Parnaso Filipino Antología de Poetas del Archipelago Magellanico

Part 6

Chapter 6 4,177 words Public domain Markdown

¡No morirás...! No temas que extrañas manos roben tus collares de gemas y maten de un hachazo tu árbol tradicional: los que guardan su libro de gestas legendarias y tienen por reductos las selvas milenarias, clarinearán mañana una marcha triunfal...

Cólquida filipina, Mindanao, isla hermana, isla bella y divina en cuyo honor dispara sus retumbos el mar: para quien sea osado a herir tus esperanzas, sé como nuestra piña, corónate de lanzas y quede en ellas muerto el pulpo secular.

Agosto, 1908.

ILANG-ILANG

_Ilang-ilang_ de los huertos filipinos, donde aroman aurinegras mariposas sus dos alas de colores vespertinos cual flabeles para reinas voluptuosas;

_ilang-ilang_ de ramaje desmayado --varillaje de verdosos parasoles-- tú eres fuerte por el beso que han dejado en tu copa melodiosa muchos soles.

Son tus flores glaucos astros pensativos y eres todo, cuando ondulas, incensario ante el ara de los dioses primitivos en el templo de algún bosque milenario.

Tu perfume, como un alma grande y sola, ha pasado del terruño las fronteras; y el prestigio que embellece tu corola no lo olvidan las beldades extranjeras.

De sus áureos tocadores los cristales --ostensorios de tu lírica fragancia-- reverdecen en los lechos virginales un delirio que halló vida en la constancia...

_Ilang-ilang_, árbol patrio, suave y bello: a tu sombra dicen cuentos y cariños nuestras musas de negrísimo cabello y alma ingenua como el alma de los niños.

Si tus hojas, bajo el ala de la brisa, dan al aire de la noche madrigales, no hay un labio que no enflore una sonrisa ni una fuente que no azule sus cristales.

_Ilang-ilang_ que arrojaste tus corolas en mis sendas a la luz del plenilunio: ¡cuántas almas que están tristes y están solas han cubierto con tus flores su infortunio!

Y han creído que era un beso muy cercano el suspiro de tus flores estelares, y han gritado: "¡Ya, ya viene el beso hermano a la herida que han abierto los pesares!"

Por tí, todo: por la gloria de tu esencia, por tus hojas que alcatifan nuestra ruta, por tu sombra, donde es buena la existencia y pensamos que no es todo fuerza bruta.

Danos siempre con tu olor de primavera un anhelo de ser libres como el viento, que sacude tu fragante cabellera y emborracha nuestra vida con su aliento.

_Ilang-ilang_ de los huertos filipinos a que el alma de mis cánticos se abraza; sé tú el árbol de verdores matutinos que perfume las tristezas de mi raza.

Septiembre, 1909.

EL DOLOR DE LAS CUARTILLAS VÍRGENES

Quedó sin nada en la mesa la inmaculada cuartilla, y yo me dí en pensar hondo pidiendo una maravilla a la luz chisporroteante de una candela amarilla de pena... Quedó sin nada la inmaculada cuartilla.

Yo quise llenar el pliego, casto por sus resplandores, de mis locuras de niño, de mis risas y dolores, del aroma inolvidado de no sé qué santas flores, y así convertir el pliego en libro de mis amores.

Era la noche de luna. Fuera decían los vientos el suspiro milenario de sus plácidos lamentos. En mi frente había un loco florecer de pensamientos y de tristezas nocturnas... ¡Fuera lloraban los vientos!

Mis pobres quimeras iban rotas en el torbellino; mis pies no tenían rumbo, ni mi espíritu destino; pero allá lejos un niño, un niño ciego y divino, me disparaba una flecha y me enseñaba el camino.

Tomé la pluma. En mi mano hubo temblores febriles, miedo de no encarnar nunca en las palabras sutiles la voz de mi vida; el miedo de un _bebé_ de cuatro abriles a las brujas y los duendes de los cuentos infantiles.

¿Qué escribir? ¿Qué pensamientos consignar en aquel trozo de papel? ¿Mis ilusiones? ¿La hora triste o la del gozo? Miré dentro de mi vida y mi vida era un destrozo; miré fuera, y desde fuera llegó a mí un hondo sollozo.

