Naufragios de Alvar Núñez Cabeza de Vaca

Part 15

Chapter 15 3,421 words Public domain Markdown

Esta cuenta toda diò Figueroa por la relacion que de Esquivèl havia sabido, i asi de mano en mano llegò à mi, por donde se puede vèr, i saber el fin que toda aquella Armada hovo, i los particulares casos, que à cada vno de los demàs acontescieron. Y dixo mas, que si los Christianos algun tiempo andaban por alli, podria ser que viesen à Esquivèl, porque sabia que se havia huìdo de aquel Indio con quien estaba, à otros que se decian los Mareames, que eran alli vecinos. Y como acabo de decir, èl, i el Asturiano se quisieran ir à otros Indios, que adelante estaban: mas como los Indios que lo tenian lo sintieron, salieron à ellos, i dieronles muchos palos, i desnudaron al Asturiano, i pasaronle vn braço con vna Flecha; i en fin se escaparon huiendo, i los Christianos se quedaron con aquellos Indios, i acabaron con ellos, que los tomasen por Esclavos, aunque estando sirviendoles fueron tan mal tratados de ellos, como nunca Esclavos, ni Hombres de ninguna suerte lo fueron; porque de seis que eran, no contentos con darles muchas bofetadas, i apalearlos, i pelarles las barbas por su pasatiempo, por solo pasar de vna casa, ò otra, mataron tres, que son los que arriba dixe: Diego Dorantes, i Valdivieso, i Diego de Huelva, i los otros tres que quedaban, esperaban parar en esto mismo: i por no sufrir esta vida, Andrès Dorantes se huyò, i se pasò à los Mareames, que eran aquellos adonde Esquivèl havia parado, i ellos le contaron como havian tenido alli à Esquivèl, i como estando alli se quiso huir, porque vna Muger havia soñado, que le havia de matar vn Hijo, i los Indios fueron tras èl, i lo mataron, i mostraron à Andrès Dorantes su Espada, i sus Cuentas, i Libro, i otras cosas que tenia. Esto hacen estos por vna costumbre que tienen, i es, que matan sus mismos Hijos por sueños, i à las Hijas en nasciendo las dexan comer à Perros, i las echan por aì. La razon porque ellos lo hacen es, segun ellos dicen, porque todos los de la Tierra son sus enemigos, i con ellos tienen continua guerra: i que si acaso casasen sus Hijas, multiplicarian tanto sus enemigos, que los sujetarian, i tomarian por Esclavos: i por esta causa querian mas matallas, que no que de ellas mismas nasciese quien fuese su enemigo. Nosotros les diximos, que por què no las casaban con ellos mismos? Y tambien entre ellos dixeron, que era fea cosa casarlas con sus Parientes, i que era mui mejor matarlas, que darlas à sus Parientes, ni à sus enemigos: i esta costumbre vsan estos, i otros sus vecinos, que se llaman los Iguaces solamente, sin que ningunos otros de la Tierra la guarden. Y quando estos se han de casar, compran las Mugeres à sus Enemigos, i el precio que cada vno dà por la suia, es vn Arco, el mejor que puede haver, con dos Flechas; i si acaso no tiene Arco, vna Red, hasta vna braça en ancho, i otra en largo: matan sus Hijos, i mercan los agenos: no dura el casamiento mas de quanto estàn contentos, i con vna Higa deshacen el casamiento. Dorantes estuvo con estos, i desde à pocos dias se huiò. Castillo, i Estevanico se vinieron dentro à la Tierra-firme à los Yeguaces. Toda esta Gente son Flecheros, i bien dispuestos, aunque no tan grandes como los que atràs dexamos; i traen la Teta, i el Labio horadados. Su mantenimiento principalmente es Raìces de dos, ò tres maneras, i buscanlas por toda la Tierra: son mui malas, i hinchan los Hombres que las comen. Tardan dos dias en asarse, i muchas de ellas son mui amargas, i con todo esto se sacan con mucho trabajo. Es tanta la hambre, que aquellas Gentes tienen, que no se pueden pasar sin ellas, i andan dos, ò tres Leguas buscandolas. Algunas veces matan algunos Venados, i à tiempos toman algun Pescado: mas esto es tan poco, i su hambre tan grande, que comen Arañas, i huevos de Hormigas, i Gusanos, i Lagartijas, i Salamanquesas, i Culebras, i Vivoras, que matan los Hombres, que muerden, i comen Tierra, i Madera, i todo lo que pueden haver, i estiercol de Venados, i otras cosas, que dexo de contar; i creo averiguadamente, que si en aquella Tierra huviese piedras, las comerian. Guardan las espinas del Pescado, que comen, i de las Culebras, i otras cosas, para molerlo despues todo, i comer el polvo de ello. Entre estos no se cargan los Hombres, ni llevan cosa de peso, mas llevanlo las Mugeres, i los Viejos, que es la Gente que ellos en menos tienen. No tienen tanto amor à sus Hijos, como los que arriba diximos. Ai algunos entre ellos, que vsan pecado contra natura. Las Mugeres son mui trabajadas, i para mucho: porque de veinte i quatro horas que ai entre dia, i noche, no tienen sino seis