Naturaleza de las cosas: Versión en prosa del poema «De rerum natura»

Part 3

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Si por acaso creyeran que las moléculas del fuego, al apretarse mutuamente, podían mudar la naturaleza de los cuerpos, este aserto equivaldría á la negación del fuego como principio elemental, porque sucedería que todo el fuego quedaba reducido á la nada y de la nada todas las cosas se crearían; y pues todo aquello que muda, se altera con el tiempo hasta que deja de existir, hay que renunciar al fuego originario, ó admitir que los cuerpos no se reducen á la nada ni de la nada las generaciones se suceden.

680. _Nunc igitur, quoniam certissima corpora quædam..._

Ahora, pues, si los elementos simples conservan siempre su propia naturaleza y forman diferentes cuerpos, no por su distinta esencia, sino por las combinaciones que constituyen, preciso es afirmar que tales elementos de los cuerpos no son de fuego, ya se junten ó se retiren ó se disgreguen ó se muden sin faltar al orden; si la base primordial fuese fuego, nada más que fuego habría en el mundo. Lo que hay de cierto es, según pienso, que existen en la Naturaleza corpúsculos simplicísimos, los cuales por su forma, por sus atracciones, sus movimientos y el orden en que se colocan, producen el fuego y otras muchas cosas más ó menos similares á éste, así como otros cuerpos que no tienen semejanza alguna con aquél y aun algunos que pueden emitir emanaciones que afecten á nuestros sentidos ó que exclusivamente nos son conocidas por relación de tactilidad.

695. _Dicere porrò ignem res omnes esse, neque ullam..._

Decir, por tanto, que del fuego proceden todos los seres y que no existe cosa alguna independiente de ese origen, es caer en un delirio que nuestra inteligencia rechaza como contrario á las pruebas que nos da el testimonio de nuestros sentidos; y admitir como primordial materia el fuego porque se cree conocerlo perfectamente, y recusar al mismo tiempo la existencia de otros seres que con suficiente claridad se muestran ante nosotros, me parece inconsecuencia y error grave. Para conocer la verdad, ¿qué mejor guía que nuestra razón auxiliada por los sentidos, los cuales nos hacen distinguir lo falso de lo verdadero y nos dan principio de certeza? Además, ¿por qué hemos de negar la existencia de todas las cosas y admitir solamente la del fuego, ó negar que éste exista y dar como reales solamente los demás cuerpos? Parece que afirmar cualquiera de estos dos extremos es incurrir en igual demencia.

712. _Quapropter qui materiem rerum esse putarunt..._

Así, los que han afirmado que el conjunto del Universo tiene su fundamento en el fuego y los que han entendido que en el aire se encuentra el origen de todos los seres, lo mismo que aquellos otros que han sostenido que en el agua reside el principio creador, ó bien que la tierra puede germinar todas las cosas ó determinarse en las infinitas diferenciaciones corpóreas existentes, según mi parecer, todos han caído en grave error, no menos que aquellos otros que suponen combinaciones dualísticas formadas con los elementos de todas las cosas, y al fuego juntan el aire, y á la tierra el agua; y también, por último, los que entienden que de esos cuatro materiales, fuego, tierra, aire y agua se han podido producir todos los seres.

723. _Quorum Acragantinus cum primis Empedocles est._

Entre aquellos pensadores cumple colocar primero á Empedocles, nacido en Agrigento, isla famosa en triángulo cortada, á la que cercan azuladas ondas del mar Jónico y adornan con sinuoso regazo rocas salpicadas de reluciente sal; separada por canal estrecho y tortuoso de los promontorios de la tierra de Italia, oye el rugir de la espantosa Caribdis y siente el tremer del ruidoso Etna que, irritado, amenaza acumular en sus entrañas materiales de fuego y de aluvión hirviente para lanzar después, con fiero arrojo, de sus hórridas fauces, encendidas lavas cuyos fulgores en espiral lleguen al cielo; región admirable llena de prodigios, fecunda en bellezas contempladas con extático embeleso por la humana especie, enriquecida con dones copiosos naturales, guardada por varones esforzados, nunca produjo nada más grande y excelente que este filósofo, cuyos versos patentizaron su divino genio y le acreditaron de investigador conspicuo que parecía imposible fuera hijo de mortales.

741. _Hic tamen et superà, quos diximus, inferiores..._

Este, sin embargo, y otros muchos ya citados que aunque egregios le son inferiores y varios que menos renombre han obtenido, hicieron públicas útiles averiguaciones por su genio desentrañadas, más divinas, más santas y mucho más conformes con los dictados de la razón que los oráculos de la Pitonisa coronada con hojas de laurel y apoyada en el trípode apolónico; pero todos erraron al discurrir acerca de la naturaleza de las cosas, porque no supieron salvar un escollo que ha sido causa de varios naufragios.

