Parnaso Filipino Antología de Poetas del Archipelago Magellanico

Part 7

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En el fondo dulce y cálido de un humano corazón ha hecho nido la paloma, mientras reza una oración por la viuda sin amores, y los hijos del inválido. Santo nido hecho de flores y fragancias maternales de caricias, de ternuras y sedientas calenturas Por el bien de los mortales! ¡Corazón que guarda dentro el calor de las canciones que palpitan en los tristes corazones, que es altar, estuche, y centro de noblezas olvidadas y de hidalgas compasiones! ¡Ruiseñor enamorado de los cánticos del arte! ¡Corazón! Santo estandarte de lo honrado, donde vive la divina poesía de la tétrica tragedia del vivir. ¡Vaso hondo del sentir! ¡Corazón que es una mezcla de tristeza y de alegría! Que es color, canto, fragancia, clamor, risa, luz, suspiro, movimiento, danza, giro, simpatía y añoranza. Don Quijote que enloquece acariciando una ilusión. ¡Corazón, fiel corazón. del gran Rey Alfonso Trece! .................................................. Y ha vivido la paloma de plumaje alabastrino en el fondo de ese pecho que es más fuerte que el destino.

V

Ha cesado la matanza, han callado los cañones, y la voz de las naciones la reclama una vez más con promesas de bonanza. La paloma no se mueve. Con suspiro tenue y quedo tiembla aún de sus ansias al compás. La paloma de la paz todavía tiene miedo. .................................................. En, la boca del monarca juguetea una sonrisa; en el hueco de su mano aún descansa la paloma blanca y mansa que ha quedado para siempre convertida en su divisa. ¿Qué derecho hay en la tierra que le quite el blanco emblema, redivivo con su aliento, escudado con su honra, en el trágico momemto en que quisieron arrancarle esa gloria de su lema? En las luchas de la corte, en lia inquietud de la cabaña, ha sabido defenderla con su pecho y con su ley, ha sabido defenderla vuestro rey, por la unión de sus hermanos y la gloria de su España.

A MIS PRIMOS EN EL DÍA DE SUS BODAS

I

¿La Vida?........ Es un drama, de más o menos actos, que puede ser comedia, aunque asi siéndolo no han de faltarle lágrimas; o puede ser tragedia, aunque asi siéndolo no han de faltarle risas. En ambos casos Ni deja de ser drama ni deja de ser vida.

II

Nace el niño. Y su primer saludo es un llanto inconsciente; ni siente lo que llora ni llora lo que siente. Pero en los huecos que egoísta deja el reir y llorar de su niñez, deposita la mano del destino la pólvora dormida, y la oculta alegría que explote en la tragedia y en la comedia ria. El drama ya ha empezado y sin sentirlo un acto ha terminado.

III

Y suben el telón del segundo acto. La adolescencia loca, con sus brios de férvida osadía, se levanta gigante en medio de la lucha desafiando al mundo con los años que tiene por delante. Se propone vencer, porque confía en ese amor sin fin que engendra un ideal, y en el firme y seguro pedestal de una amistad sin cerco ni confín. Ante sus ojos el mundo que soñó se desvanece pronto, y en su lugar, irguiéndose asesino, otro mundo de prosas y mentiras acaba de matar del pecho joven el último ideal .................................... Ya vemos asomar los dedos lívidos de la cruel tragedia, que por entre la puerta sin cerrojos del corazón humano intenta introducir toda la mano. Y la vemos entrar, muy abiertos los ojos, la faz idiotizada, pensando cuán inútil será toda defensa meditada. ¡Oh maldecida mano que llaman experiencia! ¡Qué caro cuesta el aprender tu ciencia! ................................... Y con estas palabras el telón vuelve lento a caer, sin que el público sepa lo que entre bastidores puede haber.

