Metamorfóseos o Transformaciones (4 de 4)
Part 7
„Nosotros, habiendo aportado á ella, anclamos en su playa con las precauciones que nos hizo tomar la memoria de las pérdidas que nos hicieron Antifates y el fiero Ciclope Polifemo. Todos nos resistíamos á saltar en tierra, y á penetrar en una isla desconocida, y para ello hubo que echar suertes, que nos tocaron á mí, Polites, á Euriloco, á Elpenor, que era gran bebedor de vino, y á otros hasta en número de diez y ocho, todos los cuales marchamos á la ciudad y palacio en que habitaba Circe. Apenas llegamos nos paramos un poco á la entrada, y salieron á recibirnos una multitud de lobos, osos y leones,[96] todos mezclados entre sí, que nos causaron miedo y espanto; pero ninguna de estas fieras era de temerse, y ninguna hizo ademan de acometernos ni herirnos, antes bien nos halagaban y acariciaban con el movimiento de sus colas, y nos acompañaban y seguian nuestros pasos, hasta que en lo interior de la casa nos recibieron las criadas, y por salas de mármol y pórfido nos condujeron á un vistoso gabinete, donde estaba Circe sentada en su solio, vestida de una blanca palla,[97] y los cabos y tocado entretejidos de oro. Las doncellas que la acompañaban, y que tuvimos por Ninfas y Nereidas, no se ocupaban en preparar ni hilar estambre, ni en otra alguna labor, sino en apartar en canastillos las yerbas y flores[98] de varios colores, que sin órden estaban esparcidas en el suelo, y disponerlas en manojos, y ella reconocia y dirigia lo que todas hacian, porque sabia y conocia la virtud y eficacia de cada yerba, y la union y mixtura que la una planta tenia con la otra, separándolas con este conocimiento. Luego que nos vió y la saludamos nos correspondió con semblante afable y apacible, y nos habló con el agrado que podíamos apetecer y desear, y sin detencion mandó hacer una confeccion, compuesta del zumo exprimido de granos de cebada tostada, majados y disueltos en miel y vino, añadiendo á todo ello la porcion suficiente de ralladuras de queso. Dispuesta asi la confeccion de los dulces jugos de todo lo referido, nos la dió á beber, y la tomamos de su propia mano en unos grandes vasos; pero al punto que la bebimos y apuramos con la ardiente sed que llevábamos, y al momento que ella, apurada la confeccion, nos tocó las puntas del cabello con su vara encantadora (me avergüenzo de ello, pero habré de referirlo), se me llenó el cuerpo de duras y agudas cerdas: ya no podia hablar, y en lugar de voz hacia un ronco gruñido, y arrojándome hasta poner la cara en el suelo, advertí que mi boca se endurecia y convertia en un duro hocico, que se me entumecian los nervios del cuello, y que me servian para pisar y andar las manos con que poco antes habia tomado el vaso, y fuí encerrado en una zahurda con los demas mis compañeros, que habian sido convertidos en cerdos del mismo modo que yo (tanto es el poder de los encantos). Solo vimos que Euriloco se libertó de igual suerte, porque solo él rehusó y resistió beber la confeccion, pues si hubiera tomado el vaso y bebido de él, seria ahora uno de los de la manada de cerda, y Ulises no hubiera podido ser informado por él de nuestra calamidad, ni venir en busca de Circe para vengarnos y recobrarnos; para cuya empresa Mercurio, nuncio y autor de la paz, le habia dado una blanca flor, que crece sobre una negra raiz, y que entre las deidades se llama moly.[99] Prevenido y asegurado con ella, y con los consejos y prevenciones que le habia hecho Mercurio, se dirigió al palacio de Circe, donde le brindó con un vaso de la insidiosa confeccion; pero él resistió tomarle, y la hizo retirar cuando intentaba tocarle el cabello con la vara encantadora, y desenvainando su espada, la amenazó y atemorizó. Á esto se siguió el darse recíprocamente palabra y mano los dos, y admitido Ulises al tálamo nupcial, pidió por dote la restitucion de nuestros compañeros á su antigua figura. Circe nos roció con unos saludables jugos de inocentes plantas y de virtud contra los