Part 6
Y efectivamente: con estar por naturaleza relacionado á la sociedad y á la humanidad le basta al hombre para ser moral. Como esa es una realidad patente en la historia de los tiempos, basta á la Ciencia. No sólo basta, sino que limita. La ciencia moral, para ser ciencia, no puede salir de ahí: sus límites están precisamente dentro de las relaciones que enlazan la vida orgánica, psíquica y social del hombre con el orden cósmico, moral y social. Por tanto, si la Moral general está fundada en las relaciones del hombre con la Naturaleza general, la moral social se funda en las relaciones particulares del hombre con la sociedad.
Toda otra concepción del fundamento de la Moral nos parece artificio indigno del grado de desarrollo á que han llegado la razón y la conciencia humanas. Ni una ni otra necesitan para la práctica del deber y para la busca reflexiva del bien, de otros estímulos que la excelsa dignidad del bien y del deber. Y si necesitaren de otros, prueba será de que no han llegado en su desarrollo al grado en que toda moral es consecuencia del conocimiento de nuestras relaciones positivas con la Naturaleza, con nuestro propio sér y con el sér social.
CAPÍTULO III
EXPOSICIÓN DE LAS RELACIONES
El individuo humano está tan íntimamente relacionado con todos y cada uno de los órganos sociales que integra, y con la humanidad que personifica, como el átomo con las moléculas, las partículas, las masas y los mundos. Todo en él, vida física, vida moral, actividad de voluntad y de razón, sensibilidad psíquica y física, animalidad y conciencia, el sér entero, es una relación.
Depende de otros individuos en cuanto la ley de la generación, de la herencia y de los medios sociales lo sujetan á la influencia biológica, fisiológica y sociológica de sus generadores, de sus antepasados y de sus contemporáneos.
Depende de la familia en cuanto á ella lo llaman el instinto de reproducción y el de conservación, el egoísmo y el altruísmo, las pasiones más perturbadoras y las más ordenadoras, las fuerzas más indisciplinadas de su naturaleza y las facultades á que más inmediatamente encomendado está el cumplimiento del destino individual.
Depende del municipio cuanto más capaz es de apreciar en su valor propio la fuerza orgánica de esa entidad social, con la cual está relacionado como individuo aislado, como individuo en la familia, como factor de producción y de consumo, como elemento jurídico y moral, como hombre de su derecho y como hombre de su deber.
Depende de la provincia porque el individuo está ligado á la provincia por cuantas relaciones nacen del interés individual, del egoísmo de familia y de la vanidad local. La provincia es el primer escenario de la actividad social del provinciano, y su propio interés le dicta su conducta; la provincia es un Estado en que el derecho de familia entra por mucho, y el egoísmo de estirpe y de procedencia liga al provinciano; la provincia es por sí misma una entidad pareada por la vida y por la ley á otras entidades provinciales dentro del todo nacional, y el provinciano se liga á ella por vanidad y por orgullo, con toda la fuerza de su personalidad: cuanto más provincial, más provinciano. Eso en cuanto á las relaciones por defecto; que en cuanto á las relaciones por conocimiento suficiente de la potencia integral de la provincia en el desarrollo general de la sociedad, no hay móvil honesto, desinteresado y puro que no sea un lazo de unión entre el provinciano y su provincia.
Las relaciones de dependencia entre el individuo y la nación son todavía más numerosas y más poderosas: más numerosas, porque la sociedad nacional es generalmente, para la inmensa pluralidad de los individuos, el último término de la evolución social, y en él agotan cuanta individualidad nativa y adquirida pueden y les es dable consumir.
Los individuos que pueden pasar de ese último término de la primera evolución, y están capacitados por su fuerza de humanidad ó de cultura para entrar en la segunda evolución, se hallan inmediatamente ligados á la sociedad internacional por cuantos vínculos inmateriales tiene la razón en el espectáculo de la vida de la sociedad universal en un momento dado de la Historia, y por cuantos estímulos comerciales é industriales tiene la actividad física en un momento dado de la civilización.
El hombre, ante todo, es ser humano. Orden de un tipo, individuo de una especie, está ligado con los indestructibles eslabones de la cadena fisiológica á todos los individuos de la especie entera. Cualquiera sea el lugar de nacimiento, la tradición de la raza, la influencia de la familia, el carácter de la nación, el sello de la civilización, está indudablemente ligado por su naturaleza á todo hombre, porque todo hombre es la misma viviente expresión que él es de las mismas necesidades biológicas y sociológicas.
