Naufragios de Alvar Núñez Cabeza de Vaca

Part 14

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En aquella Isla, que he contado, nos quisieron hacer Fisicos, sin examinarnos, ni pedirnos los Titulos, porque ellos curan las enfermedades soplando al enfermo, i con aquel soplo, i las manos, echan de èl la enfermedad, i mandaron nos que hiciesemos lo mismo, i sirviesemos en algo: nosotros nos reìamos de ello, diciendo, que era burla, i que no sabiamos curar, i por esto nos quitaban la comida, hasta que hiciesemos lo que nos decian. Y viendo nuestra porfia, vn Indio me dixo à mì, que Yo no sabia lo que decia en decir, que no aprovecharia nada aquello que èl sabia, ca las Piedras, i otras cosas que se crian por los Campos, tienen virtud; i que èl con vna Piedra caliente, traiendola por el estomago, sanaba, i quitaba el dolor, i que nosotros que eramos hombres, cierto era que teniamos maior virtud, i poder. En fin, nos vimos en tanta necesidad, que lo hovimos de hacer, sin temer que nadie nos llevase por ello la pena. La manera que ellos tienen en curarse es esta: que en viendose enfermos, llaman vn Medico, i despues de curado, no solo le dàn todo lo que poseen, mas entre sus parientes buscan cosas para darle. Lo que el Medico hace, es dalle vnas fajas adonde tiene el dolor, i chupanles al derredor de ellas. Dàn cauterios de fuego, que es cosa entre ellos tenida por mui provechosa, i Yo lo he experimentado, i me suscediò bien de ello; i despues de esto, soplan aquel lugar que les duele, i con esto creen ellos, que se les quita el mal. La manera con que nosotros curamos, era santiguandolos, i soplarlos, i reçar vn _Pater noster_, i vn _Ave Maria_, i rogar lo mejor que podiamos à Dios Nuestro Señor, que les diese salud, i espirase en ellos, que nos hiciesen algun buen tratamiento. Quiso Dios Nuestro Señor, i su misericordia, que todos quellos por quien suplicamos, luego que los santiguamos, decian à los otros, que estaban sanos, i buenos; i por este respecto nos hacian buen tratamiento, i dexaban ellos de comer por darnoslo à nosotros, i nos daban Cueros, i otras cosillas. Fue tan estremada la hambre que alli se pasò, que muchas veces estuve tres dias sin comer ninguna cosa, i ellos tambien lo estaban, i paresciame ser cosa imposible durar la vida, aunque en otras maiores hambres, i necesidades me vi despues, como adelante dirè. Los Indios que tenian à Alonso del Castillo, i Andrès Dorantes, i à los demàs que havian quedado vivos, como eran de otra Lengua, i de otra Parentela, se pasaron à otra parte de la Tierra-firme à comer Hostiones, i alli estuvieron hasta el primero dia del Mes de Abril, i luego bolvieron à la Isla, que estaba de alli hasta dos leguas, por lo mas ancho del Agua, i la Isla tiene media legua de travès, i cinco en largo.

Toda la Gente de esta Tierra anda desnuda, solas las Mugeres traen de sus cuerpos algo cubierto con vna Lana que en los Arboles se cria. Las Moças se cubren con vnos Cueros de Venados. Es Gente mui partida de lo que tienen vnos con otros. No ai entre ellos Señor. Todos los que son de vn Linage andan juntos. Habitan en ella dos maneras de Lenguas, à los vnos llaman de Capoques, i à los otros de Han: tienen por costumbre, quando se conoscen, i de tiempo à tiempo se vèn, primero que se hablen, estàr media hora llorando; i acabado esto, aquel que es visitado, se levanta primero, i dà al otro todo quanto posee, i el otro lo rescibe: i de aì à vn poco se và con ello, i aun algunas veces, despues de rescebido, se vàn sin que hablen palabra. Otras estrañas costumbres tienen, mas Yo he contado las mas principales, i mas señaladas por pasar adelante, i contar lo que mas nos suscedio.

