civil. Entonces el juez, de una plumada, lo sentenció á nueve años de
prisión. Lo condujeron á la Penitenciaría, incomunicado, á fin de que no pudiera defenderse ni comunicarse con su Ministro.
_T. Godinez._ Aunque inocente, fué sentenciado á doce años de prisión. Más tarde se descubrió al verdadero autor del delito y entonces se le puso en libertad, con la advertencia de:--“Mucho cuidado con hacer hablar de este asunto, pues de lo contrario volverás á la prisión y entonces sí que no volverás á salir de ella.”
EL DEPARTAMENTO DE POLICÍA DE MÉXICO.
Considerando el material y el corrupto medio ambiente que rodea al jefe de la policía, sobrino de Porfirio Díaz, éste es lo mejor que hay en ese departamento, la persona mejor que jamás ha habido en él. Es un hombre reposado, sin ostentación, y procura hacer las cosas lo mejor posible conforme á su modo de ver. Al mismo tiempo hace su pequeño juego en la partida política, porque Félix Díaz es sumamente ambicioso.
Por otro lado, el departamento de la policía secreta se compone de gentuza, de las heces del México criminal. Entre sus miembros hay asesinos y ladrones profesionales. El “detective” Reyes purgó un asesinato con veinte años de prisión en Belén, y es un petardista de profesión; Olmos procede de la Penitenciaría y tiene 21 entradas en la cárcel de Belén por delitos contra la propiedad; Camargo ha entrado en Belén 37 veces y todas ellas por robo; Muñoz, 22 veces por ratero.
Conocen tan bien los jueces la protección incondicional que les dispensa Porfirio Díaz, que creen y hacen creer á los infelices que piden justicia, que son infalibles.
He aquí un caso para ilustrar mi aserto. Una noche varios especuladores de boletas de teatro tuvieron una cuestión con algunos policías secretos, quienes los condujeron á la Comisaría. Al día siguiente comparecieron ante el juez Tello Rodríguez, quien les preguntó dónde habían tomado la última copa antes de la pendencia. Los acusados contestaron que en el Restaurant de Gambrinus, y el juez, sin meterse á averiguar si la cantina estaba cerrada á esas horas, impuso una multa de $200 al propietario, un italiano llamado Bellato, quien llevó sus testigos y aun al policía del punto, para probar que á la hora de referencia la cantina estuvo cerrada y sólo el restaurant estaba abierto, con lo que no se infringía la ley. El secretario del Gobernador del Distrito no se impresionó en lo más mínimo por aquellas evidencias, y como oráculo del Distrito Federal declaró: “aunque sé que Vd. tiene razón, eso nada importa, porque las decisiones del juez son infalibles”.
Todos sabemos que en Roma hay un Papa que es infalible en materias religiosas, pero á México estaba reservada la declaración de la infalibilidad de los jueces.
Veamos ahora hasta qué punto los magistrados de la Suprema Corte resisten la tensión cuando se trata de extranjeros que no tienen miedo y gozan de influencia.
Hace algunos años que una compañía canadiense intitulada “The Mexican Light and Power Co.”, necesitó un pedazo de terreno para la instalación de postes eléctricos. El caballero mexicano á quien pertenecía el terreno, creyó haber encontrado una buena oportunidad para exprimir á la poderosa compañía. El tal lote era casi un paralelogramo y la compañía no necesitaba más que una esquina, un triángulo, que tendría la décima parte del predio. El propietario ofreció todo el predio á razón de tanto por metro cuadrado; pero el presidente de la compañía se negó á comprar todo el terreno y ofreció pagar la esquina que necesitaba al precio señalado. El propietario decidió con toda astucia vender la repetida esquina, pero á un precio que equivalía al de todo el predio, lo que se negó á admitir la otra parte. Llevóse el caso ante la Suprema Corte, la que resolvió que el propietario estaba en su perfecto derecho para poner el precio, y que la compañía debía pagarlo.
El abogado de la compañía participó la solución al presidente de la compañía, añadiendo que si no pagaba el precio estipulado, la Corte la condenaría á pagar. El presidente de la compañía contestó que le importaba un rábano lo que hiciese la Corte, porque el fallo constituía una violación flagrante de la ley, y que si se le llegaba á condenar, la prensa de Europa y de América publicaría la noticia como una muestra de la justicia mexicana. Azorado el abogado, fué con toda premura á ver al Ministro Limantour, quien se hizo cargo de toda la importancia internacional que revestía el caso, y fué, sin pérdida de tiempo, á consultarlo con Porfirio Díaz.
El Presidente tuvo una conferencia á toda prisa con los magistrados de la Corte, y el resultado final fué que se anulara la resolución, decretándose otra conforme á las equitativas bases primitivas.
_Moral_: Si os halláis á la cabeza de una rica corporación, en México, hasta la misma Suprema Corte revocará sus sentencias; pero si sois solamente un insignificante fondista, la sentencia que os condene se llamará “infalible”.
He aquí otro incidente ilustrativo de cómo la camarilla política de México se substrae algunas veces de la mano de hierro del Czar. Esa misma corporación (The Mexican Light and Power Co.) advirtió que estaba perdiendo enormes cantidades de potencia eléctrica. Después de cuidadosas investigaciones, descubrióse que el escape tenía lugar cerca de una fábrica ubicada en los suburbios de México. Desviaron y midieron la potencia en el poste más cercano á la fábrica, y después de hacer el cálculo respectivo, encontraron que, aunque la fábrica estaba alumbrada y movida por electricidad, el propietario sólo pagaba por una fracción de la potencia y que la pérdida de la compañía ascendía á $45,000. El presidente de la compañía, caballero canadiense llamado C. Cahan, presentó su acusación ante juez competente y se dió orden de prisión contra el administrador de la fábrica. Al día siguiente algunos caballeros mexicanos, de prominencia en la política y en las finanzas, encabezados por Pablo Martínez del Río, fueron á ver á Mr. Cahan para suplicarle que suspendiese los procedimientos contra el administrador de la fábrica, como un favor especial al General Díaz, añadiendo que estaban dispuestos á pagar todas las pérdidas sufridas por la compañía. Mr. Cahan aceptó la proposición, y se dirigió al juez que conocía del asunto, para desistirse. El juez rehusó con arrogancia, y entonces Mr. Cahan comenzó á hacer su querella, nombrando á todos los directores y propietarios de la fábrica en cuestión. Cuando el juez oyó los nombres de las personas influyentes y de prominencia implicadas en el proceso, y comprendió la importancia del asunto, se negó á seguir conociendo del caso. Entonces, á su vez, Mr. Cahan se indignó ante aquel juez ignorante y mentecato, y le amenazó con proceder en su contra si no cumplía con su deber, por lo que el juez prosiguió el caso con repugnancia. Al día siguiente se presentó en las oficinas de la compañía, con su gran uniforme de ayudante del Presidente, Don Pablo Escandón, lacayo real del Presidente, para informar á Mr. Cahan que había mentido el Sr. Martínez del Río al invocar el nombre del Presidente para solicitar clemencia en el caso de que se trata, y que el mismo Presidente vería con gusto que Mr. Cahan continuase los procedimientos contra los directores y propietarios de la fábrica.
El administrador y su segundo fueron sentenciados á Belén, quedando en libertad los directores que eran los que estaban enterados del asunto y los responsables directos. Un año más tarde, la viuda del administrador de la fábrica se presentó á Mr. Cahan diciéndole que su esposo había muerto en la cárcel, y le pedía una limosna para enterrarlo y para pagar el viaje de regreso de ella á España. Mr. Cahan, con su característica bondad, pagó los gastos de los funerales y el pasaje á España. Imaginaos la cara que pondría cuando, algún tiempo después, descubrió que el tal administrador de la fábrica no había muerto, sino que se encontraba en España gozando de cabal salud, y que había pagado los gastos de los funerales de un muñeco que personificó al administrador supradicho, todo lo cual se llevó á cabo en virtud de la influencia política de los propietarios y directores de la fábrica.
INTERVENCIÓN DEL EMBAJADOR AMERICANO, DAVID THOMPSON, EN LA QUIEBRA DEL BANCO AMERICANO.
En el año de 1901 se estableció en México una negociación bajo la denominación de “The International Banking and Trust Co. of America”, incorporada para hacer negocios en México según la patente expedida en Delaware, (E. Unidos). Este banco operó hasta el 16 de Octubre de 1903, en cuya fecha quebró.
Mr. J. L. Starr-Hunt era el abogado de dicho banco. Con motivo de la quiebra, el juez del 5.º juzgado de lo civil nombró á Don C. F. Uribe síndico provisional de la quiebra. En Octubre de 1905 cinco síndicos ó comisionados para la liquidación, se encargaron de la negociación fallida, y encontraron los asuntos en el estado que voy á referir: inmediatamente antes de la quiebra del banco, habían desaparecido dos documentos, fechado el uno el 14 y el otro el 15 de Octubre de 1903. El 7 de Noviembre de 1903 Mr. Starr-Hunt llamó á su despacho á Mr. Dunkeley, director de “The Mexican Banking Co.”, y le dijo que como su banco (el de Mr. Dunkeley) había sufrido á causa de la quiebra referida, deseaba ayudarlo, y le entregó los documentos mencionados. En lugar de entregar Mr. Dunkeley esos documentos á la comisión liquidataria, los devolvió á Mr. Starr-Hunt. La comisión liquidataria intentó un proceso contra Mr. Starr-Hunt, R. Huacuja y Ávila y Antonio Rincón Alas, ambos empleados de Starr-Hunt. Esto aconteció en Agosto de 1906. En virtud de las declaraciones de los testigos, se libraron órdenes de prisión contra los tres individuos mencionados. Alas y Starr-Hunt desaparecieron y estuvieron escondidos. Una semana después se supo que Alas se hallaba en Toluca, y de allí fué llevado á México.
Pero al mismo tiempo Starr-Hunt, desde su escondite, que era perfectamente conocido por la policía, trabajaba con toda actividad, ayudado por su esposa, la que había sido condiscípula de la Señora Thompson. El Embajador Americano se propasó hasta el punto de escribir una carta al juez que conocía del asunto, pidiéndole prácticamente que lo abandonara. Esta carta fué mostrada á un reporter de “El Diario”, quien ofreció publicarla; pero el juez tuvo el buen juicio de no soltar esa prenda. El Embajador solicitó y obtuvo la interposición de la influencia de Porfirio Díaz, y los abogados Warner, Johnston y Galston, encargados del procedimiento en contra de Starr-Hunt, se encontraron impotentes para luchar contra semejante influencia. El Presidente dió la consigna de que se suspendiera todo procedimiento y de poner en libertad á los acusados. Se dió entonces un nuevo giro al caso, estableciendo que, pues los acusados no habían sacado ningún provecho de la transacción, no podía haber delito de abuso de confianza. Así lo falló el Tribunal Superior. Ortega, juez 5.º de instrucción, absolvió á los acusados, declarando que no había delito que perseguir. Este no fué más que un subterfugio para obedecer la orden de Porfirio Díaz.
El resultado de esta intervención del Embajador Americano fué que los dos documentos, cuyo valor ascendía á $9,500 jamás fueron devueltos, perdiendo el dinero el concurso, el que quedó colocado en tal posición que no puede ni demandar ni recobrar el dinero. (G. Pierce, Mutual Building, México D. F., abogado de la liquidación.)
Los periódicos hablaron de este escándalo, pero sólo publicaron los informes recogidos en los autos. Sin embargo, Mr. Thompson solicitó de “El Diario”, por medio de G. I. Ham, que no hablase más del asunto, lo que no le fué concedido, como es de suponerse.
Cuando todo estuvo en calma, Mr. Starr-Hunt salió de su escondite y fué á visitar á “El Diario” amenazándolo con seguirle un proceso por difamación si se atrevía á volver á hablar. Mr. Starr-Hunt tiene mala nota en Texas y en Monterrey.
La copia de la carta del Embajador al juez está en manos de los abogados Warner, Johnston y Galston, quienes protestaron y enviaron copia de todo el caso al Ministerio de Relaciones de Washington, así como una copia de la referida carta.
¿Cómo es que se consiente que continúe el Embajador Thompson representando á los Estados Unidos en México, cuando los Estados Unidos han dado sus pasaportes á Ministros extranjeros á causa de incidentes de mucha menor importancia que la que reviste este negocio?
¿Existe acaso algún acuerdo entre Porfirio Díaz y David Thompson, quien da carpetazo á todas las reclamaciones de sus compatriotas en contra del gobierno mexicano?
LA LEY FUGA.
“La Ley Fuga” no es en verdad una ley, ni cosa que lo valga, sino un eufemismo mexicano. Ha estado en uso para la eliminación de los bandidos durante las dos ó tres últimas generaciones. En un tiempo los bandidos infestaban el país como una plaga, y cuando se les cogía, al ser conducidos de una población á otra para ser juzgados, generalmente intentaban fugarse y la escolta que los conducía los mataba. Ese impulso natural á la fuga fué hábilmente explotado por los gobernadores, jefes políticos, etc., para verse libres de sus enemigos. Por ejemplo, si un hacendado prominente, ó una persona de influencia, deseaba deshacerse de un enemigo ó del amante de alguna muchacha en la que había puesto sus lúbricas miras, bastaba con acusar de algún delito imaginario á la presunta víctima, la que era aprehendida y, con cualquier pretexto, la conducían de una prisión á otra, de un pueblo á otro pueblo, y en el camino los Rurales, ó sea la policía de los campos, lo dejaban tomar la delantera y lo fusilaban por la espalda. Al volver al lugar de procedencia, declaraban que el preso había querido escaparse y que se habían visto obligados á hacer fuego sobre él para impedir la fuga. Si acaso tenían que comparecer ante un juez con ese motivo, describían cómo los había atacado el preso, disparado sobre ellos, en la huída, y cómo lo habían matado. Para comprobar su dicho, traían un sombrero gris, perforado por un balazo, y una silla de montar con la misma perforación, para corroborar el testimonio. Lo más curioso es que el mismo sombrero y la misma silla han servido y siguen sirviendo en cada caso de este género.
En los comienzos la “ley fuga” no fué más que una infructuosa tentativa para limpiar el país de bandidos. Porfirio Díaz los suprimió, bien por medio de los fusilamientos, ó bien ofreciéndoles mejor sueldo para que entrasen al servicio del gobierno, en el cuerpo de Rurales. De este modo ha formado un excelente cuerpo de hombres endurecidos en todas las fatigas y empresas peligrosas, y que mantienen el orden en todo el país. Porfirio Díaz tiene fe en el antiguo adagio que reza que se necesita de un ladrón para agarrar á otro ladrón.
