Música y Músicos Portorriqueños
Part 10
Al hacer, Anita, un pasaje _rubato_ expresaba abandono, no desorden, y haciendo una verdadera creación de cada una de estas frases, se alejaba del amaneramiento tan común en nuestros días, y tan artificioso como frívolo.
En la ejecución de la _Polonesa en la bemol_, de Chopín, no desplegaba esa fuerza de trueno, acostumbrada por algunos pianistas. Ella comenzaba el famoso pasaje en octavas, _pianísimo_, y lo llevaba hasta el fin sin una progresión dinámica demasiada estrepitosa. Evitaba, en general, todos los contrastes chillones y todos los fuegos pirotécnicos.
Nació la egregia artista en Humacao, P. R., el 24 de julio de 1861.
Fué educada o iniciada en el arte de la música y del piano, por su respetable padre, Don Ignacio, antiguo y reputado profesor de música.
Con una perseverancia digna de encomio, de toda clase de alabanza, comenzó Ana sus estudios, y sintiendo agitarse a su alrededor las águilas de la noble ambición artística ya conocedora, precoz, del instrumento, y, pianista en capullo, dió principio a su peregrinación por la Isla, en 1886, pues guiábala el loable propósito de allegar recursos para tender el vuelo hacia un Conservatorio Europeo en donde perfeccionar sus estudios.
Numerosos amigos y admiradores, que veían en ella, y la predecían, la sucesora de Tavárez, único pianista conocido, en aquella época, hijo de Puerto Rico, le aconsejaban frecuentemente, que procurase los medios de trasladarse a Europa, para enriquecer sus conocimientos musicales bajo la dirección de maestros eminentes.
Después de luchas incesantes y de vacilaciones sin cuento, decidió Ana hacer una _tournée_ por la isla, atenida a sus propias fuerzas y a la hidalguía de sus compatriotas, los cuales no le escatimaron ni aplausos ni apoyo material.
Terminada la excursión, decidió realizar sus nobles ambiciones, y allá por el mes de junio de 1887, se trasladó a Barcelona, en donde, al llegar, se encontró con qué, a la sazón, se proyectaba una fiesta artística a beneficio de la Sociedad de Escritores y Artistas, de aquella ciudad; fué invitada a tomar parte en dicho acto, por su compueblano y amigo, el muy ilustre doctor y excelso poeta, Manuel Martínez Rosselló, estudiante, entonces, de medicina, que formaba parte de la comisión organizadora de dicho festival.
Ejecutó Ana Otero varias piezas, entre ellas, el concierto de _Kalbrenner_ acompañado por numerosa orquesta, y el _Fausto_, del pianista catalán Pujols, encontrándose éste en el teatro _El Dorado_; y el renombrado artista manifestó, que la interpretación dada a su obra, por la señorita Otero, se hallaba al nivel de la de cualquier pianista de renombre.
Un mes después, se presentaba Anita, decidida y animosa, en París, ante el profesor del Conservatorio, Mr. Fissot, a fin de que la oyése tocar y le manifestara, francamente, si podía aspirar al ingreso como alumna en el Conservatorio, el cual le manifestó, que sus dotes artísticas eran excelentes, y la ofreció preparar para que entrase en concurso, lo que no podía efectuarse hasta el próximo noviembre, época en que se abrían los cursos de estudios.
Llegada dicha fecha, Anita se presentó ante el jurado, a luchar entre doscientos veinticuatro competidoras; de éstas, sólo dieciséis fueron calificadas aptas para el ingreso, pero como solamente habían, disponibles, ocho plazas, se procedió a una elección, resultando Anita, obteniendo, también por la suerte, la designación que antes alcanzara por sus méritos.
Desde esa fecha memorable, concurrió Ana, tres veces por semana, a la clase del Conservatorio, dirigida por el mencionado Mr. Fissot, y a la vez asistía a la del reputado maestro Toaudau, el cual le daba lecciones de armonía y composición.
El primer año de su permanencia en París fué de luchas y sufrimientos, tanto por el idioma, como por los rigores del clima. En combate tan desigual, venció el genio y la fuerza de voluntad férrea, inquebrantable, de la notable pianista.
