Naturaleza de las cosas: Versión en prosa del poema «De rerum natura»

Part 6

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Como los principios difieren, necesario es que también sean varias sus propiedades de distancias, direcciones, conexión, gravedad, atracción, repulsión y movimiento: estas cualidades no solamente nos dan medios para distinguir unos animales de otros, sino también para comprender la separación que hay entre la tierra y las aguas, y entre la atmósfera y la tierra.

739. _Nunc age, dicta meo dulci quæsita labore..._

Medita ahora acerca de las observaciones que voy á exponerte en forma sencilla: no entiendas que son blancos los elementos de los cuerpos que tú ves blancos; lo mismo te digo respecto á los objetos que nos parecen negros ó de cualquier otro color; ningún color existe en los cuerpos de la materia, ni parecido ni diferente al que vemos en los objetos. Y si piensas que no serían perceptibles los seres privados de color, te equivocas en verdad; los ciegos de nacimiento, que nunca han logrado percibir la luz del Sol, por el tacto conocen los cuerpos cuyo color nunca han podido apreciar; mediante este ejemplo, fácil nos será comprender la existencia de cuerpos sin color. Nosotros mismos en las tinieblas palpamos como ciegos los objetos, y adquirimos representación de ellos, aunque no distingamos su color.

757. _Quod quoniam vinco fieri, nunc esse docebo..._

Ahora te explicaré el fundamento de la observación precedente: cualquier color puede mudarse en otro, pero los principios materiales no pueden sufrir cambio alguno; es necesario que éstos permanezcan inmutables cuando el mundo no ha quedado ya reducido á la nada. Todo cuanto puede transformarse, por el mismo hecho está sujeto á la muerte, á dejar de ser lo que antes era. Guárdate, pues, de creer que los cuerpos simples sean teñidos, si no quieres admitir que el mundo pueda quedar aniquilado.

767. _Præterea, si nulla coloris principiis est..._

Con todo, si la Naturaleza ha negado color á los cuerpos simples, los ha enriquecido con formas varias, por las cuales, mediante circunstancias múltiples, pueden mostrarse diversamente colorados, según las distintas posiciones que entre sí guarden las combinaciones en que intervienen, y los movimientos á que son impelidos; todas estas son condiciones que influyen para que un cuerpo que en ciertos casos como negro se nos ofrece, en otros tenga brillante blancura; así vemos que las aguas marinas, cuando son agitadas por furiosa tempestad, se muestran como blancas en las rizadas ondas. Puedes objetar que si los elementos de un cuerpo que nos parece negro se adicionan á otros, con los cuales se confunden, ó si pierden alguna cantidad, ó si cambian de posición, adquirirán, quizá, blancura; pero observa que si el mar constase de principios materiales azules, en ninguna ocasión aparecería blanco, aun cuando lo perturbase agitación violenta, porque moléculas azules nunca darían apariencia de brillante mármol.

786. _Sin alio atque alio sunt semina tincta colore..._

Si los elementos que forman el mar, aunque de varios colores teñidos, pudieran dar un solo color, de manera igual que varias figuras pueden componer un cuadrado perfecto en dimensiones, necesario sería que en el mar se descubriesen los distintos colores que intervinieran para la formación de uno solo, como en el cuadrado se perciben las distintas figuras que lo forman; y en los demás cuerpos también se notarían los matices desemejantes que compusieran un color determinado. Pero la diferencia de las figuras, convenientemente colocadas, no es un obstáculo para la composición de líneas exteriores que formen cuadrado perfecto, mientras que la diferencia de colores elementales perjudica la composición de un color brillante; además, si con arreglo á estas ideas el color blanco ó negro no resulta de elementos que son exclusivamente blancos ó solamente negros, sino de una alianza de principios distintamente coloridos, no hay razón para suponer que los cuerpos simples tengan color; más creíble sería que la blancura dimanara de elementos sin color que no de cuerpos negros ó de otro color contrario.

805. _Præterea, quoniam nequeunt sine luce colores..._

Como no existen colores sino por la acción de la luz, y ésta no puede llegar á los principios elementales de las cosas, lícito es afirmar que los cuerpos simples no tienen color. Y ¿cómo sería posible que pudiera existir un color permanente en la obscuridad, cuando observamos que aun durante el día los colores de las cosas experimentan mudanzas, según que éstas son bañadas por un rayo de luz vertical ú oblicuo? Este fenómeno se observa en el plumaje que adorna la cerviz de la paloma y corona su cuello: cuando el Sol lo envuelve, en unas ocasiones ostenta el puro color del rubí, en otras una verde mezcla de esmeralda y de azul cerúleo: la cola del pavo real, bañada por la luz, muda frecuentemente sus matices, según la forma en que recibe los rayos luminosos. Luego es preciso reconocer que los colores se engendran por el contacto de la luz, y sin esta condición no existen ni pueden concebirse.