Ya no hay bandidos en México; pero la “ley fuga” sigue en todo su vigor, utilizándose para las venganzas privadas, para propósitos políticos, y es una de las armas más peligrosas, cobardes y execrables de cuantas usan Porfirio Díaz y su mafia política.
QUINTANA ROO, LA SIBERIA MEXICANA.
El despótico México no sería una máquina política completa y perfecta si le faltase su Siberia. Pero el cerebro de Porfirio Díaz, siempre fértil en expedientes y subterfugios, encontró un buen pretexto en la rebelión de los Mayas, de Yucatán, para cercenar á ese Estado la mitad de su territorio y formar un distrito federal, de modo que pueda mantener allí constantemente unos cuantos miles de soldados. Utilízase Quintana Roo, que es el nombre del nuevo territorio, de la misma manera que los rusos utilizan la Siberia, es decir, para enviar allí á los presos políticos; pero con la pequeña diferencia de que muchos presos logran escaparse de Siberia para contar el cuento, mientras que de los enviados á Yucatán por algunos años, todavía no ha regresado ni uno solo. Aquel territorio es el más malsano, pantanoso, pestífero y mortífero de todo el país. Las probabilidades contra el preso son mayores que las que se tienen contra la rueda de la ruleta con su _0_, _00_ y su águila.
Si la execrable alimentación no lo mata, el tabardillo, la insolación, la fiebre amarilla, ó cualquiera otra enfermedad tropical espantosa, se encargará de hacerlo. Si el preso es bastante resistente ó bastante afortunado para sobrevivir, entonces se recurre á una nueva forma de la “ley fuga”: el oficial, ó el sargento encargado del punto, traba amistad con el preso y le sugiere un medio facilísimo de fuga; si el preso es bastante inocente para tragar el anzuelo, ó tiene la ansiedad de la fuga, los soldados, que siempre vigilan á los presos, tienen orden terminante de hacer fuego sobre ellos en cuanto se separen de las filas, aunque sólo sea para tomar un trago de agua en un charco cercano. Si no resulta ninguno de esos engatusamientos, entonces se le proporcionan los medios de suicidarse, y en caso de que rehuse tan bondadosa oferta, se le ayuda á librarse de la vida, ó, hablando en plata, lo asesinan sin más trámite, pues un hombre que estando condenado no acepta ninguna sugestión diplomática, como las indicadas, merece que se le mate como á un perro.
En 1904 un joven llamado Palomón Serrano, de 20 años de edad, durante la convención de los “liberales jacobinos”, la que conmemoraba el aniversario de la muerte de Juárez, en el Teatro Arbeu, se puso en pie y exclamó:--“Vengo para acusar al gran criminal Porfirio Díaz”. No tuvo tiempo para pronunciar una palabra más, pues inmediatamente fué aprehendido por orden del jefe de la policía. Al día siguiente, sin que mediara juicio de ninguna especie, fué remitido á Yucatán por tres años.
He aquí otro ejemplo de justicia que me recuerda la que se hacía en los principados de Italia, allá por el siglo XII.
Un General muy conocido que vive en México, dícese que tuvo una desgracia en su familia, pues una de sus hijas se huyó con el cochero de la casa. La joven regresó al hogar y se casó con un respetabilísimo oficial; pero el ambicioso cochero fué enviado á Yucatán y sus huesos se están blanqueando bajo los ardientes rayos del tórrido sol de Quintana Roo.
Cuando un hombre de talento, ó de cierta influencia política, ha atacado á Porfirio Díaz ó á la administración, en artículos de periódico, ó en discursos, y no se le puede aplicar la “ley fuga”, ni desterrarlo á Yucatán, se recurre á algún medio por trasmano para desacreditarlo.
Con frecuencia se arresta á los periodistas, en medio de la noche, sin que haya orden de juez, y simplemente por la invitación de un oficial ó de un simple agente de la policía. La esposa de un periodista estuvo sin noticias de su marido durante quince días, hasta que se dirigió al director de “El Diario” para obtener informes.
Un escritor y abogado muy conocido, Querido Moheno, estaba escribiendo un libro sobre la situación política actual de México. Tan pronto como se supo por las autoridades, lo acusaron de contumacia ó rebeldía. No se resolvió el caso, desde luego, sino que se dejó pendiente, como una espada de Damocles, sobre la cabeza del autor. Pero en cuanto apareció el libro y se vió que contenía ataques contra varios hombres prominentes en la política, se exhumó la causa, y se prosiguió la acusación.
Con harta frecuencia se ve en México llevar á Belén á un individuo, anunciando á son de trompeta los cargos que se le acumulan, y permanecer allí por espacio de un año. Durante ese período se circulan rumores de que ha robado dinero, ó ha cometido cualquier otro delito. Después de cierto tiempo, el acusado comparece ante el juez y se sobresee en la causa, por falta de pruebas; pero el individuo queda desacreditado y arruinado para toda su vida, sin reparación ni apelación de ninguna clase.
Hace un año, en un vaudeville, un actor que representaba á un mono, en son de chanza se puso en la cabeza la gorra de un agente de policía que se hallaba cerca de él. Lo aprehendieron, lo llevaron á la cárcel, donde lo detuvieron todo un día, y lo multaron en $10. Cuando le preguntaron al jefe de la policía el motivo de tanta severidad, contestó: “que el susodicho acto era derogatorio de la dignidad de la policía”.
En verdad que la palabra “derogatorio” es una felicísima figura retórica del jefe de la policía, Félix Díaz, pues, como lo voy á probar por dos incidentes que en seguida mencionaré, cuando el ofensor es persona de influencia, esa muy honorable policía “deroga” y se traga los insultos, como en un Mikado.
Hace un año el hijo del Ministro de Justicia, Enrique Fernández Castelló, insultó y abofeteó al jefe de la policía secreta, con motivo de que éste había divulgado la especie de una corrida de toros de aficionados en honor de unas prostitutas. El aludido no fué arrestado, ni multado, ni siquiera reprendido.
Hace dos años el hijo de Pablo Escandón, el millonario lacayo de Porfirio Díaz, insultó, abofeteó y dió de puntapiés á un policía que se atrevió á ordenarle que saliese de un café después que había sonado la hora de la clausura. Tan pronto como en la Comisaría de policía fué identificado como hijo de Pablo Escandón, lo pusieron en libertad. Al día siguiente el padre, que alardea de despreciar á los periódicos, se presentó en las oficinas de “El Diario”, y solicitó del director, como un favor especial, que no se diese notoriedad al caso, pues, añadió: “he mandado á mi hijo á París, castigado por un año”--¿Por qué no á Belén?
Pocos meses después, un joven sin fortuna y cuyo padre no tenía la categoría de lacayo real, cometió el mismo atentado contra otro agente de la policía. A éste no le enviaron á París--sino á Belén por dos años.
Así se hace justicia en México, el país de las contradicciones.
He aquí un ejemplo de la incorruptibilidad de Porfirio Díaz.--Hace años que la muy conocida familia de Amor y Escandón entabló un juicio en contra de los hijos de Don Vicente Escandón, con motivo de la cláusula secreta del testamento de Don Manuel Escandón, un rico hombre de México. El juicio fué muy sensacional y el abogado de los hijos de Don Antonio Escandón, (que ganaron el punto) hicieron un regalo en nombre de la parte interesada, á Porfirio Díaz, el que consistió en la casa número 8 de la Calle de Cadena, la que desde entonces es la residencia privada del Presidente. Don Pablo Escandón, el lacayo real de Porfirio Díaz, es uno de los hijos de Don Antonio Escandón, favorecido por la sentencia.
Después de treinta años de la obra corruptora, nefaria, dañina y secreta del gobierno, por un lado, y, por el otro, de la publicidad oficial y oficiosa de los maravillosos progresos de México, Porfirio Díaz ha considerado que ya es tiempo de que su estructura, representante de la nacionalidad mexicana, mereciese la misma posición que tienen las potencias extranjeras. Que la fe en la habilidad y en la honorabilidad de la administración de Porfirio Díaz debía recibir una especie de voto de confianza de los extranjeros en el asunto de la incorporación de las compañías de minas, de agricultura y de predios rurales, pues las potencias extranjeras han demostrado su respeto y admiración hacia Porfirio Díaz con la lluvia de medallas y de condecoraciones que han hecho caer sobre él y las personas de su familia. Pero, por desgracia, el extranjero que invierte sus capitales, es más cauto y cuidadoso de su dinero y de su confianza que las naciones. Así fué que cuando Porfirio Díaz se valió de Don Olegario Molina, Ministro de Fomento, para iniciar la llamada “ley de minería”, el déspota sufrió el más completo chasco al ver la absoluta, sincera y franca opinión de los inversores extranjeros protestando contra el proyecto. Esa famosa pretendida ley de minería se inició ostensiblemente con el propósito de impedir que los extranjeros adquiriesen propiedades mineras en el país; pero, en realidad, el objeto fué el de forzar á las compañías á incorporarse, no como ahora lo hacen bajo las leyes de los Estados Unidos, Inglaterra, Alemania, etc., sino conforme á las mexicanas, quedando bajo la jurisdicción de los tribunales mexicanos. Un diluvio de protestas cayó proveniente de todas partes del mundo, acompañado con la amenaza de que no se invertiría más capital en México bajo semejante ley. Esto puso término á la propaganda emprendida en favor de la ley, la que, al fin, fué degollada, cargando Molina con todo el odio que despertó la iniciativa.
La argumentación de los capitalistas extranjeros que invierten sus dineros en México, fué la siguiente: Estamos dispuestos á invertir nuestros millones en México para nuestro provecho y provecho de aquel país; pero no queremos entregarnos en manos de la justicia mexicana tal como hoy existe. Puede ser que Porfirio Díaz se muestre favorable y equitativo hacia los inversores extranjeros y hacia sus inversiones; pero un gobierno que para su justicia depende de un solo hombre, no es un gobierno estable. ¿Qué pasará si muere Porfirio Díaz y continúa su sistema? ¿Quién puede garantizar la honorabilidad, equidad y amistad de su sucesor hacia los extranjeros y hacia los capitales extranjeros?
El martirio jamás es estéril, porque todo hombre ve en la frente del mártir una línea de su propio deber.
MAZZINI.
La Prensa en México.
Una prensa libre es la mejor policía de una nación.
La prensa de México tuvo que descender al nivel del gobierno de Díaz, y con tres excepciones, “El Diario del Hogar”, de México; “La Revista de Mérida”, de Mérida; y “La Opinión”, de Veracruz; todos los periódicos están subvencionados por el gobierno federal ó el de los Estados, y si algunos otros se muestran hostiles á la administración, es porque pertenecen al partido clerical, el que, á pesar de lo que dicen algunos mexicanos, constituye aún fuerte y peligroso elemento.
Hasta la época del primer período de Porfirio Díaz la prensa gozó de libertad. Aún la Constitución de 1824, en el artículo 31, permitió la publicación de las opiniones políticas. La Constitución de 1857 dice en su artículo 7--“la libertad de imprenta no tiene más límites que el respeto á la vida privada, á la moral y á la paz pública. _Los delitos de imprenta serán juzgados por un jurado que califique el hecho y por otro que aplique la ley y designe la pena._”--De esta manera los autores de la ley protegieron á la prensa concediéndole dos jurados independientes el uno del otro.
La administración de González reformó el artículo 7 precisamente en la cláusula en la que el legislador estableció con tanto esmero la protección de la prensa. Esa cláusula, que es la que he puesto con cursiva en el párrafo anterior, quedó transformada de la manera siguiente: “Los delitos que se cometan por medio de la imprenta, serán juzgados por los tribunales competentes de la Federación ó por los de los Estados, los del Distrito Federal y Territorio de la Baja California, conforme á la legislación penal.”
Sólo hay un pequeñísimo cambio, que consiste en que los tribunales, mejor dicho, un juez, en lugar de dos jurados, sea el que resuelva el caso. Parece una cosa baladí, pero para la administración era de suprema importancia eso de entenderse con sus propios jueces corrompidos, que pueden manejar á su antojo, en vez de entregarse á dos jurados que bien pudieran diferir de sus opiniones y obrar con independencia.
Desde 1884 quedó abolida la prensa libre y los periodistas han sufrido todo género de vejaciones.--Todo, aun la censura previa, es preferible al actual orden de cosas, en el que no sabe uno cuándo y cómo ha transgredido la ley. (Una Campaña Política, pág. 105) El mismo autor del citado libro agregó que en México, donde todo es anormal, no existe una ley aplicable á la prensa; que el gobierno ha preferido no legislar sobre la materia, para poder oprimir mejor. (Pág. 109.)
Aunque no hay en México ninguna ley de imprenta, toda transgresión de la prensa entra en el elástico capítulo de los “Delitos contra la reputación”, consignado en el Código Penal, libro tercero, capítulo primero. “Injuria--Difamación--Calumnia extrajudicial. Artículo 642. La difamación consiste: en comunicar dolosamente á una ó más personas, la imputación que se hace á otro de un hecho cierto ó falso, determinado ó indeterminado, que pueda causarle deshonra ó descrédito, ó exponerlo al desprecio de alguno.”
De esta manera todo, desde un editorial hasta un mensaje telefónico, desde un signo ó un mero “geroglífico” (sic) puede ser considerado como acto de difamación. En los Estados Unidos y en otros países civilizados nadie es culpable de libelo, conforme á la ley respectiva, siempre que pruebe la imputación. Pero en México si á una persona, pública ó privada, se la acusa de robo, pongo por caso, el acusador va á la cárcel por más que pruebe el cargo. Hace pocos años un periodista acusó á un funcionario público del delito de hurto, y probó el hecho. El funcionario, que era un general muy conocido, fué destituído, pero el periodista fué sentenciado á tres meses de prisión. En muchos Estados los gobernadores han dictado leyes especiales con el fin de poner un bozal á la prensa y de suprimirla, de extirparla.
En caso de infracción de la ley por medio de un artículo de periódico, todo el mundo, desde el propietario y el administrador hasta el mozo de la imprenta, y á veces hasta el muchacho que vende el periódico por las calles, va consignado en cuerpo á la cárcel, y los tipos, máquinas y demás parafernalia quedan confiscados. Esto ha acontecido multitud de veces, no sólo en los Estados, sino también en el Distrito Federal, en la misma Capital de la República. Algunas ocasiones el editor é impresor, pues en México es común que el editor sea también el impresor, recibe el consejo de emigrar de la ciudad y aun del país; pero lo más frecuente es que no reciba aviso de ninguna especie y que se le lleve á Belén con todo su estado mayor, y aun el menor.
