Naturaleza de las cosas: Versión en prosa del poema «De rerum natura»
Part 12
Muchas veces en sueño vemos que de repente mudan las imágenes y el sexo á que pertenecen, hasta el punto de que en ocasiones una hermosa mujer se transforma en hombre: cambian el semblante y la edad. Y no debe sorprendernos esa metamorfosis, porque es lo cierto que el sueño y el olvido se parecen. En todo lo que se refiera á las ilusiones que fácilmente nos forjamos, debes proceder con mucha cautela para no incurrir en error: no creas que las pupilas de los ojos, claras y luminosas, fueron creadas precisamente para que nos sirvieran de órganos auxiliares de la visión; ni que las piernas descansan en los piés á fin de que alarguen los pasos que éstos inician; ni que los brazos se ostentan provistos de robustos músculos y terminan en manos obedientes para que realicemos los usos á que los destinamos en la vida.
Quien de ese modo interpretara los hechos que ve y ejecuta, daría pruebas de no haber comprendido las causas y los efectos del orden universal; no se hicieron los miembros para los usos á que los destinamos, sino hemos adquirido costumbres adecuadas á nuestros órganos: antes de ver no hubo ojos, como no se formaron palabras antes de que hubiera lengua que las modulase; por lo contrario, la existencia de la lengua precedió en mucho á la combinación de idiomas; antes de que hubiera sonido existiría el oído, y todos los miembros han de haberse adelantado al uso que de ellos hacemos, porque es indudable que no surgieron para un fin predeterminado[47].
[47] Combate Lucrecio la teoría sobre las causas finales; algunos filósofos, y entre ellos Buffón y Condillac, han desenvuelto los argumentos que Lucrecio señaló, no siempre con buena fortuna, aunque sí con estro poético admirable.
De toda certeza es que los hombres sostuvieron combates á puñadas y se lastimaron y se hirieron antes, mucho antes de que luciente flecha rasgara el aire; la Naturaleza había enseñado al hombre á evitar las heridas antes de que el arte suspendiese del brazo izquierdo el defensivo escudo; más antigua es la necesidad de entregar el cuerpo al reposo que la fabricación de los mullidos colchones de nuestro lecho; ya se sabía mitigar la sed antes de que se inventara el vaso: todos los descubrimientos han sido fruto de la experiencia y se han hecho bajo la inspiración y para satisfacciones de la necesidad. Luego si los sentidos y los órganos que les sirven de instrumentos fueron anteriores á las funciones que desempeñan, podemos decir repetidas veces que no se formaron para que sirvieran de utilidad.
864. _Illud item non est mirandum, corporis ipsa..._
Tampoco debe nadie admirarse de que los seres animados busquen los alimentos que más se adaptan á su naturaleza. Ya te he dicho que de los cuerpos fluyen y brotan numerosas moléculas en cantidad proporcionada al movimiento que los mismos desarrollan: por la transpiración, desde lo más íntimo del organismo, salen muchas; otras por la boca se escapan en la respiración anhelante. Esas derivaciones continuas representan pérdidas que abaten el cuerpo hasta sumirlo en postración seguida por cierto dolor estimulante que obliga al ser vivo á buscar los alimentos necesarios para calmar las molestias sufridas, para reponer las fuerzas gastadas y para renovar las energías de los miembros y de las venas; también los fluidos se reparten por el cuerpo, y con su humedad se calman los ardores provocados por la combustión efectuada en el estómago, y se restringe el fuego que trata de invadir el organismo: de esta manera se apaga la ardiente sed y se calma la famélica ansiedad.
Ahora trato de inquirir la causa que nos permite andar y mover nuestros miembros de varios modos, con sujeción á nuestra voluntad, agente que impulsa la pesada masa de nuestro cuerpo; escucha, pues, mi discurso. Digo que los simulacros rozan nuestro ánimo, y, como ya expuse más arriba, le comunican cierto movimiento, del que se originan las determinaciones volitivas, que son requisito indispensable de todo lo que se proyecta ó se ejecuta; luego la formación de la imagen ante la presencia del objeto, es la primera condición para todo hacer. En cuanto el ánimo se resuelve á seguir una dirección, la energía del alma, que extendida está en los órganos y en los miembros, compele á éstos; el fenómeno se realiza sin dificultad, porque siempre el alma, unida al cuerpo, impulsa á éste, que se pone en movimiento y avanza; también el aire, que nunca deja de agitarse, en cumplimiento de su propia función, penetra en los dilatados poros del cuerpo activo, y va á esparcirse hasta por las más pequeñas partes del ser. Hay, pues, dos clases de substancias que imprimen al cuerpo el movimiento, como dos fuerzas combinadas, la del viento y la de las velas, son las que ponen en marcha la nave. Y no debe sorprender el hecho de que elementos delicadísimos puedan mover y conducir á su arbitrio el cuerpo con toda su gravedad: también el ligero viento, á pesar de su composición tenuísima, puede empujar velozmente una pesada nave, á la cual una sola mano rige en el mar, por arrebatado que esté, y un solo timón da la dirección conveniente: de igual modo las gruas y los tornos elevan masas enormes, aunque sean movidas por un débil esfuerzo.