749. _Primum quod motus, exemplo rebus Inani..._

Primeramente, porque reconocen el movimiento y no comprenden el vacío; creen que existen cuerpos suaves aislados entre sí, tales como el aire, el sol, el fuego, las tierras, los animales, los frutos, y no admiten intersticios ó vacíos en la masa de esos cuerpos.

753. _Deinde quod omnino finem non esse secandis..._

En segundo lugar, porque entienden que es indefinida la división de los cuerpos y aun de las partes de éstos y no se explican la existencia de un mínimo indivisible; pero como nuestros sentidos nos dan testimonio de un último grado en las cosas, el cual es un mínimo no susceptible de fraccionamiento, creo que has de considerar que cuanto existe se compone de partes muy pequeñas pero indivisibles aunque escapen á la percepción de nuestros órganos terminales.

760. _Huc accedit item, quod jam primordia rerum..._

Añaden, además, que los elementos primordiales de las cosas son blandos; pero la cualidad de la blandura nos parece propia de lo que nace y muere, y si todo estuviera sujeto á esas alteraciones, la Naturaleza habría ya aniquilado muchas veces el mundo y aun éste habría vuelto á nacer de nada, aserciones que ya habrás visto cuán distantes de la verdad se hallan.

766. _Deinde inimica modis multis sunt, atque venena._

Además, debe considerarse que aquellos supuestos principios de los seres son enemigos entre sí; como venenos los unos para los otros, se combaten de muchos modos, se aniquilan, se disipan, y por su acción mutua desaparecen como el rayo, el viento y la lluvia en deshecha tempestad.

770. _Denique quatuor ex rebus si cuncta creantur..._

Últimamente: si todas las cosas fuesen formadas de aquellos cuatro cuerpos considerados como elementos y todas en ellos se resolviesen, ¿qué razón tendríamos para afirmar que son el principio de todos los seres y no de ellos resultado, ya que alternativamente se confunden, se disgregan y mudan su naturaleza? Si por lo contrario piensas que el aire, el agua, la tierra y el fuego no se confunden ni mudan de esencia, no podrás comprender que de su combinación resulte ningún vegetal ni animal, porque en esa conjunción se haría ostensible la propiedad inherente á cada substancia y se hallarían mezclados la tierra con los aires y las aguas con el fuego. Pero es lo cierto que todos los seres deberán tener determinadas propiedades no reveladas en los componentes, para evitar que prepondere ninguno, sino que, por lo contrario, cada cuerpo tenga un carácter propio.

788. _Quim etiam repetunt a Cœlo atque ignibus ejus..._

Los partidarios de aquellas doctrinas derivan del cielo y de los cuerpos ígneos el fuego; éste, según ellos, se convierte en aire, el aire origina el agua, y ésta, por condensación, se modifica en tierra; después, en sentido inverso, hacen nacer de la tierra el agua y de ésta el fuego. Estas transformaciones no se alteran nunca ni se interrumpen, y consideran que siempre los elementos viajan de la tierra al cielo y del cielo á la tierra; pero tales metamorfosis son incompatibles con la probada esencia de los elementos simples, los cuales por su condición han de ser inmutables para que todas las cosas no puedan quedar aniquiladas, porque ningún objeto podrá ultrapasar las condiciones de su esencia sin dejar de ser lo que antes era. Los principios, pues, de que ya hemos hablado, por su naturaleza están exentos de toda mudanza, y por este motivo no quedan totalmente deshechos los seres que de ellos se forman. Es racional admitir que todos los cuerpos se componen de elementos, los cuales en virtud de energías, atracciones y repulsiones, unas veces constituyen el fuego y otras el aire, y siempre sirven para las transformaciones y la continuada sucesión de todos los seres.