En Belén hay un agujero llamado “celda de los periodistas”, el que siempre se encuentra habitado por gente de pluma enjuiciada. Una vez vi en Belén á uno de esos mártires, paseándose en traje de ceremonia, con el que fué aprehendido, y con el que se aguantó durante tres semanas, á pesar de lo poco apropiado que era para la ocasión y el lugar. Algunos de los periodistas más recalcitrantes continúan en la prisión sus labores con la pluma ó el lápiz.
No contento Porfirio Díaz con haber dictado todo género de leyes vejatorias en contra de los periodistas, utiliza á sus esbirros para perseguirlos y cazarlos como á fieras, y cuando los tiene acorralados ó enjaulados, se permite el lujo de la magnanimidad, ordenando que se les ponga en libertad, y les ofrece dinero ó puestos en el gobierno, como diputados ó senadores.
Hace algunos años fundó Díaz un periódico llamado por mal nombre “El Imparcial”, ministrando el dinero de la nación para el pago de las prensas, los tipos, el edificio y hasta del papel. A fin de matar toda competencia, el precio del periódico fué el de un centavo, moneda mexicana, equivalente á medio centavo americano, y, como era natural, su circulación pronto fué mayor que la de todos los demás periódicos combinados. No contento con esto, Porfirio Díaz creó el monopolio de la fabricación del papel en México, aumentando los derechos de importación al papel extranjero. Como resultado, el precio del papel es en México tres veces superior al de los Estados Unidos y la mercancía de una calidad muy inferior. Este monopolio está en manos de la camarilla del gobierno, la que ha asumido prácticamente la dictadura sobre la prensa de México. Nada más fácil para esa camarilla que matar á un periódico, pues todo lo que tiene que hacer es decir que lo siente mucho, pero que no le es posible proporcionarle papel en determinado día; y con esto, por regla general, muere la publicación.
Rafael Reyes Espíndola, el propietario y editor de “El Imparcial”, ha causado mayor daño al país que el que pudiera una inmensa nidada de culebras de cascabel esparcida en el territorio. Ese periódico ha arruinado más hogares, dañado más reputaciones, atacado y vilipendiado á más personas respetables que pelos tiene en la cabeza el tal Reyes Espíndola. Otras dos personas lo han ayudado en su asquerosa labor: Luis Urbina, secretario particular del Ministro de Instrucción Pública, y Carlos Díaz Dufoo. Esa trinidad de chantajistas, de falsificadores, de pícaros, alcahuetes y libertinos han sido perfectamente caracterizados por un caricaturista como la “Trimurti de la Avería” ó la Trinidad de la lepra moral. El capitán de esa cuerda de presidiarios sueltos es Rafael Reyes Espíndola; el más cínico, abyecto maligno, _reptilesco_ y sin vergüenza de cuantos hombres he conocido en mi vida. A este árbitro de la prensa, representante de la prensa oficial de México, á este embajador de la prensa de Porfirio Díaz, es á quien se ha conferido el poder, bajo la condición de que ha de matar toda competencia, es decir, todos los periódicos contrarios á la administración. Con dinero ilimitado á su disposición (el mismo Presidente confiesa que ha gastado más de un millón de pesos en “El Imparcial” en diez años) con la protección del Czar y la inviolabilidad que le da su carácter de Diputado al Congreso de la Unión, fácil es á Reyes Espíndola sacrificar á sus rivales. Recurre hasta á la falsificación para destruir á un contrario peligroso. Una vez, cuando no pudo hundir á un periódico por medio de armas legales, Reyes Espíndola hizo imprimir algunos ejemplares, un facsímil, una reproducción exacta del periódico contrario, con el título y todo, deslizando en él un artículo contrario á Porfirio Díaz, y como es natural, el editor con todos sus redactores y empleados fueron á la cárcel. ¿Cómo y para qué intentar establecer su inocencia, cuando la prensa oficial recurre á práctica tan abominable?
Hace como dos años y medio se estableció un periódico independiente, “El Diario”. El público de México lo saludó con entusiasmo, como á un nuevo Mesías, pensando que, como los fundadores y directores de la empresa eran extranjeros, esto daría al periódico una inviolabilidad desconocida entre los congéneres nacionales. Pero ese entusiasmo duró poco, porque el director, un tal Sánchez Ascona, dió pruebas de ser tan menguado como hombre, como grande como chanchullero. Las tabernas ínfimas eran su oficina editorial, y sus amigos políticos eran los descastados y parásitos. Tenía la ambición de ser un Horacio Greely mexicano, con una cartera de ministro en perspectiva; pero resultó un borrachín vulgar, un patán y un ratero. En cierta ocasión el periódico abrió una suscripción en favor de los niños pobres, y reunió $500 en efectivo, que fueron entregados á Sánchez Ascona. Hasta la fecha “El Diario”, no ha podido averiguar siquiera el color de ese dinero. Por último, fué echado á empellones, de la manera menos ceremoniosa que darse puede, y lo reemplazó otra clase de hombre, un Señor Híjar y Haro, amigo personal del Señor E. T. Simondetti, presidente de la compañía.
Híjar y Haro, que estuvo empleado en la secretaría particular del Presidente Díaz, y después fué pagador del ejército, es uno de los hombres más notables de México. Desprovisto de todas las pasiones características de la raza latina, parece más bien un anglosajón, calmudo, desapasionado de gran paciencia y siempre listo á hacer justicia; imparcial, sin prejuicios ni pequeñeces de ningún género. Su único defecto es su admiración incondicional hacia Porfirio Díaz. Sólo me puedo explicar esa adoración por su perfecta ignorancia de la historia política del Presidente, pues Híjar y Haro ha pasado toda su vida en Italia, donde su padre desempeñaba un puesto diplomático.
Híjar manejó el periódico casi como lo hubiera hecho Jesu Cristo, con esta salvedad: el Salvador llegó á incomodarse y lanzó á los mercaderes del templo; mientras que Híjar nunca ha llegado á incomodarse y no ha intentado siquiera arrojar á los mercaderes del templo de la Justicia.
A pesar de todo eso, bajo la dirección de tal hombre “El Diario” adquirió circulación y cierto prestigio; pero perdió su independencia, convirtiéndose en una hoja neutral é incolora.
El fundador de “El Diario”, un italiano ex-cachorro repórter de la prensa neoyorkina, es un tipo que no carece de interés. Vivo, asimilativo, trabajador duro, bien parecido, fascinador tanto de mujeres como de hombres, éste individuo posee muchas de las características de los napolitanos y de los mexicanos; es diplomático, con la frente audaz, pero en el fondo de su corazón es tan resbaladizo y tímido como una anguila. Superficial como un tenor, con una intuición femenil parecida al talento, con pobrísimo conocimiento de las gentes y de la naturaleza humana, y de pequeñez infinitesimal en sus odios y en sus amores. Comenzó pretendiendo una pitanza y acabó por embaucar é hipnotizar á un banquero americano para que ministrase los fondos para capitalizar á “El Diario”. En menos de dos años “El Diario” gastó más de $650,000; pero ahora cubre sus gastos. En los comienzos el periódico tuvo que capear todo género de temporales. El más encarnizado y peor de sus enemigos fué “El Imparcial”. El golpe más recio que recibió “El Diario” le vino de parte de Reyes Espíndola, quien procuró matarlo tan luego como apareció. Esto aconteció cuando Sánchez Ascona era todavía director de “El Diario”. El caso es que Sánchez Ascona cochechó á uno de los empleados del telégrafo para que proporcionara á nuestro periódico los telegramas procedentes de Guatemala, los que el Ministro de Relaciones, Ignacio Mariscal, se negaba á comunicarnos. Cuando Mariscal vió los telegramas del Ministro mexicano acreditado cerca del gobierno de Guatemala, publicados en nuestro periódico, aun antes de que él los hubiera abierto, se quedó maravillado, al principio, pero en seguida entabló procedimientos contra el director del periódico por hurto y divulgación de secretos de Estado. El director Sánchez Ascona, como diputado al Congreso de la Unión, tenía que ser juzgado por sus pares, es decir, por la Cámara de Diputados. Como de costumbre, el caso quedó pendiente por varios meses, durante los cuales los anunciadores, temiendo la próxima muerte del periódico, se negaron á renovar sus contratos.
Pero en esto se supo que Elihu Root miembro del Gabinete americano, iba á visitar á México, y el mismo día de su llegada á la capital arregló Porfirio Díaz un espectáculo, para demostrar al representante del gobierno de los Estados Unidos con qué justicia, templada por la clemencia, se trata á los periodistas en México. La farsa fué excesivamente bien desempeñada; se reunió el Congreso, erigiéndose en Gran Jurado Nacional, y la comisión respectiva declaró que no habiendo secretos en una república, no podía haber secretos de Estado, y, por lo tanto, no había delito que perseguir. El Señor Sánchez Ascona fué absuelto por unanimidad.
Más tarde, cuando “El Diario” comenzó á publicar datos sobre la sensacional quiebra de Jacoby, fué llamado violentamente nuestro director, Híjar y Haro, por el Ministro de Hacienda, José Ives Limantour, quien de la manera más atenta, pero más firme, le indicó que desistiese de seguir haciendo “insinuaciones” en el asunto Jacoby, ofreciéndole que los tribunales arrastrarían al banquillo á todos los culpables, y los trataría conforme á la ley. Pero todo el mundo, hasta el último rata reporteril de “El Diario”, sabía que Jacoby, que había robado y cuya quiebra ascendía á millones de pesos, estaba oculto en una hacienda de Íñigo Noriega, el socio de Porfirio Díaz. Todo el mundo sabía que la publicación de la verdad en el negocio Jacoby envolvería á la camarilla del Presidente Díaz y á Limantour en un gran escándalo de otro pequeño Panamá; que Jacoby no sería jamás juzgado, y que los tribunales jamás pondrían la mano en asunto tan delicado, á pesar de las promesas de Limantour.
Una carta, corta, pero muy política, de parte del secretario particular del Presidente, tenía siempre la mayor eficacia para cortar el hilo de nuestros mejores relatos. Bien sabíamos, por supuesto, que la exquisita y amable petición del secretario del Presidente era casi una orden y equivalía al lápiz rojo de la censura.
Cuando Telesforo García, un español modelo de inmoralidad, un tipo del bandido financiero, fué aprehendido, acusado de abuso de confianza, recibimos la visita del administrador de la fábrica de San Rafael, la monopolizadora del papel, quien solicitó que no se publicara la noticia de la prisión, á lo que accedió el periódico, comprendiendo que esa súplica equivalía á una amenaza.
Para que mis lectores se formen una idea aproximativa, no completa, del carácter de este Don Telesforo García, voy á relatarles un episodio de su vida financiera. Allá por el año de 1867, cuando se trasladaba el cadáver del Emperador Maximiliano, de Querétaro, donde el Príncipe fué fusilado, á México, Telesforo García era uno de los capataces de una empresa de carros, propiedad de Don Juan Martínez Zorrilla, un español de buena ley. García concibió el proyecto de robarse el cadáver del infortunado Príncipe austriaco, para venderlo después por una fuerte suma de dinero al Emperador de Austria, hermano de Maximiliano. Pero cometió la torpeza de comunicar su proyecto al íntegro Martínez Zorrilla, quien no sólo lo desaprobó, sino que, conociendo el carácter de Telesforo y desconfiando de él, fué á participar al Presidente Juárez de lo que se trataba, para que lo impidiera á toda costa. Juárez hizo que se duplicara la escolta que conducía el cadáver, frustrando el acto de bandidaje concebido por Telesforo García, hombre capaz de todo con tal que le produzca dos pesetas. La empresa de carros de Martínez Zorrilla era la encargada de la traslación del cadáver, y García el jefe de la expedición. Telesforo García ha hecho su fortuna por medio de varias quiebras fraudulentas.
Cuando “El Diario” intentó publicar, á simple título de información, los nombres de la juventud dorada, descendiente de los hombres de mayor influencia en México, con los pormenores de una corrida de toros dada por ellos en honor de algunas rameras de bajo coturno, con la ayuda oficial de soldados y bomberos, esos jóvenes, capitaneados por Enrique Fernández Castelló, hijo del Ministro de Justicia, y por Alberto Braniff, millonario y torero de afición, ejercieron presión en la empresa monopolizadora del papel para que dejase de ministrarnos el que necesitábamos, en caso de que publicásemos la noticia.
Otra vez, cuando “El Diario” publicó la noticia de una arbitrariedad ultrajante, consistente en la prisión de todos los concurrentes á un baile, sin exceptuar á los músicos, el jefe de la policía llamó al director de nuestro periódico á su oficina y le preguntó si tenía rencor ó mala voluntad en su contra.
Todo ataque en contra de cualquier departamento del gobierno, ó de cualquier empleado, se considera como un insulto personal, y con frecuencia da motivo para un duelo.
Una vez publicó “El Diario” una crítica sobre las labores de Justo Sierra, Ministro de Instrucción pública, y se presentó en nuestras oficinas uno de sus secretarios para reprocharnos nuestro atrevimiento de criticar al honorable Señor Ministro.
Desde el momento en que el Presidente coloca á cualquier individuo al frente del gobierno de un Estado, ó en cualquiera otro puesto público, tal individuo cree que está allí por la gracia de Dios, y no tolera la menor crítica, por más justa que sea.
Personas honradas han asentado que los funcionarios públicos viven en casa de cristal. Así lo creen también los funcionarios y empleados mexicanos, y por eso prohiben que les tiren piedras. Lo más que toleran es que se les arroje ramilletes de flores, pues aceptan todo cumplido, toda clase de adulaciones, por más burdas y repugnantes que sean, y al recibirlas hacen demostraciones extravagantes de afecto, como las viejas solteronas cuando se les dice una galantería sobre sus marchitos encantos.
En 1906, merced á los esfuerzos del Sr. Simondetti, se indujo á la Prensa Asociada á ir á México. Ese sindicato de noticias no ha contribuído al progreso de los conocimientos del mundo, dando cuenta de los asuntos de México, porque sus representantes apenas hablan el español, nunca se reunen con mexicanos y, por consecuencia, se encuentran imposibilitados para informar al cuartel general de New York sobre la exactitud de las noticias que envían. En el asunto de Orizaba remitieron las noticias que el gobierno quiso que circularan, y nada más. El gobierno mexicano tiene un censor en la oficina de la Prensa Asociada, quien lee todos los telegramas que remite fuera del país.
