Música y Músicos Portorriqueños

Part 8

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Misa pequeña en _do mayor_, a dos voces y orquesta, con un delicioso _Benedictus_ obligado a flauta. Misa pequeña en _la menor_, a dos voces. (El _Qui Tollis_ de esta misa es un bello cantabile a dos voces, de exquisita factura). Misa de la _Circuncisión_, a tres voces. Misa de la _Purificación_, a tres voces. Misa de la _Anunciación_, a tres voces. Misa de _Jueves Santo_, (Kirie y Gloria solamente), a tres voces. Misa del _Corpus_, a tres voces. Misa de la _Ascensión_, a tres voces, (con un bellísimo _ofertorio_.) Misa de _Noche-Buena_ (tiene una zortzico encantador con variaciones para el violín, la flauta y los clarinetes). Misa de _San Juan_, a 4 voces y gran orquesta. Misa de _Santa Cecilia_, a 4 voces, coro y gran orquesta. (Premiada con medalla de oro en un Certámen). _Requiem_, a dos voces y orquesta. _Requiem_, a tres voces, de mayores dimensiones que el anterior. _Miserere_, a tres voces y orquesta. (Una de las más inspiradas obras del maestro. El estilo de esta composición, a veces sombrío y a veces patético, inspirábale al que la oye cierta sensación de pavor; tal es la fuerza de expresión que empleó el maestro en casi todos los pasajes de la obra). _Las Siete Palabras_, para 4 voces y orquesta. (En esta obra, de factura muy descuidada, no estuvo el maestro a la altura de su reputación). _Segunda lamentación_, a tres voces. _Tercera lamentación_, en _sol menor_, a tres voces. (Es esta, tal vez, la obra en que con más profusión produjo el maestro el tesoro de su vena inagotable. Por otra parte, ¡qué amarga tristeza revela esa música sublime! Creyérase que el autor se propuso en esa obra traducir al lenguaje de los sonidos las crueles vicisitudes de su vida; la amargura de ver como iban desapareciendo sus hermanas, una a una, minadas por la tisis; sus apuros económicos, y, por añadidura, la guerra sorda, que a causa de sus ideas políticas, le declararon ciertos elementos reaccionarios, que formaban parte de la orquesta de Capilla. Nos parece estar oyendo todavía al maestro cuando entonaba con su voz de barítono la famosa frase de Jeremías: _Jerusalem, convertere ad Dominum Deum tuum_. Parecía dirigirse a sus enemigos, exhortándoles a que se arrepintieran del mal que le hacían, ¡Pobre Maestro!). _Magnificat_, a tres voces y coros. (Un bello cántico a la Virgen, escrito desde 1860, que no llegó a terminar nunca, por lo que hubo la necesidad de suprimir parte de la letra a fin de que pudiera cantarse). _Totta Pulchra_, para Coros y orquesta. (En esta obra se empleó por primera vez en Puerto Rico el saxofón). Novenario de Nuestra Señora de Belén. Novenario de San Francisco. Novenario de San Juan Bautista, de Santa Rosa de Lima, de San Miguel y Septenario de Dolores. Gran salve a cuatro voces, coros y orquesta. Grandes Letanías a cuatro voces, coros y orquesta: tituladas _Así-Así_. (Tienen la particularidad de que el 1er. _Agnus Dei_, está escrito para voces solas, habiendo puesto en los papeles de la orquesta, la parte de canto correspondiente a cada instrumentista.) Letanías _Jesuitas_, para tres voces, coros y orquesta. Además de innumerables salves, letanías y peticiones, escritas para alternarlas en los distintos novenarios que por entonces se celebraban anualmente en San Juan.

MÚSICA SINFÓNICA.

_La Familia_, obertura para orquesta. _La Manganilla_, Obertura. _La Peseta_, pequeña obertura, para orquesta. _Tonidán_, Obertura para gran orquesta. _El Parto de los Montes_, juguete sinfónico. _Sonatina de Violín_, con acompañamiento de piano u orquesta.

OBRAS TEATRALES.