Solté el cálamo. Mi vida no me daba la respuesta; no había una flor en toda la inmensidad de la cuesta; mi fatiga siempre grande, la carga siempre molesta, y en el aire ni el susurro de la más leve respuesta.

¿Qué escribir...? La tinta obscura del tintero era tristeza; tristeza el silencio augusto de la gran Naturaleza, y en medio de este dualismo de dolor y de aspereza, se moría lo más triste de lo triste: mi cabeza.

Quedó sin nada en la mesa la cuartilla inmaculada. Hundí en las manos mi frente ardorosa y quebrantada; pedí al pábilo amarillo la lumbre de una mirada, y en el fondo de mi vida no hubo nada, nada... nada.

¡Oh vacío de las almas...! ¡Oh negras horas tediosas en que no hay para las manos que tiemblan divinas rosas, ni para los ojos tristes un vuelo de mariposas novias del sol...! ¡Oh infinita pesadumbre de las cosas!

Dejadme esta noche solo retroceder a mi cuna, ver que la besa y la envuelve un suave rayo de luna; no me arranquéis de los ojos una lágrima importuna... ¡Dejadme solo esta noche, que la noche está de luna!

Alcé mi frente. La vida no me daba su respuesta. No había una flor en toda la inmensidad de la cuesta; mi fatiga siempre grande, mi carga siempre molesta, y los labios de mi musa no me daban la respuesta...

Y mientras yo meditaba sobre la virgen cuartilla, penetró por mi ventana un ave de pesadilla; yo pedí que me cantara un canto de maravilla, y el ave mató la luz de la candela amarilla.

Quedó sin nada en la mesa la cuartilla inmaculada. Hundí en las manos mi frente ardorosa y quebrantada; busqué en mi cofre más íntimo alguna perla encantada, y en el cofre de mi vida no hallé nada, nada... ¡nada...!

Septiembre, 1910.

A HISPANIA

Te hablo en tu lengua; mis versos te dirán que hay un amor que en la hecatombe pretérita su raigambre conservó en lo más hondo y arcano de mi pecho. Es como flor que han respetado celliscas y avalanchas de pasión, flor abierta suavemente en cumbres llenas de sol, a donde sube el espíritu de sus quimeras en pos, para rezarte:--"¡Oh, Hispania! ¡oh dulce idioma español, el del Arcipreste de Hita, el de Lope y Calderón, de Juan de Mena y Cervantes, de Pereda y de Galdós! ¡Oh dulce lengua, que irradias tu latina irisación y encierras la amplia eufonía de toda una selva en flor, pues eres susurro de agua, gorjeo de ave, canción de brisa leve en las hojas en mañanitas de sol...!" En esta lengua ¡oh Hispania! balbuciente formuló mi alma en los días niños sus caprichos, su candor; y en las horas juveniles, cuando hicieron irrupción en mi vida las primeras exaltaciones de amor, también fué tu idioma egregio el que sirvió a mi ilusión y la dió plumas divinas de mágico tornasol, para llegar hasta el fondo de un lejano corazón y decirle:--"Ven conmigo y dame un beso de amor". Murió este amor. En mi pecho, muerta la hoguera, restó un puñado de cenizas de la pasada ilusión; y al verme tan olvidado de la mujer que me amó, para luego envenenarme con una negra traición, cuando quise maldecirla con mi pluma y con mi voz, llorando de pena y rabia, la maldije ¡en español...! Y en tu idioma, que es un iris por su fulgencia y color, voy dando a todos los vientos trozos de mi corazón, mis líricos fantaseos, mis optimismos, mi horror por lo prosaico y mis gritos de protesta y rebelión contra todas las limazas, contra el buho y el halcón, contra la sierpe asquerosa que quiere alzarse hasta el sol, contra "chaturas estéticas" que nos roban la emoción, contra Verres coloniales y su dolar corruptor[25], y contra todos los hombres que hacen tan fiera irrisión del derecho de mi pueblo a ser su único señor... ¡Oh noble Hispania! Este día es para ti mi canción, canción que viene de lejos como eco de antiguo amor, temblorosa, palpitante y olorosa a tradición, para abrir sus alas cándidas bajo el oro de aquel sol que nos metiste en el alma con el fuego de tu voz, y a cuya lumbre, montando clavileños de ilusión, mi raza adoró la gloria del bello idioma español, que parlan aun los Quijotes de esta malaya región, donde quieren nuevos Sanchos que parlemos en sajón. Pero yo te hablo en tu lengua, ¡oh Hispania! porque es su són como música de fuente, como arrullo encantador, y como beso de vírgenes en primaveras de amor.