IV

Ya está el héroe otra vez sobre la escena con su porte viril, pero... ¿y su fuerza? Su fuerza no es la loca rebeldía del que quiere vivir; es la resignación, es la alegría del vencido en la lucha, que no le importa nada su derrota porque trae la paz, aunque en sus garras lleve su voluntad deshecha y rota. Y se entrega en los brazos del amor para gozar en paz la dicha gue promete, y se arrima al hogar que da calor, mientras el huracán fuera arremete contra el loco que quiere, ensangrentado, batirse moribundo, y con la boca cubierta ya de espuma hacer un gesto de desprecio al mundo. A vosotros os hablo, ahora arribais al puerto de la paz. Sois prisioneros de la gran batalla donde la sociedad al débil avasalla, y en la cárcel sombría del deber vais a reir, vais a llorar, y vais a recordar el fragor de la lucha del ayer. Yo soy siempre cruel con el cobarde, más no hace caso ¡por Dios! de los poetas: somos locos enfermos de la vida y es que para curar nuestro pensar suicida la sociedad no encuentra una receta. ...................................... Tenéis derecho a vuestra dicha de hoy; pues que es la libertad a cambio de amor. Reid la carcajada de la felicidad, soltad vuestras campanas, que repiquen a gloria, que suenen alegría, que lleguen sus tañidos a esta mansión dichosa, que besen vuestras almas con sus sueños de rosa. Yo quiero panderetas, yo quiero cascabeles, quiero trinos de pájaros y ruido de caireles, yo quiero la alegría de los días de sol, quiero la chillería de la niñez dichosa, y en medio del concierto de este bullicio humano una salva de aplausos por mis primos hermanos.

V

Ya sólo falta un acto, Y ese os toca a vosotros concluir. Estais sobre la escena... Acabad vuestro drama con el arte grandioso del vivir. Pero tened en cuenta que si os sale tragedia no han de faltarle risas; ni han de faltarle lágrimas si os resulta comedia.

EL FANTASMA DE MARÍA CLARA[27]

[Nota 27: Heroina de _Noli me tangere_.]

El epílogo triste de tu vida se prolonga cubriendo con su gloria el silencio expresivo de la historia. Fingiéndote dormida, cual sonámbula audaz, en la alta noche, caminas abordando los abismos, y eres el albo escudo, protector de sagrados misticismos, y eres dorado broche del rosario oloroso de sampagas, emblema de virtudes femeninas, que adoran las _dalagas_ [28] nuestras dulces mujeres filipinas.

[Nota 28: Muchacha, doncella.]

Allá en la negra noche, rasgada por relámpagos inquietos y llorada por negros nubarrones, hiciste de tus lágrimas derroche, para llorar tus retos en un ¡ay! de deshechas ilusiones. Muerta, más no vencida, tu alma extenuada y fría comprendió la grandeza del dolor; del dolor que afrontó con heroismo, para hacer de la vida una trágica negra poesía; para hacer del amor un sublime grandioso fanatismo.

Creyéronte fantasma, y sí lo eras; de pié, sobre un tejado batido por la lluvia huracanada, no eras masa de carne que gemía, eras la encarnación de algo soñado, un aliento que vive de quimeras, el último estertor de una agonía, aquella sombra tierna y desgraciada que con su cuerpo proyectó Rizal sobre el sol de una creencia, salvando su existencia con las luces espléndidas de su genio inmortal.

¿No te acuerdas ya más, María Clara? La noche saturada de negrores. Sobre la ingente ara de la naturaleza embravecida sacrificaste todos tus amores, diste toda tu vida. La noche se prolonga y hay quien llora. Entre muros que llaman Democracia la mujer filipina siente el zarpazo de un progreso falso, y se busca tu fuerza de aquella hora, tu alma llena de gracia, para huir de un cadalso lento y espiritual, mas no por eso menos tirano que el que mata al preso. Tu eres chispa nacida del cerebro de un mártir de la Idea, en el choque aquel seco del amor (a la patria adorada) contra alguna injusticia maldecida. No murió tu esplendor, y en la noche del hoy aún eres tea que camina en la nada del misterio del alma femenina, un fantasma esparcido en su psicología tenue y fina, aroma desprendido del dolor de un poeta, que te dejó al morir, para que en la carrera empuñases muy alto su bandera y llegases por él hasta la meta antes de sucumbir.

Por eso en la presente obscuridad escuchamos el ritmo de tus pasos, porque en aquella noche de orfandad dilataste tu espíritu hasta romper los lazos del abrazo fugaz de lo mortal. Y por eso, fantasma azul del alma femenina que soñara Rizal, prolongación del beso de su obsesión divina, vibrante poesía que el poeta cantara, eres, clara María, ¡Nuestra María Clara!

