Obras selectas de la celebre monja de Mejico, sor Juana Ines de la Cruz

Part 5

Chapter 53,829 wordsPublic domain

Su dueño, que en reverentes Obsequios quiere mostrar Que solo paga en deseos Lo que no puede pagar,

No intenta pedir perdones, Aunque ve su cortedad, Pues sabe que en los favores El primero es perdonar;

Y pedir lo que se ha dado Fuera querer estrechar De una peticion al voto Tanta liberalidad;

Pues sabe que las deidades No tienen necesidad, Como obran independientes, De méritos para obrar;

Porque ántes en el indigno Hace la grandeza mas: Que es la estrechez del mendigo Lisonja del liberal;

Que á no haber necesitados No hallara objeto capaz, Y era frustránea potencia A faltar necesidad.

El bien es comunicable, Y si llegara á faltar Con quien, siempre fuera bien, Mas no fuera utilidad.

Y así gustoso en su esfera, Otra no quiere envidiar, Pues merece que tres soles Le lleguen á iluminar;

Y remitiendo al silencio Lo que no puede esplicar, A sí mismo de sus dichas Los parabienes se da.

II

_Dando el parabien á un doctorado._

Gallardo jóven ilustre, Que en bien logrados abriles De sazon temprana ofreces Frutos que el Otoño envidie.

Tú que en gloriosa palestra De las literarias lides, Al alto honor de las ciencias Nuevo añades sacro timbre;

Cuyo nombre será siempre, En inscripciones plausibles, Fatiga honrosa á los bronces, Dulce afan á los buriles;

Hoy que doctoral insignia Tu dichosa frente ciñe, Y que de la amarga siembra Gustosos frutos percibes,

Goza el laurel, goza el premio Que tu fama te apercibe, Puro blason que te adorne, Cándido honor que te anime;

Gózale honroso, aun que corto Desigualmente compite El que tus sienes halaga Al que tus méritos piden;

Gózale, excepcion del tiempo, Y porque el mundo te admire, Vive tanto como sabes, Goza tanto como vives.

III

_A un caballero español que dirigió á la autora un romance, diciéndola haber hallado en ella el fénix._

Válgate Apolo por hombre [No acabo de santiguarme Mas que vieja cuando Jove Dispara sus triquitraques]

De tan paradoja idea, De tan remoto dictámen; Sin duda que este el autor Es de los estravagantes.

Buscando dice que viene Aquel pájaro que nadie, Por mas que lo alaben todos, Ha sabido á lo que sabe;

Para quien las cetrerias Se inventaron tan en balde, Que es un gallina el alcon Y una mandria el gerifalte,

El azor un avechuelo, Una marimanta el sacre, Un cobarde el tagarote Y un menguado el gavilane;

A quien no se le da un bledo De que se prevenga el guante, Pihuelas y capirote, Con todos los demas trastes,

Que bien mirados son unos Trampantojos borëales, Que inventó la golosina Para alborotar el aire;

De cuyo antojo quedaron, Por mucho que lo buscasen, Sardanápalo en ayunas, Heliogábalo con hambre.

De él el pobre caballero Dice que viene al alcance, Revolviendo las provincias Y trasegando los mares;

Que para hallarlo, de Plinio Un itinerario trae, Y un mandamiento de Apolo Con las señas de _rara avis_.

¿No echas de ver, peregrino, Que el fénix sin semejante Es de Plinio la mentira Que de sí misma renace?

En fin, hasta aquí es nonada; Mas nunca falta quien cante Daca el fénix, toma el fénix, En cada esquina de calle.

Es lo mejor que es á mí A quien quiere encenizarme, O enfenixarme, supuesto Que allá uno y otro se sale.

Dice que yo soy la fénix Que, burlando las edades, Ya se vive, ya se muere Ya se entierra, ya se nace;

La que hace de cuna y tumba Diptongo tan admirable, Que le mece de nacida La que le guardó cadáver;

La que en fragantes incendios De las gomas mas suaves, Es parecer consumirse Volver á vivificarse;

La mayorazga del sol, Que, cuando su pompa esparce, Le engasta Ceilan el pico, Le enriza Ofir el plumage;

La que mira con záfiros, La que vuela con diamantes, La que pica con rubíes Y respira suavidades;

La que Atrópos y Laquésis Es de su vital estambre; Pues es la que corta el hilo Y la que vuelve á enhebrarle.

