Música y Músicos Portorriqueños
Part 5
También se encuentra, actualmente, haciendo estudios superiores de piano y composición en el Conservatorio de Madrid, la Srta. Mercedes Rodríguez, que en concurso de oposición obtuvo la beca ofrecida por el filantrópico caballero, licenciado en Letras. D. Teodoro Aguilar Mora, muy culto en materia de arte. Esta Srta. procede de la escuela de piano que dirige, en San Juan, Alicia Sicardó, discípula predilecta de Anita Otero.
Recientemente, ha sido presentado ante el público de San Juan, el niño de 11 años Jesús María San Romá, natural de Fajardo, como un pianista precoz. Realmente, aunque carece de escuela, es admirable, interpretando obras de tan difícil ejecución como las _rapsodias_ de Litz, los _impromptus_ y _baladas_ de Chopín, las _sonatas_ de Beethoven y otras similares del género clásico y brillante.
El niño San Romá, debe ser protegido por el país, oficial o particularmente, para que, cuanto antes, pueda trasladarse a un gran centro docente, en donde sus facultades extraordinarias, bien dirigidas y severamente educadas, le permitan orlar su frente con los laureles del triunfo.
San Romá es de los escogidos para brillar con luz propia en el cielo del arte universal.
Y con tan bella esperanza... cerramos estas anotaciones, que ¡ojalá! puedan servir de alguna utilidad a los que, en el mañana, se decidan a escribir la historia del arte musical de Puerto Rico.
Manatí, octubre 1 de 1915.
SECCIÓN SEGUNDA.
Biografías.
CAPÍTULO V.
Dedicada esta sección a poner de relieve los méritos de las altas personalidades artísticas que el país ha producido, es de sentirse no figuren en ella, por la carencia o parquedad de datos, algunos que han dado prestigio al nombre portorriqueño en el exterior, aunque no los relegamos al olvido pues son mencionados en las secciones correspondientes a sus aptitudes musicales.
Las biografías de Ana Otero, Julio C. Arteaga y Felipe Gutiérrez, han sido trazadas, accediendo a reiteradas solicitudes nuestras, por los connotados musicólogos, Sra. Trina Padilla de Sanz, la _Hija del Caribe_, tan justamente apreciada en el mundo literario, y por los no menos correctos escritores, Don Arístides Chavier y Don Braulio Dueño Colón, proporcionando a este libro, con sus cortesías, el único valer real de que pueda hacer gala.
_ARTEAGA, JULIO C._
PIANISTA-COMPOSITOR.
Nació en la ciudad de Ponce, P. R., el 29 de octubre del año 1864.
Desde su tierna infancia demostró aptitudes especiales para el estudio de la música, circunstancia que indujo a sus amantes padres a llamar al profesor Don Pedro Gabriel y Carreras, para encomendarle la educación artística elemental de su hijo. Este profesor, hombre de aptitudes y de conciencia, reconoció las dotes del niño y auguró a sus familiares y amigos las más risueñas perspectivas.
Iniciado en los elementos de la música y con conocimientos algo apreciables del violín y del Piano, pasó Arteaga a New York, a continuar sus estudios musicales bajo la dirección del distinguido pianista y compositor Gonzalo J. Nuñez,--quien igualmente reconoció sus singulares aptitudes, recomendándole de continuar indefinidamente a su lado, lo que desestimó,--y del notable organista canadiense Mr. Samuel P. Warren, bajo cuya dirección estudió el gran órgano, realizando apreciables progresos.