DEL PRADO AMIGO

Hay un silencio triste, de consuelo, en el prado. Una esquila se queja en los brazos del viento como un poeta triste, eternamente atado al buey de la materia, sin luz ni sentimiento.

Las voces pueblerinas de unos chicos se alejan entre el grueso ramaje con que se adorna al río. De su inercia unas rocas parecen que se quejan y la yerba se seca al beso del estío.

Otra vez el silencio. Ahora es un gorjeo que sobre mi cabeza sueña un verso de amor... Vuelve a chillar la prosa: mugriento y sin aseo el tren silba ya el grito carnal de un estertor.

Unas nubes muy blancas se agarran al azul. Árboles verdinegros vigilan el espacio. Los murmullos del río me rozan como un tul que acaricia las trenzas de una novia. Despacio marcha el sol. Al azar abro el libro, un retrato me sonríe... ¡Es tu risa!... En mi triste mirar se esfuma la campiña. Todo esto es sólo un rato. ¡Después son unas ganas muy grandes de llorar!..

Los Molinos, Agosto 1921.

NO ESTÉS TRISTE

No estés triste... A través del espacio, tan henchido de arcanos y apariencias de calma, enlacemos, despacio, el alma de las manos y las manos del alma.

No estés triste... Voy a inclinar mi frente, para que en ella escribas tu pregunta en un beso. Un silencio doliente responderá con vivas ternuras hechas verso.

No estés triste... Yo callo porque quiero que tú, en la sinfonía del silencio sagrado, percibiendo el lijero temblor del alma mía, me sientas a tu lado.

No estés triste... ¡que tú nunca estás sola! ha bajado una estrella y ha llegado a tu lecho. ¿Conoces su aureola? mi amor hecho centella se refugia en tu pecho.

No estés triste... Que también ha bajado un rayo de luna. ¡Yo estoy siempre contigo! mi tristeza a tu lado es siempre, ¡siempre! una caricia de un amigo.

No, no; nunca estés triste... A través del espacio, que guarda los arcanos de nuestro amor sin calma, enlacemos, despacio, el alma de las manos y las manos del alma.

Cercedilla, Septiembre 1922.

Hernández Gavira (José)

Nació en Ilo-Ilo el 20 de Octubre de 1893. Bachiller en 1912 y abogado en 1916, paró en militar, siendo ahora teniente del tercer regimiento de infantería de la división filipina al servicio de Norte América. En Ilo-Ilo dirigió "El Adalid". Fué luego redactor del "The Philippines National Weekly". Ha publicado en Manila, 1921, un volumen de versos: _De mi jardín sinfónico_.

NO ES MI MUSA...

No es mi musa la sílfide aturdida que corre tras azules mariposas, ni tampoco es Ofelia dolorida que pasa desbordando tuberosas.

Es Astarté mi musa preferida, la que inspira pasiones clamorosas. Es voluptuosa y es gentil panida la diosa de mis vidas primorosas.

Es mónada que ríe, canta y llora con locura de pájaro divino, de ritmos y de vida sembradora.

Baco la ofrenda cántaros de vino, e implora Pan, cabe sus pies de Flora, loco de amor celeste y peregrino.

1921.

PARA TI

Para tí son todas mis ternezas cálidas, y mis rosas pálidas, y mis reales odas.

Para tí mi aliento y también mis rezos, la miel de mis besos y mi pensamiento.

Para tí mis cantos que humedecen llantos de acerbo dolor. Para tí la esencia de esta mi existencia que atrista el amor.

1921.

LA ESPERANZA

Nácar de luna que en los cielos, riela, oriflama brillante sobre el mar, nieve en la cima que el calor deshiela, pebetero encendido ante el altar, presto a los caminantes mi consuelo, acompañando a Fé y a Caridad; las tres llevamos por camino el cielo, formando una gloriosa trinidad.

Soy la princesa del ropaje verde que renueva en el hombre la confianza, cuando el naufragio del vivir le pierde; le hago entrever la mística bonanza, mientras la sierpe del dolor le muerde; soy la última en morir: soy la Esperanza.

1921.

EN LA HORA DEL CREPÚSCULO

Se oye un lamento de agoreras aves bajo el palio del cielo tropical, y se aspira un olor de brisas suaves que estremece el silencio sepulcral.

Sobre el lejano mar las negras naves sombras son en la calma vesperal; en la fronda un rumor de notas graves, que deslíe un liróforo oriental.

