Poema del Otoño y otros poemas Obras Completas Vol. XI
Part 2
HA MUCHO QUE LEOPOLDO me juzga bajo un toldo de penas, al rescoldo de una última ilusión. O bien cual hombre adusto que agriado de disgusto no hincha el cuello robusto lanzando una canción.
Juzga este ser titánico con buen humor tiránico que estoy lleno de pánico, desengaño o esplín, porque ha tiempo no mana ni una rima galana, ni una prosa profana de mi viejo violín.
Y por tales cuidados me vino con recados, lindamente acordados, que dice que le dió primavera, la niña de florida basquiña a quien por la campiña harto perseguí yo.
No hay tal, señora mía. Y aquí vengo este día, lleno de poesía, pues llega el Carnaval, a hacer sonar en grata hora, lira de plata, flauta que olvidos mata, y sistro de cristal.
Pues en París estamos, parisienses hagamos los más soberbios ramos de flores de París, y llenen esta estancia de gloria y de fragancia, bellas rosas de Francia y la hortensia y la lis.
¡Viva la ciudad santa --de diabla que es--que encanta con tanta gracia y tanta furia de porvenir; que es la única en el mundo donde en sueños me hundo con lo dulce y profundo del gozo del vivir!
Viva, con sus coronas de laurel, sus sorbonas, y sus lindas personas pérfidas como el mar; viva, con «gamin» listo estudiante y aristo, y el gallo nunca visto y el gorrión familiar.
Yo he visto a Venus bella, en el pecho una estrella, y a Mammón ir tras ella que con ligero pie proseguía adelante, parándose delante
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del fuego del diamante de la rue de la Paix.
Creí tras los macizos de un jardín, los carrizos oir, llenos de hechizos, de la flauta de Pan. Reía Primavera de la canción ligera: el griego dios no era. Era el pobre Lelián.
Y ahora, cuando empache la fiesta, y el apache su mensaje despache a la Alegría vil, dará púrpura a Momo en un divino asomo escapada de un tomo la sombra de Banville.
Las musas y las gracias vuelven de las acacias con sus aristocracias doradas por el luis; y el avaro de Plauto o Molière, irá incauto tras las huellas del auto al café de París.
Pero todo, señora, lo consagra y decora, lo suaviza y lo dora la mágica ciudad hecha de amor, de historia, de placer y de gloria, de hechizo y de victoria, de triunfo y claridad.
¡Vivan los Carnavales parisienses! Los males huyen a los cristales de la viuda Clicquot. ¡Y pues que Primavera quería un canto, fuera la armoniosa quimera que llevo dentro yo!
Y de nuevo las rosas y las profanas prosas vayan a las hermosas, al aire, al cielo, al sol: vaya el verso con alas y la estrofa de galas y suenen cosas galas con el modo español.
Así verá Lugones cómo las ilusiones reviven a los sones del canto fraternal, y brota el tallo tierno en otoño o invierno. ¡Pues Apolo es eterno y el arte es inmortal!
Que mire nuestro Orfeo cumplido su deseo y que no encuentre un reo de silencios en mí, y para mi acomodo no emplee agudo modo, pues, «a pesar de todo», nuestro Hugo no era así.
¡Vivat Gallia Regina! aquí nos ilumina un sol que no declina; Eros brinda su flor, Palas nos da la mano mientras va soberano rigiendo su aeroplano Icaro vencedor.
¡Ah señora! yo expreso mi gratitud, mi exceso de gratitud, y beso tanto ilustre laurel. Celebro aulas sagradas, artes, modas lanzadas, y las damas pintadas y los _maîtres d'hôtel_.
Y puesta la careta ha cantado el poeta con cierta voz discreta que propia suya es; y reencontró su aurora, sin viña protectora o caricia traidora de brebaje escocés.
Sepa la Primavera que mi alma es compañera del sol que ella venera y del supremo Pan. Y que si Apolo ardiente la llama, de repente, contestará: ¡Presente, mi capitán!
