Nuevas poesías y evangélicas con un estudio del Dr. Alfredo Palacios
Part 5
18. El transeúnte que se ve precisado a descender a la calzada, porque un grupo de personas estacionado en la vereda le interrumpe estúpidamente el paso, sin una razón de orden público, como una revolución, un gran mitin político u obrero, un incendio, etc., ha sido extorsionado en un derecho establecido por la constitución y positivamente confirmado por las leyes.
19. Ese transeúnte puede decir, a plena lengua, que recorre una ciudad en la que no se respeta ninguna ley, lo mismo que en una toldería de salvajes; porque donde no hay capacidad para cumplir lo menos, no puede haberla para cumplir lo más.
20. La mujer joven o vieja, patricia u obrera, que tiene que soportar, como a un chubasco hediondo, los chicoleos pornográficos de los almizclados mirliflores que se posesionan de las aceras como de cosa absolutamente propia; o que se ve obligada, para no doblegar su pudor a través de aquellas horcas caudinas, a cambiar de calles, alargando su camino y retardando su llegada al punto de su destino: esa mujer, ha sido afectada, a vista y paciencia de todos, en su derecho al libre tránsito, en su debilidad femenina y en su majestad humana.
21. Ella está autorizada para proclamar a la faz del mundo que aquella ciudad donde tantos percances le acontecieron, es una Sierra Morena llena de peligrosas asechanzas, y que los hogares de la misma deben tener una moralidad muy discutible.
22. Porque así como los miasmas de las calles tienen sus focos en el interior de las habitaciones, las procacidades juveniles de la vía pública, son la proyección, sin soluciones de continuidad, de las procacidades del hogar.
23. No es la parte más sana de una población la que pasea más a menudo, aunque aquella parte sea la más elegante.
24. Los pueblos más callejeros, más divertidos, nunca fueron verdaderamente libres sino en ocasiones intermitentes.
25. La afición al callejeo y al café, supone un hogar caduco, ya sin fuerzas simpáticas atractivas.
26. Cualquier ciudad de los Estados Unidos de Norte América acusa el espíritu de aquel pueblo, su varonil fortaleza, su exacto concepto de la vida y la eficacia de su intervención en el progreso universal.
27. Las calles de aquellas ciudades no son lagunas productoras de fiebres palúdicas: son ríos que corren.
28. El niño, cualquier niño, es un pequeño criminal incipiente.
29. Aunque así no lo parezca, todo el trabajo de los padres, de los hermanos mayores, de los maestros, de la sociedad entera, tiende convergentemente a que ese malvado que palpita en aquel tierno ser, no se desarrolle del todo.
30. Basta observar un pequeñuelo entregado a sí mismo, sin vigilancia ninguna y sin algo perentorio en que ocuparse: parece un Nerón presidiendo el incendio de Roma, parece un Atila destruyendo la vieja civilización pagana.
31. Es un crimen de lesa humanidad, entonces, echar los niños a la calle sin un objetivo preciso de utilidad, o para ellos o para sus familias.
32. Cualquiera que tenga ojos habrá visto que no son los muchachos que van a la escuela los que maltratan los árboles de las avenidas, rompen los estucos frescos de los muros y estampan inscripciones obscenas en las fachadas: son los que regresan.
33. Porque a la escuela tienen que llegar a una hora fija, a golpe de campana como los obreros, y van a esa escuela en línea recta, lo mismo que sonámbulos.
34. Pero como sus padres no les imponen puntualidad militar en la hora del retorno, quedan, por esa causa, entregados a sí mismos: entonces reaparece el criminal en germen, el destructor incipiente, el pequeño Nerón delirante... ¡y las copas de los árboles caen desgajadas, los relieves de las fachadas pierden su tersura y modelación, las estatuas de los paseos se llenan de mutilaciones, las paredes del trayecto se cubren de figuras y de sentencias dignas de los muros de una letrina pública, y los aires se pueblan de apóstrofes tan abominables como aquellas figuras y aquellas sentencias!
35. No hay otra manera de combatir el espíritu de destrucción en los niños--que es fundamental en ellos, que es la característica de su edad,--sino vigilándoles cuando están cerca de nosotros, dándoles una ocupación de carácter imprescindible cuando les dejamos solos, y estableciéndoles un severísimo lapso prudencial de tiempo para el regreso, cuando hay necesidad de enviarles a la calle por las urgencias de la casa, o de la educación, o del aprendizaje de ellos mismos.