Que yo soy, jurado Apolo, La que vive de portante, Y en la vida como en venta, Ya se mete, ya se sale.

Que es Arabia la feliz Donde sucedió á mi madre Mala noche y parir hembra, Segun dicen los refranes.

(Refranes, dije, y es que Me lo rogó el consonante, Y porque hay regla que dice; _Pro singulare plurale_)

En fin, donde se pasó La rota de Roncesválles; Aunque quien nació de nones no debiera tener pares.

Que yo soy la que andar suele En símiles elegantes, Abultando los renglones Y engalanando romances.

El lo dice, y de manera Eficaz lo persüade Que casi estoy por crerlo, Y de afirmarlo por casi.

¡Qué fuera, que fuera yo Y no lo supiera ántes! Pues ¿quién duda que es el fénix El que ménos de sí sabe?

Por Dios, yo lo quiero ser, Pésele á quien le pesare; Pues de que me queme yo No hay razon que otro se abrase.

Yo no pensaba en tal cosa; Mas si él gusta graduarme De fénix, ¿he de echar yo Aqueste honor á la calle?

¿Qué mucho que yo lo admita? Pues nadie puede espantarse De que haya quien se enfenice, Cuando hay quien se ensalamandre,

Y de esto segundo vemos Cada dia los amantes, Al incendio de unos ojos Consumirse sin quemarse;

Pues luego no será mucho, Ni cosa para culparme, Si hay solamandras barbadas Que haya fénix que no barbe,

Quizá por esto nací Donde los rayos solares Me mirasen de hito en hito, No vizcos, como á otras partes.

Lo que mas gusto me ha dado Es ver que de aquí adelante Tengo solamente yo De ser todo mi linage.

¿Hay cosa como saber Que no dependo de nadie, Que he de vivirme y morirme Cuando á mí se me antojare?

¿Que no soy término ya De relaciones vulgares, Ni ha de cansarme el pariente Ni molestarme el compadre?

¿Que yo soy toda mi especie, Y que á nadie he de inclinarme, Pues cualquiera debe solo Amar á su semejante?

¿Que al médico no he de ver Hacer juicio de mi achaque, Pagándole el que me cure Tanto como el que me mate?

¿Que mi tintero es la hoguera Donde tengo de quemarme, Supliendo los algodones Por aromas orientales?

¿Que las plumas con que escribo Son las que al viento se baten, No ménos para vivirme Que para resucitarme?

¿Que no he de hacer testamento, Ni cansarme en _item mases_, Ni inventario, pues yo misma He de volver á heredarme?

Gracias á Dios que ya no He de moler chocolate, Ni me ha de moler á mí Quien viniere á visitarme.

Ya con estas buenas nuevas De hoy mas tengo de estimarme, Y de etiquetas de fénix No he de perder un instante.

Ni tengo ya de sufrir Que en mí los poetas hablen, Ni ha de verme de sus ojos El que no me lo pagare.

¿Cómo? Eso se querrian Tener el fénix de balde: ¿Para qué tengo yo pico Si no es para despicarme?

¡Qué dieran los saltimbancos Para poder agarrarme, Y llevarme como monstruo Por esos andurrïales

De Italia y Francia, que son Amigas de novedades! Y ¡qué pagaran por ver La cabeza del gigante,

Diciendo: “Quien ver el fénix Quisiere, dos cuartos pague, Que lo muestra maese Pedro En la posada de Jáques!”

Aqueso no, no vereis En este fénix, vergantes, Que por eso está encerrado Debajo de treinta llaves.

Y supuesto, caballero, Que á costa de mil afanes En la Invencion de la Cruz Vos la del fénix hallásteis.

Por modo de privilegio De inventor, quiero que nadie Pueda, sin vuestra licencia, A otra cosa compararme.

