverbial desidia que les caracteriza.
CAPÍTULO X
INTERÉS POLÍTICO
Las instituciones hispano y anglo-americanas son análogas en su parte fundamental; ambas responden al principio republicano y al elevado objeto de hacer efectiva la soberanía del pueblo.
De las repúblicas fundadas por descendientes de españoles, algunas han dado un ensanche al sistema federal que vícia sus mayores ventajas, otras se han dictado constituciones centralizadoras en el gobierno, sin otorgar á las diversas secciones de su cuerpo político las atribuciones que como colectividades tienen en aquellas. Todas, empero, proclaman la igualdad y conceden al ciudadano la intervencion que le corresponde en los asuntos públicos. Por eso las reformas sociales que el espíritu humano exije con apremio en otros puntos del globo, han tenido en América una solucion definitiva.
Y no podia ser de otro modo. Al arquitecto que tuviera la mision de construir un monumento, le seria más fácil, presumo, levantarlo en terreno vírjen, que destruir grandes murallas carcomidas por el tiempo en los parajes que á su accion ha dejado libres, pero rebeldes á todos sus instrumentos de destruccion en los ocultos cimientos. Tal así, fué sencillo plantear las reformas del progreso en el mundo que nacia como será difícil introducirlas con éxito en el mundo que decae. Los momentos de desórden, las continuadas anarquías que han ajitado al nuevo continente, no desvirtúan en lo mínimo la ventaja inapreciable de sus conquistas morales, pues antes que en Europa ó en Asia se proclame la libertad política y sea una verdad eficiente la condicion igual de los hombres ante la ley ¡cuántas luchas, cuánta ruina y cuánta violencia ha de conmover las viejas sociedades!
El océano que divide á la América de esos mundos, dice el publicista Gichot, los divide menos que las instituciones y las costumbres. Sin embargo, se dirá, siendo Europa la cuna de la actual civilizacion ¿á qué obedece tal diferencia? A que era conocido ya el funesto efecto de los privilejios cuando la América fué colonizada; á que se huía de ellos y solo se formaban distinciones relativas por el esfuerzo de la labor intelectual, ninguna como en la edad media por la influencia del sable.
Inglaterra con sus propósitos tradicionales de conquista, Francia con el prestijio que han sabido darle sus escritores como iniciadora de toda idea progresista y por obedecer á inveterados principios otras naciones del viejo mundo, pretenden imponer al nuevo su influencia.--No es necesario, para contrariar tales aspiraciones, combatir á los franceses, tan cultos, intelijentes y jenerosos, á los ingleses tan emprendedores é industriosos; basta desviar los intentos de las sociedades que se derrumban, señalando á los miembros de ellas el hecho evidente de que en América encontrarán algo que en Europa les falta: bienestar y derechos.
Los defectos que producen la emigracion de los viejos paises no tienen solucion posible: están en la naturaleza misma, exhausta ya y empobrecida por el trabajo de muchas jeneraciones; en el interés de los predestinados de la fortuna que invade el derecho ajeno y en el hambre de los proletarios que ataca la propiedad.
En cuanto á los inconvenientes que todavia hoy pueden llamarse característicos de ciertas secciones de América, solo existen en detalles de administracion y se modificarán fácilmente con el estudio y el ejercicio de las instituciones americanas; pero tienen bastante alcance para poderse afirmar que unas y otras no pueden satisfacer del mismo modo, en el órden material y moral, las necesidades y aspiraciones de los hombres.
El poder centralista de Chile, la caprichosa lejislacion venezolana y las prácticas de disgregacion que hay en otras repúblicas, no ofrecerán, por cierto, al inmigrante las ventajas que obtiene en los Estados Unidos ó en la República Arjentina, no solo porque favorecen á estos dos paises condiciones que están en la tierra y en el clima, sino tambien porque aquel que de su pátria se aleja para no contemplar en ella la injusticia y para ver remunerado su trabajo, á la vez que una naturaleza vigorosa donde tengan espansion sus aptitudes, busca garantías en favor de todos sus derechos civiles y de los derechos políticos que deben adquirir sus hijos.
Ahora bien, aunque los medios puestos en accion tengan, todo lo mas, una similitud relativa, todas y cada una de las naciones americanas persiguen fines idénticos; y, buscando resultados, me parece lójico incorporar las fuerzas que se dirijen en un mismo sentido.
