Naturaleza de las cosas: Versión en prosa del poema «De rerum natura»

Part 9

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Y si llegaras á suponer que la substancia extraña que se une al cuerpo es líquida, aumentarás los motivos de precisa disolución, porque ésta será más rápida cuanto más extendida se considere el alma, ya que los líquidos se evaporan y luego desaparecen transformados: divididos el ánimo y el alma entre todos los órganos, así como los alimentos, después de la digestión, convertidos en nueva substancia se reparten por todos los miembros, de igual modo si aquéllos, aunque íntegros, penetran en el cuerpo, en él se disolverán pronto, y sus partículas circularán en todos los vasos y venas; se formará así nueva alma, que, originada por la anterior, se extenderá en los miembros, y distribuida entre éstos, perecerá también. Según puede conjeturarse por lo expuesto, el alma, aun considerada como un líquido, tendría su día de nacimiento y su día de muerte.

¿Por acaso algunos elementos del alma permanecen en el cuerpo después de la muerte de éste? Entonces no puede gozar del beneficio de la inmortalidad, porque tendrá que sufrir diminución en sus partes componentes. Y si en toda su perfecta unidad se retira del cuerpo, y en éste no queda la más mínima porción de ella, ¿por qué motivo de los cadáveres descompuestos brotan numerosos gusanos? ¿Cómo se forman tantos insectos sin huesos y sin sangre, que bullen en los entumecidos miembros?

Si entiendes que esos animálculos reciben de fuera sus respectivas almas, las cuales se unen á sus cuerpos, deberás observar que es muy sorprendente el hecho de que tantos miles de almas de insectos vermiculares concurran á un sitio donde se halla un cadáver en descomposición; pero aún hay en este asunto para estudiar una cuestión que se divide en dos: si las almas de esos gusanos escogen por su propia iniciativa los embriones que les sirven de materiales para fabricar las casas en que se han de introducir; ó si desde luego se introducen en cuerpos ya formados. No se comprende por qué motivo las almas de los gusanos, que sin cuerpos transitan libremente, exentas de frío, de hambre y de otras molestias, se decidan á construir un cuerpo, donde, al encerrarse, han de sufrir no pocas incomodidades, mediante el contacto que tengan con el cuerpo que les sirva de envoltura; pero si las almas hubieran de construir las moradas en que se aposentasen, deberían recibir fuerzas útiles, acomodadas á ese fin. No es lícito creer que las almas fabriquen para su uso los cuerpos y los órganos en que han de residir, ni tampoco es admisible la idea de que se introduzcan ó establezcan en cuerpos formados con anterioridad; pues no hay conexión ni enlace que puedan existir por consentimiento común del cuerpo y del alma.

749. _Denique cur acris violentia triste Leonum..._

En fin; ¿por qué la cruel ferocidad de los leones se conserva en su especie? ¿Por qué entre las zorras es hereditaria la astucia y entre los gamos el temor que les obliga á estar siempre fugitivos? Y con respecto á los demás géneros de animales, ¿por qué en todos los grupos hay cualidades permanentes que se transmiten, si no es porque hay elementos especiales que de igual modo contribuyen á la formación del alma que á la del cuerpo? Si aquélla fuese inmortal y residiera ya en un cuerpo, ya en otro, no habría costumbres propias de cada especie animal, y se vería muchas veces al perro de origen hircano esquivar temeroso la presencia del cornígero ciervo, y al rapaz gavilán temblar y huir al ver que se le aproximaba una paloma; los hombres perderían la racionalidad y brillaría el saber de las fieras.

Incurren en grave error los que suponen que sin dejar de ser inmortal el alma, se acomoda á los cuerpos en que se aposenta; pero lo que muda se disuelve, luego muere: si las partes cambian desaparece el orden que constituyen; y por tanto, se perderían en los miembros y morirían juntas con el cuerpo. Si dicen que las almas de las personas siempre á otros cuerpos humanos pasan, preguntaré también que cómo puede suceder que el alma de un sabio esté oculta en un necio, y cómo los potros no tienen la destreza del caballo, si no es porque se origina cada alma de germen propio de su especie y se desarrolla con el total del cuerpo; y si piensan que al habitar en cuerpos nuevos el alma se rejuvenece, implícitamente declaran que el alma es mortal porque la mudanza supone desaparición de las sensaciones y extinción de la vida.

