Part 5
Muchos hombres públicos americanos han pretendido, siempre por la via diplomática, adquirir en Panamá una intervencion mas directa en favor de los intereses comerciales y políticos de su país.--En 1857, posteriormente á disturbios ocurridos en el Istmo y á perjuicies sufridos por súbditos de los Estados Unidos, el Plenipotenciario de esta república en Bogotá presentó al Gobierno de Colombia la proposicion de que se creasen á Colon y Panamá en ciudades libres bajo la proteccion de los Estados Unidos y manifestó el deseo de su gobierno de obtener, por una remuneracion adecuada, la cesion de algunas islas en el golfo de Panamá para establecer en ellas una estacion naval. Ante una negativa formal, los americanos desistieron de su propósito.
Es justo agregar aquí que durante la sangrienta revolucion que hubo en Colombia contra el Gobierno del Dr. Rafael Nuñez en 1885 y que dió por resultado el incendio de Colon y disturbios de todo jénero en el Istmo, los americanos intervinieron en la forma prescrita en el tratado, garantizaron el libre tránsito de uno á otro mar, la inmunidad de los empleados del ferro-carril inter-oceánico y la de los trabajadores del canal, retirándose inmediatamente despues de restablecida la paz pública.
El natural temor de presenciar por parte de una potencia europea una influencia tan séria como podria traer la construccion bajo sus auspicios de una via interoceánica para el intercambio directo de los productos asiáticos y europeos, ha inducido siempre á los Estados Unidos á ofrecer una séria proteccion á toda obra de esa naturaleza.
Con el apoyo del Gobierno Americano y teniendo su asiento en la ciudad de Nueva York, se organizó la compañia del ferro-carril que hace hoy el servicio del comercio de uno á otro mar.
Varias veces ha procurado despues el mismo gobierno patrocinar la creacion de algunas compañias para efectuar el jigantezco trabajo de la comunicacion interoceánica.
Durante el año de 1867, el Ministro de los Estados Unidos en Colombia propuso al de Relaciones Esteriores de aquel país la apertura de un canal en el Istmo, recomendando al efecto la solicitud que presentaria el súbdito americano Dr. Cullen.
El Ministro Sr. Santiago Perez, agradeciendo la iniciativa de los Estados Unidos en asunto de tanta trascendencia para Colombia y para el mundo todo, significó, sin embargo, que empresa tan colosal no podia abandonarse á la actividad y recursos de un particular ó de una compañia anónima, sinó que imitando el ejemplo de Francia y Egipto, debia buscarse en la garantia de un tratado internacional la de la ejecucion de la obra.
Aceptadas estas indicaciones como base de todo procedimiento, la obra se hubiera llevado á cabo si las pretensiones manifestadas por el representante americano hubieran sido menos onerosas para Colombia.
Las conferencias que tuvieron el Señor Sullivan Ministro Americano y los Plenipotenciarios de Colombia señores Samper y Cuenca, con ese objeto, no arribaron á resultado práctico alguno.
El Ministro Americano pedia para la empresa la concesion de una faja de tierras baldías _de diez millas de fondo_ á ambos lados del canal; y aunque ofrecia abandonar á la República la jurisdiccion y soberania de esas tierras, quedaban en realidad sometidas á un gobierno estraño, lo que, como era natural, fué rechazado, notándose asi mismo que para la colocacion de los capitales del mundo en la empresa nada importaba que esta tuviera ó nó tierras sino que los productos de ella fueron apreciables.
La pretension del Ministro era aun menos aceptable en lo referente á la neutralidad. Proponia conservar á la empresa el derecho de cerrar los puertos del canal á los paises que estuvieran en guerra con los Estados Unidos y de conceder al Gobierno el libre tránsito para sus buques y demas elementos de guerra.