809. _At manifesta palam res indicat, inquis, in auras..._

Pero es patente, dices, que de la tierra, bajo la influencia del aire, los cuerpos nacen y se alimentan; y si en tiempo favorable la copa de los árboles no fuera agitada por las lluvias y los arbustos no se inclinaran bajo su propio peso, el Sol por su parte no daría calor, y los árboles y los animales no podrían nacer y desarrollarse. Y ciertamente; si los alimentos sólidos con líquidos saludables no se ayudasen, pronto nuestros miembros se debilitarían y se extinguiría la energía de nuestro ser y la vitalidad de nuestros órganos y de nuestros nervios. Añadiré que si el hombre y los animales necesitan propio adecuado alimento, y si los seres viven á expensas los unos de los otros, es porque está constituido cada uno por principios comunes á los demás, en relación con el total del Universo. Importa, pues, que investiguemos no solamente la naturaleza de esos principios elementales, sino también sus leyes, sus aproximaciones, sus movimientos recíprocos; pues es de toda evidencia que los principios que forman los ríos, el sol, el cielo, el mar, la tierra, son los mismos que contienen los árboles, los animales y los frutos de toda especie; todo se mueve según sus elementos constitutivos.

829. _Quim etiam passim nostris in versibus ipsis..._

Sin duda notarás que en muchos de estos versos míos hay varios elementos ó letras simples comunes á numerosas palabras, y, sin embargo, ni los versos ni las palabras tienen igual significado y sonido igual: varía el valor de las letras sólo al cambiar éstas de orden. Y como los elementos primordiales de las cosas en mayor número son que las letras, pueden producir mayor suma de seres diferentes.

836. _Nunc et Anaxagoræ scrutemur Homœomeriam..._

Examinemos ahora la homeomería[17] de Anaxágoras, como los Griegos llaman, con una palabra expresiva de que nuestra lengua carece, la doctrina de aquel filósofo; aunque es difícil de exponer la homeomería en cuanto apenas trata de dar acerca del origen de todas las existencias una explicación, según la cual cada hueso es formado por un cierto número de huesos pequeños, cada víscera de otras muy tenues; mínimas gotas de sangre componen la sangre; moléculas de oro constituyen el oro; la tierra de pequeñas porciones de tierra procede; el fuego del fuego; y en general todas las cosas se forman por igual procedimiento.

[17] Homeomería, semejanza de todas las partes.

849. _Nec tamen esas ulla parte idem in rebus Inane..._

Pero el mencionado autor en parte alguna admite el vacío ni concibe límites en la división de los cuerpos: entiendo que acerca de estos asuntos incurrió en error lo mismo que otros pensadores cuyas ideas ya dejo refutadas.

854. _Adde quod imbecilla nimis primordia singit..._

También aprecia como deleznables los elementos primarios y de igual naturaleza que las concreciones constituidas; y considera, por tanto, que están expuestos á fenecer bajo la violencia de ataques exteriores; ¿cuál de aquellos cuerpos ofrecerá entonces resistencia á la acción destructora de la muerte? ¿el fuego ó el agua? ¿por acaso el oro? ¿cuál de éstos? ¿la sangre ó los huesos? Ninguno, sin duda; porque todos esos cuerpos se descomponen como otros muchos que á nuestra vista perecen todos los días. Y ya queda antes probado que ni las cosas pueden nacer de nada ni completamente aniquilarse.

867. _Præterea quoniam cibus auget corpus, alitque..._

Cierto es que todos los cuerpos se nutren y crecen por la virtud de substancias primarias diluidas en los alimentos, y que nuestras venas, nuestra sangre, nuestros huesos y nervios de partes diferentes se componen; pero afirmar que los elementos de los cuerpos son la esencia de los huesos, de la sangre y de los nervios en proporción adecuada, no es decir que los principios que integran los cuerpos sólidos y líquidos hayan de constar de partes heterogéneas proporcionadas á las venas, la sangre y los huesos; porque si los cuerpos que vemos nacer de la tierra estuviesen dentro de ella en pequeña cantidad tales como se nos muestran, constaría la tierra de todas las diversas porciones que de ella surgen: y si aplicamos esta idea general á todos los casos particulares, habríamos de creer que el fuego, el humo y la ceniza están en la leña, y que ésta contiene en sí aquellos materiales en diversas porciones.

882. _Linquitur hic tenuis latitandi copia quædam..._

Apenas hay salida para escapar de esta conclusión; y sin embargo, de esa clase de argumentos usa Anaxágoras, el cual sostiene que todos los cuerpos llevan en sí, como en germen, otros que de ellos se derivan, y de los cuales son visibles los que principalmente están en la superficie; pero estas ideas repugnan á la sana razón, y para admitirlas sería preciso ver que el trigo, en el polvo á que lo reduce la piedra del molino, mostraba señal de la sangre ó de otras partes de nuestro cuerpo que con él se nutren, ó bien que dejase correr la sangre al ser molido entre dos piedras; y que por igual razón la hierba destilase leche tan pura y tan grata como la que se extrae de las ubres de las ovejas; menester sería también que en los terrones se hallasen legumbres, árboles, plantas en partes imperceptibles, y que los quebrados troncos descubriesen humo, ceniza, fuego y llama, en ellos ocultos; pero nada de esto sucede y es preciso confesar que en los cuerpos no se contienen otros iguales mínimos ya determinados, sino que en todos existen elementos simples que son comunes á otros muchos seres, los cuales son diferenciados por virtud de las variadas combinaciones en que aquellos elementos intervienen.

