Nuevas poesías y evangélicas con un estudio del Dr. Alfredo Palacios
Part 4
12.--La virtud que no es una evidencia indemostrable, deja de serlo, en cierta manera.
13.--Repite tu vida cien veces, si te fuera posible, hasta imponerla como un sol; pero no te demuestres ni te dejes demostrar como una ecuación algebraica; aquello que se hace sentir por sí mismo, vive todo contrahecho, en los espíritus.
14.--Procede como la naturaleza, que es como procede Dios; persistiendo en el hecho silenciosamente.
15.--La sociedad es como los sordomudos, que más entienden los gestos que las palabras: no oye, ve.
16.--Prefiere la deshonra de la caída, a la deshonra de las muletas.
17.--Cuando te sientas fatigado bajo la carga de tus dolores, aplástate sobre ti mismo; pero no te cojas del brazo de ninguno.
18.--El dolor humano deja de ser augusto desde el momento que encuentra su consolador; la excelsitud de las lágrimas se trasmite toda entera a las manos que las enjugan.
19.--La naturaleza parece más hermosa desde los ventanales de un hospital que desde los lujosos balconajes de un amigo.
20.--No seas carga nunca, que es la condición más miserable a que puede llegar un hombre.
21.--Los dolores irreparables harían el papel más ridículo si se dejaran consolar.
22.--Nada más cómico que una viuda; porque solloza para que la consuelen.
23.--La caridad es una virtud; pero desecharla sincera y enérgicamente es otra virtud más grande, mucho más grande todavía.
24.--La dignidad en los que sufren es tan agradable a los ojos de Dios, como el sentimiento de la misericordia en aquéllos que todo lo tienen a manos llenas.
25.--La felicidad tiene sus deberes; pero el dolor tiene los suyos, sábelo bien. No hay situación humana sin obligaciones.
* * * * *
1.--No es prudente buscar las amistades en los tramos sociales más elevados que el que ocupamos: los seres superiores, en cualquier manera de superioridad, no fueron nunca seres amantes.
2.--La lealtad no es virtud fácil de ejercer con los humildes; porque toda virtud busca una recompensa positiva, y los humildes carecen de fondos para premiar a los que les son leales.
3.--Lo mismo que desde la canastilla de un mongolfier, no distinguiríamos de otra mujer cualquiera ni a nuestra misma madre, desde las alturas de la intelectualidad, del poder, de la fortuna, de la felicidad, se divisa a los hombres como a granos de arena y se les trata como a desconocidos.
4.--A todo aquél de tus iguales que quiera subir, considérale como a uno que te quiere dejar; y a todo aquél que haya subido, olvídale como a uno que hubiese muerto.
5.--La amistad de los que están mejor colocados que nosotros, es una especie de magnanimidad del lobo para con el cordero, que puede cesar cualquiera vez por la voluntad del lobo.
6.--Nuestros semejantes más felices no son tales semejantes nuestros.
7.--El dictado de amigo dado por los superiores a los inferiores, es humillante para éstos... ¡tan humillante como una limosna recibida en plena vía pública!
8.--Todas las clases sociales tienen su estado de ánimo propio, que dificulta la fácil y cordial relación entre unas y otras.
9.--Y dos situaciones de ánimo distintas no pueden entenderse entre sí; porque a pesar de expresarse con las mismas palabras no las usan en el mismo sentido: dentro de cada idioma hay muchos idiomas, y todos los días hablamos uno diverso.
10.--Nunca podrás ser amigo, recuérdalo bien, de aquél que no entiende plenamente lo que dices.
11.--Por otra parte, ninguna amistad es absolutamente necesaria: casi todas constituyen una esclavitud, y todas un peligro para la solidaridad humana y para el sentimiento de la justicia.
12.--El hombre se debe a todos, no a uno sólo.
13.--Por último, si quieres evitarte dolores inútiles, no ames especialmente sino a tu mujer, tus hijos y tus padres: que no quede en ti nada más que el sensualismo absolutamente indispensable.
14.--Hay que despojarse poco a poco del barro de bestia que todavía nos agobia.
15.--Y bien puede comenzarse por suprimir esa gran injusticia que han venido cometiendo los hombres; porque nadie absolutamente nadie tiene derecho de ser juzgado con el criterio elástico del amor, si los demás han de ser medidos con la vara inflexible de lo verdadero, de lo justo y hasta de lo conveniente.
16.--Suprime hoy mismo todos tus amigos, así en seco, como quien derriba una planta de cicuta a un golpe de hacha... ¡y ya verás cómo te sientes más justo, más útil a los demás y hasta más misericordioso y tolerante con los errores ajenos!