Con mucha lójica y claro juicio los Plenipotenciarios de Colombia rechazan semejante pacto y proponen al Gobierno que si el canal se realiza se exija, cualquiera que sea la empresa constructora, que se ponga en perfecta neutralidad para el comercio del mundo--Indican tambien que para la fácil colocacion de las acciones es necesario que el tenedor comprenda que va á servir al comercio general y no al uso de una nacion determinada.
Pretendian los americanos que al verificarse la devolucion del canal á Colombia al fin del privilegio, es decir, á los cien años, esta nacion pagara una suma igual al costo orijinario de la esploracion, trazado y construccion del canal, deduciendo de esa suma las cantidades de utilidad neta percibidas en el curso de los cien años.
--Estas exijencias tan duras fueron rechazadas en su totalidad por los representantes Samper y Cuenca, quienes propusieron en definitiva algunas modificaciones que podrian hacer practicable la negociacion.
En tal sentido se suspendieron las conferencias para que el Señor Sullivan pudiera consultar á su Gobierno lo que estimara de ellas aceptable. Reabiertas estas, se presentó una dificultad importantísima. El Señor Seward habia pronunciado un discurso en Nueva York del cual se desprendia que el Gobierno Americano no pensaba suministrar los fondos y que pensaba, por el contrario, obtenerlos entre los particulares. Sabido esto por los negociadores colombianos, pidieron la declaracion de que si ese caso llegaba y se traspasaba la concesion, los concesionarios, la empresa, etc., quedaran sometidas á las leyes y jurisdiccion de Colombia.
Esta natural pretension y celo por la soberania nacional fué rechazada como indiscutible por el Ministro Americano, quien declaró imposible la organizacion de la compañia si ella habia de quedar sujeta á las leyes locales.
Ante la formal negativa de abandonar al país su lejítima soberanía, los representantes colombianos pusieron término á las negociaciones; é iban á elevar al gobierno sus renuncias, cuando el Señor Sullivan tuvo por conveniente ceder en alguna de sus pretensiones.
Adoptadas las modificaciones por él propuestas, se firmaron los tratados _ad referendum_; pero ni aun con ellas se encontraron aceptables en el Congreso de Colombia que impuso al Poder Ejecutivo la no ratificacion de tales documentos.
En esta como en otras ocasiones, no quiero desconocer que la política y las aspiraciones de los gobernantes americanos señalan todo menos una marcha bien intencionada respecto de las repúblicas hispano-americanas; pero desde que el uso de la fuerza no siguió nunca á los propósitos declarados, su conducta no puede ser condenada como contraria á las prácticas internacionales.--Ademas, como ya se ha dicho, el proceder de un gobierno no indica siempre la voluntad ó el pensamiento de un pueblo.
Muchos proyectos posteriores se han espuesto para llevar á cabo la magna empresa.--Bajo la presidencia de Don Mariano Ospina se propuso la construccion de un canal en la parte del Darien comprendida entre el golfo de San Miguel y el del Darien; y aun cuando se verificaron estudios detenidos, se hicieron planos de colonizacion y se señalaron puntos adecuados para la fundacion de ciudades y construccion de depósitos etc., nada fué posible llevar á la práctica, por haber entrado la república en uno de sus períodos de incesante y cruenta guerra civil.
El gobierno de los Estados Unidos manifestó de nuevo su intencion de hacer la obra y en la misma via que acabo de mencionar se practicaron en 1871 los estudios que sirvieron de base á la reciente esploracion de los Señores Wise y Reclus.
No es fundado el temor de que la construccion del canal traiga para Colombia y especialmente para el Istmo continjencias desagradables, con motivo de la atencion que el mundo entero acordará á lo que allí suceda y de la influencia que pretenderá ejercer la potencia donde se hayan arbitrado los recursos de la empresa, pues como se ha observado con justicia, el capital no tiene nacionalidad y Colombia ha espresado claramente que no trata con los gobiernos de otros paises sino con representantes de empresas comerciales.
