Part 8
Cantad conmigo en coro: Saber, nada sabemos, de arcano mar vinimos, a ignota mar iremos... Y entre los dos misterios está el enigma grave; tres arcas cierra una desconocida llave. La luz nada ilumina y el sabio nada enseña. ¿Qué dice la palabra? ¿Qué el agua de la peña?
XV
El hombre es por natura la bestia paradójica, un animal absurdo que necesita lógica. --Creó de nada un mundo y, su obra terminada, «Ya estoy en el secreto--se dijo--todo es nada.»
XVI
El hombre sólo es rico en hipocresía. En sus diez mil disfraces para engañar confía; y con la doble llave que guarda su mansión para la ajena hace ganzúa de ladrón.
XVII
¡Ah, cuando yo era niño soñaba con los héroes de la Iliada! Ayax era más fuerte que Diomedes, Héctor, más fuerte que Ayax, y Aquiles el más fuerte; porque era el más fuerte... ¡Inocencias de la infancia! ¡Ah, cuando yo era niño soñaba yo en los héroes de la Iliada!
XVIII
El casca-nueces-vacías, Colón de cien vanidades, vive de supercherías, que vende como verdades.
XIX
¡Teresa, alma de fuego, Juan de la Cruz, espíritu de llama, por aquí hay mucho frío, padres, nuestros corazoncitos de Jesús se apagan!
XX
Ayer soñé que veía a Dios y que a Dios hablaba; y soñé que Dios me oía... Después soñé que soñaba.
XXI
Cosas de hombres y mujeres, los amoríos de ayer, casi los tengo olvidados, si fueron alguna vez.
XXII
No extrañéis, dulces amigos, que esté mi frente arrugada. Yo vivo en paz con los hombres y en guerra con mis entrañas.
XXIII
De diez cabezas, nueve embisten y una piensa. Nunca extrañéis que un bruto se descuerne luchando por la idea.
XXIV
Las abejas de las flores sacan miel, y melodía del amor, los ruiseñores; Dante y yo--perdón, señores--, trocamos--perdón, Lucía--, el amor en Teología.
XXV
Poned sobre los campos un carbonero, un sabio y un poeta. Veréis cómo el poeta admira y calla, el sabio mira y piensa... Seguramente, el carbonero busca las moras o las setas. Llevadlos al teatro y sólo el carbonero no bosteza. Quien prefiere lo vivo a lo pintado es el hombre que piensa, canta o sueña. El carbonero tiene llena de fantasías la cabeza.
XXVI
¿Dónde está la utilidad de nuestras utilidades? Volvamos a la verdad: vanidad de vanidades.
XXVII
Todo hombre tiene dos batallas que pelear. En sueños lucha con Dios; y despierto, con el mar.
XXVIII
Caminante, son tus huellas el camino, y nada más; caminante, no hay camino, se hace camino al andar. Al andar se hace camino, y al volver la vista atrás se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar. Caminante, no hay camino, sino estelas en la mar.
XXIX
El que espera desespera, dice la voz popular. ¡Qué verdad tan verdadera!
La verdad es lo que es, y sigue siendo verdad aunque se piense al revés.
XXX
Corazón, ayer sonoro, ¿ya no suena tu monedilla de oro? Tu alcancía, antes que el tiempo la rompa, ¿se irá quedando vacía? Confiemos en que no será verdad nada de lo que sabemos.
XXXI
¡Oh fe del meditabundo! ¡Oh fe después del pensar! Sólo si viene un corazón al mundo rebosa el vaso humano y se hincha el mar.
XXXII
Soñé a Dios como una fragua de fuego, que ablanda el hierro, como un forjador de espadas, como un bruñidor de aceros que iba firmando en las hojas de luz: Libertad.--Imperio.