1913.

[Nota 25: Alusión explícita al nuevo dominador, o sea la república de los Estados Unidos.]

NO CIERRES TU PUERTA

Un labio lejano me ha dicho que tienes cerrada tu puerta... Si es cierto, reforma el capricho: ¡tu puerta ha de estar siempre abierta!

Abierta a las aves del cielo, abierta al rumor de las brisas, al goce, al dolor, al consuelo y al triste que pida sonrisas.

Abierta a los claros de luna, al suave perfume de mayo, al lloro del niño en la cuna y al viejo que tiembla en desmayo.

No cierres tu puerta. ¿No sabes que cruzan el largo camino mil sombras, mil vidas, mil aves que ignoran su obscuro destino?

Tu mano, que abrió las entrañas del suelo y halló un gran tesoro, arroje las llaves extrañas que cierran tus puertas al lloro.

Preparen tus manos la mesa, el plato de arroz y hasta el vino. ¡La sombra en la luz hace presa y es largo y tortuoso el camino!

Que sea, en la vida, tu techo la fuente que lave los males, que cierre las llagas del pecho que borre las penas mortales.

Si quieres que nazcan al paso de tu alma las rosas celestes, acoge el dolor del ocaso y zurce las míseras vestes.

Bien sabes que es noble y es santo alzar al que cae en la vía. No dudes ni niegues. El llanto secado es raudal de alegría.

Si pones tu mano en la mano del pobre, Dios besa la tuya. No cierres tu puerta, ¡oh mi hermano! no sea que de ella Dios huya.

Ten siempre dispuesta tu casa y esté a todo huésped abierta, que acaso la sombra que pasa es sombra de tu madre muerta.

No cierres tu puerta. ¿No sabes que cruzan el largo camino mil sombras, mil vidas, mil aves que apenas si saben cuál es su destino?

EL JARDÍN REDIVIVO

PARA EL "JARDÍN DE EPICURO"[26]

[Nota 26: Así era nombrado un cenáculo literario de Manila. Y para festejar la cena con que fué inaugurada su segunda etapa, escribió los versos el poeta.]

Nuestros días sin sol, de retiro y mudez, en que el alma sufrió de congoja o esplín, han pasado a ser ya cosa muerta, y, al fin, nuevos besos de luz nos encienden la tez y florece otra vez el antiguo jardín.

¡Oh delicia! ¡oh amor del humilde pensil donde el alma sintió la pasión de soñar y, en el giro fugaz de las auras, gustar el olor celestial de las rosas de Abril y el dulzor juvenil de un anhelo de amar!

Está abierto el jardín. Venid todos a él los que ansiéis suspirar besuqueando una flor, los que, en vez de llorar, tengáis hambre de amor al sonrís, al fulgor, al olor, a la miel de una bella emoción. ¡El jardín está en flor!

Entrad todos, entrad. El antiguo jardín sólo os pide otra vez, por su nueva eclosión, que tengáis para él una eterna canción, una voz de querer, un espíritu afín y una sed de habitar con la Reina Ilusión.

El vivir es el _hoy_; nadie sabe el _después_: ¿a qué tristes vivir, a qué solos vagar sin un lazo de unión que nos pueda estrechar y, aunque herida la sien y maltrechos los piés, nos dé amor de vivir, de soñar y cantar?

Está abierto el jardín... ¡Cómo invita su olor a subir al azul y olvidar el fangal, lo que tiene de vil nuestra arcilla mortal, lo que pone en la miel de la vida un sabor parecido al cruel de las "flores del mal".

Corazón, emoción, ala leve y sutil, tenlos siempre, oh varón, y tú siempre, oh mujer, y ambos siempre tendréis, con las rosas de Abril, entre risas de sol, un rincón de pensil en que a solas oir el volar de un querer.

Este mar del vivir es muy fiero; este mar tiene a veces un són de alarido de horror, y quien oiga esa voz y no sepa ensoñar, ante la ola sabrá cuán amargo es llorar por el alma sin luz y la vida sin flor.