_Guarionex._ Opera en tres actos, libro de Alejandro Tapia. (Representada en el Teatro de San Juan). _Macías_, Opera en tres actos, libro de Don Martín Travieso. _EL BEARNES._ Opera en cuatro actos, libro de Don Antonio Biaggi. _El Amor de un Pescador_, zarzuela en dos actos, letra de Navarro.

Cierro esta lista, y con ella mi desaliñado trabajo, no sin antes advertir, que la he hecho de memoria y guiado sólo por el recuerdo que, como músico que fuí de Capilla, durante más de veinte años, conservo acerca de la música del para mí, inolvidable Gutiérrez. Con ésto quiero decir, que debe perdonárseme cualquier omisión importante en que baya podido incurrir.

_Braulio Dueño COLÓN._

Bayamón, P. R., 1912.

CAPÍTULO IX.

_MARTÍNEZ PLÉE, MANUEL._

VIOLINISTA.

Si en alguna ocasión es de sentir la carencia de profundos conocimientos psicológicos y de gran estilista, es, cuando, como en el presente caso, se intenta hacer la biografía de un artista, que es, de los de más alto temperamento que se han producido en Puerto Rico.

La figura artística de Martínez Plée es dual; porque si grandes son sus méritos como violinista, no menores los posee como literato, y si a ellos unimos las genialidades de su carácter y no olvidamos los rasgos fisonómicos de los que, un pintor podría hacer meritísima _cabeza de estudio_, nos encontramos perplejos, ya que no incompetentes, para delinear, siquiera, el contorno de su personalidad.

"_Cabeza de estudio_" hemos dicho, porque, efectivamente, en todos y cada uno de los rasgos, encontramos, cada vez que tenemos la oportunidad de departir con él, algo que nos induce a la meditación.

Frente amplia, ángulo facial circásico, cráneo abultado, en su primer tercio reluciente y el resto poblado de guedejas que, como las del rostro, tienen, prematuramente, el tinte gríseo, de los cielos invernales; ojos, a los que sirven de atalayas cejas de finos trazos, no muy grandes y cavernosos, cuyas negras pupilas tienen, de ordinario, el plácido rutilar de las estrellas, y cuando se dilatan por efecto de la emoción estética, adquieren el fulgor hipnótico de los del león en plena fiebre; pómulos ligeramente pronunciados, nariz dilatada y labios reveladores de un temperamento pasional, son los detalles de esa cabeza, que, repleta de _fósforo_ y de fibras nerviosas delicadísimas, tiene como soporte un cuerpo de mediana estatura y complexión muscular vigorosa, haciéndonos recordar, el conjunto, las figuras simpáticamente majestuosas de los patriarcas bíblicos.

Martínez Plée nació en la Carolina, el 24 de agosto de 1861. Su nostálgica indolencia pone de manifiesto su procedencia criolla, pues su señor padre era también portorriqueño, heredando de su madre doña Delia, de origen francés, los tesoros morales de la Fé y amor a la Libertad.

Don Ruperto Rivera Colón, fué su preceptor de instrucción elemental, y las selectas bibliotecas de New York, en donde residiera por más de 20 años, las que, con sus colecciones de obras maestras, leídas y meditadas asíduamente, le hicieron obtener, _per se_, el título de literato, que le reconocen los intelectuales.

Le son casi familiares las literaturas latina, española, francesa e inglesa; los poetas y filósofos griegos le seducen, y, en su prodigiosa memoria, tiene catalogadas las síntesis de las obras contemporáneas de mayor renombre.

Sus amigos inseparables son el violín y los libros.

Rápido en la concepción, lo es más para asimilarse ideas que, después de analizadas, las adapta a su criterio, forjándolas de nuevo con modalidades de expresión conceptuosas, concisas y originales.

Su estilo es tan ameno, por las bellas sutilezas que emplea en la descripción e ingenuidad con que instruye, que basta ver su firma en un artículo para leerlo con gran interés. En la controversia muéstrase, unas veces hiperbólico, otras, cúltamente mordaz, sobre todo, cuando la argumentación contraria no es sofisticada.