De tal modo es esa relación necesaria entre los seres humanos un hecho regular y normal, que en él está basada por lo que respecta al pasado, la historia de la Humanidad, y en él se basan la sociología y la moral, por lo que respecta al porvenir. La antropología está de tal modo segura de este hecho, que todas sus inducciones, especialmente las á veces formidables de la antropología ante histórica, no tienen otro fundamento substancial. El hombre es hombre, y como tal, humanidad; hombre de ayer, de hoy, de mañana, del viejo y del nuevo mundo, de la vieja tierra que produjo el último período glacial, de la tierra nueva que producirá la venidera marea polar, siempre idéntico á sí mismo en necesidades de vida y de conciencia.
CAPÍTULO IV
CLASIFICACIÓN DE RELACIONES
En esta indagación de las relaciones que ligan al hombre con el hombre en todos los grupos y órganos de la sociedad, lo difícil no es descubrir los vínculos: son tantos cuantos son patentes. Lo difícil es establecer una clasificación sólida y sobria, precisa y efectiva, que presente del modo más obvio los grupos de relaciones reales que actúan de continuo en la asociación natural de los conscientes y de la cual se deriven espontáneamente los grupos de deberes que ellas incluyan.
Esa, como cualquiera otra clasificación, ha de fundarse en un análisis, y el análisis ha de referirse puntualmente á las propiedades del objeto analizado.
El hombre social es aquí el objetivo del análisis. ¿Cuáles son las propiedades de ese todo? Las de un compuesto de cinco elementos invariables de sociabilidad.
Para que esta fuera una ley de la Naturaleza, era preciso que el sér sometido á ella se sometiera por la misma eficacia de sus condiciones naturales de existencia y por el secreto ascendiente de los propios fines de su vida. La ley, de otro modo, no hubiera sido ley, no habría podido ser ley de la naturaleza humana. Si lo es, no por imposición lo es, sino porque las condiciones absolutas de la ley natural concuerdan exactamente con las condiciones del sér á quien rige, ó porque las condiciones del sér regido por la ley de sociabilidad son tales cuales convienen y conciertan con el orden universal á que él concurre.
El hombre social es un sér de necesidad, y la ley de sociabilidad es un medio propuesto por la Naturaleza al hombre para que, realizando ese fin, cumpla con una de las condiciones de su vida.
El hombre social es un sér de gratitud, y la ley primordial que lo rige, al cumplimiento de esa condición coadyuva.
El hombre es un sér de utilidad, y la ley de asociación universal promueve la realización de ese fin individual y colectivo.
El hombre es un sér de derecho, y la sociabilidad es ley natural de las sociedades para determinar, desarrollar y concurrir á realizar esa altísima condición de la dignidad de nuestra especie.
El hombre es sér de deber, y la sociabilidad es una ley natural de la sociedad para hacer posible ese enaltecimiento de la personalidad, ese triunfo de la naturaleza humana, esa solución del problema de la vida individual y colectiva por el más poderoso factor de la naturaleza humana: la conciencia.
En términos directos, el hombre, en cuanto sér social, es un compuesto de esos cinco elementos infalibles: la necesidad, la gratitud, la utilidad, el derecho, el deber.
La necesidad lo obliga con las tres fuerzas de su triple naturaleza, física, racional, consciente, á utilizar y cumplir la ley de asociación. La gratitud lo persuade, con todas las impulsiones de su sensibilidad y con todos los resplandores de su imaginación, á someterse á una ley de la Naturaleza, tan eficaz en su propósito y tan armoniosa con el objetivo de la Humanidad, que sin ella no podría el individuo identificarse con la especie y reconocer en ella su eterno bienhechor. La utilidad lo induce, con todos los impulsos de su egoísmo y con todos los atractivos de su cálculo y su ingenio, á aprovecharse, en beneficio propio, y si es posible en beneficio ajeno, de una ley natural que, sorprendiéndolo en una de las realidades de su sér, se le muestra como menos vergonzosa de lo que él temía, y lo solicita á emplearla en bien de todos. El derecho y el deber, inseparables resplandores de la conciencia, no brillan nunca en la conciencia que no lucha; brillan con el más puro, con el único puro destello de la personalidad humana, cuando ésta se exalta con el combate por el derecho y el deber, y se eleva por la dulce, benévola y apacible conciencia de sí misma, hasta el grado extremo y supremo de humanidad, de racionalidad y de conciencia en que la relación de los medios y los fines es patente, y en que todas las relaciones que nos ligan con los hombres se reducen á la más noble, más pura, más desinteresada, y, por lo mismo, á la más penosa: la relación de deber. Ahora, ¿de qué procedimiento más eficaz hubiera podido valerse la Naturaleza para exaltar la del hombre hasta ese altísimo grado de humanidad, si no hubiera aplicado á su objeto la ley de sociabilidad?