771. _Quove modo poterit pariter cum corpore quoque..._

¿Y cómo podrían el alma y el cuerpo alcanzar una igual fuerza y perfección si no tuvieran un solo y el mismo origen? ¿Por qué en la senectud las almas todas, sin excepción, abandonan á los miembros? ¿Acaso temen que encerradas en un cuerpo cercano ya á la corrupción, ó metidas en un edificio vetusto puedan ser víctimas de la ruina? Pero tales peligros no podrían alcanzar á seres inmortales.

Además, parece ridículo imaginarse que las almas, evocadas por Venus, acudan presurosas al acto de la generación y del nacimiento y contiendan entre sí en número considerable con extraordinario celo para disputarse el nuevo cuerpo; á no ser que entre las almas exista un pacto federativo en cuya virtud la primera que llegue con vuelo rápido sea la preferida, y de este modo aquéllas no consuman sus fuerzas en inútiles batallas.

Finalmente; ni en el aire se encuentran árboles, ni en el mar nubes, ni los peces viven en los campos, ni en la madera hay sangre, ni en las piedras savia: un propio lugar es adaptado para la vida y crecimiento de cada ser, y no hay alma sin cuerpo dotado con sangre y nervios. Si pudiera haber energía anímica sin aquellos órganos, también sería fácil que el alma tuviera su residencia en la cabeza, en los hombros, en los piés ó en cualquiera otra parte del cuerpo, supuesto que de todas maneras siempre quedaría en la misma persona ó en el mismo vaso. Pero si no podemos dar por cierto que en nuestro cuerpo exista un lugar fijo donde el ánimo y el alma puedan residir y crecer, tampoco debemos admitir como verdadera la idea de que puedan existir fuera del cuerpo: necesario es, pues, afirmar que cuando el cuerpo muere también el alma se disipa.

802. _Quippe etenim mortale æterno jungere, et unà..._

Y ciertamente, unir lo mortal con lo eterno y suponer una recíproca influencia entre lo uno y lo otro es delirar. ¿Puede haberse discurrido mayor absurdo que el de juntar cosas tan diversas y contrarias como son las comprendidas en lo perecedero y perdurable, y pretender que soporten en continua repugnancia daños comunes?

Para que un cuerpo subsista eternamente es necesario, ó que sus componentes sean por completo sólidos y resistan el choque, la penetración y la disociación producidos por otros cuerpos, como sucede á los elementos de la materia, de los cuales con extensión hemos tratado anteriormente, ó que no sea susceptible de choques, como el vacío, que permanece siempre intacto y nunca puede ser destruido, ó, por último, que no esté rodeado por un espacio al que sean lanzados sus fragmentos; de esta manera última es eterna la Suma de las sumas, fuera de la cual no hay nada que pueda alterarla ó disolverla, ni lugar en que se disipe, ni agentes que la disminuyan ó quebranten. Pero, como ya he demostrado, el alma no tiene solidez absoluta, porque en todas las concreciones hay que admitir intersticios; ni tiene las condiciones del vacío, porque hay en la Naturaleza otros cuerpos que pueden producir trastornos en su composición y rodearla de invencibles peligros; existe, además, un espacio infinito donde la energía anímica puede anularse y los elementos del alma pueden ser precipitados á la disolución. Luego para el alma no están cerradas las puertas de la muerte.

829. _Quod si fortè ideò magis inmortalis habenda est..._

Si por acaso fuera considerada inmortal porque resguardada se encuentra de agentes exteriores que intenten combatirla, ó porque no puede ser directamente atacada, y si lo fuera podría rechazar el golpe antes de ser herida, el que así pensara se colocaría en una posición muy distinta de la verdad. Además de las dolencias que afligen al cuerpo y que interesan al alma, ésta sufre amarga incertidumbre por los sucesos futuros que le producen no pocos sobresaltos, y tiene remordimientos por los errores cometidos en épocas pasadas: añade el delirio, que es propia enfermedad del alma, la falta de memoria y el terror de ser arrojada en las negras ondas del letargo.