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[imagen: VALLDEMOSA]
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VAGO CON LOS CORDEROS Y CON LAS CABRAS TREPO como un pastor por estos montes de Valldemosa, y entre olivares pingües y entre pinos de Alepo diviso el mar azul que el sol baña de rosa.
Y en tanto que el Mediterráneo me acaricia con su aliento yodado y su salino aroma, creo mirar surgir una barca fenicia, una vela de Grecia, un trirreme de Roma.
Y me saca de mi éxtasis en la dulce mañana el oir que del campo cercano llegan unas notas de evocadora melopea africana que canta una payesa recogiendo aceitunas.
Pían los libres pájaros en los vecinos huertos; se enredan las copiosas viñas a las higueras, y muestra el sexual higo dos labios entreabiertos junto al ámbar quemado de las uvas postreras.
Plinio llama _Baleares funda bellicosas_ a estas islas hermanas de las islas Pytiusas; yo sé que coronadas de pámpanos y rosas aquí a un tiempo danzaron ante la mar las musas.
Y si a esta región dieron Catarina y Raimundo paz que a Cristo pidieron Raimundo y Catarina, aún se oye el eco de la flauta que dió al mundo con la música pánica vitalidad divina.
LOS MOTIVOS DEL LOBO
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EL VARÓN QUE TIENE CORAZÓN DE LIS, alma de querube, lengua celestial, el mínimo y dulce Francisco de Asís, está con un rudo y torvo animal, bestia temerosa, de sangre y de robo, las fauces de furia, los ojos de mal: el lobo de Gubbia, el terrible lobo. Rabioso ha asolado los alrededores, cruel ha deshecho todos los rebaños; devoró corderos, devoró pastores, y son incontables sus muertes y daños.
Fuertes cazadores armados de hierros fueron destrozados. Los duros colmillos dieron cuenta de los más bravos perros, como de cabritos y de corderillos.
Francisco salió: al lobo buscó en su madriguera. Cerca de la cueva encontró a la fiera enorme, que al verle se lanzó feroz contra él. Francisco, con su dulce voz, alzando la mano, al lobo furioso dijo:--_¡Paz, hermano lobo!_ El animal contempló al varón de tosco sayal; dejó su aire arisco, cerró las abiertas fauces agresivas, y dijo:--_¡Está bien, hermano Francisco!_ _¡Cómo!_--exclamo el santo.--_¿Es ley que tú vivas de horror y de muerte? ¿La sangre que vierte tu hocico diabólico, el duelo y espanto que esparces, el llanto de los campesinos, el grito, el dolor de tanta criatura de Nuestro Señor? ¿No han de contener tu encono infernal? ¿Vienes del infierno? ¿Te ha infundido acaso su rencor eterno Luzbel o Belial?_ Y el gran lobo, humilde:--_¡Es duro el invierno,_ _y es horrible el hambre! En el bosque helado_ _no hallé qué comer; y busqué el ganado,_ _y en veces comí ganado y pastor._ _¿La sangre? Yo ví más de un cazador_ _sobre su caballo, llevando el azor_ _al puño; o correr tras el jabalí,_ _el oso o el ciervo; y a más de uno ví_ _mancharse de sangre, herir, torturar,_ _de las roncas trompas al sordo clamor_ _a los animales de Nuestro Señor._ _Y no era por hambre, que iban a cazar._ _Francisco, responde:--El hombre existe_ _mala levadura._ _Cuando nace viene con pecado. Es triste._ _Mas el alma simple de la bestia es pura._ _Tú vas a tener_ _desde hoy que comer._ _Dejarás en paz_ _rebaños y gente en este país._ _¡Que Dios melifique tu ser montaraz!_ _--Está bien, hermano Francisco de Asís._ _--Ante el Señor, que todo ata y desata,_ _en fe de promesa tiéndeme la pata._ El lobo tendió la pata al hermano de Asís, que a su vez le alargó la mano. Fueron a la aldea. La gente veía y lo que miraba casi no creía. Tras el religioso iba el lobo fiero,
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... Padre nuestro, que estás en los cielos ... ]
y, baja la testa, quieto le seguía como un can de casa, o como un cordero.