Bastará una pequeña anécdota para demostrar como el New York Herald consiguió uno de las mejores correspondencias de la Prensa Asociada. Mr. Nicholas Biddle, corresponsal que el Herald tiene para la guerra, pasó una semana en México. Una noche fué con Mr. Carson, el encargado de la Prensa Asociada, á las oficinas del “Mexican Herald”, para enterarse de las pruebas en español remitidas por “El Imparcial” y el gobierno. Mr. Biddle es un caballero americano muy erudito en español; leyó con detenimiento las pruebas, lo que no hizo Mr. Carson, y mientras éste andaba bobeando por la oficina, Mr. Biddle se embolsó las pruebas que contenían una larga disertación sobre la consolidación de los ferrocarriles mexicanos, escrita por J. I. Limantour. Carson se fué á acostar á dormir, pero Biddle se retiró á su hotel y estuvo trabajando toda la noche, traduciendo la noticia, la que telegrafió en la misma noche al New York Herald. Este periódico alcanzó un gran éxito con su noticia, mientras que la Prensa Asociada se devanaba los sesos á la mañana siguiente, pensando qué habría pasado con su corresponsal. Mr. Carson fué llamado á cuentas para que explicase su conducta, y mientras tanto Mr. Biddle sigue riéndose para su capote con motivo del asunto de la consolidación de los ferrocarriles.
Cuando hace unos cuantos meses ocurrió la rebelión de “Las Vacas”, el gobierno mexicano estaba tan atolondrado y desorientado, que no podía ni quería dar informes de ninguna especie. Fué incapaz de comprender que una declaración abierta y franca le hubiera hecho menos daño que su consuetudinaria conducta de misterio tonto. “El Diario” publicó las noticias tres días después que todo el mundo las conocía, pues Mr. Simondetti se encontraba muy azorado con motivo de una acusación hecha contra el periódico por el jefe de la policía. Esta última dificultad fué zanjada en un cuarto de hora; pero “El Diario” perdió la oportunidad de publicar la mejor noticia del año, por no tener á su frente á un verdadero periodista.
El único verdadero periodista de cuantos han trabajado en México, es Mr. Thomas J. O’Brien, quien habla cuatro lenguas, y tiene el olfato de las noticias. En la actualidad se encuentra al servicio del “New York Herald”; pero en la época á que me refiero trabajaba en “El Diario”. Una noche recibimos el soplo de que el Ministro de Guatemala había recibido un telegrama de importancia, relacionado con la tentativa de asesinato del Presidente Estrada Cabrera. Como no se podía confiar en los reporteros mexicanos para conseguir informes del caso, se comisionó á O’Brien para que, metiéndose por la puerta ó por la gatera, recogiese los pormenores. Corrió inmediatamente á casa del Ministro, y á pesar de que era la una y media de la madrugada, solicitó verle sin pérdida de tiempo. Cuando el Ministro apareció en su balcón, en paños menores, le informó O’Brien de que “El Diario” había recibido un telegrama de Guatemala con detalles del asesinato de Estrada Cabrera.--“Es falso” exclamó el Ministro.--“Está bien”, repuso O’Brien, “pero si no nos dice Vd. la verdad, publicaremos la noticia tal como la hemos recibido”. “Espérese Vd. un momento”, dijo el Ministro, “y le enseñaré el telegrama que acabo de recibir”. Y, en efecto, le leyó á O’Brien el telegrama oficial de su gobierno, con todos los detalles del atentado.
Al día siguiente apareció la noticia en la primera página de “El Diario” como una primicia, y todavía el inocente Ministro se está haciendo cruces sobre cómo consiguió el periódico el referido telegrama.
Si “El Diario” hubiese aceptado todo el dinero que se le ha ofrecido para que abandone la campaña contra las corporaciones avaras y poco escrupulosas, no necesitaría ya de la ayuda del gobierno mexicano.
La campaña más agresiva y violenta que ha llevado á cabo fué contra la compañía de los Tranvías de México, compañía americana, manejada por un Mr. Brown, de Boston. El número de los matados y estropeados por los carros en un año ascendió á la terrífica cantidad de 765, negándose la compañía á gastar en salvavidas. Yo sugerí la idea de atacar á los ministros del gabinete para forzarlos á obligar á la compañía á mejorar las condiciones existentes; pero ante esta idea el presidente y el director de “El Diario” sufrieron un ataque de gota del que no se restablecen aún.
La compañía de referencia ofreció á “El Diario”, por medio de Pablo Macedo, abogado de la dicha compañía, diez mil pesos con tal de que diese término á la campaña.--La Waters Pierce Oil Co. ofreció á Mr. O’Brien veinte mil pesos por desistir de la campaña emprendida contra ella y la Standard Oil Co.
Los señores Pearson and Son estaban dispuestos á tomar acciones de “El Diario” por valor de cincuenta mil pesos, con tal de obtener la ayuda del periódico en una campaña que tenía por objeto desterrar del país á la Waters Pierce Oil Co. Esos señores son los que han construído el ferrocarril de Tehuantepec y los puertos de Salina Cruz y de Coatzacoalcos, por cuenta del gobierno mexicano, y han gastado millones de pesos en la extracción y refinamiento de petróleo mexicano.
Por más que han hecho Porfirio Díaz y su camarilla, así como los gobernadores de los Estados, para matar la prensa independiente, ésta surge tan irrepresible é incorregible como de costumbre. Han apaleado, sometido á puntapiés, desterrado y asesinado á cientos de periodistas, los mártires de una causa desesperada, y, sin embargo, no logran exterminar la tribu, para desesperación del gobierno.
Antes de cada farsa de reelección, lo que antes acontecía cada cuatro años, y ahora cada seis, á guisa de maniobras militares, se hace una expedición general en el país con el objeto de capturar, aprehender y destruir todos los periódicos independientes, como lo hace la policía de New York con los rateros que se encuentran en la ciudad, la víspera de los días de fiesta. Sólo que en México las cosas se hacen á la viceversa.
En 1902, con el objeto de matar toda oposición á las elecciones próximas, fueron perseguidos ó sometidos á juicio por asuntos triviales, los siguientes periódicos:
EN LA CIUDAD DE MÉXICO.
1. El Hijo del Ahuizote. 2. El Paladín. 3. Onofrof. 4. El Alacrán. 5. La Nación Española. 6. El Diario del Hogar. 7. El Universal.
EN GUADALAJARA.
8. Juan Panadero. 9. La Tarántula. 10. Diógenes. 11. Jalisco Libre. 12. La Libertad. 13. El Correo de Jalisco. 14. La Gaceta.
EN MORELIA.
15. El Corsario.
EN HERMOSILLO.
16. El Sol. 17. La Luna. 18. La Libertad. 19. El Demócrata. 20. El Combate.
EN DURANGO.
21. La Evolución.
EN IRAPUATO.
22. El Avance.
EN ZACATECAS.
23. El Sentinela.
EN PACHUCA.
24. El Desfanatizador.
EN GUANAJUATO.
25. El Barretero. 26. El Sable.
EN SAN LUIS POTOSÍ.
27. La Opinión Pública. 28. El Demófilo.
EN MATEHUALA.
29. La Avispa. 30. El Demócrata. 31. El Progreso.
EN MONTERREY.
32. La Democracia Latina. 33. La Redención. 34. Justicia y Constitución.
EN LINARES, N. L.
35. El Trueno.
EN CHIHUAHUA.
36. La Voz de Altamirano.
EN TEZIUTLAN.
37. El Cuarto Poder.
EN TAMPICO.
38. Bala Rasa. 39. Hoja Blanca.
Esta es sólo una parte de la lista negra de la morgue periodística. Con este período coincide la persecución á los clubs liberales, los que en dicho año fueron suprimidos por el general Bernardo Reyes, Ministro de la Guerra, por orden de Porfirio Díaz.
El 24 de Enero de ese año el Diputado Heriberto Barrón,--quien por lo que toca á la raza es una mezcla de indio y de negro, y, por lo que respecta á la política, es una mezcla de esbirro y de descamisado; Scarpia que se disfraza de Marat, según la conveniencia del momento, y brazo derecho de Bernardo Reyes;--Heriberto Barrón, repito, hacía un viaje hacia el norte del país; dejó en San Luis Potosí al General Reyes, y acompañado con algunos soldados disfrazados de campesinos, se metió en el club “Ponciano Arriaga”, club político, y promovió un escándalo con el objeto de que los directores de dicho club fuesen aprehendidos y mandados á la cárcel. Dicho club estaba reconocido por todos los demás clubs liberales (existían en todas las ciudades principales del país y aun en la ciudad de México) como cabeza y centro de la confederación de todos los liberales. De esta manera mató Porfirio Díaz la organización liberal en su propia cuna, en la fuente de su poder. ¡¡¡Este es el modo que tiene el viejo hipócrita de preparar _una elección general y unánime por la voluntad del pueblo_!!!
Napoleón Bonaparte, que era un genio, declaró en cierta ocasión que si dejaba en libertad á la prensa de Francia, su poder no duraría tres semanas. Porfirio Díaz, que no es un genio, á no ser para la chicana y la inquisición, no duraría más de tres días si dejase en libertad á la prensa mexicana.
Bolivia es el ideal para Porfirio Díaz, sobre este punto. En esa república publicó el General Arce un decreto, en “El Diario Oficial”, declarando que: “La prensa está en libertad de escribir sobre todo, menos sobre asuntos religiosos y del gobierno.”
El ensueño de Porfirio Díaz sería una prensa sin comentarios, sin más que noticias de todas partes del mundo y lo que el gobierno permitiese bondadosamente que se publicase, con el aditamento de himnos y de hosannas en loor suyo.
Con buen tiempo todos podemos ser pilotos.
BACON.
Los Partidos Políticos.
Al decir “partidos políticos” uso de una palabra convencional, puesto que en México, como fácilmente se comprende, no existen ni pueden existir partidos políticos, desde el momento en que por más de treinta años ha estado gobernado por un mismo individuo como señor absoluto. Para que existan partidos políticos es indispensable la concurrencia de la opinión pública, y, como lo he probado ya, ésta fué ahogada por Porfirio Díaz desde los comienzos de su carrera política.
Durante muchos años la sociedad mexicana estuvo dividida en dos partidos opuestos, á saber: el reaccionario, encabezado por el clero y sostenido por el ejército, así como por los españoles y los que tenían pretensiones á la nobleza; y el liberal, republicano y con tendencias revolucionarias, representado por los hombres más talentosos del país, en el que estaba afiliada la clase media, la que allí, como en todas partes, era la de mayores energías y más altos ideales.
El partido reaccionario, después de haber sido derrotado por Benito Juárez en la sangrienta guerra llamada de “los tres años” (1857-60) fué el que llevó á México la Intervención francesa y el funesto ensayo del Imperio, el que concluyó con el fusilamiento de Maximiliano de Austria. Con la muerte del Emperador y de sus dos capitanes más prominentes, el partido reaccionario quedó vencido y desorganizado; pero el clero quedó en pie y tuvo buen cuidado de mantener el fuego bajo las cenizas, y en el silencio del misterio se dedicó á adquirir de nuevo sus cuantiosos bienes y á reconstituirse, sin tomar parte activa en la política, pero preparándose cautelosamente á fin de ser un factor poderoso cuando llegue la ocasión, esto es, cuando muera Porfirio Díaz.
El partido liberal se desorganizó después del triunfo del General Díaz, quien tuvo el cuidado de irlo debilitando, sin matarlo por completo, porque podría necesitarlo para contrarrestar los ímpetus del reaccionario en caso de que éste se atreviese á entrar en acción.
Los hombres prominentes del antiguo partido liberal fueron desapareciendo, bien por muerte natural, bien por medio del asesinato, como lo he demostrado; y los que sobreviven se encuentran en lamentable estado de decrepitud física y moral. Los generales Corona, García de la Cadena, Mejía, Régules, Escobedo, Juan N. Méndez, y todos aquellos que figuraron en las campañas contra la reacción y el Imperio, murieron ya. Los apóstoles de la libertad, Ignacio Ramírez, Ignacio M. Altamirano, Guillermo Prieto, Riva Palacio, Zamacona, José M. Iglesias, Ignacio Vallarta, etc., han fallecido durante el largo reinado de Porfirio Díaz. Quedan sólo dos individuos: Ignacio Mariscal y Félix Romero, momificado el uno en el Ministerio de Relaciones y el otro en la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Ambos son honorables y no tienen más defecto que el de haberse dejado engañar por el Gran Mistificador.
El partido clerical conserva y aumenta su influencia por medio de la prensa, pues sostiene buenos periódicos en la capital y en los Estados, mientras que el partido liberal ha perdido su representación en la prensa, pues unos se han vendido á Porfirio Díaz y otros se han visto obligados á suspender la publicación de sus periódicos con motivo de las persecuciones del gobierno. El único periódico que sobrevive es “El Diario del Hogar”, arrastrando una existencia llena de tribulaciones y de ansiedades, habiendo sufrido su director y propietario, Filomeno Mata, varios ingresos en la cárcel.
El incidente que paso á relatar dará un ejemplo de los medios insidiosos y traidores de que se valen los clericales para suprimir la oposición liberal.--En 1901 un sacerdote llamado Joaquín Pérez, que contaba 50 años de edad, escribió á Monseñor Averardi, Delegado Apostólico, una carta solicitando la reducción de la tarifa para la administración de los sacramentos. Esa petición estaba subscrita por millares de católicos. Averardi le contestó diplomáticamente que consultaría el caso con el Papa. Pero en lugar de hacerlo así, dió una comida privada á Mucio Martínez, gobernador de Puebla, y convenció á éste de que Pérez estaba fraguando una conspiración política. El gobernador dió la orden de que el infortunado sacerdote fuese asaltado de noche en su parroquia de Atlixco, golpeado y metido en la cárcel. Le confiscaron todas sus propiedades y sus muebles y lo tuvieron encerrado durante catorce meses, padeciendo de reumatismo. Casualmente, y gracias á los esfuerzos de su hermana, quien solicitó y obtuvo la intervención de su tío Ignacio Mariscal, logró verse en libertad.
Mucho se ha dicho respecto del “partido científico”; pero la verdad es que éste no ha existido jamás, al menos como verdadero partido, y lo más propio sería considerar á este grupo de especuladores políticos constituido para explotar á la nación como “Chanchuyero científico”.
El tal grupo está capitaneado por José Ives Limantour, el Ministro de Hacienda, colaborador, socio y cómplice de Porfirio Díaz en todo negocio podrido. Dicho grupo está formado por economistas improvisados que plagian á Leroy Beaulieu y á Augusto Comte de la manera más desvergonzada. Los más virulentos de los representantes del grupo son Carlos Díaz Dufoo y Manuel Flórez. Los directores visibles de este trust de todos los negocios de México, son Sebastián Camacho, Pablo Macedo, Miguel Macedo, Joaquín D. Casasús, Pimentel y Fagoaga, José Castellot, y cuatro ó cinco más, todos ellos inteligentes, quizás demasiado inteligentes, quienes forman una especie de muralla china al rededor del Ministerio de Hacienda, que es su Pactolo, á fin de impedir que otros se puedan bañar en las aguas de oro. Son abogados, banqueros y periodistas, y ningún negocio de importancia puede prosperar con el gobierno, ni en la prensa, ni en los tribunales sino es patrocinado por los acaudalados de la oligarquía.