820. _Et quoniam plagæ quoddam genus excipit in se..._

Más fuertemente se impresiona la pupila en presencia de los objetos bañados de blancura, que ante el negro ó cualquier otro color; pero éste es inútil en aquellas cosas de las cuales tomamos conocimiento por medio del tacto, en las que lo esencial es la forma. Por este motivo debe justamente afirmarse que los elementos primitivos, cuyas funciones se realizan por contacto y proximidad, para nada necesitan la cualidad del color.

827. _Præterea, quoniam non certis certa figuris..._

Además de lo dicho, si los colores no dependen en verdad de la figura de los cuerpos, y éstos, al formarse, pueden revestir cualquiera coloración, ¿por qué no se muestran teñidos indiferentemente de varios modos? En este caso, muchas veces el cuervo, al atravesar el espacio con su vuelo, debería impresionar gratamente nuestros ojos con la albura brillante de su plumaje, y los cisnes en ocasiones ostentarían el color negro, ó una diversidad de matices. Puede notarse el hecho de que el color de los cuerpos se pierde al mismo tiempo que éstos sufren distintas divisiones, y llega el caso de que, en objetos muy fraccionados, el color se extingue: pruebas de este fenómeno ofrecen el oro cuando se reduce á suave polvo, y la púrpura cuyo luciente color de escarlata se pierde cuando se convierte en delgados hilos: de estas observaciones puedes inferir que las cosas pierden su color á medida que se acercan á la menor división de que sean susceptibles.

844. _Postremo, quoniam non omnia corpora vocem..._

Por último, si admites la existencia de cuerpos incapaces de producir sonido ó de emitir corrientes odoríferas, no podrás atribuir á todos los cuerpos cualidades que afecten al oído y al olfato; y de igual modo has de reconocer que los objetos no perceptibles por la vista deberán estar privados de color, como aquellos otros que no dan olor ni sonido han de carecer de las cualidades necesarias para afectar nuestros órganos correspondientes; por este motivo, el ánimo sagaz conoce que si hay cuerpos á los que faltan condiciones para impresionar algunos de nuestros sentidos, también los habrá desprovistos de color.

852. _Sed ne fortè putes sole spoliata colore..._

Pero no creas que solamente de color carecen los cuerpos simples; falta á ellos también condiciones para ser modificados por la acción del frío ó del calor y para impresionar nuestros nervios auditivos, gustativos y olfatorios. Tú mismo, si pretendes componer suave esencia con extracto de olorosa mejorana, de licor de mirra y de la flor de nardo, que difunde exhalaciones de néctar, buscarás sin duda para que te sirva de base el aceite más inodoro, á fin de que no altere el perfume de las flores que utilizas.

863. _Propterea demum debent primordia rerum..._

Los elementos primarios que entran en la composición de todos los cuerpos no desprenden emanaciones; por tanto, no dan olor, ni color, ni son fríos, templados, calientes ó sabrosos, ni tienen los otros accidentes que implican descomposición, tales como fragilidad, flexibilidad, porosidad, corruptibilidad y blandura. Debemos de confesar que los elementos simples carecen de todas esas cualidades, ante la consideración que nos suministra el hecho evidente de que la Naturaleza nunca se pierde en la nada.

875. _Nunc ea, quæ sentire videmus cunque necesse est..._

Después de estas observaciones, es de exigencia el reconocer que todos los cuerpos, y entre ellos los que están dotados de sensaciones, de principios materiales insensibles proceden: no hay ni siquiera un dato que sirva para refutar esta afirmación: la experiencia nos lleva como por la mano para que ante los hechos patentes nos veamos obligados á reconocer que todos los animales se producen de substancias insensibles.

881. _Quippe videre licet, vivos existere vermes..._

Facilísimo es ver que de restos corrompidos nacen gusanos cuando abundantes lluvias dan excesiva humedad á la tierra. Parecidos cambios sufren todos los cuerpos de la Naturaleza. Las aguas de ríos, los frutos de selvas frondosas, los fértiles prados de sonrientes praderas, en ganados se convierten; los ganados contribuyen á la formación y crecimiento de nuestro cuerpo, y éste, en no pocas ocasiones, ha servido para nutrir las fieras y darles energía.

