# Parnaso Filipino Antología de Poetas del Archipelago Magellanico

## Part 12

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Quizás de mi alma en sus nostalgias haya --lucero, golondrina o sampaguita,-- el verso alado que a besarte vaya, o la canción que en mi ilusión dormita.

Que inspiraste el cantar de mis cantares y mis estrofas se alzan como altares en donde, hermosa y única y aurina,

sobre un temblor de ardientes resplandores y de incensarios mágicos y flores ¡tu eres la hostia de mi amor, divina!

1919.

[Nota 38: Lindo y señoril arrabal de Manila, a orillas del mar.]

YO TE PERDONO

Como Cristo en la bíblica leyenda yo te digo: "mujer, ¡yo te perdono!" ya que te apartas de la negra senda donde se alberga el mal y arde el encono.

Más, si alguno me cuenta tu pasado, con su lengua traidora cual la hiedra, le diré: "Si estás limpio de pecado sé tu el que arrojes la primera piedra".

No llores, pues, mitiga tu quebranto, y enjuga de una vez tu amargo llanto, porque empaña el fulgor de tu mirada.

No creas que, aún que muchos te maldicen, también hay labios que tu amor bendicen porque saben que estás regenerada....

1919.

Seva (Agustín)

Bisayo, nacido en Molo (Ilo-Ilo). Bachiller por los jesuitas del Ateneo y abogado por los dominicos de la Universidad de Santo Tomás, de Manila. Escribió versos desde muy joven, casi siempre ofrendados a la dama con quien luego casó. Hace años vive en la isla de Negros, consagrado al ejercicio de su carrera y a los negocios agrícolas, sin trato con las musas.

EL GIGANTE DE LOS MARES

Y, libre como el águila del cielo, Podré cruzar los mares, cual me ordenas. ROSELLÓ.

Dame, ¡oh! musa, tu voz, dame tu acento para cantar al héroe sin segundo, cuyo nombre feliz susurra el viento de la apartada Iberia al Nuevo Mundo... De tu gloria en el piélago infinito se pierde el alma mía; y aunque mis alas débiles agito por abarcar tu colosal recuerdo, cuanto más lo investigo, más me pierdo.

Figura sin igual, genio glorioso, _gigante de los mares_, gloria nuestra: tú un diamante engarzaste esplendoroso en la diadema hispana con tu diestra; tú el valladar del Ponto embravecido sin temor traspasaste; y a tu sublime genio enardecido sólo prestaba campo dilatado un mundo de grandezas ignorado.

Ese mundo es tu gloria y tu corona, el que con lauros, mil tu sien circunda el que del polo a la abrasada zona con tu nombre sin par la tierra inunda. Cuba, Lucayas, Háiti, Dominica, Boriquén y Jamaica, Trinidad, Guadalupe y Martinica son de tu honor los timbres sacrosantos y el sublime ideal de nuestros cantos.

Tal puñado de perlas en tu mano a tu patria sin fé ¡triste! brindaste, y después al monarca lusitano; y en cambio de tu oferta ¿qué encontraste? desprecio a tu saber, bajo y mezquino. Tu corazón tan sólo, tu corazón de temple diamantino que del genio la voz potente escucha, supo salir triunfante de la lucha.

Y tras fatigas y hórridos azares, cruzando montes, traspasando llanos, salvando la distancia de los mares, la intrépida nación de los hispanos te presentó su mano salvadora, y tu frente abatida, al levantar de España la señera con una cruz volaste y una espada a una playa de todos ignorada.

Y fuerte el corazón, firme el semblante, su tesoro a las olas disputabas, y a lejanas regiones anhelante de tu bajel la prora enderezabas, ignota mar con la ferrada quilla cortabas sin recelos; por las olas lamida, hermosa orilla dibujóse después a tus miradas, en su verdor lozano extasiadas.

Fértil región, alhaja desprendida de las ondas de un mar que no te arredra, entre árboles gigantes escondida y entre murallas de granito y piedra. Mas tú, _Cristóbal_, por el ancho espacio lanzando tu mirada, de ricas esmeraldas y topacio labrada viste la inmortal aureola, que la sien del hispano tornasola.