encantos: nos tocó la cabeza con su vara vuelta[100] al reves, y pronunció otros versos y de contrarias voces á los que antes habia dicho para encantarnos. Á medida que iba pronunciándolos nos íbamos levantando de la tierra y poniéndonos derechos: se nos iban cayendo las cerdas; y cerrándose la hendedura de nuestros pies y manos, volvieron á su antigua figura, como asimismo los hombros y los brazos. Llorando abrazamos á Ulises, que tambien lloraba por la misma causa, y las primeras palabras que hablamos fueron darle gracias, y manifestar nuestro agradecimiento por su amparo y proteccion. Un año entero se detuvo Ulises, y nos detuvimos todos en el palacio de Circe, y en este dilatado tiempo presencié, ví y oí muchas y maravillosas cosas. Entre ellas oí y oyeron tambien otros de mis compañeros lo que con reserva nos contó una de las cuatro criadas que la servian para los encantos. Esta, en ocasion que Ulises estaba retirado con Circe, me enseñó una estatua de un jóven hecha de mármol blanco, en cuya cabeza, adornada con corona, tenia el ave que se llama Pico,[101] y estaba colocada en la pieza que servia para los actos de religion. Preguntándola yo, y queriendo saber á quien representaba aquella estatua, por qué se le daba culto en aquel sitio, y por qué tenia aquella ave, me respondió: „Escucha, Macareo: estame atento á lo que voy á referirte, y de ello comprenderás cuál y cuánto sea el poder de mi señora.”
[Ilustración: (131) Ulises obliga á Circe dé á sus compañeros su primitiva figura.]
FÁBULA VI.
_PICO ES AMADO DE CIRCE._
„Reinaba en el Lacio Pico, hijo de Saturno, muy inclinado á los caballos y á adiestrarlos para la guerra; su semblante, forma y disposicion eran conforme lo ves en esa estatua que te he manifestado, por la cual, que es un retrato ó fingida imagen, puedes conocer la gallardía del original. Su índole, su discrecion y las demas dotes del ánimo correspondian en todo á la belleza de su semblante, y su edad aun no llegaba á veinte años, ni habia llegado á ver cuatro veces los juegos atléticos, que segun el rito griego se hacen en la palestra cada cinco años. Llevábase la vista y atencion de las Dríades que habitaban en las montañas del Lacio, y le amaban y apetecian su enlace las Náyades de las fuentes, las de los rios Albula, Numico, Teveron, Almo, de corto y breve curso, el impetuoso Nero, y el Tarfa, de agua denegrida, y hasta las que residian en el bosque y estanque de la Diana, que fue traida de Escitia, y frecuentaban los lagos comarcanos; pero el gallardo jóven las despreciaba á todas, y solo amaba á una Ninfa, que se dice era hija de Jano el de dos caras,[102] y haberla dado á luz su muger Venilia, que tuvieron su habitacion en el monte y collado Palatino. Esta, luego que llegó á la edad proporcionada y á ser núbil, fue dada en casamiento á Pico, que reinaba en la ciudad de Laurento, prefiriéndole á todos los demas que la pretendian. Era de rara belleza; pero mas rara y singular en la habilidad de cantar, por lo cual fue llamada _Canente_, y con su voz conmovia las selvas y los peñascos, amansaba las fieras, detenia la corriente de los rios, y suspendia el vuelo de las aves. Mientras ella se quedaba entretenida en la melodía de su canto, y en egercitar en canciones su delicada voz, habia salido un dia Pico á los campos y bosques de la ciudad de Laurento en busca de jabalíes en que emplear sus dardos: oprimia la espalda de un veloz caballo, llevando en su diestra dos rejoncillos, y arregazada y recogida con presillas de oro la clámide que vestia de color de púrpura de Tiro. Por casualidad aquel dia Circe, dejando el monte que de su nombre se llamaba Circeo, habia venido á las mismas selvas de Laurento á buscar y coger yerbas para sus encantos en sus fecundos collados, y al punto que descubrió á Pico desde unas matas en que estaba escondida, se quedó pasmada de ver su gallardía; se le cayeron de las manos las yerbas que habia cogido, y de repente la llama del amor discurrió y le penetró