887. _Ergo omnes Natura cibos in corpora viva..._

La Naturaleza convierte en cuerpos vivos las partes principales de que los alimentos constan, y de ellas también da vitalidad á los sentidos de los seres animados; no de manera distinta, en llamas transforma la leña y reduce á fuego muchos materiales. ¿Notas ahora la importancia que tendrá para nuestro estudio el fijar la posición que los elementos primitivos pueden tener entre sí, y el orden en que realizan sus movimientos mutuos? ¿Qué es lo que influye en nuestro ánimo, lo que mueve nuestro ser, lo que da actividad á nuestros sentidos, si no crees que lo insensible de lo sensible se produce? Este aserto no quiere decir que, en ocasión alguna, las piedras, la madera y la tierra en confusión mezcladas, puedan engendrar las sensaciones de la vida.

899. _Illud in his igitur fœdus meminisse decebit..._

Nunca he pretendido afirmar que todos los elementos, sin restricción alguna, puedan en cualquier instante producir cuerpos sensibles: lo que sostengo es que el hecho de las sensaciones y del movimiento proviene del orden, número, disposición, forma, colocación y otras circunstancias de los elementos primarios componentes de los cuerpos. Lo mismo sucede en la organización especial propia de la hierba de nuestros campos y de los árboles de nuestras florestas: cuando estos vegetales, penetrados por la acción continua de las lluvias, se descomponen y pierden algunas de sus antiguas propiedades, originan múltiples gusanillos, porque sus principios materiales constitutivos experimentan una combinación nueva adecuada á la producción de aquellos animáculos.

910. _Deinde ex sensilibus cùm sensile posse creari..._

Además, como observamos que la facultad de sentir es dependiente de los nervios, de las vísceras y de las venas, que son partes blandas destructibles, si entendiéramos que los cuerpos dotados de sensibilidad sólo se formaban de elementos sensibles, supondríamos que eran igualmente blandos. Y si creyéramos que esos elementos sensibles eran imperecederos, deberíamos imaginar que cada una de las partes del ser que integran era susceptible de sentir ó que ellos tenían vida propia semejante á la de los animales: pero es evidente que ningún miembro aislado puede tener sensaciones ni recibir de otros impresiones de ninguna clase: la mano ú otra cualquiera parte del cuerpo, si de éste queda separada, es incapaz de moverse y de sentir. Consideremos ahora la suposición de que los elementos primitivos que integran los seres animados tuviesen como éstos vida propia: ¿de qué manera podrían ser llamados principios de las cosas, cuando tendrían francas las puertas de la muerte y por ellas se precipitarían, como vemos que perecen continuamente los animales de cuya naturaleza participaban?

927. _Quod tamen ut possint, ab cœtu, concilioque..._

Y si fuera posible que los principios generadores tuviesen la misma condición de seres animados, la conjunción que entre ellos se estableciera no podría originar más que un acervo inconmensurable de animales, de modo igual que los hombres, los rebaños y las fieras por Venus impulsados sólo engendran hombres, rebaños y fieras de su misma especie. En el caso de que supusiéramos que los elementos al congregarse perdían la facultad sensorial que les fuese inherente y en cambio adquirían otra resultante de la masa, ¿no sería necesario indagar la causa que les obligara á despojarse de sus condiciones propias? Pero si vemos, como ya antes he dicho, que huevos de aves en aves se transforman, y que la descomposición de restos inanimados expuestos en la tierra á la acción de las lluvias crea camadas palpitantes de gusanos, forzoso es reconocer que de cuerpos insensibles surgen los seres dotados de sensibilidad.

939. _Quòd si fortè aliquis dicet, duntaxat oriri..._

Si alguno pretendiera que lo sensible puede surgir de lo insensible sólo en virtud de mudanza efectuada en esto último durante una evolución parecida á la que experimenta el animal desde el estado embrionario hasta que se muestra á luz, sería preciso hacerle saber que á todo nacimiento precede indeclinablemente la formación de un organismo, que no hay mudanza donde no hay un ente capaz de ser mudado, y que no pueden surgir las sensaciones sino en seres sensibles; luego antes de que haya una determinación corpórea cualquiera, los materiales que han de integrarla se hallarán confundidos en el aire, en el agua, en la tierra y en el fuego, y no podrán de modo alguno establecer entre sí mutuas relaciones que den por resultado la vida manifestada en sensaciones y movimiento.