Solicitado, instado, urgido por ella, el individuo satisface necesidades, paga beneficios con agradecimientos, enlaza con la suya la utilidad general, combate como héroe por su derecho y se sacrifica como mártir al deber; pero lo hace, no tanto porque la ley natural á eso lo llama, cuanto porque su propia naturaleza encuentra en los procedimientos de la asociación los medios relativos á sus fines de existencia. Existencia que transciende involuntariamente del individuo á la especie, consta de esos cinco medios, instrumentos ó recursos naturales que, conjunta y separadamente, constituyen cinco elementos de sociabilidad.
Siendo, pues, propiedades distintivas del sér sociable la necesidad, la gratitud, la utilidad, el derecho y el deber, todas las relaciones que ligan entre sí á los hombres de cada época histórica y á los de tiempos actuales con tiempos venideros ó pasados, tienen lógicamente que agruparse, según la dependencia en que están, de alguna de las propiedades naturales del sér social. Fuera de la necesidad, de la gratitud, de la utilidad, del derecho y del deber, ningún otro medio propio de la naturaleza humana tiene la virtud de cooperar al propósito de asociación universal y omnímoda á que aspira la ley de sociabilidad. Por lo tanto, si hay relaciones naturales entre el individuo y la sociedad, y todas ellas se manifiestan en actos de necesidad, de gratitud, de utilidad, de derecho ó de deber, es evidente que todas las relaciones que ligan á los hombres entre sí, á los grupos con los grupos sociales, á los órganos con el organismo social, el individuo humano con la especie humana, se han de clasificar según las propiedades del sér social.
En consecuencia, sobre ese análisis se basa esta clasificación de las relaciones que ligan el individuo á la sociedad:
Relación de necesidad; Relación de gratitud; Relación de utilidad; Relación de derecho; Relación de deber.
CAPÍTULO V
ANÁLISIS DE LAS RELACIONES DEL HOMBRE CON LA SOCIEDAD: RELACIÓN DE NECESIDAD
El hombre individual se asocia al hombre individual y constituye todos los grupos de asociación, no porque quiera, sino porque tiene necesidad forzosa de hacerlo así. Todos los hombres, por enemigos que sean de las trabas que impone toda asociación, necesitan urgentemente de la sociedad.
Tan urgentemente necesitan que, sin ella, ni aun la familia existiría; y no existiendo la familia, no podría tampoco existir la especie humana. Por tanto, la familia, que es el primer grupo social, es también la primera forma de relación entre el individuo y la sociedad, y bien se ve que es esa una relación de necesidad.
Después de la familia, el individuo por sí mismo, y por medio de la familia, está ligado al segundo grupo social ó municipio. Y ¿qué relación es la que liga con el municipio al individuo y la familia? Ante todo, una relación de necesidad, pues notorio es que individuos y familia se agrupan en municipio por necesidad de su propia subsistencia.
También es relación de necesidad lo que liga al individuo con todos los demás grupos, puesto que con todos ellos funciona como elemento de vida y para los fines de su propia vida individual.
No hay, pues, precisión de recorrer uno por uno los grupos sociales para demostrar y probar que esta relación de necesidad es la primera, aunque no la única, que liga al individuo con la sociedad. Sin embargo, puesto que el fundamento racional de los deberes del hombre individual y colectivo está en el fondo de las relaciones que los ligan, importa patentizarlas, aunque de suyo sean tan patentes como la relación de necesidad que liga á individuos, familias y municipios con el órgano inmediatamente superior.
La provincia, que es ese órgano, es principalmente una resultante de la necesidad que dentro de cada organismo nacional crea la distribución natural de zonas orográficas é hidrográficas. Los individuos, familias y municipios que constituyen un todo provincial, están ligados á él por esa primera fuerza de la necesidad natural que ha producido el todo de que depende. La peculiaridad de la zona determina la peculiaridad de necesidades, y la peculiaridad de necesidades la de las satisfacciones; de modo que es necesario ó prescindir de la provincia y realizar en otro medio su existencia, ó concurrir á la vida de la provincia, y dentro de ella satisfacer las necesidades de municipio, de familia y de individuo, según las condiciones físicas y morales de la provincia misma.