17.--Pero sobre todo, vuelvo a insistir: no elijas tus amistades entre aquéllos que pueden decir alguna vez que los avergüenzas en público.
* * * * *
1.--El hombre es un animal doméstico: civilizarse es domesticarse.
2.--El perro está organizado lo mismo que cualquier lobo, para devorar a las ovejas: cuando las repunta, las vigila y las defiende de su hermano el lobo, hace como el hombre; esto es: realiza una serie de actos contra natura.
3.--Cada acción humana tiene una historia interesantísima: es el resultado de una lucha incipiente entre la bestia que quiere ser bestia, porque es bestia, y la bestia que no quiere serlo.
4.--Durante los sesenta años de una existencia regular, es posible que no se haya sido hombre, verdaderamente hombre, absolutamente hombre, nada más que diez minutos.
5.--Vivir vida humana, en el sentido estricto de la palabra, es vivir una vida harto dolorosa; porque es vivir una vida de negación de los instintos fundamentales, de teatro constante, de referencia perpetua a un ideal que parece que está en nosotros; pero que no está en nosotros como los propósitos del jinete no están en su cabalgadura.
6.--Como sabe Novelli que él no es ni Hamlet ni Otelo, así sabemos todos que no somos lo que somos... ¡qué realidad tan espantosa!
7.--La mentira, lo que no es nada más que en apariencia, ha hecho al progreso, como lo que no hay de toro salvaje en el buey, hace los surcos.
8.--Los más hermosos tipos humanos sólo son sombras, sólo son agentes, sólo son mastines que no fueron lobos nada más que muy pocas veces.
9.--Más, muchísimo más ha realizado el hombre con su segunda naturaleza que con su naturaleza misma.
10.--Los prejuicios no son sino juicios definitivos cristalizados en la mente, a lo largo del tiempo, acumulaciones de humanidad; y, muchos de ellos, sentimientos tan necesarios a la conservación del individuo y a su equilibrio dentro de la sociedad, como los propios órganos físicos de relación.
11.--De manera que suprimirlos sin substituirlos, es tan estúpido como arrojar al fuego todas nuestras ropas, cuando no tenemos otras de repuesto.
12.--Arroja tus muletas cuando ya no las necesites, como lo hizo Sixto V.
¡VADE RETRO!
I
Tú eres joven, como un lirio de los valles Que recién abre su cáliz Que recién Los cendales candorosos de sus pétalos de seda Suelta al viento de la aurora... ¡Yo soy trágico laurel! ¡Yo soy viejo, carcomido, lamentable, Como un roble centenario Que cayó! ¡Que cayó para ineternum, para nunca más alzarse Por los siglos de los siglos, Bajo el látigo de Dios!
II
Son tus carnes, azucenas y jazmines Sonrojados a los besos De la luz; De la luz de cien incendios pavorosos, De cien soles fulgurantes....... ¡Mas tu carne, no eres tú! ¡Tú eres sombra, sombra enorme, sombra misma, Sombra llena de las ansias De gozar! ¡Tus deseos se retuercen como sierpes iracundas, Insaciables, insaciables.......! ¡Pubertades de Satán!
LA SOMBRA DE LA PATRIA
_En el teatro Odeón, en 1913, al leer esta poesía el poeta explicó con estas palabras su significado social:_
_«La sombra de la patria», que voy a leer, después de la «Evangélica» de la tarde y antes de «Serenata», es un canto que ha palpitado en mi espíritu desde mi remota juventud como una obsesión._
_Dos o tres veces--ocasionado por las circunstancias--tomó forma real, pero bosquejada apenas, hasta que surgió, hasta que definitivamente culminó el siglo pasado durante los sangrientos civismos del año 1893._
_Sin embargo, no es a propósito, no es un trabajo precisamente originado, absolutamente sugerido por aquel hecho histórico; pero se revistió, se saturó de la enorme amargura, de la pesimista congoja cívica que le caracteriza, al son de aquellos días tumultuosos, y tuvo, a la fuerza, que asumir algo del movimiento, del color, de la luz, del sabor propio de los días esos: no hay obra humana--por más abstracta, por más excelsa, o por más relativa y por más contingente que ella sea--que no se tiña de las tonalidades del sitio y de la hora en que ella fué realizada: no hay hecho que no denuncie al hombre que lo produjo ni hombre que no revele de alguna manera los lodos que pisa._