IV

_A la condesa de Paredes, escusándose de enviarla un cuaderno de música._

Despues de estimar mi amor, Excelsa, bella María, El que en la divina vuestra Conserveis memorias mias;

Despues de haber admirado Que en vuestra soberanía, No borrada de mi amor Se mantenga la noticia;

Paso á daros la razon Que á no obedecer me obliga Vuestro precepto, si es que hay Para esto disculpa digna.

De la música un cuaderno Pedis, y es cosa precisa Que me haga á mí disonancia Que me pidais armonías.

¿A mí, señora, conciertos, Cuando yo en toda mi vida No he hecho cosa que pudiera Sonarme bien á mí misma?

¿Yo arte de composiciones, Reglas, caracteres, cifras, Proporciones, cantidades, Intervalos, puntos, líneas?

Quebrándome la cabeza Sobre cómo son las sismas, Si son cabales las comas, En qué el tono se divisa;

Si el semitono incantable En número impar estriba, A Pitágoras sobre esto Revolviendo las cenizas;

Si el diatesaron ser debe Por consonancia tenida, Citando una estravagante En que el papa Juan lo afirma;

Si el temple de un instrumento Al hacerlo necesita De hacer participacion De una coma que hay perdida;

Si el punto de alteracion A la segunda se inclina, Mas porque ayude á la letra, Que porque á las notas sirva;

Si el modo mayor perfecto En la máxima consista, Y si el menor toca al longo, Cual es altera, cual tripla;

Si la imperfeccion que causa A una nota otra mas chica, Es total, ó si es parcial, Esencial ó advenediza;

Si la voz que, como vemos, Es cantidad sucesiva, Valga solo aquel respeto Con que una voz de otra dista;

Si el diapason y el diapente En ser perfectos consista En que ni ménos ni mas Su composicion admita;

Si la tinta es á las notas Quien todo el valor les quita, Siendo así que muchas hay Que les da valor la tinta;

Lo que el armónico medio De sus dos estremos dista, Y del geométrico en que, Y aritmético, distinga;

Si á dos mesuras es toda La música reducida, La una que mida la voz, Y la otra que el tiempo mida;

Si la que toca á la voz O ya intensa, ó ya remisa Subiendo, ó bajando, el canto Llano solo la ejercita;

Mas la exterior que le toca Al tiempo en que es preferida, Mide el compas y á las notas Varios valores asigna;

Si la proporcion que hay Del _ut_ al _re_, no es la misma Que del _re_ al _mi_, ni el _fa_, _sol_ Lo mismo que el _sol_, _la_ dista;

Que aunque es cantidad tan tenue, Que apénas es percibida, Sexquioctava, ó sexquinona, Son proporciones distintas;

Si la enarmónica ser A práctica reducida Puede, ó si se queda en ser Cognicion intelectiva;

Si lo cromático el nombre De los colores reciba De las teclas, ó lo vario De las voces añadidas;

Y en fin, andar recogiendo Las inmensas baratijas De calderones, guiones, Chaves, reglas, puntos, cifras,

Pide otra capacidad Mucho mayor que la mía, Que aspire en las catedrales A gobernar las capillas.

Y mas si es porque en él la Bella doña Petronila A la música en su voz Nueva añada melodía.

¡Enseñar música á un ángel! ¿Quién habrá que no se ria De que la rudeza humana Las inteligencias rija?

Mas si he de hablar la verdad, Es lo que yo algunos dias, Por divertir mis tristezas, Dí en tener esa manía;

Y empecé á hacer un tratado Para ver si reducia A mayor facilidad Las reglas que andan escritas.

En èl, si mal no me acuerdo, Me parece que decia, Que es una línea espiral, No un círculo, la armonía;

Y por razon de su forma Revuelta sobre sí misma La intitulé _Caracol_, Porque esa revuelta hacia;

Pero este está tan informe, Que no solo es cosa indigna De vuestras manos, mas juzgo Que aun le desechan las mias.

Por esto no os le remito; Mas como el Cielo permita A mi salud mas alientos, Y algun espacio á mi vida,

Yo procuraré enmendarle, Porque teniendo la dicha De ponerle á vuestros pies, Me cause gloriosa envidia.