Francisco llamó la gente a la plaza y allí predicó. Y dijo:--_He aquí una amable caza. El hermano lobo se viene conmigo; me juró no ser ya nuestro enemigo, y no repetir su ataque sangriento. Vosotros, en cambio, daréis su alimento a la pobre bestia de Dios.--¡Así sea!_, contestó la gente toda de la aldea. Y luego, en señal de contentamiento movió testa y cola el buen animal, y entró con Francisco de Asís al convento.
Algún tiempo estuvo el lobo tranquilo en el santo asilo. Sus bastas orejas los salmos oían y los claros ojos se le humedecían. Aprendió mil gracias y hacía mil juegos cuando a la cocina iba con los legos. Y cuando Francisco su oración hacía, el lobo las pobres sandalias lamía. Salía a la calle, iba por el monte, descendía al valle, entraba a las casas y le daban algo de comer. Mirábanle como a un manso galgo. Un día, Francisco se ausentó. Y el lobo dulce, el lobo manso y bueno, el lobo probo, desapareció, tornó a la montaña, y recomenzaron su aullido y su saña. Otra vez sintióse el temor, la alarma, entre los vecinos y entre los pastores; colmaba el espanto los alrededores, de nada servían el valor y el arma, pues la bestia fiera no dió treguas a su furor jamás, como si tuviera fuegos de Moloch y de Satanás.
Cuando volvió al pueblo el divino santo, todos lo buscaron con quejas y llanto, y con mil querellas dieron testimonio de lo que sufrían y perdían tanto por aquel infame lobo del demonio.
Francisco de Asís se puso severo. Se fué a la montaña a buscar al falso lobo carnicero. Y junto a su cueva halló a la alimaña. --_En nombre del Padre del sacro universo, conjúrote_, dijo, _¡oh, lobo perverso!, a que me respondas: ¿Por qué has vuelto al mal? Contesta. Te escucho._ Como en sorda lucha, habló el animal, la boca espumosa y el ojo fatal: _--Hermano Francisco, no te acerques mucho ..._ _Yo estaba tranquilo allá, en el convento,_ _al pueblo salía,_ _y si algo me daban estaba contento_ _y manso comía._ _Mas empecé a ver que en todas las casas_ _estaban la Envidia, la Saña, la Ira,_ _y en todos los rostros ardían las brasas_ _de odio, de lujuria, de infamia y mentira._ _Hermanos a hermanos hacían la guerra,_ _perdían los débiles, ganaban los malos,_ _hembra y macho eran como perro y perra,_ _y un buen día todos me dieron de palos._ _Me vieron humilde, lamía las manos_ _y los pies. Seguía tus sagradas leyes,_ _todas las criaturas eran mis hermanos,_ _los hermanos hombres, los hermanos bueyes,_ _hermanas estrellas y hermanos gusanos._ _Y así, me apalearon y me echaron fuera._ _Y su risa fué como un agua hirviente,_ _y entre mis entrañas revivió la fiera,_ _y me sentí lobo malo de repente;_ _mas siempre mejor que esa mala gente._ _Y recomencé a luchar aquí,_ _a me defender y a me alimentar._
_Como el oso hace, como el jabalí,_ _que para vivir tiene que matar._ _Déjame en el monte, déjame en el risco,_ _déjame existir en mi libertad,_ _vete a tu convento, hermano Francisco,_ _sigue tu camino y tu santidad._
El santo de Asís no le dijo nada. Le miró con una profunda mirada, y partió con lágrimas y con desconsuelos, y habló al Dios eterno con su corazón. El viento del bosque llevó su oración, que era: _Padre nuestro, que estás en los cielos ..._
LA ROSA NIÑA
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_A Mademoiselle Margarita M. Guido._
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CRISTAL, ORO Y ROSA. ALBA EN PALESTINA.
Salen los tres reyes de adorar al rey, flor de infancia llena de una luz divina que humaniza y dora la mula y el buey.
