Naufragios de Alvar Núñez Cabeza de Vaca

Part 13

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Estando en esta contienda, el viento refrescò, i ellos se bolvieron, i nos dexaron: i asi navegamos aquel dia, hasta hora de Visperas, que mi Barca, que iba delante, descubriò vna Punta, que la Tierra hacia, i del otro cabo se via vn Rio mui grande: i en vna Isleta que hacia la Punta, hice Yo surgir, por esperar las otras Barcas. El Governador no quiso llegar, antes se metiò por vna Baìa mui cerca de alli, en que havia muchas Isletas, i alli nos juntamos, i desde la Mar tomamos Agua dulce, porque el Rio entraba en la Mar de avenida: i por tostar algun Maìz de lo que traìamos, porque ià havia dos dias que lo comiamos crudo, saltamos en aquella Isla, mas como no hallamos Leña, acordamos de ir al Rio, que estaba detràs de la Punta, vna Legua de alli: i iendo, era tanta la corriente, que no nos dexaba en ninguna manera llegar, antes nos apartaba de la Tierra; i nosotros, trabajando, i porfiando por tomarla. El Norte, que venia de la Tierra, començò à crescer tanto, que nos metiò en la Mar, sin que nosotros pudiesemos hacer otra cosa: i à media Legua que fuimos metidos en ella, sondamos, i hallamos, que con treinta braças no podimos tomar hondo, i no podiamos entender, si la corriente era causa que no lo pudiesemos tomar; i asi navegamos dos dias, todavia trabajando por tomar Tierra: i al cabo de ellos, vn poco antes que el Sol saliese, vimos muchos humeros por la Costa: i trabajando por llegar allà, nos hallamos en tres braças de Agua, i por ser de noche, no osamos tomar Tierra; porque como haviamos visto tantos humeros, creìamos que se nos podria recrescer algun peligro, sin nosotros poder vèr, por la mucha obscuridad, lo que haviamos de hacer: i por esto determinamos de esperar à la mañana, i como amanesciò, cada Barca se hallò por sì perdida de las otras: Yo me hallè en treinta braças; i siguiendo mi viage, à hora de Visperas vì dos Barcas, i como fui à ellas, vì que la primera à que lleguè, era la del Governador, el qual me pregunto, què me parescia que debiamos hacer? Yo le dixe, que debia recobrar aquella Barca, que iba delante, i que en ninguna manera la dexase, i que juntas todas tres Barcas, siguiesemos nuestro camino, donde Dios nos quisiese llevar. El me respondiò, que aquello no se podia hacer, porque la Barca iba mui metida en la Mar, i èl queria tomar la Tierra, i que si la queria Yo seguir, que hiciese que los de mi Barca tomasen los Remos, i trabajasen, porque con fuerça de braços se havia de tomar la Tierra: i esto le aconsejaba vn Capitan, que consigo llevaba, que se llamaba Pantoja, diciendole, que si aquel dia no tomaba la Tierra, que en otros seis no la tomaria, i en este tiempo era necesario morir de hambre. Yo vista su voluntad, tomè mi Remo, i lo mismo hicieron todos los que en mi Barca estaban para ello, i bogamos hasta casi puesto el Sol: mas como el Governador llevaba la mas sana, i recia Gente, que entre toda havia, en ninguna manera lo podimos seguir, ni tener con ella. Yo, como