# Parnaso Filipino Antología de Poetas del Archipelago Magellanico

## Part 3

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Contemporáneo. De familia lauta, nació en Manila el 30 de Septiembre de 1892. Cursó estudios en el Instituto de los Jesuitas y Universidad dominicana de Santo Tomás. Aquí, algunos de Medicina. Colabora en Prensa de Manila e Ilo-Ilo, habiendo dirigido en la capital de las Bisayas el "Nuevo Heraldo". Sus poetas favoritos son Villaespesa, Carrere, Marquina, Juan Ramón Jiménez, los hermanos Machado y Nervo. Pero, sobre todos, Rubén Darío. Ha usado el seudónimo _Floriam_.

ELOGIO A TUS OJOS

He mirado tus ojos serenos, me be bañado en su luz tardecina, y he sentido vibrar alma adentro una voz misteriosa escondida... Fiel remedo de acordes lejanos, con arrullo de besos y brisas, con susurro de mansas corrientes, con acento de notas distintas, con la amarga profunda tristeza que evoca doliente la cítara lírica.

He mirado tus ojos serenos, me he bañado en su luz tardecina, y he logrado saber tus angustias, y he logrado leer tus desdichas. Hay un dardo mortal en tu pecho y en tu frente una sombra querida, una tenue tristeza en tu rostro y en tu boca una vaga sonrisa... algo raro que es todo un misterio, que nadie lo acierta y no lo adivina.

No te importe la cruel carcajada de esa gran muchedumbre que grita. Ven a mi, pobre enferma del alma, y en mis hombros amantes reclina. Yo te doy el calor de mis brazos, yo te entrego gustoso mi vida, yo te ofrendo la miel de mis trovas, yo seré tu cantor, alma mía... quien arrulle con versos tus sueños tus sueños marchitos, mimosa chiquilla.

1920.

FANTASÍA CREPUSCULAR

En las postreras horas del crepúsculo, cuando respira todo paz y calma, y la tristeza reina en el ambiente oloroso a sampagas...; ese momento hermoso del sol que se desmaya, ocultando sus últimos fulgores en las cumbres lejanas, para dar paso a la plateada luna que en luces se desata; cuando pára el acento de las corrientes mansas, y de las ramas dormidas descansan sosegadas las _mayas_[15] que anhelantes sólo sueñan en la pronta alborada para lanzar de nuevo por los aires la voz de su garganta; cuando parece que la gente toda el calor del hogar busca en sus casas, gusta en estas horas de quietud solemne mi fantasía alada de remontarse hasta el azul del cielo a regiones soñadas donde no existen viles opresores, ni pasiones funestas y malvadas.

[Nota 15: Pájaro diminuto, de dulce pio, abundante en los bosques del país.]

Semejante ilusión mi mente crea cuando en la imperial calma de la tarde que muere lentamente, cual la luz de una llama, yo dejo en libertad mi pensamiento que forja una añoranza; sueño estar a tu lado, y es mi anhelo y son mi dicha y mi alegría tantas que con amor te llamo como un loco buscando a la mujer que yo soñara en un rato de ciego desvarío, que con fervor pensaba, recordando en el brillo de tus ojos cual fulgor de alborada...

Mas, ¡nada!, esta ilusión, fugaz, ligera, sólo es vana esperanza que aumenta mi dolor y mi agonía que me roba la calma, y arranca de mis ojos melancólicos, sinceras, fugitivas, muchas lágrimas.

Abril, 1919.

CATILINARIA

Bien, aquí estoy, de cara al Universo, Altivo el gesto y el mirar sereno; Lanzando al viento mi sonoro verso, De grato incienso y de perfumes pleno.

Desde mi alto sitial, indiferente, Contemplo al pueblo que ante mi se inclina; La pobre humanidad triste y doliente Que por la senda del ideal camina.

Me encuentro solo, sin ningún recelo A los Zoilos pedantes y ruines. Yo tengo por bandera el ancho cielo, Vibra mi voz en todos los confines.

Me inspiran compasión esos traidores Que vallas van poniendo en mi camino, Mi numen de centellas y fulgores Les señala a cada uno su destino.

No me asusta el ladrido de los canes Que celosos envidian de mi suerte; Yo, como Cristo, repartiendo panes Protejo al débil cuanto insulto al fuerte.