Es la hora del crepúsculo. Silente gime el aura rindiendo vasallaje a Febo que desciende al Occidente.

Eternamente fúlgida y doliente, es la tarde del trópico salvaje que muere lenta, lenta, lentamente...

CUANDO YO MUERA...

Cuando yo muera llevad mis restos allá a la cumbre de una montaña que sea digna de mis arrestos de indio poeta, nieto de España.

Egregia lira mi tumba exorne, para que preste vida a mis huesos, y allí una virgen y Pan bicorne derramen ritmos, flores y besos.

Grabad entonces sobre mi fosa con letras de oro esta inscripción: "Yace aquí un bardo que a toda cosa grande o hermosa dio el corazón".

Irureta Goyena (Tirso de)

Español su abolengo. Hijo de don Ramón, teniente coronel de Ingenieros de nuestro ejército, ya difunto, y hermano de un actual comandante de caballería. Perdió Tirso la nacionalidad de la progenie para ejercer en Manila la abogacía. Fué nombrado C. de la Española y le sorprendió la muerte (1918) cuando trataba de organizar una Academia, corresponsal de la citada, en la capital del Archipiélago.

RECUERDOS

I

Cae la inmensa cascada en numerosos raudales cual los niveos cendales de una vírgen desposada. Y aquella masa agitada de cortinas espumosas que se pierden rumorosas en el fondo del abismo, semejan el eco mismo de una conciencia irritada.

II

El ambiente, saturado de mil líquidos vapores, llena de frescos olores aquel lugar retirado. Y así el tajo fabricado por térreas convulsiones, irisado por millones de rayos de un sol que baña, figura enorme champaña que chispea desbordado.

III

Junto a los trozos de roca cubiertos por verde hiedra, formando dique de piedra al agua que se desboca, se oye un rumor que entrechoca con multitud de sonidos; notas de risas, gemidos, sollozos e imprecaciones y acentuadas inflexiones de besos de boca a boca.

IV

Ante el murmullo constante de rápidos surtidores, que descienden bullidores en un caer incesante, hace sentir palpitante mi corazón sus latidos, y cien recuerdos queridos. Cual procesión ilusoria, desfilan por mi memoria con marchar avasallante.

V

Siente el alma, dolorida por fiebre que la consume, sutil y vago perfume, que al descanso la convida; y al quedar adormecida por el agua saltadora, que susurra arrulladora, dejos de ardientes caricias, sueña con locas delicias de las que alegran la vida.

VI

Hay en el agua una nota de tonos arrulladores, cual si pregonase amores el líquido que borbota; y por la atmósfera flota una humedad impalpable, cuyo vaho imponderable exhala en sus blandos giros los sofocados suspiros de la cavidad ignota.

VII

Bajo el azulado velo del sereno firmamento en aquel feliz momento de olvido y de loco anhelo, quisiera emprender el vuelo hacia recuerdos hermosos, que brillan esplendorosos en medio de mis dolores y ofrecen consoladores las dulzuras de mi cielo.

VIII

Las matas y los abrojos se agitan al roce leve de la brisa blanda y breve que acaricia sin sonrojos; y entre los verdes despojos del fondo de la llanura, creo entrever la figura de alguna imagen querida que me mira enternecida con sus adorados ojos.

IX

Mas, al despertar ligero de las dichas de mi sueño, y abandonar el beleño de aquel cuadro lisonjero; sólo escucho el lastimero movimiento de las aguas y el ruido de las piraguas que surcan río cercano, perdiéndose por el llano a impulsos de hábil remero.

X

Dije mal; no se ha perdido la impresión de mi memoria. Y en la accidentada historia de lo poco que he vivido, evocaré enternecido los gentiles surtidores que, blandos y arrulladores cual la brisa del desierto, me hacían soñar despierto con mi recuerdo querido.

TRIPTICO

DIVINA VOZ

Es tu voz cuando cantas dulce fuente, arroyo fresco que en la selva umbría el himno de cristal de su corriente va entonando en suave melodía.

Escuchándote, el alma se extasía, brilla luz de ideales en mi mente y calma de tus notas la harmonía la fiebre abrasadora de mi frente.

Ahora que triste, enfermo y abrumado por desengaños, descansar quisiera en un rincón obscuro y olvidado.

