Parnaso Filipino Antología de Poetas del Archipelago Magellanico
Part 13
Nació en Quiapo, barrio de Manila, el 3 de Noviembre de 1890. Sus padres le trajeron a España en 1897, y en varios institutos de Barcelona cursó el bachillerato. Vuelto a Filipinas a los 18 años, e hijo de médico, estudió medicina tres años. Es ahora capitán de constabularios al servicio de los Estados Unidos. Luce como buen esgrimista y apasionado de la música. Comenzó a versificar (1914) en la revista "Alma Moderna". Por el poeta en que cree y a quien sigue, le nombran "el Villaespesa filipino". Ha publicado: en verso, _Electa_ (1915) e _Intimas_ (1919); y en prosa, _Breviario de amor_ y _Sinceridades_.
A LA LUZ MORIBUNDA...
A la luz moribunda del recuerdo, sueño en aquel mi amor, mi amor primero, y triste soñador aventurero entre las sombras del pesar me pierdo.
Cual la celda de un mísero ermitaño queda abierta a los vientos del desierto, así mi corazón quedóse abierto al soplo huracanado del engaño.
Del fondo de mi vida agonizante se alzaba aquel recuerdo torturante, en su quietismo silencioso y vago,
cual se alza en las mañanas invernales la bruma de las nieblas invernales sobre las aguas límpidas de un lago.
1914.
LUCIAN EN TU ESPALDA...
Lucían en tu espalda por entero tus cabellos, de un negro tenebroso, que tenían el brillo esplendoroso y cortantes de láminas de acero.
En el salón, hundido en las tinieblas, había tonalidades misteriosas, cual de aguas tranquilas y azulosas cubiertas por las brumas y las nieblas.
Tu hermosa cabellera me atraía con la fascinación negra y sombría de los ignotos bosques seculares,
y mis labios hundía en tus cabellos, y, loco de pasión, dejaba en ellos un enjambre de abejas osculares.
1914.
A SALVADOR RUEDA
I
Poeta ruiseñor: en las difusas alegorías tuyas misteriosas, hay un aletear de mariposas y la atracción de estrofas inconclusas.
Exquisito cantor: en las profusas bellezas exquisitas de tus glosas --como en un lecho de fragantes rosas-- se extenuan de amor las nueve musas.
Tus versos tienen la atracción secreta de un quieto lago bajo un cielo en calma cuando entonas tu lenta salmodía.
Porque tu estirpe de andaluz poeta rindió a las musas, que te dieron su alma, y tú diste tu alma a la Poesía.
II
Del templo del Amor tomó la ruta el poeta. Cantó versos adónicos. Como remate a capiteles jónicos puso música y versos por voluta.
Todos tus versos tienen la impoluta blancura inmaculada del armiño, porque, inocente, cantas como un niño en tus estrofas la verdad absoluta.
En plena aspiración de ser sincero escribiste sincero el cancionero, y es tu sinceridad tu baluarte.
A la lectura fiel de tus canciones han sentido las almas emociones porque es tu alma el alma de tu Arte.
ARTE DECORATIVO
I
Miguel Nieto ha pintado, en un intenso amor por lo oriental, una cadencia. En su cuadro la Tórtola Valencia danza, febril, la danza del incienso.
El cielo nocturnal, azul de Oriente, dosela su figura. Orientales perfumes la circundan, y sus chales resbalan de sus hombros lentamente.
Extraña luz, como de mármol blanco entrevisto a través de una esmeralda, estiliza su rostro de judía.
Y al movimiento, en celo, de su flanco se entreabren los pliegues de su falda en una irradiación de pedrería.
II
Rozando las ajorcas y los velos con caricias de mano femenina, una pantera arrastra por los suelos el moteado de su piel felina.
Sus patas, sigilosas, se deslizan entre las piernas de la bailarina, y en inquietud sus ojos rivalizan con las miradas de la danzarina.
La pantera es un símbolo viviente, como lo son también las dos panteras que pusiera Dulac, clarividente,
bajo los pies de Circe; en un ambiente de sutiles encantos y quimeras bajo el nocturno cielo azul de Oriente.
III
Dulac y Miguel Nieto han presentido la vida de este símbolo, y han dado la tristeza febril de lo vivido a la quimera de lo que han pintado.
(Mujeres y panteras son afines en la crueldad de sus inclinaciones... Gustan de palpitantes corazones para la esplendidez de sus festines.)
