Part 8
Aunque este grave caso haya tocado[251] con tanto sentimiento el alma mía, que de consuelo estoy necesitado, con que de su dolor mi fantasía se descargase un poco, y se acabase 5 de mi continuo llanto la porfía, quise, pero, probar si me bastase[252] el ingenio a escribirte algún consuelo, estando cual estoy, que aprovechase para que tu reciente desconsuelo 10 la furia mitigase, si las musas pueden un corazón alzar del suelo y poner fin a las querellas que usas, con que de Pindo ya las moradoras se muestran lastimadas y confusas; 15 que, según he sabido, ni a las horas que el sol se muestra ni en el mar se esconde, de tu lloroso estado no mejoras; antes en él permaneciendo, donde quiera que estás tus ojos siempre bañas, 20 y el llanto a tu dolor así responde, que temo ver deshechas tus entrañas en lágrimas, como al lluvioso viento se derrite la nieve en las montañas. Si acaso el trabajado pensamiento 25 en el común reposo se adormece, por tornar al dolor con nuevo aliento, en aquel breve sueño te aparece la imagen amarilla del hermano, que de la dulce vida desfallece; 30 y tú, tendiendo la piadosa mano, probando a levantar el cuerpo amado, levantas solamente el aire vano; y del dolor el sueño desterrado con ansia vas buscando, el que partido 35 era ya con el sueño y alongado. Así desfalleciendo en tu sentido, como fuera de ti, por la ribera de Trápana con llanto y con gemido el caro hermano buscas, que sola era 40 la mitad de tu alma, el cual muriendo, no quedará ya tu alma entera.[253] Y no de otra manera repitiendo vas el amado nombre, en desusada figura a todas partes revolviendo, 45 que cerca del Erídano aquejada,[254] lloró y llamó Lampecie el nombre en vano,[255] con la fraterna muerte lastimada: «Ondas, tornadme ya mi dulce hermano Faetón; si no, aquí veréis mi muerte, 50 regando con mis ojos este llano.» ¡Oh cuántas veces, con el dolor fuerte avivadas las fuerzas, renovaba las quejas de su cruda y dura suerte! ¡Y cuántas otras, cuando se acababa 55 aquel furor, en la ribera umbrosa, muerta, cansada, el cuerpo reclinaba! Bien te confieso que si alguna cosa entre la humana puede y mortal gente entristecer un alma generosa, 60 con gran razón podrá ser la presente, pues te ha privado de un tan dulce amigo, no solamente hermano, un acidente; el cual, no solo siempre fue testigo de tus consejos y íntimos secretos, 65 mas de cuanto lo fuiste tú contigo. En él se reclinaban tus discretos y honestos pareceres, y hacían conformes al asiento sus efetos. En él ya se mostraban y leían 70 tus gracias y virtudes una a una, y con hermosa luz resplandecían, como en luciente de cristal coluna,[256] que no encubre de cuanto se avecina a su viva pureza cosa alguna. 75 ¡Oh, miserables hados! ¡Oh, mesquina suerte la del estado humano, y dura, do por tantos trabajos se camina! Y agora muy mayor la desventura de aquesta nuestra edad, cuyo progreso 80 muda de un mal en otro su figura. ¿A quién ya de nosotros el eceso de guerras, de peligros y destierro no toca, y no ha cansado el gran proceso? ¿Quién no vio desparcir su sangre al hierro 85 del enemigo? ¿Quién no vio su vida perder mil veces y escapar por yerro? ¿De cuántos queda y quedará perdida la casa y la mujer y la memoria, y de otros la hacienda despendida? 90 ¿Qué se saca de aquesto? ¿Alguna gloria? ¿Algunos premios o agradecimientos? Sabralo quien leyere nuestra historia. Verase allí que como polvo al viento, así se deshará nuestra fatiga 95 ante quien se endereza nuestro intento. No contenta con esto la enemiga del humano linaje, que invidiosa coge sin tiempo el grano de la espiga, nos ha querido ser tan rigurosa, 100 que ni a tu juventud, don Bernaldino, ni ha sido a nuestra pérdida piadosa. ¿Quién pudiera de tal ser adivino? ¿A quién no le engañara la esperanza, viéndote caminar por tal camino? 