Part 7
Desde aquella época se ha procurado repetidas veces arribar á un arreglo definitivo, sosteniendo Venezuela los límites señalados por Requena y el Brasil los del mapa de Codazzi.--La cuestion parecía á punto de tener un resultado satisfactorio para la república cuando Colombia manifestó sus pretensiones á las mismas tierras.--El Imperio habia reconocido tácitamente á Venezuela los territorios situados en la márjen superior de Japurá ó Caqueta, desde la caida en este del Apaporis, los que están al otro lado de una línea entre este último rio y el Cuyari y los que se encuentran en la parte oriental del curso del mismo Cuyari hasta encontrar los montes en que está señalada la línea de Codazzi; pero ante la interposicion de Colombia, se negó á firmar el tratado, reservándose hacerlo una vez terminado el conflicto entre las dos repúblicas.
La solucion del litijio está, pues, resuelta de antemano y solo falta saber si corresponde á Venezuela ó á Colombia la soberanía de las tierras limítrofes con el Imperio.
El _Uti possidetis de 1810_, como lo observa con justicia el Doctor Don Vicente Quesada en la revista de Buenos Aires, es el principio conservador de las nacionalidades americanas.--El derecho que de él emana y sirve para demarcar las fronteras internacionales en América, debe buscarse, si se trata de las repúblicas de orijen español, en las últimas cédulas reales sobre organizacion geográfica de los vireinatos y en los tratados celebrados entre España y Portugal, vijentes en esa fecha, tratándose de los límites entre el Imperio del Brasil y los paises limítrofes. Eso de oponer al _uti possidetis_ de derecho el de hecho, tal vez con la mira de prestijiar el _res nullius_, es algo que no puede apreciarse con seriedad y que el buen sentido condena.
La historia, al señalar las ventajas considerables obtenidas por el Imperio con la aplicacion de su falso principio, hace resaltar la enorme diferencia que hay entre las anexiones de los Estados Unidos y las absorciones del Brasil. Deben repudiarse con enerjía los medios que puso en planta esta última nacion para obtener mayor ensanche territorial; pero pueden imitarse sin escrúpulo los procedimientos de aquella, por todas las naciones que tengan dentro de sí mismas una fuerza espansiva semejante.
CAPÍTULO VIII
SEGREGACIONES
En oposicion á los Estados Unidos que buscaron legalmente su engrandecimiento territorial, la América hispana solo ha modificado su existencia para achicarse ó desmembrarse.
Obtenidos los triunfos decisivos de la revolucion americana, necesario era pensar en los medios de organizar nuevos gobiernos.--El odio á la dominacion española, el instinto de las masas, las ideas de los hombres ilustrados, el espectáculo de bienestar que ofrecia la gran república, todo debia inclinar los ánimos á la descentralizacion administrativa; pero las costumbres y el propio carácter de los pueblos latino-americanos impedian á estos sujetarse á réjimen alguno que no estuviera basado en una fuerza eficaz.--El sistema federal daria, pues, orijen al caudillaje. Alli donde la ambicion ó la ignorancia alejara á los caudillos de cierta comunidad con el poder central, tenia que producirse como consecuencia natural la segregacion. Tal es el caso del Estado Oriental del Uruguay, entregado á la intervencion portuguesa por la ignorante vanidad de Artigas, cuyos hábitos siniestros solo encubrian propósitos incoherentes; tal el del Paraguay, separado de la pátria comun por la ambicion de mando supremo del Doctor Francia.
La ciudad de Montevideo se manifestaba reaccionaria al movimiento que estalló en Buenos Aires el 25 de Mayo de 1810, mas la campaña oriental respondió á él con entusiasmo.--Artigas, desertor de las filas españolas, organizó un ejército esplotando ese sentimiento; y despues de obtener repetidos triunfos sobre las fuerzas enemigas y de hacerse conferir por sus huestes el título de jefe de los Orientales, se creyó bastante poderoso para imponer el reconocimiento de diputados nombrados directamente por él para asistir al Congreso Nacional reunido en 1813.--Desagradó al caudillo el desconocimiento de sus enviados y desde luego meditó la formacion de una nacionalidad aparte en las provincias del litoral arjentino y en la de Córdoba donde algun prestijio habia alcanzado. Perseguia este propósito por todos los medios é inició en la provincia oriental, donde deseaba imponerse primero, una política de terror de la cual se conservan aun recuerdos pavorsos. Los hombres pacíficos, para ponerse á cubierto de sus crueldades, se vieron en la necesidad de pedir al Portugal una proteccion que el gobierno central del antiguo vireinato no podia darles, distraidos como estaban sus elementos por las complicaciones de la guerra en el norte de la República.--Ramirez, otro caudillo, venció mas tarde á Artigas en Entre-Rios y este tuvo que fugar, llevando al estranjero el remordimiento de haber producido para su país, como resultado inevitable de su conducta, la ocupacion del territorio por fuerzas portuguesas. En tan aflictivas circunstancias, el Estado Oriental pertenecia de derecho á las Provincias Unidas del Rio de la Plata y de hecho quedaba bajo la salvaguardia de las tropas de S. M. F.--Un congreso formado bajo la presion de los invasores, decretó en 1821 su anexion al Reino Unido con el nombre de Estado Cisplatino; pero muy luego sobrevino la division de aquel y se produjeron en Montevideo sérios trastornos promovidos por los intereses encontrados de portugueses y brasileros.
