Part 22
En cuanto á mí, puedo asegurar á usted que en aquel templo, abandonado y desnudo, rodeado de tumbas silenciosas, donde descansan ilustres próceres, sin descubrir, al pie del ara que la sostiene, más que las mudas é inmóviles figuras de los abades muertos, esculpidas groseramente sobre las losas sepulcrales del pavimento de la capilla, la milagrosa imagen, cuya historia conocía de antemano, me infundió más hondo respeto, me pareció más hermosa, más rodeada de una atmósfera de solemnidad y grandeza indefinibles que otras muchas que había visto antes en retablos churriguerescos, muy cargadas de joyas ridículas, muy alumbradas de luces en forma de pirámides y de estrellas, muy engalanadas con profusión de flores de papel y de trapo.
Á usted, y á todo el que sienta en su alma la verdadera poesía de la Religión, creo que le sucedería lo mismo.
[Ilustración]
RIMAS
[Ilustración]
I
Yo sé un himno gigante y extraño Que anuncia en la noche del alma una aurora, Y estas páginas son de ese himno Cadencias que el aire dilata en las sombras.
Yo quisiera escribirlo, del hombre Domando el rebelde, mezquino idïoma, Con palabras que fuesen á un tiempo Suspiros y risas, colores y notas.
Pero en vano es luchar; que no hay cifra Capaz de encerrarlo, y apenas ¡oh hermosa! Si, teniendo en mis manos las tuyas, Pudiera, al oído, cantártelo á solas.
II
Saeta que voladora Cruza, arrojada al azar, Sin adivinarse dónde Temblando se clavará;
Hoja que del árbol seca Arrebata el vendaval, Sin que nadie acierte el surco Donde á caer volverá;
Gigante ola que el viento Riza y empuja en el mar, Y rueda y pasa, y no sabe Qué playa buscando va;
Luz que en cercos temblorosos Brilla, próxima á expirar, Ignorándose cuál de ellos El último brillará;
Eso soy yo, que al acaso Cruzo el mundo, sin pensar De dónde vengo, ni adónde Mis pasos me llevarán.
III
Sacudimiento extraño Que agita las ideas, Como huracán que empuja Las olas en tropel;
Murmullo que en el alma Se eleva y va creciendo, Como volcán que sordo Anuncia que va á arder;
Deformes siluetas De seres imposibles; Paisajes que aparecen Como á través de un tul;
Colores que fundiéndose Remedan en el aire Los átomos del Iris, Que nadan en la luz;
Ideas sin palabras, Palabras sin sentido; Cadencias que no tienen Ni ritmo ni compás;
Memorias y deseos De cosas que no existen; Accesos de alegría, Impulsos de llorar;
Actividad nerviosa Que no halla en qué emplearse; Sin rienda que lo guíe Caballo volador;
Locura que el espíritu Exalta y enardece; Embriaguez divina Del genio creador... ¡Tal es la inspiración!
* * * * *
Gigante voz que el caos Ordena en el cerebro, Y entre las sombras hace La luz aparecer;
Brillante rienda de oro Que poderosa enfrena De la exaltada mente El volador corcel;
Hilo de luz que en haces Los pensamientos ata; Sol que las nubes rompe Y toca en el zenit;
Inteligente mano Que en un collar de perlas Consigue las indóciles Palabras reunir;
Armonioso ritmo Que con cadencia y número Las fugitivas notas Encierra en el compás;
Cincel que el bloque muerde La estatua modelando, Y la belleza plástica Añade á la ideal;
Atmósfera en que giran Con orden las ideas, Cual átomos que agrupa Recóndita atracción;
Raudal en cuyas ondas Su sed la fiebre apaga; Oasis que al espíritu Devuelve su vigor... ¡Tal es nuestra razón!
Con ambas siempre en lucha Y de ambas vencedor, Tan sólo el genio puede A un yugo atar las dos.
IV
No digáis que agotado su tesoro De asuntos falta, enmudeció la lira: Podrá no haber poetas; pero siempre Habrá poesía.