vì esto, pedile, que para poderle seguir, me diese vn cabo de su Barca: i èl me respondiò, que no harian ellos poco, si solos aquella noche pudiesen llegar à Tierra. Yo le dixe, que pues via la poca posibilidad, que en nosotros havia para poder seguirle, i hacer lo que havia mandado, que me dixese, què era lo que mandaba que Yo hiciese? El me respondiò, que ià no era tiempo de mandar vnos à otros, que cada vno hiciese lo que mejor le pareciese que era para salvar la vida, que èl ansi lo entendia de hacer; i diciendo esto, se alargò con su Barca: i como no le pude seguir, arribè sobre la otra Barca, que iba metida en la Mar, la qual me esperò; i llegado à ella hallè, que era la que llevaban los Capitanes Peñalosa, i Tellez: i ansi navegamos quatro dias en compañia, comiendo por tasa cada dia medio puño de Maìz crudo. A cabo de estos quatro dias nos tomò vna Tormenta, que hiço perder la otra Barca: i por gran misericordia, que Dios tuvo de nosotros, no nos hundimos del todo, segun el tiempo hacia; i con ser Invierno, i el frio mui grande, i tantos dias, que padesciamos hambre, con los golpes, que de la Mar haviamos rescibido, otro dia la Gente començò mucho à desmaiar: de tal manera, que quando el Sol se puso, todos los que en mi Barca venian estaban caìdos en ella, vnos sobre otros, tan cerca de la muerte, que pocos havia que tuviesen sentido, i entre todos ellos, à esta hora, no havia cinco Hombres en pie; i quando vino la noche, no quedamos sino el Maestre, i Yo, que pudiesemos marear la Barca; i à dos horas de la noche, el Maestre me dixo, que Yo tuviese cargo de ella, porque èl estaba tal, que creìa aquella noche morir: i asi Yo tomè el leme, i pasada media noche, Yo lleguè, por vèr si era muerto el Maestre: i èl me respondiò, que èl antes estaba mejor, i que èl governaria hasta el dia. Yo cierto aquella hora, de mui mejor voluntad tomara la muerte, que no vèr tanta Gente delante de mi de tal manera. Y despues que el Maestre tomò cargo de la Barca, Yo reposè vn poco mui sin reposo; ni havia cosa mas lexos de mi entonces, que el sueño. Y acerca del Alva, pareciòme que oìa el tumbo de la Mar, porque como la Costa era baxa, sonaba mucho, i con este sobresalto, llamè al Maestre, el qual me respondiò, que creìa que eramos cerca de Tierra, i tentamos, i hallamonos en siete braças, i paresciòle, que nos debiamos tener à la Mar, hasta que amanesciese; Y asi Yo tomè vn Remo, i boguè de la vanda de la Tierra, que nos hallamos vna Legua de ella, i dimos la popa à la Mar; i cerca de Tierra nos tomò vna ola; que echò la Barca fuera del Agua vn juego de herradura: i con el gran golpe que diò, casi toda la Gente que en ella estaba como muerta, tornò en sì, i como se vieron cerca de la Tierra, se començaron à descolgar, i con manos, i pies andando: i como salieron à Tierra à vnos barrancos, hecimos lumbre, i tostamos del Maìz que traìamos, i hallamos Agua de la que havia llovido, i con el calor del fuego la Gente tornò en sì, i començaron algo à esforçarse. El dia que aqui llegamos era sexto del Mes de Noviembre.