(Por eso, en las tragedias de la vida, a la caricia femenil vá unida la garra sanguinaria de la fiera;
y estar entre los brazos de la amada, es cual sentir la carne desgarrada por la zarpa brutal de una pantera.)
IV
La vida femenil de sus pinturas es tan real, que llega hasta inquietarme, pues me hace presentir que las figuras van a salir del lienzo para hablarme.
En el estudio, lleno de tristeza, la mujer y la fiera son tan bellas, que parece tangible su belleza cual si la vida palpitase en ellas.
Y a las primeras horas vespertinas, cuando solas están mujer y fiera, los ojos del felino tienen quedas
y lánguidas miradas femeninas, y la mujer se mueve entre sus sedas con felina arrogancia de pantera.
PASTORAL
I
Estoy en pleno monte. Recluído en un camaranchón llamado escuela, siento sobre mi alma la secuela de la dolencia del que está aburrido.
En pleno monte. Flota en el ambiente la gris opacidad de una neblina, que a los rayos del sol se difumina y se rasga en girones lentamente.
Derrama el sol su oro por los ampos, en un derroche de alegrías gualdas, irisando el techar del caserío;
y fingen, en el verde de los campos, diamantes en monturas de esmeraldas las cristalinas gotas de rocío.
II
Llueve torrencialmente, y el chubasco es tan pródigo en agua que sepulta los caminos en lodo. El sol se oculta tras cortinas de nubes. De un peñasco,
dando tumbos, despéñase un torrente: entre un choque ruidoso de guijarros y un murmullo de roce de chinarros se desliza del río en la corriente.
Vuelve a lucir el sol. La lluvia es fina como agujas de plata, en cuyos ojos ténues hilos de oro el sol enhebra;
pero quiere bordar, en sus antojos, un capricho en el agua cristalina y las agujas y los hilos quiebra.
1919.
EN LA QUIETUD...
En la quietud calma de la hora el poeta relee sus poemas, y con sus ojos, que parecen gemas, los negros signos que escribió devora.
De la lectura de sus versos goza besando aquellos que le mienten gozo, y ante los tristes con pesar solloza poniendo el alma toda en un sollozo.
Una ténue sonrisa se dibuja en sus pálidos labios sensuales al murmurar sus rimas musicales;
y ante las tristes y sentimentales su alma soñadora se arrebuja en un manto rosado de ideales.
1919.
"SPLEEN"
(Traducción de Juan Moreas)
Como un vencedor ávido de exterminio y de ensaño en mi frente ha plantado su bandera el hastío. En prados luminosos va a pacer el rebaño de ilusiones que han hecho en mi alma el vacío.
Un castillo fingía perspectiva lejana: de rubíes y oro le forjé en mis ensueños; pero sus muros eran de arcilla... Una mañana se derrumbó el dorado castillo de mis sueños.
El corazón, roído por un pesar muy hondo, se abandonó al miraje de una quimera loca; bebí, para curarme, de su copa sin fondo y su embriaguez me ha puesto amargor en la boca.
Hundido en las tinieblas, muero calladamente. Es la vida espejismo de sueños y palabras, y su embriaguez me ha puesto amargor en la boca, vomitan el veneno por sus bocas macabras.
1919.
ORACION
Filósofo, Poeta, que mirais las cosas tristes de este mundo, uno, muy profundo, con ojos de asceta, y otro, como rosas; los dos en mi vida pusísteis un mal: uno abrió una herida, otro abrió un rosal.
Tus rosas, poeta, perfuman la vida, la hacen bella y fuerte, ¡toda juventud!
y tú, cruel asceta, nos muestras la vida velando a la muerte junto a un ataud.
Tú, poeta, sueñas vagas sensaciones, que pasan risueñas como tus canciones con las que te adueñas de los corazones.
Me dijiste, asceta, que es triste la vida, que amor es llorar, sé que no mentiste cuando lo dijiste; mas dime, poeta, ¿hay algo en la vida más dulce que amar?
Yo te odio, asceta, porque sé que sientes con sinceridad. Te amo, poeta, porque sé que mientes la realidad.
Filósofo, Poeta, que mirais las cosas tristes de este mundo, uno, muy profundo, con ojos de asceta y otro, como rosas;
los dos en mi vida pusísteis un mal: uno abrió una herida, otro abrió un rosal.
Tu verdad, asceta, hizo de mi vida un inmenso crial; tu llanto, poeta, hizo de mi herida brotar un rosal.