Y en esa tierra, do Favonio y Flora juntos muestran sus galas y hermosura, fijaste tú la enseña salvadora que el progreso en los pueblos asegura: _Dios y mi rey_: idea portentosa, digno sólo del alma generosa, emblema sacrosanto, digno solo del alma generosa, que uniendo con la fé su patriotismo se aventura a cruzar el hondo abismo.

Mas ¡ay! que siempre al genio venerando guarda el hado fatal triste destino, y de abrojos punzantes vá sembrando con torva faz el árido camino Y sólo, en un rincón de nuestra España, el término encontraste, que marcaba el Señor a tanta hazaña. Escucha, escucha al menos nuestro canto, porque es del corazón tributo santo.

Gloria a tí, gran _Colón_, eterna gloria, que un nuevo mundo al piélago infinito arrancaste. Perenne tu memoria en bronce esculpiráse y en granito España, sobre el carro poderoso, que al rodar otro tiempo, dos mundos arrastraba vigoroso, al atronar el orbe con tu fama _Gigante de los mares_ te proclama.

¡VEN!

Lo admira todo, pero... no le llena; la nostalgia le apena. _El Marino Español._--P. PI.

¡Cuan hermoso es el Sol cuando la frente de entre nubes alzando esplendorosa baña la tierra con su luz fulgente, perfume embriagador presta a la rosa, dá murmurios al mar, perlas al río, al pájaro cantares de alegría, los colores del iris al rocío, rumor a la cascada y armonía!

Cuando la luz sus hojas abrillanta refractándose en rayos de colores, ¡cuán hermosa en la flor que se levanta esparciendo balsámicos olores!

Tranquilo duerme el mar: la tenue brisa riza apenas su líquida planicie, y jugando en las ondas indecisa resbala por la inmensa superficie; copia a lo lejos el cristal tembloso, como entre guijas de oro, la luz pura con que el sidéreo coro esplendoroso brilla en otra región. ¡Cuánta hermosura!

Quién sabe si en las ondas que desata, resbalando entre juncos y maleza, fugaz arroyo tímido retrata de alguna ondina la gentil cabeza! Quién sabe si, entre flores escondida, en su cristal colúmpiase graciosa náyade bella que al placer convida meciéndose en las limfas voluptuosa! Acaso alzando la nevada frente, límpida y tersa como manso lago, la mirada fugaz por la corriente tiende en redor con incitante halago!

¡Todo es hermoso, todo! El sol, las flores, el cristalino mar, la fresca brisa, de la estrella los vívidos fulgores, de la náyade bella la sonrisa.

_Todo lo admiro, pero... no me llena_ y, al recordar que estás tan apartada, triste _nostalgia_ el corazón _me apena_ y fuera de tu amor no quiero nada.

No sé por qué mis lágrimas contengo cercándome tan negra desventura; dentro del pecho fluctuando tengo el corazón en olas de amargura.

¡Vuelve a mi lado, que me causa enojos cuanto en redor acongojado miro! ¡vuelve, que sólo por mirar tus ojos desque partiste sin cesar suspiro!

Son tan hermosos, ¡ay! tus ojos bellos, tan dulce su mirar, paloma mía, que diera yo para mirarme en ellos lo que nunca jamás otro daría.

Si al menos este afán que me devora alejarlo del alma consiguiera...! Más, ¡ay! que esta ilusión engañadora hasta en el sueño me persigue fiera.

Yo te veo en el rayo delicado con que flota la luna en el vacío, y en las hojas del lirio perfumado cuando esconde una gota de rocío.

Yo escucho de tu voz el blando arrullo en la brisa que juega con la rosa, yo percibo tu acento en el murmullo de cristalina fuente temblorosa.

Yo soy la nube que perdida flota en la extensión azul, tú eres el viento; yo soy del arpa la dormida nota que trocará tu mano en dulce acento.

¡Ven ya, mi dulce amor! ¡Ven, que entre tanto _lo admiro todo, pero... no me llena!_ ¡Vén a enjugar por fin mi acerbo llanto! Vén ¡_la nostalgia_ el corazón _me apena!_

1895.

TUS LÁGRIMAS

--Yo soy un sueño, un imposible, vano fantasma de niebla y luz; soy incorpórea, soy intangible; no puedo amarte.--¡Oh, ven, ven tú! BECQUER.

