Metamorfóseos o Transformaciones (4 de 4)
Part 9
Despues de la muerte de Proca, el usurpador Amulio se apoderó á fuerza de armas del unido reino de los albanos y latinos, despojando de él á su mayor hermano Numitor, el que siendo ya anciano, fue restituido, y lanzado el usurpador por el valor de sus dos nietos Rómulo y Remo: sucedió aquel á su abuelo, y en el dia de las fiestas Palilias[124] demarcó y señaló los muros para la fundacion de Roma, en la que estableció su reino. Por el robo de los sabinos se movió guerra por estos y por Tacio su Rey contra los romanos; y como en esta guerra hubiese sido abierta y entregada á los sabinos, por traicion de Tarpeya, la avenida y el puesto fortificado que estaba al cargo de Tarpeyo su padre, se la dió el merecido castigo de quitarla la vida los mismos sabinos, que la pagaron, segun lo ofrecido, la traicion, tirando todos contra ella los escudos que llevaban en sus manos siniestras, y la dejaron oprimida y sepultada debajo de un gran monton de ellos. Despues los sabinos con mucho silencio y reprimiendo la voz, como lobos que acometen de callada, despues de haberse apoderado de las centinelas, á quienes habia rendido el sueño, dirigieron el ataque contra las puertas que Rómulo tenia cerradas y aseguradas con gruesos cerrojos y cerraduras. Juno, aun adversa y contraria á la descendencia de Eneas, abrió y franqueó una de dichas puertas, y la tenia de par en par para que por ella entrasen los sabinos, sin haber hecho ruido alguno al tiempo de volverla sobre su quicio. Sola Venus, que era protectora de Rómulo y del reino fundado por Eneas, advirtió la traicion, y sintió la caida de las aldabas, y la abertura de los cerrojos y de la puerta. Hubiera acudido al momento á cerrarla; pero no podia hacerlo, porque no era lícito ni permitido á ningun Dios el deshacer ni rescindir lo que hubiese hecho otro Dios. No obstante para socorrer á Rómulo é impedir la entrada de los sabinos fue á ver á las Ninfas de la fuente que está cerca del templo de Juno, y las pidió socorriesen á los romanos. Las Ninfas no se detuvieron en lo que pedia Venus, ni la hicieron esperar el cumplimiento de sus justos preceptos, y al punto abrieron y soltaron las venas y manantiales de la fuente. Antes de esta erupcion estaba fácil la entrada al templo abierto de Juno, al que las aguas no habian cerrado el camino. Pusieron pues las Ninfas azufre en los íntimos conductos de la fuente, y con el humo de los betunes encendieron toda la cóncava cañería, y con estos y otros medios hicieron que el vapor y el calor penetrasen hasta lo mas íntimo y profundo de los manantiales, y las aguas, que antes vencian en frialdad á la nieve de los Alpes, empezaron á salir tan ardientes como el fuego. Los dos postes humeaban, y se ennegrecieron con el vapor encendido, y la puerta, que inútilmente se habia abierto á los desaforados sabinos, quedó intransitable por las aguas, que detuvieron á los sabinos hasta que acudieron á impedirles y disputarles la entrada las tropas romanas que les opuso Rómulo; y despues que en aquella empeñada accion quedó el suelo cubierto de cadáveres sabinos, y algunos que tambien murieron de los romanos al furor de las espadas, que derramaron mucha sangre de una y otra parte, tanto de los de Rómulo como de los de Tacio su suegro, se acordó poner fin á la guerra, y no llevarla hasta lo último, haciendo reunion de los dos reinos, y admitiendo á Tacio á la parte del mando de entrambos juntamente con Rómulo. Despues de la muerte de Tacio quedó en Rómulo el gobierno, que antes era comun, y él solo daba y promulgaba leyes á entrambos reinos, consolidados en uno solo. En este estado de cosas el guerrero Dios Marte, depuesto su