Mientras las ondas de la luz al beso Palpiten encendidas; Mientras el sol las desgarradas nubes De fuego y oro vista;
Mientras el aire en su regazo lleve Perfumes y armonías; Mientras haya en el mundo primavera, ¡Habrá poesía!
Mientras la ciencia á descubrir no alcance Las fuentes de la vida, Y en el mar ó en el cielo haya un abismo Que al cálculo resista;
Mientras la humanidad siempre avanzando No sepa á do camina; Mientras haya un misterio para el hombre, ¡Habrá poesía!
Mientras sintamos que se alegra el alma, Sin que los labios rían; Mientras se llore sin que el llanto acuda A nublar la pupila;
Mientras el corazón y la cabeza Batallando prosigan; Mientras haya esperanzas y recuerdos, ¡Habrá poesía!
Mientras haya unos ojos que reflejen Los ojos que los miran; Mientras responda el labio suspirando Al labio que suspira;
Mientras sentirse puedan en un beso Dos almas confundidas; Mientras exista una mujer hermosa, ¡Habrá poesía!
V
Espíritu sin nombre, Indefinible esencia, Yo vivo con la vida Sin formas de la idea.
Yo nado en el vacío, Del sol tiemblo en la hoguera, Palpito entre las sombras Y floto con las nieblas.
Yo soy el fleco de oro De la lejana estrella; Yo soy de la alta luna La luz tibia y serena.
Yo soy la ardiente nube Que en el ocaso ondea; Yo soy del astro errante La luminosa estela.
Yo soy nieve en las cumbres, Soy fuego en las arenas, Azul onda en los mares, Y espuma en las riberas.
En el laúd soy nota, Perfume en la violeta, Fugaz llama en las tumbas, Y en las ruinas hiedra.
Yo atrueno en el torrente, Y silbo en la centella, Y ciego en el relámpago, Y rujo en la tormenta.
Yo río en los alcores, Susurro en la alta yerba, Suspiro en la onda pura, Y lloro en la hoja seca.
Yo ondulo con los átomos Del humo que se eleva, Y al cielo lento sube En espiral inmensa.
Yo, en los dorados hilos Que los insectos cuelgan, Me mezco entre los árboles En la ardorosa siesta.
Yo corro tras las ninfas Que en la corriente fresca Del cristalino arroyo Desnudas juguetean.
Yo, en bosques de corales, Que alfombran blancas perlas, Persigo en el Océano Las náyades ligeras.
Yo, en las cavernas cóncavas, Do el sol nunca penetra, Mezclándome á los gnomos, Contemplo sus riquezas.
Yo busco de los siglos Las ya borradas huellas, Y sé de esos imperios De que ni el nombre queda.
Yo sigo en raudo vértigo Los mundos que voltean, Y mi pupila abarca La creación entera.
Yo sé de esas regiones Á do un rumor no llega, Y donde informes astros De vida un soplo esperan.
Yo soy sobre el abismo El puente que atraviesa; Yo soy la ignota escala Que el cielo une á la tierra.
Yo soy el invisible Anillo que sujeta El mundo de la forma Al mundo de la idea.
Yo, en fin, soy ese espíritu, Desconocida esencia, Perfume misterioso, De que es vaso el poeta.
VI
Como la brisa que la sangre orea Sobre el oscuro campo de batalla, Cargada de perfumes y armonías En el silencio de la noche vaga;
Símbolo del dolor y la ternura, Del bardo inglés en el horrible drama, La dulce Ofelia, la razón perdida, Cogiendo flores y cantando pasa.
VII
Del salón en el ángulo oscuro, De su dueño tal vez olvidada, Silenciosa y cubierta de polvo Veíase el arpa.
¡Cuánta nota dormía en sus cuerdas, Como el pájaro duerme en las ramas, Esperando la mano de nieve Que sabe arrancarlas!
¡Ay!--pensé--¡cuántas veces el genio Así duerme en el fondo del alma, Y una voz, como Lázaro, espera Que le diga: «Levántate y anda!»