horas de descanso: i todo lo mas de la noche pasan en atiçar sus Hornos, para secar aquellas Raìces, que comen; i desque amanesce comiençan à cabar, i à traer Leña, i Agua à sus Casas, i dàr orden en las otras cosas, de que tienen necesidad. Los mas de estos son grandes Ladrones, porque aunque entre sì son bien partidos, en bolviendo vno la cabeça, su Hijo mismo, ò su Padre, le toma lo que puede. Mienten mui mucho, i son grandes borrachos, i para esto beben ellos vna cierta cosa. Estan tan vsados à correr, que sin descansar, ni cansar, corren desde la mañana hasta la noche, i siguen vn Venado; i de esta manera matan muchos de ellos, porque los siguen, hasta que los cansan; i algunas veces los toman vivos. Las Casas de ellos son de Esteras, puestas sobre quatro Arcos, llevanlas acuestas, i mudanse cada dos, ò tres dias, para buscar de comer: ninguna cosa siembran, que se puedan aprovechar: es Gente mui alegre: por mucha hambre que tengan, por eso no dexan de bailar, ni de hacer sus Fiestas, i Areytos. Para ellos el mejor tiempo que estos tienen, es quando comen las Tunas, porque entonces no tienen hambre, i todo el tiempo se les pasa en bailar, i comen de ellas de noche, i de dia: todo el tiempo que les duran, exprimenlas, i abrenlas, i ponenlas à secar; i despues de secas, ponenlas en vnas Seras, como Higos, i guardanlas para comer por el camino, quando se buelven, i las cascaras de ellas muelenlas, i hacenlas polvo. Muchas veces, estando con estos, nos acontesciò tres, ò quatro dias estàr sin comer, porque no lo havia: ellos, por alegrarnos, nos decian, que no estuviesemos tristes, que presto havria Tunas, i comeriamos muchas, i beberiamos del çumo de ellas, i terniamos las barrigas mui grandes, i estariamos mui contentos, i alegres, i sin hambre alguna: i desde el tiempo que esto nos decian, hasta que las Tunas se huviesen de comer, havia cinco, ò seis Meses: i en fin, huvimos de esperar aquestos seis Meses; i quando fue tiempo, fuimos à comer las Tunas: hallamos por la Tierra mui gran cantidad de Mosquitos, de tres maneras, que son mui malos, i enojosos, i todo lo mas del Verano nos daban mucha fatiga: i para defendernos de ellos, haciamos al derredor de la Gente muchos fuegos de Leña podrida, i mojada, para que no ardiesen, i hiciesen humo; i esta defension nos daba otro trabajo, porque en toda la noche no haciamos sino llorar, del humo que en los ojos nos daba, i sobre eso gran calor, que nos causaban los muchos fuegos, i saliamos à dormir à la Costa; i si alguna vez podiamos dormir, recordabannos à palos, para que tornasemos à encender los fuegos. Los de la Tierra adentro, para esto vsan otro remedio, tan incomportable, i mas que este que he dicho; i es, andar con tiçones en las manos, quemando los Campos, i Montes, que topan, para que los Mosquitos huian, i tambien para sacar debaxo de Tierra Lagartijas, i otras semejantes cosas, para comerlas: i tambien suelen matar Venados, cercandolos con muchos fuegos, i vsan tambien esto, por quitar à los Animales el pasto, que la necesidad les haga ir à buscarlo adonde ellos quieren, porque nunca hacen asiento con sus Casas, sino donde ai Agua, i Leña, i alguna vez se cargan todos de esta provision, i vàn à buscar los Venados, que mui ordinariamente estan donde no ai Agua, ni Leña: i el dia que llegan matan Venados, i algunas otras cosas que pueden, i gastan todo el Agua, i Leña en guisar de comer, i en los fuegos que hacen para defenderse de los Mosquitos, i esperan otro dia para tomar algo que lleven para el camino; i quando parten, tales vàn de los Mosquitos, que paresce que tienen enfermedad de Sant Laçaro: i de esta manera satisfacen su hambre dos, ò tres veces en el año, à tan grande costa como he dicho; i por haver pasado por ello, puedo afirmar, que ningun trabajo que se sufra en el Mundo, iguala con este. Por la Tierra ai muchos Venados, i otras Aves, i Animales, de las que atràs he contado. Alcançan aqui Vacas, i Yo las he visto tres veces, i comido de ellas: i paresceme, que seran del tamaño de las de España: tienen los cuernos pequeños, como Moriscas, i el pelo mui largo, merino, como vna bernia, vnas son pardillas, i otras negras; i à mi parescer tienen mejor, i mas gruesa carne, que de las de acà. De las que no son grandes, hacen los Indios Mantas para cubrirse, i de las maiores hacen Çapatos, i Rodelas: estas vienen de àcia el Norte, por la Tierra adelante, hasta la Costa de la Florida, i tiendense por toda la Tierra mas de quatrocientas Leguas: i en todo este camino, por los Valles por donde ellas vienen, baxan las Gentes, que por alli habitan, i se mantienen de ellas, i meten en la Tierra grande cantidad de Cueros.