En San Juan cursó la teoría musical, solfeo y rudimentos del violín, trasladándose después a Caguas, en donde, D. Mauricio Álvarez, modesto y notable violinista, que por largos años se dedicó a la profesión--vive aún dirigiendo la farmacia de su hijo D. José--le inició, con maestría, en los secretos del arco y pulsación de tan difícil instrumento.

Tras de una temporada de residencia en Humacao, en donde su corazón recibió las primeras impresiones de un amor purísimo que, irrealizado, tal vez influyera en el pesimismo y dualidad que se nota en su carácter, marchó a los Estados Unidos, y, en New York, a la par que nutría su inteligencia con el néctar del saber, con Mr. E. Remenyi, gran violinista húngaro, adquirió el dominio del instrumento que inmortalizó a Paganini.

Las audiciones constantes de los grandes artistas que sin cesar visitan la Babel americana, completaron su educación musical.

En New York formó parte de las mejores sociedades artísticas, siendo su nombre conocido y justamente apreciado. Allí, nuevamente el amor se interpuso en su camino y contrajo matrimonio, del que tiene una hija, que parece haber heredado su temperamento e inteligencia artística, y cuya educación preocupa hondamente a nuestro biografiado.

Durante su larga ausencia del país natal, éste ignoraba tener un hijo que le honraba en el extranjero, hasta que la atracción de su doble amor filial le hizo aparecer entre nosotros, cual bohemio errante que añora con el arte mágico de su violín las tristezas y ensueños de su perdida patria, dándose a conocer en la plenitud de sus facultades.

En el violín es un _virtuose_, que burila la frase, destaca con precisión y claridad los pasajes más difíciles, y, aun cuando para el colorido de emisión prefiere los tintes crepusculares a los del sol en el zenit, no por eso dejan de ser vigorosos los sonidos.

Para apreciar todo su valer artístico, hay que estar cerca de él cuando interpreta. Ruge, canta, increpa, llora; su alma experimenta y trasmite todas las sensaciones que conmovían al autor en la concepción y que él, en plena fiebre de interpretación, reproduce fielmente.

La dualidad de su carácter le hace a veces incomprensible.

Escolástico e idealista por convencimiento, muéstrase en ocasiones, racionalista con tendencias al materialismo.

Amante apasionado de la forma clásica, para las manifestaciones del arte absoluto, ha roto lanzas en defensa de la libertad de expresión.

Sinceramente cristiano, las contrariedades y luchas de la vida, le hacen no desdeñar el fatalismo musulmán.

Noblemente bohemio en la práctica del bien, se reprocha a sí mismo el haberlo ejercido.

Generoso, en demasía, para cimentar prestigios, cuyas procedencias no siempre escudriña, por cualquier nimiedad trata de derrocarlos cáusticamente.

Su _temperamento_ le hace vivir en pleno cielo de ilusiones, pero el _pandemonium_ de su cerebro lo lleva a sufrir las oscuridades del pesimismo.

Ha concebido obras literarias y didáctico-musicales de altos fines, pero al darles forma, o las ha dejado en floración, o, después de acabadas, permanecen ocultas en los anaqueles de su biblioteca.

Es un _valiente-tímido_, capaz de todo, y que por su vacilar constante, ha perdido grandes oportunidades favorables a su bienestar y gloria.

A pesar de eso, la chispa de su genio, como la del rayo en medio de la tempestad, brilla refulgente y con luz propia, en el cielo del arte, siendo una de las legítimas glorias portorriqueñas.

CAPÍTULO X.

_MISLÁN, ÁNGEL._

INSTRUMENTISTA.

Nacido en San Sebastián del Pepino en el año de 1862, murió en Barceloneta el 1º de Febrero de 1911, en plena edad viril y cuando por la madurez de su cerebro podía ofrecernos sus mejores frutos.[21]

[21] Este trabajo se publicó en _LA Democracia_ en febrero de 1911.

Para hacer siquiera un esbozo de la personalidad artística de Angelito, como familiarmente se le llamaba, requierense profundos conocimientos psicológicos de que carece el que estas líneas traza, pues radicando en el alma el origen de todas las producciones humanas, es innegable que existe una relación entre aquellas y la idiosincracia o carácter del que las produce, relación que el análisis psicológico descubre en sus mínimos detalles, sobre todo, cuando se trata de producciones artísticas en que la expresión del sentimiento se exterioriza con mayor vigor.