¿Por qué tan lejos, mi bien, y de tí tan apartado, continuamente suspiros por tí de mi pecho arranco?

¿No me has dicho una y mil veces que todo mi esfuerzo es vano, que no habría entre los dos más que el cariño de hermanos?

¿No me dijiste cien veces que tanto afán y amor tanto eran quimérico sueño? ¿que nunca en tus ojos claros

la mirada de los míos clavara yo enamorado, porque tú solo podías darme un triste desengaño?

¿Por qué, sin buscar alivio a mi dolor y a mi llanto, fijo en tí mi pensamiento, de tí no quiero apartarlo?

¿No hay, acaso, otras mujeres ni otros amores, acaso, ni otras beldades que amantes me reciban en sus brazos?

¿Acaso en tí solamente Natura ha depositado la esbeltez y la hermosura y los mayores encantos?

¿Eres tú, acaso, la sola en cuyos ojos rasgados hay miradas que fascinan cuando miran con agrado?

Acaso, dí, vida mía, otras no habrá que, escuchando mis tiernísimos requiebros o mis amorosos cánticos, con sonrisas y miradas me den de mi amor el pago...? ¡Muchas habrá! ¿quién lo duda? Habrá dos, y tres, y cuatro que a mis ayes y lamentos respondan con dulce halago; pero ninguna, ninguna, viéndome sufrir callando, llorará como tú lloras, con un lloro tan amargo. Tú, en cambio, mi bien, lloraste y lloraste tanto y tanto, que nunca será posible que yo consiga olvidarlo. Por eso, luz de mis ojos, sólo a tí te adoro y amo; por eso los ayes míos a tí sola los consagro; y aunque solamente quieras darme un triste desengaño, tus lágrimas lo han querido: ¡yo siempre seré tu esclavo!

A SALVADOR RUEDA

Mientras ruge el fragor de los cañones y retiembla la tierra con pavura, y encaramado en la nubosa altura escudriña el avión los batallones;

mientras de Marte bélicas canciones el pecho llenan de feroz bravura, tornando en lobo al hombre en la espesura y en rayo el galopar de los bridones,

sobre el lomo rizado de las olas que hendieron las valientes carabelas venidas de las playas españolas,

llegas, del Arte envuelto entre las galas, tendiendo al aire tus gallardas velas, como un cisne cantor de blancas alas.

Octubre, 1915.

Teotico (José R.)

Natural de la isla de Luzón, tal vez manileño. Cursó la segunda enseñanza en el Ateneo de los jesuitas. Dirigió "La Vanguardia". Luego fué redactor del diario nacionalista "El Ideal", que ya no se publica.

LA DALAGA DE MI TIERRA (FRAGMENTO)

Es dulce como el arpegio de una cítara pagana; es suave como el aroma de un jardín cuando florece, ténue y leve cual la brisa que murmura en la mañana y diciendo sus murmurios nos seduce y enloquece.

Con sus mimos y caricias los pesares adormece cual la música hechizante de una flauta virgiliana, y en sus mágicos encantos de beldad ultramundana, el consuelo apetecido halla el alma que padece.

En la esencia de su todo--que es esencia de lirismo-- que convergen hacia un foco por la acción de los espejos envolviendo pudorosa sus encantos tropicales,

cual si fueran de una flama los lumínicos reflejos, que convergen hacia un foco por la acción de los espejos convergen los más hermosos, los más santos ideales.

Es tímida y es ingénua, sincera en sus sentimientos y sabe cubrir de rosas celestes nuestros caminos cuando se apaga, entre el lloro de los ojos macilentos y gritos de horror, la estrella de nuestros pobres destinos.

Es sencilla, cual la flora de los bosques filipinos donde aletea el suspiro perfumado de los vientos: tiene un alma grande y noble y en sus labios purpurinos van a morir dulcemente nuestros hondos sufrimientos.

Tiene el eco sollozante de las notas del _kundiman_, tiene el ritmo alado y suave de los vates cuando riman las estrofas de un poema con palabras de ilusión;

Y sus ojos, que parecen dos sagitarios brillantes, nos arrojan por el arco de sus párpados soñantes flechas de amor que se clavan, temblando, en el corazón...