_CAP. XVI. Como se partieron los Christianos de la Isla de Malhado._

Despues que Dorantes, i Castillo bolvieron à la Isla, recogieron consigo todos los Christianos, que estaban algo esparcidos, i hallaronse por todos catorce. Yo, como he dicho, estaba en la otra parte en Tierra-firme, donde mis Indios me havian llevado, i donde me havia dado tan gran enfermedad, que ià que alguna otra cosa me diera esperança de vida, aquella bastaba para del todo quitarmela. Y como los Christianos esto supieron, dieron à vn Indio la Manta de Martas, que del Cacique haviamos tomado, como arriba diximos, porque los pasase donde Yo estaba para verme; i asi, vinieron doce, porque los dos quedaron tan flacos, que no se atrevieron à traerlos consigo: los nombres de los que entonces vinieron, son: Alonso del Castillo, Andrès Dorantes, i Diego Dorantes, Valdivieso, Estrada, Tostado, Chaves, Gutierrez, Asturiano Clerigo, Diego de Huelva, Estevanico el Negro, Benitez: i como fueron venidos à Tierra-firme, hallaron otro, que era de los nuestros, que se llamaba Francisco de Leon; i todos trece por luengo de Costa. Y luego que fueron pasados los Indios, que me tenian, me avisaron de ello, i como quedaban en la Isla Hieronimo de Alaniz, i Lope de Oviedo. Mi enfermedad estorvò que no les pude seguir, ni los vì. Yo huve de quedar con estos mismos Indios de la Isla mas de vn Año, i por el mucho trabajo que me daban, i mal tratamiento que me hacian, determinè de huir de ellos, i irme à los que moran en los Montes, i Tierra-firme, que se llaman los de Charruco, porque Yo no podia sufrir la vida, que con estos otros tenia; porque entre otros trabajos muchos, havia de sacar las Raìces para comer debaxo del Agua, i entre las Cañas, donde estaban metidas en la Tierra; i de esto traìa Yo los dedos tan gastados, que vna Paja que me tocase, me hacia sangre de ellos, i las Cañas me rompian por muchas partes, porque muchas de ellas estaban quebradas, i havia de entrar por medio de ellas, con la Ropa que he dicho que traìa. Y por esto Yo puse en obra de pasarme à los otros, i con ellos me suscediò algo mejor: i porque Yo me hice Mercader, procurè de vsar el Oficio lo mejor que supe; i por esto ellos me daban de comer, i me hacian buen tratamiento, i rogabanme, que me fuese de vnas partes à otras, por cosas que ellos havian menester; porque por raçon de la Guerra, que contino traen, la Tierra no se anda, ni se contrata tanto. E ià con mis Tratos, i Mercaderias entraba la Tierra adentro todo lo que queria, i por luengo de Costa me alargaba quarenta, ò cinquenta leguas. Lo principal de mi trato, era pedaços de Caracoles de la Mar, i Coraçones de ellos, i Conchas, con que ellos cortan vna fruta, que es como Frisoles, con que se curan, i hacen sus Bailes, i Fiestas; i esta es la cosa de maior prescio que entre ellos ai, i Cuentas de la Mar, i otras cosas. Asi esto era lo que io llevaba la Tierra adentro; i en cambio, i trueco de ello traìa Cueros, i Almagra con que ellos se vntan, i tiñen las Caras, i Cabellos; Pedernales para puntas de Flechas, Engrudo, i Cañas duras para hacerlas, i vnas Borlas, que se hacen de Pelos de Venados, que las tiñen, i paran coloradas: i este Oficio me estaba à mi bien, porque andando en èl tenia libertad para ir donde queria, i no era obligado à cosa alguna, i no era Esclavo, i donde quiera que iba me hacian buen tratamiento, i me daban de comer por respeto de mis Mercaderias; i lo mas principal, porque andando en ello, Yo buscaba por donde me havia