En este sentido, por lo menos, autorizó el Congreso al Poder Ejecutivo para negociar la construccion del canal á través del Istmo, bajo la condicion esplícita de que solo se otorgaria la concesion al empresario ó compañía que ofreciera garantias de buen éxito y se comprometiera á conservar en el canal una neutralidad ámplia y completa.
La ley concesionaria espresa, ademas, que ni los empresarios, ni aquellos que adquieran mas tarde sus derechos, podrán trasmitirlos ni hipotecarlos á otro gobierno.
El contrato se firmó entre Antonio Gogorza, representante de una sociedad anónima y el Señor Ancízar, Ministro de Relaciones Esteriores de Colombia, el 28 de Mayo de 1876.
Conviénese en que los concesionarios depositen como garantia la suma de 750.000 francos en la casa bancaria que la República señale en Lóndres y en que, verificado tal depósito, los empresarios queden facultados para solicitar, mediante la mensura hecha por su cuenta, la entrega de las 250.000 hectáreas de tierras que la ley les acuerda en las inmediaciones del canal.
Los Señores Gogorza y Türr organizaron en Paris la compañia, nombrando Presidente del Comité Directivo al Señor Fernando de Lesseps, el notable injeniero que habia contribuido con su ciencia y perseverancia á la realizacion del canal de Suez, cuya saliente personalidad era una garantía mas para el empleo de los injentes capitales que exijía la empresa.
Se envió en seguida á Panamá una comision de injenieros, al frente de la cual estaban los Señores Wise, Celler y Reclus, con el encargo de verificar los estudios necesarios para determinar las dificultades técnicas y económicas del trabajo y escojer el paraje mas apropiado al objeto propuesto.--Corren impresos los informes de estos injenieros y ellos demuestran las dificultades invencibles que presenta la construccion del canal entre el golfo de Uraba y el de San Miguel.--Despues de hacerse en repetidas esploraciones muy meditados estudios, se conoció la ventaja y relativa facilidad de perforar el Istmo en su parte mas estrecha entre las ciudades de Colon y Panamá, precisamente en un paraje inmediato y en una direccion paralela á la que ocupa el ferro-carril actualmente en servicio. Los trabajos se emprendieron en breve, continuan con actividad y todo hace esperar que se llevarán á buen término.
El cambio radical que la realizacion del canal traerá á este continente, las influencias económicas que producirá en el mundo su entrega al servicio público, la formacion de centros de industria, de civilizacion y de riqueza comercial en el Istmo, serán los resultados inevitables de esta obra que ha de contribuir en mucho al progreso del mundo americano.
CAPÍTULO VI
ISLA DE CUBA
La independencia de la isla de Cuba era mirada por los hombres de la revolucion hispano-americana como el complemento de la propia. Afirma el historiador colombiano Restrepo que Bolivar pensó enviar en 1826 una escuadra contra la española que, estacionada en las Antillas, amenazaba constantemente á las antiguas colonias bañadas por el mar Caribe, Colombia, Centro América y Méjico.--Las fuerzas navales de las nuevas nacionalidades debian proceder simultáneamente con el doble objeto de atacar al enemigo comun y de dar la libertad á Cuba, Puerto Rico y las otras antillas españolas; pero la falta de unidad en los preparativos bélicos y las preocupaciones internas impidieron la salida de la espedicion.
Fué contrariada en Estados Unidos la idea de Bolivar, aunque con alguna indecision y de un modo indirecto. El apreciado estadista Clay, Ministro de Relaciones Esteriores, manifestó en sus instrucciones á los representantes de la República en Europa la conveniencia de incitar á España á la definitiva terminacion de la guerra. Esta potencia, dice, será incapaz de sujetar otra vez por la fuerza á un continente tan vasto como la América, cuyos habitantes, aguerridos por una lucha que ha durado ya mas de diez y siete años, tendrán los medios de oponerle una resistencia eficaz; y ella misma, agrega, es la mas interesada en la paz porque solamente á su amparo podrá conservar las ricas é importantes islas de Cuba y Puerto Rico.