Soy el bardo rebelde que en sí encierra Un corazón ingente y bondadoso; Y mi verbo es de admonición y guerra Que aplasta al necio vil, ruin y coloso.

No me espanta la voz del sordo trueno. Yo no conozco el miedo ni el fracaso, Mi alma es un sol de resplandores lleno... Sobre la ignata muchedumbre paso.

¡Oh, musa, ven a mi! Dame tu aliento, Que quiero hablar retando al orbe entero, Y aunque el dolor me abrume el sentimiento No he de soltar mi cítara de acero.

Me gusta combatir. Amo la lucha. Me siento fuerte ante el cruel tirano, Y al torpe que mi voz no atento escucha, Castigo impío con nervuda mano.

¿Qué me importa lidiar?--Si tras la lidia Me aguarda entre sus brazos la victoria. ¿Qué me importa que otros con perfidia Quieran manchar mi nombre envuelto en gloria?

Detesto el odio, la traición y engaño Y a aquellos quienes me odian los perdono; Podrán viles hacerme todo daño, Mas no me harán temblar en mi alto trono.

Por encima del odio y de la inquina, Todos pregonan mi carácter noble. Yo proclamo mi sangre filipina, Y tengo la altivez del viejo roble.

He heredado mi roja rebeldía De un valiente sultán invicto moro. Es mi sola heredad, y a fe mía, Yo la guardo como único tesoro...

1920.

TRISTEZAS

Alma presa de dolencia, Nunca encontrarás clemencia Si no te acudes a mí: Yo tu tristeza sentí, Alma presa de dolencia.

Rosa de melancolía, Toda pasión y dulzura, ¿Quien te dará su alegría? Yo por tu bien te daría, Todo mi amor y ternura, Rosa de melancolía.

Todo es mentira en el mundo. El desengaño encontraste, Tu que mi afán despertaste, Con tu desprecio profundo. ¡Todo en la vida es contraste, Todo es mentira en el mundo!

Olvidemos lo pasado, Ven de mis ansias en pos... Ya que el amor ha tronchado La existencia de los dos, Olvidemos lo pasado.

Lejos de todo, olvidados, Entre mil plantas y flores Construyamos nuestro hogar; Y por siempre enamorados, Cantemos nuestros amores, Ciegos a cualquier pesar, Lejos de todo, olvidados....

Barroso-Arrieta (José María)

Manileño aunque de abolengo español. Abogado por la Universidad de Manila. En esta ciudad, muy joven, comenzó a actuar de periodista en "El Comercio" y otros diarios españoles. Alrededor del cambio de dominación vino a España, fijando su residencia en Barcelona, donde ejerce con lucimiento su carrera hace más de veinte años.

CONSUMMATUM EST...!

¡Qué dulcemente en el eterno sueño que en flor segó una vida sin agravios...! La pálida escarlata de tus labios que el rocío del alma humedecía, los santos clavos del sagrado Leño tenuamente teñía.

Contemplando tu faz agonizante, contemplando impotente que arrastraba mis venturas la Muerte en su fiereza, "¡En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu...!", clamaba trémula de estupor mi voz desesperante.

Dulcísima rendiste la cabeza consumando espantoso sacrificio; a la gloria ascendiste con presteza para empuñar de la virtud la palma, dejándome en el alma mortal tortura, aterrador suplicio...

Tus despojos después enriquecieron próvidas flores que en cercano día en ánforas tus manos dispusieron, las mismas que en tus últimos delirios impetrabas la amable compañía.

Y verbenas y anémonas y lírios, llenos de excelsitud y de poesía, rociados con mi llanto fueron contigo, ¡Emula!, al Camposanto...

ESPIRITUALIDAD

Me prestas la sonrisa encantadora que el pecho desgarrado necesita para aplacar los ayes que vomita del terrible dolor que le devora.

De nuestro amor el ánsia arrobadora que fluya eternamente Dios permita, feliz en tu alma en la Mansión bendita, triste en mí en esta Tierra engañadora!

Por eso le suplico reverente que no falte jamás luz en la mente para que en ti se fije el pensamiento;

en el habla, calor para ensalzarte; y fuego abrasador, encendimiento vivo en el corazón, para adorarte.

EL EUCALIPTO DEL PANTEÓN

¡Mirtácea esplendorosa...! ¡Quién pudiera en tu médula inyectar la esencia misteriosa del alma tormentosa que no ha podido el llanto debelar!

