Part 5
JOSÉ DEL CARMEN, DIAZ, moreno esclavo, natural de Güines, á quien tambien las musas se empeñaron en...... perseguir, porque en ciertas situaciones el genio es mas bien una calamidad, que un don celestial. Se nos asegura que por órden de la autoridad fué preso y luego enviado al campo porque leía periódicos y los repetía á sus compañeros, ¡Insensato! queria que disfrutaran algo del pan intelectual, los que eran sus hermanos en la religion de Cristo, y en esa otra religion de las lágrimas y los dolores! podia darse mayor delito...... en aquella época?
José del C. Diaz, carece de instruccion y ha escrito poco, colaborando en periódicos de aquella localidad. Aquí terminaríamos los apuntes acerca de él si la necesidad histórica no nos obligara á consignar una triste verdad. Empezó á escribir por 1867 y...... ¡todavía es esclavo!
ECHEMENDIA.
Despues de las tristísimas historias de Plácido y Manzano, la vida de Ambrosio Echemendía necesariamente ha de aparecer lánguida y descolorida: no hay en ella ningun suceso trágico, ninguna escena conmovedora, y su escaso interés viene á constituir en esta obra una falta de órden lógico, acarreada por la necesidad de seguir el cronológico que nos propusimos al comenzarla.
Echemendía ha sido un ejemplar más de esa imaginacion ardiente y decidida de los que aspiran sin base, de los que por un error de la naturaleza no nacieron para la situacion en que aquella los colocó. Nadie ha tratado de negar la felíz disposicion que para las bellas artes y la literatura ha tenido en todas circunstancias el _etiope criollo_, y particularmente el tipo medio que llamamos mulato. Ulpiano, White y Brindis han sido con su violin honra de su raza y tambien de su patria. No ha habido pintores, pero no es culpa de ellos; para poetas les podia bastar la inspiracion; la pintura requeria práctica y maestros, y las puertas de San Alejandro, bien diferentes de las de Belen,[46] estuvieron siempre cerradas para ellos.
El poeta de que ahora nos ocupamos nació en la villa de Trinidad, residió en Cienfuegos donde hizo sus primeros versos, y su apellido lo debe al de su amo, que pidió mil pesos oro por su manumision. Una suscricion popular á la que nos envanecemos de haber contribuido con pluma y bolsa, produjo 500 pesos: los otros 500 se reunieron en el festin dado á don Eduardo Asquerino en el año de 1865 cuando vino a solicitar suscriciones y apoyo para el periódico _Revista Hispano-americana_, fundado en Madrid para defender los derechos de Ultramar. "Viva felíz el bardo de Cienfuegos, dijo poco despues ese periódico, hoy emancipado merced al patriotismo de nuestros conciudadanos, y que sean sus cantos para nosotros el bálsamo que calme nuestro dolor al recordarnos el malogrado Plácido."
Echemendía casó en 1869 con la inteligente parda Dolores Susanne.
En una poesía dá las gracias á su amo por su generosa conducta hácia él. Notamos que és de las de ménos mérito que escribió? Por qué le faltó allí inspiracion? ¿Por qué el sentimiento parece muerto y la palabra brota fría y desencantada? No lo sabemos: sin embargo, nos alegramos de haberla leido. Al ménos, por ella, el recuerdo de la esclavitud de Echemendía no nos agobia y avergüenza como la de Manzano.
ANTONIO MEDINA.
Si quereis en alguna de las bellas mañanas de Cuba dar un paseo agradable y que os dejará gratísimo recuerdo, venid conmigo por la calle de Chacon. Es estrecha, mal empedrada y nada cómoda para pedestres: continuemos, sin embargo, que harto renumerados quedaréis por la molestia. Sobre la puerta de una casa baja y de pobre aspecto, n.º 16, vereis un letrero (Nra. Sra. de los Desamparados) que anuncia una escuela de gente de color. Entrad.