_CAP. XIX. De como nos apartaron los Indios._

Quando fueron cumplidos los seis Meses, que Yo estuve con los Christianos, esperando à poner en efecto el concierto que teniamos hecho, los Indios se fueron à las Tunas, que havia de alli à donde las havian de coger, hasta treinta Leguas: i ià que estabamos para huirnos, los Indios con quien estabamos, vnos con otros riñeron sobre vna Muger, i se apuñearon, i apalearon, i descalabraron vnos à otros; i con el grande enojo que huvieron, cada vno tomò su Casa, i se fue à su parte: de donde fue necesario, que todos los Christianos que alli eramos, tambien nos apartasemos, i en ninguna manera nos podimos juntar hasta otro Año: i en este tiempo Yo pasè mui mala vida, ansi por la mucha hambre, como por el mal tratamiento, que de los Indios rescibia, que fue tal, que Yo me huve de huir tres veces de los Amos que tenia, i todos me anduvieron à buscar, i poniendo diligencia para matarme; i Dios Nuestro Señor, por su misericordia, me quiso guardar, i amparar de ellos, i quando el tiempo de las Tunas tornò, en aquel mismo lugar nos tornamos à juntar. Yà que teniamos concertado de huirnos, i señalado el dia, aquel mismo dia los Indios nos apartaron, i fuimos cada vno por su parte: i Yo dixe à los otros Compañeros, que Yo los esperaria en las Tunas; hasta que la Luna fuese llena: i este dia era primero de Septiembre, i primero dia de Luna; i aviselos, que si en este tiempo no viniesen al concierto, Yo me iria solo, i los dexaria: i ansi nos apartamos, i cada vno se fue con sus Indios, i Yo estuve con los mios, hasta trece de Luna: i Yo tenia acordado de me huir à otros Indios, en siendo la Luna llena; i à trece dias del Mes llegaron adonde Yo estaba Andrès Dorantes, i Estevanico, i dixeronme como dexaban à Castillo con otros Indios, que se llamaban Anagados, i que estaban cerca de alli, i que havian pasado mucho trabajo, i que havian andado perdidos, i que otro dia adelante nuestros Indios se mudaron àcia donde Castillo estaba, i iban à juntarse con los que lo tenian, i hacerse Amigos vnos de otros, porque hasta alli havian tenido Guerra: i de esta manera cobramos à Castillo. En todo el tiempo que comiamos las Tunas, teniamos sed, i para remedio de esto bebiamos el çumo de las Tunas, i sacabamoslo en vn hoio, que en la Tierra haciamos, i desque estaba lleno, bebiamos de èl, hasta que nos hartabamos. Es dulce, i de color de Arrope: esto hacen, por falta de otras Vasijas. Ai muchas maneras de Tunas, i entre ellas ai algunas mui buenas, aunque à mi todas me parescian asi, i nunca la hambre me diò espacio para escogerlas, ni parar mientes en quales eran mejores. Todas las mas de Gentes beben Agua llovediça, i recogida en algunas partes, porque aunque ai Rios, como nunca estan de asiento, nunca tienen Agua conoscida, ni señalada. Por toda la Tierra ai mui grandes, i hermosas Dehesas, i de mui buenos pastos para Ganados; i paresceme, que seria Tierra mui fructifera, si fuese labrada, i habitada de Gente de raçon. No vimos Sierra en toda ella, en tanto que en ella estuvimos. Aquellos Indios nos dixeron, que otros estaban mas adelante, llamados Camones, que viven àcia la Costa, i havian muerto toda la Gente, que venia en la Barca de Peñalosa, i Tellez, i que venian tan flacos, que aunque los mataban no se defendian: i asi los acabaron todos, i nos mostraron Ropas, i Armas de ellos, i dixeron, que la Barca estaba alli al travès. Esta es la quinta Barca, que faltaba, porque la del Governador ià diximos como la Mar la llevò: i la del Contador, i los Frailes la havian visto echada al travès en la Costa, i Esquivèl contò el fin de ellos. Las dos, en que Castillo, i Yo, i Dorantes ibamos, ià hemos contado, como junto à la Isla de Malhado se hundieron.

