Part 20
_La alegría del capitán Ribot_, la última novela de Armando Palacio Valdés, es toda una obra de arte, de arte dominado con maestría; composición delicada y graciosa, de un espiritualismo natural, sencillo y sobrio. En este libro se ve al maestro dueño de sí mismo y del instrumento, tan admirable por lo que dice como por lo que calla, por lo que _economiza_.
CLARIN
_La Hermana San Sulpicio_ es una novela honrada y alegre. Es una novela picaresca y de buena compañía. Es una novela llena de incidentes y admirablemente compuesta. Los episodios, infinitamente múltiples y variados, se hallan tan bien ligados a la aventura principal y como entrelazados con ella que no la hacen olvidar jamás; hacen, al contrario, que se experimente más placer cuando se la vuelve a encontrar e ilustran el margen de la narración sin sobrecargarla ni oscurecerla. Además, la parte pintoresca es excelente. Leyendo este libro se vive en Sevilla de día y de noche como si allí se estuviese y se desea de todo corazón habitar allí realmente. Se experimenta tristeza al terminar el libro, como si en realidad tomásemos el billete a fin de Octubre para volver a Francia.
Y a gran diferencia de la mayor parte de nuestras novelas francesas, leyendo ésta no nos aburrimos en compañía perpetua de tres o cuatro personajes, siempre los mismos, que conocemos a fondo desde la quinta página, y de los cuales el autor parece que nos repite sin cesar: "¡Miradlos bien, estudiadlos todavía; estáis muy lejos de conocerlos; son inmensos!" _En La Hermana San Sulpicio_ se ven pasar y repasar cerca de cuarenta personajes que son todos, o por lo menos casi todos, muy precisos, muy de relieve.
EMILE FAGUET,
_De la Academia Francesa._
Palacio Valdés es una de mis grandes admiraciones literarias, y todo cuanto signifique homenaje al hombre y su obra, tiene por adelantado mi adhesión.
Le conocí al través de sus libros, hace muchos años, cuando era yo estudiante en la Universidad de Valencia, y a las horas de clase aprendía el Derecho en un verde ribazo de la huerta o sentado en la arena del Mediterráneo, con una novela sobre las rodillas. Palacio Valdés fué el autor de texto que estudié con más ahinco, en aquella época feliz de ingenuos entusiasmos y sinceras admiraciones.
Han pasado los años: vientos de destrucción han soplado sobre mi fe juvenil: muchas de mis antiguas admiraciones ruedan por el suelo; pero la imagen del artista creador de _Marta y María y La Hermana San Sulpicio_ sigue en pie, firme, cada vez más adornada con votos de adoración.
Después he conocido al hombre. Nos hemos visto pocas veces. El es un solitario por reflexión: yo comienzo a huir de las gentes por miedo a la expansión. Pero declaro que el hombre vale tanto como la obra.
Palacio Valdés es un verdadero artista. Tengo la certeza de que no lleva escrita ni una sola página por industrialismo literario. Ni busca elogios, ni adula a nadie para sostener su fama. Durante algunos años, la Prensa, que dispone de columnas para todas las necedades que se vierten en el Congreso, no tuvo más que silencio y olvido para su obra literaria. Ahora llegan tiempos de justicia, y el gran novelador recibe merecidos homenajes.
¡Salud, maestro!
Al admirar su serenidad de artista, su desprecio por el éxito circunstancial y momentáneo, su trabajo firme mirando al porvenir, pienso en Esquilo, insensible a las amarguras y las injusticias, escribiendo al frente de sus obras, como suprema apelación, esta dedicatoria que muy pocos se atreven a trazar: "Al tiempo."
VICENTE BLASCO IBAÑEZ
Esta indiferencia del público español hacia la literatura, la cual ha hecho decir a un novelista vivo que una persona de buena posición en Madrid gasta con más gusto su dinero en fuegos artificiales o en naranjas que en un libro, ha sido al cabo vencida hasta cierto punto por un escritor que no solamente es admirado y distinguido, sino positivamente popular, el cual, sin sacrificar su estilo, ha logrado conquistar al desdeñoso público español. Este escritor es Armando Palacio Valdés.