de ir adelante, i entre ellos era mui conoscido: holgaban mucho quando me vian, i les traìa lo que havian menester; i los que no me conoscian, me procuraban, i deseaban vèr por mi fama. Los trabajos que en esto pasè, serìa largo contarlos, asi de peligros, i hambres, como de tempestades, i frios, que muchos de ellos me tomaron en el Campo. i solo, donde por gran misericordia de Dios Nuestro Señor escapè; i por esta causa Yo no trataba el Oficio en Invierno, por ser tiempo, que ellos mismos en sus Choças, i Ranchos metidos, no podian valerse, ni ampararse. Fueron casi seis Años el tiempo que Yo estuve en esta Tierra solo entre ellos, i desnudo, como todos andaban. La raçon por què tanto me detuve, fue por llevar conmigo vn Christiano, que estaba en la Isla, llamado Lope de Oviedo. El otro Compañero de Alaniz, que con èl havia quedado, quando Alonso del Castillo, i Andrès Dorantes, con todos los otros, se fueron, muriò luego; i por sacarlo de alli, Yo pasaba à la Isla cada Año, i le rogaba, que nos fuesemos à la mejor maña que pudiesemos en busca de Christianos, i cada Año me detenia, diciendo, que el otro siguiente nos iriamos. En fin, al cabo lo saquè, i le pasè el Ancon, i quatro Rios, que ai por la Costa, porque èl no sabia nadar, i ansi fuimos con algunos Indios adelante, hasta que llegamos à vn Ancon, que tiene vna legua de travès, i es por todas partes hondo: i por lo que de èl nos paresciò, i vimos, es, el que llaman del Espiritu Santo, i de la otra parte dèl vimos vnos Indios, que vinieron à vèr los nuestros, i nos dixeron, como mas adelante havia tres Hombres como nosotros, i nos dixeron los nombres de ellos; i preguntandoles por los demàs, nos respondieron, que todos eran muertos de frio, i de hambre: i que aquellos Indios de adelante, ellos mismos por su pasatiempo havian muerto à Diego Dorantes, i à Valdivieso, i à Diego de Huelva, porque se havian pasado de vna casa à otra; i, que los otros Indios sus vecinos, con quien agora estaba el Capitan Dorantes, por raçon de vn sueño que havian soñado, havian muerto à Esquivèl, i à Mendez. Preguntamosles, què tales estaban los vivos? dixeron nos, que mui maltratados, porque los Mochachos, i otros Indios, que entre ellos son mui holgaçanes, i de mal trato, les daban muchas coces, i bofetones, i palos, i que esta era la vida que con ellos tenian. Quesimonos informar de la Tierra adelante, i de los mantenimientos que en ella havia, respondieron, que era mui pobre de Gente, i que en ella no havia que comer, i que morian de frio, porque no tenian Cueros, ni con que cubrirse. Dixeron nos tambien, si queriamos vèr aquellos tres Christianos, que de aì à dos dias los Indios que los tenian venian à comer Nueces vna legua de alli à la Vera de aquel Rio: i porque viesemos, que lo que nos havian dicho del mal tratamiento de los otros era verdad, estando con ellos dieron al Compañero mio de bofetones, i palos, i Yo no quedè sin mi parte, i de muchos pellaços de lodo que nos tiraban, i nos ponian cada dia las Flechas al coraçon, diciendo, que nos querian matar como à los otros nuestros Compañeros. Y temiendo esto Lope de Oviedo, mi Compañero, dixo, que queria bolverse con vnas Mugeres de aquellos Indios, con quien haviamos pasado el Ancon, que quedaban algo atràs. Yo porfiè mucho con èl que no lo hiciese, i pasè muchas cosas, i por ninguna via lo pude detener; i asi se bolviò, i Yo quedè solo con aquellos Indios, los quales se llamaban Quevenes, i los otros con quien èl se fue, llaman Deaguanes.