VIII
Cuando miro el azul horizonte Perderse á lo lejos, Al través de una gasa de polvo Dorado é inquieto, Me parece posible arrancarme Del mísero suelo, Y flotar con la niebla dorada En átomos leves Cual ella deshecho.
Cuando miro de noche en el fondo Oscuro del cielo Las estrellas temblar, como ardientes Pupilas de fuego, Me parece posible á do brillan Subir en un vuelo, Y anegarme en su luz, y con ellas En lumbre encendido Fundirme en un beso.
En el mar de la duda en que bogo Ni aun sé lo que creo; ¡Sin embargo, estas ansias me dicen Que yo llevo algo Divino aquí dentro!...
IX
Besa el aura que gime blandamente Las leves ondas que jugando riza; El sol besa á la nube en Occidente Y de púrpura y oro la matiza; La llama en derredor del tronco ardiente Por besar á otra llama se desliza, Y hasta el sauce, inclinándose á su peso, Al río que le besa, vuelve un beso.
X
Los invisibles átomos del aire En derredor palpitan y se inflaman; El cielo se deshace en rayos de oro; La tierra se estremece alborozada; Oigo flotando en olas de armonía Rumor de besos y batir de alas; Mis párpados se cierran... ¿Qué sucede? --¡Es el amor que pasa!
XI
--Yo soy ardiente, yo soy morena, Yo soy el símbolo de la pasión; De ansia de goces mi alma está llena ¿Á mí me buscas?--No es á ti; no.
--Mi frente es pálida; mis trenzas de oro: Puedo brindarte dichas sin fin; Yo de ternura guardo un tesoro. ¿Á mí me llamas?--No; no es á ti.
--Yo soy un sueño, un imposible, Vano fantasma de niebla y luz; Soy incorpórea, soy intangible; No puedo amarte.--¡Oh, ven; ven tú!
XII
Porque son, niña, tus ojos Verdes como el mar, te quejas; Verdes los tienen las náyades, Verdes los tuvo Minerva, Y verdes son las pupilas De las hurís del profeta.
El verde es gala y ornato Del bosque en la primavera. Entre sus siete colores Brillante el Iris lo ostenta. Las esmeraldas son verdes, Verde el color del que espera, Y las ondas del Océano, Y el laurel de los poetas.
Es tu mejilla temprana Rosa de escarcha cubierta, En que el carmín de los pétalos Se ve al través de las perlas. Y sin embargo, Sé que te quejas, Porque tus ojos Crees que la afean: Pues no lo creas; Que parecen tus pupilas, Húmedas, verdes é inquietas, Tempranas hojas de almendro, Que al soplo del aire tiemblan.
Es tu boca de rubíes Purpúrea granada abierta, Que en el estío convida Á apagar la sed en ella. Y sin embargo, Sé que te quejas, Porque tus ojos Crees que la afean: Pues no lo creas; Que parecen, si enojada Tus pupilas centellean, Las olas del mar que rompen En las cantábricas peñas.
Es tu frente que corona Crespo el oro en ancha trenza, Nevada cumbre en que el día Su postrera luz refleja. Y sin embargo, Sé que te quejas, Porque tus ojos Crees que la afean: Pues no lo creas; Que, entre las rubias pestañas, Junto á las sienes, semejan Broches de esmeralda y oro, Que un blanco armiño sujetan.
XIII
Tu pupila es azul, y cuando ríes, Su claridad suave me recuerda El trémulo fulgor de la mañana Que en el mar se refleja.
_Tu pupila es azul, y cuando lloras,_ _Las transparentes lágrimas en ella_ _Se me figuran gotas de rocío_ _Sobre una violeta._
Tu pupila es azul, y si en su fondo Como un punto de luz radia una idea, Me parece en el cielo de la tarde ¡Una perdida estrella!
XIV
Te vi un punto, y, flotando ante mis ojos, La imagen de tus ojos se quedó, Como la mancha oscura, orlada en fuego, Que flota y ciega, si se mira al sol.