Un pardo que frisa en los 50, vestido con sencilla decencia, calvo y de aspecto simpático y respetable, os vendrá á recibir y os saludará con refinada cortesía. No os tenderá la mano: recuerda que está en Cuba, aunque en su casa; pero si vos la tendeis primero, si haceis el mas leve inicio para ello, él os la estrechará con efusion y casi diriamos con...... agradecimiento. No es que crea recibir una limosna de un apreton de manos, pero se alegra encontrar un blanco no dominado por injustas prevenciones.
Luego os llevará á su cuarto de recibo, tan pobre, pero tan limpio y decente como lo demás; irá á imponer silencio á la multitud de párvulos que en el salon inmediato estudia, y que le obedece con recojimiento: su mujer, una mulata tan bien parecida como bien educada, ó su hija mayor, irán á encargarse de vigilar por el órden, miéntras él viene á ponerse atentamente á vuestras órdenes.
Conversad un momento con él: contestará con franqueza y soltura á vuestras preguntas: os hablará con despejo y discernimiento de literatura Cubana, Española y Francesa, os regalará un ejemplar de sus versos y otro de su drama, os leerá ó recitará alguna inédita. No vayais á ofender su dignidad, sacando alguna moneda de oro para ofrecérsela; llamad más bien á uno de los chiquitines que juguetean en el comedor, y al entregársela con cualquier pretexto, reparad la noble sonrisa de gratitud que resplandece en el rostro del padre; no precisamente por el regalo sino por que lo disimulais evitando toda humillacion. Tiene nueve hijos que alimenta con su trabajo y que educa en su escuela.
Si le pedís datos de su vida, con no fingida modestia os dirá que nació, libre, en la Habana, en 1829, que atravesó grandes dificultades en su niñez, que de nueve años perdió á su padre y empezó á ganar el sustento, que á los quince ya sostenia á su madre con su trabajo, mientras estudiando sin maestros mejoraba su educacion, muy imperfecta al principio, que una vocacion indomable le hacia escribir versos, que imprimió en 1849 un drama de asunto polaco, _Lodoiska_, en cinco actos y en verso, en 1851 un tomo de versos, el que os acaba de regalar, del cual hablaron favorablemente Mendive y Zambrana, copiando su soneto _La Pobreza_; más tarde, en 1854, una zarzuela de costumbres cubanas, _D. Canuto Ceibamocha ó el Guajiro generoso_,[47] tambien os contará que solo y sin maestros ha aprendido de inglés y francés lo suficiente para saborear las buenas obras de estos idiomas y aún traducir una poesía de Victor Hugo y el _Suicidio_, prosa, de J. J. Rousseau, que conoció á Manzano y oyó de él las pobres lecciones que aquel podia dar, por último, que desde 1862 (hace ya 17 años) dirige esa escuela de color en que educa á sus hijos y gana honradamente su vida y la de 18 personas que sobre él han gravitado.
Tocad entonces ligeramente, _muy ligeramente_, el tenebroso drama del 44: dirigid alguna palabra de conmiseracion al recuerdo tristísimo de Plàcido y de Manzano. Vereis una nube de melancolía pasar por la frente de vuestro interlocutor: vereis una lágrima surcar sus mejillas...
¡Oh! entonces, lector, si no te levantas arrebatado y estrechas con fervor aquella mano generosa, si no admiras aquel corazon sencillo y noble, si no te declaras amigo de ese hombre... te digo que no mereces serlo y que ese hombre vale mas que tú.
Pero has concluido la visita: estás contento del empleo de tu mañana, más al menos que si la hubieras dormido, lo que siempre, y más en paises cálidos, es antihigiénico. Te retiras satisfecho de haber adquirido un digno amigo más, de haber conocido un hombre de honor, si no como el que buscaba Diógenes, sí acreedor al aprecio de todo hombre honrado: al despedirte estoy seguro que no ya por mera fórmula de deferencia, no ya pensando hacer con ello un favor, sino con espontánea sinceridad, saludarás aquella amable familia y te irás guardando siempre un recuerdo grato del ilustrado poeta pardo Antonio Medina.
Vuelve á leer, al salir, el letrero sobre la puerta que dice el nombre del instituto:
_Ntra. Sra. de los Desamparados._
de los desamparados! Eso no fué epigrama, eso no se intentó sarcasmo: fué nombre elegido al acaso como cualquiera otro.