todas sus medulas. Recobrada algo del enagenamiento que la causó la vehemente pasion del amor, iba á descubrírsele y confesársele; mas no pudo acercarse á él por la velocidad con que corria el caballo, y por ir en medio de los muchos que le rodeaban y acompañaban; pero viendo que no podia conseguirlo, dijo: „Si es que estoy engañada en el conocimiento de mí misma y del poder de mis encantos; si estos no me fallan, y si las yerbas de que me valgo no han perdido su eficacia, no te me huirás ni escaparás, aunque seas llevado en alas del mismo viento.” Apenas dijo esto formó la figura y cuerpo aereo de un jabalí, al que hizo atravesar corriendo el camino que llevaba el Rey, y que fuese á esconderse en lo mas espeso é intrincado del bosque, y en una maleza en que no pudiesen penetrar los caballos. Al momento Pico, ansioso por la presa que imaginaba real y verdadera, é ignoraba que era una sombra y apariencia, saltó ligero del caballo, y en seguida de una vana esperanza penetró hasta lo mas interior y enmarañado del bosque. Alli le salió al encuentro Circe, la que empezó á hacer súplicas y votos á deidades desconocidas, adorándolas con unas preces y versos oscuros[103] é intrincados, de que solia usar para sus encantos, y con los que hacia oscurecer la luna y el sol, enmarañando su luz y sus resplandecientes rayos. Tambien y con sus mágicos versos hizo encapotarse el cielo, y que el aire y toda su region se oscureciesen con las nieblas espesas que exhalaba la tierra; de modo que vagando y tropezando con la oscuridad los que acompañaban y seguian al Rey, perdieron el tino, no pudieron encontrarle, y le dejaron solo. Entonces aprovechándose Circe de esta ocasion, se descubrió, y le habló en la forma siguiente: „Gallardo y hermosísimo jóven, por esos tus graciosos ojos, que me han robado y hechizado los mios; por tu donaire y hermosura, que me arrastra hasta el extremo de que siendo muger y deidad no repare ni me detenga en manifestarte mi amor y suplicarte, corresponde, te ruego, al amoroso fuego en que por tí me abraso: mira que no soy una muger vulgar, y que no corresponda á tu elevada clase, pues casándote conmigo tendrás por suegro al sol, que todo lo ve é ilumina: no correspondas duro é insensible á mi amor, ni desprecies el que te tiene y manifiesta la Titánida Circe.” Feroz y enfurecido Pico al oirlo, la apartó de sí, y repelió sus requiebros diciéndola: „Quien quiera que tú seas, entiende que no soy libre, ni tuyo, ni puedo serlo, porque otra me tiene ligado, y deseo me tenga por todo un largo y dilatado siglo, y que mientras los hados guarden y conserven la vida de mi amada Canente, hija de Jano, no la haga yo agravio, ni la falte al debido amor y fe enlazándome con otra.[104]” Circe sin embargo reiteró sus esfuerzos y súplicas muchas veces; pero todas fueron en vano; y viéndose despreciada le dijo: „No pienses que tu desprecio ha de quedar sin castigo, pues te aseguro que no has de volver á la presencia de esa tu amada Canente, y por propia experiencia has de saber lo que es y puede una muger amante y ofendida, y que Circe es muger ofendida y amante.” Entonces volviéndose dos veces hácia el ocaso, y otras dos hácia el oriente, tocó tres veces al jóven Pico con su vara, y repitió otras tres veces los versos y fórmula solemne de sus encantos. Él echó á huir; y admirándose de que corria con mayor ligereza que lo que acostumbraba, se empezó á mirar á sí mismo, y vió tenia alas en su cuerpo, é impaciente por verse de repente convertido en una ave nueva, y destinado á habitar en aquellas selvas del Lacio, se enfurece contra los árboles, y con su duro pico hiere, traspasa y taladra sus troncos y ramos: las alas se vistieron del color purpúreo de la clámide que traia puesta: lo que antes habia sido presilla de oro para prenderse y recogerse el vestido se volvió plumas, y el cuello quedó ceñido con un collar, que hacia el color de oro de las plumas: en suma, del que antes era Pico no quedó otra cosa que el solo nombre.