105 ¿Quién no se prometiera en abastanza[257] seguridad entera de tus años, sin temer de natura tal mudanza? Nunca los tuyos, mas los propios daños, dolernos deben; que la muerte amarga 110 nos muestra claros ya mil desengaños: hanos mostrado ya que en vida larga apenas de tormentos y de enojos llevar podemos la pesada carga; hanos mostrado en ti que claros ojos 115 y juventud y gracia y hermosura,[258] son también, cuando quiere, sus despojos. Mas no puede hacer que tu figura, después de ser de vida ya privada, no muestre el artificio de natura. 120 Bien es verdad que no está acompañada de la color de rosa que solía con la blanca azucena ser mesclada; porque el calor templado que encendía la blanca nieve de tu rostro puro, 125 robado ya la muerte te lo había. En todo lo demás, como en seguro y reposado sueño descansabas, indicio dando del vivir futuro.[259] Mas ¿qué hará la madre que tú amabas, 130 de quien perdidamente eras amado, a quien la vida con la tuya dabas? Aquí se me figura que ha llegado de su lamento el son, que con su fuerza rompe el aire vecino y apartado; 135 tras el cual a venir también se esfuerza el de las cuatro hermanas, que teniendo va con el de la madre viva fuerza. A todas las contemplo desparciendo de su cabello luengo el fino oro, 140 al cual ultraje y daño están haciendo. El viejo Tormes con el blanco coro de sus hermosas ninfas seca el río, y humedece la tierra con su lloro. No recostado en urna al dulce frío[260] 145 de su caverna umbrosa, mas tendido por el arena en el ardiente estío, con ronco son de llanto y de gemido, los cabellos y barbas mal paradas se despedaza, y el sutil vestido. 150 En torno dél sus ninfas, desmayadas, llorando en tierra están sin ornamento, con las cabezas de oro despeinadas. Cese ya del dolor, el sentimiento, hermosas moradoras del undoso 155 Tormes; tened más provechoso intento; consolad a la madre, que el piadoso dolor la tiene puesta en tal estado, que es menester socorro presuroso. Presto será que el cuerpo, sepultado 160 en un perpetuo mármol, de las ondas podrá de vuestro Tormes ser bañado. Y tú, hermoso coro, allá en las hondas aguas metido, podrá ser que al llanto de mi dolor te muevas y respondas. 165 Vos, altos promontorios, entre tanto con toda la Trinacria entristecida[261] buscad alivio en desconsuelo tanto. Sátiros, faunos, ninfas, cuya vida[262] sin enojos se pasa, moradores 170 de la parte repuesta y escondida, con luenga esperiencia sabidores, buscad para consuelo de Fernando hierbas de propriedad oculta y flores; así en el escondido bosque, cuando 175 ardiendo en vivo y agradable fuego las fugitivas ninfas vais buscando, ellas se inclinen al piadoso ruego, y en recíproco lazo estén ligadas, sin esquivar el amoroso juego. 180 Tú, gran Fernando, que entre tus pasadas y tus presentes obras resplandeces, y a mayor fama están por ti obligadas, contempla dónde estás; que si falleces al nombre que has ganado entre la gente, 185 de tu virtud en algo te enflaqueces. Porque al fuerte varón no se consiente no resistir los casos de fortuna con firme rostro y corazón valiente. Y no tan solamente esta importuna, 190 con proceso cruel y riguroso, con revolver de sol, de cielo y luna mover no debe un pecho generoso, ni entristecello con funesto vuelo, turbando con molestia su reposo; 195 mas si toda la máquina del cielo con espantable son y con ruído, hecha pedazos, se viniere al suelo, debe ser aterrado y oprimido del grave peso y de la gran ruína, 200 primero que espantado y comovido. Por estas asperezas se camina de la inmortalidad al alto asiento, do nunca arriba quien de aquí declina. En fin, Señor, tornando al movimiento 205 de la humana natura, bien permito a nuestra flaca parte un sentimiento; mas el eceso en esto vedo y quito, si alguna cosa puedo, que parece que quiere proceder en infinito. 