Metamorfóseos o Transformaciones (4 de 4)
Part 1
NOTA DE TRANSCRIPCIÓN
* Las cursivas se muestran entre _subrayados_ y las versalitas se han convertido a MAYÚSCULAS.
* Los errores de imprenta han sido corregidos.
* La ortografía del texto original ha sido respetada, con normalización de las variantes a la grafía más frecuente y tildado de las mayúsculas.
* Las notas a pie de página han sido renumeradas y colocadas al final del tomo.
* Se han reubicado muy ligeramente algunas ilustraciones para que no interrumpan un párrafo. Asimismo se han dividido algunos párrafos para alojar una ilustración.
* Se ha añadido al final un listado de las estampas numeradas que ilustran el tomo. El orden de las estampas 138 y 139 también aparece invertido en el original impreso.
* Las páginas en blanco han sido eliminadas.
METAMORFÓSEOS ó TRANSFORMACIONES DE OVIDIO.
METAMORFÓSEOS
ó
TRANSFORMACIONES DE OVIDIO,
TRADUCIDOS AL CASTELLANO
CON ALGUNAS NOTAS PARA SU INTELIGENCIA,
_POR DON FRANCISCO CRIVELL._
NUEVA EDICION.
TOMO IV.
MADRID EN LA IMPRENTA REAL AÑO DE 1819.
ÍNDICE de las Fábulas contenidas en este tomo.
LIBRO DUODÉCIMO.
Pág.
ARGUMENTO. 1
FÁBULA PRIMERA. _Una cierva sacrificada en lugar de Ifigenia._ 3
FÁB. II. _Combate de los Centauros y Lapitas._ 17
LIBRO DECIMOTERCIO.
ARGUMENTO. 40
FÁBULA PRIMERA. _Ayax y Ulises se disputan las armas de Aquiles._ 42
_Discurso de Ulises._ 51
FÁB. II. _La sombra de Aquiles detiene á los griegos._ 72
FÁB. III. _Eneas y Anquises._ 85
FÁB. IV. _Polifemo._ 92
FÁB. V. _Glauco y Escila._ 103
LIBRO DECIMOCUARTO.
ARGUMENTO. 107
FÁBULA PRIMERA. _Circe._ 109
FÁB. II. _Dido recibe á Eneas en su palacio._ 115
FÁB. III. _Eneas y la Sibila._ 117
FÁB. IV. _Eneas llega á Cayeta._ 121
FÁB. V. _Los compañeros de Ulises transformados en puercos._ 128
FÁB. VI. _Pico es amado de Circe._ 133
FÁB. VII. _Los compañeros de Diomedes convertidos en aves._ 142
FÁB. VIII. _Las naves de Eneas convertidas en Ninfas._ 149
FÁB. IX. _Vertumno y Pomona._ 156
FÁB. X. _Ifis y Anaxarete._ 161
LIBRO DECIMOQUINTO.
ARGUMENTO. 173
FÁBULA PRIMERA. _Miscilo absuelto por la transformacion de las bolas negras en blancas._ 175
FÁB. II. _Esculapio es llevado á Roma._ 216
FÁB. III. _César transformado en astro._ 224
_Peroracion._ 232
[Ilustración: Thestorides, vincemus.]
LIBRO DUODÉCIMO.
_ARGUMENTO._
Entonces el padre Príamo, juntamente con sus hijos, hace las exequias á Eaco, que tambien lo era, creyéndole muerto; pero alli no se halló Páris por haber ido á la Grecia. Perseguido este por los griegos, vieron en el puerto Aulide que un dragon se convierte en piedra. Despues el invulnerable Cigno, habiendo sido muerto por Aquiles, se convierte en cisne; asi como tambien la doncella Cenis se transformó en otro tiempo en el jóven llamado Ceneo, y despues en ave. Nestor refirió todas estas transformaciones, añadiendo á ellas la de Periclimenes.