Al terminar el primer curso, tanto Mr. Fissot como Mr. Toaudau, le expidieron certificaciones expresivas y laudatorias de sus adelantos musicales.
Con estos triunfos alentadores y aprovechando las vacaciones escolares, se trasladó, Anita, a Barcelona en donde residía su hermana doña Carmen O. de Gálvez.
Celebrábase, en aquella fecha, la exposición internacional, en cuyo salón de música y en un magnífico piano _Erard_ ejecutaba el gran pianista español, Isaac Albéniz, algunas de sus magistrales composiciones. Anita se hizo presentar a él, logrando que le concediera una entrevista en su casa, para ejecutar en su presencia algunas de sus obras, como las _Sevillanas_, _Cotillón_ y _Pavana_, con el fin de que la juzgara y corrigiera la interpretación que daba a su música. A los pocos días tuvo lugar en la residencia del gran _virtuose_, la sesión musical solicitada, y Ana tocó delante del reputado pianista las piezas mencionadas, sin que aquél tuviera nada que objetarla; y, como premio a sus facultades, le regaló varios ejemplares de sus composiciones, con expresiva dedicatoria, en las que felicitaba a Puerto Rico, por contar entre sus hijos a una artista de tan relevantes méritos.
Terminadas las vacaciones, preparábase Anita para regresar a Puerto Rico, sin realizar sus anhelos de terminar los estudios, a causa de habérsele agotado los recursos con que contaba para su sostenimiento en París.
A iniciativa de la noble e inteligente dama portorriqueña, Ana Roqué, secundada eficazmente por Don Arturo Aponte, Don Salvador Fulladosa y otros amigos entusiastas de Anita, se fundó, en Humacao, una revista literaria titulada _Euterpe_, con cuyo producto pudo, Anita, trasladarse nuevamente a París, en octubre de 1888, para proseguir los estudios.
Una vez en la capital francesa, se proporcionó los medios de hacerse oir del eminente profesor Mr. Marmontel, maestro de Mr. Fissot y de casi todos los profesores del Conservatorio.
En presencia de este venerable anciano, gloria del arte musical, interpretó, Anita, la tercera balada de Chopín, pieza de concurso en el año anterior; y a petición del _maestro_, obras de Listz, Schumann, Mendelson y Beethoven, el cual, interrumpiéndole, la dijo: "Sin adulación alguna le declaro, que estoy muy satisfecho de su manera de tocar; tiene usted interpretación propia, cualidad no común en los pianistas mordernos; y, tomándola la cabeza entre sus manos, añadió, y es usted una artista completa y le auguro un porvenir brillante."
Para estar, Ana, aún más segura de sus conocimientos, preguntó a Marmontel, si él creía que ella pudiera dar un concierto en Madrid, contestándole el maestro, que no tan sólo podía exhibirse en España, si que también en Alemania, Inglaterra, y hasta en el mismo París, y que él se comprometía a hacerle el programa de su primer concierto.
Y en París, cerebro del Mundo, y en la famosa sala _Pleyel_, por la que han desfilado tantos grandes de la música, dió su primer concierto la inspirada y eximia artista portorriqueña, alcanzando completo éxito, del numeroso público que asistió a escucharla.
En una de las primeras filas de butacas de la sala se destacaba la venerable figura de Mr. Marmontel, quién, al terminar la primera parte del concierto, subió a felicitar a Ana, y en presencia del público la estrechó entre sus brazos.
Ana Otero era, por tanto, una artista de fama, sólidamente conquistada, y había colocado muy alto a su país en suelo extranjero.
_L'echo_ y _Le Fígaro_, de París y otros periódicos proclamaron en sus columnas el triunfo brillante de la artista borinqueña.
De regreso de Europa, y después de haber dado algunos conciertos en varias poblaciones de la isla, volvió Ana a hacer otra _tournée_ artística por la América del Sur, empezando por la ciudad de Caracas, continuando por Puerto Cabello, Valencia Curacao, Cartagena, Costa Rica, hasta llegar a New York, donde se hizo oir en una de las grandes salas de conciertos de aquella gran ciudad. Allí permaneció el tiempo necesario para cursar el inglés, que ya conocía gramaticalmente, así como el francés y también el italiano, por lo cual, Anita, con su lengua vernal, poseía cuatro idiomas.
