Parnaso Filipino Antología de Poetas del Archipelago Magellanico
Part 11
Sonrióme la amada, la esquiva, la imposesa, la que vió nuestro idilio bajo el frescor amable de un emparrado lírico; la que encantó mi celda cuando escribí el elogio de tus labios divinos en unos versos tristes que sabían a lágrimas; la que besó tu frente en el blanco camino de la silente aldea, cuando ibas a jurarme la eternidad sublime de tu santo cariño. Sonrióme la amada, y floreció en el alma la ilusión que se ha ido, y tuve sueños plácidos de corderos que triscan camino del aprisco, de soles que agonizan tras montañas azules, de cristalinos ríos que arrastran hojas secas sobre sus ondas suaves como bucles de niño. Fué en una noche blanca en que las susurrantes melodías del viento eran largos suspiros; fué una noche en que mi alma, recostada en tu seno, admiraba tus formas con mágico delirio; fué en una hora romántica en que el cielo del trópico era un arpa encantada, cuyos lejanos cirios alumbraban unánimes tu efigie soberana de mayestático ídolo.
Yo pregunté a la luna por los labios febriles de aquella dulce impúber, santuario del cariño, por sus mágicos ojos, que cuando me miraban eran caricias y mimos; por su boca melosa que en mis largas veladas se posaba en mi frente a calmar mi martirio.
Me contestó la esquiva amada de los vates que tú vives muy lejos, que fué tu amor un mito, que en tu corazón tierno ha muerto aquel cariño que hizo feliz un día a tu caro poeta y dió a sus locos versos un eternal prestigio.
1915.
LA CHOZA DE NIPA
Venid a mi alcázar, la frágil cabaña que se esconde tímida bajo un platanar. Entrad con cuidado: es de nipa y de caña y puede romperla un brusco ademán.
Soy el cenobita de estas soledades; me hacen compañía las aves, el sol, la brisa campestre llena de bondades y el recuerdo de una difunta ilusión.
Al caer la tarde, por este camino a quien fresca sombra los árboles dan, pasa con sus dichas el buen campesino montado en el lomo de su carabao[37].
[Nota 37: Rumiante, corpulento y vigoroso, utilizado como bestia de tiro.]
Su canción monótona, dulce, evocadora, flota en el crepúsculo bañado de azúl, parece que ríe, parece que llora, como una quimera de la juventud.
A veces la noche, como novia loca, me sorprende triste en el tosco umbral, pensando en aquella muy amada boca que me brindó un día venturanza y paz.
Cuando es plenilunio, entro en el boscaje, de ensueños poblada la imaginación, y bajo la sombra del tibio follaje me siento muy niño, más cerca de Dios.
Es la confidente de mis hondas cuitas la luna que argenta mi amado jardín, y me habla de aquellas prestigiosas citas que tuve con ella en un mes de Abril.
Los recios flabelos de los cocoteros meciendo mi sueño, cantan sin cesar. Los "nunus" del bosque me dicen sinceros que soy muy dichoso en mi soledad.
Huyo del tumulto de la vida urbana, la fiebre del oro, la fraterna lid; la ciudad es fosa de la gleba humana, de los hombres-fieras madriguera vil.
Entrad en mi humilde y frágil cabaña que se esconde tímida bajo un platanar. Mi choza de nipa, mi choza de caña os dará un tesoro: el alma natal.
1915.
Rizal y Alonso (José)
Nació en Calamba (provincia de la Laguna), el 19 de Junio de 1861, hijo de Francisco Rizal y Mercado y de Alejandra Alonso y Quintos, labradores acomodados. En el Ateneo de los jesuitas se graduó de bachiller, algo después de estrenar en el teatrito del colegio su melodrama "Junto al Pasig". Frisaba entonces con los 14 años. Viniendo a España en 1882, a los dos años ganó los títulos de Doctor en Medicina y Licenciado en Filosofía y Letras, y se trasladó a Francia, Alemania y Austria para ampliar en aquellas clínicas sus estudios. Morando en Gante (Bélgica), publicó (año de 1887) su novela _Noli me tangere_. Tornó a su país en 1888; pero, hostigado por autoridades y frailes, se retiró al Japón y más tarde a Inglaterra y España. En esta etapa publicó _El Filibusterismo_, segunda parte de _Noli me tangere_. De nuevo en Filipinas hacia 1892, como peligroso a la soberanía, el capitán general Despujols le deportó a la isla de Dapitan. En 1896, al estallar el movimiento emancipador, Rizal fué desterrado a España; pero, sin consentirle desembarcar en Barcelona, el mismo buque le reintegró a la capital del Archipiélago. Gobernaba las islas el general Polavieja. Bajo tales auspicios se formó a Rizal un consejo de Guerra que decretó su fusilamiento, realizándose éste en la mañana del 30 de Diciembre de 1896.--Fué José Rizal el tagalo con más amplia cultura entre sus contemporáneos. Estudiosísimo, austero, con generoso espíritu de sacrificio, de concentradas energías, ofreció el tipo del revolucionario clásico. Brilló como oftalmólogo. Le embargó el Arte, siendo poeta, músico, pintor y dibujante. Poseyó, además de varios dialectos vernáculos, el castellano, latín, francés, italiano, inglés, holandés, alemán, japonés y ruso. Tradujo del griego, árabe, hebreo y sánskrito.