_CAP. XVII. Como vinieron los Indios i truxeron à Andrès Dorantes, i à Castillo, i à Estevanico._

Desde à dos dias que Lope de Oviedo se havia ido, los Indios que tenian à Alonso del Castillo, i Andrès Dorantes, vinieron al mesmo Lugar, que nos havian dicho, à comer de aquellas Nueces, de que se mantienen, moliendo vnos granillos con ellas, dos Meses del Año, sin comer otra cosa, i aun esto no lo tienen todos los Años, porque acuden vno, i otro no: son del tamaño de las de Galicia, i los Arboles son mui grandes, i ai gran numero de ellos. Vn Indio me avisò como los Christianos eran llegados, i que si Yo queria verlos, me hurtase, i huiese à vn Canto de vn Monte, que èl me senalò; porque èl, i otros Parientes suios havian de venir à vèr aquellos Indios, i que me llevarian consigo adonde los Christianos estaban. Yo me confiè de ellos, i determinè de hacerlo, porque tenian otra Lengua distinta de la de mis Indios: i puesto por obra, otro dia fueron, i me hallaron en el lugar que estaba señalado: i asi me llevaron consigo. Yà que lleguè cerca de donde tenian su Aposento, Andrès Dorantes saliò à vèr quien era, porque los Indios le havian tambien dicho como venia vn Christiano; i quando me viò, fue mui espantado, porque havia muchos dias que me tenian por muerto, i los Indios asi lo havian dicho. Dimos muchas gracias à Dios de vernos juntos: i este dia fue vno de los de maior placer, que en nuestros dias havemos tenido: i llegado donde Castillo estaba, me preguntaron, què donde iba? Yo le dixe, que mi proposito era de pasar à Tierra de Christianos, i que en este rastro, i busca iba. Andrès Dorantes respondiò, que muchos dias havia que èl rogaba à Castillo, i à Estevanico, que se fuesen adelante, i que no lo osaban hacer, porque no sabian nadar, i que temian mucho los Rios, i Ancones por donde havian de pasar, que en aquella Tierra ai muchos. Y pues Dios Nuestro Señor havia sido servido de guardarme entre tantos trabajos, i enfermedades, i al cabo traerme en su compañia, que ellos determinaban de huir, que Yo los pasaria de los Rios, i Ancones que topasemos; i avisaronme, que en ninguna manera diese à entender à los Indios, ni conosciesen de mì, que Yo queria pasar adelante, porque luego me matarian; i que para esto era menester que Yo me detuviese con ellos seis Meses, que era tiempo en que aquellos Indios iban à otra Tierra à comer Tunas. Esta es vna Fruta, que es del tamaño de Huevos, i son bermejas, i negras, i de mui buen gusto. Comenlas tres Meses del Año, en los quales no comen otra cosa alguna; porque al tiempo que ellos las cogian, venian à ellos otros Indios de adelante, que traìan Arcos para contratar, i cambiar con ellos: i que quando aquellos se bolviesen, nos huìriamos de los nuestros, i nos bolveriamos con ellos. Con este concierto Yo quedè alli, i me dieron por Esclavo à vn Indio, con quien Dorantes estaba; el qual era tuerto, i su Muger, i vn Hijo que tenia, i otro que estaba en su compañia; de manera, que todos eran tuertos. Estos se llaman Marianes: i Castillo estaba con otros sus vecinos, llamados Iguases. Y estando aqui ellos me contaron, que despues que salieron de la Isla de Malhado, en la Costa de la Mar hallaron la Barca en que iba el Contador, i los Frailes al travès; i que iendo pasando aquellos Rios, que son quatro mui grandes, i de muchas corrientes, les llevò las Barcas en que pasaban à la Mar, donde se ahogaron quatro de ellos, i que asi fueron adelante hasta que pasaron el Ancon, i lo pasaron con mucho trabajo: i à quince leguas adelante hallaron otro: i que quando alli llegaron, ià se les havian muerto dos Compañeros, en sesenta leguas que havian andado, i que todos los que quedaban estaban para lo mismo, i que en todo el camino no havian comido