Tu estrenua arboladura gallarda y rígida se yergue al pie de sacra sepultura que guarda la armadura de la verdad de mi amorosa fe.

Tu fronda balancea temerosa, y las hojas ven lucir cuando el día febea, la líquida presea que ha de absorber la tierra al efundir.

El pétalo minúsculo ufana ostenta tu plateada flor, y al brote de su súrculo más vivo en el crepúsculo en declinando el sol dominador.

Exhala ténue esencia, que es plegaria que envuelve, al descender hasta la Omnipotencia, lamento y asistencia, primera lágrima, efusión postrer.

¡Eucalipto arrogante que erguido impávido junto al panteón despliegas fascinante tu fronda murmurante y embalsama tu nívea floración;

cipo fúnebre; estela que Natura levanta a la virtud; superno centinela que siempre, siempre vela de mi amada la frígida quietud;

mirtácea esplendorosa...! ¡Quién pudiera en tus fibras inyectar la esencia misteriosa del alma congojosa que no ha podido el llanto debelar!

Bautista (Vicente)

Comtemporáneo. Frisaba con los 17 años cuando publicó en Manila (1911) su colección de poesías _Luzónicas_. Es natural de la Pampanga.

MAYO

Ha llegado a mi casa sobre el ala de un rayo y ha llenado de rosas mi pobre habitación, y yo le he preguntado quién era, y era Mayo, Mayo con su perfume de flor y corazón.

Abriéronse mis brazos a su áurea caravana y se llenó mi mesa de vaga devoción; fué un desfile de rosas y aves por mi ventana, abierta a la olorosa y dulce procesión.

Y al fin, emocionado, hablé:--Mayo, ¿qué quieres? (El me miraba como miran esas mujeres que están enamoradas o enfermas de soñar).

Mayo ¿qué quieres?--dije de nuevo. Y él entonces, sonó todas sus risas, sus besos y sus bronces, para rugirme como pudiera un tigre:--¡Amar...!

REQUIESCAT...

Que descansen en paz los que cayeron porque el volcán les hizo lo que fueron: barro, barro no más, ¡Que descansen en paz!

Un requiescat a todos los temblores, y a todos los dolores, de los niños, ancianos y mujeres, que mató ese maldito, ese loco criminal que en el mapa se llama el volcán de Taal.

Dios puso el fuego en los volcanes como galas, para que su humo trémulo, a modo de un favor, le incensase; como puso dos alas en el ave y cien alas en la flor para que le perfumase.

Y de esto que proclamo ¡oh, pueblo! no te asombres; conos de cumbres, horror de los infiernos, los volcanes, los reyes, los gobiernos, son para la vida universal que yo amo y no para matar razas y hombres.

Para el desastre hay que oponer el alma; a la indigencia abrir nuestro tesoro, y ahora que alumbra, en calma, el sol, los restos de aquel toro de oro que adoraba el taaleño como Israel el becerro en los vastos desiertos, lloremos por los muertos, por el hombre, el águila y el perro.

También lloró el volcán. Y fué su llanto de lágrimas de oro, de besos de quebranto, y de terror, después que vió a sus vírgenes completamente yertas, después que vió a sus islas completamente muertas, Y sobre todo, muerto para él, todo el amor.

Mirad. No tiene fuego; su cumbre está violada, su entraña carcomida, perdió el Coloso vida, de tanta vida en flor, como extirpara luego, y loco de vergüenza y de arrepentimiento, va hundiéndose, va hundiéndose, la mismo que un perfume deshecho por el viento; reuniéndose; plegándose como una multitud plegárase en un templo, o como van los pájaros enfermos a su nido, para gemir:--¡Oh, Césares, miraos en mi ejemplo! para gritar:--¡Oh fuertes, yo muero arrepentido...!

Bernabé (Manuel)

Nació en Parañaque (hoy provincia de Rizal), el 17 de Febrero de 1890. Estudió en el Ateneo municipal de los Jesuitas y luego en la Universidad de Santo Tomás. A los nueve años hacía versos castellanos. A los 14 los componía en latín. Ha obtenido premios en certámenes. Sin desdeñar lo moderno, venera a los clásicos españoles. Es maravilloso declamador. Ahora actúa como redactor muy distinguido de "La Vanguardia" y profesor de la Universidad de Filipinas.

LO IMPOSIBLE (EN UN ALBUM)

En la flor de tus labios adivino algo ideal que tu hermosura viste, mientras, soñando en ellos, bebo el vino de un ensueño de gloria que no existe.