Baltasar medita, mirando la estrella que guía en la altura. Gaspar sueña en la visión sagrada. Melchor ve en aquella visión, la llegada de un mágico bien.
Las cabalgaduras sacuden los cuellos cubiertos de sedas y metales. Frío matinal refresca belfos de camellos húmedos de gracia, de azur y rocío.
Las meditaciones de la barba sabia van acompasando los plumajes flavos, los ágiles trotes de potros de Arabia y las risas blancas de negros esclavos.
¿De dónde vinieron a la Epifanía? ¿De Persia? ¿De Egipto? ¿De la India? Es en vano cavilar. Vinieron de la Luz, del Día, del Amor. Inútil pensar. Tertuliano.
El fin anunciaban de un gran cautiverio y el advenimiento de un raro tesoro. Traían un símbolo de triple misterio, portando el incienso, la mirra y el oro.
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su cuerpo hecho pétalos y su alma hecha olor. ]
En las cercanías de Belén se para el cortejo. ¿A causa? A causa de que una dulce niña de belleza rara surge ante los magos, toda ensueño y fe.
--¡Oh, Reyes!--les dice--Yo soy una niña que oyó a los vecinos pastores cantar, y desde la próxima florida campiña miró vuestro regio cortejo pasar.
Yo sé que ha nacido Jesús Nazareno, que el mundo está lleno de gozo por él, y que es tan rosado, tan lindo y tan bueno, que hace al sol más sol, y a la miel más miel.
Aun no llega el día ... ¿Dónde está el establo? Prestadme la estrella para ir a Belén. No tengáis cuidado que la apague el diablo; con mis ojos puros la cuidaré bien.
Los magos quedaron silenciosos. Bella de toda belleza, a Belén tornó la estrella; y la niña, llevada por ella al establo, cuna de Jesús, entró.
Pero cuando estuvo junto a aquel infante, en cuyas pupilas miró a Dios arder, se quedó pasmada, pálido el semblante, porque no tenía nada que ofrecer.
La Madre miraba su niño-lucero; las dos bestias buenas daban su calor; sonreía el santo viejo carpintero; y la niña estaba temblando de amor.
Allí había oro en cajas reales, perfumes en frascos de hechura oriental, inciensos en copas de finos metales, y quesos, y flores, y miel de panal.
Se puso rosada, rosada, rosada ... ante la mirada del niño Jesús. (Felizmente que era su madrina una hada, de Anatole France o el doctor Mardrús.)
¡Qué dar a ese niño, qué dar sino ella! ¿Qué dar a ese tierno, divino Señor? Le hubiera ofrecido la mágica estrella, la de Baltasar, Gaspar y Melchor ...
Mas a los influjos del hada amorosa, que supo el secreto de aquel corazón, se fué convirtiendo poco a poco en rosa, en rosa más bella que las de Sarón.
La metamorfosis fué santa aquel día. (La sombra lejana de Ovidio aplaudía), pues la dulce niña ofreció al Señor, que le agradecía y le sonreía, en la melodía de la Epifanía, su cuerpo hecho pétalos y su alma hecha olor.
LA CANCIÓN DE LOS OSOS
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_Osos, osos misteriosos, yo os diré la canción de vuestra misteriosa evocación._
OSOS NEGROS Y VELLUDOS DEL RIÑÓN DE LAS MONTAÑAS, silenciosos viejos monjes de una iglesia inmemorial, vuestros ritos solitarios, vuestras prácticas extrañas, las humanas alimañas neronizan y ensangrientan la selvosa catedral.
Osos tristes y danzantes que los zíngaros de cobre martirizan; oso esclavo, oso fúnebre, oso pobre, arrancado a las entrañas de los montes del Tirol; sé leer en vuestros ojos y podemos hablar sobre Atta Troll ...
Osos blancos de los polos, bellos osos diamantinos, nadie sabe que venís, sobre el hielo, de un imperio de hombres blancos y divinos que coronan con castillos argentinos su país.