Este grupo, ensoberbecido por el buen éxito, pretendió elevar á la presidencia á su jefe Limantour, no por consideraciones políticas, sino por conveniencia mercantil, para poder continuar de un modo indefinido y en mayor escala su obra de espoliación.
He aquí la parte interna de la historia de cómo perdió Limantour la vicepresidencia, á causa de una indiscreción cometida en un “five o’clock tea”. Los miembros del grupo “científico” habían convencido al Presidente Díaz de la conveniencia política de hacer una visita á los Estados Unidos y á Europa, como la que verificó el General Grant; viaje que no sólo serviría para ensanchar el prestigio de la nación, al ser anunciado el nombre de su Presidente por el mundo entero, sino que serviría también para patentizar que Porfirio Díaz podía dejar á México en paz con Limantour de vicepresidente.
Díaz se encontraba seguro por lo que á Limantour respecta, pues pensaba dejar al General Reyes en el Ministerio de la Guerra, como un contrapeso en la balanza de la política. Pero Limantour confió el secreto á su esposa, la que, en su alegría, no pudo resistir al deseo de hacer la confidencia á algunas de sus amigas de que “el próximo five o’clock tea les sería ofrecido en el Castillo de Chapultepec”.
Las que oyeron la confidencia, fueron á todo correr á llevar el soplo á Carmelita Díaz, la esposa del Presidente. Carmelita, como generalmente la llaman los mexicanos, sintió altamente ofendida su dignidad y su vanidad de reina de México, y en vez de quejarse con el Presidente, tomó el más hábil de los partidos. Llamó á Teodoro Dehesa, Gobernador de Veracruz y uno de los mejores amigos de Porfirio Díaz, y le contó el incidente, añadiendo, por vía de reflexión, “que si esas gentes obraban con tanta arrogancia cuando todavía se encontraban sometidas á la subordinación, ¿á dónde llegarían cuando Porfirio se encontrase fuera del país?” Suplicó á Dehesa que tomara cartas en el asunto en favor de ella y en favor de Porfirio.
Dehesa cumplió con su cometido con tanta habilidad que llegó á convencer al Presidente de su error, y Porfirio le ordenó que se apersonase con Limantour y le arrancase un documento en que lo relevase de su compromiso.
Por largo tiempo figuró como uno de los tenientes del “grupo científico” un tal Rosendo Pineda, del que hablaré un poco después.
En contraposición con este grupo se encontraba el partido “reyista”, el que llegó á su apogeo cuando su jefe, el General Bernardo Reyes, se encargó de la cartera de la Guerra.
Los antecedentes de Reyes no eran los más apropósitos para conquistarle popularidad, pues hay en su vida páginas de sangre que lo hacen más temible que el mismo Porfirio Díaz.
Pero Reyes no es ladrón y, además, aparece como patriota, liberal y ultramexicano, y, por el momento, era el único hombre que podía ponerse enfrente del partido de Limantour para equilibrar su influencia, puesto que representaba ideales contrarios á los de la mafia científica. Reyes creó “La Segunda Reserva”, que fué una especie de guardia cívica al servicio inmediato del Ministerio de la Guerra. En esa segunda reserva podía afiliarse todo individuo que pudiese probar en un examen que tenía los conocimientos rudimentarios para desempeñar el cargo de subteniente, lo que le daba carácter militar y el derecho de portar uniforme y espada. Los obreros, siempre mediante examen, podían aspirar á cabos y sargentos.
El proyecto agradó á las masas y despertó inmenso entusiasmo. Todo el mundo comprendió desde luego las trascendencias de esta idea y las ventajas que podrían sacarse de una organización semejante, en un momento dado. Pero Limantour lo comprendió también y, como lo tengo dicho en otro capítulo, Reyes fué eliminado del Ministerio de la Guerra, é inmediatamente quedó abolida la Segunda Reserva.
En la campaña que emprendieron los reyistas contra Limantour y los “científicos”, hicieron un verdadero despilfarro de acritud y de energía. Fundaron periódicos y atacaron á la cuadrilla con tal violencia y denuedo como no se había visto jamás en México. Muchos jóvenes de talento y de influencia figuraron en esos periódicos. El más prominente de todos fué Rodolfo Reyes, hijo del General, abogado talentoso, sin miedo, enérgico, de gran cultura y con una vida privada inmaculada. Está llamado á ascender muy alto en su país en cuanto cambie la situación, á pesar de ser hijo del General Reyes. Una vez le pregunté cuál era el programa político de él y de su padre, y me contestó:--“Mi padre y yo trabajamos cada uno por su lado, aunque ambos tenemos un ideal político común: el de oponernos á que se mezclen los negocios con la política”.
Los dos hijos de Joaquín Baranda, que era entonces Ministro de Justicia, fueron de los más audaces en el ataque. Los escritores de más talento fueron Luis del Toro, el Dr. Francisco Martínez Calleja, José J. Ortiz y Diódoro Batalla. Publicaban “El Correo de México” y “La Nación”, y es seguro que en México nunca se han leído editoriales más impetuosos, más hábiles, cáusticos y contundentes. El pobre Limantour y su “pandilla científica” fueron atenazados por la publicidad, sin compasión alguna, y les arrancaron á jirones su hipocresía política hasta dejarles los huesos al descubierto.
Si un “five o’clock tea” echó á perder las posibilidades de Limantour para la vicepresidencia, los artículos de los dos periódicos mencionados lo acabaron de desacreditar como candidato á la presidencia, ante los ojos del pueblo mexicano.
En el grupo de los reyistas figuraban también Joaquín Baranda, el más inteligente de todos, y que era á la sazón Ministro de Justicia, y ejercía gran influencia en los Estados de Campeche y de Yucatán, cuyos gobernadores eran hechura de él; Teodoro Dehesa, gobernador de Veracruz, quien tiene mucho del cardenal Mazarino, y el más sutil y hábil de los políticos mexicanos, y el General Bandala, á quien llaman por apodo “el Vándalo”, gobernador de Tabasco; de manera que el reyismo dominaba en todos los Estados del golfo de México.
Con la salida de Reyes del Ministerio de la Guerra y la destrucción de la Segunda Reserva, bajaron las acciones de ese grupo, hasta que al fin dejaron de cotizarse.
Cuando Porfirio creó la vicepresidencia, obedeciendo á las sugestiones de Washington, el “partido científico” volvió á la vida, pretendiendo ejercer presión sobre el Presidente para que designase á Limantour. Por desgracia para ellos, era ya demasiado tarde, pues ya había quedado plenamente probado que la Constitución le cerraba el paso, y aunque la Constitución no es un obstáculo para Porfirio Díaz, éste no la viola nunca en provecho de un tercero, sino en el suyo propio.
Los reyistas también quisieron promover intrigas en favor de su candidato; pero el General Reyes comprendió lo peligroso y extemporáneo de semejante movimiento, y encubriéndose con la capa de la disciplina militar, prohibió á sus partidarios que imitasen la torpe conducta de los “científicos”.
Entonces Porfirio Díaz, por sí y ante sí, eligió “libremente” á Ramón Corral vicepresidente de la República, causando el mayor asombro al país entero, pues Corral era en aquella época un factor desconocido en la política. Este movimiento originó una nueva orientación en la política, y se sospechó que Corral sería el sucesor de su protector. Comenzaron las deserciones. Los “científicos” impusieron un coadjutor á Corral, designando para el cargo á Rosendo Pineda, que había sido el Jago de los “científicos” y es ahora el Mefistófeles de Corral. Este Rosendo Pineda es un oaxaqueño, y por varios años fué el secretario particular de Romero Rubio, (suegro de Porfirio Díaz) en el tiempo en que estuvo encargado de la cartera de Gobernación, y con este motivo estaba al tanto de todas las triquiñuelas de la política interior. Pineda es un abogado mediano, un orador de pocos vuelos y un intrigante vulgar; pero al mismo tiempo tiene mucha audacia, una ambición insaciable y sin escrúpulos, con todo lo cual se ha formado una reputación, que sabe explotar. Pineda, con su malicia de indio y su perspicacia de rábula de pueblo, comprendió desde luego la situación, y en vez de vigilar á Corral y de dirigirlo conforme á las miras de “los científicos”, se confabuló con él, traicionando á su partido, para hacer su propio negocio al amparo del nuevo sol que se elevaba en el horizonte.
Corral, guiado por su propia intuición y tal vez también por los consejos de Pineda, no ha dado gran importancia á su cargo de vicepresidente, y se limita á ser un secretario del gabinete presidencial, sirviendo ciegamente á su jefe y atendiendo á sus negocios privados, á los que debe su inmensa fortuna, confiando tranquilamente al tiempo la resolución del problema.
No goza de ninguna popularidad en México; á nadie se le consiente adquirirla, y menos aún que cree un partido personal, pues quien tal cosa se permitiese, pronto vería en juego las máquinas ocultas de Porfirio Díaz para destruirlo.
La posición de Corral es bastante difícil. Es el segundo de un hombre que no consiente que ninguna estrella eclipse su propio sol. Sin embargo, hay que admirar su tacto, su silencio, su arte de hacer lo necesario en el momento preciso, su habilidad en la conducción de la nave vicepresidencial á través de los arrecifes en que han encallado tantos hombres políticos. Está dotado de cierto espíritu humorístico, de sagacidad y de carácter, y no se le podrá juzgar mientras no llegue á la presidencia. En los años que he pasado en México he oído muchas opiniones contrarias y muchos juicios superficiales respecto de este hombre; sólo una vez oí una apreciación justa é imparcial emitida por un mexicano, el talentoso joven liberal Don Flavio Guillén, siendo su juicio tanto más notable cuanto que Guillén no se ocupa en la política ni debe nada á Corral.
En conclusión, no hay en México partidos políticos, sino pequeños grupos personales, los que, cuando las circunstancias lo permitan, servirán de núcleos para la formación de tales partidos.
Como resultado de las pérfidas declaraciones que hizo Porfirio Díaz en el Pearson’s Magazine, por medio de Creelman, asegurando que por ningún motivo aceptaría su reelección para otro período presidencial, muchos mexicanos cayeron en la trampa, pues tuvieron la candidez de aceptar como buenas las protestas del viejo zorro, y comenzaron á promover la formación de partidos para entrar en la próxima lucha electoral. Pero tal lucha electoral es imposible, pues aunque Porfirio Díaz realmente no aspirase á la reelección, jamás consentiría en que ocupase la silla presidencial un individuo que no fuese hechura suya.
Sucedió lo que temían todos aquellos que conocen al viejo Maquiavelo, esto es, que Porfirio Díaz condescendió bondadosamente á aceptar la nueva reelección, y en tal virtud, aquellos que soñaban en capitanear la próxima campaña, se conforman con ser brindadores de comilonas, directores de murga, y cabeza de coros y comparsas, para hacer creer á los incautos que están organizando clubs independientes, no para elegir presidente, punto que no está á discusión, sino para “elegir” con toda libertad al vicepresidente “nombrado” por Porfirio Díaz. No puede darse conducta más innoble ni más cobarde que la de esos sicarios que quieren aparecer ante los ojos del pueblo vestidos con la túnica inconsútil del apóstol.
Porfirio Díaz, siguiendo la máxima de “divide é imperarás”, ha hecho creer al General Reyes que será el próximo vicepresidente. Reyes contestó ese pretendido ofrecimiento haciendo publicar una entrevista llena de lugares comunes, poniéndose incondicionalmente á las órdenes de su superior.--Siete editoriales de “La Patria” bastaron para matar la candidatura de Creel; la única que queda en pie todavía es la de Corral, quien continúa su política de silencio, metido en su concha, é imitando á los fakires de la India.
Porfirio Díaz tiene tanta voluntad de abandonar el poder como yo de ser presidente de Patagonia; ni por casualidad ha pensado nunca en aflojar las riendas de su poder férreo, para ayudar á los demócratas ó liberales ó á los mexicanos en general á que aprendan á gobernarse por sí mismos. Morirá en la silla presidencial, como un insecto pegado á un papel cazamoscas.
Sin embargo, la obra de la evolución se va operando de un modo lento, pero seguro. La nueva generación, con ideales más elevados que los de Porfirio Díaz y sus compinches, ó sean los voraces “científicos”, comienza á fijarse en el espectáculo que se está desarrollando ante sus ojos. El joven México tomará la palabra tan pronto como la tempestad de la reacción se desencadene sobre el país, después de la muerte de Díaz. Dos jóvenes, que cuentan con amigos fieles y talentosos, representarán entonces papel de importancia: Rodolfo Reyes y Emeterio de la Garza. El último tiene todos los atributos del caudillo, la lealtad para con sus amigos, talento, habilidad para escribir y para hablar, intrepidez y arrojo, y siempre está listo para afrontar una situación por más desesperada y abrumadora que sea. Como los que hacen más ruido son siempre los que más llaman la atención, estos dos jóvenes se impondrán, á pesar de su juventud. Otros de los jóvenes de talento, patriotismo y de propósitos honrados ayudarán en la dirección de los futuros destinos de México. Entre ellos hay que citar á Diódoro Batalla, el orador de más talento y más patriota del país, Díaz Mirón, Joaquín Clausel, Gabriel González Mier, Ignacio de la Peña y Carlos Pereyra.
El partido clerical, que ha recibido la mayor protección y ayuda de parte de Carmelita Díaz, no debe dormirse sobre sus laureles, y debe ampliar su estrechez de miras, pues la continuación de su política mezquina provocará un cisma entre los católicos liberales de México y la Madre Iglesia de Roma.
La situación, después de la muerte de Porfirio Díaz, dará origen á una pugna por la presidencia entre Corral y Reyes, en caso de que Porfirio Díaz insista en reelegir vicepresidente al primero. Corral tendrá que poner á prueba su bizarría en las tres primeras semanas siguientes á la muerte de Díaz, pues “los científicos” consideran á Reyes no sólo como al más encarnizado de sus enemigos, sino como una amenaza para el país. He oído hablar á varios de esos “científicos” respecto de la conveniencia de asesinar al General Reyes, no sólo como un medio de concluir con la rivalidad, sino como una medida política. Esto lo sabe Reyes perfectamente, y por eso vive en la montaña, en una especie de castillo llamado “El Mirador”, á usanza de los barones bandoleros de los tiempos medioevales, listo para caer sobre México, como un ave de rapiña. Tiene ahora algo más de 60 años y su ambición por la presidencia es incontrastable. Si se le pone en la disyuntiva de ser asesinado ó de arrebatar la presidencia á Corral, las conjeturas están á su favor. Si saliese de Monterrey con 25 hombres, al llegar á México contaría de seguro con 25,000.