MI PRIMERA INSPIRACIÓN
(HE AQUÍ LA COMPOSICIÓN PRIMERIZA. SEGÚN SOLEDAD RIZAL, LA ESCRIBIÓ SU HERMANO A LOS NUEVE AÑOS)
¿Porque exhalan a porfía del cáliz dulces olores las embalsamadas flores en este festivo día?
¿Y porqué, en la selva amena, se oye dulce melodía, que asemeja la armonía en la arpada filomena?
¿Porqué en la mullida grama las aves, al son del viento, exhalan meloso acento y saltan de rama en rama,
y la fuente cristalina, formando dulce murmullo, del céfiro al suave arrullo entre las flores camina?
Es que hoy celebran tu día ¡oh, mi madre cariñosa! con su perfume la rosa y el ave con su armonía.
Y la fuente rumorosa, en este día felice, con su murmullo te dice que vivas siempre gozosa.
Y, de esa fuente al rumor, oye la primera nota, que ahora de mi laud brota al impulso de mi amor.
A LA JUVENTUD FILIPINA
(PRIMER PREMIO, UNA PLUMA DE PLATA, EN CERTAMEN DEL "LICEO ARTÍSTICO-LITERARIO" DE MANILA, 1879)
¡Alza tu tersa frente, juventud filipina, en este día! ¡Luce resplandeciente tu rica gallardía, bella esperanza de la patria mía!
Vuela, genio grandioso, y les infunde noble pensamiento, que lance vigoroso, más rápido que el viento, su mente virgen al glorioso asiento.
Baja, con la luz grata de las artes y ciencias, a la arena, juventud, y desata la pesada cadena que tu genio poético encadena.
Ve que en la ardiente zona do moraron las sombras, el hispano esplendente corona, con pía y sabia mano, ofrece al hijo de este suelo indiano.
Tú, que buscando subes, en alas de tu rica fantasía, del Olimpo en las nubes tiernísima Poesía, más sabrosa que néctar y ambrosía.
Tú, de celeste acento, melodioso rival de filomena, que en variado concento en la noche serena disipas del mortal la amarga pena;
Tú, que la pena dura animas al impulso de tu mente, y la memoria pura del genio refulgente eternizas, con genio prepotente;
Y tú, que el vario encanto de Febo, amado del divino Apeles, y de Natura el manto, con mágicos pinceles trasladar al sencillo lienzo sueles;
¡Corred! que sacra llama del genio el lauro coronar espera, esparciendo la Fama con trompa pregonera el nombre del mortal por la ancha esfera.
¡Día, día felice, Filipinas gentil, para tu suelo! Al Potente bendice, que con amante anhelo la ventura te envía y el consuelo.
¡ME PIDEN VERSOS!
I
Piden que pulse la lira há tiempo callada y rota: ¡Si ya no arranco una nota ni mi musa ya me inspira! Balbuce fría y delira si la tortura mi mente; cuando ríe, sólo miente, como miente su lamento. Y es que en mi triste aislamiento mi alma ni goza ni siente.
II
Hubo un tiempo... ¡y es verdad!... --Pero ya aquel tiempo huyó,-- en que vate me llamó la indulgencia o la amistad. Ahora, de aquella edad el recuerdo apenas resta, como quedan de una fiesta los misteriosos sonidos que retienen los oídos del bullicio de la orquesta.
III
Soy planta, apenas crecida, arrancada del Oriente, donde es perfume el ambiente, donde es un sueño la vida: ¡Patria que jamás se olvida! Enseñáronme a cantar las aves, con su trinar, con su rumor, las cascadas; y en sus playas dilatadas, los murmullos de la mar.