1919.
AUTOCONSOLACION
I
Sonríe, poeta del dolor, sonríe; ya tu ensueño de amores ha triunfado en una luminosa apoteosis al pié del tabernáculo.
Por los mismos dolores que sufríste, por lo que has de sufrir seca tu llanto, y a la pálida novia que a tí viene, sedienta de tu amor, abre los brazos.
A tu puerta ha llegado sonriente, como una virgen rústica, temblando, a ahuyentar tus tristezas dolorosas con la caricia de sus dedos blancos.
Cierra al dolor tu corazón, poeta; para las dichas guárdalo; ahuyenta los fantasmas de las penas que hoy sólo la alegría ha de ocuparlo.
Deja la puerta de tu estancia abierta al paso del amor y obra el milagro de tu resurrección inesperada con la consolación de lo esperado.
Ya la pálida novia que esperabas en busca de tus brazos ha llegado a enfriar los ardores de tu carne y a calentar las nieves de tu tálamo.
El juego de sus dedos ha deshecho el trenzado de sedas del peinado y la luz moribunda de tu lámpara al soplo de su aliento se ha apagado.
Sonríe, poeta del dolor, sonríe; la hora de los besos ha sonado...
II
El viejo Cristo de marfil que adorna las desnudas paredes de tu cuarto, aquél que obró el milagro de los peces y de los panes ácimos, que serenó el tumulto de los mares con la caricia de sus pies descalzos, y en su doctrina de piedad y amores perdonó a Magdalena sus pecados.
Desde su cruz contempla vuestros cuerpos en un estrecho abrazo entrelazados, y con tristeza en sus pupilas cándidas y en sus ojos dos lágrimas temblando parece que te dice, entre suspiros, y de dolor sobre su cruz llorando:
--Como yo, tú también agonizaste sobre la cruz de tu dolor clavado, y las zarzas de todos los dolores tus sienes y tu frente desgarraron: has sufrido la mofa y el desprecio, y has sentido en tu rostro el salivazo del legionario que salió a tu encuentro cuando llevabas el madero al hombro camino del Calvario.
Tú también has sentido de la lanza el golpe en el costado y has muerto, como yo, cantando amores y a todos perdonando.
Toda tu vida ha sido un ansia eterna --moribundo y en cruz puestas las manos-- esperando el amor de los amores para abarcarlo con tus brazos cárdenos.
Ya la pálida novia que aguardabas, en busca de tus besos ha llegado. Por los tristes dolores que sufríste, por los que has de sufrir, seca tu llanto, y a la pálida novia que a tí viene, sedienta de tu amor, abre los brazos.
Sonríe, poeta del dolor, sonríe: la hora de los besos ha sonado.
1919.
EL AMOR DE LOS AMORES
La vida es un dolor. Es algo incierto, lleno da brumas y de ensoñaciones que nos hacen temblar. Sepulcro abierto para enterrar en él las ilusiones.
Es triste caravana en el desierto. Nos morimos de sed. Las desazones son inquietantes, como un cuerpo muerto destrozado por garras de leones.
De la vida en el áspero camino yo he sido como humilde peregrino que hizo el amor de su ideal un rito;
atravesó el desierto con mis penas, y he quemado mis pies en sus arenas en un ansia infinita de infinito.
1919.
¡BENDITA SEAS, PECADORA!
I
Yo fuí también a tí, cuando soñaba mi deseo con curvas morbideces y mi joven pupila dilataba la visión de tus blancas desnudeces.
En tu boca he bebido hasta las heces, el néctar que tu labio me brindaba, y de amor, en tus brazos, me embriagaba, en un ansia infinita de embriagueces.
Bendita tú, entre todas las mujeres, porque colmas el ansia de placeres y el ansia de placer aguijoneas.
Porque tus blancos y afilados dientes el goce intensifican; porque mientes un platónico amor, ¡bendita seas!
II
Yo creí adivinar en tus antojos acicate a pasiones sexuales; mas moduló tu voz ternuras tales, que hasta llegué a creer en tus sonrojos.
¡Cómo fingias crisis pasionales, de hondo y sentido amor, en tus enojos...! ¡Si hasta fingieron lágrimas tus ojos, en sartales de perlas, a raudales...!
Porque haces olvidar, con tus engaños, que el amor sólo brinda desengaños, y fingiendo el amor, el amor creas;
por hacemos creer, con tus pudores, en la sinceridad de tus amores, ¡por hacernos creer, bendita seas!