De estos hechos y de algunos posteriores, se desprende que la conducta observada por los Estados Unidos con respecto á la isla de Cuba, en las varias épocas de su historia en que ha producido legítimos esfuerzos para conquistar su independencia, ha dado motivo á los severos comentarios que ordinariamente circulan. Estos no siempre fueron razonables, porque es fuera de duda que en esta cuestion mas que en otras el pueblo y el gobierno han seguido distintos rumbos.
La observacion espresada en el párrafo anterior se refiere solamente á las circunstancias normales, pues cuando los Estados del Norte sostenian contra los de Sud la guerra moralizadora que dió por resultado la emancipacion de los esclavos, los gobiernos respectivos estaban divididos en sus propósitos internacionales. En el Sud deseaban la incorporacion de la isla, en el Norte la rechazaban; sabian ambos que, antes de la lucha, su anexion inclinaria la balanza á favor del odioso principio de la esclavitud. Rotas las hostilidades, los intereses variaban y con ellos la norma de conducta de los gobiernos. La Confederacion veia en Cuba un mercado de carne humana, muy importante para desembarazarse con ventaja de sus esclavos si habia de triunfar la política de la Union; esta tenia hácia la isla la ojeriza de un pueblo que teme por ella no cosechar todos los beneficios que espera para la civilizacion de sus afanes y sacrificios, pero deseaba, no obstante, agregarla al territorio americano para dar mayor ensanche al principio conquistado.
Es por demás evidente, fuera de este caso, el interés de toda la nacion en la independencia de la isla de Cuba; y es indudable que cualquiera evolucion que traiga por resultado el alejamiento de la administracion española de la isla, ya sea que se incorpore á la Union ó á cualquiera otra potencia americana, se mirará con agrado en la gran república. Pero asi como ella misma ha declarado que no podría aceptar nuevas colonizaciones en América por parte de los gobiernos de Europa, ha profesado la decidida intencion de respetar la ya existente, á menos que un gobierno de hecho haya depuesto al colonial. Esto esplica porqué, cuando en 1849 se hicieron á la vela de las costas americanas varias espediciones con el propósito de auxiliar movimientos revolucionarios en Cuba, el Presidente de los Estados Unidos dirijió á sus conciudadanos una proclama sobre el asunto, significando en ella que se comprometia con la neutralidad el honor nacional y que léjos de prestar apoyo á particulares comprometidos por su actitud contra la isla, los castigaria como cómplices de un acto pirático y criminal.
Desde este primer movimiento los favores populares acompañaban á los patriotas y el pueblo americano, respetando la política de sus mandatarios, hacia privadamente los mayores esfuerzos en pro de la desgraciada antilla.
Tales actos privados repercutian de un modo público, por las innumerables peticiones que en todos los Estados de la Union presentaban los ciudadanos para que se reconociera la independencia de la isla y por las espresiones que los hombres mas eminentes del país hacian oir en reuniones, en banquetes, por la prensa, en todas partes.
Un tema mas sério, en el cual tenian que variar las opiniones si bien no las simpatias, debia presentarse á la consideracion de los hombres públicos americanos al estallar la heroica revolucion que pudo organizar transitoriamente un gobierno bajo la presidencia del Señor Cespedes. Me refiero al reconocimiento de la belijerancia de los insurrectos solicitado con instancia por los directores de la guerra. La utilidad de tal acto para los cubanos es obvia; ninguna nacion facilitaba ó vendia pertrechos, ni contrataba empréstitos con los revolucionarios, sinó mediante ese reconocimiento. Los trabajos é intrigas diplomáticas de los patriotas cubanos y de los representantes españoles en Washington asumian, por lo tanto, un carácter de antagonismo tenaz con el fin de obtener ó para contrariar tal resultado. Las indecisiones contínuas del Gobierno del General Grant favorecieron, como se comprende, á España que solo deseaba el _statu quo_.