IV
Mientras en la infancia mía pude a tu sol sonreír, dentro de mi pecho hervir volcán de fuego sentía; vate fuí, porque quería con mis versos, con mi aliento, decir al rápido viento: "¡Vuela; su fama pregona! ¡Cántala de zona en zona; de la tierra al firmamento!"
V
¡La dejé...! Mis patrios lares, ¡Arbol deshojado y seco! ya no repiten el eco de mis pasados cantares. Yo crucé los vastos mares ansiando cambiar de suerte, y mi locura no advierte que, en vez del bien que buscaba, el mar conmigo surcaba el espectro de la muerte.
VI
Toda mi hermosa ilusión, amor, entusiasmo, anhelo, allá quedan bajo el cielo de tan florida región. No pidáis al corazón cantos de amor, que está yerto; porque en medio del desierto donde discurro sin calma, siento que agoniza el alma y mi númen está muerto.
Madrid, 1882.
EL CANTO DE MARÍA CLARA
¡Dulces las horas en la propia patria donde es amigo cuanto alumbra el sol, vida es la brisa que en sus campos vuela, grata la muerte y más tierno amor!
Ardientes besos en los labios juegan, de una madre en el seno al despertar, buscan los brazos a ceñir el cuello, y los ojos sonríense al mirar.
Dulce es la muerte por la propia patria donde es amigo cuanto alumbra el sol; muerte es la brisa para quien no tiene una patria, una madre y un amor.
MI RETIRO
Cabe anchurosa playa de fina y suave arena, y al pié de una montaña cubierta de verdor, planté mi choza humilde bajo arboleda amena, buscando de los bosques en la quietud serena reposo a mi cerebro, silencio a mi dolor.
Su techo es frágil nipa, su suelo débil caña, sus vigas y columnas maderas sin labrar: nada vale, por cierto, mi rústica cabaña; más duerme en el regazo de la eterna montaña, y la canta y la arrulla, noche y día, el mar.
Un afluente arroyuelo, que de la selva umbría desciende entre peñascos, la baña con amor; y un chorro le regaba por tosca cañería, que en la callada noche es canto y melodía y néctar cristalino del día en el calor.
Si el cielo está sereno, mansa corre la fuente, su cítara invisible tañendo sin cesar; pero vienen las lluvias, e impetuoso torrente peñas y abismos salta, ronco, espumante, hirviente, y se arroja, rugiendo frenético, hacia el mar.
Del perro los ladridos, de las aves el trino, del calao la voz ronca sólo se oyen allí; no hay hombre vanidoso ni importuno vecino que se imponga a mi mente, ni estorbe mi camino; sólo tengo las selvas y el mar cerca de mí.
¡El mar, el mar es todo! Su masa soberana los átomos me trae de mundos que lejos son; me alienta su sonrisa de límpida mañana, y cuando por la tarde mi fé resulta vana encuentra en sus tristezas un eco el corazón.
¡De noche es un arcano...! Su diáfano elemento se cubre de millares refulgencias de luz; la brisa vaga fresca, reluce el firmamento, las olas en suspiros cuentan al manso viento historias que se pierden del tiempo en el capúz.
Diz que narran del mundo la primera alborada, del sol el primer beso que su seno encendió, cuando miles de seres surgieron de la nada, y el abismo poblaron y la cima encumbrada y doquiera su beso fecundante estampó.
Más, cuando en noche obscura los vientos enfurecen y las inquietas olas comiénzanse a agitar, cruzan el aire gritos que el ánimo estremecen coros, voces que rezan, lamentos que parecen exhalar los que un tiempo se hundieron en el mar.
Entonces repercuten los montes en la altura, los árboles se agitan de confín a confín; aullan los ganados, retumba la espesura, sus espíritus dicen que van a la llanura llamados por los muertos a fúnebre festín.
Silba, silba la noche, confusa, aterradora; verdes, azules llamas en el mar vénse arder; mas la calma renace con la próxima aurora, y pronto una atrevida barquilla pescadora las fatigadas olas comienza a recorrer.
Así pasan los días en mi obscuro retiro, desterrado del mundo donde un tiempo viví; de mi rara fortuna la providencia admiro: ¡guijarro abandonado que al musgo sólo aspiro para ocultar a todos el mundo que hay en mí!