En el año 1883 marchó Arteaga para París, en cuyo Conservatorio ingresara, después de haber probado sus ventajosas condiciones para poder ascender a la altura que más tarde ascendiera. En dicha institución docente trabajó nuestro compatriota con verdadero celo y entusiasmo, el piano, la armonía y demás ramas del arte musical. Su profesor de piano fué el ilustre Mr. Georges Mathias, antiguo y predilecto discípulo de _Chopín_; su profesor de armonía y contrapunto, lo fué Mr. A. Taudou, un hábil y profundo conocedor de la ciencia armónica y contrapuntal; su profesor de acompañamiento, lo fué Mr. Auguste Bazille, profesor del Conservatorio, y organista e improvisador que se había captado la admiración de _Meyerbeer_. Mr. Bazille, a la sazón, desempeñaba la plaza de organista en la iglesia de Sainte Elizabeth, de París.
Arteaga reanudó sus estudios de órgano, iniciados en New York, y al efecto ingresó en la clase de órgano e improvisación del ilustre maestro, organista, improvisador y compositor eminente, Mr. César Auguste Franck. También hizo estudios de canto, bajo la dirección del insigne barítono profesor E. Crosti, autor de varias obras didácticas sobre el canto, y antiguo discípulo del gran _Francesco Lamperti_. Así mismo--y éste es un timbre muy honroso y que muy pocos pueden ostentar--Arteaga fué discípulo auditor de la clase de alta composición musical del grande e ilustre _Jules Massenet_. En 1887 obtuvo un accésit, clase de acompañamiento, y en 1888, después de un brillante examen, recibió el primer premio.
Obtenido el anterior triunfo, Arteaga retornó a Puerto Rico, al lado de sus familiares, a difundir los positivos conocimientos que había adquirido en la ciudad-luz. Al efecto, se estableció en Ponce, en donde formó un núcleo de discípulas muy aprovechadas y que hicieron honor a su enseñanza. En la ciudad-perla, llegó a realizar algunas audiciones de sus alumnas, que merecieron las más cordiales muestras de admiración de los elementos competentes.
Más tarde marchó a la Habana y a New York, en cuyas ciudades cimentó su reputación de pianista gallardo y profesor eficiente y concienzudo. En New York, de 1902 a 1904, desempeñó con éxito la plaza de profesor superior de piano en el Conservatorio Internacional, que es una de las instituciones más importantes de la Metrópoli.
Es indiscutible que Arteaga ha recibido una educación musical sana y vigorosa, que le coloca en la cúspide de nuestra representación artística y profesional. Sus triunfos, puede asegurarse, han sido mayores en el extranjero que en su propio país; pues allí han podido aquilatar más justicieramente sus méritos, prescindiendo de sus rarezas, que revelan un carácter algo quisquilloso y un temperamento harto susceptible, y que suele grangearle no pocas desazones. Es no obstante, Julio C. Arteaga, un corazón bueno y, como artista al fin, accesible a los más tiernos sentimientos.
Arteaga, como pianista, ha llamado siempre la atención. Posee una técnica sólida, vigorosa, flexible; hace frente a las mayores dificultades trascendentales del instrumento que preferentemente ha cultivado, sin esfuerzo alguno; domina las obras más culminantes de los grandes maestros clásicos y modernos, siendo _Chopín_ y _Liszt_ sus favoritos. En nuestro medio artístico--precisa reconocerlo--Arteaga, a pesar de sus dotes, no ha obtenido los fervientes aplausos que han obtenido otros, considerablemente menos aptos y concienzudos que él, en el arte que cultivan. Pero, ya se sabe que nuestro público es más impresionable que reflexivo, y, regularmente demuestra predilección por aquello que satisface mejor sus ambiciones _snobistas_, y sin establecer la diferencia existente entre el oro y el oropel que suele brindársele...
Como acompañador, Arteaga no tiene rival; es además, un lector intrépido. Como maestro de armonía y composición ya ha demostrado su eficiencia. Ha escrito algunas obras musicales, que revelan sus sólidos conocimientos armónicos y contrapuntales. Entre esas composiciones de índole seria, figura un Cuarteto, escrito para violín, viola, cello y piano, que ha sido ejecutado con éxito en distintas ocasiones. Ha escrito, así mismo, algunos coros, con _soli_ y orquesta, y algunos trozos para canto; la mayor parte de esos trabajos están inéditos. En la Habana obtuvo nuestro compañero un sensible triunfo con la ejecución de su interesante Marcha Triunfal, compuesta para banda, en homenaje al gran descubridor Cristóbal Colón. Fué obedeciendo a las insinuaciones del periódico _El Fígaro_ de la Habana, que nuestro compatriota se decidió a escribir la expresada Marcha, que le valió calurosos aplausos de la sociedad habanera, y más tarde de la sociedad portorriqueña.