_CAP. XI. De lo que acaesciò à Lope de Oviedo con vnos Indios._

Desque la Gente huvo comido, mandè à Lope de Oviedo, que tenia mas fuerça, i estaba mas recio que todos, se llegase à vnos Arboles, que cerca de alli estaban, i subido en vno de ellos, descubriese la Tierra en que estabamos, i procurase de haver alguna noticia de ella. El lo hiço asi, i entendiò que estabamos en Isla, i viò que la Tierra estaba cabada, à la manera que suele estàr Tierra donde anda Ganado, i paresciòle por esto, que debia ser Tierra de Christianos, i ansi nos lo dixo. Yo le mandè, que la tornase à mirar mui mas particularmente, i viese si en ella havia algunos Caminos, que fuesen seguidos, i esto sin alargarse mucho, por el peligro que podia haver. El fue, i topando con vna vereda, se fue por ella adelante, hasta espacio de media Legua, i hallò vnas Choças de unos Indios, que estaban solas, porque los Indios eran idos al Campo, i tomò vna Olla de ellos, i vn Perrillo pequeño, i vnas pocas de Liças, i asi se bolviò à nosotros; i paresciendonos que se tardaba, embiè otros dos Christianos, para que le buscasen, i viesen què le havia suscedido, i ellos le toparon cerca de alli, i vieron, que tres Indios, con Arcos, i Flechas, venian tras de èl, llamandole, i èl asimismo llamaba à ellos por señas: i asi llegò donde estabamos, i los Indios se quedaron vn poco atràs, asentados en la misma Ribera; i dende à media hora acudieron otros cien Indios Flecheros, que agora ellos fuesen grandes, ò no, nuestro miedo les hacia parescer Gigantes, i pararon cerca de nosotros, donde los tres primeros estaban. Entre nosotros escusado era pensar que havria quien se defendiese, porque dificilmente se hallaron seis, que del suelo se pudiesen levantar. El Veedor, i Yo salimos à ellos; i llamamosles, i ellos se llegaron à nosotros: i lo mejor que podimos, procuramos de asegurarlos, i asegurarnos, i dimosles Cuentas, i Cascaveles, i cada vno de ellos me diò vna Flecha, que es señal de amistad: i por señas nos dixeron, que à la mañana bolverian, i nos traerian de comer, porque entonces no lo tenian.

