Naturaleza de las cosas: Versión en prosa del poema «De rerum natura»
Part 5
Medita ahora acerca de las cualidades de los cuerpos simples en cuanto aquéllas se refieren á su peculiar forma, que puede ser algo variada, como lo atestigua el hecho de que los seres, aun los que pertenecen á la misma especie, no son idénticos. No es de admirar que los elementos sean algo distintos en su figura, porque son numerosísimos, y no todos han de tener igual forma é iguales condiciones; la especie humana, los escamosos y mudos habitantes de las aguas, los árboles corpulentos, las fieras, las varias aves que plumadas trinan en las lindas y frescas márgenes de arroyos, en las proximidades de las fuentes y de los lagos, y que se mueven con vuelos circulares por los desiertos bosques, se componen de muchos individuos que, comparados entre sí dentro de cada especie, revelan diferencias varias; si así no fuera, entre nosotros mismos la madre no conocería sus hijos ni los hijos á sus madres; y como podemos ver, entre los hombres no existen notables signos diferenciales. Cuando en los templos, junto á los altares de los dioses, muere sacrificado el novillo, de cuyo pecho palpitante corre caliente sangre, la madre, desamparada, recorre los bosques, y deja en el húmedo terreno grabada la huella de su pesuña hendida, y escruta con indagadores ojos el espacio entero para ver si encuentra á su perdido hijo, y se detiene en los bosques, y de bramidos llena la selva umbrosa, y vuelve para el corral, y queda inmóvil, atormentada por los recuerdos de su hijo: ni los tiernos pimpollos de los árboles, ni las hierbas adornadas con reluciente aljófar, ni los arroyos que corren entre amenas márgenes, le dan placer ni le hacen olvidar su tormento; otros novillos que saltan mientras alegres pastan, no le quitan su tristeza, porque ninguno es el que ella ansiosa busca. Los cabritillos de trémulas voces reconocen á sus cornígeras madres, y lo mismo que los corderos de tiernos balidos, cada uno conducido por la Naturaleza, se dirige á las atractivas ubres que ha de alimentarlos con su dulce leche.
371. _Postremo quodvis frumentum, non tamen omne..._
Si comparas los granos de una espiga hallarás entre ellos diferencias, aunque todos sean semejantes; lo mismo observarás en las conchas que á algunos terrenos cubren, en las argentadas olas del Océano, en las arenas de la playa, y, por último, en todas las especies creadas, cuyos individuos no son completamente idénticos, porque ninguna mano los ha tallado con sujeción á un molde; la Naturaleza los hizo, y por el espacio vagan, con diversas formas.
381. _Perfacile est jam animi ratione exsolvere nobis..._
Así es fácil de explicar por qué es más intenso el fuego del rayo que el producido por nuestra industria ó por la combustión de hachas resinosas: quizá el celeste fuego del rayo conste de elementos más sutiles que otro cualquiera, y por este motivo puede penetrar en poros inaccesibles para llamas que tengan otro origen: la luz se comunica á través de córnea lámina, pero no así el agua; ¿por qué? Porque los cuerpos simples componentes de la luz son más sutiles que los asociados para formar el transparente líquido.
391. _Et quamvis subito per colum vina videmus..._
Vemos que el vino pasa rápidamente por el filtro, pero que el aceite penetra con mucha lentitud: se efectúa este fenómeno porque los elementos del líquido oleoso componen moléculas más compactas que los del jugo de la vid, ó bien porque aquéllas se entrelazan y por su densidad ofrecen mayor resistencia á la división.
398. _Huc accedit, uti mellis lactisque liquores..._
Además, leche y miel afectan el órgano gustativo con grata sensación, mientras que amargo ajenjo y ruda centaura hieren el paladar con sabor repugnante: de este hecho y de otros parecidos puedes inducir que el gusto agradable se produce cuando moléculas esféricas y lisas pasan por las membranas sápidas; y que la impresión desagradable se origina por el rozamiento que en las fibras papilosas efectúan cuerpos ásperos enlazados con nexo indisoluble.