XXXIII
Yo amo a Jesús que nos dijo: Cielo y tierra pasarán. Cuando cielo y tierra pasen mi palabra quedará. ¿Cuál fué, Jesús, tu palabra? ¿Amor? ¿Perdón? ¿Caridad? Todas tus palabras fueron una palabra: Velad. Como no sabéis la hora en que os han de despertar, os despertarán dormidos, si no veláis: despertad.
XXXIV
Hay dos modos de conciencia: una es luz, y otra, paciencia. Una estriba en alumbrar un poquito el hondo mar; otra, en hacer penitencia con caña o red, y esperar el pez, como pescador. Dime tú: ¿Cuál es mejor? ¿Conciencia de visionario que mira en el hondo acuario peces vivos fugitivos que no se pueden pescar, o esta maldita faena de ir arrojando a la arena, muertos, los peces del mar?
XXXV
Fe empirista. Ni somos ni seremos. Todo nuestro vivir es emprestado. Nada trajimos; nada llevaremos.
XXXVI
¿Dices que nada se crea? No te importe, con el barro de la tierra, haz una copa para que beba tu hermano.
XXXVII
¿Dices que nada se crea? Alfarero, a tus cacharros. Haz tu copa y no te importe si no puedes hacer barro.
XXXVIII
Dicen que el ave divina trocada en pobre gallina, por obra de las tijeras de aquel sabio profesor (fué Kant un esquilador de las aves altaneras; toda su filosofía, un sport de cetrería) dicen que quiere saltar las tapias del corralón, y volar otra vez, hacia Platón. ¡Hurra! ¡Sea! ¡Feliz será quien lo vea!
XXXIX
Sí, cada uno y todos sobre la tierra iguales: el ómnibus que arrastran dos pencos matalones, por el camino, a tumbos, hacia las estaciones, el ómnibus completo de viajeros banales, y en medio un hombre mudo, hipocondríaco, austero, a quien se cuentan cosas y a quien se ofrece vino... Y allá, cuando se llegue ¿descenderá un viajero no más? ¿O habránse todos quedado en el camino?
XL
Bueno es saber que los vasos nos sirven para beber; lo malo es que no sabemos para qué sirve la sed.
XLI
¿Dices que nada se pierde? Si esta copa de cristal se me rompe, nunca en ella beberé, nunca jamás.
XLII
Dices que nada se pierde, y acaso dices verdad; pero todo lo perdemos y todo nos perderá.
XLIII
Todo pasa y todo queda; pero lo nuestro es pasar, pasar haciendo caminos, caminos sobre la mar.
XLIV
Morir... ¿Caer como gota de mar en el mar inmenso? ¿O ser lo que nunca he sido: uno, sin sombra y sin sueño, un solitario que avanza sin camino y sin espejo?
XLV
Anoche soñé que oía a Dios, gritándome: ¡Alerta! Luego era Dios quien dormía, y yo gritaba: ¡Despierta!
XLVI
Cuatro cosas tiene el hombre que no sirven en la mar: ancla, gobernalle y remos, y miedo de naufragar.
XLVII
Mirando mi calavera un nuevo Hamlet dirá: He aquí un lindo fósil de una careta de carnaval.
XLVIII
Ya noto, al paso que me torno viejo, que en el inmenso espejo, donde orgulloso me miraba un día, era el azogue lo que yo ponía. Al espejo del fondo de mi casa una mano fatal va rayendo el azogue, y todo pasa por él como la luz por el cristal.
XLIX
--Nuestro español bosteza. ¿Es hambre? ¿Sueño? ¿Hastío? Doctor, ¿tendrá el estómago vacío? --El vacío es más bien en la cabeza.
L
Luz del alma, luz divina, faro, antorcha, estrella, sol... Un hombre a tientas camina; lleva a la espalda un farol.
LI
Discutiendo están dos mozos si a la fiesta del lugar irán por la carretera o campo atraviesa irán. Discutiendo y disputando empiezan a pelear. Ya con las trancas de pino furiosos golpes se dan; ya se tiran de las barbas, que se las quieren pelar. Ha pasado un carretero, que va cantando un cantar: «Romero, para ir a Roma, lo que importa es caminar; a Roma por todas partes, por todas partes se va».