_CAP. XX. De como nos huimos._

Despues de havernos mudado, desde à dos dias nos encomendamos à Dios Nuestro Señor, i nos fuimos huiendo, confiando, que aunque era ià tarde, i las Tunas se acababan, con los frutos que quedarian en el Campo, podriamos andar buena parte de Tierra. Yendo aquel dia nuestro camino, con harto temor que los Indios nos havian de seguir, vimos vnos humos, i iendo à ellos, despues de Visperas llegamos allà, do vimos vn Indio, que como viò que ibamos à èl, huiò, sin querernos aguardar: nosotros embiamos al Negro tras de èl, i como viò que iba solo, aguardòlo. El Negro le dixo, que ibamos à buscar aquella Gente, que hacia aquellos humos. El respondiò, que cerca de alli estaban las Casas, i que nos guiaria allà, i asi lo fuimos siguiendo: i èl corriò à dàr aviso de como ibamos, i à puesta del Sol vimos las Casas: i dos tiros de Ballesta antes que llegasemos à ellas, hallamos quatro Indios, que nos esperaban, i nos rescibieron bien. Diximosles, en Lengua de Mariames, que ibamos à buscallos: i ellos mostraron, que se holgaban con nuestra compañia, i ansi nos llevaron à sus Casas; i à Dorantes, i al Negro aposentaron en Casa de vn Fisico: i à mi, i à Castillo en Casa de otro. Estos tienen otra Lengua, i llamanse Avavares, i son aquellos que solian llevar los Arcos à los nuestros, i iban à contratar con ellos; i aunque son de otra Nacion, i Lengua, entienden la Lengua de aquellos con quien antes estabamos, i aquel mismo dia havian llegado alli con sus Casas. Luego el Pueblo nos ofresciò muchas Tunas, porque ià ellos tenian noticia de nosotros, i como curabamos, i de las maravillas, que Nuestro Señor con nosotros obraba (que aunque no huviera otras) harto grandes eran abrirnos caminos por Tierra tan despoblada, i darnos Gente, por donde muchos tiempos no la havia, i librarnos de tantos peligros, i no permitir que nos matasen, i sustentarnos con tanta hambre, i poner aquellas Gentes en coraçon, que nos tratasen bien, como adelante dirèmos.