[Ilustración: (119) Diana se compadece de Ifigenia que iba á ser sacrificada, y pone en su lugar una cierva.]
FÁBULA PRIMERA.
_UNA CIERVA SACRIFICADA EN LUGAR DE IFIGENIA._
El padre Príamo, ageno de que su hijo Esaco vivia, bien que transformado en ave, llorábale amargamente por muerto: asimismo Hector y los demas hermanos le habian hecho inútiles exequias en el túmulo, que solo contenia su epitafio. No asistió á estas tristes ceremonias su hermano Páris, el cual, habiendo despues robado á Elena, fue la causa fundamental de una larga y sangrienta guerra, y de que viniesen conjuradas contra Troya mil naves, y se formase una poderosa liga de toda la Grecia, la cual hubiera tomado pronta venganza, si los vientos contrarios no hubiesen impedido la salida del puerto, y la imposibilidad de navegar no hubiese detenido la escuadra en Aulide, puerto de Beocia, en que se hace mucha pesca. Aqui, segun costumbre de la patria, dispuestos los sacrificios á Júpiter, apenas ardian sobre el ara los fuegos sagrados, cuando se presenta á la vista de los griegos un dragon, que trepaba por un plátano inmediato á las aras donde se habian empezado los sacrificios, y en cuya copa habia un nido con ocho pajarillos,[1] y la madre que revolteaba en torno de sus hijuelos, á quienes juntamente con ella arrebató y engulló en su voraz vientre. Todos quedaron atónitos con este agüero; pero Calcas, adivino infalible de lo futuro, les dijo: „Alegraos, griegos, que venceremos: Troya quedará reducida á cenizas; pero nos costará mucho tiempo y trabajo el tomarla;” y para hacer creible su oráculo vaticinó que las nueve aves significaban otros tantos años que habia de durar la guerra. La serpiente, asi como estaba enroscada en las verdes ramas del plátano, se transformó en piedra,[2] que conserva su antigua figura.
El violento Nereo[3] continúa inexorable, sin permitir que la escuadra anclada en Aulide pudiese dar la vela por la furia del mar. Algunos creian que Neptuno, como que habia trabajado en la obra de los muros de Troya, queria por este medio favorecerla, é impedir su total ruina; pero Calcas, que lo sabia como adivino, dijo que para que cesase el embravecimiento del mar era preciso aplacar la ira de Diana,[4] ofreciéndola en sacrificio la doncella Ifigenia, hija de Agamenon. Despues que la causa pública pudo mas que el amor paterno, y la dignidad Real mas que el ser su padre, los sacerdotes con las lágrimas en los ojos pusieron junto al ara á Ifigenia para sacrificarla, con lo cual se dió por satisfecha Diana,[5] y ocultándola en una espesa nube; se cuenta que mientras se hacian las ceremonias y preces del sacrificio sustituyó en su lugar una cierva, que fue por ella inmolada; y con esto calmó la indignacion de Diana, y juntamente con ella la del mar; y las mil naves, despues de haber padecido tanto, llegaron viento en popa á las playas troyanas.
Hay en medio del universo un lugar situado entre la tierra, el mar y las regiones celestes,[6] en el cual concurren y se juntan las extremidades y confines de aquellas tres partes: desde este lugar se divisa lo que pasa en todas ellas, aunque esté muy distante, y desde él se oye y penetra la voz á los oidos de todos. La Fama lo habita, y tiene su mansion ordinaria en la parte mas elevada del alcázar, en que por todas partes se hallan innumerables entradas y salidas hasta en el mismo techo; los umbrales no tienen puerta alguna con que cerrarse. De dia igualmente que de noche está abierto: toda la casa es de metal sonoro, en el que resuenan y se aumentan las voces,[7] volviéndolas hácia fuera el eco, el cual redobla y repite lo que se le confia. Dentro no hay descanso ni silencio en ninguna parte; pero con todo no es formal clamor, sino un rumor de un sonido tenue y sordo, como el que hacen las olas del mar oidas desde lejos, ó como los truenos cuando las nubes estan muy retiradas. Una multitud de personas sin interrupcion ocupa los pórticos del palacio, y el vulgo novelero é inconstante va y viene sin cesar, y á cada instante se divulgan mil patrañas confundidas con la verdad,[8] que no puede sacarse en limpio por la confusion y desórden de las palabras, con las que los unos llenan de noticias á los oidos desocupados, y los otros repiten en otra parte lo que han oido contar: crece el número de ficciones, y el último á cuyos oidos llegan las abulta con alguna cosa nueva que les añade. Alli residen la necia credulidad y el temerario error, la vana alegría y el infundado sobresalto, la sedicion que cunde y los susurros,[9] cuyo orígen no se puede averiguar.