913. _Nunc quibus ille modis somnus per membra quietê..._
Ahora, para explicarte el modo con que el sueño difunde la quietud por los miembros[48] y expulsa los temores del ánimo, emplearé dulces, aunque pocos versos, pues más grato es el débil cantar del cisne que el graznar de las grullas, oído hasta en las nubes[49]. Concédeme atento oído y ánimo reflexivo, y no rechaces sin meditación las razones que voy á exponerte, ni con prevenciones caprichosas niegues demostradas verdades: tuya, de todas maneras, será la culpa, si no adquieres aptitud para discernir con acierto.
[48] La frase de Lucrecio es: _somnus per membra quietem inriget_. Virgilio dijo después: _fessos sopor irrigat artus_.
[49] Repetición de los versos 175, 176 y 177 de este mismo canto.
Cuando la energía anímica dispersa por los órganos llega á descomponerse, de tal modo que una parte de ella sale fuera del cuerpo, mientras que otra parte en el interior de éste se condensa, el sueño sobreviene. En este caso, las relaciones que entre los miembros existen se quebrantan, y todos éstos caen en laxitud: el alma nos da las sensaciones, pero no puede privarnos del sueño sin que la misma substancia pensante ó racional se perturbe y sea lanzada fuera del organismo, aunque no completamente, porque el frío de la muerte se extendería por todo el ser, si en él no quedaran, como ascua entre cenizas, partículas del alma que pudieran esparcirse en los miembros á manera de súbita explosión, como del fuego latente surge la llama. Pero ahora voy á explicarte las causas que producen languidez para el cuerpo y turbación para el alma; procura que yo no vierta mis palabras en el viento.
En primer lugar, es evidente que el cuerpo, siempre en contacto con las auras aéreas, ha de recibir de éstas en su parte exterior repetidos rozamientos, que puede sufrir sin contrariedades por estar cubierto de cuero, de cerda, de concha, de piel callosa ó de cáscara; y en su parte interior ha de sentir el aire aspirado que luego por la espiración exhala; así el cuerpo, batido por dentro y por fuera, recibe choques á través de los poros hasta en sus elementos primarios constitutivos, y experimenta poco á poco abatimiento y cansancio. De este modo conturbados y dislocados de su posición normal los principios integrantes del ser, el alma se fracciona en partes, una que del cuerpo sale, otra que oculta permanece en lo interior de éste y otra que se esparce por todos los órganos; y no pueden reunirse las tres ni ejercer movimientos mutuos, porque la Naturaleza les ha cerrado las entradas y los caminos: consecuencia de este desorden es el desvanecimiento de la sensación. Cuando este caso llega, el organismo pierde su vigor, el cuerpo se debilita, languidecen todos los miembros, los brazos y los párpados decaen, las piernas se abaten extenuadas, las fuerzas desaparecen.
Y en segundo lugar, si después de la comida sobreviene el sueño, es porque el alimento cuando se distribuye disuelto en las venas, produce en éstas un efecto parecido al que en las mismas engendra el aire; el sueño es pesado cuando al dolor del hambre sigue el placer de la satisfacción, porque entonces son muchos los elementos que se reunen para activar las funciones de la vida: en esta ocasión el alma penetra en el cuerpo con mayor intensidad, se manifiesta al exterior con mayor amplitud, y sus elementos componentes más se apartan y más se esparcen.