904. _At sæpe in magnis sit montibus, inquis, ut altis..._

Y sin duda has observado que en las elevadas montañas las fustigadas copas de árboles, mecidas por tempestuoso vendaval, arden con fuego que deja brillar largos torbellinos de movientes llamas; pero no por eso has de entender que en la madera existe el fuego, sino que en ella hay partes que por efecto del rozamiento se inflaman y comunican el incendio á todo un bosque; pues si tanta llama hubiera estado escondida en la selva no existirían árboles que pudieran preservarse del fuego durante mucho tiempo ni bosques habría que no se hubiesen convertido ya en ceniza.

914. _Jam ne vides igitur, paulo quod diximus ante..._

¿No comprendes, como poco antes ya te he dicho, la importancia que tienen las combinaciones de que son los elementos susceptibles, según la diferente posición y cantidad en que intervengan, y los distintos movimientos que engendren ó que reciban? ¿No sucede con esos fenómenos lo mismo que con las palabras _lignis_ é _ignis_ latinas, compuestas cuasi de las mismas letras aunque representan ideas muy diferentes?

922. _Denique jam quæcumque in rebus cernis apertis..._

En fin, si juzgas que no se puede explicar la causa de los fenómenos sin atribuir á los elementos que los producen iguales propiedades, necesario es conceder que se ríen como nosotros y que se bañan de amargas lágrimas.

928. _Nunc age, quod superest, cognosce, et clarius audi..._

Ahora, escucha y oye verdades que voy á descubrirte, y que, si no me engaño, son de exposición difícil, pero que exploraré estimulado por el premio de la gloria é impulsado por suave amor que me inspiran las Musas; animado por este sentimiento, me elevaré á las cimas del Parnaso y recorreré campos, hasta ahora no hollados por ninguna planta; iré á beber grato licor de fuentes vírgenes y me apresuraré á coger desconocidas flores con las que tejeré para mi cabeza corona insigne mejor que todas las que hasta hoy las Musas han concedido: primeramente porque enseño altas verdades é intento romper la dura esclavitud con que las religiones han abatido los ánimos, y además, porque suavizaré un estudio árido con las gracias de la poesía que convierte en agradable un asunto obscuro; así obraré conforme á razón. De igual modo que los médicos al propinar á los niños amarga medicina, untan de sabrosa miel los bordes de la copa en que la administran á fin de que inexpertos y atraídos por la dulzura que paladean sus labios, sin recelo beban el licor amargo y deban la vida á traición agradable, así yo ahora que he de explicar asuntos ásperos y desabridos para los que no están acostumbrados á ellos y fastidiosos para el vulgo, quiero exponerte mi doctrina en el ameno lenguaje de las Piéredes y con acentos de dulce harmonía, para que al buscar recreo en la lectura de mis versos, adquieras conocimiento de las leyes de la vida y del orden universal.

958. _Sed quoniam docui, solidissima materiai..._

Ya he dicho que los elementos de la materia son siempre sólidos y se mueven en toda eternidad sin que la destrucción los alcance; pero ahora deberemos de inquirir si las concreciones corpóreas tendrán fin ó no lo tendrán, y si el espacio indefinido, en que incesantemente se mueven los principios eternos, está encerrado en límites y es susceptible de medición en algún sentido.

965. _Omne quod est igitur nulla regione viarum..._

El Universo es infinito; de lo contrario tendría extremos: pero no pueden concebirse límites sino por quien está fuera de ellos mismos y puede llevar su consideración más allá de los puntos en que termina lo limitado. Creeríamos que el Universo tiene límites, cuando pudiéramos señalar sus extremos; pero el mundo no puede tener esas fronteras, porque en cualquiera parte de él que ocupáramos habríamos de ver que teníamos por delante para contemplar espacios infinitos.