Pero quien quiera que llegue á ser presidente el hecho es que no es posible la continuación del orden de cosas que hoy reina, y que el pueblo mexicano no lo consentirá. Todos están ya cansados y enfermos á causa de esos métodos perversos y dañosos, y si han soportado durante tiempo tan largo á Porfirio Díaz, no es por cobardía, sino porque han abrigado constantemente la esperanza de su muerte, desde hace más de diez años, y al ver frustradas esas esperanzas no han pensado en que el puñal del asesino podría prestar buena ayuda porque con eso no mejorarían la situación.
Todo el mundo está cansado de esta prolongada y fastidiosa farsa de un candidato presidencial perpetuo, inmoral y peripatético. Todos están pendientes de un signo de decadencia física ó mental de este opresor, que parece indestructible, cuya mejor aliada ha sido la muerte, la que se ha negado á arrebatar la vida de un hombre que le ayuda más en el exterminio de existencias que las conflagraciones, la epidemias y los terremotos. Todos imploran al cielo para que ponga fin á esta carrera interminable, y contemplan las líneas y las arrugas de esa máscara impasible, ansiosos de encontrar la profecía de un desenlace próximo.
“Ya estamos cansados de él” me decía mi mexicano. “Pero no es posible que viva más de dos años”, le respondí. “No se deje Vd. engañar”, repuso mi amigo, “el día en que Porfirio Díaz sienta que se posa en su hombro la mano helada de la muerte, se precipitará hacia una pluma _y firmara un decreto prolongando su existencia por veinte años más_.”
Porque él es tal como su alma piensa.
PROVERBIOS XXIII. 7.
No podéis voltear una pirámide, pero podéis minarla; eso es justamente lo que he intentado hacer.
A. LINCOLN.
Porfirio Díaz.
¿Qué clase de persona es Porfirio Díaz? La admiración oficial y el servilismo, la adulación y algunas veces el elogio bien intencionado, y, sobre todo, la ignorancia extranjera han contribuído á la formación de una asombrosa leyenda, á la creación de un mito sorprendente al rededor de este individuo, hasta el punto de que aparezca como iconoclasta todo aquel que intente hacer un análisis concienzudo de semejante personalidad.
Le han puesto la etiqueta de el más grande de los estadistas modernos; más eminente que Bismark; superior desde el punto de vista militar á Alejandro, César y Bonaparte; más trascendental que Washington y que Lincoln; más puro en su patriotismo que Mazzini ó Garibaldi; diplomático más sutil que León XIII ó que Talleyrand; tan divino como Cristo, Buddha y Sri Krishna, y se le ha llamado lo más grande que existe entre el Amazonas y los Andes (sic).
En 1899 dos periodistas latinoamericanos tuvieron una discusión sobre qué despertaría más intensamente la atención pública, si la noticia de un gran descubrimiento científico, ó un elogio de algún gran hombre. Para hacer la prueba, uno de ellos publicó la nueva de un maravilloso descubrimiento relativo al cultivo de la caña de azúcar, y el otro publicó una entrevista con Tolstoi, haciendo el panegírico de Porfirio Díaz. Ambas fueron ficciones cortadas de la misma pieza de paño. La primera pasó inadvertida, pero la segunda fué reproducida por todos los periódicos del país y fué citada en una obra sobre la vida de Porfirio Díaz como poderoso argumento para su continuación en el poder.
Para un hombre honrado, todas estas adulaciones promiscuas, mentidas y groseras son nauseabundas; para un hombre humorístico son idiotas; para una persona inteligente sólo prueban la pequeñez del calibre mental de Porfirio Díaz y de sus sicofantes.
Físicamente, este hombre providencial ha sido dotado por la naturaleza con una perfección casi sobrehumana, y ha cultivado ese don con una actividad laboriosa y persistente. Hasta la edad de 37 años peleó casi sin tregua, convirtiendo en acero sus músculos, fortaleciendo su constitución por medio de un método de vida vigoroso, sobrio y casto. Sus progenitores indios le dieron la pulpa, sus progenitores españoles la capacidad cerebral.
De mediana estatura, parece alto gracias á la excelente proporción de sus miembros. Los pies y las manos son grandes; su gesticulación es mesurada y calmosa. La frente es baja, oblicua é inintelectual; los ojos como cuentas, penetrantes, algunas veces bondadosos y festivos, siempre observadores y suspicaces. La nariz deformada por ser las ventanillas demasiado dilatadas en forma de arco, como las amplias de un caballo que resopla después de la carrera. La barba ancha, con poderosas mandíbulas macizas y articuladas como un molino de tortillas; las orejas grandes, afeadas por los largos lóbulos, característica de hombres y de razas destinados á la longevidad. El pelo y el bigote blancos; el cutis claro, salpicado de rojas manchas hécticas.
Compárese esta descripción con cualquiera de sus retratos de cuando tenía 37 años, ó de menos edad aún, y se verá que la transformación ha sido maravillosa, casi increíble. Las fotografías ó daguerrotipos de esos tiempos lo presentan como un tipo común, brutal, casi criminal. Los mechones irsutos de cabellos negros, el ralo y caído bigote y la más rala perilla, y la piel morena lo hacían aparecer como una mezcla del “pelado” endomingado y del lacayo japonés. Merced al restregamiento, al estropajo, á los baños de regadera, al jabón y á la alimentación propia de la gente, se ha transformado de un grasiento condottiere en un completo Czar blanco, algo así como el producto del cruzamiento de un Bismark de frente estrecha y de un Crispi azteca.
Tenía un propósito de los más amplios y sacrificó todo á su avasalladora ambición, y, semejante á un nuevo Saturno, devoraba á los hijos de sus deseos tan pronto como nacían. Su salud, su energía, todo su tiempo fueron consagrados á ese único propósito. Cuanto para los demás hombres son atractivos, distracciones y divertimiento, fué hecho á un lado si no encajaba en el plan que se había trazado de antemano. Jugar, fumar, beber, las mujeres, el teatro, las bellas artes, los deportes, la lectura, fueron desechados para reconcentrar todas sus energías en el gran juego de la política y de su ambición personal, en el que con frecuencia la brillantez no resulta, mientras que la aplicación constante y la actitud alerta conducen al buen éxito.
En lo político un intruso, y en lo social un descastado, Porfirio Díaz ascendió lentamente por la escala, valiéndose de todos los medios concebibles. Su matrimonio con una hija de Romero Rubio, perteneciente á una de las mejores familias de México, le abrió el camino para su aceptación en la sociedad; colocó en su guardia personal, prácticamente como ayuda de cámara, al orgulloso millonario de sangre azul Pablo Escandón, y casó á su hija natural (de Díaz) con uno de los hombres más ricos del país.
Este ex-merodeador y bandido político, cuyo padre, según el dicho popular, fué un sacerdote, cuya madre fué una india mixteca, cuya hija natural introdujo cándidamente en la alta sociedad, cuyo yerno es un sodomita notorio, y cuyo concuño es un abogado alcohólico y un descarado cazador de gorronas, ese hombre se ostenta ahora como árbitro de la aristocracia de México y decide quién es el primero entre los principales.
No cometió la torpeza de visitar oficialmente Europa y los Estados Unidos para ser objeto de los homenajes, la curiosidad y los juicios de los extranjeros, pues, como su esposa lo soltó en cierta ocasión en que se le hacía con insistencia la pregunta de “por qué no hacía Porfirio un viaje por Europa”,--“Porfirio tiene el temor de hacer mal papel”, y volviendo en sí rápidamente, añadió: “porque no habla ningún idioma extranjero”.
Su vida privada durante los últimos treinta años ha sido inmaculada, y aunque se encuentra rodeado de todos los lujos, ha vivido con la sencillez de un ermitaño; abstinente como un árabe en lo que respecta á la comida y á la bebida; en un país en el que todos fuman, él forma la excepción de la regla; allí donde el alcoholismo es desenfrenado, él toma sólo agua; allí donde todo el mundo va á toros, él se queda en su casa; no va al teatro sino cuando hay una función oficial; no caza sino rara vez; no juega nunca. Vida privada, higiene personal, trabajo asiduo, economía física é intelectual han sido reconcentrados por él para la prolongación del poder por medio de un cuerpo perfecto.
Todo su tiempo, aun sus ratos perdidos, está consagrado á sus obligaciones especiales; no se exime de ningún deber oficial, y concurre á la inauguración de un monumento con la misma exactitud con la que recibe á un visitante. Presta paciente oído á toda petición, demanda, protesta y adulación; recibe á los funcionarios y visitantes extranjeros, ministros y cónsules, gobernadores, jefes políticos, etc., y á todos los escucha, silencioso y atento, inescrutable, avaro de palabras, ambiguo en sus promesas, deliberado en sus discursos y maneras. Con un conocimiento instintivo y profundo del hombre, aumentado por la larga experiencia adquirida en el poder, y dotado de una memoria prodigiosa para los nombres y las facciones de los individuos, es una enciclopedia viviente que contiene á todo el pueblo mexicano. Tiene siempre un ojo fijo en cada amigo y en cada enemigo, perdonando algunas veces, pero sin olvidar nunca.
Una vez que el General Reyes, de Colombia, le preguntó si consideraba á Limantour un gran estadista, le contestó: “--No, porque Limantour nunca perdona á sus enemigos, y en política es necesario algunas veces perdonar.”
Después de haberse deshecho de sus rivales más peligrosos, presintiendo que las ejecuciones al por mayor no podían seguir á la orden del día, comenzó á utilizar á todos los pícaros y á algunos de sus enemigos para la prosecución de sus propios fines, así como á veces se usa de mortíferos venenos con propósitos medicinales.
Fué favorecido con un gran sentido común que se dislocó á causa de su ambición personal. Si la ambición egoísta desnaturalizó su sentido común, el miedo le hizo cometer todos los errores de su carrera política. Como todo individuo propenso á la ira, Porfirio Díaz no es realmente hombre de valor, pues, como dice La Canción de la Selva, “La ira es el huevo que contiene el germen del miedo”. Miedoso y, por lo tanto, vigilante, se ha salvado por estar siempre alerta, como la liebre por tener siempre abiertas sus largas orejas.
Equivocó la crueldad considerándola como fuerza de carácter, y por eso siempre estuvo listo para aterrorizar, temiendo que lo tuvieran por débil. Como resultado de la ultrajante ley del níquel y del pago de la famosa deuda inglesa, en el período de González, hubo un motín. “Apuñaléalos á todos” aconsejó Porfirio Díaz á González. Pero González no tuvo miedo.
La ambición y el miedo son las dos pasiones que han dominado á Porfirio Díaz en su vitalicia carrera política. Una ambición gigantesca, ultraegoísta, venal, monopolizadora y personalísima. Un miedo, resultante de dicha ambición egoísta, de naturaleza rastrera pusilánime y cobarde.
En el año próximo pasado, con motivo del 16 de Septiembre, los estudiantes de México quisieron hacer una procesión en las calles de la capital, y enviaron á un Señor Olea en representación de ellos para solicitar el permiso del Presidente. Porfirio Díaz le contestó:--“Sí, pero téngase mucho cuidado, porque los mexicanos tienen en la sangre la tendencia revolucionaria”. No se comprende como tres puñados de muchachos, en una manifestación desarmada, podían constituir una amenaza para la República, cuando estaba la capital guardada por 5,000 soldados, rurales y policías.
Sólo admitiendo este estigma vergonzoso y bien oculto bajo la, en apariencia, frente intrépida de este hombre, pueden explicarse lógicamente actos tan viles é infames como los asesinatos de Veracruz y la carnicería de Orizaba. En ellos aparece Díaz poseído del pánico, como un vagabundo que dispara desatinadamente á los fantasmas que vuelan en las tinieblas; tan aterrorizado que el único medio de deshacerse de su infundado miedo fué aterrorizar á los demás.
Otra de las características de su madera mestiza, pintada de manera que parezca de hierro, es su facilidad para derramar lágrimas. Tuve oportunidad de verlo anegado en llanto con motivo de la recitación de un poema romántico por una bonita muchacha, en un acto público.
Sus enemigos le han dado el apodo de “el llorón de Icamole”.--Perdió Díaz la batalla de ese nombre, el 20 de Mayo de 1876, ganándola el General Fuero, y como se suponía que ese encuentro decidiría de su fortuna política, en medio de su desesperación y rabia dió el ridículo espectáculo de ponerse á llorar por su derrota.
Cuando sus visitantes, nacionales ó extranjeros, le hacen manifestaciones de aprecio, celebrándole sus victorias militares, su habilidad de estadista, su patriotismo y su generosidad, entonces se deshiela y brotan las lágrimas de sus ojos y corren sobre sus mejillas, como se funde en la primavera la helada laguna inundando el llano.
Cuando el capitán Clodomiro Cota fué sentenciado por un consejo de guerra á ser fusilado, su padre fué á ver al Presidente, y de rodillas, llorando, imploró el perdón de su hijo. Porfirio Díaz lloró también, y levantando á aquel desgraciado padre, murmuró la siguiente ambigua frase:--“Hay que tener fe en la justicia”. El padre salió consolado, creyendo que se le había otorgado su petición. Pero á la mañana siguiente su hijo murió en el cadalso. Las lágrimas de Porfirio Díaz son lágrimas de cocodrilo.
Lo que es más raro aún en la constitución de este camaleón moral é intelectual, es su espíritu epigramático el que, según las noticias que circulan sobre el particular, es muy agudo y siempre da en el blanco.
Cuando aprehendieron al General Escobedo, sus amigos se quejaron con el Presidente Díaz sobre la falta de consideraciones hacia su víctima política, que había sido el más inteligente de los generales durante la guerra de la Intervención y del Imperio, y una de las más puras glorias del país. “Sí, respondió meditabundo el Presidente, estoy de acuerdo con ustedes, y mi mayor deseo es verlo en el Panteón de los Hombres Ilustres”. Los que conocen cuál ha sido la suerte que han corrido los demás generales ambiciosos son los que pueden apreciar en todo su valor esa salida macabra.
El yerno del Presidente iba con frecuencia á tomar el lunch al Castillo de Chapultepec y siempre llegaba con retardo. Cuando por tercera vez trataba de disculpar su falta de puntualidad, achacando la causa al automóvil, el Presidente le dijo: “¿Acaso ignora Vd. que el automóvil requiere gasolina y no alcohol para su locomoción?”