210 A lo menos el tiempo que, descrece y muda de las cosas el estado, debe bastar, si la razón fallece. No fue el troyano príncipe llorado[263] siempre del viejo padre dolorido, 215 ni siempre de la madre lamentado; antes, después del cuerpo redemido con lágrimas humildes y con oro, que fue del fiero Aquiles concedido, y reprimido el lamentable coro 220 del frigio llanto, dieron fin al vano y sin provecho sentimiento y lloro. El tierno pecho, en esta parte humano, de Venus, ¿qué sintió, su Adonis viendo de su sangre regar el verde llano?[264] 225 Mas des que vido bien que corrompiendo con lágrimas sus ojos no hacía sino en su llanto estarse deshaciendo, y que tornar llorando no podía su caro y dulce amigo de la escura 230 y tenebrosa noche al claro día, los ojos enjugó, y la frente pura mostró con algo más contentamiento, dejando con el muerto la tristura; y luego con gracioso movimiento 235 se fue su paso por el verde suelo, con su guirnalda usada y su ornamento. Desordenaba con lacivo vuelo el viento su cabello, y con su vista alegraba la tierra, el mar y el cielo. 240 Con discurso y razón que es tan prevista, con fortaleza y ser que en ti contemplo, a la flaca tristeza se resista. Tu ardiente gana de subir al templo donde la muerte pierde su derecho, 245 te baste, sin mostrarte yo otro ejemplo. Allí verás cuán poco mal ha hecho la muerte en la memoria y clara fama de los famosos hombres que ha deshecho. Vuelve los ojos donde al fin te llama 250 la suprema esperanza, do perfeta sube y purgada el alma en pura llama. ¿Piensas que es otro el fuego que en Oeta[265] de Alcides consumió la mortal parte[266] cuando voló el espirtu al alta meta? 255 Desta manera aquel por quien reparte tu corazón sospiros mil al día, y resuena tu llanto en cada parte, subió por la difícil y alta vía, de la carne mortal purgado y puro, 260 en la dulce región del alegría; do con discurso libre ya y seguro mira la vanidad de los mortales, ciegos, errados en el aire escuro; y viendo y contemplando nuestros males, 265 alégrase de haber alzado el vuelo a gozar de las horas inmortales. Pisa el inmenso y cristalino cielo teniendo puestos de una y otra mano el claro padre y el sublime abuelo.[267] 270 El uno ve de su proceso humano sus virtudes estar allí presentes, que el áspero camino hacen llano; el otro, que acá hizo entre las gentes en la vida mortal menor tardanza, 275 sus llagas muestra allá resplandecientes. Dellas aqueste premio allá se alcanza; porque del enemigo no conviene procurar en el cielo otra venganza. Mira la tierra, el mar que la contiene,[268] 280 todo lo cual por un pequeño punto a respeto del cielo juzga y tiene. Puesta la vista en aquel gran trasunto y espejo, do se muestra lo pasado con lo futuro y lo presente junto, 285 el tiempo que a tu vida limitado de allá arriba te está, Fernando, mira, y allí ve tu lugar ya deputado. ¡Oh bienaventurado! que sin ira, sin odio, en paz estás, sin amor ciego, 290 con quien acá se muere y se sospira; y en eterna holganza y en sosiego vives, y vivirás cuanto encendiere las almas del divino amor el fuego! Si el cielo piadoso y largo diere 295 luenga vida a la voz deste mi llanto, lo cual tú sabes que pretende y quiere, yo te prometo, amigo, que entre tanto que el sol al mundo alumbre, y que la escura noche cubra la tierra con su manto, 300 y en tanto que los peces la hondura húmida habitarán del mar profundo, y las fieras del monte la espesura, se cantará de ti por todo el mundo; que en cuanto se discurre, nunca visto 305 de tus años jamás otro segundo será desde el Antártico a Calisto.[269]