Arteaga cultiva igualmente la dirección orquestal, y tiene aptitudes para la crítica musical. Aunque su pluma suele ser rebelde en la expresión, hay que reconocer que en sus trabajos de índole docente, se destacan siempre sus conocimientos sobre la técnica musical y la historia del arte. ¡Lástima es que haya permanecido impasible en ciertas ocasiones en que las circunstancias han debido incitarle al combate! No obstante, ha dicho algunas verdades, que le han valido los plácemes de la minoría, que constituye el elemento sensato de nuestra sociedad.
Julio C. Arteaga ha sido aplaudido en centros de gran cultura artística. En París, en New York, en la Habana, en Caracas, en fin, en todas las poblaciones importantes que ha recorrido, han tenido la oportunidad de juzgar sus aptitudes, rindiéndole los homenajes a que se ha hecho acreedor.
En 1906, fundó una revista musical, que redactó en unión de otros elementos artísticos portorriqueños. Dicha publicación tuvo muy corta existencia; pues el público no respondió, como se esperaba, al esfuerzo que en su obsequio se hacía. En la expresada _Revista de Música_, colaboraron los distinguidos artistas y escritores Braulio Dueño Colón, Manuel Martínez Plée, Fernando Callejo, Ramón Morlá, Trinidad Padilla de Sanz y el que suscribe.
Julio C. Arteaga se encuentra actualmente en San Juan, dedicado a su labor profesional, con la eficiencia ya demostrada y reconocida por todo el público sensato portorriqueño. No obstante, sus éxitos materiales son exiguos y están muy lejos de satisfacer sus justas ambiciones. Pero, ya se sabe que nuestro país suele brindar a los osados y a las medianías que se agitan en su seno, el perfume de sus rosas, dejando para sus verdaderos artistas, para aquellos que le enaltecen ante el mundo, las punzantes espinas de sus zarzales.
ARÍSTIDES CHAVIER.
Ponce, P. R., Sept. 20 de 1915.
CAPÍTULO VI.
_CHAVIER ARÉVALO, ARÍSTIDES._
PIANISTA-COMPOSITOR.
Carlos Gounod, el inmortal autor del "Fausto," en el prólogo a la correspondencia inédita de Berlióz, juzgando a este maestro francés dice: "Berlióz era un hombre entero, sin concesiones ni componendas; pertenecía a la raza de los Alcestes, y tuvo contra él la raza de los Orontes. Se le ha juzgado atrabiliario y quisquilloso; pero hay que tener en cuenta, que a esa sensibilidad excesiva, llevada a veces hasta la irritabilidad, le inducían circunstancias personales y desengaños sufridos. Si sus opiniones han parecido duras, nadie al menos ha podido atribuirlas al vergonzoso móvil de la envidia, tan incompatible con aquella noble, generosa y leal naturaleza."
Este juicio sintético de la personalidad de Berlióz, puede ser aplicado, sobre todo en el primero y último punto, al artista Arístides Chavier Arévalo, nacido en Ponce el 3 de Septiembre de 1867, uno de los _poquísimos_ que cultiva con propiedad el género de música conocido con el nombre de _música di camera_.
Chavier hizo sus primeros estudios con profesores de música de Ponce, dedicando su atención primeramente a la flauta, instrumento que luego abandonó por el piano, que ha sido el único que después ha cultivado.