_Osos, osos misteriosos, yo os diré la canción de vuestra misteriosa evocación._
¡Arcas! ¡Víctima sangrienta! Plantas, flores, ecos, liras; --Malhadado y cruento crimen del infausto Lycaón; en Arcadia los amores y los cánticos que inspiras, y en el cielo, con Calixto, la inmortal constelación--. Los dos osos son asombro para el Toro y el León.
¡Va Criniso! Muchas ansias lleva el mozo y vida mucha; si cual toro lucha fiero, como oso mejor lucha quien de Egesta será esposo; cruje el monstruo entre sus brazos en la lucha que se escucha: ¡Lucha, oso! ¡Lucha, oso! ¡Lucha, oso! ¡Lucha, oso!
Bellos osos de oro rojo que ya estáis en el regazo del azul donde el zodiaco sublimiza su visión; de lira hacedme oir el son; dad saludos a la Virgen en mi nombre, y un zarpazo, si podéis, al Escorpión.
_Osos, osos misteriosos, yo os diré la canción de vuestra misteriosa evocación._
Danzad suave y cuerdamente; que la peluda alpargata cubra la prudente pata cuyo paso no se siente. Y bajo la huyente frente mirad con ojo mañero al gitano, que canta con voz de Oriente un raro canto lejano y hace sonar el pandero con la mano con que remienda el caldero. A los sueldos de los pobres encomienda alrededor vuestra persona, y en el parche del pandero caen los cobres por los osos, por el perro y por la mona.
_Osos, osos misteriosos, yo os diré la canción de vuestra misteriosa evocación._
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gitanilla pintoresca, gitanilla de Cervantes, ]
A vuestro lado va la gitanilla. Brilla su mirada de negros diamantes, y su boca roja es fresca; gitanilla pintoresca, gitanilla de Cervantes, o Esmeralda huguesca. Ya vosotros bien sabéis de quién os hablo, Pues cien veces junto a ella contemplasteis cola y cuernos del señor don Diablo, protector de las lujurias en la tierra y los infiernos.
_Osos, osos misteriosos, yo os diré la canción de vuestra misteriosa evocación._
Danzad, osos, oh cofrades, oh poetas; id, chafad en las campiñas los tomillos y violetas, y tornad entre las flores del sendero, y danzad en el suburbio para el niño y el obrero, para el hosco vagabundo de las escabrosas rutas, para el pálido bandido que regó sangre y espanto, y para las prostitutas que mastican pan de crimen y de llanto. Pues vuestra filosofía no señala diferencia ni da halago ni reproche a la mística azucena que adornó el pecho del día, o a la lúgubre mandrágora de la entraña de la noche.
_Osos, osos misteriosos, yo os diré la canción de vuestra misteriosa evocación._
Osos ermitaños que ponéis pavores en pastores y rebaños; el agudo cazador advierte que os ponéis en cruz ante la muerte, o para dar el formidable abrazo que ha de exprimir la vida contra vuestro regazo; vais en dos patas como el adanida, es así que he admirado vuestro andar de canónigo, o bien de magistrado. Con la argolla al hocico sacudís vuestra panza. ¡Osos sabios, osos fuertes y cautivos, a la danza!
_Osos, osos misteriosos, yo os diré la canción de vuestra misteriosa evocación._
Y al pasar un entierro os he visto en la senda con la mona y el perro, entre el círculo formado por hombres zarrapastrosos. Grotescos enterradores iban conduciendo el carro de podredumbre y de flores; como signo de respeto descubríanse un mendigo y un soldado. El gitano se acordó de su amuleto. Y tú, oso danzarín domesticado, se diría que reías como estando en el secreto del finado, de la losa, de la cruz y el esqueleto.
_Osos, osos misteriosos, yo os diré la canción de vuestra misteriosa evocación._
Mas no el requiem, ni el oremus, ni el responso del gangoso Chantre llegue a vuestro oído, sabio y suave oso; mas el canto de las zíngaras, o la música del nido, o la estrofa del poeta, o el ruido de los besos, o el ruido del amor errante ardiente en la carreta.