_CAP. XXI. De como curamos aqui vnos dolientes._

Aquella misma noche, que llegamos, vinieron vnos Indios à Castillo, i dixeronle, que estaban mui malos de la cabeça, rogandole, que los curase; i despues que los huvo santiguado, i encomendado à Dios, en aquel punto los Indios dixeron, que todo el mal se les havia quitado: i fueron à sus Casas, i truxeron muchas Tunas, i vn pedaço de carne de Venado, cosa, que no sabiamos què cosa era; i como esto entre ellos se publicò, vinieron otros muchos enfermos en aquella noche, à que los sanase, i cada vno traìa vn pedaço de Venado: i tantos eran, que no sabiamos adonde poner la carne. Dimos muchas gracias à Dios, porque cada dia iba cresciendo su misericordia, i mercedes; i despues que se acabaron las curas, començaron à bailar, i hacer sus Areytos, i Fiestas, hasta otro dia que el Sol saliò: i durò la fiesta tres dias, por haver nosotros venido, i al cabo de ellos les preguntamos por la Tierra de adelante, i por la Gente que en ella hallariamos, i los Mantenimientos que en ella havia? Respondieronnos, que por toda aquella Tierra havia muchas Tunas, mas que ià eran acabadas, i que ninguna Gente havia, porque todos eran idos à sus Casas, con haver ià cogido las Tunas: i que la Tierra era mui fria, i en ella havia mui pocos Cueros. Nosotros, viendo esto, que ià el Invierno, i tiempo frio entraba, acordamos de pasarlo con estos. A cabo de cinco dias, que alli haviamos llegado, se partieron à buscar otras Tunas, adonde havia otra Gente de otras Nasciones, i Lenguas; i andadas cinco jornadas, con mui grande hambre, porque en el camino no havia Tunas, ni otra Fruta ninguna, allegamos à vn Rio, donde asentamos nuestras Casas, i despues de asentadas, fuimos à buscar vna Fruta de vnos Arboles, que es como Hieros: i como por toda esta Tierra no ai Caminos, Yo me detuve mas en buscarla: la Gente se bolviò, i Yo quedè solo, i viniendo à buscarlos, aquella noche me perdì; i plugò à Dios, que hallè vn Arbol ardiendo, i al fuego de èl pasè aquel frio aquella noche, i à la mañana Yo me carguè de Leña, i tomè dos tiçones, i bolvì à buscarlos, i anduve de esta manera cinco dias, siempre con mi lumbre, i carga de Leña, porque si el fuego se me matase en parte donde no tuviese Leña, como en muchas partes no la havia, tuviese de que hacer otros tiçones, i no me quedase sin lumbre, porque para el frio Yo no tenia otro remedio, por andar desnudo, como nascì; i para las noches Yo tenia este remedio, que me iba à las matas del Monte, que estaba cerca de los Rios, i paraba en ellas, antes que el Sol se pusiese, i en la Tierra hacia vn hoio, i en èl echaba mucha Leña, que se cria en muchos Arboles, de que por alli ai mui gran cantidad, i juntaba mucha Leña, de la que estaba caìda, i seca de los Arboles, i al derredor de aquel hoio hacia quatro fuegos en Cruz, i Yo tenia cargo, i cuidado de rehacer el fuego de rato en rato, i hacia vnas gavillas de paja larga, que por alli ai, con que me cubria en aquel hoio: i de esta manera me amparaba del frio de las noches; i vna de ellas el fuego caiò en la paja, con que Yo estaba cubierto, i estando Yo durmiendo en el hoio, començò à arder mui recio, i por mucha priesa que Yo me dì à salir, todavia saquè señal en los cabellos del peligro en que havia estado. En todo este tiempo no comì bocado, ni hallè cosa, que pudiese comer: i como traìa los pies descalços, corriòme de ellos mucha sangre; i Dios vsò conmigo de misericordia, que en todo este tiempo no ventò el Norte, porque de otra manera ningun remedio havia de Yo vivir; i à cabo de cinco dias lleguè à vna Ribera de vn Rio, donde Yo hallè à mis Indios, que ellos, i los Christianos me contaban ià por muerto, i siempre creìan, que alguna Vivora me havia mordido. Todos huvieron gran placer de verme, principalmente los Christianos, i me dixeron, que hasta entonces havian caminado con mucha hambre, que esta era la causa, que no me havian buscado: i aquella noche me dieron de las Tunas que tenian; i otro dia partimos de alli, i fuimos donde hallamos muchas Tunas, con que todos satisfacieron su gran hambre; i nosotros dimos muchas gracias à Nuestro Señor, porque nunca nos faltaba su remedio.

_CAP. XXII. Como otro dia nos truxeron otros enfermos._