Lo imposible es un ala que nos roza creando en el dolor fuertes enojos. ¡Ay! No poder volver hasta mi choza, llevando la presea de tus ojos!

Le diría a mi madre:--¡Madre mía, pon tu albo traje, alégrate sin tasa; ya tenemos los dos, de noche y día, Un milagro de Dios en nuestra casa!

SOLDADO-POETA

Dios ha puesto en el arco de tus cejas la excelsitud de un arco-iris santo, igual que pongo un borbotón de canto en una lira de cadencias viejas.

En el hondo negror de tus guedejas la Noche obscura distendió su manto, esa deidad que sorprendió mi llanto más de una vez en tus doradas rejas.

Ven, y no tardes más. Dios ha querido que fueras la paloma que convida a las ternezas místicas del nido,

y yo, un fuerte soldado apolonida, que, recogiendo mi pendón caído, con la espada y laud, te dé la vida.

Julio, 1919.

¡CANTA, POETA!

(A SALVADOR RUEDA, DURANTE SU ESTANCIA EN MANILA) (FRAGMENTO)

Embajador de madre Hispania: alzo la copa a lo alto del Ensueño por la salud de Europa, la Europa uncida al yugo del hado militar bautizada con sangre por aire, tierra y mar, la Europa que há rencores de hermanos entre hermanos pero jamás de bardos indios y castellanos, porque es la onda que corre por la arteria del verso piélago de armonías que baña el Universo.

La España de hoy es sorda a irrumpir de metralla ahita de laureles en cesáreas batallas, no quiere ya ser cuna del Cid y de Pelayo, de la Armada Invencible, los Tercios, Dos de Mayo, la que hizo de los pueblos haz de suelo español en que no se ponía la hipérbola del sol; ramo de oliva porta en sus divinas manos, que no quieren teñirse en sangre de cristianos, consiguiendo el arrullo de la fabla rimada lo que soñara en vano tiranizar la espada.

Tú, que al partír de Cuba, inclinada la frente, cojiste tierra, "para besarla eternamente", lee en el libro abierto de mi Naturaleza, donde es panal la vida y otro Dios la belleza, donde, como en un pórtico de bienaventuranza, encontrarás a cada aurora una esperanza, y en la mujer, la flor, el nido y los alcores, oirás la sinfonía de todos los amores; el cielo, siempre azul, sin mácula ni daño, que da eternal cobijo al propio y al extraño; los árboles ciclopeos que alzan la copa al cielo y hunden, por defenderse, la raigambre en el suelo, de corteza tan amplia, que unida la cintura de tres gigantes de descomunal figura; el Apo y el Maquiling, el Taal y el Mayón[16] de fraguas encendidas como un gran corazón, incensario de fuego hiriente en el altar de la patria, como un eterno luminar, como idea que salta del crisol de tu mente, como el anhelo indígena de ser independiente...

[Nota 16: Volcanes filipinos.]

Y así, mientras la Europa riñe feroz contienda, y España es madre que no olvida a su hija ausente, también como guerrero de acero no humillado que alegra la vejez mirando en el pasado...

Ese es el pueblo tuyo, que canta diplomacias del rey Alfonso XIII, flor de las democracias; que con la unción del reino te entregó el estandarte tutelar y simbólico de la Paz y del Arte, para que tu voz fuera en mi indiano solar el reparto y renuevo de un amor secular, (el árbol que la entraña de nuestro bosque cría en cada retoñar acrece su ufanía); para que tu voz fuera el aviso y proclama de que el idioma hispano no muere, pues se le ama, y España es madre que no olvida a su hija ausente a quien dió sangre e idioma en un rincón de Oriente; y de que es ley que el vínculo espiritual subsista por cima del destino, del tiempo y la conquista.

Heraldo de grandezas de la matrona ibérica, que pulsaste la cítara en la española América, y envuelto entre los pliegues de su argentino manto volcaste toda el ánfora de tu lirismo santo, la flor que aroma, clave que trina, el río en calma, como en el laberinto de sus dudas el alma, te brindará su encanto la paz de los cañales, desatará tu rima bajo espesos mangales, te pondrás en el cuello un collar de sampagas, la flor amada de las vírgenes dalagas... Verás, al fin, un breve Edén en el planeta que no pudo jamás soñar ningún poeta. Canta, poeta, canta. Pienso y no es desvarío, que ha de inmortalizar tu canto al pueblo mío.