408. _Omnia postremo bona sensibus, et mala tactu..._
Las diferentes sensaciones de dolor y de placer que experimentamos, se deben á las impresiones que en nuestros órganos terminales producen los cuerpos, según la forma y condición de sus moléculas componentes; y tú no supondrás que el chirrido estridente de áspera sierra se produce lo mismo que las dulces melodiosas notas halladas en las fecundas cuerdas de la lira por los dedos flexibles de músico hábil. Ni considerarás que iguales son las moléculas productoras de los miasmas fétidos procedentes de cadáver consumido por el fuego, que las emanaciones del azafrán mimoso de Cilicia[21], ó los aromas de Pancaya[22], utilizados para perfumar los templos.
[21] Cilicia, provincia del Asia Menor.
[22] Pancaya, región arenosa de la Arabia Feliz.
418. _Neve bonos rerum simili constare colores..._
Ni pensarás que los agradables colores que nuestra vista alegran tienen los mismos principios materiales que aquellos que nos molestan y hasta provocan lágrimas ó que hacen retirar los ojos con horror; todo, pues, lo que agrado produce á los sentidos, consta de moléculas suaves; pero lo que ocasiona incomodidad ó disgusto, se compone de elementos ásperos y rudos. Pero también hay primarios cuerpos, que ni son perfectamente lisos ni ásperos del todo, sino rodeados de ángulos salientes que producen algún escozor, pero que no dañan, los cuales se hallan en la fécula y en la ínula[23]. El fuego ardiente y el granizo helado afectan nuestros órganos de un diferente modo por la especial estructura de sus elementos, de lo que nos da claro indicio el tacto.
[23] Ínula, planta sinantérea, pequeña y amarga.
444. _Tactus enim, Tactus, pro Divum lumina sancta..._
El tacto, pues, el tacto ¡oh, espléndido tesoro de númenes! es el sentido universal del cuerpo, ya cuando se excita por causa exterior, ya cuando se estimula por impulso interno, bien si motiva gozosas efusiones de amor, bien si por violencia sufrida engendra en nuestro ser incomodidad ó pena; hecho este último que puedes comprobar por ti mismo al sentir el contacto de un objeto sobre cualquiera parte de tu cuerpo. Según mi entender, las diferentes sensaciones que experimentamos, sólo se explican por la variedad de los principios materiales que las provocan.
454. _Denique quæ nobis durata ac spissa videntur..._
Los cuerpos duros y compactos deberán estar compuestos de partículas ganchudas, muy unidas y entrelazadas, como si formasen ramas. En este género figura, en primer lugar, el diamante, superior en dureza á todos los cuerpos; después, la fuerte piedra, el inflexible hierro y el bronce, de que se forman los goznes que al abrir de las puertas gimen.
461. _Illa autem debent ex lævibus atque rotundis..._
Los líquidos, masas fluidas, deben estar compuestos de partículas esféricas y pulimentadas, que no se entrelazan, y en superficies inclinadas con rapidez ruedan.
465. _Omnia postremo quæ puncto tempore cernis..._
Los fluidos que fácilmente se disipan, como el humo, las nubes y las llamas, han de estar formados de partes exactamente redondas y pulidas, y poco encorvadas para que puedan agujerear y penetrar las piedras; esas partículas no tienen entre sí completo enlace, según nos demuestran los sentidos, y, como puedes fácilmente conocer, las moléculas de esos cuerpos, si bien agudas, no pueden tener forma de gancho.
473. _Sed quod amara vides eadem, quæ fluvida constant..._
No te extrañe el ver cuerpos líquidos que son igualmente amargos, tales como las aguas del Océano: sus elementos componentes de la parte fluida, serán lisos, redondeados, pero unidos á otros que por sus cualidades producen dolor, aunque no tengan la trabazón de ganchos. Así, cuando fácilmente ruedan y causan desagradable impresión en nuestros órganos, los elementos de estos cuerpos han de ser redondos y ásperos.