Vivo con los recuerdos de los que yo he amado, y oigo de vez en cuando sus nombres pronunciar: unos están ya muertos, otros me han abandonado; más ¿qué importa...? Yo vivo pensando en lo pasado y lo pasado nadie me puede arrebatar.
El es mi fiel amigo que nunca me desdora, que siempre alienta al alma cuando triste la vé; que en mis noches de insomnio conmigo vela y ora; conmigo en mi destierro y en mi cabaña mora, y cuando todos dudan sólo él me infunde fé.
Yo la tengo, y yo espero que ha de brillar un día en que venza la idea a la fuerza brutal; que después de la lucha y la lenta agonía, otra voz más sonora y más felíz que la mía sabrá cantar entonces el cántico triunfal.
Veo brillar el cielo tan puro y refulgente como cuando forjaba mi primera ilusión, el mismo soplo siento besar mi mustia frente, el mismo que encendía mi entusiasmo ferviente y hacía hervir la sangre del joven corazón.
Yo respiro la brisa que acaso haya pasado por los campos y ríos de mi pueblo natal; ¡acaso me devuelva lo que antes le he confiado: los besos y suspiros de un ser idolatrado, las dulces confidencias de un amor virginal!
Al ver la misma luna, cual antes argentada, la antigua melancolía siento en mí renacer; despiertan mil recuerdos de amor y fé jurada... Un patio, una azotea, la playa, una enramada, silencios y suspiros, rubores de placer...
Mariposa sedienta de luz y de colores, soñando en otros cielos y en más vasto pensil, dejé, joven apenas, mi patria y mis amores, y errante por doquiera, sin dudas, sin temores, gasté en tierras extrañas de mi vida el abril.
Y después, cuando quise, golondrina cansada, al nido de mis padres y de mi amor volver, rugió fiera de pronto violenta turbonada: vénse rotas mis alas, deshecha la morada, la fé vendida a otros y ruinas por doquier.
Lanzado a una peña de la patria que adoro, el porvenir destruído, sin hogar, sin salud, venís a mí de nuevo, sueños de rosa y oro, de toda mi existencia el único tesoro, creencias de una sana, sincera juventud.
Ya no sois como antes, llenas de fuego y vida, brindando mil coronas a la inmortalidad; algo serias os hallo; más vuestra faz querida si ya no es tan ingenua, si está descolorida, en cambio lleva el sello de la fidelidad.
Me ofrecéis, ¡oh ilusiones! la copa del consuelo, y mis jóvenes años a despertar venís: gracias a tí, tormenta; gracias, vientos del cielo, que a buena hora supísteis cortar mi incierto vuelo, para abatirme al suelo de mi natal país.
Cabe anchurosa playa de fina y suave arena y al pié de una montaña cubierta de verdor, hallé en mi patria asilo bajo arboleda amena, y en sus umbrosos bosques, tranquilidad serena, reposo a mi cerebro, silencio a mi dolor.
(Durante el destierro en la isla de Dapitan).
CANTO DEL VIAJERO
Hoja seca que vuela indecisa y arrebata violento turbión, así vive en la tierra el viajero, sin norte, sin alma, sin patria ni amor.
Busca ansioso doquiera la dicha, y la dicha se aleja fugaz: ¡Vana sombra que burla su anhelo...! ¡Por ella el viajero se lanza a la mar!
Impelido por mano invisible vagará de confín en confín; los recuerdos le harán compañía de seres queridos, de un día feliz.
Una tumba quizá en el desierto hallará, dulce asilo de paz, de su patria y del mundo olvidado... ¡Descanse tranquilo, tras tanto penar!
Y le envidian al triste viajero cuando cruza la tierra veloz... ¡Ay! ¡no saben que dentro del alma existe un vacío do falta el amor!
Volverá el peregrino a su patria, y a sus lares tal vez volverá, y hallará por doquier nieve y ruina, amores perdidos, sepulcros, no más.
Vé, viajero, prosigue tu senda, extranjero en tu propio país; deja a otros que canten amores; los otros que gocen; tú vuelve a partir.
Vé, viajero, no vuelvas el rostro, que no hay llanto que siga al adiós; vé, viajero, y ahoga tus penas; que el mundo se burla de ajeno dolor.
A MI...
Ya no se invoca la musa; pasó de moda la lira; ya ningún poeta la usa... Aún la juventud ilusa en otras cosas se inspira.