ELEGÍA SEGUNDA
Aquí, Boscán, donde del buen troyano[270] Anquises con eterno nombre y vida[271] conserva la ceniza el Mantuano,[272] debajo de la seña esclarecida de César Africano nos hallamos,[273] 5 la vencedora gente recogida; diversos en estudio; que unos vamos muriendo por coger de la fatiga el fruto que con el sudor sembramos; otros, que hacen la virtud amiga 10 y premio de sus obras, y así quieren que la gente lo piense y que lo diga, destotros en lo público difieren, y en lo secreto sabe Dios en cuánto se contradicen en lo que profieren. 15 Yo voy por medio, porque nunca tanto quise obligarme a procurar hacienda; que un poco más que aquellos me levanto. Ni voy tampoco por la estrecha senda de los que cierto sé que a la otra vía 20 vuelven de noche, al caminar, la rienda. Mas, ¿dónde me llevó la pluma mía, que a sátira me voy mi paso a paso,[274] y aquesta que os escribo es elegía? Yo enderezo, señor, en fin, mi paso 25 por donde vos sabéis, que su proceso siempre ha llevado y lleva Garcilaso;[275] y así, en mitad de aqueste monte espeso de las diversidades me sostengo, no sin dificultad, mas no por eso 30 dejo las musas, antes torno y vengo dellas al negociar, y variando, con ellas dulcemente me entretengo. Así se van las horas engañando, así del duro afán y grave pena 35 estamos algún hora descansando. De aquí iremos a ver de la sirena la patria, que bien muestra haber ya sido[276] de ocio y de amor antiguamente llena.[277] Allí mi corazón tuvo su nido 40 un tiempo ya; mas no sé ¡triste! agora o si estará ocupado o desparcido.[278] De aquesto un frío temor así a deshora por mis huesos discurre en tal manera, que no puedo vivir con él un hora. 45 Si ¡triste! de mi bien estado hubiera un breve tiempo ausente, yo no niego que con mayor seguridad viviera. La breve ausencia hace el mismo juego en la fragua de amor, que en fragua ardiente 50 el agua moderada hace al fuego; la cual verás que no tan solamente no lo suele matar, mas lo refuerza con ardor más intenso y eminente; porque un contrario con la poca fuerza 55 de su contrario, por vencer la lucha, su brazo aviva y su valor esfuerza; pero si el agua en abundancia mucha sobre el fuego se esparce y se derrama, el humo sube al cielo, el son se escucha, 60 y el claro resplandor de viva llama, en polvo y en ceniza convertido, apenas queda dél sino la fama. Así el ausencia larga, que ha esparcido en abundancia su licor, que amata 65 el fuego que el amor tenía encendido, de tal suerte lo deja, que lo trata la mano sin peligro en el momento que en aparencia y son se desbarata. Yo solo fuera voy de aqueste cuento; 70 porque el amor me aflige y me atormenta, y en el ausencia crece el mal que siento; y pienso yo que la razón consienta y permita la causa deste efeto, que a mí solo entre todos se presenta; 75 porque, como del cielo yo sujeto estaba eternamente y deputado al amoroso fuego en que me meto, así para poder ser amatado, el ausencia sin término infinita 80 debe ser, y sin tiempo limitado; lo cual no habrá razón que lo permita; porque, por más y más que ausencia dure, con la vida se acaba, que es finita. Mas a mí ¿quién habrá que me asegure 85 que mi mala fortuna con mudanza y olvido contra mí no se conjure? Este temor persigue la esperanza y oprime y enflaquece el gran deseo con que mis ojos van de su holganza.