Si prescindiendo de las características individuales analizamos las producciones exclusivamente por su forma y técnica, tropezamos, en las artísticas, con la dificultad del medio ambiente en que la mayor parte de nuestros artistas se han desarrollado; y al decir artistas no quiero referirme solamente a los músicos, pues si exceptuamos la poesía o literatura en general, las demás artes permanecen en pañales por la falta de centros docentes, pues de haberlos tenido, las excepcionales aptitudes del pueblo portorriqueño hubiesen alcanzado y alcanzarían al presente, en número no escaso, altas finalidades de gloria universal.

Duchesne, Balseiro, Mislán, Ríos Ovalle, Manuel Tizol, Márques, Kington, Madera, Porrata Doria, Emilio Dávila, en la música; Pou, López de Victoria, Vélez, Medina, Ríos, en la pintura; Nadal, Montesinos, Vélez López, en la escena, son, entre otros, dignos de citarse como ejemplo, para corroborar la afirmación, pues si con su sólo esfuerzo han llegado a alcanzar, unos más que otros, puesto de honor en el cuadro de nuestras pequeñas glorias, desarrolladas y pulimentadas sus obras por medio de la técnica profunda, sus nombres, traspasando los límites estrechos de la Isla, hubiéranse sumado, a los de Tavárez, Campos, Paoli, Gonzalo Núñez, Martínez Plée, Arteaga, Chavier, Oller, Campeche, Cuchí, García Molina, Astol y algunos más, aplaudidos y reputados en el exterior.

Que el temperamento artístico predomina en Puerto Rico, todo el mundo lo reconoce; pero en lo que al musical atañe, tengo para mí, que Mislán, Kington, Balseiro, Miranda, Cruz Verar y Tizol son los más altos que ha producido el país en los últimos lustros del siglo XIX.

Todos han dominado la mecánica de sus instrumentos favoritos; unos, intuitivamente; otros con más o menos conocimientos de la preceptiva, han vertido a raudales la inspiración que el _Divino Artista_ les donara; y sin que a ninguno se le pueda adjudicar, sin reproches, el anhelado calificativo de maestro, todos son merecedores, no tan sólo del aplauso público, si que también de que al morir les dediquemos las siemprevivas del recuerdo, ya que, en sus producciones, expresaron e hicieron sentir las dulces vibraciones de la música regional.

Antes de proceder al análisis crítico de los méritos artísticos de Mislán, creo pertinente explicar las precedentes manifestaciones, pues podría argüirseme que doy demasiada importancia a los temperamentos no pulimentados con el estudio, así como a la música regional circunscrita, hasta hoy, a los estrechos límites del género bailable.

Si el temperamento, aptitud o inspiración, como quiera llamársele a la disposición natural o facultad para producir espontáneamente, no constituye de por sí, lo que en sentido absoluto se denomina arte, es innegable, que, como dice Toussenet, "el arte es la encarnación del ideal". Y siendo su principal tendencia la de excitar en el alma el sentimiento de la bello, _ideal_, _belleza_, _arte_ son la expresión de una _verdad_, don que no poseen al nacer todos los seres humanos y por lo tanto, no se produce el ideal por mera reflexión ni mucho menos por la imitación o aplicación de artificiosos procedimientos.

La música es la expresión del sentimiento. Lo que ella expresa es la misma alma en lo que tiene de más íntimo y profundo; y las expresiones del alma no pueden supeditarse en absoluto a reglas o preceptos que en algunos casos cohibirían la espontánea veracidad.

La preceptiva del arte completa la finalidad estética. Ella constituye la relación indispensable entre la ciencia y el arte, ya que todo arte supone la selección de aquella parte necesaria de la ciencia para averiguar de qué condiciones dependen los efectos que desea producir.

Más, por el hecho de que una producción carezca, en más o menos proporción, de la preceptiva, o esté defectuosa, ¿vamos a descalificarla como artística, cuando por su expresión, excita en el alma el sentimiento de lo bello y de lo bueno?