_CAP. XII. Como los Indios nos truxeron de comer._

Otro dia, saliendo el Sol, que era la hora que los Indios nos havian dicho, vinieron à nosotros, como lo havian prometido, i nos traxeron mucho Pescado, i de vnas Raìces, que ellos comen, i son como Nueces, algunas maiores, ò menores, la maior parte de ellas se sacan debaxo del Agua, i con mucho trabajo. A la tarde bolvieron, i nos traxeron mas Pescado, i de las mismas Raìces, i hicieron venir sus Mugeres, i Hijos, para que nos viesen; i ansi se bolvieron ricos de Cascaveles, i Cuentas, que les dimos, i otros dias nos tornaron à visitar, con lo mismo que estotras veces. Como nosotros viamos, que estabamos proveìdos de Pescado, i de Raìces, i de Agua, i de las otras cosas que pedimos, acordamos de tornarnos à embarcar, i seguir nuestro camino, i desenterramos la Barca de la Arena, en que estaba metida, i fue menester, que nos desnudasemos todos, i pasasemos gran trabajo para echarla al Agua, porque nosotros estabamos tales, que otras cosas mui mas livianas bastaban para ponernos en èl; i asi embarcados, à dos tiros de Ballesta dentro en la Mar, nos diò tal golpe de Agua, que nos mojò à todos: i como ibamos desnudos, i el frio que hacia era mui grande, soltamos los Remos de las manos: i à otro golpe que la Mar nos diò, trastornò la Barca: el Veedor, i otros dos se asieron de ella para escaparse, mas suscediò mui al revès, que la Barca los tomò debaxo, i se ahogaron. Como la Costa es mui braba, el Mar de vn tumbo echò à todos los otros embueltos en las olas, i medio ahogados en la Costa de la misma Isla, sin que faltasen mas de los tres, que la Barca havia tomado debaxo. Los que quedamos escapados, desnudos como nascimos, i perdido todo lo que traìamos: i aunque todo valia poco, para entonces valia mucho. Y como entonces era por Noviembre, i el frio mui grande, i nosotros tales, que con poca dificultad nos podian contar los huesos, estabamos hechos propria figura de la Muerte. De mì sè decir, que desde el mes de Maio pasado, Yo no havia comido otra cosa sino Maìz tostado, i algunas veces me vì en necesidad de comerlo crudo; porque aunque se mataron los Caballos, entretanto que las Barcas se hacian, Yo nunca pude comer de ellos, i no fueron diez veces las que comì pescado. Esto digo, por escusar raçones, porque pueda cada vno vèr, què tales estariamos. Y sobre todo lo dicho, havia sobrevenido viento Norte, de suerte, que mas estabamos cerca de la muerte, que de la vida: plugo à Nuestro Señor, que buscando los tiçones del fuego, que alli haviamos hecho, hallamos lumbre con que hicimos grandes fuegos: i ansi estuvimos pidiendo à Nuestro Señor misericordia, i perdon de nuestros pecados, derramando muchas lagrimas, haviendo cada vno lastima, no solo de sì, mas de todos los otros, que en el mismo estado vian. Y à hora de puesto el Sol, los Indios, creiendo que no nos haviamos ido, nos bolvieron à buscar, i à traernos de comer: mas quando ellos nos vieron ansi en tan diferente habito del primero, i en manera tan estraña, espantaronse tanto, que se bolvieron atràs. Yo salì à ellos, i llamèlos, i vinieron mui espantados, hicelos entender por señas, como se nos havia hundido vna Barca, i se havian ahogado tres de nosotros: i alli en su presencia, ellos mismos, vieron dos muertos, i los que quedabamos, ibamos aquel camino. Los Indios de vèr el desastre que nos havia venido, y el desastre en que estabamos, con tanta desventura, i miseria se sentaron entre nosotros: i con el gran dolor, i lastima que ovieron de vernos en tanta fortuna, començaron todos à llorar recio, i tan de verdad, que lexos de alli se podia oìr, i esto les durò mas de media hora: i cierto, vèr que estos Hombres, tan sin raçon, i tan crudos, à manera de Brutos, se dolian tanto de nosotros, hiço que en mì, i en otros de la compañia cresciese mas la pasion, i la consideracion de nuestra desdicha. Sosegado ià este llanto, Yo preguntè à los Christianos, i dixe, que si à ellos parescia, rogaria à aquellos Indios, que nos llevasen à sus Casas: i algunos de ellos, que havian estado en la Nueva-España, respondieron, que no se debia hablar en ello, porque si à sus Casas nos llevaban, nos sacrificarian à sus Idolos: mas visto que otro remedio no havia, i que por qualquier otro camino estaba mas cerca, i mas cierta la muerte, no curè de lo que decian, antes roguè à los Indios, que nos llevasen à sus Casas, i ellos mostraron que havian gran placer de ello, i que esperasemos vn poco, que ellos harian lo que queriamos; i luego treinta de ellos se cargaron de leña, i se fueron à sus Casas, que estaban lexos de alli, i quedamos con los otros hasta cerca de la noche, que nos tomaron; i llevandonos asidos, i con mucha priesa, fuimos à sus Casas, i por el gran frio que hacia; i temiendo que en el camino alguno no muriese, ò desmaiase, proveieron, que oviese quatro, ò cinco fuegos mui grandes, puestos à trechos, i en cada vno de ellos nos escalentaban: i desque vian que haviamos tomado alguna fuerça, i calor, nos llevaban hasta el otro, tan apriesa, que casi los pies no nos dexaban poner en el suelo: i de esta manera fuimos hasta sus Casas, donde hallamos que tenian hecha vna Casa para nosotros, i muchos fuegos en ella: i desde à vn hora que haviamos llegado, començaron à bailar, i hacer grande fiesta (que durò toda la noche) aunque para nosotros no havia placer, siesta, ni sueño, esperando quando nos havian de sacrificar, i la mañana nos tornaron á dàr Pescado, i Raìces, i hacer tan buen tratamiento, que nos aseguramos algo, i perdimos algo el miedo del sacrificio.