Los treinta y tres orientales á las órdenes de Lavalleja emprendieron en esta ocasion, con el móvil de reincorporar el Estado Oriental á la Nacion Arjentina, su gloriosa campaña libertadora. Las victorias de estos héroes no fueron definitivas, mas su actitud patriótica atrajo en breve las simpatías jenerales de sus compatriotas hácia la santa causa que defendian.--A pesar de los triunfos parciales de los patriotas, los brasileros se creian dueños del campo con el abandono de las pretensiones portuguesas y se aprestaban á defender sus posiciones--La República Arjentina, por su parte, reivindicó sus derechos, se preparó á la guerra y poco tiempo despues obtuvo, con la espléndida victoria de Ituzaingó, el dominio de la campaña oriental.
La situacion entonces era escesivamente ventajosa para esta última nacion, pero como quedaban todavía las fuerzas del Imperio dueñas de las plazas de Montevideo y la Colonia, despreciando las ventajas adquiridas y con la mira elevada de dar término á una guerra que pudo ser fatal á medio continente, la República Argentina aceptó la mediacion del Ministro de S. M. B. y firmó con el Imperio un tratado segun el cual se obligaban ambas naciones á respetar la independencia del Estado Oriental y á retirar sus ejércitos del teatro reciente de la guerra.
No tuvo tampoco éco en el Paraguay el movimiento revolucionario de 1810. En aquella parte del territorio del antiguo vireinato, se formaron ejércitos para contrariar el movimiento y se opuso una resistencia tenaz á la espedicion libertadora del General Belgrano. Los paraguayos, en la mas abyecta servidumbre, no podian interpretar cumplidamente los principios sostenidos y proclamados por sus compatriotas, ni tenian del mundo esterior las noticias que pudieran iluminar su espíritu haciéndoles comprender las conquistas políticas de sus hermanos. Con justicia observa el General Mitre que la espedicion de Belgrano, siendo desgraciada, auxilió al pensamiento revolucionario porque dejó en el territorio paraguayo la semilla fructífera de la idea.
Los mismos jefes que habian obtenido el triunfo sobre el patriota arjentino en Tacuarí, regresaron á la Asuncion con planes revolucionarios, depusieron al Gobernador Velazco y crearon una junta de tres individuos, entre los cuales figuraba el que estaba destinado á dominarla con su intelijencia y audacia, el Dr. Francia, mas tarde Dictador del Paraguay. Este, cuando se sintió fuerte en su propio país, envió á Buenos Aires una comision con instrucciones para proponer las bases de la incorporacion.--Como todos los caudillos ambiciosos, deseaba Francia el sistema federal con el secreto pensamiento de segregar al Paraguay.--Su habilidad dió por resultado el tratado de 1821 cuyas estipulaciones, dice el General Mitre, llevan «como lo preveia Rivadavia, el sello del egoismo mas exijente por parte del Paraguay.» «Tres puntos principales comprendió el tratado: 1º descentralizacion de las rentas ó sea la independencia económica. 2º la demarcacion de los límites ó sea la independencia territorial. 3º el establecimiento de una confederacion ó sea la independencia política. Las tres envolvian la segregacion.» La voluntad imperante del Doctor Francia, coadyuvada por la naturaleza del país y por las costumbres que imprimieron á los naturales las misiones jesuíticas, pusieron á este país en la condicion del mas salvaje, sin contacto civilizador de ningun jénero con el resto del mundo. De ahi el que la nacionalidad paraguaya sea un hecho consumado por su propia incomunicacion. No obstante eso, los gobernantes arjentinos protestaron constantemente contra la segregacion de esa parte del territorio y desconocieron la lejitimidad del gobierno de Francia y de su sucesor Cárlos Antonio Lopez. Solo en 1852 aceptó la República Argentina tratos con esa nacionalidad.