Nada es la muerte y nada nos importa desde que se considera inmortal la naturaleza del alma; y así como no sufrimos ahora por los padecimientos pasados en el tiempo ni por motivo de las luchas sostenidas con los invasores cartagineses en las guerras que con hórrido tumulto hicieron estremecer hasta á los astros, y mantuvieron en espectación al mundo, que dudaba acerca de cuál de los dos pueblos había de dominarlo por mar y tierra, así también, cuando la vida se haya extinguido en nosotros por la separación del alma y del cuerpo, nada tendrá influencia sobre nosotros, ni causa alguna despertará nuestras sensaciones aunque se confundan la tierra con el mar y el mar con el cielo.

854. _Et si jam nostro sentit de corpore, postquam..._

Y si después de separados de nuestro cuerpo el ánimo y la actividad anímica aún conservaran la facultad de sentir, nada podría importarnos ese hecho, supuesto que somos producto de íntima unión constituida por el cuerpo y el alma. Si transcurrido algún tiempo después de nuestra muerte pudieran volverse á unir del modo que ahora lo están nuestras partes integrantes, y por segunda vez nos fuera dada la luz de la vida, tal suceso en nada podría afectarnos por haberse interrumpido la continuidad de nuestra existencia. Nada que nos haya pasado antes de que tuviéramos conciencia de nosotros mismos, puede importarnos, como no debe afligirnos preocupación alguna por lo que hagan de nuestros restos las futuras generaciones. Si meditamos acerca de las mudanzas y movimientos que indudablemente ha experimentado la materia durante una serie de pasados siglos, habremos de convenir en que los elementos pueden haberse combinado en otras ocasiones lo mismo que lo están hoy; pero la memoria no puede conservar recuerdos acerca de esos cambios por las pausas que ha habido en la existencia y por los distintos movimientos extraños á las sensaciones á que pueden haber estado sometidos los elementos del alma. La muerte exime y libra de todo sufrimiento á aquel individuo que sin duda habría de padecer cualquier daño en el supuesto de que viviera dentro de algún tiempo como ahora vive. Debemos considerar, por tanto, que en la muerte nada hay que nos inspire legítimo temor, porque no puede sufrir quien no existe; y para el efecto de las sensaciones no hay diferencia entre el objeto que nunca ha sido capaz de tenerlas, y el ser á quien la muerte eterna salvó de mortal vida.

882. _Proinde ubi se videas hominem indignarier ipsum..._

Cuando veas que un hombre se indigna al considerar lo que hagan de él después de muerto, porque teme que su cadáver sea arrojado á un pudridero ó consumido por las llamas ó devorado por las fieras, lícito ha de serte suponer que no habla con sinceridad y que en el corazón abriga ciertas preocupaciones, aunque niegue creer que alguien sienta después de muerto. Opino que no dice lo que piensa, porque entiendo que el tal individuo, si habla de su muerte con temores, es porque se figura que asiste á ella, que una parte de su propio ser le sobrevive, que su cadáver se destina para pasto de las fieras voladoras ó de las vivíparas, que se apena de sí mismo, que no se resuelve á desprenderse definitivamente de sus restos, ante los cuales él mismo en posesión de su juicio se encuentra colocado, y se indigna por haber sido creado mortal; se considera de pié junto á su propio cadáver, y sin pensar en que la muerte no deja otro él existente, deplora su desaparición, y llora y se queja herido por el dolor. Desagradable juzgan muchos la idea de ser devorado por las fieras; pero no comprendo que se considere mejor el ser quemado por las voraces llamas que rodean el cuerpo yacente, ó ser envuelto en miel, ó congelado por el frío, ó encerrado en sepulcro marmóreo, ó ser comprimido por montón de tierra apisonado.