Luz y flor las veréis en el nuevo jardín cuya fronda es de paz, cuyo ambiente es cordial; unas veces dirá su quimera un violín y otras veces de amor, Chaminade y Chopín, en el clave dirán la sonata inmortal.

Vibrará su cristal una voz de mujer como un ¡ay! de pasión o un suspiro de Abril, y el poeta alzará, fresca, gaya y gentil, su canción al amor, a la vida, al placer, y entre todos harán un edén del pensil.

¡Oh delicia! ¡oh amor del tranquilo jardín donde el alma sintió la pasión de soñar y, en el vuelo fugaz de la brisa, escuchar la quejumbre sutil de un celeste violín o el latido inicial de un anhelo de amar!

Entrad todos, entrad. El antiguo jardín sólo os pide esta vez, por su nueva eclosión, que tengáis para él una bella canción, una voz de querer, un espíritu afín y una sed de morir por la Reina Ilusión.

Julio, 1913.

LAS DOS HOCES

I

Parece la fragua el ojo cerrado de un muerto titán, y el yunque parece un pico en silencio de un ave anormal. En un negro rincón duerme el mazo que otros días batiera el metal... ¡Cómo duele esta paz de la fragua! ¡Cómo duele esta paz!

"¡Hola, herrero! ¿qué tienes? ¿qué inercias han ganado tus músculos hoy? Tus brazos semejan dos ramas tronchadas, dos angustias largas de una abdicación. ¡Levántate, herrero! Haz que de la fragua resucite un sol. Enarbola el mazo y así, junto al yunque, entre rojos hálos serás como un dios." ........................................ Ha soplado el fuelle sobre los carbones, ya la roja llama crepitando está; sobre el recio tórax del despierto herrero, hay como una bella púrpura imperial. El mazo es tu cetro; ¡oh herrero! comienza de nuevo a reinar, y en tus brazos aprendan los flojos a batir y forjar.

II

"--Toma este oro--le digo al becerro-- y forja una hoz". "--Yo no soy orfebre--me dice-- que herrero yo soy". "--Forjarás la segur; los orfebres no pondrían en mi oro un vigor. Ellos saben de ajorcas y anillos; de segures, no. Yo no quiero mi oro para hacer joyeles que tengan el brillo de una tentación; yo no quiero mi oro para que me muerda la interior serpiente que mordió a Shylock. Resuélvete, herrero; mientras en la altura nos sonríe el sol, coge el oro mío con tus manos rudas y forja una hoz." ......................................... ¡Cómo irradia la luz hecha de oro y tiembla el metal, con su luz de ideal novilunio rielando en el mar! En mis manos pone no sé qué virtudes y en mi pecho enciende nueva claridad, y en su empuñadura siento que palpita el misterio fuerte de una inmensidad.

III

"--He aquí el hierro--le digo al herrero-- y forja otra hoz". "--Ya me duelen--contesta--los brazos y débil estoy". "--Forjarás la segur. ¿No recuerdas que el hierro es tu honor; que del hierro has vivido y el hierro dió a tu fragua inmortal tradición? Herrero: a toda hora es el hierro quien manda: ¡es el dios! Si te cruzas de brazos, si doblas el cuello al sopor, en tu abulia torpe ya no escucharás la solemne voz del hierro, tu amigo... Escúchame, herrero, y forja otra hoz." ....................................... La segunda segur, la de hierro, fabricada está. Es como la ceja borrascosa y dura de un fiero titán. En mis manos tiene un brillo de relámpago y en mi pecho enciende redentor afán, y en su empuñadura, cuando ya la cojo, siento el loco empuje de una tempestad.

IV

Ya están en mis manos las dos sacras hoces que el herrero anónimo para mí forjó: la de hierro duro, que es mi fortaleza, y la de oro fino, que es mi ensoñación. La segur más grácil, para cuando quiera cercenar un lauro o una flor de amor, para el santo muérdago de la vida íntima y para el ensueño de mi corazón; y la más robusta, para las podridas ramas que del árbol la ignominia son; para las raíces de la mala yerba que la gloria roban de la mies en flor, y para los cuellos del halcón y el lobo y el áspid traidor.

Mayo, 1914.