De don Pedro y don Martin No podreis culpar de omisas Las diligencias, que juzgo Que aun excedieron de activas.

Y mandadme, que no siempre Ha de ser tal mi desdicha, Que queriendo obedeceros, Con querer, no lo consiga.

Y al gran marques, mi señor, Le direis de parte mia, Que aun en tan muertas distancias Conservo memorias vivas;

Que no olvido de su mano Las mercedes recibidas; Pues no son ingratos todos Los que, al parecer, se olvidan;

Que si no se lo repito, Es por la razon ya dicha, De escusar que lo molesta Ostente lo agradecida;

Que no le escribo, porque Siendo alhaja tan baldía La de mis letras, no intento Que de embarazo le sirva;

Y que ya que mi desgracia De estar á sus pies me priva, Le serviré en pedir solo A Dios la vuestra y su vida.

V

_A la condesa de Galve, en su cumpleaños._

Si el dia en que tú naciste, Bellísima excelsa Elvira, Es ventura para todos, ¿Porqué no lo será mia?

¿Nací yo acaso en las yerbas O criéme en las ortigas? ¿Fué mi ascendiente algun risco O mi cuna alguna sima?

¿No soy yo gente? ¿No es forma Racional la que me anima? ¿No desciendo, como todos, De Adan por muy recta línea?

¿No hay sindéresis en mí Con que lo mejor elija, Y ya que bien no lo entienda, Por lo ménos lo perciba?

Pues ¿porqué no he de ir á verte, Cuando todos te visitan? ¿Soy ave nocturna para No poder andar de dia?

Si porque estoy encerrada Me tienes por impedida, Para esos impedimentos Tiene el afecto sus limas.

Para el alma no hay encierro Ni prisiones que la impidan, Pues que solo la aprisionan Las que se forja ella misma.

Sutíl y ágil el deseo, No hay, cuando sus plumas gira, Solidez que no penetre Ni distancia que no mida.

Contento con mi carencia, Mi respeto sacrifica Por el culto que te doy El gusto que se me quita.

Entre el gusto y el decoro Quiere la razon que elija Lo que es adoracion tuya, Antes que la fruicion mia.

Yo me alegro de no verte, Porque fuera grosería Que te cueste una indecencia El que yo logre una dicha.

***

Allá voy á verte; pero Perdóname la mentira, Que mal puede ir á un lugar El que siempre en él habita.

Yo siempre de tu asistencia Soy la mental estantigua, Que te asisto, y no me sientes, Que te sirvo y no me miras.

Yo envidiosa de la esfera Dichosa que tu iluminas, Formo con mis pensamientos Las alfombras que tu pisas;

Y aunque invisible, allí el alma Te venera tan rendida, Que apénas logra el deseo Desperdicios de tu fimbria.

Mas cierto que del asunto Estoy mas de cuatro millas, Que leguas dijera, á no Ser el asonante en ía;

Revístome de dar años, Que aunque tan no apetecida Dádiva en las damas, es De la que tu necesitas;

Pero es tan breve el espacio De tu juventud florida, Que á otras se les darán años, Mas á tí se te dan dias.

Yo te los doy, y no pienses Que voy desapercibida De las alhajas que observa Hoy la etiqueta precisas;

Pues si de los años es Una cadena la insignia, Tengo la de ser tu esclava; Mira si hay otra mas rica.

Por joyel un corazon, Que en vez de diamantes brilla El fondo de mi fineza, El resplandor de mi dicha.

Góceslos como deseo, Como mereces los vivas, Que en lo que quiero y mereces Dos infinitos se cifran.

No quiero cansarte mas, Porque de que estés es dia Hermosa á mas no poder, Y de adrede desabrida.

VI

_A la misma condesa._

Sobre si era atrevimiento, Bella Elvira, responderte, Y sobré si tambien era Cobardía el no atreverme,

He pasado pensativa Sobre un libro y un bufete, Porque vayan otros sobres Sobre el amor que me debes,

No sé yo qué tantos dias; Porque como tu en tí tienes Reloj de sol, no hay quien mida Lo que vive ó lo que muere.