La Fama, á quien nada está oculto de cuanto pasa en el cielo, mar y tierra, antes bien averigua lo que sucede en todo el orbe, habia divulgado que los griegos iban á atacar á los troyanos con una poderosa escuadra y tropas escogidas; con cuya noticia no se hallaban estos desprevenidos, sino que tenian fortificadas las playas, puertos y avenidas, recibiendo á los griegos con las armas en la mano, de forma que Protesilao,[10] que fue el primero que se atrevió á poner el pie en tierra, fue muerto á manos de Hector, trabándose una batalla tan sangrienta, que costó á estos la muerte de aquel y de otros esforzados capitanes, sin haberse conocido hasta entonces el valor de Hector. Los troyanos por su parte experimentaron lo que podia y hasta donde rayaba el valor de los griegos á costa de no poca sangre, con la que estaban ya teñidas las playas sigeas,[11] pues Cigno, hijo de Neptuno, habia por su mano quitado la vida á innumerables; y por otra parte Aquiles desde su carro[12] con su lanza arrollaba á cuantos se le ponian por delante, y buscando furioso por medio de las huestes á Cigno ó á Hector, se encontró con aquel, porque á este le reservaban los hados hasta el año décimo de aquella guerra, y aguijando á los blancos caballos de su carro, lo dirigió contra el primero, y blandiendo su lanza con denuedo y valentía, le dice: „Quien quiera que tú seas, ó jóven, sírvate de consuelo en tu muerte el saber que vas á fenecer á manos de Aquiles.” Esto dijo, y al mismo tiempo le acomete con la lanza; pero aunque le acertó con ella, solo le hizo una ligera contusion en el pecho. Entonces Cigno responde á Aquiles: „Hijo de Tetis (pues ya tiempo há que la fama me dió noticias de tí), ¿por qué te maravillas (y es cierto que se admiraba) de no haberme herido? Este morrion y este escudo que ocupa mi siniestra mano mas me sirven de adorno que de defensa, á la manera que los plumages sirven de gala y adorno á las armas de Marte. Vaya sin embargo todo fuera, que yo pelearé sin estos auxilios, y no por eso conseguirás herirme. Es mucha ventaja el no ser yo hijo de una Nereida,[13] sino de aquel que gobierna á Nereo, á sus hijas y á todo el mar.” Dicho esto, enristró la lanza contra Aquiles con tan gentil denuedo, que traspasó el bronce que debia detener el golpe, y penetró los nueve primeros cueros del escudo, quedando detenida en el décimo. Sacóla Aquiles, y arremetió á su enemigo con el mismo brio; pero de la misma manera resaltó del cuerpo de Cigno sin hacerle herida alguna;[14] ni á la tercera embestida pudo tampoco conseguirlo, aunque Cigno se presentaba á cuerpo descubierto. Se enfureció no de otro modo que cuando el toro en el espacioso circo se ve irritado cuando le da en los ojos el color de las vestiduras de púrpura, embiste y se halla burlado. Aquiles registra la punta de la lanza para reconocer si se le habia caido el hierro, y viendo que estaba fijo en ella, dijo: „¿Con que esto consiste en la debilidad de mi brazo, y este ha perdido todo el valor que antes tenia, pues ciertamente le tuvo, ya cuando arruiné las murallas de Lirnesa, ya cuando inundé á Tebas y Ténedos con la sangre de sus soldados, ya cuando hice que el Caico corriese tambien teñido con la sangre que vertieron los que moraban en sus orillas, y ya cuando Telefo fue herido dos veces con mi lanza? y aun aqui en este mismo lance es valerosa mi diestra, y lo ha sido con la muerte de tantos troyanos como se hallan y veo amontonados por la playa.” Esto dijo, y poco confiado en sus anteriores hazañas, probó á arrojar su lanza contra Menetes, soldado plebeyo de Lidia, y traspasándole la malla, le atravesó el pecho, y cayendo moribundo sobre la tierra, le sacó la misma lanza de la herida, y dijo: „Esta sí que es mi diestra, y