Septiembre, 1915.

BLASON

Al ver los oros tenues de tu encaje, tu lino de eucarística blancura, quiero curar mi hidalga desventura encarcelado en la prisión de un traje.

Tal que mis potros es mi amor salvaje; pero, en mi sed de clásica aventura, yo deshojo una flor a la hermosura y la rindo perpetuo vasallaje.

Ya se que afirmas que no sabes cómo el ciego impulso de mis potros domo; pero perdona si a mi vez te arguyo.

Que este mi amor es impetuosa fiera que sólo una mujer domar pudiera con un mirar celeste como el tuyo.

MI ADIOS A ILOILO

Antes de abandonarte, ciudad maravillosa, que ungiste de alegrías mi peregrinación, quiero dejar prendida en tu escudo una rosa, que yo he santificado ante el altar de Otón.

La nave lleva al bardo. Pero en la silenciosa lágrima que yo vierto, queda mi corazón; y el noble ilongo amigo, como la ilonga hermosa, vivirán por los siglos dentro de mi canción.

Más alto que el _kanuyos_ cerniéndose en los montes mi alma tenderá el vuelo a extraños horizontes, cantando de los pueblos el himno redentor;

Pero, así bramen vientos y se refosquen cielos, hacia estas islas sacras retornará sus vuelos, ¡como el ave que vuelve a su nidal de amor!

Abril, 1920.

CASTIDAD

Mujer, ¿te acuerdas? Con la sien caída, en tu palor marmóreo de azucena, tú desleías, como un alma buena, todo el rosal de una ilusión perdida.

Aquella tarde fué. No sé si herida en la raíz de tu virtud serena, mi audacia fácil añadió otra pena al calvario de penas de tu vida.

Llorabas y reías. De tu boca, rojo nidal de sierpes del deseo, fluían en suspiros mil encantos...

--¡Qué loco eres!--dijiste. Y yo, ¡qué loca!-- Pero en medio de tanto devaneo, --¿lo recuerdas aún?--fuimos dos santos.

Julio, 1920.

ESPAÑA EN FILIPINAS

I

La dulce Hija, postrándose de hinojos, dice a la Madre, a tiempo que sus ojos leve cendal de lágrimas empaña:-- Dios ha dispuesto el término del plazo y ya es la hora de romper el lazo que nos unió tres siglos, ¡Madre España!

II

¡Madre, sí, madre! Sobre mi haz tendido va fermentando el anhelar dormido y, el germen abonado se agiganta, la gratitud es flor del alma mía, y no muere la clásica hidalguía donde se irgue tu cruz, tres reces santa.

III

Puede venir el águila altanera y hundir el corvo pico en la bandera de gualda y oro, que nos da alegría; podrán poner a mi garganta un nudo, que cuando ¡el labio se retuerza mudo, irá a gritar el alma: ¡Madre mía!

IV

¡Dichoso instante aquel que vió a las olas dialogar con las naves españolas, llevando a Limasawa a Magallanes! De entonces a hoy, portentos mil se han visto, y es que el poder de España arraiga en Cristo, manso y sin hiel, multiplicando panes.

V

Soberbio es tu ideal, como tu gloria, largos siglos ataste a la victoria al carro de tu funesta monarquía. ¿Cómo no amar tu gesta no igualada, si en las fronteras que humilló tu espada, el gran disco del sol no se ponía?

VI

Mas, ¡no es la espada omnipotente sólo la que al brillar del uno al otro polo, obró cien maravillas en el llano; es la esencia vital de las Españas, que al invadir palacios y cabañas, prestó eficacia al ideal cristiano.

VII

Quién empuñó con varonil denuedo, en los tiempos de Lope y de Quevedo, "el cetro de oro y el blasón divino"; quién sembró de fé en la individual conciencia decoro en la mujer, que es otra herencia, luz en las mentes y oro en el camino.

VIII

La que duerme arrullada por el cántico de las ingentes olas del Atlántico; la que empujó a Colón hasta la entraña del mundo nuevo, que copió su hechura; la que llevó a las pueblos fé y cultura y áuras de libertad... Esa es España.