EDMUND GOSSE,
Vicepresidente de la _Sociedad Real
de Literatura del Reino Unido._
Vive Palacio Valdés en un discreto apartamiento. No busca el aplauso ni lo rehusa; no abomina del trato humano ni se exhibe en tertulias y fiestas. Contempla plácida y serenamente cómo se desliza la vida. Su prosa es clara y limpia; ni la prosa incolora de los escritores desarraigados de la tradición, ni la empalagosamente afectada de los falsos puristas. Ama y siente el paisaje; escudriña las delicadezas psicológicas. En el arte literario ha llegado al arte supremo; a la sencillez, a la simplicidad de expresión, a la evocación de una realidad tenue, inefable, ideal, que está por encima de la realidad violenta y vulgar que todos ven.
AZORIN
Las novelas de nuestro poeta son extraídas de la realidad. Pinta a los hombres tales como son, tales como él los ve con sus ojos penetrantes que descubren las alturas y las profundidades de la sociedad, a sus caudillos y a sus bestias de carga. No es un escritor melindroso. Sus personajes no sólo tienen la parte anterior, sino también la posterior, que a algunos parecerá escandalosa. Sin embargo, no es un disecador naturalista de la vida y de la sociedad, sino un artista. En todas sus novelas brilla el sol del ideal.
De este realismo poético unido al genio filosófico del novelista se deduce su tendencia a plantear en sus obras problemas morales y religiosos. Pero esta tendencia no implica prejuicios ni sectarismos; no confunde la religión y la ética, la moralidad y la vida social como un impertinente maestro de escuela. Palacio Valdés es católico; no oculta su modo de pensar y sentir. Sin embargo, su catolicismo nada tiene que ver con la Inquisición y los _autos de fe_. Es un catolicismo leal, intrépido: no vacila en esgrimir el látigo de su sátira sobre los extravíos de la pasión religiosa y sobre las flaquezas del clero. "Es necesario--ha dicho él mismo--que las ideas salgan de los hechos y no se añadan a ellos como reflexiones abstractas."
Una cosa hace aún sus obras superiores a las de sus colegas españoles, y es una cierta jovialidad preciosa como el oro que refresca el corazón.
Palacio Valdés se llama modestamente en el círculo de sus amigos "novelista de ocasión". Este novelista de ocasión, no obstante, es el escritor español, después de Cervantes, más traducido a lenguas extranjeras.
Su última obra, _Papeles del Doctor Angélico_, es un libro original y precioso; no es una novela; es un libro poético-filosófico, un breviario escrito para los hombres que no viven en el barranco, sino en las alturas del espíritu. Se compone de luminosos artículos filosóficos, novelitas y bocetos. Profundísimas meditaciones científicas sobre las grandes cuestiones políticas, sociales y religiosas alternan con deleitosas producciones poéticas. Voy a leeros un boceto titulado _La procesión de los Santos_, que es una especie de visión religiosa verdaderamente encantadora. Quizá sea lo más grande en materia de poesía religiosa que haya aparecido desde los días de la Edad Media.
La poesía no está muerta, sino viva, en la patria de Cervantes. El campo de la literatura española no es ningún páramo desierto, sino tierra fecunda, jardín fértil y ameno. El carácter más notable en la moderna literatura española es Armando Palacio Valdés. Grande es el número de sus admiradores en Inglaterra, Francia y América. Alemania tiene que reparar su yerro. Que no tardemos mucho en oir hablar de una Sociedad constituída en nuestro país para honrar al amable poeta y pensador español.
AUSTIN TRAPET
(Discurso pronunciado ante la Sociedad Científica de Coblenza.)
Desde mis tiempos de estudiante, mucho antes de soñar con ser literato, profeso por D. Armando Palacio Valdés una profunda admiración, cada día más grande, porque con los años le comprendo mejor. Pero con ser tanta mi admiración al escritor, casi la supera mi admiración al hombre grave y esquivo ante el frágil y adocenado aplauso de la crítica y de la Prensa.
