Part 9
_Útil_, para el vulgo, es todo aquello de que el egoísmo deriva algún provecho: utilidad, en consecuencia, es la propiedad que las cosas tienen de ser aprovechables por los hombres. Fácil es comprender que el uso de lo provechoso para el egoísmo individual hará de esa propiedad de hacer útil las cosas, no por cierto una fuente de deberes, sino un manantial inagotable de instintos egoístas. Pero eso no resulta de que la noción de utilidad sea inexacta, ni de que lo útil sea malo por sí mismo; eso resulta de que la noción vulgar de utilidad es incompleta y de que la idea de lo útil es exclusiva.
La noción vulgar de utilidad es incompleta porque no nos presenta más que una faz ó aspecto de la idea; pues si utilidad es la propiedad de lo que podemos aprovechar para nuestro egoísmo, es también la propiedad de lo que no debe aprovechar sino cuando beneficia por igual al individuo y á la sociedad de que forma parte, ó al grupo social en que funciona. Dicho de otra manera: la noción vulgar de utilidad es incompleta porque nos presenta lo útil como si nosotros fuéramos los únicos que debiéramos aprovecharlo, cuando la realidad es que no hay egoísmo tan exclusivo que pueda por sí solo aprovechar para sí solo aquello que anhela por ser útil.
La idea de lo útil es exclusiva, en el concepto vulgar, porque excluye todo motivo social que se oponga al personal, todo instinto genérico que se oponga al instinto grosero, todo altruísmo que se oponga á nuestro egoísmo, todo derecho que se oponga á nuestro provecho.
Esa idea vulgar de lo útil no es tan inexacta cuanto exclusiva. Si ha de ser completamente exacta ha de incluir lo que no incluye el vulgo. Para el vulgo, lo útil es lo que conviene á cada cual, y ese es un error. La verdad es la que nos suministran las ciencias económicas cuando nos hacen ver la correlación que hay entre lo provechoso para el individuo y lo provechoso para la sociedad. Según las ciencias económicas, las cosas más útiles son aquellas que empiezan por aprovechar á la sociedad para, por medio de ella, aprovechar al individuo. De tal modo es así que, en resumen, no hay verdadera utilidad sino en la combinación inteligente de los intereses públicos con los privados, de los intereses generales con los particulares.
Pues bien: si la noción de utilidad, que sólo es completa cuando combina el concepto del vulgo con el de la lógica, y el del egoísmo con el de las ciencias económicas; si la noción de utilidad nos da, por una parte, la idea de un provecho personal, y por otra parte la de un provecho social del que es inseparable el otro, es evidente que todo lo que sea útil para el individuo habrá por fuerza de ser antes útil á la sociedad general y á cada uno de los grupos sociales en particular.
Sea un ejemplo para esclarecer por completo lo dicho y lo por decir. De las dos obras notables por su transcendencia que se hacen actualmente en nuestra América, la una es de utilidad exclusivamente privada, y es mala, perniciosa, abominable, y menos productiva de lo que pudiera, si el que la utiliza tuviera una noción un poco menos torpe de lo útil. La otra obra, por el contrario, es buena, benéfica, laudable, porque es de utilidad principalmente social y universal.
En la una empresa, el empresario es un explotador que ni siquiera saca de su empresa infame todo el partido que pudiera. En la otra obra, junto con los beneficios universales que la Humanidad obtendrá de ella, los empresarios y millares y centenares de millares de individuos obtienen un beneficio cien y mil veces mayor del que hubieran obtenido si la utilidad de la empresa hubiera sido menos extensa y menos social.
La obra mala es la que realiza en Venezuela el usurpador de los derechos de esa sociedad, el consumador de la inmoralidad pública en su patria, el aprovechador del despotismo en beneficio propio. Allí un déspota y unos cuantos cómplices del déspota obtienen la utilidad negativa, en tanto que la sociedad sufre los perjuicios económicos, morales ó intelectuales, políticos y sociales, que resultan de la brutal explotación de todos por un hombre.
La obra buena es el canal de Panamá. Es una empresa económica que no tiene pretensiones de otra cosa, y que no se ha intentado con otro objeto inmediato que el de favorecer la utilidad del comercio universal. Y sin embargo, el simple hecho de beneficiar al mundo entero ha hecho de ella, para hoy y principalmente para lo futuro, la más útil de cuantas empresas hubiera podido intentar y conseguir el egoísmo. Y como útil no es sólo aquello que redunda en provecho de uno ó muchos, sino todo lo que sirve para fines humanos, ya sean materiales ó morales, ya sociales ó educacionales, la empresa del Canal está produciendo, cada vez producirá más beneficios, y más inapreciables, al presente y al porvenir de la civilización humana. En cierto modo se puede asegurar que esa empresa es _necesaria_ para la civilización universal, porque la ha provisto del medio más pronto y más seguro para comunicar los pueblos de Occidente con los pueblos de Oriente, los intereses, las ideas, las instituciones, los progresos materiales y morales de los occidentales con la vieja sabiduría de los orientales.