906. _At jam non domus accipiet te læta, neque uxor..._

Pero ya familia alegre y excelente esposa no saldrán á recibirte, ni cariñosos hijos correrán á buscar tus besos y á inflamar tu pecho con mal contenido placer; ya no podrás realizar empresas gloriosas para ti y para las personas de tu amor: «infeliz, ¡oh infeliz! dirán, un solo día infesto destruyó los goces de tu vida,» y no añadirán á esas palabras «pero también te libró de una vez de toda clase de pesares;» porque si meditaran libres de prevenciones y reflexionaran acerca de lo que piensan, desterrarían toda congoja del ánimo y todo miedo. Sin duda alguna, cuando yazgas inanimado por la muerte estarás exento, para toda eternidad, de dolores y pesares; pero nosotros, junto á ti, aun después de convertido en cenizas, verteremos tristes lágrimas y abrigaremos en el pecho para siempre la pena que nos devore. Pero hay motivo para preguntar: ¿qué es lo que en este suceso hay de amargo para el que muere, si queda reducido á quietud y puede consumirse en el tiempo que dure el luto de sus parientes y deudos?

Muchas veces en los festines, los comensales, recostados, con las copas levantadas y con la frente oculta por las coronas, exclaman: «Breve es la dicha del pobre hombre, y cuando se marcha no es posible hacerla volver.» Tal vez les amargará lo dulce de aquel momento la idea de la muerte, con las ansias de ardiente sed que les devore y les abrase, ó con algún otro deseo que les atormente.

Cuando la inteligencia y el cuerpo entregados al sueño descansan, nadie de sí cuida ni de su existencia: de igual modo, cuando eterno sueño nos subyugue ningún deseo nos ha de volver á atormentar; pero los elementos de las sensaciones, aun cuando en el sueño se hallan detenidos, no se disuelven y pueden funcionar nuevamente. La muerte es todavía menos que el sueño, si es que se puede llamar menos que algo lo que nada es. Á la muerte sigue la disolución de la materia; y por esa causa nadie que haya sido asaltado por el frío intenso que sigue á la desaparición de la vida, ha vuelto á despertar.

943. _Denique si vocem rerum Natura repente..._

En suma, si la Naturaleza emitiera voz inteligible y de este modo se expresara: «¿Por qué te entregas, mortal, con tanto exceso al dolor y á la aflicción? ¿por qué gimes y lloras ante la idea de la muerte? Si hasta ahora te ha sido grata la vida y los placeres para ti no se han perdido como si hubieran sido puestos en vaso taladrado y se hubieren extinguido ó escapado fácilmente, ¿por qué no te separas de la vida como convidado satisfecho, y por qué, necio, no te entregas con ánimo tranquilo al reposo? Y si los placeres que pudieras tener ya se han extinguido y la vida sólo te proporciona sinsabores, ¿por qué deseas aumentar tus días que te producirán nuevos disgustos, y al cabo concluirán sin hacerte ningún bien, y por qué no anhelas el fin de la vida que será también el término de tus trabajos? Considera que desde ahora en adelante, por mucho que me esforzara, nada encontraría que te proporcionara placer, porque las cosas siempre son las mismas. Si tu cuerpo ha resistido el desgaste de los años y tus miembros aún no vacilan, también deberás pensar que las cosas continuarán siempre lo mismo, aunque vivas largos siglos y aunque nunca mueras,»--¿qué responderíamos, sino que era justa la demanda interpuesta por la Naturaleza y fundado el motivo de sus palabras?

Pero si fuera un desdichado el que se lamentara de la llegada próxima de la muerte, ¿con cuánto mayor motivo y con cuánta mayor dureza no le podría decir llena de indignación: «Oculta esas lágrimas, hombre insaciable, son inútiles tus quejas?» Y si fuera un anciano rendido bajo el peso de la edad el que temiera la muerte, la Naturaleza podría decirle: «Has gustado todos los placeres, ¿y todavía te quejas? Tu inmoderado afán por despreciar lo que posees y desear lo que no tienes ha mermado en la mitad los goces que has podido tener en la vida, y ahora te alcanza la muerte antes de que tu avidez quede satisfecha: lo que ya en turno has disfrutado en tu larga edad, déjalo para que lo usufructúen los que vienen detrás de ti en la vida; es necesario.»