968. _Et quoi quisque ferè studio devincius adhæret..._
Las cosas que más nos inquietan durante el sueño son las que constituyen especialmente nuestras habituales ocupaciones, las que más tiempo nos han entretenido, las que más han solicitado nuestra atención. Entonces el abogado instruye causas é interpreta leyes, el general trata de combates y de asaltos, el piloto lucha con el desencadenado viento y yo indago las causas del orden universal para enseñar á mis conciudadanos los secretos de la Naturaleza; otros hombres, en fin, mientras están dormidos, tienen la ilusión de varios estudios y de artes varias. Aquellos que frecuentan los espectáculos públicos, durante mucho tiempo conservan como introducidos en su alma los simulacros de las impresiones recibidas en las fiestas á que asistieron: ven reproducidos en su imaginación los mismos ejercicios, y aun en estado de vigilia se representan el bailarín que salta y mueve el flexible cuerpo, los acordes sonidos de la lira y el dulce lenguaje de las cuerdas; creen asistir á las mismas reuniones á que en alguna ocasión han concurrido y se figuran reproducidas las escenas que una vez presenciaron: ¡grande es el poder que la voluntad crea, el uso desarrolla y el hábito afirma entre los individuos de la especie humana lo mismo que entre los animales! Pueden verse caballos briosos que en profundo sueño sumidos se estremecen, se cubren de sudor, se mueven con inquietud y dan fuertes resoplidos, como si en su imaginación vieran expeditas las puertas del circo y desearan lanzarse por ellas en busca del premio de la victoria: no pocas veces se ven perros de caza que en sueño se agitan bruscamente, aullan, aspiran con ansia el aire como si buscaran el rastro de las fieras, y aun en ocasiones, al despertar en ese estado, corren detrás de los simulacros de ciervos que se figuran fugitivos, hasta que recobran la posesión de sus sentidos y se desvanecen sus errores; la mansa especie de los cachorros, acostumbrada al domicilio de sus dueños, de repente abre sus ojos, sacude el sopor que la embarga y asustada se pone de pié como si delante se le ofreciera un desconocido rostro del que tuviera que defenderse; porque tanto más incomodan las imágenes cuanto más ásperos son los elementos que las forman: por último, algunas aves, entregadas á sosegado sueño sin duda se figuran que otras rapaces se dirigen contra ellas para destruirlas entre sus garras y devorarlas en el acto, cuando de repente se lanzan presurosas en vuelo rápido y buscan refugio en los impenetrables bosques.
¡Y cuán variados movimientos agitan profundamente el alma humana! Mientras duermen, unos hombres combinan proyectos y realizan grandes empresas; otros dan batallas, vencen reyes, caen prisioneros; no pocos exhalan clamores, como si fueran degollados; muchos se quejan y profieren dolorosos gemidos, porque se imaginan que se hallan entre los dientes de una pantera ó que son despedazados por león implacable; algunos se denuncian en sueños por faltas cometidas; éstos se creen ya esclavos de la muerte; aquéllos se figuran que desde elevados montes son precipitados á un abismo y se despiertan asustados y como fuera de juicio hasta que recobran lentamente su tranquilidad; un sediento piensa que se halla junto á un río ó en las proximidades de amena fuente y que bebe el agua en abundantes sorbos; los niños, muchas veces bajo el sueño, se creen próximos á pila ó vasija conveniente, se levantan los vestidos y dejan escapar de su cuerpo líquidos sobrantes que manchan el magnífico esplendor de las bordadas estofas. También aquellos jóvenes para quienes empieza á surgir el vigor de la edad y á sus miembros da el tiempo gérmenes fecundos ven simulacros de varia especie que representan figuras bellas de color y de forma, las cuales despiertan deseos y producen efusiones que dejan abundantes señales en las ropas[50]. Cada objeto ejerce influencia sobre su órgano propio, y solamente la imagen humana tiene poder para obligar al germen humano á escaparse de su natural residencia.
[50] Desde este punto hasta el final del canto cuarto Lucrecio trata un asunto muy difícil, con una viveza de expresión poco grata para las exigencias de nuestra cultura. El traductor se ha visto obligado á velar algunas frases y á rodear de obscuridad algunos pensamientos del autor.
1043. _Sollicitatur id in nobis, quod diximus antè..._
El fluido generador, como antes he dicho, ejerce en nosotros cierto influjo cuando la edad adulta fortalece los órganos: entonces se reparte por todo el cuerpo, se acumula en los nervios é irrita los aparatos propios que determinan arranques pasionales de amor ansioso de emociones tranquilizadoras. En los combates se lucha cuerpo á cuerpo, salta la sangre de allí donde se dirige enconado golpe y el vencedor tan cerca de la víctima se halla que puede sacar manchado su vestido.
Así, pues, el que recibe el dardo punzante de Venus, ya sea éste lanzado por mancebo de afeminada apariencia, ya por mujer que provoque amor con todo su porte, desea aproximarse á quien lo hiere para colmarlo de halagos: de este modo se despierta la pasión, que no es otra cosa más que el ansia de conseguir un goce apetecido: ese deseo, llamado Venus, lleva también el nombre de amor, penetra gota á gota en el corazón y nos inunda con suaves dulzuras y férvidos cuidados; pues aun cuando esté ausente la persona á quien amemos los simulacros suyos estarán con nosotros y llevaremos su grato nombre en los oídos.