A impulsos de tal propaganda se podrá contrariar el hecho desconsolador de que las instituciones hispano-americanas sean, á lo menos en la práctica, como esos conciertos que se forman en las casas de vecindad entre el violinista del primer piso, el clarinete del segundo y el corneta del tercero, ó como los ferro-carriles de Colombia, donde por construirse muchos no se ha llegado á tener uno bueno.
La comparacion es vulgar, pero es exacta.--En la tierra de Bolívar la estructura del país opone sérios obstáculos al desenvolvimiento material; pero como las ideas no reconocen en la topografía valla alguna y los colombianos han seguido siempre con interés los progresos que la industria moderna realiza en otras naciones, natural era que pensaran en hacer ferro-carriles en su pátria.--Solo que si el Gobierno encontraba oportuna la construccion de una vía en el Estado de Santander, por ejemplo, el del Cauca reclamaba haciendo valer derechos semejantes en razon de que las leyes nacionales acuerdan á cada uno de los Estados la misma capacidad política y los mismos derechos ante los recursos jenerales del país; y si este último obtenia alguna proteccion en favor de su deseo, el del Tolima hacia notar á su vez, que no habia razon ni justicia en abandonarlo al atraso eterno de la mula.--Resultado de tan variadas exijencias tenia que ser el espectáculo que presencia hoy el viajero en aquella república, ridículo, si se quiere, por el momento, pero grandioso tal vez en lo futuro. Es indudablemente poco sério eso de encontrar varias veces por dia durante la penosa navegacion del rio Magdalena, rodeando á los mas miserables ranchos de indíjenas, estaciones de ferro-carril con aparatosos continjentes de rieles amontonados, locomotoras, coches, carros, etc., que no prestan servicio activo ó que recorren á lo sumo una estension de diez á quince millas. Estiéndanse todos esos trabajos comenzados, comuníquense unas vías con otras formando una red jeneral y uniforme y entónces Colombia será uno de los paises mas avanzados y ricos del nuevo mundo.
En materia de instituciones hágase otro tanto entre todas las repúblicas de oríjen español, imítese uniformemente la lejislacion que tan grande y poderosa ha hecho á la república del Norte; entónces todas y cada una en su esfera, habrán conquistado la estabilidad, la paz y el adelanto, contribuyendo así al bienestar propio y al de todos los hombres que de otras partes del mundo vengan á buscar esos beneficios y los que son inherentes al suelo americano.
Los resultados que se esperan de llamar todas las fuerzas de la civilizacion á su verdadero centro, deben buscarse sin el ánimo de colonizar esas tierras con una raza dada, porque la observacion de que la raza sajona pretende apoderarse del comercio del mundo puede ser pertinente en lo relativo á las actuales nacionalidades, pero en manera alguna á la influencia que pudieran traer al nuevo mundo, donde los elementos de asimilacion son tan poderosos que absorberán á todos los hombres y á todas las razas que se establezcan en su suelo.--Eduardo Laboulaye, el injenioso escritor que con tanta penetracion ha estudiado los progresos de los Estados Unidos, dice: «Para demostrar al mundo que el nuevo principio de civilizacion no depende ni de la raza ni de la sangre, los americanos han abierto su país á todos los pueblos del universo sin que semejante afluencia cause pertubacion alguna en su marcha regular.»--El principio á que él se refiere es el democrático, característico del sistema político fundado en América y contrario á todas las formas de gobierno republicano ideadas en Europa. Aplicándolo con verdad es como los Estados Unidos han alcanzado su apojco actual y es como, en mi concepto, obtendrán los otros países del nuevo mundo el puesto que les corresponde á la cabeza del progreso moderno.--En efecto, la historia de la civilizacion es la historia de las migraciones; y la prueba de que América es el asiento de la que se desenvuelve en el presente, está gráficamente espresada en la circunstancia de haberla elejido como nueva pátria los emigrantes asiáticos y los europeos: aquellos dirijiéndose en cantidades á los Estados Unidos, á Colombia y al Perú; estos estableciendo una séria corriente hácia los mismos Estados Unidos, la República Arjentina y el Brasil.--Y si los intereses del progreso están en estas jóvenes naciones, nada tienen que buscar en Europa, ni es razonable suponer, como se ha significado algunas veces, que se formen entre ellas pactos ofensivos.--Deben, si, alcanzar todo jénero de garantías á fin de obtener la estabilidad y de consolidar para siempre la paz internacional de unas con otras; deben con especial empeño, aspirando á tan altos fines, prestijiar y realizar la armonia institucional.