Ya en nuestra casa nos detendremos á examinar el drama _Lodoiska_, y el libro de versos que se nos ha regalado. Quizás el lector convendrá conmigo en que el drama no es una obra maestra, que el autor adoptó plan demasiado vasto para sus fuerzas, y quedó agobiado por la propia magnitud de su objeto; quizás preferirá leer los artículos _El calesero de alquiler_, _La vejez del sastre_ y otros folletines de costumbre con los cuales colaboró en _El Faro_ y en _El Avisador Comercial_; pero se deleitará sin duda leyendo algunas de las hermosas endechas que contiene el libro de versos. Notará cuánto el autor se muestra místico y profundo en _Una visita al cementerio_, le encontrará filósofo en _A mi lira_, admirará su tierno sentimentalismo en _Recuerdos de la infancia_, y acaso se aprenderá de memoria el soneto _La cena_, al par de esa bella cancion _El suspiro de amor_ que, puesta en música, ha sido tan celebrada en estos últimos dias.
En algunas se traspira un fondo de melancolía que angustia el corazon, porque se adivina la inícua causa. Siempre el sordo sufrir en esa raza de _los desamparados_! Hemos llevado un desengaño: creimos un momento haber encontrado lo que en Cuba parecia imposible, la felicidad en una familia de color. Nos engañábamos. Allí tambien germina sordamente la funesta semilla del desencanto y del dolor.
* * * * *
ERRATAS.
Página 11 línea 13 dice _papeles_ léase _en papeles_.
» 37 » 14 » _no era bueno_ léase _no era ya bueno_.
* * * * *
DICCIONARIO
BIOGRAFICO CUBANO
POR
FRANCISCO CALCAGNO.
Dentro de breves dias se hallará de venta en los puntos siguientes:
«Propaganda Literaria», O'Railly 54 Librería de Abraido, Obispo 63. «Imprenta Militar», Ricla 40. «La Principal», Salud 2. Morada del autor, Marqués, 3,--Cerro. Güines.--D. Manuel Delisle. Madrid.--D. Manuel Rivadeneyra. New York.--Pónce de Leon, Broadway 42. Paris,--Denué Smitts, Monsigny 2.
Contiene biografias de todos los cubanos distinguidos, reseñas biográficas de los peninsulares y extranjeros notables en esta provincia, noticia de las causas célebres, historia de edificios públicos y grandes fundaciones, incluida en las respectivas biografías, bibliografía general de Cuba, &, &.
* * * * *
NOTAS:
[1] NOTA.--Estos dos primeros capítulos se publicaron en el periódico _La Revolucion_ de Isaac Carrillo y O'Farril. Febrero 1869, Habana, lo demás inédito.
[2] André Cheniér poeta francés que Lamartine llama «moderno Tirteo de la moderacion y del buen sentido» nació en Constantinopla en 1763. Militar y diplomático, simpatizó con la revolucion, pero la combatió cuando esta se entregó á excesos: preso por sospechoso en 1794, su cabeza rodó bajo la guillotina con las de otros 38 de su partido.
[3] Tambien Salvador Constanzo al insertar en sus Opúsculos Literarios _La Plegaria_ y el _Jicotencal_, incurre en el error de decir que varios jóvenes de la Habana compraron su libertad. Charles de Mazade, literato francés (Revue des deux mondes 13 Diciembre 1851) dice que fué hijo de un negro, que nació en Matanzas, y que fué delatado por una esclava suya: no es el solo que cae en tal error.