_Pero el cómplice verdadero, el instigador responsable de la consumación de esta obra mía, es otro más antiguo, más grave... y voy a denunciarle:_
_Hubo siempre en mí una angustia, una zozobra, una desazón constantes, perpetuas, que ya no me molestan, porque me he habituado a ellas--como nos acostumbramos al silbar de los oídos, o a otra dolencia parecida, como se amoldan los presidiarios a su grillete, como se adapta, se somete todo el mundo a lo irremediable._
=Siento, sospecho que no hemos cumplido enteramente punto por punto el testamento histórico de nuestros antepasados de la Revolución, los héroes de la Independencia, los sabios fundadores de nuestra nacionalidad.=
_Más aún me parece a mí--me ha parecido siempre--que los destinos humanos, que las civilizaciones humanas, que el progreso humano, no se han conmovido de un modo apreciable, no han tomado mejores direcciones, no han recibido todos los beneficios que, tal vez, imaginó la Providencia al decretar la aparición de un continente sobre la faz de las aguas y al producir la emancipación política de tantos pueblos._
_Ese amargor, esa desazón, ese silbar de los oídos, que me han venido mortificando desde mi primera ya lejana juventud, han sido los verdaderos, los reales originadores de «La sombra de la patria»._
I
Sueltos van sus cabellos. En guedejas Por su busto encorvado se derraman Como velo de angustias o sombría Melena de león. Adusta, pálida, Desencajado el rostro; la vergüenza No tiene la pupila más opaca, Ni la faz de Jesús, al beso infame, Se contrajo más rígida. Adelanta Con medroso ademán... ¡Oh, la ignominia Con paso triunfador nunca se arrastra! ¡La voraz invasión de lo pequeño No hiere como el rayo; pero amansa! ¡Cuando el alma inmortal cae de rodillas La materia mortal cae deshojada! La caída más honda es la caída Que nos pone a merced de la canalla, De lo ruín, de lo innoble, de lo fofo Que flota sobre el mar como resaca, Como fétido gas en el vacío, Cual chusma vil sobre la especie humana.
II
Yo la siento gemir, y sus gemidos Resonante, recóndita cascada En mi cerebro entumecido se hunden, Y allí, en mitad de las tinieblas, cantan, Con el santo fervor de los que piensan Ablandar a su dios con sus plegarias, Con el grave compás de los que lloran Y al son de los sollozos se acompañan, ¡Con el hondo plañir de los que yacen Más allá de la luz y la esperanza! Yo la siento gemir, y sus gemidos, Saetas del pesar, me despedazan, Reproches del deber me paralizan, ¡Pregones de vergüenza, me anonadan! Yo la siento gemir, y sus gemidos Sobre mi frágil corazón, estallan Como todos los vientos de la tierra Soplando, sin cesar, sobre una rama. Como toda la fuerza de los orbes Gravitando, a la vez, sobre una espalda; Como todo el dolor del universo Que en una sola vida se agolpara; Como toda la sombra de los siglos En una sola mente refugiada.
III
Yo la siento gemir, y me parece Que la bóveda azul se desencaja, Cual si fuera una ruina miserable Que Saturno esparciese con sus alas. Cual si fuera una cúpula proterva ¡Que derrumbase Dios, bajo sus plantas! Yo la siento gemir, y el océano Y la selva, y las cumbres y la pampa, Y la nube y las estrellas Y todo lo insensible y sin entrañas, Me parece que sienten, me parece ¡Que asumen voz y proporción humana! Me parece que vienen y se postran Sobre la regia púrpura de mi alma, Y la súplica ardiente de las cosas En miserere trágico levantan.
IV
Yo la siento cruzar ante mis ojos Y es una estrella muerta la que pasa, Dejando en pos de su fulgor, la sombra, Porque en pos de su luz, ¡reina la nada! Yo la siento cruzar ante mis ojos Y la pupila tras de sí me arranca, Cual si su imagen desgreñada y torva, En vez de su visión, ¡fuese una garra! Yo la siento cruzar ante mis ojos En aterrante procesión fantástica, De biblias del deber que ya no enseñan, De apóstoles del bien que ya no hablan, De laureles de honor que ya no honran, De inspirados de Dios que ya no cantan, De púdicas estolas que envilecen, De patenas limpísimas que manchan, De eucarísticos panes que envenenan, ¡De banderas celestes que se arrastran! Yo la siento cruzar... Seres felices Que carecéis de luz en la mirada, ¡Ah! yo no puedo soportar la mía ¡Bajo la fantasma horrible de mi patria!