Como consecuencia de su eterna protesta contra la independencia del Paraguay el Dictador Juan Manuel Rosas contribuia al aislamiento de ese país impidiendo la libre navegacion del rio Paraná, via natural y única de aquella antigua seccion del vireinato para la esportacion de sus productos. El Estado de Buenos Aires, separado de las otras provincias que formaron la Confederacion despues del derrocamiento del tirano, deseaba ostentar los principios liberales de su nuevo gobierno. A tal efecto dictó una ley en Octubre de 1852, declarando ámpliamente libre la navegacion fluvial en su territorio para todos los pabellones, inclusive el paraguayo y aceptando, como resultado de su concesion, la independencia de esa república, sin perjuicio de someterse osteriomente á las decisiones que adoptara en la materia un poder nacional arjentino. El General Urquiza, Presidente de la Confederacion en esa época, envió á la Asuncion en carácter de Encargado de Negocios al Dr. Dn. Santiago Derqui, representante que llevaba la mision de firmar algunos convenios internacionales y de hacer oficialmente el reconocimiento de la independencia. Los actos públicos de este diplomático referentes á tan interesante asunto, fueron despues ratificados por el Congreso de la Confederacion.
Es sabido que una gran parte de Bolivia pertenecia al Vireinato del Rio de la Plata; la desmembracion mas ostensible fué, sin embargo, la de Tarija, cuyo territorio libertado por sí mismo de la opresion española formaba parte integrante de la provincia argentina de Salta. Durante el gobierno del General Sucre en Bolivia fué invadido por las tropas de su mando que, encubriendo su propósito en la pretension de libertarlo del poder español, cambiaron las autoridades del pueblo y anexionaron el territorio á la nacionalidad fundada por Bolivar con su nombre.
Comprobado esplícitamente el hecho de que ese territorio pertenecia en 1810 á la provincia de Salta é interpuesta la reclamacion del caso por plenipotenciarios arjentinos, volvió á hacerse sentir alli, por consentimiento espreso de Bolivar y de Sucre, la jurisdiccion de su antigua pátria. Empero, las disidencias intestinas de la república despertaron de nuevo las ambiciones de Bolivia.--El Congreso argentino acababa de declarar provincia soberana al territorio en cuestion, desprendiéndolo de la de Salta, cuando el gobierno del Alto Perú manifestó que resistiria por las armas la entrega de Tarija á su lejítimo dueño. Esa provincia continua hasta hoy formando parte de aquella nacionalidad, porque la República Argentina, que estaba entonces en guerra con el Imperio del Brasil, no tuvo los medios de hacer valer sus derechos con eficacia.
La nacion mas vehemente en la defensa de sus hermanas, la que mas sacrificios se impuso en beneficio de los intereses jenerales de la América, debe á la amplitud de sus operaciones militares en las horas de peligro y á la escelencia de sus prácticas liberales en la época de la organizacion, el haber perdido lejítimo dominio sobre gran parte de Bolivia, el Uruguay y el Paraguay.
Las otras secciones de la América hispana no alteraron tan fundamentalmente sus circunscripciones administrativas, porque las grandes nacionalidades divididas posteriormente, se debieron á la política de la emancipacion y se segregaron solo para asumir las formas jeográficas que les correspondian segun el _uti possidetis de 1810_, es decir, de acuerdo á las decisiones del gobierno colonial.
La Confederacion Colombiana, decretada bajo los auspicios de la victoria y á inspiracion de Bolívar en el Congreso de Cúcuta, se deshizo porque, con razon ó sin ella, fueron atribuidas al prestijioso guerrero miras demasiado ambiciosas.--El jeneral Paez á la cabeza del movimiento revolucionario de Venezuela segregó ese país, llevando la nueva capital á la ciudad de Carácas que lo fué de la capitanía general.--El Ecuador bajo el gobierno del jeneral Flores, siguió en breve este ejemplo, separándose de Nueva Granada en 1831 y formando una nueva nacionalidad con la ciudad de Quito por capital.
En cuanto á la confederacion que ideó el jeneral Santa Cruz entre Bolivia y el Perú, no tenia base estable ni podia durar como un sistema simpático á ambos pueblos, desde que fué impuesta contra la voluntad presunta de muchos bolivianos y espresa del partido dominante en el Perú.
Mas que las anteriores ha tenido que lamentarse de la inclinacion desmembradora del caudillaje la Confederacion Centro-Americana, organizada despues del triunfo de la revolucion en el territorio de la antigua capitania general de Guatemala.