Hoy, si a la imaginación le exijen que versos dé, no se invoca al Helicón: sólo se pide al _garçon_ una taza de café.
Y, en vez del estro sincero que al corazón conmovía, se escribe una poesía con una pluma de acero, un chiste y una ironía.
Musa que en mi edad pasada me inspiraste cariñosa cantos de amor, ve y reposa. Hoy necesito una espada, ríos de oro y acre prosa.
Necesito razonar, meditar y combatir; algunas veces llorar, pues quién mucho quiere amar mucho tiene que sufrir.
Huyeron los días de calma, días de alegres amores, en que bastaban las flores para consolar al alma de sus penas y dolores.
Van huyendo, poco a poco, cuantos amé, de mi lado; aquél muerto, éste casado, porque sella cuanto toco con la desventura el hado.
¡Huye también, musa! ¡Vete! Busca otra región más pura; que mi patria te promete por laureles el grillete por templo cárcel obscura.
Que si es infame e impío oprimir a la verdad, ¿No fuera en mí desvarío detenerte al lado mío privada de libertad?
Y ¿a qué cantar, cuando llama a serio estudio el Destino, cuando la tempestad brama, cuando a sus hijos reclama ronco el pueblo filipino?
¿Y a qué cantar, si mi canto ha de resonar a llanto que a nadie conmoverá? ¿Si del ajeno quebranto el mundo cansado está?
¿A qué, cuando entre el gentío que me critica y maltrata, seca el alma, el labio frío, no hay un corazón que lata con los latidos del mío?
Deja dormir en la sima del olvido cuanto siento. ¡Bien está allí! Que el aliento no lo mezcle con la rima que se evapora en el viento.
Como duermen de los mares los monstruos en el abismo deja dormir mis pesares, mis caprichos, mis cantares, sepultados en mí mismo.
Yo bien sé que tus favores sólo puedes prodigar en esa edad de las flores, de los primeros amores sin nubes y sin pesar.
Muchos años han pasado desde que con beso ardiente has abrasado mi frente... Aquel beso se ha enfriado y hasta lo tengo olvidado.
Mas, antes que partas, dí, dí que a tu acento sublime siempre ha respondido en mí un canto para el que gime y un reto para el que oprime.
Mas tú vendrás inspiración sagrada, de nuevo a caldear mi fantasía cuando mustia la fé, rota la espada, morir no pueda por la patria mía...
Tú me darás la cítara enlutada con las cuerdas que vibran la elegía, para endulzar de mi nación las penas y el ruído amortiguar de sus cadenas.
Y si el tiempo con el laurel corona nuestros esfuerzos, y mi patria amada surge cual reina de la ardiente zona, blanca perla del fango, redimida, entonces vuelve y con vigor entona el himno sacro de la nueva vida, que nosotros el coro cantaremos aún cuando en el sepulcro descansemos.
A LAS FLORES DE HEIDELBERG
¡Id a mi patria, id extranjeras flores sembradas del viajero en el camino, y bajo su azul cielo, que guarda mis amores, contad del peregrino la fé que alienta por su patrio suelo!
Id y decid...; decid que cuando el alba vuestro cáliz abrió por vez primera, cabe el Neckar helado, le vísteis silencioso a vuestro lado pensando en su constante primavera.
Decid que cuando el alba, que roba vuestro aroma, cantos de amor jugando os susurraba, él también murmuraba cantos de amor en su natal idioma; que cuando el sol la cumbre del Koenigsthul en la mañana dora y con su tibia lumbre anima el valle, el bosque y la espesura, saluda en ese sol, aún en su aurora, al que en su patria en su cenit fulgura.
Y contad aquel día cuando os cojía al borde del sendero, entre las ruinas del feudal castillo orilla al Neckar o en la selva umbría. Contad lo que os decía, cuando, con gran cuidado, entre las páginas de un libro usado vuestras flexibles hojas oprimía.
Llevad, llevad ¡oh flores! amor a mis amores paz a mi país y a su fecunda tierra, fé a sus hombres, virtud a sus mujeres, salud a dulces seres que el paternal sagrado hogar encierra...
Cuando toquéis la playa, el beso que os imprimo depositadlo en alas de la brisa, porque con ella vaya, y bese cuando adoro, amo y estimo.
Mas ¡ay! llegaréis, flores, conservaréis, quizás, vuestros colores; pero lejos del patrio, heroico suelo, a quién debeis la vida perderéis los olores;
que aroma es alma, y no abandona el cielo cuya luz viera en su nacer, ni olvida.