En 1884 marchó a New York en donde permaneció poco más de un año estudiando el piano bajo la dirección del distinguido pianista y compositor Gonzalo Nuñez, y la armonía con Mr. Frederick Doland, competente maestro, graduado en el Conservatorio de Leipzig, Alemania. En vista de los progresos que realizara y la intensidad de sus aficiones, sus padres determinaron enviarlo a París, a cursar estudios superiores, llegando a la Capital de Francia en mayo de 1886.
Ya en París, continuó los estudios de piano, bajo la dirección de Mr. Georges Mathias, eminente pianista y compositor, antiguo discípulo de Chopín y Halevy, y profesor del Conservatorio. La armonía, el contrapunto y la composición musical, las estudió con Mr. A. Taudou, profundo y hábil maestro del Conservatorio y Mr. Louis de Serres, antiguo discípulo de Cesar Frank, actualmente profesor de composición en la "Schola Cantorum". También asistía, en calidad de alumno auditor, a las clases de piano y armonía del Conservatorio, sin abandonar las lecciones particulares con los profesores antes mencionados.
Sus progresos fueron importantes, pues en los diplomas que le otorgaron sus maestros se expresa: "trabajó con celo e inteligencia haciendo progresos maravillosos, encontrándose en condiciones favorables para dedicarse a la enseñanza, puesto que está en posesión de los conocimientos necesarios para ser un excelente maestro de música y piano."
En París dió algunas audiciones mereciendo plácemes. También en New York, años más tarde, se presentó al público, recibiendo elogios de elementos competentes. _Il Progresso_ diario italiano, y _Le Courrier des Etats Unis_, magazin francés, ambos editados en New York, le dedicaron frases encomiásticas.
En la capital de Francia, antes de retornar a su país, ejerció de maestro de piano por más de seis meses, y lo mismo en New York, en donde pensaba establecerse definitivamente, lo que no pudo efectuar, porque el clima le fué altamente perjudicial a su salud, retornando definitivamente a Puerto Rico en 1893 y estableciéndose en Ponce, en donde ejerce desde entonces. Periódicamente ha dado en su ciudad natal audiciones públicas de sus alumnas, que obtuvieron gran éxito, despertando el entusiasmo artístico del público en general y más particularmente del perito en materias de arte.
En 1904 envió un grupo de composiciones para piano y orquesta a la exposición de Saint Louis, Illinois, U. S., que fueron premiadas con diploma y medalla de oro.
Como pianista es tan concienzudo, que con técnica irreprochable, en la que no olvida los detalles más insignificantes, cuando interpreta, expone las ideas substanciales de las obras sin amaneramientos ni osadías.
Es además un buen compositor y musicólogo de amplia y sólida cultura.
Como compositor ha producido mucho y bueno, permaneciendo inéditas la mayor parte de sus obras, en las que predominan las de forma clásica para instrumentos de cuerda y las características para piano. Fuera de Ponce, apenas se conocen sus composiciones. Y para que pueda aquilatarse con cuanta propiedad le damos el calificativo de _maestro compositor_, transcribiremos, a continuación, un juicio crítico que publicó _El Día_, de Ponce, edición correspondiente al 19 de febrero de 1914, en la que su autor, el ilustrado compañero Braulio Dueño Colón, después de ciertas salvedades sobre lo que el prejuzga "incompetencia para emitir juicios", dice lo siguiente:
"_TRIO en mí bemol._ Op. 21, para violín, viola y violoncello.--Siempre he considerado que de todas las combinaciones instrumentales es el trío la más difícil de escribir, no tan sólo por ser la que menos recursos proporciona al autor para el desarrollo temático, sino por ser la que menos se presta para cierto género de combinaciones melódicas, a menos que sea el piano uno de los instrumentos que figure en el trío; siendo éste el caso del señor Chavier, por cuanto su composición está escrita para violín, viola y violoncello."
"Es indudable que a esas circunstancias que señalo, se debe el que los compositores hayan sido tan parcos en la composición de tríos de esa especie."