En tanto que el Gobierno prescindia, el pueblo manifestaba por todos los medios á su alcance las simpatias que le inspiraban los insurrectos y la prensa americana condenaba diariamente la conducta del gabinete haciendo, á la vez, contínuas insinuaciones en favor de los cubanos.
Agreguense á las intrigas de España para impedir el reconocimiento, la existencia en Estados Unidos de intereses contrarios á la independencia de la isla y se conocerán las causas eficientes de una política tan ambigua.--La inspiraban los agentes del activo comercio entre Cuba y los Estados Unidos, quienes tenian empeño en lo que solo podia dar el triunfo de España, la pronta terminacion de la guerra; é insistian en la conveniencia de continuarla, los políticos exaltados que encontraban analojía entre el derecho que pretendian tener los hombres del Sud para separarse de la Union y el que servia de bandera á los cubanos.--Risible comparacion, ficcionada semejanza, esta que hace apreciar á los que combaten por emancipar una colonia oprimida y crear en ella una nacionalidad del mismo modo que á los defensores de la esclavitud y á los propagandistas de la desmembracion nacional.
De mejores razones blasonaban los que manifestaban de lleno que era necesario y lójico ayudar á los insurrectos, puesto que ellos profesaban como uno de sus principios fundamentales el de la libertad de los esclavos, por la cual tanto y tan gloriosamente acababa de luchar su pátria. Los hombres íntregros, los republicanos sinceros de uno y otro hemisferio, condenaban con enerjía la actitud prescindente del Gobierno y aplaudian á los tribunos que señalaban esta política fraternal.
La hermosa carta dirijida por José Mazzini al General Clauseret de Nueva York, dada la celebridad de su autor y la circunstancia de espresar con la jenial elocuencia del patriota italiano las opiniones jenerales sobre este interesante tema, merece reproducirse. Dice así:
«Estoy dolorosamente afectado por la actitud indiferente de los Estados Unidos hácia Cuba.--El último acto del gran drama americano se está representando en aquella isla: la insurreccion cubana es la consecuencia directa de vuestra guerra de emancipacion. No es lójico, ni es bueno, ni es digno que los Estados Unidos levanten una bandera y que despues abandonen con indiferencia á la muerte á aquellos que se han dicho á sí mismo: ya ha llegado la hora».
«La política iniciada por los doctrinarios de Luis Felipe, de que cada uno no se ocupe mas que de sí mismo, es un crimen y una torpeza para los republicanos como vosotros; un crimen porque niega uno de los intereses comunes de la cristiandad en una de las cuestiones que habéis promovido; y una torpeza porque destruye el prestijio que habéis conquistado no solo en Europa sino en todo el mundo.--Esto os contradice y os aisla.»
«¿Porqué los Estados Unidos escojen un momento semejante para dar cabida al miedo,--y esta es la palabra,--que haya podido inspirarles la diplomacia monárquica de Europa? ¿Porqué escojer un momento en que la monarquia está agonizando entre nosotros, en España, en todas partes?»
«El niño que ha crecido y ha crecido hasta ser un jigante ¿no comprenderá nunca su mision providencial sobre la tierra?»
¿No sentirá jamás que el republicanismo no es simplemente un miserable hecho local, sino un principio decretado por Dios y la humanidad, una creencia, una fé?»
«Si algo hubiese en el mundo capaz de rendir mi espíritu seria la actitud inerte y negativa que ha tomado vuestra nacion en presencia de la lucha cubana.»
Febrero 3 de 1870.
JOSE MAZZINI.
Como Mazzini, todos los pensadores que buscaban en Europa tambien el ideal político de la humanidad y creyeron por un momento vistumbrarlo en los Estados Unidos, manifestaron ó sintieron las mismas decepciones al comtemplar la total indiferencia del gobierno americano en los sucesos internos de la isla de Cuba.