sino Cangrejos, i Yerva Pedrera: i llegados à este vltimo Ancon, decian, que hallaron en èl Indios, que estaban comiendo Moras; i como vieron à los Christianos, se fueron de alli à otro cabo: i que estando procurando, i buscando manera para pasar el Ancon, pasaron à ellos vn Indio, i vn Christiano, i que llegado, conoscieron que era Figueroa, vno de los quatro que haviamos embiado adelante en la Isla de Malhado, i alli les contò, como èl, i sus Compañeros havian llegado hasta aquel Lugar, donde se havian muerto dos de ellos, i vn Indio, todos tres de frio, i de hambre, porque havian venido, i estado en el mas recio tiempo del mundo, i que à èl, i á Mendez havian tomado los Indios, i que estando con ellos, Mendez havia huìdo, iendo la via lo mejor que pudo de Panuco, i que los Indios havian ido tras èl; i que lo havian muerto: i que estando èl con estos Indios, supo de ellos, como con los Mariames estaba vn Christiano, que havia pasado de la otra parte, i lo havia hallado con los que llamaban Quevenes: i que este Christiano era Hernando de Esquivèl, natural de Badajoz, el qual venia en compañia del Comisario, i que èl supo de Esquivèl el fin en que havian parado el Governador, i Contador, i los demàs, i le dixo, que el Contador, i los Frailes havian echado al travès su Barca entre los Rios; i viniendose por luengo de Costa, llegò la Barca del Governador con su Gente en tierra, i èl se fue con su Barca, hasta que llegaron à aquel Ancon grande, i que alli tornò à tomar la Gente, i la pasò del otro cabo, i bolviò por el Contador, i los Frailes, i todos los otros; i contò, como estando desembarcados, el Governador havia revocado el Poder que el Contador tenia de Lugar-Teniente suio; i diò el cargo à vn Capitan, que traìa consigo, que se decia Pantoja, i que el Governador se quedò en su Barca, i no quiso aquella noche salir à tierra, i quedaron con èl vn Maestre, i vn Page, que estaba malo, i en la Barca no tenian Agua, ni cosa ninguna que comer; i que à media noche el Norte vino tan recio, que sacò la Barca à la Mar, sin que ninguno la viese, porque no tenia por reson sino vna Piedra, i que nunca mas supieron dèl; i que visto esto, la Gente que en tierra quedaron, se fueron por luengo de Costa, i que como hallaron tanto estorvo de Agua, hicieron Balsas con mucho trabajo, en que pasaron de la otra parte; i que iendo adelante llegaron à vna punta de vn Monte, orilla del Agua, i que hallaron Indios, que como los vieron venir, metieron sus Casas en sus canoas, i se pasaron de la otra parte à la Costa; i los Christianos viendo el tiempo que era, porque era por el Mes de Noviembre, pararon en este Monte porque hallaron Agua, i Leña, i algunos Cangrejos, i Mariscos, donde de frio, i de hambre se començaron poco à poco à morir. Allende de esto, Pantoja, que por Teniente havia quedado, les hacia mal tratamiento, i no lo pudiendo sufrir Soto-Maior, Hermano de Vasco Porcallo, el de la Isla de Cuba, que en el Armada havia venido por Maestre de Campo, se rebolviò con èl, i le diò vn palo, de que Pantoja quedò muerto, i asi se fueron acabando; i los que morian, los otros los hacian tasajos, i el vltimo que muriò fue Soto-Maior i Esquivèl, lo hiço tasajos, i comiendo dèl, se mantuvo hasta primero de Março, que vn Indio de los que alli havian huìdo, vino à vèr si eran muertos, i llevò à Esquivèl consigo; i estando en poder de este Indio, el Figueroa lo hablò, i supo de èl todo lo que havemos contado; i le rogò que se viniese con èl, para irse ambos la via del Panuco; lo qual Esquivèl no quiso hacer, diciendo, que èl havia sabido de los Frailes, que Panuco havia quedado atràs, i asi se quedò alli, i Figueroa se fue à la Costa adonde solia estàr.

_CAP. XVIII. De la Relacion que diò de Esquivèl._