El ejemplo que acabamos de presentar patentiza lo que es la verdadera utilidad, y cómo, de la reciprocidad del provecho particular sobre el general, y viceversa, es de donde se obtiene la mayor utilidad posible. Pero como todavía no hemos visto cómo esa misma utilidad así entendida se convierte para el individuo en uno de los deberes sociales más austeros, vamos á presentarla funcionando en la familia y determinando el deber de sacrificio.
Sacrificio es la consagración de una idea ó un sentimiento con un acto de suprema utilidad para otro, aunque sea un esfuerzo supremo para quien lo hace. Sacrificarse es hacer sagrado (_sacri fácere_) un acto concienzudo que tiene por móvil un interés ilimitadamente superior á nuestro egoísmo.
Entre todos los grupos sociales el que más continuamente impone al individuo mayor cantidad de sacrificio, hasta el punto de que puede asegurarse que la verdadera vida de familia es vida de comunes y continuos sacrificios, es el primer grupo social.
Ya hemos visto que la familia, lejos de excluir, incluye de una manera perentoria el instinto, el sentimiento, la idea y aun la necesidad de la utilidad. Hasta tal punto, que á no ser por ella probablemente no podría subsistir la noble institución del matrimonio monogámico. Si éste es posible como institución conservadora y ordenadora del primer grupo social, se debe en mucha parte á la recíproca utilidad que de ella reportan de continuo todos y cada uno de los miembros de ese grupo social. Pues bien: precisamente por ser la utilidad uno de los medios de conservación y subsistencia de la familia es por lo que el sacrificio se convierte allí en deber. He aquí cómo:
Para ningún miembro de la familia que tenga de ella y de la noción de utilidad un concepto exacto y positivo, puede haber provecho en nada que aproveche aisladamente á su egoísmo solo y que no redunde en bien de los otros.
Ahora, como que éste realiza su propósito, que es principalmente el de dar entidades virtuosas, y tan cultas como sea posible, á la sociedad general y á todos los grupos superiores á la familia, cada uno de los miembros de ésta, principalmente los miembros directivos, encamina toda su actividad á realizar el fin del grupo. Para esto hay frecuente necesidad de sacrificar objetos de vida de algún miembro del grupo. Esto se hace exclusivamente por convencimiento de la mayor utilidad que á la sociedad familiar reporta el sacrificio; pero se hace tan comúnmente, que hasta en las familias más vulgares se presentan todos los días ejemplos de admirables sacrificios. Una vez es una esposa que sacrifica el peculio paterno á necesidades que de otra manera no pueden satisfacerse en el hogar; otras veces es una madre que sacrifica tiempo, solaz, salud, reposo y vida á un hijo excluído del mundo por una dolencia mortal ó por un crimen tenebroso; otras veces es una hija que sacrifica juventud, esperanzas, ilusiones, al padre ó á la madre desamparados ó solitarios; otras veces es una hermana que, en la edad de los ensueños juveniles, se consagra á sustituir á los directores difuntos de su hogar, dirigiendo ella á los menores; otras veces es un hijo que sacrifica creencias, educación, ambiciones, porvenir, al bien de la familia.
En casi ninguno de estos casos aparece la utilidad como el móvil de esos sacrificios, y, sin embargo, ningún otro caso produce más el convencimiento de la suprema utilidad que hay para la familia en sacrificios de esa especie, ninguna otra idea mueve á los que así se sacrifican.
Por otra parte, en la vida de familia, vida de intimidades y de incesante correlación de los individuos que la componen, todos los días y todas las horas y todos los momentos son momentos y horas y días de sacrificio, de propósitos ó deseos, ó afectos ó caprichos en bien del reposo de todos ó algunos de los componentes de la familia. Y ese reposo del hogar, ¿qué es sino la expresión de lo eminentemente útil en el seno de la familia? De tal manera concluyen por confundirse la idea de sacrificio y la de utilidad en la familia, que bien puede decirse que lo más útil en ella es el estar siempre pronto al sacrificio. Esa disposición, convertida por razonamiento en reflexiva, es lo que constituye el deber de sacrificio.
Así visto, se presenta tal cual es: vale decir, como un medio infalible de llegar al fin social de la familia.