Y si no lo has por enojo, Despues que estaba el caletre Cansado asaz de pensar Y de revolver papeles,

Resuelta á escribirte ya En todos los aranceles De jardines y de luces, De estrellas y de claveles,

No hallé en luces ni en colores Comparacion conveniente, Que con mas de quince palmos A tu hermosura viniese;

Con ser que no perdoné Trasto que no revolviese En la tienda de Timántes Ni en el obrador de Apéles.

Pues á los poetas ¡cuánto Les revolví los afeites Con que hacen que una hermosura Dure, aunque al tiempo le pese!

En Petrarca hallé una copia De una Laura ó de una duende, Pues dicen que ser no tuvo Mas del que en sus versos tiene.

Cubierta como de polvo, Del griego una copia breve Hallé de Helena, de Homero Olvidada en un retrete.

Pues de Virgilio el coturno No dejó de entrenerse Con Elisa en el _quam Lae Ti te genuare parentes_.

A Proserpina en Claudiano Ni aun me diò gana de verle La su condenada faz Llena de hollines y peces.

De Lucrecia la romana, Aquella beldad valiente, Persuadiendo honor estaba A las matronas de allende.

Florinda vana decia A los moros alquiceles: “Tanto como España valgo, Pues toda por mí se pierden.”

Lavinia estaba callada, Dejando que allá se diesen Turno y el páter Enéas, Y despues, ¡viva quien vence!

En Josefo Marïamne, Al ver que sin culpa muere, Dijo: “Si me mata Heródes, Claro es que muero inocente.”

Angélica en Arïosto Andaba de hueste en hueste Alterando paladines Y descoronando reyes.

En Ovidio, como es Poeta de las mujeres, Hallé que al fin los pintores Eran como los quereses;

Y hallé á escoger como en peras Unas bellezas de á veinte, A lo de qué quereis, pluma, Que están diciendo, comedme;

En los prados mas que flores, En el campo mas que nieve, En las plantas mas que frutos, En las aguas mas que peces.

A la rubia Galatea Junto á la cándida Tétis, A la florida Pomona, Y á la chamuscada Céres;

A la gentil Aretusa, Y á la música Canente A la encantadora Circe Y á la desdichada Héles;

A la adorada Corónis, A la infelice Semele, A la agraciada Calixto Y á la jagtante Climene;

Y otra gran tropa de ninfas Acuátiles y silvestres, Sin las mondongas que á cuestas Guardaban los adherentes;

A la desdeñosa Dafne, A la infausta Nictimene, A la lijera Atalanta, Y á la celebrada Asterie;

Y en fin la casa del Mundo Que tantas pinturas tiene De bellezas vividoras Que están sin envejecerse,

Cuya dura fama el tiempo, Que todas las cosas muerde Con los bocados de siglos, No les puede entrar el diente,

Revolví, como ya digo, Sin que entre todas pudiese Hallar una que siquiera En el vestido os semeje.

Con que de comparaciones Desesperada mi mente Al _viste_ y al _así como_ Hizo ahorcar en dos cordeles;

Y sin tratar de pintarte, Sino solo de quererte, Porque esta aunque culpa, es culpa Muy fácil de cometerse;

Y esotro imposible, y culpa, Y mas que culpa, se temen De Icaro los precipicios Y de Faeton los vaivenes.

Mira ¡que vulgar ejemplo! Que hasta los niños de leche Faetonizan é icarizan La vez que se les ofrece.

Y en fin, no hallo que decirte, Sino solo que ofrecerte, Adorando tus favores, Las gracias de tus mercedes.

De ellos me conozco indigna; Mas eres sol y amaneces Por beneficio comun Para todos igualmente.

Por ellos, señora mia, Postrada beso mil veces La tierra que pisas, y Los pies, que no sé si tienes.

VII

_Desahogos del corazon._

A fuera, á fuera, ansias mias, No el respeto os embarace, Que es lisonja de la pena Perder el miedo á los males.