RAMÓN DEL VALLE-INCLÁN
Desearíamos tenerle en nuestro país, y podría nombrar varios novelistas americanos por los cuales alegremente le cambiaría y aun daría de buen grado encima dos o tres poetas. Pienso que encontraríamos en él algo semejante a nuestro decantado humor americano y además otras cosas que no podemos con justicia reclamar, como una cierta dulzura, una amable espiritualidad, un amor de la pureza y la bondad por sí mismas y un conocimiento profundo de los misterios del alma.
Nosotros los americanos imaginamos que porque hemos hecho pedazos a los barcos españoles somos superiores a los españoles; pero aquí en este terreno, donde reina la paz, ellos son superiores a nuestros maestros.
WILLIAM DEAN HOWELLS,
Presidente de la _Academia Americana_.
En sus novelas y en las de Pérez Galdós aprendí lo que en mí puede haber de gusto literario a la moderna. De uno y otro escritor me sería imposible dar al público un juicio razonado; son para mí de los escritores que han penetrado más hondo que en la inteligencia y las cosas del corazón no se discuten ni se razonan.
JACINTO BENAVENTE
Se sabe que Palacio Valdés, el más reputado y difundido de los novelistas españoles que ha compendiado en una monografía definitiva, es el autor de obras pintorescas, emocionantes o cómicas, cuyas ediciones se cifran por centenares de miles, y entre las cuales basta citar _José_, La Fe, _El idilio de un enfermo_, _El origen del pensamiento_, _La Hermana San Sulpicio_, _Marta y María_ y la maravillosa historia _Tristán o el pesimismo_. Este admirable escritor, del cual una reputación mundial aureola los cabellos blancos, es, no obstante, el más modesto de los hombres.
EMILE MOREAU
_(La Liberté.)_
Después de haber gustado el goce de esas lecturas, tuve el de conocer y tratar a Palacio Valdés, y entonces, al conocer al hombre, encontré al escritor. Como que éste depende en este caso más aún que en otros, de aquél. Al conocer y tratar a Palacio Valdés, comprendí el encanto de sus escritos y el aroma de honradez de propósito y de bondad de corazón que de ellos se desprende.
En nuestra literatura no abunda, ni mucho menos, la nota íntima y recogida, el tono de apacible entrañabilidad. Casi todo es exterior, y casi todo, en el fondo, violento. Y así me explico que Palacio Valdés sea uno de nuestros escritores más gustosos, de los de hoy el más gustado tal vez, en países donde es una verdad efectiva la vida del hogar y donde los hombres saben recogerse en él mejor que nosotros.
MIGUEL DE UNAMUNO
Considerando la popularidad que la novela rusa ha adquirido entre nosotros en los últimos años, es extraño que los novelistas españoles no hayan sido igualmente acogidos. Por lo menos uno de ellos, nombrado Valdés, es digno de un lugar entre Turgueneff, Dostoievsky y Tolstoi. La razón de habérsele negado tanto tiempo se hallará en que no ha querido adoptar una _pose_. El público se deja generalmente seducir por la _pose_, y Valdés ha renunciado a ella.
Su estilo es equilibrado, sencillo y espontáneo. Es un novelista vaciado en el molde más amplio. Su observación se extiende a todo y la vida se ofrece ante él como un libro abierto. Demostraría menos valor si no se atreviese a describir todas las escenas que a su imaginación se ofrecen.
Que los noveles escritores estudien a Armando Palacio Valdés. Este escritor se halla en la primera media docena de los grandes novelistas.
(_Daily Chronicle_.--10 Agosto de 1894.)
Palacio Valdés es un gran observador, no ya de las costumbres españolas de su tiempo, sino también de lo que hay de íntimo en el alma de nuestros contemporáneos. Así se explica que el insigne novelista tenga tan alta personalidad en nuestra patria como en el extranjero.