A poco de fundada la nacionalidad, un pronunciamiento que estalló en Honduras separó este Estado de la Confederacion, ejemplo que imitaron muy luego, San Salvador, Costa Rica, y Nicaragua.
La insignificancia de estas nuevas secciones impone constantemente, como es natural, la conveniencia de reunirse para formar un todo respetable. En época reciente pretendió el jeneral Zaldivar, Presidente de la República del Salvador, producir un movimiento político para lograr tan elevado propósito.
El mensaje de ese majistrado, leido en las Cámaras á principios del año 1883, decia: «La situacion favorable en la cual se encuentra la América Central, exenta de toda inquietud esterior y gozando de entera seguridad bajo el reinado de instituciones armónicas donde predominan las ideas liberales; el hecho de que todas las repúblicas están en comunícacion instantánea por medio del telégrafo, y el impulso que se dá á la construccion de caminos de hierro; en fin, el sentimiento que cada una tiene de su propia debilidad en tanto que persistan fraccionadas como lo están hace cuarenta años, todo hace presentir profundamente que se acerca el dia ardientemente deseado por el patriotismo, en que nuestras poblaciones, con la conciencia de sus grandes destinos busquen en la reconstruccion de nuestra nacionalidad los medios más razonables y eficaces de realzar el noble nombre y desenvolver la grandeza de nuestra querida pátria centro americana.»
El argumento de la falta de comunicaciones, que siempre se ha levantado como un obstáculo para toda union continental, se opuso tambien al restablecimiento de la Confederacion Centro-Americana.--Estas son ideas preconcebidas, pues las comunicaciones son acaso mas difíciles en Venezuela, Méjico, Colombia y el Brasil, todas naciones perfectamente organizadas.
Sin que pueda, pues, atribuirse á otra causa que á los temores de una preponderancia que no tiene razon de ser, el Gobierno de la República de Costa Rica opuso su resistencia á la union deseada; pero como esta determinacion era completamente impopular, se esperaba que el próximo cambio de gobierno produjera un cambio de política mas en armonia con los intereses de la América Central y la aspiracion de sus ciudadanos. Los violentos atentados de Barrios, dictador de Guatemala, para imponer por las armas y por su voluntad personal una trasformacion política que solo puede ser útil y duradera cuando se produzca por la voluntad espresa y manifiesta de los pueblos, ha retardado la solucion deseada.
Las otras repúblicas de la América Central se opusieron al tirano y algunos paises como Méjico y los Estados Unidos, que debian mirar en Barrios un vecino peligroso, pensaron intervenir en la contienda. Por fortuna los centro-americanos comprendieron que era llegada la hora del peligro, se aliaron y emprendieron con decision la campaña que les dió en breve una espléndida victoria contra las aguerridas tropas guatemaltecas.
La imposicion de Barrios fué vencida en los campos de Guatemala y solo hay que lamentar que tambien lo fuera la idea de la reconstruccion nacional.
CAPÍTULO IX
INTERÉS SOCIAL
Franca admiracion despertaron en el mundo las reformas institucionales de los Estados Unidos. Su lejislacion, la mas sábia que existe, es imperfecta, sin embargo, como todas las cosas humanas.
Dos palabras--_instabilidad administrativa_--resumen de un modo palpable los defectos inherentes al sistema; y seria, por lo tanto, aventurado emitir un juicio definitivo sobre las tendencias de las naciones que lo han adoptado, si él hubiera de estar sujeto á la apreciacion aislada de los hechos históricos referidos en la primera parte de esta obra. Su conocimiento debe, por el contrario, mostrarnos la conveniencia de distinguir la política seguida por cada una de las administraciones y los deseos ó sentimientos manifestados por cada uno de los pueblos. Estos últimos, que intervienen de un modo bastante directo en el manejo de los negocios, espresan mas bien pasiones que intereses. No es raro, pues, que un gobierno, obedeciendo á las insinuaciones de la opinion, se vea en el caso, muchas veces, de borrar con el codo lo que el anterior escribió con la mano ni que, sometiéndose á las pasiones, lo haga á la movilidad impuesta por los sucesos.
Puede servir esto de disculpa á los majistrados que se consideran exentos de seguir una línea de conducta determinada; pero es preciso que ellos no confundan los sentimientos transitorios con los permanentes y que respetando la volubilidad de los pueblos cuyos destinos dirijen, en ciertos casos, los estimulen y alienten en la via de sus intereses y afectos constantes. Una nacion americana puede, por ejemplo, apasionarse brevemente en favor ó en contra de otra; puede tener con ella una guerra, que se llamará internacional como se llamó social lo que en Estados Unidos sostuvo la Confederacion contra la Union; mas, así como en la pátria de Washington los vínculos de la nacionalidad léjos de aflojarse adquirieron nuevo vigor, el sentimiento de la fraternidad americana se fortalecerá cada dia por encarnizadas que sean las contiendas.