[279] 90 Con ellos solamente agora veo este dolor que el corazón me parte, y con él y comigo aquí peleo. ¡Oh crudo, oh riguroso, oh fiero Marte, de túnica cubierto de diamante,[280] 95 y endurecido siempre en toda parte! ¿Qué tiene que hacer el tierno amante con tu dureza y áspero ejercicio llevado siempre del furor delante? Ejercitando, por mi mal, tu oficio, 100 soy reducido a términos que muerte será mi postrimero beneficio.[281] Y esta no permitió mi dura suerte que me sobreviniese peleando, de hierro traspasado agudo y fuerte,[282] 105 por que me consumiese contemplando mi amado y dulce fruto en mano ajena, y el duro posesor de mí burlando. Mas, ¿dónde me trasporta y enajena de mi proprio sentido el triste miedo? 110 Aparte de vergüenza y dolor llena, donde si el mal yo viese, ya no puedo, según con esperalle estoy perdido, acrecentar en la miseria un dedo. Así lo pienso agora, y si él venido 115 fuese en su misma forma y su figura, tendría el presente por mejor partido, y agradecería siempre a la ventura mostrarme de mi mal solo el retrato, que pintan mi temor y mi tristura. 120 Yo sé qué cosa es esperar un rato el bien del propio engaño, y solamente tener con él inteligencia y trato. Como acontece al mísero doliente, que del un cabo el cierto amigo y sano 125 le muestra el grave mal de su acidente, y le amonesta que del cuerpo humano comience a levantar a mejor parte el alma suelta con volar liviano; mas la tierna mujer, de la otra parte, 130 no se puede entregar a desengaño, y encúbrele del mal la mayor parte; él, abrazado con su dulce engaño, vuelve los ojos a la voz piadosa, y alégrase muriendo con su daño, 135 así los quito yo de toda cosa, y póngolos en solo el pensamiento de la esperanza cierta o mentirosa. En este dulce error muero contento; porque ver claro y conocer mi estado 140 no puede ya curar el mal que siento; y acabo como aquel que en un templado baño metido, sin sentido muere, las venas dulcemente desatado.[283] Tú, que en la patria entre quien bien te quiere 145 la deleitosa playa estás mirando,[284] y oyendo el son del mar que en ella hiere, y sin impedimento contemplando la misma a quien tú vas eterna fama, en tus vivos escritos, procurando; 150 alégrate, que más hermosa llama[285] que aquella que el troyano encendimiento pudo causar, el corazón te inflama. No tienes que temer el movimiento de la fortuna con soplar contrario, 155 que el puro resplandor serena el viento. Yo, como conducido mercenario, voy do fortuna a mi pesar me envía, si no a morir, que aquesto es voluntario. Solo sostiene la esperanza mía 160 un tan débil engaño, que de nuevo es menester hacello cada día; y si no lo fabrico y lo renuevo, da consigo en el suelo mi esperanza; tanto, que en vano a levantalla pruebo. 165 Aqueste premio mi servir alcanza, que en sola la miseria de mi vida negó fortuna su común mudanza. ¿Dónde podré huir que sacudida un rato sea de mí la grave carga 170 que oprime mi cerviz enflaquecida? Mas ¡ay! que la distancia no descarga el triste corazón, y el mal, doquiera que estoy, para alcanzarme el vuelo alarga. Si donde el sol ardiente reverbera 175 en la arenosa Libia, engendradora de toda cosa ponzoñosa y fiera; o adonde es él vencido a cualquiera hora de la rígida nieve y viento frío, parte do no se vive ni se mora; 180 si en esta o en aquella el desvarío o la fortuna me llevase un día, y allí gastase todo el tiempo mío; el celoso temor con mano fría en medio del calor y ardiente arena 185 el triste corazón me apretaría; y en el rigor del hielo, en la serena noche, soplando el viento agudo y puro, que el veloce correr del agua enfrena, de aqueste vivo fuego en que me apuro 190 y consumirme poco a poco espero, sé que aun allí no podré estar seguro; y así, diverso entre contrarios muero.
EPÍSTOLA