"No tengo a mano el catálogo de los compositores clásicos; pero registrando mi memoria, sólo recuerdo haber visto un trío de Romberg, compositor alemán, para violín, flauta y cello. En los demás que conozco, figura siempre el piano como uno de los componentes del trío."
"Teniendo en cuenta lo que llevo manifestado, hay que confesar, forzosamente, que el señor Chavier ha salido airoso de prueba tan difícil. Su trío Op. 21 es una demostración elocuente de sus conocimientos musicales. No es un mero juego de sonidos, sino una serie de temas bien desarrollados, obedeciendo a un plan sencillo, pero llevado a cabo dentro de la más exquisita unidad tonal y rítmica. El _bravísimo scherso finale_, en 6 por 8, está admirablemente combinado y tiene el _sprít_ del de la sonata de Krautser de Beethoven."
"_Cuarteto_, Op. 25 en _mí menor_ para dos violines, viola y cello.--He leído y releído detenidamente este cuarteto y siento, de veras, no haber tenido la oportunidad de oírlo; no porque crea yo, como un querido amigo y compañero mío, que sea indispensable oir una composición musical para poder juzgar si está bien o mal escrita, sino porque me gustaría poder apreciar si el efecto de ese Cuarteto al ser ejecutado difiere algo del que yo he podido apreciar _al oírlo dentro de mí mismo_, cuando lo leía. Al examinar esta obra he podido observar lo siguiente: Originalidad en las ideas, perfecta adaptabilidad de la frase melódica a lo que exige la música _di cámera_, buen trabajo temático, delicado ingenio en las combinaciones melódicas y discreta proporción en el trabajo asignado a cada instrumento; pudiendo decirse de este Cuarteto lo que decía Marx del primer tiempo de un Cuarteto de Beethoven, 'una verdadera _causerie_ en la que los cuatro instrumentos usan de la palabra bajo la indiscutible dirección del primer violín.'"
"El _Andante Cantabile ed Espressivo_, es encantador, y a mi juicio, lo mejor del Cuarteto, no obstante que el _Finale_ representa una labor concienzuda bajo el punto de vista escolástico."
"De todas las obras del grupo que he examinado, ésta es, tal vez, en la que se destaca mejor la personalidad artística del compositor."
"_Dos sets de variaciones_, para piano, Op. 29, y 32.--Son magníficas unas y otras; y no podía ser de otra manera, si se tiene en cuenta que el autor posee las tres cualidades más esenciales para esa clase de trabajos, cuales son: conocimiento profundo del contrapunto, imaginación fértil y dominio del piano."
"No sé porque, pero a mí me encantan las variaciones cuando, como las presentes, están bien hechas; y me complazco en confesar, para satisfacción del autor, que el tema Hummel lo encuentro más fielmente interpretado y con más maestría que por los compositores que hasta ahora lo han empleado. El delicado humorismo que se nota en algunas variaciones, recuerda el que diluyó Beethoven en sus célebres variaciones sobre el vals de Diabelli."
"_Obertura Puerto Rico_, para orquesta.--Op. 26.--Está muy bien escrita; y si el autor la instrumenta de nuevo, como parece ser su propósito, resultará de mejor efecto en la ejecución; pero... mi opinión franca y leal es que el compositor que ha escrito una _música di cámera_ tan magistral como la que figura en el grupo de sus composiciones, puede y debe componer una obertura superior a esa, en el sentido--_Entiéndase bien_--de que la forma de la obra sea más amplia, y--¿por qué no decirlo?--que los conceptos melódicos sean más expansivos; que levanten el espíritu abatido de los puertorriqueños; en una palabra, que al oirla no nos entristezcamos más de lo que estamos, como me ha sucedido a mí al leerla. (No hay que echar en olvido--dicho sea como justificación de mi censura--que el autor está cantando a Puerto Rico.)"