LII
En esta España de los pantalones lleva la voz el macho; mas si un negocio importa lo resuelven las faldas a escobazos.
LIII
Ya hay un español que quiere vivir y a vivir empieza, entre una España que muere y otra España que bosteza. Españolito que vienes al mundo, te guarde Dios. Una de las dos Españas ha de helarte el corazón.
CXXXVII PARÁBOLAS
I
Era un niño que soñaba un caballo de cartón. Abrió los ojos el niño y el caballito no vió. Con un caballito blanco el niño volvió a soñar; y por la crin lo cogía... ¡Ahora no te escaparás! Apenas lo hubo cogido, el niño se despertó. Tenía el puño cerrado. ¡El caballito voló! Quedóse el niño muy serio pensando que no es verdad un caballito soñado. Y ya no volvió a soñar. Pero el niño se hizo mozo y el mozo tuvo un amor, y a su amada le decía: ¿Tú eres de verdad o no? Cuando el mozo se hizo viejo pensaba: todo es soñar, el caballito soñado y el caballo de verdad. Y cuando vino la muerte, el viejo a su corazón preguntaba: ¿Tú eres sueño? ¡Quién sabe si despertó!
II
A Don Vicente Clurana.
Sobre la limpia arena, en el tartesio llano por donde acaba España y sigue el mar, hay dos hombres que apoyan la cabeza en la mano; uno duerme, y el otro parece meditar. El uno, en la mañana de tibia primavera, junto a la mar tranquila, ha puesto entre sus ojos y el mar que reverbera, los párpados, que borran el mar en la pupila. Y se ha dormido, y sueña con el pastor Proteo, que sabe los rebaños del marino guardar; y sueña que le llaman las hijas de Nereo, y ha oído los caballos de Poseidón hablar. El otro mira al agua. Su pensamiento flota; hijo del mar, navega--o se pone a volar. Su pensamiento tiene un vuelo de gaviota, que ha visto un pez de plata en el agua saltar. Y piensa: «Es esta vida una ilusión marina de un pescador que un día ya no puede pescar.» El soñador ha visto que el mar se le ilumina, y sueña que es la muerte una ilusión del mar.
III
Érase de un marinero que hizo un jardín junto al mar, y se metió a jardinero. Estaba el jardín en flor, y el jardinero se fué por esos mares de Dios.
IV
CONSEJOS
Sabe esperar, aguarda que la marea fluya, --así en la costa un barco--sin que el partir te inquiete. Todo el que aguarda sabe que la victoria es suya; porque la vida es larga y el arte es un juguete. Y si la vida es corta y no llega la mar a tu galera, aguarda sin partir y siempre espera, que el arte es largo y, además, no importa.
V
PROFESIÓN DE FE
Dios no es el mar, está en el mar; riela como luna en el agua, o aparece como una blanca vela; en el mar se despierta o se adormece. Creó la mar, y nace de la mar cual la nube y la tormenta; es el Creador y la criatura lo hace; su aliento es alma, y por el alma alienta. Yo he de hacerte, mi Dios, cual tú me hiciste, y para darte el alma que me diste en mí te he de crear. Que el puro río de caridad que fluye eternamente, fluya en mi corazón. ¡Seca, Dios mío, de una fe sin amor la turbia fuente!
VI
El Dios que todos llevamos, el Dios que todos hacemos, el Dios que todos buscamos y que nunca encontraremos. Tres dioses o tres personas del solo Dios verdadero.
VII
Dice la razón: Busquemos la verdad. Y el corazón: Vanidad. La verdad ya la tenemos. La razón: ¡Ay, quién alcanza la verdad! El corazón: Vanidad. La verdad es la esperanza. Dice la razón: Tú mientes. Y contesta el corazón: Quien miente eres tú, razón, que dices lo que no sientes. La razón: Jamás podremos entendernos, corazón. El corazón: Lo veremos.