VIAJE FANTASTICO

¡Va el corcel de mis versos...! Da a los aires sus crines de metáforas nuevas y de símbolos bellos; sus relinchos rimbomban como fieros clarines y sus cascos galopan despidiendo destellos.

El corcel de mis versos es rebelde a los frenos porque sabe que ahogan como en flor su carrera; y en su fuga brillante por los cielos serenos, no es Pegaso con alas, sino roja bandera...

¡Va el corcel de mis versos! En sus lomos cabalgo, y enristrando el acero de mi acrática pluma, con su hierro alanceo, como el clásico Hidalgo, los fantasmas y duendes de la clásica bruma.

Mi corcel es el libre morador de los campos donde se alzan en triunfo los ensueños del arte, donde vierten de lleno sus magníficos lampos las pupilas de Erato y el escudo de Marte.

Corre, corre a lo lejos, ¡oh corcel de mis versos! y en los aires restallen tus indómitas crines, que allí hay flores más regias y celajes más tersos, y a tus nuevos escapes más abiertos confines...

¡Va el corcel de mis versos! Y azotando sus ancas con la tralla flamígera de mi audaz fantasía, llego, al fin, a unas tierras ideales y blancas; llego, y beso entre auroras a la musa del día...

Abril, 1921.

EL "KUNDIMAN"

Tagalo _Kundiman_, _Kundiman_ de versos de amores que en los plenilunios prefieres tu vuelo tender: tus suaves estrofas que lloran ocultos dolores dicen la nativa tristeza del atardecer.

Tienes el aroma de nuestras edémicas flores y el ritmo y el mimo de un beso ideal de mujer, y resumes toda la queja de los soñadores de mi pobre raza, sujeta a un extraño poder.

Fuiste la delicia de nuestros difuntos abuelos; dasnos, en el tiempo presente, un dulzor de consuelos, que son para el alma cual riego en muriente jardín;

y serás mañana de toda una raza la gloria cuando, con tu música, su toque marcial de victoria dé a los cuatro vientos un libre y sonoro clarín...

COPA BOHEMIA

Héla ahí: fino el cristal, tembloroso, musical. Héla ahí: fino el cristal.

Aún exhala un viejo olor el cristal: guardó una flor que aún exhala un suave olor...

Dió la flor una griseta y dejó su alma el poeta en la flor de la griseta.

Una noche dolorosa robó la envidia la rosa en la noche dolorosa...

Y dió fama a su bohemia el pobre. ¡Sangre y blasfemia dieron gloria a su bohemia!

Volvió al "bar", pidió más vino, y, negro ya su camino, en el "bar" bebió más vino.

Dijo sus últimos versos, y, entre sus sueños dispersos, lloró sus últimos versos.

Postrer copa... Dió un suspiro y se suicidó de un tiro en la sien... ¡Postrer suspiro!

Cayó al suelo la pistola y al cristal dió una aureola el humo de la pistola.

El rodó bajo la mesa con se desgracia inconfesa, bajo el mármol de la mesa...

Y desde entonces no existe quien beba en la copa triste de bohemio que no existe.

Héla ahí: fino el cristal, sin la flor sentimental Héla ahí: ¡rojo el cristal!...

ETERNA HERIDA

¡Oh pobre corazón! ¡oh entraña mía, sitibunda y loca, que tiemblas a la más breve ilusión puesta en la miel de una divina boca!

¡Oh víscera escondida que sin cesar renuevas en tu fondo tu amor ardiente y hondo, sin ver que quedas para siempre herida...!

¡Oh triste corazón! ¿por qué vas ciego tropezando en las sombras del camino, cuando tu propio sino te grita:--"¡Aún no! Tu ruego no llegó a su destino y tu tiempo de amar no es hoy, es luego"?

Pero tú, entraña mía, vas amando a deshora, y sueñas... sueñas que esas bocas risueñas tienen piedad de tu melancolía.

Y creen tus quimeras, y ves en lontanazas ilusorias no sé que nuevas glorias, no sé qué flor de nuevas primaveras.

Y tu sed de gozar te lleva lejos, centuplica las plumas de tus alas y hasta te olvidas de las cosas malas cual si te alucinasen mil espejos.