480. _Et quo mista putes magis aspera lævibus esse..._
Para que puedas fácilmente persuadirte de que en la salada ninfa de Neptuno se mezclan substancias ásperas y suaves, observa el resultado que ofrece la separación de sus moléculas; el agua del mar recalada en la tierra se hace dulce porque sus partículas amargosas más densas y menos redondeadas que las otras quedan suspendidas en los sitios por donde el agua penetra y se filtra.
487. _Quod quoniam docui, pergam connectere rem, quæ..._
Á las razones que te he expuesto debo añadir otra, ligada á las anteriores y que en sí misma contiene su prueba; las formas de las moléculas no pueden ser variables en número indefinido, porque si lo fueran habrían ya conseguido un incremento ilimitado; y en verdad, cuerpos de tan mínimo tamaño no pueden ser susceptibles de muchas formas: figúrate los cuerpos divididos en tres ó más partes, y combina éstas de todos los modos que te sean posibles; varíalas de abajo á arriba, de derecha á izquierda, y pronto habrás terminado tu empeño; si quieres darles nuevas formas tienes que fraccionarlas más. No es posible, por tanto, ampliar el número de las combinaciones sin que aumente el volumen de los cuerpos; y así nada hay que permita creer en la infinidad de formas de las moléculas, sino mediante la suposición de que estas últimas fueran de tamaño considerable, y ya he procurado probarte que esto es imposible.
509. _Jam tibi Barbaricæ vestes, Melibœaque fulgens..._
Si no fuera así, los ricos trajes del Oriente, la hermosa púrpura de Melibea, teñida con las conchas de Tesalia y la dorada belleza del pavo real quedarían olvidados fácilmente por otros colores más brillantes; el sabor de la miel, el grato aroma de la mirra, el canto del cisne, y la cítara de Febo con sus melodiosos arpegios, quedarían olvidados por otros mejores, pues nuevas series de sensaciones más agradables las unas que las otras habrían de sucederse. Un semejante progreso indefinido se daría en todas las cosas, y los ojos, los oídos, el olfato, nunca se acomodarían á un orden de impresiones. Pero como nada sucede parecido á esto que acabo de indicar, y las cualidades de los cuerpos tienen límites invariables, es necesario confesar que las moléculas no pueden adoptar formas infinitas.
522. _Denique ab ignibus ad gelidas, hiemisque pruinas..._
Finalmente, del fuego á la nieve, y de ésta á aquél existe un espacio limitado; el frío y el calor están en los extremos de esta clase de sensaciones, y entre ellos ocupa el medio la temperatura templada en distintos grados. Luego debemos de convenir en que esas cualidades tienen límites invariables, cuyas fronteras son la llama y el hielo.
529. _Quod quoniam docui, pergam connectere rem, quæ..._
Y todavía he de añadir alguna reflexión que sirve de base á lo que después ha de seguir. Aun cuando las moléculas varían en número de formas limitado, son infinitas las que en cada una de ellas figuran. Si el número de formas es finito, ha de haber infinitos elementos que las revistan, porque de lo contrario sería finito el Universo, afirmación esta última contraria á lo que ya he demostrado.
537. _Quod quoniam docui, nunc suaviloquis, age, paucis..._
Voy ahora inmediatamente á exponerte en suaves, aunque pocos versos, cómo por ser infinitos, los elementos pueden, por sus atracciones y repulsiones recíprocas, sostener el orden universal.
541. _Nam quod rara vides magis esse animalia quædam..._
Si reparas en que hay comarcas donde escasean notablemente los animales de alguna especie, como si la Naturaleza con ellos fuera poco generosa, te haré observar que esos mismos animales abundan en otras regiones más adecuadas para ellos, como sucede á los cuadrúpedos gigantes de trompa anguímana[24], de los cuales en India hay bastantes para formar en torno de las ciudades ebúrneo impenetrable muro; tan numerosas allí son esas fieras como escasas entre nosotros.