Con razón, según pienso, con razón hablaría, acusaría y reprendería de este modo la Naturaleza. La vejez, decrépita, cede siempre el paso á la juventud: los seres á costa los unos de los otros se suceden. Nada se pierde en los profundos abismos del Tártaro; la materia de hoy es necesaria para el advenimiento de las generaciones futuras; y éstas pasarán muy pronto, como aquélla no tardará en seguirte: los seres que ahora son perecerán de igual modo que sucumbieron los que gozaron antes de la vida: cada ser nace de otro y á ninguno es dada la vida á perpetuidad.

984. _Respice item quam nil ad nos anteacta vetustas..._

Reflexiona, además, cuán nula es para nosotros la edad pasada antes de nuestro nacimiento. La Naturaleza nos muestra en lo que ha existido hasta ahora lo que será en lo sucesivo: ¿y qué encontramos de horrible y de triste en la muerte de los que fueron? ¿no es, por acaso, un sueño muy tranquilo?

Todos los tormentos, sin excepción alguna, de los que se dice que son propios del profundo Aqueronte, á esta nuestra vida real pertenecen. El mísero Tántalo que teme ser aplastado por masa enorme suspendida en el aire, según la fábula, en su vano temor que le agobia representa á los hombres necios que, aterrorizados, atribuyen á los dioses todo lo que es obra del acaso[37].

[37] También refiere la fábula que Tántalo (personificación de la perfidia) fué sumergido hasta la barba en un lago, á cuyas orillas había árboles de frutas deliciosas; tanto las aguas del lago como las frutas huían de Tántalo, cuando éste, sediento ó con hambre, pretendía utilizarlas.

No hay Ticio yacente[38] en las orillas de un río del infierno, y no hay buitres que le coman constantemente las entrañas: habían de ser éstas de un tamaño suficiente para cubrir toda la tierra y ocupar la inmensidad del espacio, y no serían bastantes para servir de pasto durante la eternidad á aquellas insaciables fieras aladas; ni puede ser interminable el dolor, ni cuerpo alguno puede servir de inacabable alimento. Pero en realidad, Ticio es imagen de aquellos á quienes amor tiraniza, ansiedades atormentan y pasiones devoran.

[38] Ticio (el fatuismo), hijo de Júpiter (el poder) y de Elara (la coquetería), según los poetas estaba condenado á que los buitres (las pasiones) le picotearan perpetuamente las entrañas, por haber galanteado á Latona (la vanidad) madre de Apolo (el ritmo) y de Diana (la caza).

1007. _Sisyphus in vitâ quoque nobis ante oculos est..._

Ante nuestros ojos tenemos también la alegoría de Sísifo, aplicable á aquellos que resuelven pedir al pueblo los haces y las cortantes segures[39], y siempre tienen que retirarse tristes y desairados. Solicitar honores que en rigor nada valen, pero cuya consecución es muy difícil, es lo mismo que luchar esforzadamente por llegar hasta la cumbre de una montaña, cargado con una piedra enorme, que siempre, al ser acercada á la cima se resbala, y después de recorrer el inclinado plano del monte, con la violencia adquirida rueda por la llanura.

[39] Alude á los haces de varas con segures, que llevaban los lictores encargados de preceder á los magistrados.

Satisfacer todas las exigencias del deseo; dar al ánimo cuantiosos dones, sin conseguir nunca dejarlo saciado; gozar los frutos y aprovechar los beneficios de las estaciones anuales que en rueda se nos presentan alternativamente, sin que basten á contentar los caprichos, todo esto se me figura que está representado en las Doncellas, de las cuales se cuenta que en su florida edad se ocupan en llenar de agua vasos que no tienen fondo, y nunca logran su objeto.