36. Ya he dicho anteriormente que el niño no es una flor más o menos olorosa y agraciada: es un fruto que va sazonando.
37. Tampoco es ni un adorno ni un estorbo en su casa.
38. Y fíjate que digo «en su casa»; porque todo hijo es dueño de casa en la casa de sus padres.
39. Él, no es un adorno porque no es ni un bufón ni un perro de lanas; y no es un estorbo, porque no es ni un intruso ni una excrecencia maligna.
40. Él, él mismo, es toda la razón de ser del hogar paterno; y sin él, aquel hogar es un prostíbulo legalizado por el registro civil y santificado por alguna iglesia.
41. He dicho, también, que un niño es un aprendiz de hombre útil, y ahora te digo que es un estudiante de hombre civilizado, de hombre digno de derechos y de deberes, de hombre capaz de sacrificio.
42. Todo lo que no concuerde con esto, es una imbecilidad propia de esos espíritus secundarios, que se refugian en el magisterio y en la literatura pedagógica.
43. De un aprendiz no se aguarda nada más que lo muy razonable, dada su edad, su endeblez, su falta de juicio, etc.; pero lo poco que se exige, se le exige y no se le suplica.
44. Un niño no debe desarrollar su naciente vidita lo mismo que un simple aficionado del arte de vivir que asistiera a su academia de vez en cuando, como todos los aficionados.
45. Está obligado a vivir la parte de vida que le toca, como un joven entusiasta que asiste diariamente, llueva o truene, a un gran taller, para convertirse con el tiempo en un eximio profesional.
46. De ésos que pasaron su niñez, o completamente abandonados o femeninamente mimados por sus padres, están llenas las cárceles y las oficinas públicas, que es como decir: están llenos los infiernos y el limbo; el último seno del dolor y el último seno de la nulidad.
47. Heroico agente de policía, que presencias desde tu puesto la procesión eterna que pasa por la calle: sábete que la vía pública no es el sitio de los niños; vigílalos paternalmente desde tu bocacalle, cuando pasan por tu lado camino de la escuela, de los mandados y de los talleres; sálvalos de sus propios instintos y de los lúbricos miasmas que ruedan como satanes por el bulevar; no les conduzcas jamás al calabozo, que es más horrible que la calle misma; y disuelve a latigazos certeros esos ruidosos congresos, esas dumas rebeldes, agresivas y deslenguadas, que ellos establecen en las veredas y los terrenos baldíos, en las primeras horas de la noche.
48. Puede ser que aquellos azotes salven de una muerte anónima y miserable a algún Franklin, a algún Lincoln, a algún Sarmiento en germen que anda rodando por el arroyo, como un grano de trigo arrojado en las piedras.
TRÉMOLO
Señor. ¿Cuándo dejarás de ser silencioso como el capataz de un ingenio de azúcar o de una cuadrilla de camineros?
* * * * *
¿Por qué permites que los hombres hagan aquello mismo que repudian?
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¿Por qué pusiste en mis manos esta mala bujía, nada más que para darme cuenta de mis propias tinieblas?
* * * * *
Dios adusto, Dios frío, Dios con libro de entrada y salida, como un carcelero, Dios que necesita del Dolor, Dios que inventó las lágrimas ¡Vete a tu Olimpo!
* * * * *
Aquí está mi pecado más funesto; Aquí está, de mis manchas, la peor, Aquí estoy a tus pies... ¡De un solo gesto Fulmíname, Señor!
¿Quién nos puso el horror a lo Deforme? ¿Quién dictó las pragmáticas del Bien? ¿Y qué mano brutal, qué brazo enorme Nos hunde en lo Soez?
Negras son las cien fauces del infierno; Negras las almas que al infierno van: Negra la Eternidad... ¡Negro y eterno Un minuto del Mal!
Tengo una luz en mí, que no se apaga; Tengo la claridad de lo Mejor... ¡Y tengo el corazón hecho una llaga. Como el cuerpo de Job!
Brillan sobre la Noche las estrellas, Brillan como pupilas de rubí; Brillan desde el Principio, todas ellas... ¡No me miran a mí!
Yo no puedo ceñirme en lo Inefable, Yo no puedo ser más de lo que soy; Yo no puedo evitar lo Inevitable... ¡Porque yo no soy Dios!
¿Dónde están tus Olímpicos Pesebres? ¿Dónde está el manantial de tu Virtud? ¿Dónde se han refugiado, como liebres, Tus Genios de la luz?
Gimen los gemebundos algarrobos; Gimen bajo la fusta de Aquilón; Gimen en las tinieblas como lobos... ¡No gimen como yo!