Y si los defectos u omisiones tienen por causa, no la negligencia, sino la falta de dirección para ajustar y corregir ¿debe desalentarse con el desdén o la censura acerba, a los que por medio de su facultad creadora, _per se_, saben conmover las fibras del sentimiento?

¿Por qué la humilde violeta no adquiere en su desarrollo el vigor y proporción del rosal o de la magnolia, dejará de ser grata la delicada suavidad de su perfume? ¿La dalia que encanta por la hermosura de su forma, posee alguna cualidad esencial que permite recordarla cuando se deshoja?

La preceptiva escueta es la dalia sin aroma.

La inspiración, por libre que se manifieste, siempre que sea genial, es la esencia de la _Divina Flor_, que excita, subyuga, conmueve y arroba el sentir de las almas.

Aunque la música es el idioma universal, cada raza, nación o pueblo tiene su forma característica de expresión cuyas diferencias, al constituir lo que llamamos estilo o escuela, no se circunscriben solamente a las _composiciones libres_ en las que el temperamento colectivo puede mantenerse en toda su amplitud sin las trabas de una rigurosa técnica; también en las _obligadas_ o _severas_, que generalmente son las que entran en el cuadro de la música religiosa o sagrada, puede apreciarse la influencia del medio ambiente social, político y religioso de cada pueblo.

A medida que esas diferencias se destacan con mayor claridad, la música, acentuándolas, les dá marcado sabor local o regional, dentro de la variedad de géneros de las composiciones libres, siendo las más adecuadas para el caso, las teatrales, populares (canciones, coros, madrigales, etc.) y los bailables.

En Puerto Rico, las diferencias que acabo de exponer, solamente han podido sintetizarse, hasta ahora, en la danza; y si hemos de ser veraces, su característica regional se manifestó no hace muchos años, cuando Julián Andino innovó la variedad rítmica del acompañamiento; y más principalmente, cuando Tavárez y Campos la elevaron al rango de verdadera composición. El primero con su portentosa inspiración saturada del sentimiento de la época, y Campos, agitado su vigoroso genio por las luchas y pasiones de su tiempo, encarnando en sus danzas inmortales el alma colectiva del pueblo portorriqueño, formando ambos, los dos estilos principales que sirven de guía a los jóvenes cuando se inician en los trabajos de la composición.

* * * * *

Mislán estudió con su padre, el solfeo y la mecánica del clarinete y del bombardino; pero cuando fallecido aquel se vió constreñido, muy joven aún, por las apremiantes necesidades de la vida, a invadir el campo de la profesión, la carencia de medios extraños para salir airoso en sus empeños artísticos hízole, unas veces con preparación otras improvisadamente, practicar la mayor parte de los instrumentos, incluso el _típico_ cuatro, que pulsado por él, semejaba los dulces sonidos del arpa eólica.

Su instrumento favorito, en el que no tuvo rival, lo fué el bombardino. Aparte de la gran habilidad mecánica, dulzura de expresión y corrección del fraseo, emitía los sonidos con tal privilegio, que sobrepasando la extensión del registro agudo con claridad y robustez deliciosa, de no presenciarse la ejecución, lo que parecía oirse eran los sonidos de una flauta.

La chispa del genio que iluminaba su cerebro irradió en todos sus actos musicales. Las bandas y orquestas que dirigía, por heterogéneos que fueran los componentes, resultaban agradables, pues en el conjunto se revelaba lo genial de la dirección.

Su trato afable, modesto, simpático, que tan bien reflejan las melodías de sus danzas, le franqueaba las puertas sociales, proporcionándole, doquiera que iba, abundante trabajo profesional; pero la nostálgica indolencia de su carácter, agravada con la falsa adaptación que hiciera en sus costumbres del concepto de la vida bohemia, como también lo débil que fué siempre su voluntad para refrenar los ímpetus pasionales, que forzosamente hubieron de conducirle por senderos peligrosísimos para su salud, fortuna y fama, le hicieron vivir en constante desequilibrio económico, atrofiando prematuramente sus facultades, cuando con mayor energía debieron manifestarse.