El Cerbero, las Furias y el obscuro Tártaro, cuyas fauces despiden espantosas aceleradas llamas, nunca han existido ni pueden existir. Como consecuencia de los crímenes perpetrados y de las maldades hechas, aquí, en la vida, el malvado padece temores y castigos; la cárcel, la horrible pena de ser arrojado á un precipicio desde alta roca, los azotes, los verdugos, la flecha, la pez, la tea; y si para el criminal faltasen aquellos suplicios, la propia conciencia, que hasta las intenciones penetra, se encargaría de castigarlo. Si á todas las aflicciones ordinarias se juntan las preocupaciones que infunde la inseguridad en una vida posterior, el desconocimiento de los males que se padecen y el temor de que éstos puedan ser aumentados con la muerte, bien puede afirmarse que la vida es verdadero infierno de los necios.

1036. _Hoc etiam tibi tute interdum dicere possis..._

Sin vacilar, tú mismo puedes reconvenirte del siguiente modo: «Anco el bueno[40] que fué mejor que tú, malvado, en muchas cosas, cerró sus ojos á la luz; todos los reyes y potentados que en otros tiempos gobernaron á muchas gentes sucumbieron á pesar de su poder: aquel mismo que en remotos días supo atravesar los mares y enseñó á sus legiones á pasarlos sin riesgo, y salvó en la obscuridad los abismos de las aguas y despreció los estruendos del Océano[41], también murió por la separación del alma y el cuerpo: Escipión, rayo de la guerra, terror de Cartago, entregó sus huesos á la tierra, lo mismo que el más vil de sus esclavos: los investigadores de las ciencias, los ordenadores de las artes, y los compañeros de las Musas, entre los cuales Homero lleva el cetro, en sueño eterno reposan: Demócrito, cuando advirtió que su inteligencia se debilitaba por el natural efecto de la edad, voluntariamente rindió su cabeza á la muerte: el mismo Epicuro, aquel que por su genio superó á todos los individuos de la raza humana, y como brillante Sol eclipsó todas las estrellas que en el cielo del saber hasta su época habían lucido, también llegó al término de la vida. ¿Y tú, asustado y temeroso, te indignas porque tienes que morir, cuando tu vida es una lenta agonía? ¿Pues no consumes una parte de tu existencia en el sueño? Y aun despierto, ¿no sueñas muchas veces, y en otras tampoco dispones de tu inteligencia perturbada con preocupaciones? ¿Cómo quieres vivir si no sabes hallar, desdichado, los motivos de los males que te rodean, y cuando la incertidumbre y los prejuicios te oprimen el ánimo que vacila entre errores?»

[40] Anco Marcio, cuarto rey de Roma (hace 2530 años).

[41] Jerjes I, rey de Persia (hace 2380 años).

1065. _Si possent homines, proinde ac sentire videntur..._

Si los hombres pudiesen conocer el origen de sus desdichas, no sufrirían en el ánimo la abrumadora pesadumbre, que oprime su pecho. Cada cual procura distraerse, y entre agitaciones y afanes vive con inquietud, ignora lo que desea, no sabe lo que busca, y como si quisiera librarse de sus propias preocupaciones, incesantemente cambia de sitio aunque no encuentra el que le sirva para deponer su carga.

Uno abandona su palacio suntuoso porque no halla en él tranquilidad, é inmediatamente regresa porque no se considera lejos de su casa más feliz que en ella; otro corre á una quinta de su propiedad con la precipitación que llevaría si fuera á apagar un incendio, y apenas pasa los umbrales de su nueva residencia se encuentra incómodo y procura con el sueño olvidarse de sí mismo, ó vuelve con la misma agitación á su habitual morada: parece que todos pretenden huir de su propia persona, y como no lo consiguen se resignan á sufrir sus ansias y desasosiegos: ninguno conoce las causas de su malestar; pero si cada cual pensara con reposo, dejaría preterida toda clase de vanos empeños y buscaría remedio para su desdicha en la investigación de los fenómenos naturales, pues no se trata de arreglar intereses del momento, sino de conocer lo que sea de los hombres después de la muerte y por toda eternidad.

1088 _á_ 1106. _Denique tantopere in dubiis trepidare periclis..._