[24] Mano en forma de culebra.
550. _Sed tamen id quoque uti concedam, qua libet, esto..._
Pero te concederé la existencia ideal de un ser único de singular forma que no tenga semejante en toda la redondez de la tierra: si los principios naturales que lo constituyen no fueran infinitos, no podría ser producido, ni vivir, ni sostenerse. Imaginemos que nuestros ojos pueden percibir los elementos finitos de ese ente singular que vagaran en los ámbitos del Universo: ¿cuándo, dónde, con qué fuerza, de qué modo podrían reunirse adecuadamente aquellos cuerpos simples dispersos en tan confuso piélago? Según mi parecer, tal asociación no puede racionalmente concebirse. Así como después de borrasca tormentosa causante de naufragios el mar arroja á la playa en toda la extensión del globo remos, timones, antenas, velas, mástiles y flotantes cuerdas, ante cuya vista los mortales comprenden las traiciones de las pérfidas ondas y de ellas desconfían más tarde aun cuando las vean plácidas, argentadas y risueñas, así también los finitos elementos de un ser revueltos con otros y repelidos por las olas de la materia, nadarían dispersos eternamente en ellas; y si por un acaso improbable pudieran juntarse alguna vez, su unión sería momentánea por incapacidad para sostenerse. Pero la experiencia nos hace ver que es necesaria la formación de los seres é indispensable su crecimiento; luego es racional admitir que en toda especie de seres se dan igualmente elementos infinitos en adecuada proporcionalidad.
578. _Nec superare queunt motus utique exitiales..._
Ni los movimientos destructores pueden prosperar continuamente hasta sepultar en sueño eterno la vida, ni tampoco los movimientos creadores pueden conceder á los cuerpos constante duración; así podemos observar que unos y otros, desde tiempo inmemorial, mantienen entre sí guerra abierta con variable éxito, de tal modo, que ya son unos derrotados ya vencedores; también notamos que se mantiene cierto equilibrio en los nacimientos y las muertes, y nunca la noche ha ocultado al día, ni la aurora ha descorrido el velo de las sombras sin que al mismo tiempo se haya oído el grito desgarrador del niño que viene á la vida y los sollozos lastimeros de los que otorgan á la amistad los últimos deberes impuestos por la muerte.
590. _Illud in his obsignatum quoque rebus habere..._
Preciso es tener en cuenta y en la memoria conservar grabado el principio de que todos los cuerpos que podemos conocer constan de varios elementos, y que no hay uno solo del que fundadamente creamos que se halla constituido por una sola clase de elementos. Y el número de éstos es mayor, y sus especies más distintas en aquellos cuerpos dotados de más diferentes propiedades.
599. _Principio tellus habet in se corpora prima..._
Primeramente, la Tierra en sí posee los elementos generadores de las corrientes líquidas que nutren los ríos y renuevan los mares, y también contiene los principios de que se alimenta el fuego que le devora las entrañas, como hace el Etna, que algunas veces, con furia impetuosa, expulsa de sus entrañas materiales encendidos. Igualmente posee los gérmenes de nítidos frutos, de dorados granos útiles á las humanas gentes, y de los pastos que sirven de alimento á las bestias que vagan por los montes.