IX

España, la invencible soñadora, que monta rocinantes a deshora, los toros lidia, viste la mantilla, ama la jota y al _danzón_ se entrega, mas cuyo acero no es una hoz que siega, sino arado que pone la semilla;

X

La patria de la vid y la verbena, que fía a la guitarra su honda pena, dominadora de la Argel moruna, la que las tierras incas civiliza, hidalgo pueblo, de otros cien nodriza, única madre que meció mi cuna.

XI

Los claustros de tus Cuevas y tus Prados noche y día miráronse atestados de hijos nativos del saber amantes: hiciste héroes y armaste caballeros, y aun late en el cantar de mis troveros la dulcísima lengua de Cervantes.

XII

¡Oh rica fabla espiritual! Simula cordaje de una cítara que ondula, --es blanda arcilla y música ese idioma--, claro choque de perlas y corales, remedo de los coros celestiales que de Dios mismo su raigambre toma.

XIII

Si lloro, se unifica con mi llanto, impregna hasta el _kundiman_[17] cuando canto, y es en la liza imprecación y alerta. Podrán hurtarme mis veneros de oro, pero al perder tan singular tesoro, es que habré sido traicionado y muerta.

[Nota 17: Canto popular filipino.]

XIV

Rizal, Mabini, del Rosario y Luna, hijos míos y tuyos son. Cada una lleva en la frente un evangelio escrito. Si yo les dí mi maternal entraña, no empresa mía fué, sino de España, fundir el alma en su troquel bendito.

XV

La Cruz de Arrechedera y Urdaneta está en mis cielos, tabla es que sujeta, cuando zozobra, al bien; porque a despecho de las más encontradas ambiciones, tu religión, tu fé, tus tradiciones, han abrigo recóndito en mi pecho.

XVI

En el curso del tiempo, desenvuelto, tú, España, volverás,--¿Qué amor no ha vuelto?-- Presa en la red del propio bien perdido:

serás un ave, enferma de añoranza, que va a volar cuando la noche avanza, en dirección al solitario nido...

XVII

Si están ahitos de llorar tus ojos, y en otros días te causara enojos, la era de paz y de perdón se inicie. ¡Oh, qué mejor que tras la despedida, seamos como el agua, en dos partida, que se torna a juntar en la planicie!

XVIII

...Mientras la vista atónita vislumbra la luz de redención en la penumbra, e hijos del alma apréstanse a las lides; ¡vé, Madre! Y digan valles y colinas: ¡Gloria a la Madre España en Filipinas!... ¡Loor eterno a tí! Tú, no me olvides.

Canon (Fernando)

Veterano poeta cuyo plectro ha golpeado la lira bajo las dos soberanías. Nació en Biñán (Laguna), en 1860, Fué condiscípulo y _alter ego_ de Rizal en el Ateneo municipal, y juntos se graduaron de bachiller en 1877. Hacía versos a los catorce años. Cursó la carrera de ingeniero industrial, y para perfeccionar sus estudios viajó por Europa, Años residió en Barcelona. Son sus pasiones, además de la matemática, el ajedrez y la música. Fué general de ingenieros con el ejército revolucionario. Sus poetas dilectos son Campoamor y Villaespesa. Mora en Manila actualmente, siendo profesor de guitarra del Conservatorio.

FLOR IDEAL

El rocío de nubes blanquecinas Eterniza la _flor de las colinas_, Esa flor que en su cáliz peregrino Encierra el ósculo del amor divino, Llevado allí por las sublimes notas Del eterno cantar de los patriotas. Blanca flor de montañas Que en el azul empíreo se mece, Cuando surgen patrióticas hazañas Se multiplica y por doquier florece; Pero diz que se oculta y desparece, O se demuda roja, Cuando patria postrada se sonroja, Y vagan por las nubes sus raíces Lloradas por las musas infelices. En tanto llega el día En que, unido el valor a la hidalguía, Surje en la excelsa cumbre La cálida ambrosía Que, a la ignición de misteriosa lumbre, La planta vitaliza Y el amor de las musas fecundiza.

Sus hojas transparentes, que guarnecen flexibles enramadas, Irradian luces mil, resplandecientes En medio de penumbras, azuladas, Y esparcen, difundidos en su brillo, Los campestres olores del tomillo Refrescados por niveas sampaguitas, Burlonas de las cuitas.

Del filipino céfiro amoroso, Que atrae candencioso Mil íntimas fruiciones infinitas... Vértigo voluptuoso De sonrisas, caricias y murmullo Que vibran de una flor en el capullo.