esta la lanza vencedora. Me he de valer de estas mismas armas contra este enemigo, y quiera Dios tenga el mismo éxito.” Dicho esto acomete á Cigno, y sin errar el golpe le hiere en el hombro izquierdo; pero lo rechaza como si hubiera dado en un duro peñasco. Sin embargo se veia sangre en donde habia recibido el golpe: Aquiles se alegró; mas duró poco su alegría. La sangre era de Menetes y no de Cigno. Enfurecido y ciego de cólera salta ligero de su carro, y acometiendo á su enemigo con su reluciente espada, advierte que esta penetraba la parma[15] del escudo y el yelmo, pero no su duro cuerpo. No siguió mas con este modo de acometerle, sino que volviendo al contrario la espada, descargó muchos golpes con el pomo de ella en las sienes y cabeza. Atolondrado Cigno con los golpes se retiraba, siguiéndole Aquiles, de modo que unas veces le hacia tropezar y otras caer, sin dejarle ni permitirle ningun descanso. Llenóse Cigno de pavor; se le anubló la vista, y cuando se retiraba andando hácia atras, tropezó en una piedra que habia en medio del campo, y sobre ella le derribó Aquiles con grande ímpetu, dejándole tendido boca arriba. Entonces oprimiéndole el pecho con sus fuertes rodillas, le aprieta á la garganta las ataduras del yelmo, y le ahogó, cortándole á un tiempo la respiracion y la vida. Se disponia á despojar al vencido; pero ve solo las armas sin el cuerpo, porque el Dios del mar lo habia transformado en una blanca ave[16] del mismo nombre que antes tenia.
Á esta primera batalla sucedió una larga tregua, y las dos partes, cansadas de la pérdida que habian sufrido, depusieron las armas. En tanto que los troyanos guardan sus muros y los griegos sus trincheras, llegó el dia festivo en que Aquiles, vencedor de Cigno, hizo un sacrificio á Palas con la sangre de una novilla adornada con cintas.[17] Luego que puso sobre las aras las entrañas que habia de consumir el fuego, y el olor agradable á la Deidad se difundió por el aire, se separó una parte de la víctima para los sacerdotes, y otra para la mesa de los asistentes.[18] Sentáronse á comer los próceres en sus lechos convivales, saciándose de carne asada, y con el suave vino olvidaron sus cuidados y apaciguaron su sed. No hubo en este banquete cántico que realzase ni la cítara[19] ni la flauta, sino que durante el banquete y de sobre mesa se engolfaron en conversacion, siendo la materia de ella el valor y los sucesos de las pasadas refriegas, complaciéndose en referir cada uno los peligros á que se habia arrojado y de que habia salido. ¿De qué otra cosa podia hablar Aquiles, ó qué conversacion podia suscitarse mas á propósito delante de él? Sobre lo que rodó mas la conversacion fue sobre el último certamen con Cigno. Á todos pareció cosa admirable que el cuerpo de este jóven fuese impenetrable é invulnerable, é hiciese rebotar el hierro de las lanzas y demas armas. El mismo Aquiles se maravillaba de esto, y tambien los griegos, cuando Nestor[20] les habló asi: „Es verdad que en vuestro tiempo Cigno fue el solo despreciador del acero, á quien no ofendió hierro alguno; pero yo mismo ví en otra ocasion á Ceneo, que se le parecia en eso de no ser herido. Ceneo Perrebo,[21] repito, que, famoso por sus hazañas, habitó en el monte Otris;[22] y lo que mas causaba admiracion en él era haber nacido individuo del otro sexo.” Esta nueva monstruosidad excitó la curiosidad de los circunstantes á rogarle contase este suceso, y entre ellos Aquiles le dijo: „Sabio y elocuente anciano, prudencia de nuestro siglo, dí ¿quién fue ese Ceneo (pues todos tenemos deseos de saberlo), y cuál la causa para mudar de sexo? ¿En qué guerra lo conociste, y qué hazañas lo han hecho célebre? En una palabra ¿quién fue su vencedor, si es que pudo ser vencido?”