Pero si los simulacros encienden en nosotros exagerada pasión, debemos huir de ellos, separarnos de todo lo que favorezca su concentración, y distraer nuestra inteligencia entre objetos varios: si una exclusiva pasión nos produce cuidados y tormentos que pueden acortar nuestra vida, porque obra como llaga que se amplía por momentos, ó como frenesí que aumenta por grados, ó como enfermedad que se agrava incesantemente, es necesario que se busquen nuevas emociones para apaciguar la anterior, y en una prudente inconstancia hallar medios para dar al sentimiento rumbo distinto.
No se priva de las dulzuras de Venus aquel que evita el amor; por lo contrario, obtiene frutos sin pasar quebrantos; pueden los individuos sanos alcanzar dichas completas, pero no aquellos miserables que tienen la razón trastornada, fluctúan con frenético ardor, fijan sus ojos y no distinguen, lastiman con sus manos crispadas y hacen daño con sus labios convulsos: todas esas rabiosas manifestaciones son incompatibles con el verdadero amor; pero Venus con delicias quebranta las penas y ahuyenta las amarguras. Se espera equivocadamente que tenga poder bastante para apagar la llama del amor el mismo ser que ha podido encenderla; pero esa pretensión es contraria al orden natural: es el amor un vivo afán que más se excita cuanto más se lisonjea. Cierto es que las substancias alimenticias sólidas ó líquidas, al asimilarse á nuestros órganos fácilmente matan la necesidad que de ellas tenemos; pero un semblante agraciado y un color bello no dan de sí más que simulacros tenuísimos que solamente producen una vaga esperanza con facilidad desvanecida en el aire: como el sediento se esfuerza en beber durante el sueño y no consigue extinguir la sed en que sus miembros arden, porque los simulacros del agua no llegan á sus labios aunque el necesitado se imagina que se halla dentro del agua, así Venus burla con los simulacros á los apasionados que no pueden apagar su deseo con la mera contemplación del objeto que aman; ni tampoco mediante el movimiento de las manos que errantes vagan inciertas por el cuerpo amado como si en él buscaran algo que los satisficiera.
1107. _Denique, cùm membris conlatis flore fruuntur..._
Finalmente, cuando en la flor de la edad se unen dos amantes y el cariño los aproxima ante la presencia de Venus que preside la fecundación femenina, se estrechan y se halagan como si quisieran ambos confundirse en una sola alma y en solo un cuerpo; crecen sus arrebatos amorosos y sus violentos ardores, que se resuelven en efluvios de delicias; pero los afanes que se amortiguan por la satisfacción renacen después de corta pausa; vuelven el mismo frenesí, el mismo furor y la misma rabia; los amantes anhelan llegar al fin que los atrae; pero no encuentran medio de extirpar el mal que padecen, hasta que desfallecidos caen agobiados por oculto fuego que los consume ó por dardo penetrante que los hiere.
Añádase, además, que las fuerzas se consumen agotadas por anhelos eróticos; que se pasa la vida sujeta á ajena esclavitud; que se extingue la fortuna, y después se contraen deudas; que el crédito se pierde; que los deberes se olvidan; que se cae en la deshonra: se adquieren perfumes, lindo calzado procedente de Sición[51], joyas de oro y de verde esmeralda, ropas delicadas que se humedecen con el sudor de la persona amada; los bienes que los antepasados supieron juntar y legaron á sus herederos se disipan en fajas, tocas, estofas de Malta y de Cea[52], opíparos banquetes, dulces vinos, suaves perfumes, recreos, guirnaldas y coronas; y á pesar de tantos dispendios nada es bastante para endulzar la amargura que se experimenta, y de cuyo fondo surgen flores que se convierten en espinas, ya porque la propia conciencia acusa de que se lleva una vida ociosa ó perjudicial, ya porque alguna frase equívoca de la persona amada penetra hasta el fondo del corazón, ora porque en sus ojos se descubre una mirada furtiva en favor de un rival, bien porque en su fisonomía se cree hallar alguna vez una expresión de mortificante menosprecio.
[51] Ciudad del Peloponeso.
[52] Cea, isla del mar Egeo.
Si grandes son los males que nos acarrea una pasión correspondida, mayores son los que trae consigo un amor desgraciado: es, pues, conveniente, vivir alerta para librarse de tantos peligros. Más fácil es precavernos de las celadas de amor, que romper las mallas de su red y cortar los apretados nudos con que Venus las estrecha.