Individuos, familias, municipios y provincias concurren por necesidad á la existencia de la sociedad nacional, puesto que todos y cada uno de esos órganos necesita del organismo general, del cual son partes.
Necesita de él en todas y para todas las manifestaciones de su vida peculiar. Necesita el individuo, porque completa en la nación su actividad orgánica, afectiva y volitiva, consumando casi siempre en ella su actividad intelectiva. La familia necesita de la nación hasta para existir, pues la razón de su existencia es la ley, y su existencia es tanto más noble y elevada cuanto más noblemente está constituída la nación y es más capaz de legislar conforme á los fines reales de cada uno de sus integrantes. El municipio necesita de la nación para realizar la primera entre todas las condiciones de su vida, que es la capacidad de regirse por sí mismo. La provincia necesita de la nación hasta para ser provincia, pues no basta que haya una constitución geográfica peculiar, que haya producido peculiares modos de ser en una porción del territorio nacional y de la sociedad nacional, para que exista legalmente tal provincia; es indispensable el reconocimiento legal, y no puede hacerse sino en una ley de la nación.
Toda nación, con todos los órganos que subordina, está obligada por ley de necesidades naturales, á toda nación organizada ó embrionaria, siempre que esa otra nación produzca y consuma, sienta y piense, se mueva y cambie. Aun no cambiando se verá forzada á la relación; así entran en la vida común de la civilización los pueblos primitivos. Aun no moviéndose tendrán que concurrir á satisfacer esa necesidad de vida: así, China, en Asia; Paraguay, en América; Japón, entre las Islas; Africa, entre los continentes, se han visto compelidos á salir de su aislamiento para satisfacer necesidades materiales é inmateriales de otros pueblos.
CAPÍTULO VI
SEGUNDA RELACIÓN.—RELACIÓN DE GRATITUD
Á poco que se reflexione se verá que después de nuestras propias necesidades, lo que más nos liga á los demás hombres es la gratitud.
Con efecto: en nuestra calidad de miembros de una familia estamos tan íntimamente ligados á ella por la gratitud, que nos reconocemos hechura suya desde la cuna hasta la tumba. Si nacemos, á la familia lo debemos; si nos conservamos, por la familia es; si nos educamos, por la familia lo hacemos; presentes, por ella trabajamos; ausentes, por ella anhelamos; felices, por ella y dentro de ella lo somos; desgraciados, por ella lo sentimos; enfermos, por ella tenemos la muerte; moribundos, á ella volvemos la mirada.
En todos estos estados individuales el sentimiento de la gratitud es el que tan íntimamente nos liga á la familia.
Cuando la moral enseñe á cultivar de una manera viva y activa este sentimiento, bien se puede asegurar que se habrá salvado la civilización, porque se habrá dado á la familia una fuerza de cohesión que no en todas partes tiene, que tiene en pocas partes.
Esa misma relación de gratitud, no tan intensa ya, aunque más extensa, es la que liga al individuo con el municipio. De ella es de donde nace el cariño casi filial y el afectuoso interés con que los habitantes de un municipio miran los asuntos comunes de interés municipal.
El día en que la moral social se haya desentendido de sus errores teológicos y metafísicos para sólo ver la base de la moral pública, en donde efectivamente está, la salvación política de los municipios será un hecho; y no habrá habido, para realizarlo, mejor auxiliar que la moral social.
La misma relación de gratitud liga al hombre con la provincia en donde nace y á veces en donde sólo vive. Y es que la provincia, como todos los grupos sociales, es para cada individuo una familia, cada vez más extensa, á la cual debe siempre beneficios que agradecer.
Este sentimiento de gratitud provincial se suele exagerar hasta convertirse en el defecto que se llama _provincialismo_, así como suele exagerarse con el _localismo_ la gratitud debida al municipio, y con el _nacionalismo_ la gratitud debida á la nación. En todos esos casos es un vicio contrario al deber de gratitud. La gratitud relaciona al individuo con la sociedad nacional, y constituye lo que ya veremos que no es un simple sentimiento, sino un verdadero deber de patriotismo.
Á medida que se extiende esta relación de gratitud á la universalidad de los hombres va haciendo más vigorosa la fuerza de la dignidad humana, de tal modo que el hombre que más vivamente siente la gratitud que á la Humanidad debemos por sus incesantes beneficios, es el más humano.
CAPÍTULO VII
TERCERA RELACIÓN.—RELACIÓN DE UTILIDAD
Como que la moral no es un cuerpo de preceptos instituídos _à priori_ por un propósito más ó menos generoso, sino deducidos _à posteriori_ del examen experimental de la naturaleza efectiva del hombre y de la sociedad, no hay por qué vacilar en incluir entre las relaciones del hombre social esta relación de utilidad.