„Aunque el largo tiempo, respondió Nestor, haya borrado de mi memoria el recuerdo de muchas cosas que ví en mis primeros años, no obstante me acuerdo de otras infinitas; pero de todo cuanto he presenciado en paz y en guerra no hay cosa que se me haya quedado mas impresa que la historia que me preguntais; y si mi larga edad me hace recomendable en la referencia de las muchas cosas que en ella he visto, he vivido ya doscientos años, y estoy entrado en el tercer siglo. Cenis, hija de Elato, fue la mas bella de las doncellas de Tesalia, cuya hermosura avasalló y despreció el corazon de muchísimos pretendientes por las ciudades circunvecinas y por las tuyas, porque fue, ó Aquiles, tu prima: quizá el mismo Peleo la hubiera tambien pretendido; pero ó estaba ya casado con tu madre,[23] ó á lo menos contratado el matrimonio con ella. En suma Cenis no quiso casarse; y paseándose un dia por la solitaria playa del mar, fue violentada por Neptuno, segun asi se decia públicamente, y para recompensar la injuria de haberla desflorado le dijo: „Pide lo que te acomode, que todo te será concedido.” Asi tambien lo aseguraba la fama. „Esta injuria que me has hecho, replicó Cenis, me hace desear una cosa grande y singular, y es que me concedas el dejar de hoy en adelante el ser muger para que no me vuelva á suceder semejante desgracia en lo sucesivo: este don equivaldrá á todos cuantos me puedas conceder.” Articuló estas últimas palabras con un sonido mas grave y bronco, y podia su voz equivocarse con la de hombre, como que ya efectivamente lo era, pues el Dios del mar le habia otorgado su peticion, y sobre esto, que no pudiese ser herido ni morir á hierro. Despidióse Ceneo alegre con tales dones, y pasaba su vida juvenil en las ocupaciones y egercicios propios del hombre, recorriendo las campiñas de Tesalia, donde adquirió mucha reputacion.”
[Ilustración: (120) Combate sangriento entre Centauros y Lapitas suscitado en las bodas de Piritóo.]
FÁBULA II.