1151. _Et tamen implicitus quoque possis, inque peditus..._
Pero aun cuando ya estés dominado por el amor, todavía podrás librarte de su imperio si quieres dejar de ser esclavo y observar con ojos serenos los defectos del cuerpo y los vicios del ánimo de la persona que te subyuga. Bien sé que los hombres ofuscados por la pasión atribuyen á la beldad amada todas las perfecciones imaginables que seguramente no tiene; hasta las mujeres viciosas y repugnantes reciben mimos, respetos, atenciones y caricias de algunos hombres. Tales individuos se escarnecen los unos á los otros, se aconsejan mutuamente para pedir á Venus que los libre de su extravagante amor, y los miserables, que ven el ajeno mal, ni siquiera aciertan á comprender sus propios errores. Si la mujer amada es muy morena, para el enamorado es trigueña agraciada; si es sucia y exhala mal olor, es poco aficionada á afeites; si tiene los ojos azules, es rival de Palas; si nerviosa y seca, es como la corsa de Menelao; si enana, es una de las tres Gracias, toda encantos; si larga y desproporcionada, es la personificación de la majestad; si torpe de lengua, no quiere hablar; si muda, prudente es; si colérica y charlatana, es luz perenne; si de enfermiza constitución, es delicada; si peligrosa tos padece, es una dulce hermosura; si es gorda y de pechos abultados, es Ceres amante de Baco; si chata, es como los sátiros; si de labios gruesos, es encantadora. Jamás terminaría si hubiera de relatar todo lo que se dice en este género.
Pero aun cuando posea todas cuantas bondades quiera suponérsele y tenga de Venus toda la gracia y la belleza, ¿será la única de su especie? ¿No habrá vivido antes el mundo sin ella? ¿No estará sujeta á las mismas necesidades que afligen á las más feas, y la infeliz no se impregnará de fétidos olores que harán á los fámulos huir, al mismo tiempo que se burlan furtivamente de la hermosa?
El amante que tiene prohibida la entrada en la casa de su deidad coloca en las puertas coronas y flores, perfuma el umbral con valiosos ungüentos para ver si consigue ablandarlo y besa el inflexible quicio; pero si al cabo llega á penetrar y de ciertos olores siente algún vestigio, inmediatamente busca un pretexto para ausentarse, olvida las quejas que por tanto espacio de tiempo lanzara y se acusa de loco por no haber considerado antes que á ningún mortal pueden suponerse dones incompatibles con su naturaleza: nuestras beldades saben á qué atenerse respecto de este asunto, y ocultan con exquisito cuidado á aquellos á quienes pretenden ligarse con vínculos de amor muy estrechos, todo lo que se refiere á escenas íntimas de la vida faltas de pulcritud; pero inútilmente las ocultan, porque sin duda, cualquiera puede suponerlas mentalmente; quizá por este motivo hay mujeres amables y no fatuas que en ocasiones dadas te sabrán tolerar algunas faltas propias de la humana flaqueza.
No siempre, aunque sí algunas veces, la mujer suspira amor sin fingimiento: en esa ocasión, estrechada al cuerpo de su amante, ofrece á éste sus húmedos labios y con transportes solicita un largo espacio en la carrera del amor: de igual modo hay momentos en que todas las hembras, lo mismo las volátiles que las terrestres, las feroces que las mansas, con docilidad se someten á los férvidos ardores de sus compañeros. La Naturaleza impone esta sumisión de la que resultan fecundos goces. ¿No ves algunas veces que se martirizan aquellos á quienes une mutuo deleite? ¿No ves en los trivios cómo luchan para divorciarse canes enlazados por atracciones genéticas? Este caso nunca se daría si un mutuo instinto de común placer no los hubiera hecho sus cautivos.
1208. _Et commiscendo cùm semen fortè virile..._
Al recibir el seno de la mujer la influencia generadora masculina, la descendencia adquiere mayor semejanza con el padre ó con la madre, según de quien proceda la mayor suma de principios generativos; pero si tiene parecido con los dos, señal es de que, excitado el organismo de ambos con igual energía, uno y otro aportaron los mismos elementos para la obra común: se da el caso de que las personas se parecen á sus abuelos cuando los padres en su constitución han reunido principios materiales, dispersos en su inmediata ascendencia. Por este procedimiento, Venus reproduce las facciones de los antepasados, su voz, su cabello, su estatura; y este hecho es una prueba de que los seres constan de elementos fijos. Da origen el padre al sexo femenino y al varonil la madre: cierto es que la prole consta de gérmenes del uno y de la otra; pero en todo caso hay un principio dominante, derivado ya de la mujer, ya del varón.
1232 _á_ 1288. _Nec divina satum genitalem Numina quoiquam..._