975. _Præterea si jam finitum constituatur..._

Además, si consideramos limitado el espacio y suponemos que en sus extremos alguien se coloque y dispare una flecha con violento impulso, ¿piensas que el objeto así lanzado habría de recorrer el aire constantemente, ó supones que algún obstáculo se opondría á su vuelo? Hay que decidirse por uno de los términos de ese dilema; pero cualquier partido que sigas te ha de obligar á reconocer que no hay extremos finales en el Universo; porque ya supongas que la flecha sea detenida por un obstáculo ó ya imagines que incesantemente vuele, es lo cierto que nunca podrás figurarte que llega á tocar el límite del mundo; y si por acaso creyeras que alguna vez terminaría su marcha, habré de preguntarte: ¿qué se haría entonces de la flecha? Forzosamente nunca podrá tocar el fin del espacio y siempre le quedará una ilimitada extensión que recorrer.

991. _Præterea spatium summai totius omne..._

Aún hay más: si el Universo estuviese incluido ó colocado en una determinada porción del espacio, tendría necesarios límites; las grandes masas por su propia gravedad ocuparían el fondo y allá en las mayores alturas no podría subsistir ningún ser ni habría aire ni Sol: toda la materia yacería confusa en caótica eternidad; pero no es esto lo que ocurre; los cuerpos, en el orden harmónico universal, no pueden permanecer en constante quietud porque no existe ese lugar profundo en que se hacinaran para el reposo: en movimiento incesante los seres se reproducen y se organizan en virtud de los subsidios que reciben de los elementos eternos activos universales que forman las concreciones corpóreas.

1005. _Postremo ante oculos rem res finire videtur..._

En fin, es patente que la Naturaleza ha determinado los límites de los cuerpos; las colinas están circunscriptas por el aire, el aire por los montes, las tierras altas por el mar y el mar está encerrado entre las tierras altas. No tiene, sin embargo, el Universo nada que lo termine; la Naturaleza y el espacio ocupado por los mundos, forman como un río que perpetuamente corre y que avanza sin encontrar límites: así el Universo no tiene término alguno; es infinito.

1015. _Ipsa modum porro sibi rerum summa parare..._

El Universo de ningún modo puede quedar circunscripto; la Naturaleza está en todas partes; con la materia se limita el vacío y el vacío con la materia; pero espacio ocupado y espacio vacío todo es materia con mayor ó menor rarefacción; el Universo infinito así se muestra. Si tanto el espacio como la concreción corpórea no determinasen recíprocamente sus respectivos límites, ni el mar, ni la tierra, ni la bóveda brillante del espacio, ni la progenie humana, ni los cuerpos sacrosantos de los númenes podrían durar un solo instante; las partes simplicísimas de la materia, faltas de cohesión, se elevarían por el infinito espacio desocupado, sin orden ni harmonía, y nunca llegarían á formar cuerpos determinados concretos por estar siempre separadas. Ciertamente los elementos de la materia no se han movido por reflexivo determinado impulso en las direcciones en que hoy se hallan, ni han establecido por cálculo convencional ó por concierto libre el orden que constituye el Universo; lo que ha sucedido es que fluctuantes por toda eternidad en el inmenso espacio y agitados con impulsiones recíprocas, después de seguir toda clase de movimientos y toda especie de combinaciones, han llegado por adaptaciones recíprocas y por harmonía derivada de sus propias condiciones á constituir esta Suma total del Universo; y del cumplimiento de la ley emanada necesariamente de su acción invariable en el transcurso de innumerables siglos, se ha establecido el orden existente, en cuya virtud las aguas de los ríos abundosas proveen al mar de las pérdidas sufridas; la tierra, fertilizada por el Sol y por la reversión de sus vapores, renueva la pompa de sus producciones; florecen las especies de animales, y los cuerpos fulgurantes etéreos envían siempre sus destellos. Ese concierto de la Naturaleza sería con facilidad interrumpido si infinitos elementos no trabajasen continuamente en la renovación de los organismos; porque así como los seres individuales mueren cuando están privados de alimento, así también el Universo llegaría á aniquilarse cuando la materia interrumpiese la constante labor que le da movimiento y vida.

1049. _Nec plagæ possent extrinsecus undique Summam..._

Y no por efecto de presiones exteriores podría conservarse el orden en que el Universo está constituido; impulsos de fuera para adentro, repetidos con frecuencia, engendrarían otros nuevos que en unos casos mantendrían la harmonía del Universo; pero otras veces las partes de la materia, forzadas por el choque, saltarían y dejarían espacio suficiente para que las porciones aglomeradas pudieran desprenderse de todo enlace y dispersarse. Es, pues, necesario que la acción de los primeros cuerpos obre sin interrupción; y debe reconocerse que esas presiones exteriores al existir suponen y demuestran que los elementos de la materia son infinitos.

1059. _Illud in is rebus longe fuge credere, Memmi..._