TORCUATO LUCA DE TENA
En la rica literatura española Armando Palacio Valdés ocupa un puesto preeminente como autor de novelas. Posee una vasta erudición. Escribe novelas de costumbres llenas de intuición y de verdad, aborda temas religiosos y filosóficos, ofrece pinturas excelentes de la vida aristocrática en España. Su estilo es de una perfección extremada; jamás traspasa la medida; nos recrea al mismo tiempo que despierta nuestra reflexión. Sus obras se han traducido a varios idiomas, y, sin duda, Palacio Valdés ha contribuído más que ningún otro escritor español a dar a conocer la literatura española fuera de su país y a hacerla estimar. Es un hombre de mundo espiritual e irónico, es un filósofo serio que se interesa por las cuestiones vitales y añade a un espíritu penetrante un gusto excelente. Maneja su hermosa lengua magistralmente, y bajo una forma elegante se encuentra siempre el contenido de un sentido profundo.
CARL DAVID AF WIRSÉN,
Secretario de la _Academia Sueca_.
La literatura española está de enhorabuena. Después de cinco años de mutismo, el maestro de la novela contemporánea acaba de publicar una nueva obra, _Papeles del Doctor Angélico_, que se aparta por su índole de las demás producciones de su autor ilustre.
Me cabe la honra--y de ello me envanezco--de haberme anticipado al entusiasmo que hoy despierta el autor de _Riverita_. Mucho antes de que se desbordase la admiración acumulada en largos años de silencio, y los rotativos propalasen la excelsitud de la labor de Palacio Valdés, yo había publicado en _Nuestro Tiempo_ un extenso estudio asombrándome de que en el extranjero tuviesen más perspicacia que nosotros otorgando al maravilloso novelador el puesto preeminente que le corresponde dentro de nuestra literatura.
AUGUSTO MARTINEZ OLMEDILLA
La novela española atraviesa por un período de extraordinario brillo, y han nacido en la patria de Cervantes escritores que merecen ser conocidos y estudiados por nosotros. Entre ellos es preciso citar en primer lugar a Armando Palacio Valdés, que es realmente un novelista del más alto mérito y de la más intensa originalidad.
PH.-EMMANUEL GLASER
_(Le Figaro.)_
Palacio Valdés, después de Cervantes, es el novelista más notable que ha producido España.
FRANCISCO GIRALDOS
(_Labor Nueva._ Revista internacional. Barcelona.)
De toda esta pléyade de novelistas españoles aquel que más me ha agradado y más me ha enseñado acerca de la vida de España es Armando Palacio Valdés. Por la finura de observación, por su fidelidad a la naturaleza, por su espíritu equilibrado, se puede afirmar que ningún novelista en España ni fuera de ella ha escrito media docena de otras que sobrepujen a la media docena mejor que ha salido de su pluma. Leerlo en inglés con mucho de su aroma perdido es un exquisito placer, como la venta de doscientas mil _Maximinas_ testifica.
GRANT SHOWERMAN
_(The Sewance Review.)_
En esto de concebir un argumento y madurarlo bien sometiéndolo a lenta incubación cerebral y desarrollarlo después con número, peso y medida, no alargando demasiado los episodios ni hinchando a fuerza de aire los personajes, ni desmadejando el diálogo en fruslerías e insulseces, creo que no tiene Palacio Valdés competidor entre todos nuestros novelistas. Hay que reconocerle primado indiscutible de la novela española.
FR. GRACIANO MARTINEZ,
Agustino. Director de _España y América_.
Podemos afirmar que Valdés posee las primeras cualidades de un gran novelista, en el sentido moderno, porque es un revelador y un intérprete de la vida, porque tiene el poder de identificarse con la vida de los otros. Cuando dice de su carácter que es vago e indefinido no debe entenderse como algo sombrío y enfermizo. Es más bien el de un espíritu que se oculta y gusta de sumergirse en la vida universal. Resplandece en sus obras la más alta sinceridad y firmeza, y al mismo tiempo se encuentra en todas ellas una profunda y delicada simpatía por todas las cosas; una clara visión que penetra en las más oscuras profundidades y lo eleva a las alturas más luminosas. El nos ofrece los acontecimientos vulgares de la vida ordinaria como son en realidad, pero nos vemos obligados a mirarlos con el sentido que él les presta; y mientras reconocemos estos sucesos como algo que ya habíamos visto, observamos que él les dota de un interés que no sospechábamos en ellos, y revela su carácter oculto con una gran riqueza de detalles aclaradores.
