Obras completas de Fígaro, Tomo 1
Part 44
--¡Infeliz! dijo don Luis: ¿no queréis verla, señor Hernán Pérez?
--No: esos espectáculos me ponen de mal humor. ¡Miserable! será acaso alguna madre que haya perdido á su hija. Vamos de aquí, señor don Luis.
--Ó alguna amante desdichada, señor Hernán Pérez, dijo riéndose con indiferencia don Luis, y picando espuelas á su caballo. De allí á poco ambos caballeros desaparecieron, apartándose de la turba que seguía hostigando á la demente, la cual sólo respondía de cuando en cuando con su acostumbrada carcajada y su desdichado estribillo: ¡es tarde! ¡es tarde!
Pocos años después entró una madrugada el sacristán de la parroquia de santa Catalina de Arjonilla en la iglesia, y parecióle ver un bulto extraordinario al lado de un sepulcro. Efectivamente, era la loca.
--Loca, le dijo dándole con el pie. ¡Pues está bueno! Ésta se quedaría aquí ayer en la iglesia cuando la cerré. Vamos, buena mujer. ¡Estará borracha!
Dábale con el pie, pero el bulto no se movía. Acercóse el sacristán, y vió que la loca tenía un hierro en la mano, con el cual había medio escrito sobre la piedra: _¡es tarde! ¡es tarde!_ Pero ella estaba muerta. Sus labios fríos oprimían la fría piedra del sepulcro. Un epitafio decía en letras gordas sobre la losa:
AQUÍ YACE MACÍAS EL ENAMORADO
FIN DEL TOMO PRIMERO
PARIS.--IMP. CHARLES BLOT. RUE BLEUE, 7