morrion y descubierta su cabeza, se presentó al padre de los Dioses y de los hombres Júpiter, y le habló en la forma siguiente: „Pues ha llegado el tiempo, padre mio, de que ya esté consolidado y afirmado el recien fundado imperio de Roma, el que ya está reunido en solo Rómulo, ha llegado tambien el de que me des y concedas á mí y á tu digno nieto Rómulo el premio que me prometiste de elevarle de la tierra, y colocarle en el cielo y en el número de las deidades. Tú en algun tiempo y en el concilio de todos los Dioses (bien me acuerdo, noté y tengo muy presentes tus cariñosas palabras) me dijiste que yo por mi arbitrio podria elevar al cielo y á la clase de inmortal á uno de mis hijos: ruégote que sea firme y se me cumpla tu promesa.” Condescendió Júpiter oscureciendo el aire con negras nubes, y aterrando al mundo con truenos y relámpagos, con los que manifestó su aprobacion y consentimiento; y comprendiendo Marte estas señales de anuencia á la elevacion de su hijo, y á quitarle de la tierra, se afirmó en su lanza, y saltó á su carro tirado de caballos uncidos al yugo, salpicado con la sangre de las batallas, y agitándolos con el látigo, atravesó en un instante la vasta extension de los aires, y paró en la cima del monte Palatino,[125] donde encontrando á Rómulo que hacia justicia á su pueblo, lo arrebató en su carro. El cuerpo de este Príncipe al subir al cielo se purificó, y todo lo que tenia de mortal se disipó como la bala de plomo que es arrojada con una honda. Su rostro se le trocó en muy hermoso, y con la magestad de deidad, y vestido con la trábea[126] en la forma en que se le ve en su estatua de Quirino. Hersilia su muger lo lloraba como perdido, cuando la Reina Juno manda á Iris que baje á la tierra á consolarla, hablándola asi de su parte: „Ó matrona singular, honor y decoro de los romanos y sabinos, dignísima de haber sido antes muger del gran Rómulo, y de serlo ahora de Quirino, deja ya de afligirte, enjuga tus lágrimas, y si tienes deseos de ver á tu marido, ven conmigo al bosque sagrado que está sobre el monte Quirinal,[127] y que hace sombra al templo del Rey de los romanos.[128]” Iris obedece; y habiendo bajado á la tierra en su arco pintado con mil colores, llamó á Hersilia, y la dijo lo que Juno la habia mandado. Ella llena de respeto, y sin osar levantar la vista, la dijo: „Guíame, ó Diosa, donde dices (porque bien conozco que lo eres, aunque de pronto no pueda decir cual seas), y muéstrame á mi marido, pues si los hados me conceden el verle, confesaré que veo al cielo.” Al momento, guiando Iris, subieron al monte Quirinal, donde vieron que una estrella caia á la tierra por los aires, la cual encendiendo con su resplandor el cabello de Hersilia, la arrebató y subió al cielo, donde recibiéndola en sus brazos Rómulo el fundador de Roma, la mudó el cuerpo y el nombre, llamándola la Diosa Ora, que junta con su marido se veneró por los romanos en el templo de Quirino.
[Ilustración]
LIBRO DECIMOQUINTO.
_ARGUMENTO._
Siguióse Numa; el cual hizo viage á la ciudad de Crotona para inquirir su orígen y antiguo rito, donde supo que las piedras negras se habian convertido en blancas; y alli mismo oyó á Pitágoras, que disputaba de las perpetuas transformaciones de las cosas. Despues Egeria, llorando la muerte de Numa, sin admitir consuelo de Hipólito que le contaba sus transformaciones, se convierte en fuente. Esto no es menos admirable que el haberse transformado la lanza de Rómulo en árbol, y que á Cipo le naciesen cuernos. Julio César finalmente fue convertido en una estrella despues de su muerte.
[Ilustración: (137) Miscilo, absuelto por un singular prodigio, va á Italia y funda la Ciudad de Crotona.]
FÁBULA PRIMERA.