952. _Præterea, quamvis animantem grandior ictus..._

Choques violentos que repentinamente conmuevan la constitución de un animal, pueden variar la posición de los elementos materiales de éste, y consiguientemente confundir las facultades de su alma y trastornar las funciones de su cuerpo, hasta el punto de que la acción de la vida se anule y la materia sacudida en los miembros rompa los lazos del alma y ésta sea lanzada fuera por todos los poros. Aun así, esas contrarias fuerzas ¿podrán hacer algo más que apartar y disolver?

962. _Fit quoque, uti soleant minus oblato acriter ictu..._

Pero si los choques son menos rudos, la energía vital puede resistirlos, calmar el desorden que produzcan sobre el cuerpo atacado, reconstituir éste, dominar la acción destructora de la muerte, la cual podría haberse apoderado en un momento de cuasi todo el organismo, y sostener la vida próxima á desvanecerse. ¿Cómo, si así no fuera, habría de ocurrir que en ciertas ocasiones los sentidos cercanos á la extinción pudieran reverter á la vida y consolidar la unidad del alma, sin ceder al movimiento de inmediata disolución que los empujara?

970. _Præterea, quoniam dolor est, ubi materiai..._

Es también cierto que el cuerpo vivo experimenta dolor cuando los principios materiales que integran sus vísceras son perturbados en su posición ordinaria; pero cuando éstos recuperan su estado normal, aquél vuelve á sentir bienestar agradable. Y como los elementos no constan de partes que puedan separarse y volverse á reunir, lícito será afirmar de ellos que no pueden ser ofendidos por el dolor ni lisonjeados por el placer: luego son incapaces de sensaciones.

981. _Denique, uti possint sentire animalia quæque..._

En fin, si para explicarse las sensaciones de los animales hubiera que atribuir á éstos una composición de principios sensibles, ¿qué sucedería? Deberíamos admitir que los elementos constitutivos del hombre eran agitados por trémula risa, vertían lágrimas que les inundasen boca y mejillas, perspicuamente investigaban las causas de los fenómenos y hasta indagaban su propia íntima estructura: porque si los elementos que componen al hombre han de ser equiparados al hombre mismo, deberán constar de principios materiales y éstos de otros, y así indefinidamente. Según estos datos, si me hablas de un ser que se comunica, ríe y sabe, deberé pensar que dicho ser está compuesto de substancias simples que hagan lo mismo. Pero si pensamos que esta afirmación es un delirio de mente perturbada porque un ser puede reir aunque no esté formado por elementos que rían; y saber y comunicar sus ideas con docto razonamiento, sin que sus principios constitutivos sean elocuentes ni sabios, ¿cómo podremos negar que los seres sensibles resulten de componentes insensibles?

999. _Denique cœlesti sumus omnes semine oriundi..._

Todos somos originarios del Cielo; éste, padre de todos, envía gérmenes creadores á nuestra madre la Tierra que, fecundada, produce nítidas frutas, lozanos arbustos, el género humano y toda clase de animales á cuyas necesidades provee con alimentos útiles para la vida individual y para la propagación de las especies: por este motivo con razón se da á la Tierra nombre de madre. Cuanto de la Tierra dimana vuelve otra vez á ella; y cuanto proviene de las regiones celestiales otra vez tiene entrada en las mansiones etéreas. Los cuerpos simples de la materia, aun cuando los veamos convertidos en inútiles sobrantes excretados, son eternos: la muerte, que destruye las formaciones compuestas, deja incólumes los componentes; cuando más, los separa á fin de que la Naturaleza vuelva á asociarlos de otro modo, en nuevas formas, con diferentes colores, en integraciones dotadas de sensibilidad ó sin esta condición. Los hechos apuntados te harán conocer que es necesario estudiar con detenimiento las combinaciones variadas, las diversas posturas y los diferentes cambios que experimentan los primeros elementos, ya que de ellos y de sus mudanzas de posición surge la vida y dependen el nacimiento y la muerte. En estos mismos versos puede observarse que la significación de ellos depende ciertamente del orden en que están colocadas las palabras que los componen: con las mismas letras se forman vocablos representativos de las ideas de cielo, mar, tierra, astros, sol, frutos, árboles y animales: en muchas ocasiones la inversión de letras determina significados muy distintos. Así también sucede con los elementos de la materia: si cambian de lugar, posición, orden, cantidad y proporciones, cambian las cosas que integran, y la figura de ellas, y su peso, y sus relaciones recíprocas.