Y en ese sentido no sólo es un deber moral, encargado de producir las mejores costumbres posibles en la vida de familia, sino que es un deber positivo en todas y cada una de las acepciones del deber.
CAPÍTULO XVI
(_Continuación del anterior._)
COOPERACIÓN.—UNIÓN.—ABNEGACIÓN.—CONCILIACIÓN
Expliquemos ahora cómo es que el deber de ser útil á la sociedad municipal y el de utilizar los beneficios de la vida vecinal en su propio bien se convierte en deber de cooperación.
_Cooperación_, en la ciencia económica, quiere decir el esfuerzo industrial hecho por muchos y de común acuerdo para repartirse en proporción los beneficios que de sus industrias hayan obtenido. Como la sociedad municipal, lo mismo que cualquiera otra, no es más, desde el punto de vista fisiológico, que una asociación industrial cuyo régimen son las necesidades físicas y cuyo fin es la utilidad ó usufructo de los productos según la capacidad de consumir, es notorio que todos y cada uno de los asociados municipales coopera espontáneamente, y debe cooperar por reflexión, á la mayor prosperidad de los asociados comunales, no sólo porque así obtiene mayor _utilidad_, en el sentido vulgar de esta palabra, sino porque, en el sentido que de su análisis hemos obtenido, la utilidad privada será tanto mayor cuanto mayor sea la utilidad pública.
_Deber de unión_ es el nombre y la modificación que sufre en el segundo grupo. Por muy distintas que parezcan la noción de utilidad y la de unión, á los ojos de la moral social se presentan como correlativas, y es muy fácil de explicar cómo el deber de ser útil á la provincia y de utilizarla en su pro se convierte en deber de unirse y ligarse reflexivamente los comprovincianos entre sí.
Ser útil á la provincia es darle, en su persona, un instrumento eficaz de fomento, progreso, moralidad, cultura y civilización. Utilizar para sí el beneficio de la asociación provincial es lo mismo que buscar y encontrar en ella los medios de que lo que es útil para la sociedad provincial lo sea también para nosotros.
Ahora bien: la unión íntima, cordial y reflexiva de todos los instrumentos de moralidad y cultura darán necesariamente un resultado, una fuerza, una cohesión y un desarrollo tan normales á la provincia que harán de esta sociedad un poderoso integrante de la sociedad nacional. Por otra parte, como de la unión de todos los elementos económicos y progresivos resultará la mayor prosperidad provincial, y de ésta la mayor utilidad, y de ésta el mayor bien para los asociados provinciales, se deduce que si la unión de los provincianos entre sí es conveniente para la provincia, también lo es para los provincianos; y, por lo tanto, la unión es un deber; y, por lo tanto, ese deber está fundado en la noción de utilidad.
_Abnegación_ es el nombre del deber de utilidad modificado en el grupo nacional. En general, los que no viven más que para su propia utilidad están de tal modo reñidos con la abnegación, que ésta expresa el sumo abandono de la utilidad; para la moral positiva es lo contrario: _abnegación y utilidad_ son términos convertibles, de modo tal, que la verdadera utilidad se resuelve en abnegación y, la verdadera abnegación se resuelve en utilidad. Esto, diciéndolo en otros términos, es decir que todo acto de abnegación es siempre útil, ya para sí, ya para alguien, y que el uso legítimo de las cosas provechosas en la vida general de la nación impone abnegaciones de lo útil para los menos, y del servicio y beneficio de lo útil para los más.
Para mejor explicación, reflexionemos que la mayor utilidad que podemos sacar de la vida nacional es la de que la nación nos provea de la mayor suma de medios para la satisfacción de todas nuestras necesidades, así físicas como morales. Como esa capacidad de una sociedad nacional le da entre las otras una importancia y un ascendiente poderosos, y como de esta importancia y ascendiente se derivan otra porción de beneficios para los asociados nacionales, es indudable que todos ellos deben estar dispuestos á hacer todo lo posible por obtener ese resultado. Pues bien: entre lo posible y necesario para que una nación llegue á satisfacer todas las necesidades de sus nacionales, se presentan á cada paso una porción de abnegaciones para hacer el beneficio del progreso interior y del progreso exterior de la nación. Siendo útil para todos y para cada uno el resultado fiel de estas abnegaciones diarias é íntimas, claro es que si esas abnegaciones son útiles para la sociedad nacional, la abnegación es un deber, y ese deber está fundado en la relación de utilidad.