Tanto menos se ha de vacilar, cuanto que el más escrupuloso análisis nos demuestra que el sentimiento y el instinto de utilidad, además de ser una efectiva relación, son un medio positivo de compeler al individuo á cumplir con los deberes que tiene para con la sociedad.
Con efecto: así como la necesidad nos llama á ser sociales, y así como la gratitud nos obliga á vivir contentos en la sociedad de nuestros semejantes, así la utilidad nos compele á concurrir con todas nuestras fuerzas al sostenimiento y conservación de la sociedad.
Vamos á verlo presentando esta relación de utilidad en cada uno de los grupos sociales.
En el primer grupo, el individuo está ligado por la utilidad á la familia: le es útil á la familia en la triple actividad de su naturaleza y para cualesquiera propósitos parciales de su vida. Es tan evidente esa verdad, que basta comparar la vida de un huérfano con la de un hijo de padres vivos para verlo; ó basta comparar al adulto que ha constituído ya familia con el que desatiende este fin de su existencia social, para ver cuánto más poderoso en recursos naturales y artificiales es el primero que el segundo.
La influencia que tienen el instinto y el sentimiento de utilidad en la constitución y desarrollo de los municipios es tan manifiesta, que sin ella no existiría el municipio.
Y á medida que se extienden los grupos y se hace menos apremiante el afecto del individuo para con su grupo, se ve que la relación de utilidad se hace más intima y compulsiva.
Así es como en el grupo provincial la utilidad es todavía más compelente para el individuo que en el grupo municipal.
En el grupo nacional, más todavía que en el anterior. En el grupo internacional, más que en el nacional. Y cuando se trata de la sociedad de todos los tiempos y lugares, de la humanidad coetánea y pasada, casi puede decirse que la mayor parte de los hombres no reconocen para con ella más deberes que los derivados de la relación de utilidad; pues hasta la misma gratitud que se debe al esfuerzo de nuestros antecesores para establecer una sociedad cada vez mejor, se nos presenta por el prisma de lo útil que fué para el hombre de hoy la humanidad de ayer y la de antes de ayer para el de ayer.
CAPÍTULO VIII
CUARTA RELACIÓN.—RELACIÓN DE DERECHO
Á medida que vamos elevándonos en el examen de las relaciones, éstas se van también enalteciendo. Y ésta influye de tal modo en la moral, que los hombres que mejor cumplen los deberes que corresponden á las más altas relaciones, son los más morales. Así es como la importancia de la relación de derecho se debe hacer manifiesta para quien haya comprendido que el objeto real y positivo de la Moral consiste en ligar cada vez más y mejor los fines de la vida individual con los fines de la vida colectiva.
Como el derecho es por sí solo uno de los elementos más efectivos de organización que existe, la relación de derecho es también una de las más transcendentales.
Lo es en el primer grupo, porque cuanto mejor se conoce y practica el derecho en la familia, tanto más íntima es la unión de la familia, y tanto mejor cumple ella con su fin social.
En el segundo grupo transciende la relación de derecho á los fines de la vida municipal, porque el individuo funciona en el municipio de una manera menos personal y más como hombre de su derecho que en la familia.
Eso mismo sucede, pero en mayor escala, en el grupo provincial; y por eso también la relación de derecho es más transcendental en éste que en el grupo anterior.
Todavía es mayor esta influencia del derecho en la vida nacional, vida en la que el hombre se transforma en ciudadano, es decir, en persona jurídica, que ve, al través de su derecho, sus relaciones con la sociedad y su facultad de exigirle lo que él cree más ajustado á su derecho.
En el grupo internacional, la relación de derecho llegará á ser más transcendental todavía que lo es en el grupo nacional. Y si eso no sucede hoy mismo, se debe á lo mal constituída que está todavía la familia de naciones.
En cuanto á la capacidad del Derecho para ligar el individuo con su especie, el hombre con la Humanidad, el sumando con la suma, el destino personal de cada uno con el destino específico de la raza entera, es patente. Aun en los tiempos de crisis moral vemos en los otros, y experimentamos en nosotros, palpitaciones violentas de alegría, gritos ahogados de varonil satisfacción, impulsos vehementes de armarnos para la defensa del Derecho, cada vez que una porción de Humanidad, civilizada ó bárbara, propugna por su independencia ó por su libertad ó por el mejoramiento de sus instituciones jurídicas.