[4] Véase al final el Paralelo que no es por cierto de lo mejor que escribió Delmonte. El Sr. Suarez Romero, gran conocedor de nuestra literatura reconoció que habia exagerado los elogios que hizo de Manzano en el prólogo á las obras de R. de Palma, atribuyéndole cierta superioridad sobre Plácido de quien dijo que era de inspiracion ménos sostenida, y ménos pura y ménos ingenua y ménos ideal que la de aquel. Cedió involuntariamente á la amargura que siempre esperimentó leyendo varias composiciones suyas dedicadas más á la lisonja que inspiradas por el sentimiento de la belleza. En otro lugar (Prospecto para la Biblioteca de autores cubanos) dijo de Plácido «Sus inspiraciones se parecen á los relámpagos que en medio de una borrasca hienden las lóbregas nubes y aunque incorrecto por lo comun en sus obras, quizás en la lengua castellana no habrá ningun romance que supere á uno de los suyos, ni hay corazon tampoco que no se contriste al repetir las supremas palabras por él murmuradas en momentos terribles.» Con no menor entusiasmo habló de Plácido el literato colombiano Torres Caicedo en _Ensayos biográficos_ de escritores hispano-americanos.
[5] En el North American Review, Boston 1849, se compara esta carta á la que Juan Padilla escribió á su esposa en idénticas circunstancias, pero es más conmovedora la de Plácido porque son más tristes sus circunstancias.
[6] Posteriormente la hemos visto impresa en el Mundo Nuevo de Nueva York, en una bella biografía de Plácido por E. Guiteras: tambien inserta el autor nota de su entrada en la Casa Cuna.
[7] Muchos han negado que existiera el más leve indicio de conspiracion y han temido que la vindicta divina viniera á pedir cuenta de ese crímen social: entre estos, La Luz, á quien tocó de cerca, siempre sostuvo que en la conspiracion de la Escalera no hubo negros criminales sino negros poseedores, ó amos que tendrian que rescatarlos. Dos delaciones, siempre arrancadas por el tormento, bastaban para caer en las garras de la despiadada Comision, y numerosos fueron los casos de personas libres que al saberse solicitadas, se suicidaron ántes que entregarse: sabian que la inocencia no los garantizaba y que una vez en manos del horrible tribunal, serian llevados á la escalera donde el látigo funcionaria hasta arrancarles algunos nombres. En Güines se dió el tristísimo caso de un hijo, forzado por el dolor, delatando á su padre, sastre honrado y director de orquesta, que murió bajo el tormento sin hablar palabra: todavía se recuerda allí con dolor al Maestro Pepé. En Matanzas, una muger que á parte de ser mulata cubana era señorita, delató, inducida por el terror, á sus dos hermanos; fué despues concubina de uno de los fiscales y murió demente en San Dionisio, mucho ántes de la traslacion del hospicio á Mazorra; algun dia con más datos escribirá alguno la triste historia de Hortensia Lopez la Matancera. Cuenta un autor peninsular que cuando la prision de Plácido ya se habian dictado 3000 sentencias sin pruebas: necesitaríamos un volúmen para narrar los tenebrosos episodios que no han sido escritos. Jamás en Inglaterra contra católicos, ni en Francia contra hugonotes, ni en España contra moros ó judíos se desplegó una saña tan friamente cruel como la que esterminó á esa raza indefensa. «Más de mil negros, dice la Revista de Boston. (North American Review, tomo 68, 1849) murieron bajo el látigo.» El comisionado británico Kennedy testigo presencial, dice que pasaron _de tres mil_, á más de centenares muertos por las balas ó de hambre en los bosques en que se escondieron. La confiscacion de bienes era consecuencia inmediata de la prision, y las hijas en la miseria, se vieron como Hortensia la Matancera, forzadas á la prostitucion.» Otro autor peninsular cuya moderacion es notoria dice: «De que no hubo la legalidad é imparcialidad que exige un pueblo culto son pruebas manifiestas los castigos que tuvo que dictar la primera autoridad contra muchos fiscales por su venalidad y sus escesos; el suicidio de dos de ellos y la fuga de otro al ver descubiertas sus infamias.» El lector sabe además, pues es voz comun en Cuba, que el fiscal de Plácido, murió arrepentido gritando en su postrera agonía. «Plácido, perdóname.» El mismo Salazar, delator gratuito de La Luz, de Delmonte y tambien de Martinez Serrano y de José Noy que murieron en bartolina, fué condenado á presidio y conducido al de Ceuta, de donde le sacó el mismo La Luz, como se verá en la biografía de éste señor. Las personas que Plácido citó ante el tribunal divino se dice que fueron Francisco H. M. y Ramon Gonzalez. Se le comparaba con el mulato Ogé, primera víctima de las turbulencias en Haity, de los de color contra blancos «pero la criminalidad de aquel agrega alguno fué manifiesta, y la de Plácido aparece solamente en una sentencia de fundamentos no esplicados.» Nosotros añadirémos que Ogé fué un hombre erudito y murió en el tormento de la rueda sin denunciar á nadie. Su muerte, culpa de la época más que de los hombres responde á la de Plácido, como el suplicio de la princesa Anacaona por Ovando responde al de Atuey por Velazquez.