Yo he de ser el que cae, el que gravita; Yo he de ser el Satán, ¡el no feliz! Yo he de ser el rosal que se marchita... ¡Porque te place a ti!
Guarda para tus buenos tus Edenes; Guarda para tus vírgenes tu amor; Guárdate para Ti todos tus bienes... ¡Tirano sin control!
Aquí está mi pecado más funesto; Aquí está, toda entera, mi maldad; No hagas, solemne Dios, un solo gesto... ¡Te acuso de crueldad!
Braman en el desierto los leones; Braman, como una gran lamentación; Braman, porque maldicen las prisiones De su instinto feroz.
Pesa la Cruz sobre Israel deicida; Pesa la Rebelión sobre Satán; Pesa sobre Caín la primer Vida... ¡Mi carga pesa más!
Buscan los ángeles placeres, Buscan las aves el espacio azul; Buscan la Libertad todos los seres... ¡Yo busco el ataúd!
Sueña con retoñar el triste leño; Sueñan los pobres ciegos con que ven; Sueña la recua enorme... ¡yo no sueño! ¡Jamás retoñaré!
Piensan los mismos necios en la gloria; Piensan los incurables en vivir; Piensa en la perfección la vil escoria... ¡Yo me río de mí!
Yo sé que hay una luz que no se apaga; Yo sé que hay que llegar alguna vez... Yo sé que están hechas una llaga Las plantas de mis pies.
Guarda para tus Santos tus Edenes; Guarda para tus vírgenes tu Amor; Guárdate para Ti todos tus Bienes... ¡Valen mucho, Señor!
Me impusiste la cruz de un gran destino; Me pusiste el afán de un Más Allá, Y pusiste la Noche en mi camino... ¡No doy un paso más!
Aquí está mi pecado más funesto; Aquí está, de mis lacras, la peor; Aquí estoy ante Ti... ¡Ni un solo gesto!... ¡Págame mi dolor!
¿Qué te cuesta evitar las amarguras? ¿Qué te cuesta radiar toda tu luz? ¿Qué te cuesta dotar a tus criaturas De tu misma salud?
¿Quién reduce tus fuerzas infinitas? ¿Quién te obliga a crear ni un pecho vil? ¿Quién te impone la ley de los jesuítas Para llenar tu fin?
¿Dónde está tu potencia soberana? ¿Dónde están tus ejércitos del Bien? ¿Y dónde está la perfección humana, Para tenerte fe?
Eras un viejo Buda milenario; Eras un comodín y nada más; Eras un espantajo innecesario... ¡Ya no habría otro igual!
Eras sin filiación, como un gitano; Eras como un error que ya no es; Eras un epigrama, un dicho vano... ¡Una sombra que fué!
Todos te maldecían, Iscariote, Todos te declaraban maniquí, Todos, ¡¡hasta tus propios sacerdotes Se reían de ti!!
Estabas derrotado por la Ciencia; Estabas sin arraigo en lo Vulgar; Estabas como Duda en la Conciencia... ¡No tenías altar!
Y yo arrimé mis hombros a tu carro; Yo te puse mis versos por pavés; Yo te alcé como a un mísero del barro Con mi profunda fe.
Yo te soñé la Madre y el Abuelo; Yo te soñé más próvido que el sol; Yo te pensé mejor... ¡Vete a tu cielo! ¡No mereces ser Dios!
Aquí está mi pecado más funesto; Aquí está, de mis lacras, la peor; Aquí estoy ante Ti... ¡Ni un solo gesto! ¡Págame mi dolor!
FÚNEBRE
La montaña que tiembla, por que siento germen de cataclismo en sus entrañas el huracán que gemebundo emigra quién sabe a qué región y a qué distancia: el amor que ruge protestando airado de la ley del nivel que lo avasalla: los mundos del sistema, ¡tristes mundos! que al sol de Dios obedeciendo pasan como en la arena de la pista el potro, a latigazos, ¡noble potro! salta: no tienen sobre sí más amargura que la que hospeda en sus desiertos mi alma, porque yo arrastro sobre mí, ¡y no puedo! como un cuerpo podrido, la esperanza.