Figulina delicada, no es frívola ni es coqueta, sino hermana cariñosa de su ardiente fantasía; es mística, cual lo son los ensueños de un poeta que se agrandan como el vuelo de melódica armonía.

Es un ángel del hogar, que sabiamente interpreta en su modo de pensar la vital filosofía, y en su modo de sentir el suspiro de Julieta, el gemido de Desdémona y el delirio de Lucía.

Ama su honra más que el brillo del oro resplandeciente, porque su honra constituye el tesoro solamente de su vida tan serena cual la hora matutina;

y si el amor que fué suyo asesina su esperanza, se revuelve brava y fuerte como en busca de venganza y sabe morir y muere por la quimera divina...

¿Es hermosa? Sí; es hermosa. Al mirar su tez morena, siento la embriaguez sagrada que produce la ternura, y en mi deliquio la veo como lánguida sirena cuando en la paz de los mares tristes canciones murmura.

En ella vive la raza, y su lírica figura a las hadas rememora, cuando en la noche serena aparecen con sus clámides rutilantes de hermosura bajo los besos de amor y paz de la luna llena.

En la magia de su rostro--que es poético y sencillo-- se conserva la dulzura de la Virgen de Murillo, una bruma de delirio y una sensación de seda.

Y en su alma suprasensible, de romántica señora, como en un cofre de encanto ella guarda y atesora, la pasión de aquella "Elvira", de los versos de Espronceda...

TRILOGIA IDEOLOGICA

PESIMISMO

Vivir es condenarse a eterno sufrimiento, llorar continuamente sin encontrar consuelo, buscar con ansia loca el goce de un momento teniendo el alma llena de amargo desconsuelo.

Rimar todo un poema entero de dolores, cruzar todo un sendero sembrado de amarguras, y, entre penas y llantos y amargos sinsabores, gustar de un trago toda la hiel de las torturas.

Y si el vivir es sólo sinónimo de pena, ¿por qué nos crió el hado y luego nos condena a una existencia triste, penosa y dolorida?

¿Es que tal vez el hombre no es digno de otra suerte Y así es que tiene siempre el dolor y la muerte por los únicos polos del eje de su vida?

MATERIALISMO

¿El hombre es un conjunto de espíritu y materia? ¡Combinación que pasma! ¡Dualismo que contrasta! Para explicar la vida con toda su miseria, el espíritu sobra, pues la materia basta.

La vida es el producto de todas las funciones de la materia sola. El alma es la quimera, que vive entre las nubes y se harta de ilusiones hasta que se disuelve en la hora postrimera.

En vano me resisto a toda esta evidencia. El espíritu es nada, la materia es potencia que sostiene y engendra las funciones vitales.

Al hombre, por lo tanto, le basta la materia para explicar la vida con toda su miseria, con todos sus quebrantos y con todos sus males.

ESCEPTICISMO

Yo fuí en un tiempo ido fanático creyente que sólo profesaba católica doctrina, teniendo como norma la ley omnipotente, teniendo como pauta la voluntad divina.

Después, el golpe rudo de un brusco desengaño mostróme cuán amarga es la verdad desnuda, y uniendo con lo cierto el dolo de un engaño plasmé nuevas ideas, y germinó la duda.

Entonces dudé siempre de todo cuanto existe, y dudo todavía de lo que hasta hoy persiste, de lo veraz, incluso de lo que palpo y toco.

Y tanto ya he dudado, que a concebir no alcanzo si en el mar de la vida, con mi bajel avanzo como un hombre juicioso o como un hombre loco.

MEDITACION (FRAGMENTO)

.................................................. Media la noche. Hasta el mundo me parece que dormida. Columpiado por los brazos de Dios mismo, blandamente, sólo en vela me mantengo. Una amarga y honda cuita me carcome el alma toda, lentamente... lentamente. Calma intensa. Nada turba el descanso de la noche más que el rápido descenso del insólito aguacero, el monótono chirrido de las ruedas de algun coche que resbala quietamente sobre el barro del sendero, el crujir de las persianas azotadas por el viento, la canturria discordante de los hierros del tejado (donde cuando el sol los días alegraba, como un cuento, las parleras avecillas sus nidales han labrado), y el suspiro que flotando en los aires va cautivo inspirado por la pena que en secreto me acongoja el suspiro que se escapa en un vuelo fugitivo de mis labios, por mi ensueño que en sollozos se deshoja.