VIII
Cabeza meditadora, ¡qué lejos se oye el zumbido de la abeja libadora!
Echaste un velo de sombra sobre el bello mundo, y vas creyendo ver, porque mides la sombra con un compás.
Mientras la abeja fabrica, melifica, con jugo de campo y sol, yo voy echando verdades que nada son, vanidades al fondo de mi crisol. De la mar al percepto, del percepto al concepto, del concepto a la idea --¡oh, la linda tarea!-- de la idea a la mar. ¡Y otra vez a empezar!
CXXXVIII MI BUFÓN
El demonio de mis sueños ríe con sus labios rojos, sus negros y vivos ojos, sus dientes finos, pequeños. Y jovial y picaresco se lanza a un baile grotesco, luciendo el cuerpo deforme y su enorme joroba. Es feo y barbudo y chiquitín y panzudo. Yo no sé por qué razón, de mi tragedia, bufón, te ríes... Mas tu eres vivo por tu danzar sin motivo.
ELOGIOS
CXXXIX A DON FRANCISCO GINER DE LOS RÍOS
Como se fué el maestro, la luz de esta mañana me dijo: Van tres días que mi hermano Francisco no trabaja. ¿Murió?... Sólo sabemos que se nos fué por una senda clara, diciéndonos: Hacedme un duelo de labores y esperanzas. Sed buenos y no más, sed lo que he sido entre vosotros: alma. Vivid, la vida sigue, los muertos mueren y las sombras pasan; lleva quien deja y vive el que ha vivido. ¡Yunques, sonad; enmudeced, campanas!
Y hacia otra luz más pura partió el hermano de la luz del alba, del sol de los talleres, el viejo alegre de la vida santa. ...Oh, sí, llevad, amigos, su cuerpo a la montaña, a los azules montes del ancho Guadarrama. Allí hay barrancos hondos de pinos verdes donde el viento canta. Su corazón repose bajo una encina casta, en tierra de tomillos, donde juegan mariposas doradas... Allí el maestro un día soñaba un nuevo florecer de España.
_Baeza, 21 febrero, 1915._
CXL AL JOVEN MEDITADOR JOSÉ ORTEGA GASSET
A ti laurel y yedra corónente, dilecto de Sofía, arquitecto. Cincel, martillo y piedra y masones te sirvan; las montañas de Guadarrama frío te brinden el azul de sus entrañas, meditador de otro Escorial sombrío; y que Felipe austero, al borde de su regia sepultura, asome a ver la nueva arquitectura, y bendiga la prole de Lutero.
CXLI A XAVIER VALCARCE
...En el Intermedio de la primavera.
Valcarce, dulce amigo, si tuviera la voz que tuve antaño, cantaría el intermedio de tu primavera --porque aprendiz he sido de ruiseñor un día--, y el rumor de tu huerto--entre las flores el agua oculta corre, pasa y suena por acequias, regatos y atanores--, y el inquieto bullir de tu colmena, y esa doliente juventud que tiene ardores de faunalias, y que pisando viene la huella a mis sandalias.
Mas hoy... ¿será porque el enigma grave me tentó en la desierta galería, y abrí con una diminuta llave el ventanal del fondo que da a la mar sombría? ¿Será porque se ha ido quien asentó mis pasos en la tierra, y en este nuevo ejido sin rubia mies, la soledad me aterra?
No sé, Valcarce, mas cantar no puedo; se ha dormido la voz en mi garganta, y tiene el corazón un salmo quedo. Ya sólo reza el corazón, no canta.
Mas hoy, Valcarce, como un fraile viejo puedo hacer confesión, que es dar consejo.