[Ilustración: (132) Pico, por ser fiel á su Esposa, es transformado por Circe en Picoverde.]
Los de su comitiva, despues de haberle andado buscando y llamando á voces por aquellos montes, repitiendo muchas veces en vano su nombre, sin haberle hallado en ninguna parte, llegaron buscándole donde estaba Circe (pues ya habia enrarecido las auras, y habia dejado que las espesas nieblas y la oscuridad se desvaneciesen y disipasen con la fuerza del sol y de los vientos), la arguyen y hacen cargo con verdaderas acusaciones sobre que les descubra su Rey y se le restituya, llegando el caso hasta el extremo de apelar á la fuerza, y prepararse á acometerla con sus fieros dardos. Ella arrojó y esparció sobre ellos una porcion de ponzoña y zumo de yerbas venenosas, invocando al mismo tiempo á la Noche, á las deidades nocturnas, al Erebo y al Caos, y suplicando con mágicos aullidos á la triforme Hécate.[105] Las selvas y los valles, cosa portentosa y maravillosa, se mudaron y pasaron á otro sitio; bramó la tierra; los árboles cercanos perdieron su verdor, y quedaron pálidos y marchitos; las yerbas de los prados se humedecieron, y salpicaron con rocío de color de sangre; parecia que las piedras y peñascos se rompian y daban unos roncos estallidos, que ladraban los perros, que la tierra brotaba por todas partes negras y venenosas serpientes, y que andaban volando por el aire una multitud de espectros, imágenes y visiones de los muertos. Atónitos con tales prodigios los que poco antes querian acometerla, empezaron á temblar: ella entonces les tocó los rostros con su vara envenenada y encantadora, cuyo contacto los fue despojando de su antigua figura, de la que nada quedó á ninguno de ellos, y todos fueron convertidos en varias y diferentes fieras.[106]
„Era ya puesto el sol de aquel dia, y Canente, como no volvia su esposo, y le esperaba con impaciencia, asomándose á mirar el camino por donde habia de venir, entró en una grande inquietud por su tardanza. Los criados y todo el pueblo salieron á buscarle llevando antorchas encendidas, y registraron en su busca todas las selvas, discurriendo por todos los montes y collados, sin haberle hallado en ninguno de ellos. Canente, aunque lloraba, se arrancaba los cabellos y daba grandes gritos, no se contentaba con esto, sino que salió como loca de su casa, y echó á andar y correr en su busca por los dilatados campos. Seis dias y seis noches anduvo corriendo por ellos y por los collados y valles, sin haber comido ni dormido en todo este tiempo. Cansada con el llanto y el camino, llegó á la ribera del Tíber, donde se reclinó á descansar en su frescura. Alli, como el cisne que estando para morir canta con mayor melodía sus exequias, acompañando con lágrimas y gemidos sus suspiros y dolores, llena de afliccion se quejaba con un sonido muy débil y desmayado. Por último extenuándosele y liquidándosele sus medulas con el llanto, llegó á desfallecer, y se desvaneció[107] y resolvió, convirtiéndose en ligeras y sutiles auras. La fama de este suceso aun permanece en aquel sitio, al que en señal de él los antiguos labradores llamaron Canente del mismo nombre de la Ninfa.” Estas y otras muchas cosas semejantes, añadió Macareo, me fueron contadas y ví por mis ojos en el largo tiempo de un año que nos detuvimos en el palacio de Circe, al cabo del cual, ya flojos y perezosos con el mucho descanso, se nos mandó por Ulises volver al mar, y hacernos otra vez á la vela. Como Circe habia dicho que teníamos que correr aun muchos mares, y muchos peligros que padecer, temí, confiésolo; y llegando á estas orillas, me detuve.”