[8] Pero no «con el aire de un conquistador» como dijo la Revista Norte Americana de Boston 1849: Plácido murió con el aire de un justo: como morian sin duda los mártires del cristianismo.
[9] Puesto que aquí nada se ha escrito sobre el caso irémos á buscar al estrangero quien nos cuente la muerte de nuestro poeta: Mr. Jourdan, Paris 1863, la refiere del modo siguiente...... «dióse entónces la señal, espesa nube salió de las bocas de fuego y envolvió á las víctimas, la sangre corria y dos ó tres agonizantes se retorcian en las convulsiones de la agonía, los soldados iban ya á romper filas, cuando del grupo de los ajusticiados un hombre se alza y clama con voz moribunda. Mundo, adios, no hay piedad para mí; soldados, aquí! Aquel desgraciado habia sido herido por una sola bala en la clavícula, una segunda descarga le dejó muerto. Era Plácido! y así pereció asesinado judicialmente el primer poeta de la raza hispano-americana. Por horrible que parezca esta historia es cierta, es justamente como lo contaba el pueblo: el episodio aunque no escrito era sobradamente conocido entre nosotros.
[10] Improvisado en una romería: existe el árbol, que es un mango frondoso, y la fuente, á la entrada del valle del Yumurí.
[11] Entre estos _El Laberinto_, de Madrid, número 20, tomo 1º fué de los primeros que publicaron sus últimos cantos. El Dr. Wurderman of Columbia South Carolina en sus «Notes on Cuba» hizo una coleccion y traduccion de Plácido, sobre la cual se escribió un juicio en London Quarterly Review for January 1848, este no se publicó y quedó inédito en la biblioteca de Howard College: al año siguiente tradujo sus versos el citado North American Review, Boston 1849, tomo 68. Además su muerte ha dado lugar á la novela _El mulato Plácido ó el poeta mártir_, y al cuadro dramático _La muerte de Plácido_ por D. V. Tejera, representado en Nueva York en 1876.
[12] Leido este manuscrito por algunos inteligentes amigos nos han hecho sobre este pasage observaciones que modificando nuestro dictámen, nos harian cambiar su redaccion, si no prefiriéramos presentar aquellas á la consideracion del lector: hé aquí algunos estractos de cartas que hemos recibido:
«Es mejor dar por sentado que no fué más que poeta, y nunca conspirador en ningun sentido: su culpabilidad, por grandes razones que tuviera para conspirar, puede no ser aceptable para muchos y escusar el hecho de su muerte como triste necesidad: me parece que lo más acertado es guardar silencio sobre ese punto. En todo lo demás de su obra estamos acordes.» (_F. Valdés Aguirre_, _Habana 1868_.) «Debe distinguirse la clase de inocencia de Plácido: él no aspiró al dominio de la clase de color sobre la blanca, que fué el crímen que le achacaron y aparece que fué aquel porque le mataron. Todas sus simpatias y relaciones eran con los blancos; él, como todos los criollos cubanos, sin distincion de razas, deseaba la revolucion que debia sacarle de la sugecion en que se veia aherrojado. De la culpa porque le mataron le creo pues inocente.» (_C. Villaverde_, _Nueva York_, _carta al autor_ 1871.)