Salga el dolor á las voces, Si quiere mostrar lo grande, Y acredite lo insufrible Con no poder ocultarse.

Salgan signos á la boca De lo que el corazon arde, Que nadie creerá el incendio Si el humo no da señales.

No á impedir el grito sea El miramiento bastante, Que no es muy valiente el preso Que no quebranta la cárcel.

El que su cuidado estime Sus sentimientos no calle, Que es agravio del motivo No hacer del dolor alarde.

Mayor es que yo mi pena, Y esto supuesto, mas fácil Será que ella á mí me venza, Que no que yo en ella mande.

VIII

_un caballero que decia tener el pecho de nieve._

Allá va, Julio de Enero, Ese papel, no á tus manos, Sino al alma, que si es nieve, Será de mis tiros blanco.

Arma de loriga el pecho, Anima aliento bizarro, Y á puntas de mis desdenes Preven marmoreos reparos.

Dilata del corazon Los senos mas reservados, Y en inútiles defensas Dobla á mi favor el lauro.

Arma el alma de cordura, De sufrimiento el cuidado, De reflexion lo atrevido, Y de prudencia lo vano;

Que no bastará á librarte De mi desden irritado Ni las defensas del pecho, Ni los esfuerzos del brazo;

Pues llevo para rendirte Por ministros del estrago Enojo que brota furias, Desden que graniza rayos:

Yo que á la deidad montera Crezco el desdeñoso bando, A quien en desden excedo, Si en hermosura no igualo;

Yo que en diamantino pecho Guardo un corazon de mármol, Que aun en los tardos latidos Da escasas señas de humano;

Yo que en la tabla del tiempo Ejemplos mirando tantos, Hago resguardo presente Los infortunios pasados;

Yo á cuyos duros rigores, A cuyo desden helado Templa sus ardores Vénus, Afloja Cupido el arco,

A tí que de mi despego Pretendes ser el retrato, Sin advertir lo que dista Lo vivo de lo pintado,

Quizá porque así pretendes, Sagazmente temerario, Hacer á la semejanza Tercera del agasajo;

Porque talvez en el mundo Hay caprichos tan extraños, Que conceden al desprecio Lo que al amor le negaron.

¡Oh discurso irracional! ¿Que quepa en pechos humanos Lo que al exámen de un bruto Sale siempre condenado?

¿Qué fiera la mas furiosa, Terror del bosque y del campo, Si la sujeta la fuerza No la domestica el trato?

Si debí tan mal concepto, Julio, á tu sentir errado, A costa de tus desprecios Comprarás el desengaño.

Lo que es razon no es capricho, No es delito lo alentado, No es injusticia lo activo, Ni es culpa lo que es recato.

Si porque el amor se ofende Intentas disimularlo, Será doblada la ofensa Por amor y por engaño.

Que no es acertada enmienda, En términos cortesanos, Indicarse de grosero Por eximirse de honrado;

Si el amor por sí es plebeyo, No es medio proporcionado Querer que parezca noble Con un disfraz tan villano;

Y mas habiendo delitos De afectos tan encontrados; Que aunque es delito el hacerlos Es pundonor sustentarlos;

Que ya una vez proferidos Insultos de enamorados, Mejor que lo arrepentido Suele quedar lo obstinado.

Demas que si sé tu amor, ¿Qué importa que tus cuidados Los pronuncies como risa, Si los oigo como llanto?

Varias denominaciones A una misma cosa hallamos, Sin que la sustancia inmute Lo exterior de los vocablos.

Y así en tu dolor será, Cuando muestras desenfado, Mudar el nombre á la queja, Mas no mejorar el daño.

Si el fin que lleva la industria Es de conseguir mi agrado, Malograrás ofendiendo Lo que no alcanzaste amando.

Deja la imposible empresa, Si no quieres temerario Que se rematen castigos Los que avisos empezaron.

Ya, Julio, te he visto en juego; Juega limpio y habla claro, No me vistas de fineza Con apariencias de agravio;

Que ántes que amor en mi pecho El cetro empuñe tirano, Fuente me verá su fuego, Laurel me hallarán sus rayos;