¡Oh pobre corazón! ¡Icaro triste y triste Prometeo! si subes a la altura el sol te embiste y, amarrado a la roca del deseo, ni dicha ni quietud para ti existe.

Y esto lo sabes bien, ¡oh entraña mía! y sabes del sendero que es muy largo ¡oh entraña! y, sin embargo, vas cruzando el sendero en tu porfía.

Ya estás llena de sangre, ya tus fibras se han desgarrado en su latir convulso ¡y sin embargo aun vibras! ¡y sin embargo aun tienes nuevo impulso!

¡Oh vaso de dolor! ¡oh pecho mío que sabes convertir tu muerte en vida! si has de seguir amando sin hastío ¿quién habrá de curar tu eterna herida?

Mayo, 1921.

Gurrea (Adelina)

Nació en la Carlota (Negros occidental), hija de los españoles don Carlos y doña Ramona Monasterio, ella hermana del notable autor don Ricardo. Recibió esmerada educación, primero en colegio español de monjas y luego, durante once años, en otro inglés. Cursó el bachillerato, sobresaliendo en el estudio de la Preceptiva y la Literatura británicas. A pesar de ello ha escrito sus versos en castellano, nunca en la lengua de Shakespeare. Salió al mundo de las letras por la "puerta grande", al obtener el primer premio en un concurso de cuentos para plumas femeninas (1915). Cuatro años después mereció igual galardón en certamen organizado por la "Casa de España", de Manila, Dirigió la Sección femenina de "La Vanguardia", de la misma ciudad. Hace poco más de un año mora en la Península.

EL NIDO

(PRIMER PREMIO EN EL CONCURSO LITERARIO ORGANIZADO POR LA "CASA DE ESPASA", MANILA, 1919)

I

Ha lanzado la paloma su quejido lastimero. En el beso de la tierra con el cielo, muere el sol... De la tarde el arrebol se desmaya entre las sombras de la noche del guerrero. El silencio de las horas enlutadas ha rasgado los clarines del heraldo de la muerte; hay espectros en las sombras y hay terror en las miradas y vomitan los cañones el derecho del más fuerte. Y ha volado la paloma de plumaje alabastrino ahuyentada por la mano poderosa del destino.

II

De su nido de ideales sólo queda el esqueleto, ¡Seculares ambiciones! Aquel nido que cubierto de olorosas ilusiones orgulloso se mecía de la historia en los anales. Más su túnica de nieve ha rasgado el negro aullido de los vientos, y debajo de los santos, ideales sentimientos, son los odios un grabado, la ambición es un relieve. Aquel nido, que era un beso en el vivir de los hermanos corazones, es escarnio de la fé que se deben las naciones; y por eso ha volado la paloma de plumaje alabastrino, ahuyentada por la mano poderosa del destino.

III

¡Oh, la mística paloma de las pálidas canciones! A través de nausebundas humaredas, por encima de campiñas que atraviesan las veredas, entre el ronco estremecer de los cañones, entre el trueno de las turbas que fatídicas vocean por encima de sepulcros y de alfombras funerarias, suspirando sus plegarias, va esfumándose su vuelo, y se aleja con sus alas de los mundos que pelean y se acerca con sus ansias a las cúpulas del cielo. Ave errante y fugitiva, ave hecha de azahares, ¿Dónde buscas el encanto y el amor de tu doctrina? ¿Dónde están las resonancias de tu plática divina y la piedra de holocausto que reclaman tus altares? ¿Dónde vas? Si hoy el hombre irreverente ya no quiere que te poses en su frente palomita de la paz... "Voy buscando" dijo ella, "algún nido hecho de amores donde vivan mis creencias, donde mueran mis dolores". .................................................. Tañen lentas, compungidas, las campanas de la Francia, y vigilan solitarios en sus níveos sudarios los mil picos (que se burlan de la altura y la distancia) de los rudos Pirineos. El blancor de su cabeza da un aliento en su tristeza a la reina del olivo y a sus líricos deseos. Pero sigue su camino, porque en ellos aun se escucha el estruendo de la lucha, y aun la empuja aquella mano poderosa del destino. Ya ha pasado por encima de la típica montaña de los místicos del norte, y ha llegado hasta la corte, y en el suelo de la España se ha posado la paloma de plumaje alabastrino subyugada por un alma que es más fuerte que el destino.

IV