La luz tiembla, porque siente el martirio de los vientos, que irrumpieron desde fuera en la calma de mi estancia, a encerrarse prisioneros en elásticos fragmentos y perderse, en un bostezo, vagamente, en la distancia. Parpadea la luz trémula. Y de súbito se apaga, entre espasmos convulsivos de un cuerpo que lento muere. Sigue el viento en mi aposento que de negruras se embriaga, mascullando monofónico un extraño _Miserere_.

Torres (Ramón J.)

Bisayo. Fundador y codirector, ahora, con Francisco Varona, del diario "El Debate". Destaca como soberano prosista y escritor político. Ha escrito algo para el teatro.

ALMA MATER

(CON OCASIÓN DEL TRICENTENARIO DE LA PONTIFICIA UNIVERSIDAD DE MANILA)

"Si después de tres siglos y medio el escultor no ha podido sacar más que una caricatura, ¡bien torpe debe de ser!... O bien, mala la masa de que se sirve..." RIZAL.

I

Generación que naces poseída de nuevos entusiasmos y virtudes, y en el contacto de la nueva vida tus energías vírgenes sacudes; Viril generación, tú, que te empinas sobre el nivel de las doradas cuestas, y abriendo en cruz los redentores brazos, en un raudal de luces iluminas el éxito de tus pasadas gestas y el porvenir de los presentes lazos; depón el ceño, olvida los prejuicios de los antiguos días en que vives, ¡oh, tú, generación que te apercibes, una salmodia fraternal levanta, para más generosos sacrificios! y en medio de esta fatigosa fiebre un tierno epitalamio, que celebre la institución real y pontificia de esta Universidad tres veces santa, tres veces secular.

Alzarlo en coro vosotros primogénitos benditos de la progénie patria, ilustres sabios, honor y prez del nacional decoro, que recibísteis con los mismos ritos la sal de la sapiencia en vuestros labios, y en comunión los unos con los otros brote del seno del filial linaje el cántico, que en labios de vosotros sea como un legítimo homenaje a la madre común.

Matrona egregia, gloria viviente del amor hispano, que ciñe al par una corona regia y una señal del símbolo cristiano; Madre de razas parias, que dió el pecho a un pobre niño, abandonado y magro, y le infundió en un soplo de milagro la vida de los pueblos: el Derecho.

¡Almas tenaces, respetad siquiera el noble gozo de esta madre anciana cuya misión de paz la venidera posteridad vendrá a juzgar mañana!

En la tardía anunciación del verbo, que gestó en sus entrañas redentoras, sintió la madre aquel afán acerbo, que, sin que ya su corazón taladre, fué sólo las angustias precursoras de la mujer que pronto iba a ser madre! y madre fué; y el hijo que nacía, como bautismo recibió en la frente el ósculo de luz del nuevo día, que ya apuntaba en el extremo Oriente.

Pero la humanidad no sólo tiene la vida material; tiene en el pecho arraigada la cepa más perenne de otra vida; la vida del Derecho. De ahí esa benemérita milicia de paladines que en tranquila guerra luchan para afirmar sobre la tierra el reinado final de la Justicia!

Discípulos de Hipócrates, juristas, ministros del altar, notables hombres legaron de la patria las conquistas de su saber y sus preclaros nombres.

II

Madre y maestra de las almas, digna del nombre singular de Benavides[39], en cuyas nobles y proficuas lides fué siempre la verdad una consigna, en nombre de sus cánones severos, luchó con entereza por los fueros de la verdad.

[Nota 39: Don Fray Miguel de Benavides, primer Obispo de Nueva Segovia y luego metropolitano de Manila (1540-1605). Fundó la provincia dominicana del Santísimo Rosario de Filipinas y al Colegio de Santo Tomás base de la futura Universidad. Su estatua se levantó frente a ésta.]

¡Y la verdad, lo mismo que Dios, que impone su invariable ruta, tendió al justificado despotismo de ser verdad, que es una y absoluta!

Verdad sencilla y múltiple: compendio de las eternas ánsias de las gentes: universal y silencioso incendio, que baja sobre todas las conciencias para encender en las insignes frentes la llama inextinguible de las ciencias!