Oyendo el eco de tu voz de diosa, en el pecho sombrío la quimera deja caer sus pétalos de rosa.

JUNTO AL ALTAR

La lucidez de mi amoroso anhelo entrevé tu límpida mirada, que a través de las sombras de tu velo me hiere el corazón como una espada.

Marchando, silenciosa y recatada, hacia el altar, con religioso celo, pareces una virgen arrancada de las alturas del divino cielo.

La nieve de tu frente se ilumina cuando el ungido tu presencia acierta y a darte el cuerpo de Jesús se inclina;

Mi adormecido corazón despierta, y en tus hermosos ojos adivina los mismos ojos de mi madre muerta.

ARDIENTE AMOR

No pudieron la ausencia ni el olvido, ni el hielo de tu cruel indiferencia arrancar para siempre esta dolencia del fondo de mi pecho dolorido.

La pasión que me tiene enloquecido me consume con honda persistencia, y resurge con súbita violencia ante el prodigio de tu sér querido.

Cual hadas misteriosas de un ensueño, son la nieve y la rosa de tu encanto que aumentan la porfía de mi empeño;

¡Oh amor inexplicable, bajo el manto de las blancas cenizas de mi sueño entona el himno de su ardiente canto!

HERMANOS ESPAÑOLES

(SONETO IMPROVISADO EN EL ACTO DE LA INAUGURACIÓN DE LA "CASA DE ESPAÑA")

Hermanos españoles: un bardo de mi raza ha cantado las glorias de vuestro hablar divino, que es el sublime nexo que a todos nos enlaza y hace un súbdito hispano de todo filipino.

Por eso, aunque designios fatales del destino rompieron la cadena de amor que nos unía. caballeros andantes por el mismo camino marcharán juntas siempre vuestra patria y la mía.

Y así como en tres siglos de perenne memoria vivieron bajo Hispania las filipinas greyes, y escribimos unidos los fastos de la historia;

Aun las leyes de España se llaman nuestras leyes, vuestra alma es la nuestra y es nuestra vuestra gloria, Y es Miguel de Cervantes el rey de nuestros reyes.

Jacinto (Emilio)

Revolucionario ardiente en el movimiento secesionista de Filipinas. Organizó el _Katipunan_. Con Andrés Bonifacio dió el grito de independencia en Balintauac, Agosto de 1896. Generalísimo del ejército del Norte, combatiendo contra los españoles, fué herido y hecho prisionero (1898), muriendo al año siguiente. Sus conterráneos veneran su memoria. Escribió poesías, principalmente en su lengua vernácula y pocas en castellano. La inserta recuerda _Ultimo adiós_, de Rizal.

A LA PATRIA

¡Salve, oh patria, que adoro, amor de mis amores, que Natura de tantos tesoros prodigó; vergel do son más suaves y gentiles las flores, donde el alba se asoma con más bellos colores, donde el poeta contempla delicias que soñó!

¡Salve, oh reina de encantos, Filipinas querida, resplandeciente Venus, tierra amada y sin par: región de luz, colores, poesía, fragancias, vida, región de ricos frutos y de armonías, mecida por la brisa y los dulces murmullos de la mar!

Preciosísima y blanca perla del mar de Oriente, edén esplendoroso de refulgente sol: yo te saludo ansioso, y adoración ardiente te rinde el alma mía, que es su deseo vehemente verte sin amarguras, sin el yugo español.

En medio de tus galas, gimes entre cadenas; la libertad lo es todo y estás sin libertad; para aliviar, oh patria, tu padecer, tus penas, gustoso diera toda la sangre de mis venas, durmiera como duermen tantos la eternidad.

El justo inalienable derecho que te asiste palabra vana es sólo, sarcasmo, burla cruel; la justicia es quimera para tu suerte triste; esclava, y sin embargo ser reina mereciste; goces das al verdugo que en cambio te dá hiel.

¿Y de qué sirve ¡ay, patria! triste, desventurada, que sea límpido y puro tu cielo de zafir, que tu luna se ostente con luz más argentada, de que sirve, si en tanto lloras esclavizada, si cuatro siglos hace que llevas de sufrir?

¿De que sirve que cubran tus campos tantas flores, que en tus selvas se oiga al pájaro trinar, si el aire que trasporta sus cantos, sus olores, en alas también lleva quejidos y clamores que el alma sobrecogen y al hombre hacen pensar?