Heidelberg, Abril 1896.
ULTIMO ADIOS
(ES LA POESÍA MÁS HERMOSA Y POPULARIZADA DE JOSÉ RIZAL. LA ESCRIBIÓ EN LA REAL FUERZA DE SANTIAGO DE MANILA, DONDE SE HALLABA PRISIONERO, POCAS HORAS ANTES DE SU FUSILAMIENTO.)
¡Adiós, patria adorada, región del sol querida, perla del mar de Oriente, nuestro perdido edén! a darte voy alegre, la triste mustia vida: si fuera más brillante, más fresca, más florida, también por tí la diera, la diera por tu bien.
En campos de batalla, luchando con delirio, otros te dan sus vidas, sin dudas, sin pesar. El sitio nada importa: ciprés, laurel o lirio, cadalso o campo abierto, combate o cruel martirio, lo mismo es, si lo piden la patria y el hogar.
Yo muero cuando veo que el cielo se colora y al fin anuncia el día tras lóbrego capúz: si granas necesitas para teñir tu aurora, ¡vierte la sangre mía, derrámala en buena hora, y dórela un reflejo de su naciente luz!
Mis sueños cuando apenas niño o adolescente, mis sueños cuando joven, ya lleno de vigor, fueron el verte un día, ¡joya del mar de Oriente! secos los ojos negros, alta la tersa frente, sin ceño, sin arrugas, sin manchas de rubor.
Ensueño de mi vida, mi ardiente vivo anhelo, ¡salud! te grita el alma que pronto va a partir. ¡Salud...! ¡Oh, que es hermoso caer por darte vuelo, morir por darte vida, morir bajo tu cielo, y en tu encantada tierra la eternidad dormir.
Si sobre mi sepulcro vieres brotar un día, entre la espesa yerba, sencilla humilde flor, acércala a tus labios y bésa el alma mía, y sienta yo en mi frente, bajo la tumba fría, de tu ternura el soplo, de tu hálito el calor.
Deja a la luna verme con luz tranquila y suave, deja que el alba envíe su resplandor fugaz, deja gemir al viento con su murmullo grave; y si desciende y posa sobre mi cruz un ave, deja que el ave entone su cántico de paz.
Deja que el sol ardiendo las lluvias evapore, y al cielo tornen puras con mi clamor en pos; deja que un ser amigo mi fin temprano llore, y en las serenas tardes, cuando por mí alguien ore, ora también, ¡oh patria! por mi descanso a Dios.
Ora por todos cuantos murieron sin ventura, por cuantos padecieron tormentos sin igual, por nuestras pobres madres que gimen su amargura, por huérfanos y viudas, por presos en tortura, y ora por tí, que veas tu redención final.
Y cuando en noche obscura se envuelva el cementerio y sólo, sólo muertos queden velando allí, no turbes su reposo, no turbes el misterio: tal vez acordes oigas de cítara o salterio: soy yo, querida patria; yo que te canto a tí.
Y cuando ya mi tumba, de todos olvidada, no tenga cruz ni piedra que marquen su lugar, deja que la are el hombre, la esparza con la azada, y mis cenizas, antes que vuelvan a la nada, el polvo de tu alfombra que vayan a formar.
Entonces nada importa me pongas en olvido. Tu atmósfera, tu espacio, tus valles cruzaré. Vibrante y limpia nota seré para tu oído; Aroma, luz, colores, rumor, canto, gemido, constante repitiendo la esencia de mi fe.
¡Mi patria idolatrada, dolor de mis dolores, querida Filipinas, oye el postrer adiós! Ahí te lo dejo todo: mis padres, mis amores; voy a do no hay esclavos, verdugos ni opresores; donde la fe no mata, ¡donde el que reina es Dios!
¡Adiós, padres, hermanos, trozos del alma mía, amigos de la infancia en el perdido hogar! ¡Dad gracias que descanso del fatigoso día...! ¡Adiós, dulce extranjera, mi amiga, mi alegría! ¡Adiós, queridos seres...! ¡Morir es descansar!
Sacramento (Vicente A.)
Poeta mozo. Colaboró en la Sección femenina de "La Vanguardia" cuando la dirigía Adelina Gurrea.
ERMITA[38]
Es so la arena de oro de la Ermita donde mi musa su canción ensaya, perla de luz y rosa que palpita bajo el beso del Sol sobre la playa.