III
Cuando estoy solo, sueño en la blancura de tu piel y en el negro de tu pelo, y enardecido de pasión, me encelo por la sensualidad de tu cintura.
Entre las sombras del pesar me pierdo. Mi deseo recuerda tu hermosura, y aumento intensamente mi amargura con el opio sutil de su recuerdo.
Porque finges un férvido entusiasmo durante la epilepsia de tu espasmo; porque al hacerte desear, deseas;
porque vibran caricias redentoras en tus humildes manos pecadoras, ¡bendita seas, mujer! ¡Bendita seas!
1919.
ESTABA ESCRITO
Me has herido a traición. En emboscada miserable y ruín me has acechado, y en pleno corazón me has asestado sin compasión, amor, tu puñalada.
No te guardo rencor. Mi amor sincero es tan intenso que me llena el pecho. Me ha herido tu traición, como un acero... Yo te perdono el daño que me has hecho.
¡A qué, guardar rencor, si todo ha sido tan sólo un sueño que alegró mi vida... un bálsamo fugaz sobre una herida...!
¡A qué, llorar una esperanza muerta, si todo ha de caer en el olvido, aunque la herida permanezca abierta!
1920.
Victoriano (Pacífico)
Caviteño. Médico de nota en Manila. Ejerce el profesorado.
EN LA BRECHA
El turbión, formidable ya no ruge; ya amainaron las hórridas ventascas; y en la manigua trágica y bravía ya no vibra el tronido de las balas...
Ha pasado la noche dolorosa, nuestra noche fatídica y amarga... Auras de paz retozan en la tierra y platean el cielo nuevas albas...
En las yermas campiñas y en las selvas con la sangre del pueblo bautizadas, lanza el toque de diana la corneta y resucita la moderna Esparta...
Sobre el montón de ruinas y cadáveres que queda del naufragio de la patria; del sepulcro en que duermen tantos mártires ¡emerge, oh juventud! írguete y anda...
¡Emerge, oh juventud! ya entre el celaje ríe la nueva aurora sospirada, que ayer empurpuraron con su sangre los genios salvadores de tu raza...
En la cumbre gloriosa del Calvario, como un astro radiante, aún fulge el ara, no logró el huracán con sus embates derribar de ella a la deidad preclara...
Baja sin miedo con la frente erguida a la candente arena, en que se entablan las luchas de la heróica inteligencia, y ante el bravo adversario avanza, avanza...
¡Oh, no temas caer ante el coloso con el pecho horadado con las balas! Tiene tu alma la fuerza de esos árboles que, al caer, estremecen las montañas...
Compra tu libertad y tus derechos con los propios esfuerzos de tu alma, que la presente edad sólo nos lega una herencia de penas y desgracias...
¡Triunfarás, juventud! con tu heroísmo que no teme el peligro ni las balas... Tú eres como el _limbás_[40] de nuestros montes que al estallar el rayo, ¡vuela y canta!
[Nota 40: (Limbás) Ave de rapiña, pequeña, de vuelo imperios.]
Tú eres como esas águilas altivas, que más se elevan en las nubes altas cuando roza sus plumas el relámpago y estallan en su frente las borrascas.
El choque engendra luz; por eso libras contiendas con la pluma o con la espada; brota el rayo del choque de dos nubes y al golpe del martillo el fuego salta...
Cuando rodeada de banderas rojas sucumbas en tu propia barricada, nuestro ideal no morirá contigo; ¡el cuerpo se desploma, nunca el alma!
¡Venga el golpe hacia ti! Espera firme y sitúate siempre a la vanguardia... Procura no caer en la refriega sin coronar la cumbre suspirada.
Si otra víctima exige el holocausto escala con la cruz la sima sàcra, que imitando a Isaac y a Jesucristo salvarás en tu Gólgota a la patria.
Te miro triunfadora como Marte hundir al despotismo con la espada, galopar sobre un rayo de la aurora, y ascender hasta el cielo de la Fama; y, mientras sueña el alma con victorias, predica el evangelio de tu raza que nos enseña a estrangular tiranos y a retar al Destino cara a cara...
¡Tú vencerás! Tú no eres carne fofa, carne que se aniquila en las borrascas... Tú no llevas encima de la frente el Inri denigrante de los parias...
Adora ese evangelio que te obliga a defender tus fueros con la espada, como te obliga a levantar un trono el inri denigrante de los parias...