En una ocasión Mrs. A. Tweedy preguntó á Porfirio Díaz cómo concibió la primera inspiración de ser presidente, y éste le respondió con el aire más inocente del mundo: “--Nunca la tuve.--Fuí meramante arrastrado á la posición que hoy ocupo, y con frecuencia me admiro al considerar cómo ha podido suceder”. Este es un rasgo clásico de humorismo, que acredita á Porfirio Díaz para candidato del Club de Ananías, ó sea el de los embusteros.
Nada es más divertido que ver á este déspota sin escrúpulos que “puso de su parte todo cuanto le fué posible para vivir y luchar sin capital moral”, sermoneando á hombres prominentes para hacerlos bajar uno ó dos grados cuando los ve demasiado presuntuosos y envanecidos.
El presidente y el abogado de la “Mexican Light and Power Co.” entablaron negociaciones para la absorción de otras dos empresas rivales. El Sr. Joaquín D. Casasús, prominente abogado y político de México, estaba interesado en los negocios de una de las compañías absorbidas. Aguardaba su “pot de vin” correspondiente de la transacción, pero Mr. Cahan no veía las cosas desde el mismo punto, y acostumbrado á la usanza antigua, á los escrupulosos métodos canadienses, objetó contra esta benévola forma de picardía. Unas cuantas semanas más tarde, Mr. Cahan fué invitado á visitar á Limantour, quien, en la acostumbrada manera mexicana política y cautelosa, comenzó á hacer la batida del matorral, como se dice en términos de montería. Cuando Mr. Cahan le pidió una explicación sincera, Limantour lo acusó francamente de que procuraba cohechar á jueces y á tribunales. Indignado Mr. Cahan, preguntó á Limantour si le hablaba como amigo ó como Ministro.--“Como amigo”, contestóle Limantour.--“Entonces, prosiguió Mr. Cahan, no tiene Vd. derecho para hacerlo, á menos que nombre Vd. á la persona que le ha traído este chisme.” Después de una larga discusión, mencionó Limantour el nombre de Mr. Scherer, y en el acto se dirigió Mr. Cahan á dicho individuo, para hacer averiguaciones, enterándose de que el responsable de aquella especie era Casasús. Este abogado no sólo repitió á Mr. Cahan sus vehementes protestas de amistad, sino que el mismo Cahan, al entrar en el despacho del abogado, vió salir á otro individuo que le enseñó el famoso cheque de $30,000, tanto por ciento arañado en la operación consabida, el que, según dijo, devolvía generosamente Casasús. Algo más tarde Limantour pidió á Mr. Cahan la correspondencia cambiada entre éste y las partes interesadas en la operación. Mr. Cahan rehusó al principio acceder á esa petición; pero ante la amenaza que le hizo Limantour de que la obtendría á toda costa, no tuvo más remedio que entregarla, y entonces se enteró Porfirio Díaz de todos los detalles del asunto.
En una fiesta que tuvo lugar poco tiempo después halláronse presentes Mr. Cahan y Casasús; después llegó el Presidente y rogó á Casasús que tuviese la bondad de servirle de intérprete para lo que quería decir á Mr. Cahan. Entonces el Presidente, por medio de Casasús, habló á Mr. Cahan del pretendido cohecho, y le dió las gracias por haber resistido con tanta firmeza la tentativa de soborno, así como por haber ido hasta el fondo del asunto con tanto denuedo y conforme á la honrada manera británica. Le reiteró las gracias también por el buen ejemplo que daba á los demás extranjeros, etc.--Porfirio Díaz no usó en esta ocasión como intérprete á su ayudante Pablo Escandón, quien habla correctamente el inglés, sino á Casasús, al ambicioso y orgulloso abogado, estrella de los “científicos”, para darle una lección sutil y efectiva.
Este es una rasgo característico de la diplomacia innata de Porfirio Díaz.
Como político latinoamericano, Díaz ha establecido un patrón y creado una escuela. Las repúblicas más importantes y más ilustradas, como Brasil, Argentina y Chile, no copian tales métodos, pues sus gobiernos son una oligarquía templada por la democracia; pero los directores de los Estados más pequeños y más atrasados, como Cabrera en Guatemala, Zelaya en Nicaragua, Castro en Venezuela, y Reyes en Colombia, son sus imitadores serviles. El último mencionado, Reyes, creyó que valía la pena pasar un año cerca de Díaz para iniciarse directamente en sus métodos.
Hagamos un breve examen de Porfirio Díaz como estadista.
Al principio de su administración preparó el reconocimiento de su gobierno inconstitucional, aceptando las reclamaciones por las deudas inglesa, francesa y de los Estados Unidos. Este fué sin duda golpe maestro, pues lo ponía en aptitud de hacer nuevos empréstitos, como el individuo que paga $5 para poder más tarde pedir prestados $20. Divinizó, ó, al menos, siguió el axioma del Barón Louis: “El Estado que aspira á tener crédito, debe pagarlo todo, hasta sus desatinos.”
Siguió por el cultivo de relaciones amistosas con los Estados Unidos. Esa política no sólo sirvió para robustecerlo en el extranjero, sino también para imposibilitar las revoluciones en la frontera. Para continuar libre de toda traba, como amo y señor del país, jugó una partida intrincada de ajedrez político, llegando á hacer trampas cuando el contrario se descuidaba, hasta que al fin quedaron en el tablero sólo el rey, la reina y unos cuantos peones.
Su ambición y la eliminación de todos sus rivales, concentraron por completo el poder en sus manos. Como dice Bulnes en alguna parte, si se deja á una casta y pura muchacha en un cuarto con diez sátiros, estará perfectamente segura y salva, pues que los sátiros se encontrarán ocupados en pelear los unos contra los otros; pero el peligro sería efectivo si la dejasen á solas con un sátiro. Así México puede ser comparado con una joven que permaneció libre y pura mientras varios sátiros políticos lucharon entre ellos mismos para obtener su posesión; pero en cuanto llegó Díaz y destruyó uno á uno á los sátiros, es decir á todos sus lujuriosos y ambiciosos rivales, la nación perdió su pureza y su libertad, convirtiéndose en su esclava y prostituta. En otras palabras, Porfirio Díaz ha llevado á cabo su obra esclavizadora, corruptora y antipatriótica de un modo tan completo y absoluto, que el Señor Iglesias Calderón se hizo el verdadero intérprete del sentimiento de multitud de mexicanos patriotas cuando dijo: “¡Sin libertades corremos un peligro más bochornoso que el de la desmembración de nuestra Patria por la fuerza de las armas, el de la desmembración traidoramente espontánea de quienes llegan á renegar de la Patria por amor á la Libertad!” Y un alto pensador sud-americano, Don Nicanor Bolet Peraza, ha dicho: “que el gran peligro para las naciones hispano-americanas no está en la colosal potencia militar de la Unión americana, sino en su admirable régimen de libertad que hace envidiable la condición de ciudadano de los Estados Unidos de Norte América.”
En el error político de Porfirio Díaz se encuentra incluída su indiferencia hacia lo relativo á la inmigración, pues que de lo contrario el influjo europeo ya sería una barrera contra la conquista pacífica y la agresión yanki. Su impotencia para agarrar por los cuernos este gran problema latinoamericano está demostrada por el pequeño número de europeos que hay en México, y el comparativamente grande de americanos que hoy reside en el país, y que se calcula en 65,000. Pues la cuestión de la inmigración tanto para México como para Chile, Brasil y Argentina, es de vida ó muerte, y descuidarlo es invitar, más tarde ó más temprano, á la destrucción, como lo asienta Bulnes.
También prueba su falta de patriotismo la indiferencia marcada con que considera la cuestión de la instrucción pública. El número de los analfabetos en México alcanza la asombrosa proporción del 84 %.
Otro de sus grandes errores consiste en no haber cortado el nudo gordiano de la política centroamericana.
La feliz circunstancia de que el progreso de México creciese á la par que la fama de Porfirio Díaz, ha inducido á los que han estudiado superficialmente el país y su política, á creer que al Presidente corresponde todo el mérito de haber aumentado su maravillosa prosperidad. Pero Díaz y la camarilla que refleja sus ideales, son políticos demasiado miopes, pequeños, presuntuosos y mezquinos, exentos de todo ideal patriótico. No pasan de ser grandes ranas en un pequeño estanque.
La cuestión centroamericana, que debía haberse resuelto desde hace diez años, ha quedado en el aire, no porque el General Díaz quiera la paz en México, sino por que ha tenido miedo y se ha sentido demasiado viejo para pelear. Hace diez años contaba con 68 de edad y, por lo tanto, estaba ya incapacitado físicamente para dirigir con buen éxito una campaña contra Guatemala; y en caso de que hubiese encomendado el mando á otro general, si éste salía victorioso, perdía Porfirio Díaz todo su prestigio y poder.
Porfirio Díaz no es un militar en ningún sentido de la palabra; su condición es más bien la de un político, una imitación liliputiense del Cardenal Richelieu, dirigiendo á un rey impasible, quien en el presente caso está representado por la nación mexicana. Posee todas las sinuosidades, traiciones, y métodos de trasmano de los prelados militantes del siglo XII.
Las relaciones de sus campañas no prueban que sea ni un gran estratégico ni un gran táctico. Fué únicamente lo que los franceses llaman “un beau sabreur”, con tanta habilidad estratégica cuanto era necesaria para un capitán de bandoleros y para su cuadrilla á fin de estar en aptitud de atacar y de destruir un convoy bien protegido.
Su fama de general es otra bola de nieve que ha rodado de la montaña de los hechos militares de México, impelida por sus subordinados y sus aduladores. Qué formidable avalancha cuando llegó al fondo del valle; pero al rayo de luz de la escudriñadora historia, se derretirá, convirtiéndose en un lodazal.
Según sus admiradores oficiales, ha ganado 41 batallas, acciones ó encuentros; posee 14 condecoraciones nacionales y 13 con que le han obsequiado gobiernos extranjeros, entre las cuales se encuentra la de primera clase del Libertador de Venezuela.
A medida que dura en el poder, aumenta el número de las batallas que parece estar ganando, y crece con inaudita rapidez. Ya me imagino á su fiel y útil ayuda de cámara, el millonario coronel Pablo Escandón, entrando en el sanctum sanctorum de su jefe, llevándose la mano derecha á la altura de la frente, poniendo los pies en escuadra al estilo militar y dándole el parte:--“Mi General, tengo la honra de informar á Vd. que ha ganado otra batalla.”--“¿Cuál?” pregunta el General Díaz. Y la gloriosa nueva se esparce á los cuatro vientos y se consigna en la hoja de servicios.
Las batallas del 5 de Mayo de 1862 y del 2 de Abril de 1867, que se celebran oficialmente como grandes victorias alcanzadas por Porfirio Díaz, jamás fueron victorias suyas. La del 5 de Mayo fué ganada por el General Zaragoza, y la acción del 2 de Abril se llevó á cabo en virtud de haberla forzado en un consejo de guerra un civil, Justo Benítez, secretario de Díaz. La organización del asalto se debió al General Alatorre, y Porfirio Díaz entró en acción cuando terminaba el encuentro. La batalla de Tecoac, que decidió la caída de Lerdo, se ganó gracias á la oportuna llegada del General González.
¿Qué es lo que queda, pues, á este héroe de las Mil y una batallas? Solamente dos acciones sangrientas: los asesinatos de Veracruz y la carnicería de Orizaba; victorias dignas de él, que serán inscritas con letras de sangre en su panteón de inmoralidad.
He examinado su obra de estadista, de patriota y de general, y me quedo azorado ante la impudencia de esa fama política y militar falsa y plagiada, inaudita en los anales de la historia, y me veo obligado á repetir con Bulnes que lo único que hay verdaderamente maravilloso en la América latina es la mentira.
Porfirio Díaz ya está viejo, tiene ahora 80 años de edad, demasiado viejo para continuar en la silla presidencial de un modo digno y útil. Aunque de facto es un Czar, finge que le llamen Presidente, porque el título de Emperador es de mal agüero en México. Los cuatro últimos Emperadores de México han perecido de muerte violenta: Motecuhzoma, Cuauhtemóctzin, Iturbide y Maximiliano.
Los días del Czar de México están contados; se está derrumbando en la decrepitud física y mental. Parécese al lobo que llegó á ser cabeza de la manada y conservó su supremacía por la fuerza de sus dientes. El día en que los demás lobos notaron que su jefe había perdido la dentadura, lo hicieron pedazos. Otro tanto puede acontecerle á Porfirio Díaz.
En la actualidad no pasa de ser un león disecado, un gigante con los pies de barro, y si un chiquillo lo advirtiese y lo empujase con uno de sus pequeños dedos, esto bastaría para hacerlo rodar al cajón de la basura.
Y cuando muera--¡Dios bendiga su alma!--con él morirá el último de los bandidos políticos de México.
Sabemos lo que somos, pero no lo que podremos ser.
HAMLET. ACT IV.
La Cuestión Centroamericana.
La influencia de los Estados Unidos en el istmo de Panamá ha modificado por completo la manera de ser de la política centroamericana. Ha cubierto con la sombra del águila americana toda la faja que se extiende desde el Río Grande hasta el Chagres. Los acontecimientos que antes pasaban inadvertidos, hoy son escudriñados atentamente y no se aparta la vista de lo futuro.
Toda la situación de la América Central descansa sobre una base débil, á semejanza de un argumento con premisas falsas. La independencia de las cinco repúblicas centroamericanas tiene tan poca razón de ser como la tendría la de los 27 Estados de México ó los 47 de la Unión norteamericana.
En 1821 las cinco antiguas provincias de España entraron en la federación mexicana, permaneciendo en ella hasta la caída de Iturbide (11 de Mayo de 1823); separándose entonces, con excepción de Chiapas que mantuvo sus vínculos con México. Desde esa época Guatemala, Salvador, Honduras y Nicaragua han estado riñendo constantemente entre ellos, ó envueltos en revoluciones intestinas, pudiendo decirse que en el espacio de noventa años no han tenido un sólo año de paz, con excepción de Costa Rica con razón llamada la Suiza de América.
Desde 1821 á 1885 el centro de acción residió en Salvador, Honduras y Nicaragua, contra Guatemala, la que aspiraba á ejercer la soberanía moral y material sobre las otras repúblicas, lo que consiguió. Pero en 1885, con la muerte de Rufino Barrios, acaecida en la batalla de Chalchuapa, Guatemala perdió su supremacía, aunque todavía ejerce influencia aislada alternativamente sobre Honduras ó sobre el Salvador. En esa fecha no sólo recobró Nicaragua su independencia moral, sino que se convirtió en el centro de un movimiento que tenía por objeto favorecer la unión federal de los cinco Estados.