_Deber de conciliación_ denominamos el que tenemos de conciliar lo útil para nosotros con lo útil para los otros pueblos. Conciliación de los intereses de nuestra patria con los de todas las patrias relacionadas con ella por el destino común de la Humanidad, es un deber que no se cumple, pero que es tanto más necesario cumplir cuanto que está fundado en nuestro egoísmo nacional, ó, lo que es lo mismo, en la relación de utilidad que liga todas las naciones entre sí y á todos los individuos de cada nación con los destinos de la patria humana.
El deber que tenemos de ser útiles á los hombres, por ser hombres, y sin distinción de suelo, ó patria, ó raza, es en el fondo una simple expresión de nuestro instinto de conservación ó de una esperanza de reciprocidad; sin duda que, cuando servimos á otro hombre que ha menester nuestro servicio, no nos guía siempre la idea de la utilidad que nos reportará el servicio; á veces, ni aun la vemos. Sin embargo, nada es más útil para un hombre que el ser útil á otro hombre, pues además del beneficio que algún día le traerá el haber servido, se hace á sí mismo el propio bien, el verdadero bien, de darse la dulce satisfacción de ser benéfico. Ahora, como la unión de todos los servicios que los hombres se hacen entre sí, con exclusión de toda idea de origen ó nación, sirve más que nada para que las naciones concilien entre sí sus intereses, es evidente que el esforzarse por hacernos propicios á los demás hombres de la tierra es cumplir con el deber de conciliarnos los hombres con los hombres y las naciones con las naciones.
CAPÍTULO XVII
DEBERES DEDUCIDOS DE LA RELACIÓN DE DERECHO
Si atendemos á que el derecho emana directamente de nuestra naturaleza racional y consciente, ó, en otros términos, de nuestra racionalidad consciente, ó, en términos más breves, es la propiedad que nos da el tener conciencia, veremos que todos nuestros derechos se derivan inmediatamente de nuestro propio sér, y mediatamente del conjunto de relaciones que ligan á cada sér con la sociedad. Por tanto, la explicación de esta relación de derecho está primordialmente en la naturaleza humana, y en ella hay que buscar el por qué los derechos que nos da nuestra naturaleza sirven de lazo, liga, relación y medio de unión entre los seres de racionalidad consciente.
La explicación es clara: por el mero hecho de estar todos dotados de ciertas facultades necesarias al cumplimiento de nuestro destino ó realización de nuestros fines individuales, cada uno de nosotros está obligado á respetar en los demás aquello que en nosotros mismos es indispensable para nuestra propia vida. Esto, por pequeños que sean los ojos con que se miren las realidades y las verdades de conciencia, es lo mismo que descubrir y reconocer esta verdad: el derecho de otro es deber nuestro y el derecho nuestro es deber de otro. Por otra parte, además de tener la íntima razón de que así es, en nuestra misma conciencia se manifiesta de una manera todavía más clara esta interior relación entre el derecho y el deber.
Con efecto: si somos seres de conciencia, tenemos conocimiento íntimo de que nuestra vida tiene tantos fines ú objetos definidos cuantas son las actividades de ella; y tenemos también conocimiento íntimo de que para cumplir ese destino ó realizar esos fines ó utilizar esas actividades, se nos ha de haber dado algún medio ó conjunto de medios naturales; ó, de otra manera, la naturaleza habría fallado en el plan que se propuso. Pero como la naturaleza no impone nunca fines sin dar á la par los medios de realizarlos, los seres conscientes tienen en sí mismos los medios de cumplir sus fines. Así, por ejemplo, si tenemos como fin de nuestra afectividad lo bello bueno, lo cual es tener el deber de realizar en nosotros ese fin, tenemos á la par medios de realizarlo en nuestra capacidad de poder, de sentir, querer, conocer ó juzgar lo bello bueno; si tenemos el fin de realizar el bien, tenemos á la par medios afectivos, volitivos y concienzudos de realizarlos; si el fin de nuestra razón es la verdad, todos son, en la razón, medios para llegar á ese fin; si el fin de nuestra conciencia es conocernos íntimamente y realizar en nosotros la justicia, todos, en nuestra naturaleza, son medios para cumplir ese deber.
Ahora bien: si reflexionamos un poco más, veremos que todos esos medios son, cada uno de por sí y todos juntos, medios educacionales ó modos de educarnos ó conducirnos á nosotros mismos hacia cada uno de nuestros fines, conduciéndonos según la naturaleza de cada uno de nuestros medios ó facultades.
Por lo tanto, si los fines de nuestra naturaleza son deberes que se nos imponen por ella misma, los medios de que nos ha provisto para realizarlos son derechos de que nadie puede despojarnos sin violencia ó tiranía.