Por razones de salud, regresó a Puerto Rico y se dedicó entonces, a la enseñanza del piano, fundando una Academia, en la cual llegó a reunir un gran número de alumnas, todas aprovechadas, que hacen hoy gran honor a su ilustre profesora.
Ella fué la continuadora, en la enseñanza del piano, del gran maestro español Fermín Toledo, el cual, fué quién elevó ese arte a gran altura en Puerto Rico, imprimiendo una nueva escuela, casi desconocida en aquel entonces en que el ambiente artístico estaba completamente huérfano del buen gusto que debe presidir en el arte; anulando sensiblerías de gustos enfermizos, consiguió hacer florecer un buen número de alumnas, entre las que pueden mencionarse, María Medina de Vasconi, Leonisa Rius, Asunción Bobadilla y otras más, que pudieron demostrar la impecable escuela de aquel gran maestro español, amigo cariñoso de los portorriqueños.[23]
[23] La señora Padilla de Sanz, (la _Hija del Caribe_) adquirió con el señor Toledo, los conocimientos musicales que posee con gran eficiencia.--F. C.
De manera que, al marcharse Toledo para los Estados Unidos, fué Anita, la que asumió la marcha de la buena y perfecta enseñanza del piano, dando los opimos frutos que todos conocemos.
Su excesivo trabajo; la constante demanda del público, ávido de su enseñanza, minó su salud y se tronchó la flor de su vida.
Aquellos ojos, que se abrían, como dos astros, sobre sus aristocráticas mejillas, se cerraron para siempre. Aquellos dedos mágicos, que supieron interpretar las más difíciles creaciones, se agitaron en estremecimientos de dolor, tal vez de protesta, y... ¡el cielo no se conmovió ante aquella inmensa desventura!
Murió el día cuatro de abril de 1905, y, ¡¡ni un sólo pliegue frunció la azul cortina de los cielos!!
Su muerte fué un doloroso acontecimiento para el arte portorriqueño. Su cadáver fué embalsamado y conducido a Humacao, en cuyo cementerio duerme entre flores, junto a la tumba de su padre, su primer maestro.
Dos años después, a iniciativa de algunos admiradores de la egregia artista,[24] le dedicó el Ateneo una velada, en la cual, las que habían sido sus discípulas, interpretaron algunas de sus composiciones inspiradísimas, porque Anita fué también una exquisita compositora.
[24] Según nuestras noticias la iniciativa partió de la _Hija del Caribe_, aunque su modestia lo oculte.--F. C.
El retrato de Ana Otero debe figurar, en sitio de honor, en nuestro primer centro de cultura.
Fué un astro maravilloso que nos deslumbró con sus resplandores.
Y, como hecha flor, cayó de una estrella, allá se volvió esparciendo, a su paso, una fulgurante estela de luz.
LA HIJA DEL CARIBE.
Arecibo, P. R., octubre de 1915.
CAPÍTULO XIV.
_PAOLI, ANTONIO._
TENOR DRAMÁTICO.
Este, nuestro gran tenor, que merecidamente ha alcanzado fama mundial y cuya gloria artística es timbre de honor para Puerto Rico, nació en Ponce, en el año 1873.
Con su hermana Amalia se trasladó, en 1885, a la Corte de España, en donde, por mediación de la Infanta Isabel, gran protectora del arte y de los artistas, que siempre tuvo, y tiene aún grandes distinciones para Amalia, (le fué presentada por la señora Duquesa Viuda de Bailén) obtuvo de la munificencia Real, una plaza de pensionado en el Real Monasterio del Escorial, similar a la que también le otorgaran a su otra hermana, Rosario, ya fallecida, para el Real Colegio de niñas de Leganés.