No puede ponerse en duda que este sentimiento existe en todas las repúblicas de oríjen español. Se observa sin dificultad en las manifestaciones de los respectivos delegados que asistieron á los Congresos reunidos desde 1826 hasta hoy; y en la lectura meditada de la narracion que contiene este libro, se descubre que toda oposicion á la idea de la Union, ó por lo menos á la de la uniformidad en los procedimientos internacionales, ha sido siempre de parte de un gobierno que no ha interpretado la voluntad ó la inclinacion de sus administrados.
El americano que abandona el suelo de su pátria nota fácilmente cuánto se pronuncia en el estranjero ese sentimiento especial. Al encontrarse con otro, esperimenta hácia él una simpatia que no la produce tan solo el idioma comun ó el modo de ser recíproco, sino el conocimiento de su oríjen. En el viejo mundo los hispano-americanos se llaman entre sí, _paisanos_; y aun cuando las palabras no lo espresen siempre, un mejicano y un argentino se dicen á sí mismos: somos compatriotas.--Si la buena suerte del viajero lo conduce á los centros sociales de la América hispana, considera con cuánta razon se sentia estranjero, en la verdadera acepcion de la palabra, al recorrer los bulliciosos bárrios de las grandes capitales europeas, porque la hospitalaria franqueza y la cariñosa deferencia de que es objeto, son como las que pudiera merecer un compatriota estimado, largo tiempo ausente.
Es aplicable á las colectividades lo que se observa en los individuos. En todas partes, desde la frontera de Méjico hasta el Cabo de Hornos, con la misma sinceridad, con el mismo entusiasmo, se aplauden los progresos de la República Argentina ó se lamentan las desgracias de Centro América, se elojian las leyes políticas de Colombia ó se condenan las prácticas funestas que ha implantado allí la anarquia.
La participacion moral que una nacion americana toma en el progreso ó decadencia de otra, no se reduce á un interés jeneral; hay en ella algo de esa solidaridad impresa al nuevo mundo por su escepcional y uniforme organizacion institucional.
Aparentemente no sucede lo mismo con respecto á los Estados Unidos. Un temor hácia su pretendida preponderancia, una reminiscencia de raza, aberraciones, razones algunas veces, han producido cierta desconfianza en los americanos del Sud que con justicia se consideran menos fuertes.
¿Hasta qué punto es culpable la gran nacion de haber autorizado juicios tan desfavorables á su respecto? Veamos.
Desde luego, la doctrina de Monroe que fué al enunciarse una garantia legal de existencia para todas las nacionalidades americanas, es hoy para ellas una garantia eficaz de estabilidad. Todo lo dá, nada exije; ampara al Continente con la proteccion que el poder insólito de la República le permite otorgar y respeta, al mismo tiempo, la absoluta independencia de los actos administrativos en cada una de sus divisiones políticas.
En el Congreso Internacional á que asistió un representante de los Estados Unidos se descubre, es verdad, el deseo de obtener algunas ventajas, aun con perjuicio de los intereses jenerales de la América, como se notan ideas absorbentes en las negociaciones que al Istmo de Panamá se refieren; pero en el primer caso la opinion del país desvirtuó los actos del mandatario y en el último los intentos del Gobierno fueron sofocados por la fé pública en los tratados y por el respeto inquebrantable á la soberania de una nacion estraña.
Intereses egoistas de cierto número y dificultades orijinadas por una situacion sin precedentes en la historia, contrariaron las pretensiones de los republicanos sinceros que se proponían ayudar á la Isla de Cuba en la obra patriótica de la emancipacion. Las manifestaciones del pueblo y las tardías, si bien sinceras, esposiciones del gobierno comprueban, no obstante, el interés de los Estados Unidos en la suerte de los desgraciados cubanos y en el triunfo de su causa.
Y respecto de Méjico ¿cuál seria su suerte? ¿cuál la del principio republicano en América, si durante la breve presencia de Maximiliano en el Imperio de Montezuma, los Estados Unidos no hubieran tomado la participacion decisiva que dió por resultado el retiro de las tropas francesas y el derrocamiento del monarca por ellas impuesto? Desgraciadas sin duda y desconsoladoras la una y la otra. En tal emerjencia los americanos prestaron un servicio eminente á la nacion mejicana, de alta trascendencia tambien en pró de las ideas políticas del mundo moderno.