FÁBULA VII.
_LOS COMPAÑEROS DE DIOMEDES CONVERTIDOS EN AVES._
Con esto concluyó Macareo la referencia que hacia á Acheménides, despues de lo cual este, como ya asociado á los troyanos, asistió con ellos á la ceremonia fúnebre de colocar Eneas en una urna de mármol las cenizas de Cayeta, su ama de leche, que murió en aquellas regiones, en cuyo túmulo puso este breve epitafio: _Aqui la notoria piedad de Eneas, mi alumno, me honró á mí, Cayeta, y á mi cadaver con el fuego de la pira, despues de haberme sacado del de Troya._ Los troyanos soltaron luego los cables, y desenlazando sus naves de la herbosa playa en que las habian tenido amarradas, se alejaron de la peligrosa isla y palacio de la famosa encantadora Circe, y dirigieron su rumbo á saltar en tierra en los bosques en donde el sombrío y niebloso Tíber desemboca en el mar su corriente mezclada con roja arena.
[Ilustración: (133) Venus, irritada, transforma á Acmon y á sus compañeros en aves aquáticas semejantes á Cisnes.]
Alli, de resultas de una batalla que tuvo que vencer, se apoderó Eneas del palacio del Rey Latino, hijo de Fauno, y recibió por esposa á su hija.[108] Esto dió causa á una cruel guerra con la nacion feroz de los rútulos, por estar aquella prometida por muger á su Rey Turno, que poseido del mayor furor intentaba recobrarla, y que se le cumpliese lo prometido. En esta guerra tomó parte toda la Toscana, aliándose á los latinos y troyanos, y en ella se peleó por largo tiempo con mucho empeño y con vario suceso, andando indecisa la victoria. Cada partido de los dos beligerantes procuraba reforzarse con alianzas y tropas auxiliares, y de los Príncipes y pueblos comarcanos unos seguian á los rútulos, y otros defendian á los troyanos; y Eneas no hizo en balde su viage á solicitar la alianza de Evandio,[109] de quien la consiguió. Vénulo fue enviado por Turno á la gran ciudad que habia edificado el prófugo griego Diomedes con la ayuda de Dauno, Rey de la Pulla, con cuya hija casó, y recibió en dote parte del reino. Luego que llegó Vénulo desempeñó el encargo de Turno, y pidió el auxilio; pero Diomedes se excusó diciendo que él no podia empeñar los pueblos y vasallos de su suegro en una guerra que no le interesaba, y que de sus propias tropas no tenia las suficientes para armar y enviar á Turno. „No son estas ficciones ni pretexto de excusa, dijo Diomedes á Vénulo, porque aunque la tristeza se renueve en traer á la memoria sucesos desagradables, será preciso el referirlos. Despues que la ciudad de Troya fue abrasada, y sus muros fueron despojos de las llamas de los griegos, y despues que Ayax, hijo de Oileo, cargó sobre todos nosotros la pena que él solo merecia por el rapto y estupro de Casandra en el templo de Minerva, se vengó esta Diosa en dispersar á todas nuestras naves, y arrebatados de una tempestad que envió contra nosotros, sufrimos todos los griegos rayos, oscuridad, lluvias, la ira del cielo y del mar, y por colmo de todas estas calamidades la de la pérdida que tuvimos, estrellándose la mayor parte de nuestras naves en las rocas de Cafareo.[110] Para no detenerme refiriendo por su órden estos tristes sucesos, basta decir que si Príamo los hubiese visto, se hubiera condolido de la Grecia. Á mí y á mi nave nos libertó de ser anegados el cuidado y favor de Minerva; pero de nada me sirvió; pues me fue imposible desembarcar en mi propio reino, alejándome de sus playas Venus en venganza y castigo de la herida que la hice en el sitio de Troya cuando defendia de mí á su hijo Eneas;[111] y son tantos los trabajos y peligros que padecí y en que me ví, tanto en los mares como en batallas terrestres, que muchas veces llamé dichosos y envidié la suerte de aquellos á quienes la