_CAP. XIII. Como supimos de otros Christianos._

Este mismo dia Yo vi à vn Indio de aquellos vn Rescate, i conoscì que no era de los que nosotros les haviamos dado: i preguntando donde le havian havido, ellos por señas me respondieron, que se lo havian dado otros Hombres como nosotros, que estaban atràs. Yo viendo esto, embiè dos Christianos, i dos Indios, que les mostrasen aquella Gente, i mui cerca de alli toparon con ellos, que tambien venian à buscarnos, porque los Indios que allà quedaban, los havian dicha de nosotros, i estos eran los Capitanes Andrès Dorantes, y Alonso del Castillo, con toda la Gente de su Barca. Y llegados à nosotros, se espantaron mucho de vernos de la manera que estabamos, i rescibieron mui gran pena por no tener que darnos, que ninguna otra cosa traìan, sino la que tenian vestida. Y estuvieron alli con nosotros, i nos contaron, como à cinco de aquel mismo Mes, su Barca havia dado al travès legua, i media de alli, i ellos havian escapado, sin perderse ninguna cosa: i todos juntos acordamos de adobar su Barca, i irnos en ella los que tuviesen fuerça, i disposicion para ello; los otros quedarse alli hasta que convaleciesen, para irse, como pudiesen, por luengo de Costa, i que esperasen alli, hasta que Dios los llevase con nosotros à Tierra de Christianos; i como lo pensamos, asi nos pusimos en ello; i antes que echasemos la Barca al Agua, Tavera, vn Caballero de nuestra Compañia, muriò; i la Barca que nosotros pensabamos llevar, hiço su fin, i no se pudo sostener à si misma, que luego fue hundida; i como quedamos del arte que he dicho, i los mas desnudos, i el tiempo tan recio para caminar, i pasar Rios, i Ancones à nado, ni tener bastimento alguno, ni manera para llevarlo, determinamos de hacer lo que la necesidad pedia, que era invernar alli; i acordamos tambien, que quatro Hombres, que mas recios estaban, fuesen à Panuco, creiendo que estabamos cerca de alli; i que si Dios Nuestro Señor fuese servido de llevarnos allà, diesen aviso de como quedabamos en aquella Isla, i de nuestra necesidad, i trabajo. Estos eran mui grandes nadadores, i al vno llamaban Alvaro Fernandez, Portuguès, Carpintero, i Marinero: el segundo se llamaba Mendez; i al tercero Figueroa, que era natural de Toledo: el quarto, Astudillo, natural de Çafra, llevaban consigo vn Indio, que era de la Isla.