En este día claro, en que descansa tu carne de quimeras y amoríos --así en amplio silencio se remansa el agua bullidora de los ríos--, no guardes en tu cofre la galana veste dominical, el limpio traje, para llenar de lágrimas mañana la mustia seda y el marchito encaje, sino viste, Valcarce, dulce amigo, gala de fiesta para andar contigo.
Y cíñete la espada rutilante, y lleva tu armadura, el peto de diamante debajo de la blanca vestidura.
¡Quién sabe! Acaso tu domingo sea la jornada guerrera y laboriosa, el día del Señor, que no reposa, el claro día en que el Señor pelea.
CXLII MARIPOSA DE LA SIERRA
A Juan Ramón Jiménez, por su libro _Platero y yo_.
¿No eres tú, mariposa, el alma de estas sierras solitarias, de sus barrancos hondos y de sus cumbres agrias? Para que tú nacieras, con su varita mágica a las tormentas de la piedra, un día, mandó callar un hada, y encadenó los montes, para que tú volaras. Anaranjada y negra, morenita y dorada, mariposa montés, sobre el romero plegadas las alillas o, voltarias, jugando con el sol, o sobre un rayo de sol crucificadas. ¡Mariposa montés y campesina, mariposa serrana, nadie ha pintado tu color; tú vives tu color y tus alas en el aire, en el sol, sobre el romero, tan libre, tan salada!... Que Juan Ramón Jiménez pulse por ti su lira franciscana.
_Sierra de Cazorla, 28 mayo, 1915._
CXLIII DESDE MI RINCÓN
ELOGIOS
Al libro _Castilla_, del maestro Azorín, con motivos del mismo.
Con este libro de melancolía, toda Castilla a mi rincón me llega; Castilla la gentil y la bravía, la parda y la manchega. ¡Castilla, España de los largos ríos que el mar no ha visto y corre hacia los mares; Castilla de los páramos sombríos, Castilla de los negros encinares. Labriegos transmarinos y pastores trashumantes--arados y merinos--, labriegos con talante de señores, pastores del color de los caminos. Castilla de grisientos peñascales, pelados serrijones, barbechos y trigales, malezas y cambrones. Castilla azafranada y polvorienta, sin montes, de arreboles purpurinos, Castilla visionaria y soñolienta de llanuras, viñedos y molinos. Castilla--hidalgos de semblante enjuto, rudos jaques y orondos bodegueros--, Castilla--trajinantes y arrieros de ojos inquietos, de mirar astuto--, mendigos rezadores, y frailes pordioseros, boteros, tejedores, arcadores, perailes, chicarreros, lechuzos y rufianes, fulleros y truhanes, caciques y tahures y logreros. ¡Oh, venta de los montes!--Fuencebada, Fonfría, Oncala, Manzanal, Robledo.-- ¡Mesón de los caminos y posada de Esquivias, Salas, Almazán, Olmedo! La ciudad diminuta y la campana de las monjas que tañe, cristalina... ¡Oh, dueña doñeguil tan de mañana y amor de Juan Ruiz a doña Endrina! Las comadres--Gerarda y Celestina-- Los amantes--Fernando y Dorotea-- ¡Oh casa, oh huerto, oh sala silenciosa! ¡Oh divino vasar en donde posa _sus dulces ojos verdes Melibea_! ¡Oh jardín de cipreses y rosales, donde Calisto ensimismado piensa, que tornan con las nubes inmortales las mismas olas de la mar inmensa! ¡Y este hoy que mira a ayer; y este mañana que nacerá tan viejo! ¡Y esta esperanza vana de romper el encanto del espejo! ¡Y esta agua amarga de la fuente ignota! ¡Y este filtrar la gran hipocondría de España siglo a siglo y gota a gota! ¡Y este alma de Azorín... y este alma mía que está viendo pasar, bajo la frente, de una España la inmensa galería, cual pasa del ahogado en la agonía todo su ayer, vertiginosamente! Basta. Azorín, yo creo en el alma sutil de tu Castilla, y en esa maravilla de tu hombre triste del balcón, que veo siempre añorar, la mano en la mejilla. Contra el gesto del persa, que azotaba la mar con su cadena; contra la flecha que el tahur tiraba al cielo, creo en la palabra buena. Desde un pueblo que ayuna y se divierte, ora y eructa, desde un pueblo impío que juega al mus, de espaldas a la muerte, creo en la libertad y en la esperanza, y en una fe que nace cuando se busca a Dios y no se alcanza, y en el Dios que se lleva y que se hace.