SYLVESTER BAXTER
_(The Atlantic Monthly.)_
¿Por qué gusta tanto en Inglaterra y en los Estados Unidos el autor de _El Idilio de un enfermo?_ ¿Es casualidad; es suerte? No; es conjunción de ciertas cualidades fundamentales en el arte de nuestro novelista con las tradiciones y el gusto literario de una gran parte del público de aquellos países. Hay cierta serenidad y cierta suavidad en su arte y en los aspectos de la vida que más le agrada pintar, que no pueden menos de seducir a los lectores enemigos de las grandes explosiones trágicas y de las fiebres pasionales naturalistas, y que casan muy bien con el tono de una gran parte de la producción literaria inglesa. La misma sátira a que antes me he referido contribuye poderosamente a imprimir ese sello a las obras de Palacio Valdés. No es agria, épica, como en Zola y sus discípulos, sino humorista, como lo fué en nuestra literatura picaresca, y luego lo ha sido, con admirable manejo de la sonrisa del idioma, en Thackeray y Dickens.
RAFAEL ALTAMIRA
El ilustre escritor no es de aquellos que al prestigio del talento añaden el prestigio del reclamo: cuando viene a Francia no provoca, como otros autores extranjeros bien conocidos, los artículos de periódicos y las _interviews_ de los _reporters_; y cuando publica un libro deja a su obra el cuidado de hablar por sí misma en su favor. El éxito le ha llegado ya, un éxito de buena ley, que le han valido los méritos de la forma y los del fondo.
Cuidadoso de la composición y del equilibrio, no se distrae en episodios y digresiones; no cuenta por contar, no describe por describir. Paisajista, evita ese defecto, tan familiar a los paisajistas, que consiste en colocar a la Naturaleza en el primer plano y concederle un desarrollo excesivo y absorbente. No le da más importancia que la que conviene a una decoración, y reserva, por el contrario, un lugar preponderante a lo que es esencial, al estudio de las costumbres, de los caracteres y de los problemas morales.
F. VÉZINET
_(Le Parthénon.)_
Cuando, hará pronto un año, lamentaba yo aquí (El Universo) el ocaso del gran novelista que anunció el término de su obra con _La aldea perdida_, estaba muy lejos de pensar en que el autor de _Riverita_ y _Maximina_ preparaba un nuevo libro, y, sin embargo, no podía avenirme con la idea de que la musa de Valdés hubiese callado para siempre.
Afortunadamente, no ha sido así.
Decía yo entonces que él era el novelista de nuestra literatura contemporánea y que no había cuerda en la moderna épica que no hubiese pulsado con arte exquisito el creador de _José, La Hermana San Sulpicio_ y _La Aldea perdida_.
ROGERIO SANCHEZ
Palacio Valdés ocupa un sitio completamente singular entre los modernos autores españoles. Y no es la corriente de la moda la que hace que se le lea más que a los otros, sino porque sus novelas tienen una base muy distinta de las de sus colegas. Aunque no pueda negarse la influencia de la escuela francesa (influencia muy grande en España), sin embargo, un estudio profundo de los clásicos y de la filosofía alemana han prestado a sus obras el sello de una independencia innegable. Sus vistas estéticas son distintas de las que ahora dominan y su realismo (porque Palacio Valdés es realista) tiene su raíz más en los tiempos grandes de Cervantes, Mateo Alemán y Vicente Espinel que en el culto desapoderado de la verdad y en la oscuridad místico-espiritual de la escuela moderna.
H. KELLER-JORDAN
_(Allgemeine Zeitung.)_
Si alguien me preguntara qué opino de Armando Palacio Valdés, le contestaría sin pérdida de momento que le juzgo por el primer novelista de nuestros tiempos.