V
¿Dónde estás, Jehová? ¿Dónde te ocultas? ¿Qué? ¿No vuelves tus ojos y la salvas? ¿Qué? ¿No giras tu rostro y la contemplas? ¿Qué? ¿No extiendes tu mano y la levantas? Miras echar sobre su casto seno, Que fué pulcro, Señor, como la nácar, Antes de que su rastro en él dejase ¡La vil caricia de la gran canalla! Miras echar sobre sus nobles hombros,-- Hombros que fueran los de Juno y Diana,-- ¡Si el azote brutal del infortunio Su pulido marfil no flagelara! Miras echar sobre su cuerpo sacro,-- ¡Tan sacro, sí, como tus hostias santas, Porque también tus hostias se mancillan, Porque también tus hostias se profanan! Miras echar sobre la patria nuestra, Digo por fin, vibrante de arrogancia, El hediondo capote del soldado Que ha de ser su señor, si no le matas, ¿Y el rayo de tu enojo no descuelgas? ¿Tu flamígero brazo, no descargas? ¿Tu cielo fulgurante, no oscureces? ¿Y tus mundos atónitos no paras?
VI
¿Dónde estás, Jehová? ¿Desde qué cumbre, Circundada de monstruos y de llamas, Desde qué abismo negro, impenetrable, Desde qué estrella errante y solitaria Ves su profanación y no fulminas? ¿Oyes la voz de tu poeta y callas? La voz de tu poeta que te siente, La voz de tu poeta que te aclama, La voz de tu poeta que te adora, En la noche, en el día y en el alba, En el secreto foro de su pecho Y en el público altar de su palabra. ¿Dónde estás, Jehová, que así me dejas Buscarte ansioso por doquier, y callas? ¡Y callas como un ídolo sin lengua, Como un muñeco rígido sin alma, A quien supuso vida el fanatismo Y atribuyó justicia la ignorancia!
VII
¡Sí! La virtud, las leyes, el derecho, La religión, la libertad, la patria, La tradición gloriosa de los pueblos, La consigna inviolable de las razas, Y todo lo que da calor y vida A ese artefacto rígido que llaman El universo tuyo, son apenas Un sueño, una mentira, una palabra; Una cosa que suena como un disco Chocando sobre el mármol de una escala, Una cosa que está como una piedra Descendiendo veloz por la montaña; ¡Una boca que grita y que no habla!
VIII
Y la doblez, la astucia, la codicia; La vileza del sable que amenaza; La insidia ruín que a la virtud deshonra Y a las turbas conturba y maniata; La evidencia del mal, su negro imperio Sojuzgando las cosas y las almas, Cual si fuera la torpe levadura Que lleva la creación en sus entrañas, La genésica fuerza incontrastable, El fiat inicial del protoplasma,-- Ésas son la verdad, Dios de los pueblos, A cuyos pies la humanidad se arrastra Como van los rebaños trashumantes Hacia donde los vientos los arrebatan, Los pluviales arroyos a los ríos, ¡Y a las aguas del mar todas las aguas!
IX
Ésas son la verdad, Dios providente, Que todo lo precaves y lo mandas, Arquitecto invisible, que dispones La orientación del pórtico y su fábrica, Poderoso caudillo que presides La instrucción del soldado y la batalla, ¡Tragediante inmortal que verificas La negra intriga de tus propios dramas! Ésas son la verdad Dios de justicia, Y cuyo tribunal siempre me llama, Que has hecho del placer el ancho cauce Que conduce a la muerte o la nostalgia; Que has dejado indefensa a la gacela Armando al lobo de potentes garras; Que has dividido el mundo de los hombres, En los más, que padecen y trabajan, Y en los menos, que gozan y que cumplen La misión de guiar la recua humana, Que más grandes son cuando más mienten, ¡Que más nobles son cuando más matan!... ¿Dónde estás Jehová? ¿Dónde te ocultas Que así me dejas blasfemar y callas, Mi rebelión airada no sofrenas, Mi pequeñez pomposa no anonadas, Mi razón deleznable no enloqueces, Y esta lengua de arpía no me arrancas, Y esta lengua de arpía no derribas Y la haces cual fruto de una rama?