1031. _Nunc animum nobis adhibe veram ad rationem..._

Dispón ahora tu ánimo para escuchar nuevos razonamientos: otra serie de consideraciones pugnan vehementemente por llegar á tus oídos, y verdades no generalizadas voy á darte á conocer. Así como nada hay tan fácil que al iniciarse no parezca de concepción difícil, así también nada hay grande ni admirable en un principio que no pierda poco á poco su importancia cuando lo contemplamos mucho tiempo: si el color puro y brillante del espacio sideral, las estrellas que la noche adornan, y la luz esplendorosa del Sol y de la Luna apareciesen á nuestra vista de improviso por vez primera, ante sus maravillas quedaríamos sorprendidos; ¿qué cosa podría ser comparada con tan admirables portentos y qué personas se hubieran atrevido á imaginar, antes de presenciarlos, tan soberbios espectáculos? pero hoy los vemos sin asombro alguno, y tan acostumbrados á ellos estamos, que apenas hay alguien que se digne levantar los ojos para contemplar la arquitectura del cielo. Así la novedad de las reflexiones que voy á presentarte, no debe causar prevenciones en tu ánimo; por lo contrario, debe estimular tu atención á fin de que medites en los hechos que voy á exponerte y admitas mis razones si crees que son verdaderas, ó las rechaces si las consideras falsas. Trato de indagar si el infinito espacio puede traspasar el ámbito del mundo, y lo que puede haber más allá de la redondez de la tierra hasta donde la mente pueda alcanzar, y el ánimo, libre de prevenciones, consiga elevar su vuelo.

1056. _Principio, nobis in cunctas undique partes..._

Primeramente, al considerar todas las cosas, ya sea de un lado para otro, ya de arriba para abajo, no se hallan límites al Todo, y como ya te he dicho, esta evidencia se proclama por sí misma y se demuestra por todo el orden natural. De ningún modo ha de juzgarse verosímil que en el infinito espacio donde en número ilimitado con movimiento eterno vuelan gérmenes de muchas formas, se hayan creado solamente este orbe terráqueo y ese cielo que lo rodea; y haya, por tanto, muchísimos elementos primitivos encerrados en perpetuo ocio. Todo cuanto existe ha sido hecho por la Naturaleza, y los principios de las cosas, por su propia condición, después de movimientos varios inútiles, discordantes, destructivos, casuales, han originado este conjunto de tierras, mares, cielo, y el género de animales: luego es preciso reconocer que en el infinito espacio existirán sin duda otros muchos agregados semejantes á este que forma nuestro mundo.

1075. _Præterea, cùm materies est multa parata..._

Además, siempre que en la Naturaleza haya una cantidad conveniente de materia y sitio que le sea adecuado, si no hay causa que se le oponga, por necesidad han de producirse algunos seres. Ahora bien; como los elementos de la materia se dan constantemente en número que no podría contarse durante los siglos, y todos han de poseer igual aptitud para moverse en el espacio y unirse en combinaciones varias, debemos creer que en la inmensidad habrá otros mundos como el nuestro y otros hombres y otras fieras.

1085. _Huc accedit, ut in summa res nulla sit una..._

Ocurre también que en el mundo ningún ser hay único en su especie que nazca aislado y crezca en la soledad; de cada género hay numerosos individuos: puedes comprobar esta afirmación sólo con observar lo que sucede entre los animales, pues lo mismo que abundan las fieras errantes en los montes y la progenie humana y las mudas especies escamosas y las razas volátiles, es racional suponer que de igual modo la Tierra, el Sol, la Luna, los mares y todas las entidades que nosotros vemos no han de ser únicos en el concierto universal, sino pertenecerán á un orden numeroso, y estarán sujetos á las leyes de vida y muerte, lo mismo que los demás grupos formados por numerosos individuos.

1098. _Multaque post Mundi tempus genitale, diemque..._

Después del génesis del Mundo y del día de la creación de mar y tierra, formado ya el Sol, quedaron en torno de aquél muchos elementos surgidos del Todo universal que los contenía: de ellos el mar y las tierras obtuvieron sucesivo aumento, el espacio se embelleció con el templo del cielo cuyos elevados techos están situados muy lejos de la tierra, y se originó la circulación del aire. Los elementos, por la acción de sus atracciones y repulsiones, se reparten por todos sitios, y se juntan entre sí los que son de la misma especie: los propios del agua al agua; con adiciones de tierra la tierra aumenta; el fuego se aviva con el fuego; el éter con el éter, hasta que la Naturaleza, creadora siempre, haya elevado el crecimiento á su límite normal; y cuando se dé el caso de que en las corrientes de la vida, plenamente ocupadas, no puedan tomar curso nuevas adiciones, habrá proporcionalidad entre las restituciones y las pérdidas: en el apogeo de la vida la Naturaleza habrá de restringir sus fuerzas productoras.

1115. _Nam quæcumque vides hilaro grandescere adauctu..._