Como cuestión de hecho, la federación de esas repúblicas es imposible, tanto á causa de las dificultades para crear un ejército esencialmente federal, como por la intensa rivalidad de los respectivos gobiernos, la que les impide poder llegar á una “entente cordial”, y por que existe un conflicto de personalidades y una competencia entre rapiñadores.
Toda la situación política de los últimos diez años se reduce á una lucha personal entre el presidente de Guatemala, Estrada Cabrera, y el presidente de Nicaragua, Zelaya. Ambos han protegido toda clase de planes revolucionarios, concebidos por los refugiados rebeldes de las otras repúblicas. Zelaya, doctor en medicina, educado en París, es enérgico é inteligente; Estrada Cabrera, abogado, no le es inferior ni en talento ni en fuerza de voluntad, y su astucia é intrepidez son reconocidas aun por sus propios enemigos. Como fácilmente se comprende, hombres de esa naturaleza no pueden estar dispuestos á sumergir la individualidad de su poder supremo en una federación ideal, pues esta traería consigo la pérdida de los monopolios exclusivos y de los planes para el enriquecimiento personal. En los doce años que hace que Estrada Cabrera está en el poder, ha hecho una fortuna de muchos millones de pesos, gracias á los negocios y empresas de su asociado, un judío alemán americano, llamado Stahl, á quien se le paga un tanto por cada saco de café que se exporta, y quien trató de sacarle á la empresa del Ferrocarril Pan-Americano $1,500,000 en oro por la concesión que los demás países le habían hecho gratuitamente.
Estas malhabidas ganancias no se emplean en los países de los que se han obtenido, sino que van al extranjero. Estrada Cabrera posee un hermoso palacio en Hamburgo; Zelaya envía todos los años á su esposa al extranjero con el propósito aparente de que se compre ropa en París; pero con el propósito real de que sitúe en los bancos europeos buenas cantidades de oro. En realidad ser presidente en Centro América, equivale á algo así como á ser entre bandido y ejecutivo de un vasto establecimiento de misceláneas.
La lucha hubiera sido interminable si no hubiesen intervenido los Estados Unidos y México. Siempre se inicia con la romántica fórmula de “el derecho es la fuerza”, y acaba por la intervención armada. Los Estados Unidos tienen que favorecer la absorción de Centro América por México, y ya esto se habría llevado á cabo, hace diez años, á no ser por la política de Porfirio Díaz, la que siempre ha sido inerte, cobarde y morosa.
En 1898, con motivo del peligro de una guerra entre México y Guatemala, el Estado de Jalisco ofreció hacer la campaña por sí solo y con sus propios recursos de hombres y de dinero, contra la república centroamericana; y si se hubiese admitido su proposición, Jalisco la habría llevado á cabo con buen éxito, pues es el Estado más rico y más poblado de México.
Como Guatemala es, por su posición geográfica, la llave del istmo, su anexión á México concluiría con el caótico estado de los negocios en Centro América, pues que entonces México tendría el control de Honduras y Salvador y, por ende, el de Nicaragua también.
Dos periodistas españoles, Segarra y Juliá, hicieron un viaje desde el canal de Panamá hasta la ciudad de México, y en una serie de conferencias, de artículos de periódicos y de libros, dieron cuenta de sus experiencias propias. Convienen en que las comunicaciones por medio de ferrocarriles, contribuirán más al afianzamiento de la paz que las alianzas y las conferencias sobre ella. La obra de pacificación se está llevando á cabo por el Ferrocarril Pan-Americano, debiéndose gran parte del buen éxito á los esfuerzos y á la diplomacia de su vicepresidente Mr. Neelan. La anexión que es la consecuencia suprema, volverá á ponerse en el tapete después de la muerte de Porfirio Díaz, y el Presidente mexicano, ó el general que resuelva el problema satisfactoriamente, llegará á ser, no sólo el hombre más popular de su país, sino que hará época en la América Central.
Aquel que logra que se levanten dos cosechas en un terreno en el que antes sólo se daba una, merece mayor gratitud del género humano y presta servicio más esencial á su país que toda la raza de políticos juntos.
VIAJES DE GULLIVER.
Los Recursos y el Porvenir de México.
Parecerá una paradoja decir que México no debe su progreso á Porfirio Díaz; sino que Porfirio Díaz debe su pretendida grandeza al inevitable progreso de México, el que continúa á pesar de la corruptora influencia del tirano. Este aserto quedará comprobado después que desaparezca ese hombre y México recobre su propia conciencia y personalidad, no sólo como un factor agrícola y mercantil internacional, sino también como una potencia política. No hay país que pueda compararse con México en lo que respecta á la belleza del paisaje, en la variedad de climas, y en los recursos mineros, agrícolas y mercantiles.
Todo allí es casi virgen; prácticamente se ignora allí lo que es la irrigación; el suelo apenas ha sido arañado; su portentosa riqueza agrícola ha sido descuidada, para atender á la minería.
Pero ningún país puede ser rico de un modo real y seguro mientras no tenga como cimiento de esa riqueza una agricultura bien desarrollada. Sin eso ni el mismo comercio, y menos aún las industrias fabriles, pueden medrar y resistir las periódicas crisis financieras. En México, con motivo de la última crisis, poblaciones mineras enteras se vieron forzadas á emigrar á otros lugares, en busca de subsistencia. Los 40,000 habitantes de Pachuca se redujeron á 16,000.
Esto prueba que la minería es de naturaleza aristocrática, mientras que la agricultura es de naturaleza democrática. La primera enriquece á unos cuantos y esclaviza á muchos; la última enriquece á todos. Tómese como ejemplo al Egipto ó á Cuba que fué prácticamente devastada por revoluciones que duraron casi dos generaciones, y que se ha reconstituido en cuatro ó cinco años de paz. Hoy el puerto de la Habana, por sí solo, exporta más que toda la República mexicana, en la proporción de 8 á 1.
Porfirio Díaz y su camarilla, de la que Limantour es el jefe, no han hecho más que exprimir á México como si fuese un limón. No se han ocupado más que en vender concesiones, en hacer pactos, empréstitos, planes, tramas y en jugar su egoísta y repugnante partida de chanchullos. Nada tiene de extraño que no hayan fomentado la inmigración, porque para hacerlo habría sido necesario gastar dinero y establecer una organización perfecta; por eso alientan el ingreso de los ricos capitalistas extranjeros, quienes pagan bien las concesiones y no se inmiscuyen en la política.
Uno de los artículos del programa del partido liberal, establece que se den término á los empréstitos extranjeros, con excepción de los que tengan por objeto la irrigación. En otro artículo se consigna que se dictará una ley prohibiendo el sistema de peones en las haciendas.
Este es otro de los problemas importantes: suprimir el sistema del peonaje y dividir la “Latifundiae”, es decir las grandes porciones de terrenos acaparadas por unos cuantos gobernadores y terratenientes.
Nada se ha hecho en pro de la instrucción de los indios los que, aunque son despreciados, como inútiles, forman la espina dorsal del país, pues además de que suman el 35 % de la población, son los que desempeñan todas las labores manuales. Si todos los indios desapareciesen, México quedaría tan desvalido como un niño de meses.
El gobierno de México se ve obligado cada dos ó tres años á suprimir los derechos arancelarios del trigo y del maíz extranjeros, á causa de que los métodos primitivos y la negligencia de la agricultura no permiten al país cosechar lo suficiente de esos cereales para alimentar la población.
En México tienen la mayor fábrica del mundo para tejidos de algodón, y sin embargo, los fabricantes se ven obligados á importar la materia prima, á pesar de que se produce en el país tan bien como en Egipto ó en Texas, pero no en cantidad suficiente. Allí se encuentra la mayor fábrica de cigarros del mundo, “El Buen Tono”, la que provee al mismo gobierno francés. En Necaxa tienen la mayor planta eléctrica conocida, la de la “Mexican Light and Power Co.”, cuya compañía ha gastado $65,000,000, derivado la corriente de más de 30 ríos, represado 10 lagos y dentro de pocos meses se hallará en aptitud de ministrar 300,000 caballos de fuerza. Actualmente produce 50,000, y materialmente alumbra á toda la ciudad de México y da potencia motriz á los tranvías y á las fábricas.
Tienen la mejor cerveza del mundo, exceptuando las alemanas; tienen fuentes de petróleo verdaderamente maravillosas; bosques en las vertientes del Pacífico que jamás han sentido los efectos del hacha. Todo, desde el plátano, el mango, el hule, la piña, cuantas frutas tropicales se conocen, hasta las fresas, las uvas y las manzanas de los climas templados. Cosechan el mejor café del mundo. En Guanajuato se recogen durante todo el año violetas y fresas. Con irrigación pueden levantar dos y tres cosechas de trigo y de maíz. Aquella es una nueva Tierra de Canaán, que está esperando la llegada de otro Moisés que la descubra.
Mr. Canalizo, joven mexicano dotado de buena inteligencia mercantil y una práctica americana en materia de negocios, ha creado una Asociación Financiera, que es el sistema mejor y más digno de confianza para obtener datos referentes á los recursos de la agricultura, del comercio y de la industria nacionales, y sin la cual, como lo observó con tanto acierto Porfirio Díaz, México sería como un libro sin índice.
Francisco Bulnes, escritor brillante y culto de México, escribió, hace pocos años, un libro sobre el porvenir de los pueblos latinoamericanos. En él divide á la humanidad en tres grandes razas: la raza del trigo, la raza del maíz y la raza del arroz. Da la supremacía á la raza que se alimenta con trigo, esto es, á la europea y á la norteamericana. Muéstrase muy escéptico respecto á lo futuro de la América latina, y cree que lo único que pudiera salvarla es la inmigración, que de lo contrario está perfectamente seguro de que el alcoholismo, la quijotería y la inercia acabarán en breve con sus entidades políticas. Piensa que la América del Sur será repartida entre tres poderes agresivos: Argentina, Chile y Brasil, y que México inevitablemente adquirirá la supremacía sobre la América Central.
Según la opinión de muchos de los europeos y norteamericanos residentes en México, y juzgando por el estado actual de las cosas, Porfirio Díaz ha allanado el camino para la absorción de su país por los Estados Unidos.
Pero hay que tener en cuenta los grandes hombres que México ha producido, tales como el general Morelos, el que dirigió la famosa retirada de Cuautla, hazaña que Napoleón dijo era digna de él; Quintana Roo, Gómez Farías, Melchor Ocampo, patriotas, estadistas pensadores que ayudaron á construir el edificio de la política liberal del país; Benito Juárez, el indio de sangre pura, uno de los reformistas liberales de mayor talla, etc. En mi humilde opinión, el país que ha servido de cuna á hombres semejantes, está en aptitud de anular la antipatriótica labor de Porfirio Díaz y de crear otro México liberal y progresista.
ÍNDICE.
1.--Advertencia. 9
2.--Carta á Theodore Roosevelt. 11
3.--Porfirio Díaz I, Czar de México. 15
4.--Sinopsis de la vida de Porfirio Díaz. 17
Primer Período. 17
El Segundo Período. 19
El Tercer Período. 20
El Cuarto Período. 29
5.--La Morgue de Porfirio Díaz. 43
Sus asesinatos. Sus víctimas. 43
Los asesinatos del General Corona, de García de la Cadena, y de Martínez. 50
La carnicería de Orizaba. 54
6.--El sistema. 61
Una mafia política. Sus resultados. 61
Historia de una gran conspiración. 70
7.--La justicia bajo el Diazpotismo. 83
Belén. La Bastilla Mexicana. 86
La Penitenciaría. 88
La Escuela Correccional. 89
El Departamento de Policía de México. 91
Intervención del Embajador Americano en la quiebra del Banco Americano. 94
La Ley Fuga. 97
Quintana Roo, la Siberia Mexicana. 98
8.--La prensa en México. 107
9.--Los partidos políticos. 123
10.--Porfirio Díaz. 136
11.--La cuestión centroamericana. 151
12.--El futuro y los recursos de México. 156
NOTAS
[1] P. Díaz, xxx, pág. 89.
[2] Rectificaciones Históricas, F. I. Calderón, vol. I, pág. 69.
[3] P. Díaz, xxx, pág. 19.
[4] Aurora y Ocaso, C. Ceballos, pág. 177.
[5] P. Díaz, xxx, pág. 14.
[6] Aurora y Ocaso, C. Ceballos, pág. 38.
[7] Rectificaciones Históricas, F. I. Calderón, vol. I, pág. 35.
[8] P. Díaz, xxx, pág. 21.
[9] Diario Oficial, 16 Sept., 1879, México.
[10] El Verdadero Juárez, F. Bulnes, pág. 668.
[11] Plan de Tuxtepec reformado en Palo Blanco.
[12] La Cuestión Presidencial, J. M. Iglesias, pág. 39.
[13] Las Supuestas Traiciones de Juárez, F. Iglesias Calderón, pág. 36.
[14] “Il Principe”, N. Machiavelli.
[15] El General González y su Gobierno en México, F. Quevedo y Zubieta, pág. 123.
[16] Véase la página relativa.
[17] Mémoires de Napoléon I., De las Cases, vol. I, pág. 93.
[18] Quevedo y Zubieta, obra citada.
[19] Quevedo y Zubieta, obra citada.
[20] Idem. idem., pág. 225, vol. I.
[21] Quevedo y Zubieta, obra cit., pág. 30, vol. II.
[22] F. Iglesias Calderón, obra cit., vol. I, págs. 39 y 40.
[23] Véase la página respectiva.
[24] The Maker of Modern Mexico, Mrs. A. Tweedie, pág. 280.
[25] Idem. Idem, pág. 283.
[26] Idem. Idem, pág. 337.
[27] Idem. Idem, pág. 339.
[28] El Porvenir de las Naciones Hispano-Americanas, F. Bulnes, pág. 270.
[29] Rectificaciones Históricas, F. Iglesias Calderón, vol I, pág. 24.
[30] El Gral. González y su gobierno en México, F. Q. y Zubieta, pág. 141.
[31] Idem, pág. 143, vol. I.
[32] “P. Díaz”, por Mrs. A. Tweedie, pág. 282.
[33] “La Nación”, 8 de Diciembre, 1892.
[34] F. Iglesias Calderón, ob. cit., pág. 70.
[35] “La Nación”, Diciembre de 1902.
[36] “Porfirio Díaz”, por R. de Zayas Enríquez, pág. 141.
[37] “El Diario Ilustrado”.
[38] “Hacia dónde vamos”, Q. Moheno, pág. 39.
[39] “Hacia dónde vamos”, pág. 15.
[40] “Hacia dónde vamos”, Q. Moheno, pág. 14.
[41] Historia del gran crimen, J. Rabago, pág. 31.
[42] Historia del gran crimen, J. Rabago, pág. 45.
[43] Historia del gran crimen, por J. Rabago, pág. 56.