Adonde quiera que la vista fijo, Torno á ver sus pupilas llamear; Mas no te encuentro á ti; que es tu mirada: Unos ojos, los tuyos, nada más.
De mi alcoba en el ángulo los miro Desasidos fantásticos lucir: Cuando duermo los siento que se ciernen De par en par abiertos sobre mí.
Yo sé que hay fuegos fatuos que en la noche Llevan al caminante á perecer: Yo me siento arrastrado por tus ojos, Pero adónde me arrastran, no lo sé.
XV
Cendal flotante de leve bruma, Rizada cinta de blanca espuma, Rumor sonoro De arpa de oro, Beso del aura, onda de luz, Eso eres tú.
Tú, sombra aérea, que cuantas veces Voy á tocarte, te desvaneces Como la llama, como el sonido, Como la niebla, como el gemido Del lago azul.
En mar sin playas onda sonante, En el vacío cometa errante, Largo lamento Del ronco viento, Ansia perpetua de algo mejor, Eso soy yo.
¡Yo, que á tus ojos en mi agonía Los ojos vuelvo de noche y día; Yo, que incansable corro y demente Tras una sombra, tras la hija ardiente De una visión!
XVI
Si al mecer las azules campanillas De tu balcón, Crees que suspirando pasa el viento Murmurador, Sabe que, oculto entre las verdes hojas, Suspiro yo.
Si al resonar confuso á tus espaldas Vago rumor, Crees que por tu nombre te ha llamado Lejana voz, Sabe que, entre las sombras que te cercan, Te llamo yo.
Si se turba medroso en la alta noche Tu corazón, Al sentir en tus labios un aliento Abrasador, Sabe que, aunque invisible, al lado tuyo Respiro yo.
XVII
Hoy la tierra y los cielos me sonríen; Hoy llega al fondo de mi alma el sol; Hoy la he visto... la he visto y me ha mirado... ¡Hoy creo en Dios!
XVIII
Fatigada del baile, Encendido el color, breve el aliento, Apoyada en mi brazo, Del salón se detuvo en un extremo.
Entre la leve gasa Que levantaba el palpitante seno, Una flor se mecía En compasado y dulce movimiento.
Como en cuna de nácar Que empuja el mar y que acaricia el céfiro, Tal vez allí dormía Al soplo de sus labios entreabiertos.
--¡Oh! ¿Quién así--pensaba-- Dejar pudiera deslizarse el tiempo? ¡Oh, si las flores duermen, Qué dulcísimo sueño!
XIX
Cuando sobre el pecho inclinas La melancólica frente, Una azucena tronchada Me pareces.
Porque al darte la pureza De que es símbolo celeste, Como á ella te hizo Dios De oro y nieve.
XX
Sabe, si alguna vez tus labios rojos Quema invisible atmósfera abrasada, Que el alma que hablar puede con los ojos, También puede besar con la mirada.
XXI
--¿Qué es poesía?--dices mientras clavas En mi pupila tu pupila azul;-- ¿Qué es poesía? ¿Y tú me lo preguntas? Poesía... eres tú.
XXII
¿Cómo vive esa rosa que has prendido Junto á tu corazón? Nunca hasta ahora contemplé en la tierra Sobre el volcán la flor.
XXIII
Por una mirada, un mundo; Por una sonrisa, un cielo; Por un beso... ¡yo no sé Qué te diera por un beso!
XXIV
Dos rojas lenguas de fuego Que á un mismo tronco enlazadas, Se aproximan, y al besarse Forman una sola llama;
Dos notas que del laúd Á un tiempo la mano arranca, Y en el espacio se encuentran Y armoniosas se abrazan;
Dos olas que vienen juntas Á morir sobre una playa, Y que al romper se coronan Con un penacho de plata;
Dos jirones de vapor Que del lago se levantan, Y al juntarse allí en el cielo Forman una nube blanca;
Dos ideas que al par brotan, Dos besos que á un tiempo estallan, Dos ecos que se confunden... Eso son nuestras dos almas.