Bien sabéis: la vida es corta, y teniendo en vuestras fauces una torta, o un panal, profesáis vuestros principios más allá del Bien y el Mal.
_Osos, osos misteriosos, yo os diré la canción de vuestra misteriosa evocación._
RITMOS ÍNTIMOS
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María, en la primavera era como una divina flor. ]
MARÍA, EN LA PRIMAVERA era como una divina flor. En la primavera estamos, amos de la vida y del amor.
María, sé la gallarda; arda tu corazón sin razón, y ten la dicha que espero, pero dentro de tu corazón.
¡Oh, primaveral María! Dios te diera tantos diamantes como los amantes que te besarán los pies.
Y después, con muchas cosas supremas, un palacio de oro y gemas. Y después ... Un príncipe enamorado a tu lado, para besarte los pies.
Estupendos pavos reales a tus males llevarán consolación, y soberanos lebreles siempre fieles, soñarán tu corazón.
Estatua viva y gallarda, por ti arda una misteriosa flor. Y vibrante y anhelante sé la amante de la vida y del amor.
Deshójate como rosa. Sé la esposa de toda ilusión fugaz, pues el tiempo al amor muerde, y la ilusión que se pierde ya no nos vuelve jamás.
Y así, María, sé blanca, sé rosada y sé gentil, sé melodiosa y sé franca y de mañana y de Abril.
Sé muy fragante y muy buena, parecida a la azucena. Sé apasionada y sé fina, parecida a la englantina. Sé rosada y orgullosa como si fueras la rosa.
En fin, María, sé bella, sé parecida a la estrella; toda luz, toda claror. ¡Vuela del mundo pequeño, sé parecida al ensueño al ensueño y al amor!
BALADA DE LA BELLA NIÑA DEL BRASIL
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Es una princesita rosa que amara Katy Grenaway. ]
EXISTE UN PAÍS ENCANTADO donde las horas son tan bellas que el tiempo va a paso callado sobre diamantes, bajo estrellas. Odas, cantares o querellas se lanzan al aire sutil en gloria de perpetuo Abril, pues allí la flor preferida para mí, es Ana Margarida, la niña bella del Brasil.
Dulce, dorada y primorosa, infanta de lírico rey, Es una princesita rosa que amara Katy Grenaway. Buscará por la eterna ley el pájaro azul de Tyltil, si tú, oboe, arpa, añafil, cuando Aurora a vivir convida, adorable a Ana Margarida, La niña bella del Brasil.
ENVÍO
¡Princesa en flor, nada en la vida hecho de oro, rosa y marfil, iguala a esta joya querida: La pequeña Ana Margarida, La niña bella del Brasil! Existe un mágico Eldorado en donde Amor de rey está, donde hay Tijuca y Corcovado, y donde canta el sabiá. El tesoro divino da allí mil hechizos y mil sueños; mas nada tan gentil como la flor de alba encendida que he visto en Ana Margarida, la única bella del Brasil.
DANZAS GYMNESIANAS
BOLERAS
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DANZAN, DANZAN LOS PAYESES las boleras mallorquinas; forman sus ochos y eses al son de las bandolinas.
Danzar veo una pareja; él danza como los majos; ella está toda bermeja y tiene los ojos bajos.
Cantan los músicos alto a acompasados compases; el bailarín da su salto y hay pases y contrapases.
Otra mujer se aficiona, si algo gallarda algo fea, y aunque es un poco jamona muy bien que se zarandea.
Luego va una adolescente calipigia y de ojo brujo, con una cara inocente, de hacer pecar a un cartujo.
Y al vocerío sonoro ella gira y se gobierna con tal cuidado y decoro que apenas se ve la pierna.
La payesita galana No mueve, en su fuga arisca, el talle, a la gaditana, los senos, a la morisca.
Sino que ella, como el compañero payesito, desempeñan el papel como quien oficia un rito.
Se regocija la sala cuando hecha rosa y jazmín sale una alegre zagala con un payés chiquitín.