608. _Quare magna Deum mater, materque ferarum..._
Por este motivo, la consideran madre de los dioses y de los animales, y creadora de la especie humana: los poetas de la antigua Grecia, al dedicarle sus cantos, se la figuraban sentada sobre un carro tirado por leones; decían que se hallaba flotante en el espacio para darnos á entender que nuestro Mundo no puede tener otro mundo por base: las fieras obedientes del carro, significaban que las mayores energías deben abatirse al celo afectuoso de los padres; fingían que llevaba la frente adornada con mural corona para recordar los sitios elevados que guarnecen las ciudades. De este modo sacan en procesión la imagen de la Madre divina que aún hoy mismo causa terror á ciertas gentes: por uso de antiguos ritos lleva nombre de Madre Ida[25], y se la considera acompañada por catervas frigias, porque las gentes de aquella región fueron las primeras que enseñaron al mundo el cultivo de los cereales; en las procesiones de la Santa Madre, siguen á ésta castrados sacerdotes, que por su origen hacen pensar que aquellos que traten mal á la diosa é ingratos sean para sus progenitores, son indignos de tener posteridad: los acompañantes de la simbólica imagen atruenan el aire con redoblados repiquetes de tambor, ruidos de timbales, ecos amenazadores de corneta retorcida y desapacibles rumores de la flauta frigia que llenan de terror el ánimo; traen también los ministros picas y dardos que son instrumentos de muerte, y con los cuales aterran al meticuloso vulgo y á los perversos é ingratos que no rinden adoración á la majestad de la diosa.
[25] Ida, monte de Frigia ó de la Troade, lugar en que se tributaba especial adoración á la Tierra, simbolizada por Cibeles, nombre griego. De la unión de la Tierra y el Tiempo (Saturno), según los poetas, surgieron el movimiento (Júpiter), la vida (Juno), los mares (Neptuno), y otras fuerzas naturales.
634. _Ergo cum primum magnas invecta per urbes..._
Llevada así la muda estatua y paseada por las ciudades populosas produce no pocas utilidades debidas á la generosidad de los devotos: de oro y de plata se adornan las calles; ricos tesoros y abundantes olorosas flores se dedican á la Santa Madre y á su cortejo; una tropa de hombres armados, á quienes los Griegos dan el nombre de _curetas frigios_, bailan al mismo tiempo que hacen vibrar cadenas, y juegan hasta verter sangre; en la cabeza esos hombres llevan terroríficos penachos que recuerdan los que dicen que usaban en Creta los antiguos sacerdotes para encubrir con su ruido los lloros de Júpiter, mientras que varios niños danzaban en torno de la cuna y con metálicos instrumentos, de que estaban provistos, atronaban el espacio para evitar que Saturno devorase al joven dios y produjera incurable herida en el tierno corazón de la divina Madre. Este es el origen de la costumbre de llevar gente armada en las procesiones de la diosa, y tal vez ese rito obedezca igualmente á la idea de recordar que los hombres deben estar dispuestos para defender la patria y para ser amparo de sus parientes.
653. _Quæ bene, et eximiè quamvis disposta ferantur..._
Aunque estas fábulas nos encanten por la brillantez de las formas con que han sido expuestas, la recta razón las rechaza. Por su esencia los númenes deben disfrutar eterna vida en ocio imperturbable: indiferentes á nosotros y á nuestras cosas, exentos de peligros y de aflicciones, ricos por su propia naturaleza, puesto que de nada necesitan, son insensibles á nuestras virtudes é indiferentes á nuestra ira[26].
[26] Lucrecio repite aquí los versos 56 al 62 del primer canto.
661. _Terra quidem vero caret omni tempore sensu..._
Y en verdad la Tierra ha carecido en todo tiempo de sensaciones, y todos los diversos frutos que bajo la acción del Sol existen se forman de los variados y múltiples elementos que aquélla contiene. Á pesar de todo, si alguien quiere llamar Neptuno á los mares, Ceres á los frutos farináceos, y Baco al vino, usará así nombres extraños á los que posee nuestra lengua, pero puede hacerlo, y también puede llamar divina Madre á la Tierra, aunque sepa que es falso lo que dice.