Como instrumentista, ya lo he dicho antes, sino fué un _virtuose_, pues este calificativo para aplicarlo a conciencia sólo tiene una acepción, fué todo lo hábil para, en el bombardino, destacarse en el cuadro de lo corriente, ocupando el primer término. Como preceptor, trasmitía sus conocimientos con pureza, mejorándolos por medio de la observación de los métodos que empleaban otros maestros que más, afortunados, habían bebido en mejores fuentes.

Como director de orquesta de baile, estuvo al nivel de los mejores y para la organización de pequeñas bandas tenía el sentido práctico de instrumentar con arreglo al número y conocimientos de los instrumentistas.

No puede ser tan acabado ni halagüeño el juicio que voy a emitir sobre sus condiciones de compositor. Solamente puedo analizar las dos únicas danzas que publicó, pues aunque oí muchas otras, así como algunos de sus valses, mazurcas, paso-dobles y canciones jíbaras, no las tengo a la vista y el oído no es órgano apropiado para retener toda la factura de una composición musical y someterla al crisol de la crítica.

Poseyendo Mislán un alto temperamento artístico, las melodías de sus producciones resultan agradables, claras, bien combinadas y justamente equilibradas. Y como la estructura de la danza no es muy rigurosa, cuando el movimiento rítmico no es monótono y el acompañamiento del bombardino o mano izquierda del piano tiene vivacidad y elegancia, si la marcha del bajo y enlace de los acordes es correcto, aunque la factura armónica de las modulaciones y cadencias sean triviales, la variedad y expresión del pensamiento melódico cubren fácilmente la deficiencia.

De las dos que publicó, _Sara_ es, en mi concepto, la de mejor construcción armónica; _Tú y yó_ la de factura melódica más completa.

En _Sara_ crea, aplica la técnica, combinada elegantes dificultades para el bombardino y revela en el ritmo la faz bohémica de su carácter. En _Tú y yó_ la pobreza y defectos de preceptiva se manifiestan desde el _paseo_, y el acompañamiento carece de originalidad, resulta demasiado uniforme y con reminiscencias muy acentuadas, del que empleó Campos para _Ten Piedad_; en cambio su característica dulce y simpática se refleja en la melodía, correspondiendo regularmente las cláusulas del lenguaje, o mejor dicho, las cadencias poéticas con las melódicas.

Ambas se han hecho populares dando fama al autor. La una, porque la poesía (rimas de Becquer) y la música, son realmente inspiradas; la otra por ser muy bailable y tener como novedad la parte obligada a bombardino, cuya dificultad estriba en la articulación. Para mí, la belleza de _Sara_ está en la segunda parte o frase del _merengue_, pues la del bombardino la califico: variación sin tema, con ritmo, distinto al de la estructura general de la danza, marcadamente bohemio, en su falsa acepción. El final de la danza es una _reprise_ de la primera frase, cortada bruscamente.

Por la impresión de audiciones grabadas en el cerebro, puedo decir, que en _Pobre Borinquen_, expresa los dolores de la patria irredenta; en _Recuerdos_ y _Lágrimas_, las añoranzas de perdidas dichas vibran en el sentimiento melódico; y en _Ojos de Cielo_, dedicada a la bella señorita utuadeña, Adela Mattei, retoñando en el alma ilusiones y espejismos de la juventud, hacen que el _ideal_ adquiera en notas, realidad momentánea.

Ángel Mislán ha muerto pobre, pero no abandonado, pues el pueblo de Barceloneta en general y especialmente los señores Agustín Balseiro y Fernando Suria le atendieron en todo, dando a sus restos decorosa y cristiana sepultura.

Los músicos de Arecibo, que durante muchos años fueron sus compañeros en orquestas de baile, acompañados del digno vice-cónsul español Don Ángel Sáenz, jefe que fué de Angelito cuando dirigía la banda del tercer batallón de Voluntarios, vinieron expresamente a rendirle el último homenaje de amistad y compañerismo.

CAPÍTULO XI.

_MORELL CAMPOS, JUAN._

MAESTRO-COMPOSITOR.