Tú que vives la vida de los justos allá junto a tu Dios arrodillada: yo no creo, ni aguardo, pero pienso que haya hecho Dios un Cielo para tu alma; dame un rayo de luz, ¡uno tan sólo! que restaure mi fuerza que desmaya, que ilumine mi mente que se anubla, que reanime mi fe que ya se apaga; dame un beso de amor, ¡uno siquiera! aquí, sobre esta frente que besabas, aquí, sobre estos labios que otros labios han besado con ósculos de infamia, aquí, sobre estos ojos que no tienen nada más ¡Oh mi madre! que tus lágrimas.
SERENATA
Nocturno canto de amor que ondulas en mis pesares, como en los negros pinares las notas del ruiseñor.
Blanco jazmín entre tules y carnes blancas prendido, por mi pasión circuido de pensamientos azules.
Coloración singular que mi tristeza iluminas, como al desierto y las ruinas la claridad estelar.
Nube que cruzas callada la extensión indefinida, dulcemente perseguida por la luz de mi mirada.
Ideal deslumbrador en el espíritu mío, como el collar de rocío con que despierta la flor:
Sumisa paloma fiel dormida sobre mi pecho, como si fuera en un lecho de mirtos y de laurel.
Música, nube, ideal, ave, estrella, blanca flor, preludio, esbozo, fulgor de otro mundo espiritual.
Aquí vengo, aquí me ves, aquí me postro, aquí estoy, como tu esclavo que soy, abandonado a tus pies.
EL BORRÓN
Haciendo revisación De las que antaño me amaban, Sus nombres hallé que estaban Cubiertos con un borrón... Lleno de tribulación Por aquel acaso cruel, Quise arrancar del papel Borrón tan impertinente Y al intentarlo imprudente, Salió lo escrito con él.
¡Oh, qué negros y encontrados Pensamientos me afligían, Cuáles y cuántos serían Aquellos nombres borrados! Y con los ojos nublados Y el alma de afán cubierta Salí buscando la puerta Del hogar donde nací, Nadie respondió ¡ay de mí! ¡La casa estaba desierta!
¡Adelante! dije yo, No quiero desesperar Y fuí la casa a buscar De la mujer que me amó; Mas como nadie salió, Llamé con voz lastimera Si sabrían de quién fuera De tantos un sólo nombre Y de adentro gritó un hombre ¡Que el nombre de ella no era!
¡Oh qué blasfemia execrable! ¡Oh qué rugido tan hondo Rasgó el aire desde el fondo De mi pecho miserable!, Roto estaba el frágil cable De mi vida en un segundo Del abismo en lo profundo Desangrado, herido y solo, ¡Para mí de polo a polo Mar sin playas era el mundo!
Y tambaleante y sombrío Cual un crápula beodo, Que hastiado y harto de todo Para él todo está vacío; Tomé camino hacia el río Buscando en su fondo inerte A mi vida mejor suerte A mi orfandad un asilo Porque el puerto más tranquilo, Es sin duda el de la muerte.
Llegué a la margen y al ver Como el agua dormitaba Recién recordé que estaba Suspendido en el no ser; Quise a la vida volver De la muerte horrorizado, Cuando un brazo despiadado Me despeñó y al hundirme, Sentí la voz maldecirme ¡Del amigo más amado!
Muerto ya porque estoy muerto, Mi espíritu sin consuelo Subió inspirado al cielo Como al más seguro puerto; ¡Ay! para todos abierto Está siempre aquel lugar, Y cuando mi alma al llamar Llegó con humilde voz, Con su mano el mismo Dios ¡Vino la entrada a cerrar!
Y desde entonces proscrita Buscando reposo y calma, Otra vez cautiva el alma Dentro mi pecho se agita; Allí está la pobrecita Como perla en negro velo Ensayando siempre el vuelo Que la lleve en un segundo, Lejos, muy lejos del cielo, Lejos, muy lejos del mundo.
EVANGÉLICAS
1.--La verdad no está metida dentro de un pozo como lo establece el símbolo clásico y como lo han venido predicando todos los dulcamaras catedráticos y no catedráticos.
2.--La verdad palpita a flor de las cosas y para dar con ella no necesitamos ni barrenos ni drogas, ni dinamitas: nos basta el buen sentido y una mediana serenidad de espíritu en presencia de los hombres y de los hechos.
3.--El hombre de genio es un Sancho a quien favorecen las circunstancias, y nada más.
Agosto 2 de 1909.