La llama ardió. Su luz, que fué de aurora, que se abriese en el cielo de verano, llenó el hogar, como una salvadora consagración del pensamiento humano;

Y aparecieron hombres celebrados de ciencia y de virtud, sobresalientes en todos los eternos postulados de la moderna ciencia. Almas creyentes que se iniciaron en los santos ritos y con la fé que la visión expande, supieron los arcanos infinitos de la divinidad tres veces grande!

¡Oh virtud de la fé! La ciencia incrédula también tiene su fé, la fé potente del microscopio. Insignes compatriotas violaron los secretos de la célula por el milagro insigne de la lente; e hicieron con los mudos caracteres de la materia, en concentradas gotas, la esencia de la vida de los seres.

Otros buscaron en el cuerpo inerte la causa eterna del dolor humano, y con el bisturí sobre la herida arrebatar supieron de la muerte, vibrándolas en triunfo entre la mano, las palmas victoriosas de la Vida...!

III

Pronto anidaron en aquellas almas, presas bajo inquietas pesadumbres, anhelos como antojos iniciales; pronto gimieron las nativas palmas al soplo que traía de las cumbres el polen de fecundos ideales.

Pronto la hoz del nuevo pensamiento, a golpes de cerebro hacía mella en la raíz de instituciones rancias; y pronto sucedió el derrumbamiento al tajo vengador de la centella, que incubaron las mismas circunstancias.

En medio de los rudos episodios del despertar de aquellas multitudes vieron pasar las familiares glebas, sobre el torrente de encontrados odios, la racha formidable de virtudes, la tempestad de las ideas nuevas.

Y sobre el mar del popular tumulto, en la corriente de furor insano, como reliquia de inviolable culto, flotaba el arca del saber humano.

Fué menester el trasponer la orilla de aquella charca de corrupto lodo, aniquilar y abandonarlo todo, tener las manos limpias de mancilla y no lavarse nada en la conciencia sino el tesoro santo de la ciencia.

Tres siglos han pasado. ¡Tres centurias que desataron las tremendas furias de condensadas iras en sufragio del alma popular! Viejos prestigios cayeron con los últimos vestigios después de aquel providencial naufragio.

Y dijo entonces Dios: "Pondré en la altura mi arco en señal de la perpetua alianza entre vosotros". Y brilló en los cielos el signo de los tiempos que inaugura la era anunciada de la nueva gracia; arco de triunfo bajo el cual avanza la humanidad con todos sus anhelos; el gran iris social: la democracia! Iris de nuestras épocas triunfales, nuncio de un bello porvenir, que arranca de su fecundo seno hecho de amores la plenitud de todos los ideales, como se funde en una luz--la blanca-- la hermosa variedad de los colores.

Tres siglos han pasado. Espesa hiedra veo cubrir el cúmulo de escombros que han apilado los pasados años; y veo levantar la enorme piedra del porvenir los esforzados hombros llenos de fé, de propios y de extraños.

Hacínense a la luz de los crepúsculos y excítelos el nervio de mis versos, como en un haz de contraídos músculos, esos sumandos de vigor dispersos: que antes que nuestra fuerza, que hoy se agosta, en mútuas desconfianzas se consuma, la patria necesita, a toda costa, fundar el porvenir sobre la suma de todos los esfuerzos.

Escarbemos la tierra inculta como unidos potros, y bienvenidos sean los supremos y francos sacrificios de los otros: porque en el campo inmenso de la Historia y en la vasta expansión de sus periodos hay tiempo y hay lugar para la gloria, para la gloria, por igual, de todos.

IV

Y tú, hijo y sucesor de Benavides, llegado en pleno siglo iconoclasta, que participas como el viejo Alcides de la verdad de tu divina casta: Sigue esparciendo con la ungida diestra las luminosas gracias de tus cruces, y en el único ideal que el pueblo abraza por obra y gracia de la ciencia vuestra, se hará, al amor de redentoras luces, la transfiguración de nuestra raza.

Entonces, de la cúspide mas alta de los grandes ensueños que acaricia la juventud, que tu labor exalta, habrá de bendecirte... Y si hace falta la misma humanidad te hará justicia.

Diciembre, 1911.

Valdés Pica (Alejo)