_MISCILO ABSUELTO POR LA TRANSFORMACION DE LAS BOLAS NEGRAS EN BLANCAS._
En tanto se busca quien pueda sostener el peso de tanta magnitud, y que sea digno de suceder á tan gran Rey como á Rómulo, la fama, pronosticadora de la verdad, destina á Numa[129] para el gobierno de la ciudad de Roma. Este hombre grande no se contenta con conocer bastantemente los ritos de los sabinos, sino que concibe cosas mayores en su capaz ánimo, é inquiere cuál sea la naturaleza de las cosas. Este anhelo y cuidado le habian hecho dejar á Cures su patria, y caminar hasta á aquella célebre ciudad que tomó su nombre de Croton, aquel que recibió á Hércules en hospedage. Alli preguntando y queriendo averiguar quién fuese el que fundó en Italia aquella colonia ó ciudad griega, le satisfizo su deseo y curiosidad un viejo instruido de las antigüedades de su patria, diciéndole lo siguiente:
„Hércules, enriquecido con la presa de los bueyes de España que habia tomado á su Rey Gerion, se cuenta que navegando desde el Océano Atlántico, aportó felizmente á las playas y al promontorio de Lacinia, donde saltó en tierra, y dejando los ganados que traia que anduviesen errantes y apacentándose en la tierna yerba, fue admitido en hospedage por Croton, que alli egercia la hospitalidad, en cuya casa descansó de las fatigas de su largo viage; y al despedirse de él le dijo que en el futuro tiempo de sus nietos y descendientes en el mismo sitio en que estaba la casa en que le habia hospedado seria edificada una célebre ciudad, como asi lo comprobó despues el siguiente suceso: „Hubo un tal griego llamado Miscilo, el cual fue hijo de Alemon, y era el mas acepto á los Dioses entre todos los de su tiempo. Á este apareció Hércules en lo mas profundo de un sueño, y le dijo: „Despierta, deja tu casa y tu patria, y marcha al punto á establecerte y fijar tu mansion junto á la corriente pedregosa del remoto rio llamado Esar.” Esto le dijo, y le amenazó con muchas y muy temibles desgracias si asi no lo egecutaba. En esto recordó Miscilo, desapareciendo á un tiempo Hércules y el sueño; se levantó, y reflexionando entre sí lo que habia soñado, estuvo mucho tiempo indeciso y vacilante y sin resolverse á obedecer, pues aunque la deidad se lo mandaba, habia una ley que lo prohibia, y que imponia pena de muerte al que intentase emigrar y dejar la patria. Despues de algun tiempo tuvo una noche otro igual sueño, en el que le pareció que veia al mismo Hércules que le volvia á mandar lo mismo, y le amenazaba con muchas mas y mayores desgracias si no obedecia. Con este segundo sueño se llenó de temor, y empezó á prepararse y á dar las disposiciones de abandonar su patria y emigrar á otra region, transfiriendo y llevando consigo los Dioses Penates, y lo mas precioso que tenia en lo interior de su casa. No fue esto tan oculto que no llegasen á penetrarse sus designios, y á hablarse de ellos en la ciudad. En su consecuencia fue acusado de transgresor de la ley: se sustanció su causa, y sin necesidad de testigos ni otras pruebas se hizo patente su delito por su propia confesion. Él en el asqueroso trage y estado de reo,[130] alzando su rostro y manos hácia el cielo, dijo: „Divino Hércules, á quien doce célebres trabajos elevaron á deidad, ruégote que me des socorro, pues tú eres la causa y el autor de mi delito.” Era antigua costumbre en Argos cuando iban á juzgar á un delincuente echar en una urna bolas blancas si pensaban absolverlo, y bolas negras para condenarlo. Segun este rito se dió contra Miscilo la sentencia condenatoria, echando todos los jueces bolas negras en la urna; pero al vaciarla para contar los votos se halló que todas habian mudado el color de negro en blanco, y que la sentencia dada contra Miscilo se convirtió en favorable por favor y beneficio de Hércules. Dió á este gracias por ello, y luego que el viento se presentó favorable, se hizo á la vela, atravesó el mar Jonio; y despues de haber pasado la ciudad de Tarento, que debia su orígen á los lacedemonios, á Sibaris, el rio Neeto, de los salentinos, el golfo de Turios, á Temese, los campos de Calabria, y recorrido con mucha dificultad y peligro todas estas costas, llegó por último á la embocadura del rio Esar, donde el destino le habia señalado su asiento. Habiendo hallado cerca de alli el sepulcro del célebre Croton, edificó una ciudad, conforme á la órden que habia recibido de Hércules, y le puso el nombre del sepultado.[131]” Tal era la tradicion del pais sobre esta famosa ciudad, que los griegos habian venido á edificar á las costas de Italia.
