Pasarse de listo

Chapter 13

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Inesita estuvo también punto menos que desesperada.

El Conde, compungido por todas aquellas lástimas, se esforzó por consolar a Inés: todo le parecía poco para consolarla. Venció la oposición de su madre, que no gustaba de casamiento tan desigual, e Inés, al año de muerto don Braulio, fué Condesa de Alhedín.

Paco, que había quedado burlado en sus esperanzas, decía con este motivo:

--Inesita, por no ser fríamente calculadora, ha conseguido lo que con el cálculo frío no hubiera conseguido acaso: bien es verdad que, para conseguirlo, ha sido menester que don Braulio se mate.

Más de dos años vivió Beatriz, de viuda, con el más profundo y sincero duelo en el alma.

Se retiró al lugar de su nacimiento, donde hizo vida ejemplar y propia de una santa.

A la memoria de don Braulio rendía verdadero culto.

Aquel beso, que estando él celoso y dormida ella, le dió don Braulio, en vez de matarla, como pensaba, le sentía ella en lo íntimo del corazón y difundía en su espíritu suave y pura melancolía.

La modestia y el recogimiento de doña Beatriz hacían que gastase poquísimo en su persona, así es que le sobraba mucho, en proporción de su corta hacienda, y todo lo consumía en obras de caridad.

Paco Ramírez, testigo de todo esto, y única persona que veía a doña Beatriz en su soledad, acabó por enamorarse de ella perdidamente.

Ya hemos visto lo sensible que era doña Beatriz a que de ella se enamorasen. Primero, agradeció. Después luchó contra el recuerdo de don Braulio una naciente inclinación. Por último, la pobre doña Beatriz no era de bronce; pasados más de los dos años, el amor nuevo venció los recuerdos del amor antiguo.

Paco y Beatriz se casaron: y Paco borró con besos, que dió a Beatriz despierta, la impresión al parecer indeleble de aquel beso tan poético que ella había recibido dormida.

Paco, algo recelosillo, como buen lugareño, se guardó bien de llevar a Madrid a Beatriz, no hiciera el diablo que se le antojase de nuevo que el Condesito estaba enamorado de ella seráficamente.

Este y su mujer siguieron siempre en la corte siendo dechados de elegancia.

Inesita, luego que pasó tiempo, filosofó con serenidad acerca de don Braulio y explicó su muerte de un modo satisfactorio para ella.

Don Braulio se había suicidado porque era tétrico de carácter; porque tenía menos religión que un caballo; porque estaba desesperado de ser feo y enclenque; porque había cometido la imprudencia de haberse casado con mujer joven y hermosa; porque tenía el ridículo empeño de ser adorado; y porque el amor, que no tenía, por carencia de fe, para las cosas del cielo, le había puesto en algo de mundanal y finito que no lo merecía, empeñándose en revestir a este ídolo de calidades y excelencias que sólo a los seres sobrenaturales convienen.

En suma, Inesita daba por evidente que lo mejor que don Braulio podía haber hecho era matarse.

No creemos que Inesita tuviese gran erudición clásica; pero si la hubiera tenido, hubiera repetido, a propósito de don Braulio, cierto verso, nos parece que de Homero, que dicen que declamó Scipión al saber la muerte de Cayo Graco, su sobrino, y que en mal romance y peor prosa se interpreta así: _Perezca como él quien imitare su ejemplo._

FIN