En 1892, terminados los estudios de segunda enseñanza que hiciera en el citado Monasterio, bajo la dirección de los PP. Agustinos, empezó a estudiar la carrera militar, que no era muy de su agrado, hasta que habiendo recibido Amalia, que se encontraba en Milán, año de 1895, una carta del que había sido su primer maestro de canto en Madrid, Napoleón Verger, célebre barítono, avisándole que la casualidad le había hecho oir a Antonio, en el cual encontraba una voz muy buena y digna de ser educada en Italia, trasladándose aquella a Madrid, obtuvo, como siempre, una audiencia de la magnánima Infanta Isabel, quién, después de oir a Paoli, obtuvo de nuevo que la Reina Regente doña María Cristina, enviase a Antonio pensionado a Italia, lo que efectuó después de una corta _tournée_, por el Norte de España, en compañía del célebre bajo caricato del teatro Real de Madrid, Antonio Baldelli.
En 1897 empezó sus estudios los que, como _elegido_ al fin, terminó en dos años, cabiéndole la gloria de hacer el debut, año de 1899, en el teatro de la Gran Opera de París, con _Guillermo Tell_, alcanzando tal éxito, que desde entonces fué calificado por la crítica, como tenor de primera línea, haciendo de su vida artística un paseo triunfal por todos los grandes teatros de Europa y América.
De París marchó a Londres, en 1900, contratado para la temporada del _Covent Garden_.
Las añoranzas del suelo nativo le hicieron venir a la Isla, el año 1901, en la que ofrendó al Supremo Hacedor, desde los coros de Catedral y San José, las primicias de las audiciones, pues Paoli es un fervoroso católico. Después organizó conciertos en Ponce, San Juan, Arecibo y otras importantes ciudades, con el único objeto de que sus paisanos apreciasen las bellezas de su voz, tan aplaudida por los públicos de París y Londres.
Prosiguiendo la excursión por América, visitó a Caracas, la Habana y New York, retornando a Italia, en 1902, y volviendo el mismo año a los Estados Unidos, con el célebre maestro Mascagni. Entonces cantó, con gran éxito, en New York, Boston y Filadelfia, siendo _Il Pagliasi_ la ópera favorita de esa temporada.
La del 1903 la hizo en el teatro _Fenice_, de Venecia, cantando en unión del afamado barítono Titta Rufo, las óperas de Verdi, _Trovador_ y _Otello_. De Venecia pasó al teatro _Pergola_, de Florencia, en donde hizo furor con el _Otello_, terminando el año, en el _Reggio_ teatro de Turín.
Fué contratado, en 1904, para cantar en Petrogrado, Varsovia y Moscou, las óperas _Sansón y Dalila_, _Otello_, _Africana_ y _Hugonotes_, siendo en Petrogrado, felicitado por el Emperador.
Después de dar en el teatro _San Carlos_, de Nápoles, a principios de 1905 algunas representaciones del _Otello_, con _éxito delirante_, según las "Crónicas de Italia," que para la prensa madrileña, enviaba la ilustre escritora española Cecilia Coronado, fué, por primera vez, contratado ese mismo año, para el teatro Real de la Corte Española, en el que debutó, con _Otello_, cantando después, _Trovador_, _Lohengrin_ y _Africana_.
Santiago de Chile fué su campo de acción en 1906, y al regresar a Milán, fué inmediatamente contratado para Odessa y de aquí para Nápoles.
Contratado expresamente para inaugurar el teatro _Colón_ de Buenos Aires, con _Otello_ y _Sansón y Dalila_, cautivó permanentemente, al público argentino.
Roma y Bolonia le retuvieron durante el año de 1908. En el _Politeama_, de Boloña, cantó con Amati, el _Trovador_ proclamándole la prensa boloñesa, como el primer tenor del mundo. En ese mismo año hizo temporada, con su hermana Amalia, en Bagna Cavallo, importante población cercana a Roma, cantando, entre otras óperas, _Lohengrin_.
Para los grandes conciertos que anualmente se celebran en el teatro _Kursall_, de la aristocrática ciudad veraniega de Ostende, fué contratado en 1909, siendo nuevamente consagrado tenor mundial por el selecto público que, a precios fabulosos, acaparaba las localidades.
En marzo de 1910 recibió la _confirmación de "primo tenore"_, en el gran teatro de la Scala de Milán, debutando con _Sansón_ y _Dalila_. La severa crítica milanesa sólo tuvo para él frases de elogios.