„En ella habitaba, continuó el anciano, un hombre de la isla de Samos,[132] que se habia desterrado voluntariamente de su patria por el odio que tenia á los tiranos que habian usurpado su dominacion. El cual, aunque en el mundo y distante del cielo, se remontaba á él con la contemplacion de las cosas divinas, y vió con el ingenio lo que no podia con los ojos del cuerpo, enseñando todo aquello que habia alcanzado por medio de sus meditaciones y vigilantes especulaciones: él explicaba á sus discípulos, que hasta cierto tiempo guardaban silencio, y no hacian otra cosa que oir con admiracion su doctrina, los principios y creacion del mundo, las causas de las cosas, qué cosa era la naturaleza, qué era Dios, de dónde provenian y se formaban las nieves, cuál el orígen de los rayos, si era Júpiter ó la nube que se rasgaba la que formaba y causaba los truenos, qué lo que conmovia las tierras y causaba los terremotos, cómo y por qué leyes hacian sus giros y círculos los planetas y los astros;[133] en suma él enseñaba cuanto antes habia estado oculto é ignorado. Él fue el primero que reprendió como abuso la costumbre de comer carne de los animales, y argüia contra ella con estas doctas, pero no creidas razones:
„Absteneos y guardaos, mortales, decia el samio Pitágoras, de ensuciar vuestros cuerpos con manjares abominables: teneis y deben bastar para vuestro alimento las semillas que contienen y producen harina, las sabrosas manzanas, que con su peso agovian las ramas de los árboles, y en las vides las uvas llenas é hinchadas de su gustoso zumo: hay yerbas y plantas que pueden comerse crudas: hay otras que se hacen sabrosas cociéndolas al fuego: no se os prohiben la leche, el queso y la miel, que huele á la flor del tomillo. La próvida naturaleza os contribuye sus riquezas, y la tierra os provee de delicados alimentos, y os proporciona abundantes comidas, sin que tengais que encrueleceros en la matanza y derramamiento de la sangre de los animales. Las fieras y los brutos son los que sacian su hambre con carne, aunque no todos, porque los caballos, las ovejas, los bueyes y vacas se alimentan paciendo yerba: solo los animales fieros y crueles, como son los armenios tigres, los furiosos leones, los lobos y los osos se ceban en manjares mezclados con sangre. Ciertamente es una cosa delincuente y horrorosa que unas entrañas se sepulten en otras, y que un cuerpo hambriento sacie su hambre y engorde con otro cuerpo, y que un animal viva y se mantenga á costa de la muerte de otro animal. Ciertamente entre tantos dones como cria la mejor madre la tierra ¿es posible que no hay otros que os agraden que los horrorosos, y que para comerlos es menester ensangrentar los crueles dientes en las heridas, é imitar la crueldad de los Ciclopes? ¿Es posible que no halleis otro medio de saciar vuestra hambre, y llenar vuestro voraz vientre, habituado á la hartura, de otro modo que á costa de perder y destruir á otro animal? Bien veis que aquella antigua edad que se llamó de oro fue feliz, manteniendo á los hombres con las frutas de los árboles y con las plantas que producia la tierra, y no manchaban su boca con sangre de los animales. Entonces las aves volaban seguras por los aires; la liebre corria sin temor por medio de los campos, ni la credulidad habia expuesto al pez á ser cogido con el anzuelo: el universo tranquilo no conocia las asechanzas ni engaños: todo estaba en paz; pero despues que aquel perverso y dañoso autor (cualquiera que fuese), ansiando por otros alimentos, inventó llenar el hambriento vientre con manjares de carne, abrió con esto el camino á la maldad: yo creo que lo primero en que se ensangrentó el hierro fue en la muerte de las fieras: en esto no creo hubo delito, y soy de opinion que sin ofensa de la piedad podian matarse las fieras que traian expuesta nuestra vida; pero aunque para asegurarla se mataban, no por eso se comian. Desde aqui dió otro paso mas adelante la maldad, y empezó á matarse y á ofrecerse en sacrificio el cerdo, porque arrancaba las semillas y mieses con su corvo hocico, y desvanecia y quitaba la esperanza de las cosechas.