Templa tu alma en el yunque del martirio; en el martirio se sublima el alma que batalla en el campo del trabajo y trabaja en el campo de batalla...
¡Trabaja!--nuestra época es de luchas-- y cumple la misión a tí confiada, de edificar sobre el montón de escombros el majestuosa trono de la patria...!
¡Que te quepa la gloria inmarcesible de coronar su frente inmaculada...!
Así, al brillar el sol del nuevo día, y al ondear la enseña soberana, podrás cantar ante la tumba ignota de los caídos en la noche aciaga:
"--¡Dormid en paz, oh mártires anónimos, inolvidables hijos de mi raza! Yo coroné vuestra obra con el éxito". Y después exclamar ante la patria:
"--¡Salve a ti, encantadora Filipinas, yo te saludo, madre idolatrada! ¡Ya eres feliz, gloriosa y redimida! ¡Reina sobre la tierra libertada...!"
ALTIVEZ TAGALA
Lucho, aunque el fardo del pesar me abrume, y bajo a la palestra sin recelos... ¡Triunfaré al fin! No soy cual ave implume incapaz de elevarse hasta los cielos...
Me denuesta la envidia... ¡No me importa! Yo prosigo impasible la jornada, ¡el vuelo del condor jamás se acorta al silbo del reptil de la hondonada!
No mendigo un aplauso lisonjero, ni algún laurel para calmar mi angustia. El aplauso es un ruido pasajero, y el laurel, verde rama que se mustia.
Para alegrarme en la hórrida cruzada que libro, redimiendo mi inocencia, me basta con mirar la cumbre ansiada y contemplar sin manchas mi conciencia.
Sin armas entró en lid mi adversario, y afrontó con valor el rudo embate. La pluma puede el púgil literario convertirla en espacia de combate...
¡Nunca fuí estoico!--El gladio yo he blandido, siendo infante en el trágico espoliario. La fuerza me arrolló, sentíme herido, pero seguí a la patria hasta el Calvario.
En pró del bien no rehuyó el holocausto, ni desertó del culto al patriotismo. Yo amo tanto a mi patria--pueblo infausto-- que la erijo en altar mi pecho mismo.
¡No soy vil...! Yo odio la careta fea con que oculta su crimen el malvado. Que me diseque el corazón y vea si lo tengo corrupto o inmaculado.
Mi alma, que el duelo despreciarlo sabe, no teme de la sátira las balas. ¡Bajo lluvia de plomo se irgue el ave porque cree en la fuerza de sus alas!
A EMILIO JACINTO
¡Héroe preclaro de la patria mía... resurge del abismo del olvido...! Ya te llama el clarín del nuevo día, pregonando tu nombre esclarecido...
En la epopeya de la patria esclava, fuíste fuerza motriz, luz refulgente, formidable turbión, tempestad brava, que hízonos respirar el libre ambiente.
Cuando pedía sangre nuestra aurora, y ayes de muerte hendían el espacio, armaste con tu idea salvadora el brazo vengador de Bonifacio...
Cayó lluvia de sangre en nuestra tierra, flameó la _sandata_[41] en el boscaje, y arrojaste a la hoguera de la guerra el inicuo pendón del coloniaje...
[Nota 41: Especie de _Kries_, o machete de hoja ondulada.]
Tú enseñaste a jurar al insurgente, las banderas del bien y del decoro, y a odiar con el encono más ardiente la cadena del siervo, aunque de oro.
Nos enseñabas a atajar las balas, y a conseguir el triunfo en las derrotas, al corazón cobarde diste alas, llenando las trincheras de patriotas.
Luchando te mató bala asesina, y, al caer, no lograron los tiranos, arrancarte la enseña filipina de las sangrientas y crispadas manos.
Bajo tu dirección, la masa estoica se redimió con el esfuerzo suyo; si Bonifacio y su legión heroica triunfo obtuvieron, ¡fué ese triunfo tuyo!
La grana de tu sangre redentora, en que la fuerza y el valor se adunan, cual rubí del volcán, tiñó la aurora del gran Pentecostés del _Katipunan_.
Si te hirió un proyectil, a tu caída, rayó el alba entre negras tempestades; ¡cada gota de sangre de tu herida fué semilla de nuestras libertades!
Con tus lanzas tomaste nuestras villas, venciste al César con su plan de engaños; hizo tu _talibóng_[42] su trono, astillas, ¡Rompió su cetro de trescientos años!