Pero no eran solamente los estraños quienes condenaban esta política.--Lejisladores, jueces, filósofos, todos ó la mayor parte de los hombres importantes de la Union hicieron oir su voz para impugnar al Gobierno su actitud.--El juez Alfredo Conkling dirijióse á Mister Fish echandole en cara ser el iniciador de procedimientos tan erróneos. Este Ministro y Mister Sumner, partidarios de España en el gabinete del General Grant, vencidos al fin por el clamor universal, cambiaron de política aunque tarde. Mister Sumner presentó al Senado americano cinco proposiciones, á saber:
Los Estados Unidos no pueden oir con indiferencia las noticias de bárbaros ultrajes que sin cesar le vienen de la isla de Cuba.
Declaran que hace mal el Gobierno Español en no abandonar para siempre semejantes pretensiones (las de la esclavitud) y en pretender dilatarlas por un tiempo indefinido.
Ha pasado el tiempo de las colonias europeas en este hemisferio.
El pueblo de los Estados Unidos declara sus simpatías hácia sus compatriotas americanos de Cuba que pelean por su independencia.
Las resoluciones anteriores se comunicarán al Gobierno de España por el Presidente de los Estados Unidos.
Los Ministros del General Grant comprendieron cual era el espíritu de la opinion pública en su país, cuando ya terminada la lucha y los insurrectos esparcidos por el mundo ó víctimas de su patriotismo, nada podian hacer á fin reconquistar el terreno perdido ó de aprovechar en beneficio de su santa causa las ventajas del reconocimiento de su belijerancia.
Se habia autorizado con anterioridad, aunque no de un modo oficial, el asiento en Nueva York de un club político con manifiestas tendencias libertadores y parcialmente algunos Estados de la Union habian reconocido la independencia de la isla.
Todos estos hechos, si bien no tenian trascendencia internacional, importaban para los revolucionarios un estímulo que hubiera sido de resultados fecundos en el principio de la guerra. Hoy sirven al escritor para disculpar la actitud de los Estados Unidos, condenando á sus mandatarios y conceden á los patriotas cubanos halagadoras esperanzas para lo futuro.
En la América hispana se procedió con más entereza.--Varios gobiernos reconocieron en oportunidad la belijerancia de los insurrectos y hasta en el Congreso internacional reunido en Lima durante el año 1864, fué admitido como Ministro plenipotenciario de Cuba el Sr. Dn. Francisco de Paula Bravo.
Propúsose en Colombia la idea de formar un pacto en Sud América con el fin de hacer simultáneamente el reconocimiento de la independencia cubana. Las proposiciones para obtener ese resultado, redactadas por el Sr. Jorge Holguin y presentadas al Congreso en 31 de Mayo de 1870, están concebidas en los términos siguientes: 1º La causa por la cual luchan los patriotas de Cuba es la causa por que Colombia combatió sin descanso desde 1810 á 1821--2º El interés de la propia conservacion y nuestros deberes como pueblo civilizado y cristiano, justifican de la manera mas completa la intervencion de Colombia. 3º Las agresiones de la Europa monárquica contra la libertad y la independencia de la América, han tenido y tendrán siempre por base la dominacion española en Cuba--4º La política de los Estados Unidos no puede servirnos de guia en esta ocasion--5º Los recursos que necesitariamos para esta guerra no están fuera del alcance de nuestros medios--6º Es llegada la época de que Colombia asuma en la política de Sud América la posicion á que la llaman su situacion topográfica, sus tradiciones históricas, su poblacion y sus conquistas políticas.--Por todas estas consideraciones nos atrevemos á aconsejaros que aprobeis el proyecto de ley por el cual se promueve la formacion de un _pacto americano_ para obtener la independencia de las antillas Cuba y Puerto Rico.