XXV
Cuando en la noche te envuelven Las alas de tul del sueño, Y tus tendidas pestañas Semejan arcos de ébano; Por escuchar los latidos De tu corazón inquieto, Y reclinar tu dormida Cabeza sobre mi pecho, Diera, alma mía, Cuanto poseo: ¡La luz, el aire Y el pensamiento!
Cuando se clavan tus ojos En un invisible objeto, Y tus labios ilumina De una sonrisa el reflejo; Por leer sobre tu frente El callado pensamiento Que pasa como la nube Del mar sobre el ancho espejo, Diera, alma mía, Cuanto deseo: ¡La fama, el oro, La gloria, el genio!
Cuando enmudece tu lengua, Y se apresura tu aliento, Y tus mejillas se encienden, Y entornas tus ojos negros; Por ver entre sus pestañas Brillar con húmedo fuego La ardiente chispa que brota Del volcán de los deseos, Diera, alma mía, Por cuanto espero, ¡La fe, el espíritu, La tierra, el cielo!
XXVI
Voy contra mi interés al confesarlo; Pero yo, amada mía, Pienso, cual tú, que una oda sólo es buena De un billete del Banco al dorso escrita. No faltará algún necio que al oirlo Se haga cruces y diga: «Mujer al fin del siglo diez y nueve, Material y prosaica...» ¡Bobería! ¡Voces que hacen correr cuatro poetas Que en invierno se embozan con la lira! ¡Ladridos de los perros á la luna! Tú sabes y yo sé que en esta vida, Con genio, es muy contado quien la _escribe_; Y con oro, cualquiera _hace_ poesía.
XXVII
Despierta, tiemblo al mirarte; Dormida, me atrevo á verte; Por eso, alma de mi alma, Yo velo mientras tú duermes.
Despierta, ríes, y al reir, tus labios Inquietos me parecen Relámpagos de grana que serpean Sobre un cielo de nieve
Dormida, los extremos de tu boca Pliega sonrisa leve, Suave como el rastro luminoso Que deja un sol que muere... --¡Duerme!
Despierta, miras, y al mirar, tus ojos Húmedos resplandecen Como la onda azul, en cuya cresta Chispeando el sol hiere.
Al través de tus párpados, dormida, Tranquilo fulgor viertes, Cual derrama de luz templado rayo Lámpara transparente... --¡Duerme!
Despierta, hablas, y al hablar, vibrantes Tus palabras parecen Lluvia de perlas que en dorada copa Se derrama á torrentes.
Dormida, en el murmullo de tu aliento Acompasado y tenue, Escucho yo un poema, que mi alma Enamorada entiende... --¡Duerme!
Sobre el corazón la mano Me he puesto, por que no suene Su latido, y de la noche Turbe la calma solemne.
De tu balcón las persianas Cerré ya, por que no entre El resplandor enojoso De la aurora, y te despierte... --¡Duerme!
XXVIII
Cuando entre la sombra oscura Perdida una voz murmura Turbando su triste calma, Si en el fondo de mi alma La oigo dulce resonar; Dime: ¿es que el viento en sus giros Se queja, ó que tus suspiros Me hablan de amor al pasar?
Cuando el sol en mi ventana Rojo brilla á la mañana, Y mi amor tu sombra evoca, Si en mi boca de otra boca Sentir creo la impresión; Dime: ¿es que ciego deliro, Ó que un beso en un suspiro Me envía tu corazón?
Si en el luminoso día Y en la alta noche sombría; Si en todo cuanto rodea Al alma que te desea Te creo sentir y ver; Dime: ¿es que toco y respiro Soñando, ó que en un suspiro Me das tu aliento á beber?
XXIX
Sobre la falda tenía El libro abierto; En mi mejilla tocaban Sus rizos negros; No veíamos las letras Ninguno, creo; Mas guardábamos entrambos Hondo silencio. ¿Cuánto duró? Ni aún entonces Pude saberlo; Sólo sé que no se oía Más que el aliento, Que apresurado escapaba Del labio seco. Sólo sé que nos volvimos Los dos á un tiempo, Y nuestros ojos se hallaron, Y sonó un beso. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Creación de Dante era el libro. Era su _Infierno_. Cuando á él bajamos los ojos, Yo dije trémulo: --¿Comprendes ya que un poema Cabe en un verso? Y ella respondió encendida: --¡Ya lo comprendo!