tempestad y las rocas de Cafareo sumergieron en las aguas, y querria haber sido uno de ellos. Mis compañeros llegaron á desfallecer despues de haber padecido los últimos trabajos por mar y tierra, y me suplicaron que pusiese fin á mi errante viage. Pero Acmon, que era de ingenio vehemente, y estaba endurecido con las calamidades y trabajos, les dijo: „Esforzados varones, ¿qué es lo que ya puede sucedernos peor y mas grave que lo que nos ha acaecido hasta aqui, y que vuestra paciencia pueda rehusar el tolerarlo? ¿Le queda á Venus (aunque quiera) alguna cosa mas y peor que hacer contra nosotros? Cuando se temen cosas peores son del caso los ruegos para evitarlas; pero cuando los males han llegado al último estado, ya se les pierde el temor, y su misma gravedad influye ánimo y seguridad. Aunque la misma Venus nos esté oyendo; aunque, como lo hace, tenga un odio cruel á todos los que somos gobernados por Diomedes, debemos todos despreciar su odio, y no acobardarnos, sino luchar contra él con todas nuestras fuerzas.” Con este razonamiento provocó mas Acmon á Venus, y avivó en ella la antigua ira, que ya estaba algo apaciguada. Muchos aprobaron su discurso y resolucion; pero otros en mayor número, aunque amigos suyos, la desaprobamos, y le reprendimos por ella. Disponíase á responder y replicar á los que le reprendian; pero se le adelgazó y extenuó la voz, y se le contrajo y estrechó la garganta:[112] sus cabellos se convirtieron en plumas, y tambien se llenaron y cubrieron de ellas su nuevo y estrecho cuello, su pecho y espaldas. Sus brazos se encorvaron y se hicieron alas; una gran parte de los pies se distribuye en largos y delgados dedos, y el rostro se endurece en pico y finaliza en punta. Mientras Lico, Idas, Retenor, Abas y Nicteo se maravillan de una transformacion tan extraña, se convierten en aves semejantes, y la mayor parte del escuadron toma vuelo, y se pone á volar al rededor de nuestra nave. Si me preguntas ahora cuál sea la forma de estas dudosas aves, te diré que aunque no son cisnes, son muy parecidas á estos por su blancura. En fin despues de tantas desgracias llegué con mucho trabajo y con la mínima parte de los mios á los estados de Dauno, quien me recibió favorablemente, y me dio á su hija en casamiento.”
Con esto puso Diomedes fin á su razonamiento, y despidió á Vénulo, el cual al retirarse de los estados de aquel, pasando por los campos Mesapios y senos Peucesios, que están en la Pulla, vió en ellos unas cuevas entre una espesa y una oscura selva, y que en su interior destilaban menudas gotas de agua, las cuales eran habitacion del Dios Pan, y antes lo habian sido de algunas Ninfas. Un pastor de la Pulla las espantó é hizo huir de alli, llenándolas de un súbito terror; pero aunque al principio se dejaron poseer de él, despues se recuperaron poco á poco, hicieron burla y desprecio del pastor que las seguia, dejaron la fuga, y se pusieron á bailar. El pastor, viéndolo, las llenó de improperios, y remedándolas agrestemente en el baile, añadió á esto groseras injurias y palabras desvergonzadas y obscenas, y no dejó de insultarlas hasta que su garganta se endureció y escondió en el tronco de un árbol en que se iba transformando, que fue el olivo silvestre ó acebuche, cuyo jugo y el de sus amargas aceitunas dan indicio de la mordacidad del pastor, y son una nota de su atrevida lengua, porque la aspereza de sus palabras se traspasó al fruto del tal árbol.[113]
[Ilustración: (134) Por haber insultado un pastor á unas ninfas que danzaban es convertido en olivo.]
[Ilustración: (135) Los navíos de Eneas incendiados por Turno son transformados por Cibeles en ninfas marinas.]
FÁBULA VIII.
_LAS NAVES DE ENEAS CONVERTIDAS EN NINFAS._