¿De qué sirve que, perla de virginal pureza, luzcas en tu blancura la riqueza oriental, si toda tu hermosura, si toda tu belleza, en mortíferos hierros de sin igual dureza engastan los tiranos, gozándose en tu mal?

¿De qué sirve que asombre tu exuberante suelo, produciendo sabrosos frutos y frutos mil, si al fin cuanto cobija tu esplendoroso cielo el hispano declara que es suyo y sin recelo su _derecho_ proclama con insolencia vil?

Mas el silencio acaba y la senil paciencia, que la hora ya ha sonada de combatir por ti. Para aplastar sin miedo, de frente, sin clemencia, la sierpe que envenena tu mísera existencia, arrastrando la muerte, nos tienes, patria, aquí.

La madre idolatrada, la esposa que adoramos, el hijo que es pedazo de nuestro corazón, por defender tu causa todo lo abandonamos: esperanzas y amores, la dicha que anhelamos, todos nuestros ensueños, toda nuestra ilusión.

Surgen de todas partes los héroes por encanto, en sacro amor ardiendo, radiantes de virtud; hasta morir no cejan, y espiran. Entre tanto que fervientes pronuncian, patria, tu nombre santo; su último aliento exhalan deseándote salud.

Y así, cual las estrellas del cielo numerosas, por tí se sacrifican mil vidas sin dolor: y al oir de los combates las cargas horrorosas rogando porque vuelvan tus huestes victoriosas oran niños, mujeres y ancianos con fervor.

Con saña que horroriza, indecibles torturas,-- porque tanto te amaron y desearon tu bien,-- cuantos mártires sufren; más en sus almas puras te bendicen en medio de angustias y amarguras y, si les dan la muerte, bendicente también.

No importa que sucumban a cientos, a millones, tus hijos en lucha tremenda y desigual y su preciosa sangre se vierta y forme mares: no importa, si defienden a tí y a sus hogares, si por luchar perecen, su destino fatal.

No importa que suframos destierros y prisiones, tormentos infernales con salvaje furor; ante el altar sagrado que en nuestras corazones juntos te hemos alzado, sin mancha de pasiones, juramentos te hicieron el alma y el honor.

Si al terminar la lucha con laureles de gloria nuestra obra y sacrificios corona el triunfo al fin, las edades futuras harán de tí memoria; y reina de esplendores, sin manchas ya ni escoria, te admirarán los pueblos del mundo en el confín.

Ya en tu cielo brillando el claro y nuevo día, respirando venturas, amor y libertad, de los que caído hubieren en la noche sombría no te olvides, que aun bajo la humilde tumba fría se sentirán felices por tu felicidad.

Pero si la victoria favorece al hispano y adversa te es la suerte en la actual ocasión, no importa: seguiremos llamándonos "hermano", que habrá libertadores mientras haya tirano, la fé vivirá mientras palpite el corazón.

Y la labor penosa en la calma aparente que al huracán precede y volverá a bramar, con la tarea siguiendo más firme, más prudente, provocará otra lucha aun más tenaz y ardiente hasta que consigamos tus lágrimas secar.

¡Oh patria idolatrada, cuanto más afligida y angustiada te vemos te amamos más y más: no pierdas la esperanza; de la profunda herida siempre brotará sangre, mientras tengamos vida, nunca te olvidaremos: ¡jamás, jamás, jamás!

Octubre, 1897.

Jesús y Vergara (Anselmo de)

Nació y murió en Manila, Abril 1869 y Mayo 1901, respectivamente, cursó el bachillerato en escuelas privadas, y en centros oficiales de enseñanza dibujo y rudimentos de escultura. Se consagró luego a este arte en el taller de su padre, don Romualdo Teodoro, imaginero de nota. En sus vagares cultivó la poesía amatoria y la patriótica, siempre en castellano. Colaboró en "El Comercio", "El Resumen" y "El Bello Sexo", y fué uno de los fundadores de "La Moda Filipina", periódicos todos de Manila.

A UNA ROSA

Vé, tierna y fragante rosa, llena de encanto nacida, el aroma que en tí anida a ofrecerla bondadosa.

Cual amante mariposa, de nieve y carmín teñida, besa su boca encendida y en su cabellera posa.