669. _Sæpe itaque ex uno tondentes gramina campo..._
Desde tiempos remotos el ganado lanígero, la estirpe guerrera de caballos, y la especie bovina han vivido bajo una misma temperatura, han usado los mismos pastos y han bebido en iguales surtidores de agua y respirado los mismos aires; no obstante, sus especies han sido siempre muy distintas, y cada individuo de ellas ha conservado por herencia los instintos y las costumbres de sus respectivos padres. También entre las hierbas, lo mismo que entre las aguas, hay diferentes clases, porque sus principios constitutivos no son idénticos. Es todo animal un compuesto de huesos, músculos, sangre, venas, calor, humores, vísceras y nervios, substancias que entre sí difieren porque están formadas de distintos elementos. Además, debemos suponer que en los cuerpos combustibles existan diversos principios que originen luz, chispas, ceniza y humo; y en general, de todos los cuerpos conocidos debemos pensar que constan de diversos elementos generadores de los múltiples fenómenos en que se manifiestan.
688. _Denique multa vides, quibus est odor, et sapor una..._
Hay muchos seres de los que parten emanaciones que afectan igualmente al paladar y al olfato como si estos sentidos fueran uno solo; entre aquellos seres se cuentan los que inmola ante el ara de los dioses la hipocresía cuidadosa de ocultar sus crímenes: indudablemente esos cuerpos han de contener elementos de forma diferente. Llegan á la membrana pituitaria las emanaciones odoríferas que no tocan ó tocan inútilmente el velo del paladar, y afectan las papilas de ese último órgano moléculas sápidas que no tienen entrada en el sentido olfatorio: de estos hechos puede inducirse que los principios materiales que afecten distintos órganos, tienen diferentes formas. En una aglomeración, pues, de materia hay la conjunción de variados cuerpos simples; y los seres son el resultado de una mezcla general de distintos elementos.
697. _Quin etiam passim nostris in versibus ipsis..._
Sin duda, en estos mismos versos que lees encontrarás muchas letras que son comunes á numerosas palabras y vocablos que son idénticos, pero que en diferentes casos desempeñan distinto oficio: hay verdaderamente en estas líneas muchas letras iguales, sílabas idénticas, versos que contienen unas mismas determinadas palabras, pero á pesar de todo hay diferencia en las dicciones y en los períodos, porque sus elementos no están igualmente combinados. De igual modo, aunque varios cuerpos de la Naturaleza tengan elementos comunes no serán iguales si tienen distinta composición; así también la raza humana, las frutas y los gallardos arbustos se diferencian notablemente aunque tengan elementos comunes.
709. _Nec tamen omnimodis connecti posse putandum est..._
Pero no ha de pensarse que los elementos de la materia se puedan ligar indiferentemente: si ocurriera así, el mundo se compondría de innumerables monstruos; habría seres mitad hombres y mitad fieras; del cuerpo de algunos animales brotarían especies vegetales; juntos se verían productos de la tierra y del mar, y se encontrarían Quimeras[27] que arrojarían de su negra boca horrible fuego para devorar al mundo. Pero es patente que nada ocurre parecido á las suposiciones citadas, y debemos afirmar, por tanto, que todos los seres se forman de elementos fijos é invariables para cada especie, y con regularidad se conservan y se propagan.
[27] Una montaña volcánica de Licia, llamada Quimera, en la cual habitaban fieras de distinta especie, sirvió á los poetas para inventar las Quimeras, horribles monstruos que vomitaban fuego.
719. _Scilicet id certa fieri ratione necesse est._
Este orden permanece siempre igual; los alimentos dan á todos los animales substancias que, esparcidas por todo el cuerpo de aquéllos, contribuyen al sostenimiento de su vida y al movimiento engendrador de sus acciones vitales; pero todo lo que el animal ingiere y no sirve para que se le asimile mediante las funciones de nutrición, la Naturaleza lo restituye á la tierra ó del cuerpo se escapa sin ser notado; carece de las propiedades adecuadas, y, por tanto, no participa de todas las funciones de la vida orgánica. Pero no entiendas que solamente los animales estén sujetos á las leyes indicadas; todos los seres se regulan por ellas: mas como son diferentes entre sí las cosas que la Naturaleza ha producido, necesariamente los principios que las constituyen no pueden ser iguales, no porque haya moléculas de muchas diferentes formas, sino porque se combinan en distintas proporciones.
734. _Semina cum porro distent, disserre necesse est..._