X
Los que sabéis de amor,--de amor excelso, Que recorre la arteria y la dilata, Que reside en el pecho y lo ennoblece, Que palpita en el ser y lo agiganta; Los que sabéis de amor, nobles mancebos, Fuertes, briosos, púdicos, sin mancha, Que recién penetráis en el santuario De la fecunda pubertad sagrada; Vosotros,--Sí, vosotros ¡oh! mancebos Que todavía honráis a vuestras madres, Circuyendo de besos y de lágrimas El augusto recinto de sus frentes, ¡La espléndida corona de sus canas! Volved los rostros a la reina ilustre Que prostituida por los viejos, pasa, Y si al poner los ojos en los suyos, Ojos de diosa que del polvo no alza, No sentís el dolor que a los varones Ante el dolor de la mujer ataca; Si al contemplar su seno desceñido, Seno de virgen que el rubor abrasa, No sentís el torrente de la sangre Que inunda el rostro en borbollón de grana; Si al escuchar sus ayes angustiosos, No sentís una fuerza prodigiosa Que os impele a la lucha y la venganza; ¡Arrancaos a puñados, de los rostros, Las mal nacidas juveniles barbas, Y dejad escoltar a vuestras novias La Sombra de la Patria!
EVANGÉLICAS
Para el agente de facción en la bocacalle.
1. Las calles no son sitios de estacionamiento: son conductos de comunicación entre los diversos puntos de una ciudad, lo mismo que las carreteras lo son entre las varias ciudades de un país.
2. Ésa es la naturaleza de las calles, bulevares y caminos públicos; naturaleza que ni el pueblo ni las autoridades del pueblo pueden extorsionar, sin cometer delito contra la existencia racional de las cosas.
3. Los ayuntamientos que arriendan el derecho de instalar sillas y mesitas ambulantes en las anchas aceras de las avenidas urbanas, conceden una prerrogativa monstruosa; porque crean el privilegio de interrumpir la circulación pública, que está amparada por una solemne declaración constitucional.
4. La municipalidad o el intendente que esto autorizan, cometen un abuso o un mal uso de la soberanía delegada que ejercen; enajenan una cosa que no está bajo su dominio sino para mejorarla en su destino esencial.
5. El pueblo que circula por la vía pública no es una manada de bestias exóticas, para que nadie se permita explotar su exhibición, ni directa ni indirectamente.
6. Las mesitas ésa no son más que las graderías de un circo de fenómenos raros, ocupadas por una concurrencia de volterianos agresivos y deslenguados, como todas las concurrencias de esa clase de espectáculos.
7. A ti no te importa, mi noble agente, que así se haga en París; porque la moral de la metrópoli de una nación que ha suprimido al hijo, no puede ser el molde de la moralidad de nadie, ni siquiera de la moralidad de los hotentotes.
8. Las procesiones religiosas, lo mismo que los corsos carnavalescos, también obstruyen la vía pública por una debilidad de su jefe y por otra debilidad de las autoridades del municipio.
9. La calle es del César,--en este país el César es el pueblo--y ya está dicho que hay que dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios: luego Dios no tiene derecho de salir a la calle a mortificar al César invadiéndole su dominio.
10. Las fiestas carnavalescas no son precisamente reminiscencias paganas aunque mucho de pagano tengan: son grotescas y pornográficas invenciones de los cortesanos papalinos de la Roma teocrática.
11. La humanidad actual no necesita que le señalen tres días del año para ser bestialmente libre, después de haber sido los trescientos sesenta y dos días restantes bestialmente esclava.
12. El pueblo ha adquirido a través de los siglos, una moralidad media más alta, muchísimo más alta, que la de los señores cardenales y obispos católicos que le invitaban a la locura y al libertinaje dentro de los propios templos de Jesús.
13. Todo sacerdote ha sido siempre un mercader de las pasiones humanas: jamás ni su regulador ni su consolador.
14. La calle está hecha para que pasen por la calzada los carros, los coches, los tranvías, los automóviles, las bicicletas y los jinetes; y para que circulen por sus veredas, sin el mínimo obstáculo, todo los peatones, hombres y mujeres, jóvenes y viejos, pobres y ricos, malos y buenos... ¡pero, para que circulen!
15. Los vecinos de una ciudad moderna, pueden recorrer colectivamente las vías de ésta, cada vez que así se les ocurra y hayan manifestado a la autoridad policial el objeto de su pasaje por la calzada; pero, nunca jamás, en la forma provocativa de una ostentación de ceremonias y símbolos que pueden ser ocasión de agresiones de hecho.
16. El que quiera misas, blancas, o negras, o rojas, o de cualquiera de los siete colores del prisma, que se las oficie en su casa; porque todas las misas son motivo de escándalo para los que no creen en ellas.
17. La calle es un sitio neutral, de tranquilidad y seguridad absolutas, de tanto respeto recíproco y de tanta templanza en el hacer y decir, como el salón más aristocrático, aunque así no les parezca a los fanáticos que, por lo mismo que lo son, no conciben otro derecho que el suyo propio, ni tienen otro hermano que el que piensa y obra como ellos.