_Aida_, _Lohengrin_ y _Otello_, proporcionaron a los concurrentes del teatro Imperial de Budapest, noches deliciosas de arte, al oirlas interpretadas por, "_l'enfant galí_", como llamaba a Paoli, Oscar Porrán, al hacer, para _Il Seccolo_ de Milán, las reseñas de la temporada de 1911 en la capital de Hungría.
En noviembre de ese mismo año, fué nuevamente contratado por la empresa del Real de Madrid, en cuyo teatro tuvimos la fortuna de oirle cantar _Hugonotes_, en la tarde del 8 de diciembre.
Paoli, que sin estar orgulloso de sus méritos, sabe aquilatarlos para realizar el puesto que, merecidamente ocupa, es bastante refractario a la previa _reclame_, circunstancia que, en más de una ocasión, le ha hecho ser juzgado desfavorablemente. Esto, unido que al escriturarse, impuso hacer el debut con _Hugonotes_, ópera que, por entonces, no agradaba al público madrileño, fué causa de juicios contradictorios en las revistas teatrales que la prensa hiciera.
Pero estando Paoli convencido de que en el _Raul_ de _Hugonotes_, a excepción de Tamagno, no tenía rival, continuó las representaciones de dicha ópera basta obtener del público concurrente a la tercera representación, que conmovido por la manera inimitable con que expresó el _raconto_ del primer acto, le aclamase delirantemente, haciéndosele _visar_.
Paoli es tenor dramático absoluto. Su voz clarísima, de timbre cálido, completamente igual en volumen y colorido de todos los registros, adquiere sorprendente vigor en los agudos, sobre todo al _filar_ las cadencias. Su apuesta y arrogante presencia en la escena complementa al artista.
En 1912, con motivo de haber oído el Kaiser Guillermo, de Alemania, un record del _Otello_, impresionado por Paoli, le llamó por telégrafo para que diese ocho audiciones en el teatro Imperial.
De Alemania pasó, por dos meses, contratado a Buenos Aires, y en 1913 fué escriturado para Barcelona.
Cuando en 1914, se disponía a aceptar una contrata para Rusia, surgió de improviso la funesta y horrible guerra, que actualmente devasta el suelo europeo, y hubo de quedarse, como la mayor parte de los artistas, retirado en el hogar, ya que él por su condición de extranjero perteneciente a una nación neutral, España, no ha tenido que tomar las armas, como le ha ocurrido a otros de su misma talla.
Afortunadamente, su posición económica, desahogada, pues los records fonográficos le producen una buena renta, le permite vivir descansadamente sobre los laureles ganados en su carrera triunfal.
CAPÍTULO XV.
_RAMOS, ADOLFO HERACLIO._
PIANISTA-COMPOSITOR.
De elevada estatura, delgado, músculos vigorosos, temperamento más sajón que latino, tez bronceada, visión inquieta, cabellos ensortijados, amplia boca de labios gruesos-carceleros del tabaco de _perilla_ que solamente abandonaba para comer y dormir--_brazos_ muy largos rematados por manos gigantescas que le permitían pulsar, sin esfuerzo, la undécima nota de la _gamma_ del piano, de porte elegante al presentarse en sociedad, que contrastaba con su desaliño ordinario, tal fué la personalidad física de Heraclio Ramos, a quien conocimos en su Villa natal, Arecibo, en 1888.
La psíquica, intelectualmente, denotaba inteligencia espontánea que acrecentó con la lectura analítica de obras literarias, de buena cepa, españolas, inglesas y francesas, cuyos idiomas poseía.
Moralmente y en concordancia con su temperamento artístico, era amante apasionado de _lo bello_ y de _lo bueno_, sin que el genio del mal conturbase su conciencia, ni los embates de las pasiones socavasen la pureza de sus ideales.
Nacido en una época en que las diferentes clases sociales tenían linderos bien demarcados, sus méritos artísticos le permitieron franquearlos todos, aunque con reservaciones... que nunca pretendió traspasar.
Su padre Juan Inés, músico procedente de la banda del regimiento de Granada, fué su preceptor elemental de arte lírico, y el maestro alemán Mello, quién lo iniciara en el estudio de la composición y alta escuela de piano.
Las naturales disposiciones, dirigidas por la buena escuela, contornearon su modalidad artística, que adquirió gran realce, cuando por la perseverancia en el estudio y a los 18 años, orló su frente con laureles adquiridos en público certámen.