[134] El cabron, porque pacia los tiernos retallos de las vides, fue llevado por víctima á las aras de Baco. Su culpa acarreó este justo castigo á entrambos; pero ¿en qué habeis pecado vosotras, inocentes ovejas, ganado útil y apacible, que sirve para defender á los hombres de las inclemencias del tiempo, y que proveyéndonos del néctar de vuestra leche, y de vuestras lanas para vestirnos, nos sois en vida mas útiles que despues de muertas? ¿En qué han pecado los bueyes, animales sencillos, en quienes no se halla dolo ni fraude, que ningun daño hacen, y sirven para el continuo trabajo? Es un ingrato é indigno del don y fruto de las mieses el que se atreve á matar un buey, quitándole del yugo y del arado, y recompensándole asi el trabajo y beneficio de haberle labrado sus campos; y lo es tambien el que se atreve á descargar la destructora segur sobre la cerviz maltratada con el yugo, y con la que tantas veces habia cultivado y renovado los campos, y habia proporcionado tantas cosechas. Y el caso es que no para en esto la malicia y gravedad de la atrocidad, sino que quieren los hombres disculparla, atribuyéndola á las mismas deidades, las que suponen y creen se huelgan y complacen con la muerte y sacrificio de un laborioso novillo, y en esta creencia eligen el mejor y mas elegante, sin vicio ni defecto (que esto es lo que le perjudica), y adornándole con oro y cintas victimales,[135] le conducen y ponen ante las aras, donde sin entenderlas oye las deprecaciones del sacrificante, y ve que le rocían las astas y la frente con la salsa mola,[136] compuesta de las mismas semillas que sembró y cultivó, y que al darle el mortal golpe salta su sangre y tiñe el cuchillo, que como si fuese en un espejo acaso habria visto poco antes en el agua preparada para el sacrificio. Aun sin acabar de morir le abren y miran con cuidado sus entrañas y fibras para rastrear y adivinar por ellas la voluntad de los Dioses. ¿De dónde ha venido á los hombres tanta y tan insaciable hambre de manjares prohibidos? ¿Cómo teneis, mortales, valor y atrevimiento para saciarla con ellos? Yo os requiero no lo hagais, y que fijando vuestra atencion en mis advertencias al tiempo que vayais á satisfacer vuestra hambre con los miembros de los animales que para ello matais, reflexioneis y conozcais que os comeis los cuerpos de vuestros colonos, y dais esta recompensa á los que han trabajado para vosotros; y pues se mueve mi boca por superior inspiracion, seguiré al Délfico Dios que me la mueve, os abriré el mismo cielo, y os manifestaré los celestiales oráculos. Grandes y hasta aqui ocultas é ignoradas cosas os tengo que explicar, que nunca penetraron los ingenios de nuestros antepasados, y para ello quiero tener el deleite de remontar mi discurso hasta los altos astros, y elevado como por una nube, dejando la tierra y su habitacion, sobreponerme á los hombros del robusto Atlante, y desde alli miraré con desprecio la tierra y los hombres, que descaminados y destituidos de la antorcha de la razon vagan sobre ella, animaré con mis exhortaciones á los que tiemblan y temen la muerte, desenvolviéndoles y explicándoles la serie y órden de su destino.
„Débiles mortales, les diré, atónitos con el miedo de la muerte, ¿por qué temeis la Estigia y el reino tenebroso, vanos nombres, suplicios imaginarios,[137] inventados por los poetas? Sea que la llama reduzca los cuerpos á ceniza, ó sea que la podredumbre los consuma, se acabarán con ellos los males, y no tendrán que padecer otros algunos. Solo las almas son inmortales, y cuando dejan su primer asiento van á habitar y vivir en otros cuerpos. Yo,[138] que os hablo, me acuerdo que en tiempo de la guerra de Troya fuí aquel Euforbo á quien Menelao atravesó el pecho con una lanza; y há poco tiempo que conocí en Argos en el templo de Juno el escudo que yo llevaba entonces. Todas las cosas se mudan; nada perece, y el espíritu anda vagante de allá acá y de acá allá animando diversos cuerpos: desde los de las fieras pasa á los humanos, y desde estos á los de las fieras, sin perecer en ningun tiempo.[139] Y asi como la blanda cera, aunque siempre sea una misma, recibe varias figuras, y se la transmuta de unas en otras, deshaciendo la anterior y dándola otra nueva, del mismo modo y por este egemplo os hago entender que el espíritu siempre es uno mismo; pero va emigrando de unas figuras en otras. En este supuesto (mirad que os desengaño) lo que conviene es que no atropelleis la piedad por la gula y apetito de saciar el vientre: absteneos de hacer que con una muerte nefanda salgan y emigren de sus antiguos cuerpos los espíritus con quienes acaso tengais algun parentesco,[140] y no alimenteis vuestra sangre con otra sangre.