[Nota 42: Arma blanca, parecida al machete cubano.]
Nos salvó tu estrategia. ¡Cuántas muertes evitaron por tí nuestras legiones! Débiles fuímos, nos hiciste fuertes, y combatimos como bravos leones...
¿Como olvidarte en el camino incierto si tu ejemplo fulgura en la conciencia? ¿Si en batalla campal caíste muerto por conquistar la patria independencia?
¡Surge triunfal! No son tus glorias pocas: que el pueblo audaz que estranguló tiranos, ¡te ensalzará con su millón de bocas! ¡te aplaudirá con su millón de manos!
Para alcanzar el pueblo el triunfo suyo, le hace falta un espíritu indomable, ¡un corazón entero como el tuyo, y una fé, cual la tuya, inquebrantable!
En el libro del mérito no has muerto. Tu timbre ostenta victoriosa palma. ¡Quién muere por la patria en campo abierto tiene un altar de gloria en nuestra alma!
EXCELSIOR
A CERVANTES
(PREMIADA CON LA FLOR NATURAL EN LOS JUEGOS FLORALES ESPAÑOLES DE MANILA, MAYO, 1905, CONMEMORATIVOS DEL III CENTENARIO DE LA PUBLICACIÓN DEL "QUIJOTE").
¡Pasmo de todos es la obra gigante que perpetúa tu fulgente gloria! ¡Me parece gran mole de diamante alzada en monumento a tu memoria!
Goza vida inmortal en las edades el libro bello que tu fama afianza. En todas las humanas sociedades sueña Quijote y ríe Sancho Panza...
En tu pluma de oro educadora resplandece, con gracia y galanura, el rico idioma hispano, que atesora iras, amores, música y ternura.
Prodigio de tu ínclito talento fué el libro que logró inmortalizarte; con él alzas a España un monumento y un monumento a España erige el Arte...
Tu proeza ilumina ¡oh Sol preclaro! el siglo que tu mérito abrillanta. Eres genio del mundo, eterno faro; y encarnación de Dios es tu obra santa.
Tu sátira donosa fué la fusta con que abatiste el vil positivismo. Retrata enteramente tu obra augusta a esa edad de prosáico realismo.
Desde tu huesa, que el ciprés corona, oye la sinfonía de mi lira; es la canción que a tu memoria entona el bardo filipino que te admira...
Para esculpir tu nombre giganteo, para encumbrar tu gloria soberana, arrancaré la lira de Tirteo y el estro portentoso de Quintana.
Al mundo literario que te aclama le enalteces ¡oh clásico ironista! y a España le has legado con tu fama tu corona de insigne novelista.
Mientras se nutra el pecho de ilusiones, de esperanzas y fé que el alma anhela, y elaboren amor los corazones, triunfará el ideal de tu novela.
Vive aún Sancho con vida depravada y el pundonor con su ambición se junta; ¡no está la sociedad regenerada, y la aurora social aún no despunta!
¿Quien no se dignifica en ser Quijote ante la corrupción y la innobleza, para vivir sin denigrante mote coronado con nimbo de grandeza?
¡Buen Quijote, salud! No eres vencido; írguete hasta las nubes arrogante! Vas como el Nazareno escarnecido, ¡pero serás después un dios triunfante!
Tu apostolado, en méritos fecundo, conquistará la admiración humana. Más que buscar, como Colón, un mundo. ¡Tú formarás el mundo de mañana!
El bien social, tu sueño soberano, no impera aún sobre la tierra mía. ¡No siempre el Sol amaneció temprano, pero siempre fulgura el nuevo día!
La crítica social tu libro entraña, ideal de sociólogos profundos. ¡Cervantes, loor a ti, gloria a España, la que fué soberana de dos mundos...!
Santa es tu obra y exije sacrificios, padeciste por ella mil dolores; ¡salvar a las naciones de sus vicios es misión de los grandes redentores!
¡Grande es Moisés, guiando al patrio suelo al pueblo de Israel que se redime! ¡Más grande emerges tú, en el noble anhelo de crear humildad justa y sublime!
¡No! No esa humanidad tan corrompida que pisotea la honra y el decoro; ¡e hipoteca el amor y hasta la vida por la ruindad, el cálculo y el oro!
¡Loor al que salva al pueblo corrompido del mal que le esclaviza y le pervierte! Por rescatar al mundo envilecido Cristo aceptó la cruz hasta la muerte.