ENVÍO
¡Oh, tú, Azorín que de la mar de Ulises viniste al ancho llano en donde el gran Quijote, el buen Quijano, soñó con Esplandianes y Amadises; buen Azorín, por adopción manchego, que guardas tu alma ibera, tu corazón de fuego bajo el recio almidón de tu pechera --un poco libertario de cara a la doctrina, ¡admirable Azorín, el reaccionario por asco de la greña jacobina!--; pero tranquilo, varonil--la espada ceñida a la cintura y con santo rencor acicalada--, sereno en el umbral de tu aventura! ¡Oh, tú, Azorín, escucha: España quiere surgir, brotar, toda una España empieza. ¿Y ha de helarse en la España que se muere? ¿Ha de ahogarse en la España que bosteza? Para salvar la nueva epifanía hay que acudir, ya es hora, con el hacha y el fuego al nuevo día. Oye cantar los gallos de la aurora.
_Baeza, 1913._
CXLIV A UNA ESPAÑA JOVEN
...Fué un tiempo de mentira, de infamia. A España toda, la malherida España, de Carnaval vestida nos la pusieron, pobre y escuálida y beoda para que no acertara la mano con la herida.
Fué ayer; éramos casi adolescentes; era con tiempo malo, encinta de lúgubres presagios, cuando montar quisimos en pelo una quimera, mientras la mar dormía ahita de naufragios.
Dejamos en el puerto la sórdida galera, y en una nave de oro nos plugo navegar hacia los altos mares, sin aguardar ribera, lanzando velas y anclas y gobernalle al mar.
Ya entonces, por el fondo de nuestro sueño--herencia de un siglo que vencido sin gloria se alejaba-- un alba entrar quería; con nuestra turbulencia la luz de las divinas ideas batallaba.
Mas cada cual el rumbo siguió de su locura; agilitó su brazo, acreditó su brío; dejó como un espejo bruñida su armadura y dijo: «El hoy es malo, pero el mañana... es mío».
Y es hoy aquel mañana de ayer... Y España toda con sucios oropeles de Carnaval vestida aún la tenemos: pobre y escuálida y beoda, mas hoy de un vino malo: la sangre de su herida.
Tú, juventud más joven, si de más alta cumbre la voluntad te llega, irás a tu aventura despierta y transparente a la divina lumbre, como el diamante clara, como el diamante pura.
_Enero, 1915._
CXLV ESPAÑA, EN PAZ
En mi rincón moruno, mientras repiquetea el agua de la siembra bendita en mis cristales yo pienso en la lejana Europa que pelea, el fiero norte, envuelto en lluvias otoñales.
Donde combaten galos, ingleses y teutones, allá, en la vieja Flandes y en una tarde fría, sobre jinetes, carros, infantes y cañones pondrá la lluvia el velo de su melancolía.
Envolverá la niebla el rojo expoliario --sordina gris al férreo claror del campamento--, las brumas de la Mancha caerán como un sudario de la flamenca duna sobre el fangal sangriento.
Un César ha ordenado las tropas de Germania contra el francés heroico y el triste moscovita, y osó hostigar la rubia pantera de Britania. Medio planeta en armas contra el teutón milita.
¡Señor! La guerra es mala y bárbara; la guerra, odiada de las madres, las almas entigrece; mientras la guerra pasa, ¿quién sembrará la tierra? ¿Quién segará la espiga que junio amarillece?