«No debe usted afirmar un hecho que el mismo poeta negaba al esclamar en el _Adios_ á su lira _Soy inocente_. La posteridad conmovida ante el sublime canto del poeta al borde del sepulcro lo cree inocente, y es manchar su memoria afirmar que fué culpable cualquiera que sea el colorido que se pretenda dar al hecho á cuyo fin se sostiene que contribuyó poderosamente.» (_Vidal Morales_, _carta_, _Habana_ 1876.)
«............ Usted ha interpretado dignamente á Plácido, respecto al carácter de sus versos; pero es preciso deslindar bien ese punto de la culpabilidad honorífica que le supone: creo que el erudito aleman tuvo razon en dar fé á su propia declaracion de inocencia.» (_Suarez Romero_, 1875.)
«............ Mis noticias conducen á dar por sentado que la muerte de Plácido fué un asesinato jurídico, si jurídico se puede llamar lo que hace una comision militar, aunque sea asesinato. A esa conclusion llegamos porque nos parece que la tal conspiracion no fué histórica, sino un fantasma creado (sobre una pequeña base cierta) por el miedo y el remordimiento, y exagerado por la maldad y toda la caterva de malas pasiones que se anidan en el corazon del hombre, y salen á causar estragos cuando se las deja sin freno. Además de eso Plácido, ni en lo que hubo de cierto tomó jamás la menor parte, sin que el soneto _El Juramento_ y otras composiciones signifiquen nada para probar lo contrario........ Nuestros datos son que Plácido murió inocente como dice el escritor francés que usted cita é impugna. Y en llamarle inocente de esto, además de tributar homenage á la verdad histórica, creo que se ensalza á la víctima............ La muerte de Plácido es un delito sobre la conciencia de los que la causaron. (_J. I. Rodriguez_, _Washington_, _Nov. 1878_.)
[13] Gan-Eden or Pictures of Cuba, Boston, 1854. Tambien el Salas y Quiroga ya citado. Nuestro escritor, presbítero camagüeyano Fuentes y Betancourt en una luminosa tésis escrita, 1877, para incorporarse en la Universidad de Lima dice que quizás Plácido aventaje en inspiracion, espontaneidad y sonoridad métrica al mismo Heredia. Concepto semejante hallamos en una corta biografía que en 1873 publicó _El Abolicionista_, de Madrid.
[14] Thales Bernard llama el _Adios á mi lira_ la obra maestra de Plácido: es sin duda muy bella, y las circunstancias en que la escribió la hacen más apreciable, pero le superan en mérito literario el _Jicotencal, Al Yamurí_, los sonetos á Guillermo Tell, la Muerte de Gessler.
[15] No debe llamársele _poema bíblico_, como lo hizo _La Aurora_: el asunto es puramente fantástico. Se publicó por separado en Matanzas 1843, Imprenta del Gobierno (El hijo de Maldicion) despues se insertó en sus posteriores ediciones.
[16] Un biógrafo, Nueva York 1875, nos dice que principió un poema _La toma de la Habana por los ingleses_, que se estravió sin concluirse; tambien se perdió su poesía _El eco de la gruta_, 1834, que dedicó á Heredia entónces accidentalmente en Cuba; sin contar sus numerosas improvisaciones ya solo, ya en certámen con el popular José del Ocio, certámenes en que improvisaban alternativamente empezando cada cual su décima por el último verso de la de su competidor. ¡Y así divertian en banquetes y reuniones! Plácido desde su aurora tuvo renombre de repentista: se le solia dar pié forzados, á veces conteniendo un contrasentido para disolver ó una impropiedad que debia salvarse: de aqui sus décimas que concluyen _Besar la cruz es pecado_, _La campanilla, de qué_, _La Virgen fué gran_........» (La Guirnalda, Diciembre 30, 1872) Siempre salia airoso de estos esfuerzos intelectuales, por lo comun del género jocoso á que se prestaba su carácter jovial. ¡Cuán melancólica, sin embargo, cuán sentida, amarga y profunda, aquella improvisacion en el Festin Campestre de Iturrondo, 1834, es un arranque de dolor y de reconvencion contra la injusticia que lo humillaba: no la hemos leido: hemos oido hablar de ella al Sr. Bachiller que estuvo allí y que por entonces tambien escribia versos.