_CAP. XIV. Como se partieron los quatro Christianos._

Partidos estos quatro Christianos, dende à pocos dias suscediò tal tiempo de frios, i tempestades, que los Indios no podian arrancar las Raìces: i de los Cañales en que pescaban ià no havia provecho ninguno; i como las Casas eran tan desabrigadas, començòse à morir la Gente; i cinco Christianos, que estaban en rancho en la Costa, llegaron à tal estremo, que se comieron los vnos à los otros, hasta que quedò vno solo, que por ser solo no huvo quien lo comiese. Los nombres de ellos son estos: Sierra, Diego Lopez, Corral, Palacios, Gonçalo Ruiz. De este caso se alteraron tanto los Indios, i hovo entre ellos tan gran escandalo, que sin duda, si al principio ellos lo vieran, los matàran, i todos nos vieramos en grande trabajo. Finalmente, en mui poco tiempo, de ochenta Hombres, que de ambas partes alli llegamos, quedaron vivos solos quince: i despues de muertos estos; diò à los Indios de la Tierra vna enfermedad de estomago, de que muriò la mitad de la Gente de ellos: i creieron, que nosotros eramos los que los matabamos; i teniendolo por mui cierto, concertaron entre sì de matar à los que haviamos quedado. Yà que lo venian à poner en efecto, vn Indio, que à mi me tenia, les dixo, que no creiesen, que nosotros eramos los que los matabamos, porque si nosotros tal poder tuvieramos, escusàramos que no murieran tantos de nosotros, como ellos vian que havian muerto, sin que les pudieramos poner remedio, i que ià no quedabamos sino mui pocos, i que ninguno hacia daño, ni perjuicio, que lo mejor era, que nos dexasen. Y quiso Nuestro Señor, que los otros siguieron este consejo, i pareicer, i ansi se estorvò su proposito. A esta Isla pusimos por nombre, Isla de Malhado. La Gente que alli hallamos son grandes, i bien dispuestos: no tienen otras Armas sino Flechas, i Arcos, en que son por estremo diestros. Tienen los Hombres la vna Teta horadada de vna parte à otra, i algunos ai que las tienen ambas; i por el agujero que hacen, traen vna Caña atravesada, tan larga, como dos palmos i medio, i tan gruesa, como dos dedos: traen tambien horadado el Labio de abaxo, i puesto en èl vn pedaço de la Caña, delgada como medio dedo. Las Mugeres son para mucho trabajo. La habitacion que en esta Isla hacen, es desde Octubre, hasta en fin de Hebrero. El su mantenimiento es las Raìces que he dicho, sacadas debaxo el Agua por Noviembre, i Diciembre. Tienen Cañales, i no tienen mas Peces de para este tiempo: de aì adelante comen las Raìces. En fin de Hebrero vàn à otras partes à buscar con que mantenerse, porque entonces las Raìces comiençan à nascer, i no son buenas. Es la Gente del Mundo, que mas aman à sus Hijos, i mejor tratamiento les hacen: i quando acaesce que à alguno se le muere el Hijo, lloranle los Padres, i los Parientes, i todo el Pueblo, i el llanto dura vn Año cumplido, que cada dia por la mañana, antes que amanezca, comiençan primero à llorar los Padres, i tras esto todo el Pueblo: i esto mismo hacen al medio dia, i quando amanesce: i pasado un Año que los han llorado, hacenle las Honras del muerto, i lavanse, i limpianse del tizne que traen. A todos los Defuntos lloran de esta manera, salvo à los viejos, de quien no hacen caso, porque dicen, que ià han pasado su tiempo, i de ellos ningun provecho ai, antes ocupan la Tierra, i quitan el mantenimiento à los niños. Tienen por costumbre de enterrar los Muertos, sino son los que entre ellos son Fisicos, que à estos quemanlos; i mientras el fuego arde, todos estàn bailando, i haciendo mui gran fiesta, i hacen polvos los huesos: i pasado vn Año, quando se hacen sus Honras, todos se jasan en ellas, i à los Parientes dàn aquellos polvos à beber de los huesos en Agua. Cada vna tiene vna Muger conoscida. Los Fisicos son los Hombres mas libertados; pueden tener dos, i tres, i entre estas ai mui gran amistad, i conformidad. Quando viene que alguno casa su Hija, el que la toma por Muger, dende el dia que con ella se casa, todo lo que matare caçando, ò pescando, todo lo trae la Muger à la casa de su Padre, sin osar tomar, ni comer alguna cosa de ello, i de casa de el Suegro le llevan à èl de comer: i en todo este tiempo el Suegro, ni la Suegra no entran en su casa, ni èl ha de entrar en casa de los Suegros, ni Cuñados: i si acaso se toparen por alguna parte, se desvian vn tiro de Ballesta el vno del otro; i entretanto que asi vàn apartandose, llevan la cabeça baxa, i los ojos en tierra puestos; porque tienen por cosa mala verse, ni hablarse. Las Mugeres tienen libertad para comunicar, i conversar con los Suegros, i Parientes; i esta costumbre se tiene desde la Isla, hasta mas de cinquenta leguas por la Tierra adentro.

Otra costumbre ai, i es, que quando algun Hijo, ò Hermano muere, en la casa donde muriere, tres meses no buscan de comer, antes se dexan morir de hambre, i los Parientes, i los Vecinos les proveen de lo que han de comer. Y como en el tiempo que aqui estuvimos muriò tanta Gente de ellos, en las mas Casas havia mui gran hambre, por guardar tambien su costumbre, i cerimonia; i los que lo buscaban, por mucho que trabajaban, por ser el tiempo tan recio, no podian hacer sino mui poco; i por esta causa los Indios que à mi me tenian, se salieron de la Isla, i en vnas Canoas se pasaron à Tierra-firme à vnas Baìas, adonde tenian muchos Hostiones, i tres meses del Año no comen otra cosa, i beben mui mala Agua. Tienen gran falta de Leña, i de Mosquitos mui grande abundancia. Sus Casas son edificadas de Esteras, sobre muchas Cascaras de Hostiones, i sobre ellos duermen encueros, i no los tienen sino es acaso; i asi estuvimos hasta en fin de Abril, que fuimos à la Costa de la Mar, à do comimos Moras de Çarças todo el Mes, en el qual no cesan de hacer sus Areitos, i fiestas.

_CAP. XV. De lo que nos acaesciò en Isla la de Malhado._