"Yo siento que esto mortifique algo al autor; pero, aparte de que ese tono de _re menor_, al igual que el de _do menor_ me causa siempre un efecto fatal, por cuanto me entristecen demasiado, hay también la circunstancia de que mi ánimo en estos días es algo anormal. Tal vez si yo oyera ejecutar la obra cambiaría de parecer. Todo es posible, puesto que se trata de un sentimiento estético."
"Digamos, sin embargo, en descargo del autor, que él ha escrito esa obra bajo la influencia de la _temperatura moral_ de que nos habla Taine; del medio ambiente, cuyos efectos sobre el ánimo del artista son irresistibles, pues por más que se diga en contrario, el artista no puede expresar más que sentimientos análogos a aquellos que experimenta. En la música de _Cámera_ no se nota ese fenómeno, porque ella está exenta del subjetivismo, por cuanto el autor no está atento más que a la labor científica, si así puede decirse, y estas obras representan, por lo regular, la inteligencia del autor, más no su estado de alma."
"Claro está que ésto tiene sus excepciones, como sucede con el IV Cuarteto en _do_ menor, VII en _fá_ y los cuatro últimos de Beethoven. Sin embargo, obsérvase que en los demás de este autor, hasta diecisiete que escribió, campea el más absoluto subjetivismo."
"Y llegamos al QUINTETO, en _do menor_, Op. 23, que de intento he dejado para lo último. Tenía razón el señor Chavier al decirme, hace algún tiempo, que era esta obra de la que había quedado más satisfecho, porque, en realidad, es la de más mérito y mejor trabajada de todas las obras del autor ponceño. El _Minuetto_ y _Finale molto vivace_, sobre todo, están tratados magistralmente. El segundo tiempo, o sea el _Andante Sostenuto e Cantabile_ está muy bien trabajado; pero no hay tanta novedad en las ideas como en los otros tiempos. La obra en general está muy bien delineada, y si acerca del Cuarteto, Op. 25 dije que era la obra en que más se destacaba la personalidad artística del autor, del Quinteto puede decirse que es la obra que presenta más de relieve sus vastos conocimientos musicales."
"En resumen; la labor artística del señor Chavier, condensada en el grupo de composiciones que he examinado--la obertura inclusive, pues si algo desfavorable dije acerca de ella fué bajo el punto de vista estético--es de un mérito imponderable; y no vacilo en repetir aquí lo que dije al estimado artista ponceño al recibir sus composiciones: ningún otro compositor portorriqueño--que yo sepa, al menos,--ha abordado con tan buen éxito como lo ha hecho usted, ese género que se llama _música di cámera_, que con ser el de más mérito es el que, en nuestro país, dá menos provecho."
Así termina su juicio crítico sobre el compositor Chavier, el competente Dueño Colón, autoridad en materia de arte lírico, y por lo que no hemos vacilado en hacer en este libro la transcripción, que tanto honra al autor de las obras que en ella se juzgan.
Como musicólogo, es Chavier uno de los pocos que, periódicamente, difunde en la prensa, con estilo claro, elegante y repleto de ideas, el movimiento artístico mundial, sin olvidarse de exteriorizar también sus impresiones sobre hechos musicales acaecidos en el país.
No siempre su argumentación, que no puede calificarse de sofisticada, es convincente, sobre todo cuando juzga hechos y obras que están en contradicción con las exquisiteces de su temperamento y gusto artístico.
Las varias controversias que ha sostenido en pro del clasicismo, bajo todos sus aspectos, al que rinde fanático culto, le han hecho ser juzgado por algunos como enemigo recalcitrante de la música regional.
Tal imputación está erróneamente aplicada, pues la gran cultura artístico-literaria que él posee no le permitirá negar el valor relativo que han tenido y tienen, dentro de la arquitectura del arte musical, las composiciones del género popular o regional. Los grandes maestros han inspirado muchos números de sus obras famosas en melodías, canciones y bailables de naturaleza regional, las qué, en su mayor parte, son la expresión del sentimiento religioso o estado de la conciencia popular de la época en que se produjeron.