J. GIVANEL MAS
(_La Vanguardia_, Barcelona.)
Tiene horror al reclamo. Es un caso bastante raro en la literatura universal para que merezca ser señalado al público francés. Todos los libros de este escritor excepcional han aparecido en silencio, sin levantar clamores de entusiasmo y de triunfo, que acogen alguna vez entre nosotros a las más auténticas medianías. Se ha impuesto únicamente por su mérito personal a la atención pública. Por lo demás, toca en sus escritos cuestiones de tal modo apremiantes, que nadie puede evitar su urgencia indubitable. El filósofo más escéptico no podrá menos de sentirse conmovido leyendo _La Fe_.
El héroe de esta novela idealista es un joven sacerdote, el padre Gil, vicario de la iglesia de Peñascosa, villa situada en el fondo de una pequeña ensenada del golfo cantábrico. El primer capítulo de _La Fe_ es un cuadro encantador de su primera misa. Ferdinand Fabre, si viviera, quedaría celoso de estas páginas sobrias y pintorescas. Es una empresa difícil el describir una ceremonia religiosa. Zola, en la _Faute de l'abbé Mouret_, no ha estado en ello afortunado. Enumerar como lo hace, complacientemente, el jefe de la escuela naturalista todos los detalles y todos los accesorios del culto es hacer maquinalmente un inventario sin comprender el profundo significado de la liturgia. El sentido interior le escapa. Palacio Valdés, en vez de detenerse en el aspecto superficial de las cosas, nos inicia en todos los secretos de las almas sencillas que se han reunido para asistir a la primera misa de aquel joven sacerdote.
_La Fe_ es un libro leal y fuerte, animado desde el principio hasta el fin por un gran soplo de humana piedad.
GASTON DESCHAMPS
_(Le Temps.)_
En la suma de las admiraciones al gran novelista Palacio Valdés continúo siendo uno más.
MANUEL LINARES RIVAS
Palacio Valdés no necesita que hablemos de él. Hace treinta años que se encerró en su casa con sus recuerdos, con sus lecturas y sus meditaciones, y desde ella nos habla con sus libros. Es él quien habla; a los demás nos toca agradecérselo en silencio.
RAMIRO DE MAEZTU
Palacio Valdés ha tardado diez años en triunfar de la indiferencia del público y de la Prensa. Hoy sus obras son leídas en el mundo entero. Se comprende que esté orgulloso de una victoria tan noblemente ganada.
La sinceridad absoluta del artista, su cuidado profundo de la verdad, su horror de lo que él llama el _efectismo_, y que no es más que la caza del efecto en lugar de la emoción verdadera, esparcen por todos sus libros un encanto penetrante.
El tiempo no está lejos, yo lo creo así, en que el amor de lo grandioso y exagerado desaparecerá. Las grandes frases vacías se harán viejas y serán reemplazadas por palabras menos sonoras, quizá más modestas, pero más llenas de sentido, más precisas y más puras. Ese día, ciertamente, la España quedará reconocida al escritor de este siglo que más ha contribuído a hacer amar lo sencillo y lo natural.
L. BORDES
_(Revue des Lettres Francaises et Etrangères.)_
De la lectura de las novelas modernas solemos salir entristecidos, con tedio en el corazón y hasta con náuseas en el estómago. "Siempre que vengo de entre los hombres--dice Kempis--me siento peor..." Lo mismo me acontece a mí cuando vengo de entre esos libros.
En cambio, cuando leo las novelas de Palacio Valdés, la vida, sin perder para mí su melancólica gravedad, me parece noble y buena; el autor no sólo me inspira admiración, sino cariño; en vez de deprimirme, me vigoriza; en lugar de desalentarme, me da esperanza; lejos de hacerme sentir vergüenza de ser hombre, me parece que reanima en las profundidades de mi ser el soplo divino que Dios infundió en el pobre barro humano.
ZEDA
ÍNDICE
Páginas.
Confidencia preliminar, 7
Marta y María, 23
Una excursión a la Isla, 27
José, 55
La desesperación de un hidalgo, 57
Aguas fuertes, 71