AL COMPÁS DEL CORAZÓN
(Fragmento)
No hay desventura que no arranque de una llaga o que no la produzca, y no hay caridad verdadera que no se enferme o no se manche.--No hay hombre más perverso que aquél que no quiere contaminarse.--Más frío y más estéríl que un témpano es el impecable.--Nadie más injusto que un desgraciado, ni más indiscreto, ni más mal pensado, ni más caviloso, ni más incongruente, ni más agresivo, ni más odioso. No es más que enemigo y no discurre más que revanchas.--De todos los heroísmos es capaz el hombre, si hay un público que lo aplaude, y un grande que le recompense, aunque sea con una mirada.--Siempre que haya luz, y laureles, y estatuas, y páginas de la historia, tu corazón será un tesoro inagotable de sublimidades; siempre que haya sombra y olvido, será una caverna.
ALMAFUERTERIANAS
La humanidad se lo ha llevado siempre buscando asiento; toda la historia no es más que un ruido de sillas, murmullos de platea, preliminares de banquete. Pocos son los que ponen sus dedos allí donde su mano: la generalidad los echan en pos de sus ojos. Buscando lo imposible, se está buscando siempre. La imaginación enceguece a la soberbia, estimula a la envidia y llena la vida de amargura. El derecho suele ser la cortesía de la voluntad, y ésta es la soberanía de la fuerza. En el fondo de todo está un egoísmo vibrando su látigo. El hombre como los malos cómicos sólo quiere hacer papeles de rey.
* * * * *
Procede como los millonarios que no salen a la calle con sus millones en la cartera; condúcete como los grandes cómicos, que no van a la feria vestidos de Hamlet.
La modestia debe imponerse como una pantalla difumadora, entre el exceso de luz y el exceso de tinieblas.
A más caudales, más cerrojos; y así también: a más fama de virtud, o de belleza, o de talento, más recato.
Acorázate de vulgaridad: recúbrete de buenas maneras, haz olvidar tu posición por más merecida que la tengas: como si disfrutaras de un tesoro mal habido, aprende a caminar por entre hambrientos, sin que se den cuenta de tu pedazo de pan.
ENTRE ESPOSOS
--¡Cuánto te adoro, Tomás! ¡Eres mi dicha, mi encanto! ¡Te amo tanto, pero tanto... Que no puedo amarte más! La dulzura de tu beso Quiero aspirar, delirante... --Bien no sigas adelante... ¿Te bastan doscientos pesos?
DE RODILLAS
Discurren los que me ven Mirarte con tanto afán Que mis labios no podrán Expresar mis ansias bien. Yo no siento que se den Semejante explicación; Pues de su equivocación A mansalva considero Descubrir el paradero De mi pobre corazón.
No sé si me lo han robado Pero sé que lo he perdido, Y que ha de estar escondido En algún sitio sagrado; Pues, si mi pecho ha dejado, Digo que no pudo ser Tan sólo por el placer De olvidarme y libertarse, ¡Sino para refugiarse En un pecho de mujer!
Él no tuvo otra pasión Que la pasión de lo bueno, Porque nació sin veneno Mi prófugo corazón; Y si dejó la mansión De mis entrañas, arguyo Que ha sido el ánimo suyo Ampararse en un altar, Y juro que no ha de estar En más pecho que en el tuyo.
Yo no lo quiero sacar De un asilo semejante Porque sé que en el instante Cesará de palpitar; Allí lo debo dejar Para que esté satisfecho Y puesto que tú te has hecho La santa de su elección, Que siga en adoración Arrodillado en tu pecho.
¿FLORES A MÍ?
Ayer me distes una flor Una flor a mí, señora, Que no consagré una hora Ni al más poderoso amor. ¿Flores a mí?... si es mejor ¡En un páramo arrojarlas! O tú no sabes amarlas, O al sentir mi pecho yerto ¡Sobre la tumba de un muerto Has pensado abandonarlas!
¿Flores a mí?... ¿Tú no sabes De esos parajes que aterran, Donde las flores se cierran, Donde no cantan las aves?... Las más orgullosas naves Temen del mar los furores, Los tigres devoradores Huyen del simún airado... ¡Y tú en mi pecho has dejado Tan sin recelo, tus flores!
Flores a mí... Puede ser Que desalmada y celosa, Buscaras la más hermosa Con tu instinto de mujer; Y haciéndole comprender Yo no sé qué gentileza, Con refinada fiereza, Con el más profundo encono, La bajaste de su trono Por castigar su belleza,
No lo sé, linda mujer, Ni quiero saberlo todo; Me contento con mi modo De saber y no saber; Pero si quieres tener La realidad en tu mano, Te diré, sin ser un vano, Que si te movió el amor... ¡La flor ha sido una flor Que fué destronada en vano!
VIGILIAS AMARGAS
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