XXX
Asomaba á sus ojos una lágrima Y á mi labio una frase de perdón; Habló el orgullo y se enjugó su llanto, Y la frase en mis labios expiró.
Yo voy por un camino, ella por otro; Pero al pensar en nuestro mutuo amor, Yo digo aún: «¿Por qué callé aquel día?» Y ella dirá: «¿Por qué no lloré yo?»
XXXI
Nuestra pasión fué un trágico sainete, En cuya absurda fábula Lo cómico y lo grave confundidos Risas y llanto arrancan.
Pero fué lo peor de aquella historia, Que al fin de la jornada, A ella tocaron lágrimas y risas, ¡Y á mí sólo las lágrimas!
XXXII
Pasaba arrolladora en su hermosura, Y el paso le dejé; Ni aun á mirarla me volví, y no obstante Algo á mi oído murmuró: «_esa es_.»
¿Quién reunió la tarde á la mañana? Lo ignoro: sólo sé Que en una breve noche de verano Se unieron los crepúsculos, y... «_fué_.»
XXXIII
Es cuestión de palabras, y no obstante, Ni tú ni yo jamás, Después de lo pasado, convendremos En quién la culpa está.
¡Lástima que el amor un diccionario No tenga donde hallar Cuándo el orgullo es simplemente orgullo, Y cuándo es dignidad!
XXXIV
Cruza callada, y son sus movimientos Silenciosa armonía; Suenan sus pasos, y al sonar, recuerdan Del himno alado la cadencia rítmica.
Los ojos entreabre, aquellos ojos Tan claros como el día; Y la tierra y el cielo, cuanto abarcan, Arden con nueva luz en sus pupilas.
Ríe, y su carcajada tiene notas Del agua fugitiva; Llora, y es cada lágrima un poema De ternura infinita.
Ella tiene la luz, tiene el perfume, El color y la línea, La forma, engendradora de deseos, La expresión, fuente eterna de poesía.
¿Que es estúpida?... ¡Bah! mientras, callando, Guarde oscuro el enigma, Siempre valdrá, á mi ver, lo que ella calla Más que lo que cualquiera otra me diga.
XXXV
¡No me admiró tu olvido! Aunque de un día Me admiró tu cariño mucho más; Porque lo que hay en mí que vale algo, Eso... ¡ni lo pudiste sospechar!
XXXVI
Si de nuestros agravios en un libro Se escribiese la historia, Y se borrase en nuestras almas cuanto Se borrase en sus hojas;
Te quiero tanto aún, dejó en mi pecho Tu amor huellas tan hondas, Que sólo con que tú borrases una, ¡Las borraba yo todas!
XXXVII
Antes que tú me moriré: escondido En las entrañas ya El hierro llevo con que abrió tu mano La ancha herida mortal.
Antes que tú me moriré: y mi espíritu, En su empeño tenaz, Sentándose á las puertas de la muerte, Allí te esperará.
Con las horas los días, con los días Los años volarán, Y á aquella puerta llamarás al cabo... ¿Quién deja de llamar?
Entonces, que tu culpa y tus despojos La tierra guardará, Lavándote en las ondas de la muerte Como en otro Jordán;
Allí, donde el murmullo de la vida Temblando á morir va, Como la ola que á la playa viene Silenciosa á expirar;
Allí, donde el sepulcro que se cierra Abre una eternidad... ¡Todo cuanto los dos hemos callado Lo tenemos que hablar!
XXXVIII
Los suspiros son aire, y van al aire. Las lágrimas son agua, y van al mar. Dime, mujer: cuando el amor se olvida, ¿Sabes tú adónde va?
XXXIX
¿A qué me lo decís? Lo sé: es mudable, Es altanera y vana y caprichosa; Antes que el sentimiento de su alma, Brotará el agua de la estéril roca.