Ahora, como que somos seres sociales, y el derecho sirve para relacionarnos los unos con los otros y aumentar la eficacia de la asociación, es innegable que podemos reclamar de la asociación, que nos deje emplear libremente los medios que la Naturaleza nos dió para realizar nuestros fines. Y como esos medios son todos, según hemos visto, medios de educación, la relación de derecho se nos manifiesta en un conjunto de deberes educacionales. En otros términos, la relación de derecho nos guía, en todos y cada uno de los grupos sociales en que funcionemos, á educarnos de modo que cumplamos del mejor modo posible nuestro destino individual. Y cuando cumplamos ó queramos cumplir con todos y cada uno de estos deberes, y la asociación general nos sea un obstáculo, tenemos el derecho de reclamar que no lo sea; ó, de otro modo, tenemos el derecho de exigirle que cumpla con el deber correlativo de proveernos de aquellos medios sociales que requiera el cumplimiento de nuestro destino.
De aquí que, si tenemos el derecho de realizar lo bello, lo bueno, lo verdadero y lo justo, así en nosotros mismos como en la familia, como en el municipio, como en la provincia, como en la nación, como en servicio y beneficio de la Humanidad entera, tenemos también el deber de educarnos para conseguir esos fines en cada uno de los grupos. Recíprocamente, si tenemos el deber de cumplir nuestros fines individuales en cada uno de esos grupos sociales, porque cada uno de los grupos sociales tiene el derecho de reclamar de nosotros que cumplamos esos fines, tenemos el derecho de reclamar de todos y de cada uno de esos grupos sociales que nos ayude á educarnos, ó, lo que es lo mismo, á cumplir nuestro destino.
Así es como, al cumplimiento de todos nuestros deberes en el seno del hogar, corresponde el deber que la familia tiene de guiarnos ó educarnos de modo que conozcamos los fines y medios de nuestra naturaleza y cumplamos con nuestro destino.
Así es como, por lo mismo que tenemos el deber de ser ejemplares en nuestra vida municipal, tenemos el derecho de exigir de la sociedad municipal nos ayude á educar nuestra razón, nuestra sensibilidad, nuestra voluntad y nuestra conciencia.
Y así es como, cuanto mejor conozcamos nuestros deberes para con la sociedad provincial, con más fuerza debemos reclamar nuestro derecho de exigirle que nos dé los medios educacionales que nos faltan para ser lo mejor que podamos dentro de la provincia.
Así es como, cuanta más fuerza tenga en nosotros el deber de contribuir al bien de nuestra patria, con tanta mayor energía debemos ejercer el derecho de reclamarle que prodigue en nosotros los medios de cultura moral é intelectual.
Así es como, cuanto más acatemos el deber de ser humanos y de hacer por todos los hombres lo que queramos para nosotros, tanto más reclamaremos de la Humanidad ó sociedad universal el cumplimiento del deber que, para con nosotros, tiene de darnos ejemplo continuo de civilización.
Ordenando ahora estos deberes, resulta que de la relación de derecho se deducen:
1.º Deber de educación en la familia y por la familia. Este deber se cumple en el Kindergarten y por el Kindergarten, ó lo que es lo mismo, en la escuela doméstica y por ella.
2.º Deber de educación en el municipio y por el municipio. Este deber se cumple en la escuela fundamental y por la escuela fundamental; ó, lo que es lo mismo, la escuela encargada de suministrar á niños y niñas, adultos y adultas, las nociones fundamentales de las ciencias físicas y naturales.
3.º Deber de educación en la provincia y por la provincia. Este deber se cumple en las escuelas normales, en las de artes y oficios, en los institutos profesionales, en las escuelas técnicas y politécnicas; ó, lo que es lo mismo, en todas y cualesquiera instituciones docentes que tengan por objeto proveernos de una profesión ú oficio.
4.º Deber de educación en y por la nación. Este deber se cumple en la Universidad y por ella; ó, lo que es lo mismo, en aquella institución principalmente dirigida á cultivar y favorecer los mayores desarrollos de razón, sin otro fin que el desarrollo mismo.
5.º Deber de educación en y por la sociedad internacional. Este deber se cumple en y por el espectáculo de la civilización universal.
CAPÍTULO XVIII
EL DERECHO ARMADO.—DEBERES QUE IMPONE
Tan capitales son la importancia de la relación de derecho y la transcendencia de los deberes que de ella se deducen espontáneamente, que no debe quedar contenta de sí misma la moral sino cuando, agotando por completo el contenido de esa relación, muestra con toda su fuerza los dos modos organizadores de los derechos en sí mismos y de los deberes de ejercitarlos como práctica y vida del derecho.