Como pianista superaba a Tavárez en mecanismo, el cual, casi sin hipérbole, tenía similitudes con el pasmoso de Listz, cuyas obras, así como las de Talberg, Proudent y Gottschalk constituían su repertorio del género brillante. En el clásico, Bach, Hayden, Shumann y Chopín, ocupaban el puesto de honor. Las fugas del primero y los valses del último, los interpretaba con ejecución limpia, precisa y elegante.
Aquellas manazas, que en los _fortissimos_ y _crescendos_ producían sonoridades cual si pulsaran simultáneamente varios teclados, en los _diminuendos_ y _pianissimos_, herían las teclas, con tal delicadeza, que percibíanse los sonidos, como el rumor de besos entre brisas y flores.
Aunque conocía a los clásicos, daba preferencia a la música brillante, y más especialmente a las fantasías y variaciones, para desarrollar sus pensamientos musicales.
Como preceptor de piano, era muy cuidadoso en todo lo concerniente al mecanismo, pero algo descuidado en la interpretación. Además solía abstraerse con frecuencia, ora vagando por las regiones del ensueño, ora con la lectura de algún libro o periódico, haciendo caso omiso de las incorrecciones en que incurriera el alumno a quien estaba dando lección.
Compuso unos estudios didácticos para _octavas_ que fueron premiados en Roma.
Muchas fueron sus producciones, de las que pocas llegaron a publicarse, y en casi todas, la exhuberancia de floración encubría la endeblez del tronco. Sin embargo nos dió a conocer algunas, que revelaban ideas temáticas bien pensadas y mejor desarrolladas, como la sonata en _la bemol_, cuyo _andante expresivo_ y _allegro con fuocco finale_ tenían factura similar, aunque sin plagios ni siquiera reminiscencias, a los del "_Rayo de Luna_" de Beethoven. Esta sonata nos la hizo oir varias veces en el piano de la familia Correa de Arecibo, y además, un día, nos dejó examinar la partitura original, hecha con lápiz. Por cierto, que nos hemos cansado de indagar, donde o quien pueda poseerla, sin resultado. De encontrarla la editaríamos, pues merece ser conocida por los inteligentes.
Su primer lauro lo obtuvo en la Feria-Exposición, que en 1854 se efectuó en San Juan, por unas variaciones sobre motivos de la polka favorita de la famosa cantante _Jenny Lind_. En la de 1860, le adjudicaron medalla de oro y diploma por otras variaciones, para piano, sobre motivos del _Carnaval de Venecia_. Y en el certámen de Santa Cecilia, efectuado en 1865, conquistó la medalla de oro y diploma, asignada como premio, por su fantasía para piano _El Ave en el Desierto_. Poco después obtenía en Roma, mención honorífica de primer grado por los referidos estudios didácticos.
Una de sus últimas composiciones, que publicó fueron los aires del país, divididos en dos series.
En ellos tuvo la habilidad de transcribir los cantos más típicos de nuestros jíbaros, presentándolos tal como estos lo ejecutan en _tiples_ y _bordonúas_, los que, después, empleó como temas para desarrollar variaciones, en las que, hay más de gimnasia mecánica, que de novedades en la construcción.
El tema de danza con que empieza la primera serie, y que repite al final de la misma, no es original, sino una adaptación, con aditamentos de floreos, de la bella _romanza_, _Di Provenza il mar il suol_... que canta el barítono en la ópera _Traviata_.
Heraclio Ramos era muy aficionado a esta clase de adaptaciones, tal vez influído por el gusto de la época en la que, como lo hemos dicho ya, privaba mucho el género de fantasías y variaciones sobre temas de óperas.
Esto no quiere decir que careciera de originalidad, por el contrario era un melodista inspiradísimo, como lo atestiguan las muchas danzas, polkas, valses, lanceros y demás obras del género bailable y algunas características del piano, que compuso.
Tales son a grandes rasgos los méritos artísticos del pianista-compositor arecibeño, que pobre y casi oscurecido, después de haber ocupado puestos prominente entre los artistas de mérito, falleció, tal vez de nostalgia, el 22 de abril de 1891.