_COMBATE DE LOS CENTAUROS Y LAPITAS._
„Habia casado Piritóo,[24] hijo del atrevido Ixion, con la bella Hipodamia, y convidó á los fieros Centauros á la boda, la cual se celebraba en una cueva cercada de arboledas, y los hizo sentar á las mesas que estaban puestas por órden. Asistieron á ella los próceres de Tesalia, y yo tambien era uno de los convidados.[25] La confusa multitud de ellos hacia en la estancia un alegre ruido: cantóse el himeneo, humeando entre tanto las aras con las aromas que se quemaban. Presentóse despues la novia mas hermosa que todas, rodeada y acompañada de un gran número de casadas y doncellas. Todos dimos la enhorabuena á Piritóo, y le felicitamos por su union con muger tan hermosa. Pero salieron vanos los anuncios que le hicimos de su felicidad; porque en aquel momento Eurito, el mas fiero de los Centauros, enardecido asi con el vino que habia bebido como con la vista de la recien casada, poseido de la embriaguez mezclada con la lascivia, echó á rodar las mesas del convite, y arrebató con violencia á Hipodamia, asiéndola por los cabellos. Cada uno de los demas Centauros robó la que se le antojó ó la que pudo, de manera que parecia el saqueo de una ciudad tomada por asalto, y en la casa no se oia otra cosa que mugeriles lamentos. Al punto nos levantamos todos, y Teseo, tomando la palabra el primero, dijo: „¿Qué locura, ó Eurito, te enagena para atreverte á maltratar asi á Piritóo, estando yo con vida? ¿Ignoras acaso que á un mismo tiempo ofendes en una á dos personas?” Para hacerle ver que sus amenazas no eran vanas aparta á los que le detenian, recobra y le quita la novia que habia robado. El Centauro quedó suspenso y sin poder articular palabra, porque á la verdad ningunas tenia, ni menos razon alguna para sostener el insulto que habia cometido; pero apelando á los hechos, acometió con sus furiosas manos al rostro de Teseo, recuperador de Hipodamia, y le descargó un furioso golpe en el pecho. Por casualidad habia alli inmediato una gran copa antigua, en cuyo metal estaban sobrepuestas de bajo relieve muchas figuras que hermoseaban su superficie, y aumentaban su rigidez y aspereza; y tomándola Teseo, la tiró con furia al rostro de Eurito, con cuyo golpe empezó á arrojar por la herida y por la boca borbotones de sangre y vino y gran parte de los sesos, y de este modo cayó en tierra boca arriba. Los demas Centauros, enardecidos con la muerte de su hermano, empezaron todos á gritar á una voz: „Al arma, al arma,” infundiéndoles mayor aliento el vino que habian bebido. Al principio de la pelea volaban los vasos, cántaros y calderos que se tiraban los unos á los otros, haciendo armas para la guerra de lo que solo era á propósito para los convites. Amico, hijo de Orfion, sin respetar al templo cogió un enorme candelero de muchos mecheros ardiendo, y levantándolo en alto, como la segur del sacrificio que va á herir el blanco cuello de un toro, le deja caer sobre la frente del Lapita Celadon, y le quebranta los huesos del rostro, de modo que de desfigurado no es conocido; cuyo golpe le hizo saltar los ojos, la nariz se introdujo en la boca, y quedó pegada al paladar. Belates Peleo le derriba en tierra, quedándole la barba pegada al pecho, con un pie que arrancó de una mesa de acebo, y al segundo golpe le hizo escupir los dientes mezclados con negra sangre, y le envió á las oscuridades del tártaro. Grineo, mirando con rostro airado al altar junto al cual estaba de pie, dijo: „¿Por qué no echamos tambien mano de estas aras en esta refriega?” Al mismo tiempo arrebata el altar que humeaba, y lo arroja al medio del escuadron de los Lapitas, y aplana á dos de ellos, á Broteo y á Orion: este era hijo de Micale, famosa maga, quien por medio de sus encantos tenia el poder de hacer bajar á pesar suyo á la luna de la órbita por donde discurre. „No quedarás sin castigo si encuentro alguna arma con que darte,” dijo Exadio; y tomando las astas de un ciervo que estaban colgadas por voto de una alta viga, acometió á Grineo, y le sacó los ojos con las puntas, parte de los cuales venia envuelta en ellas, y parte mezclada con la sangre que le corria por la barba.
„Reto, tomando de en medio de las aras el mayor tizon, deshizo á Carax toda la sien derecha, cubierta de su rojo cabello, que empezó á arder con la llama voraz del modo que arden las secas aristas, y quemándose la sangre que le salia de la herida, dió un grande estallido, como el que suele dar el hierro encendido, el cual, sacado de la fragua y metido en el agua por el herrero con las tenazas, silba y rechina. Viéndose herido Carax, sacudió el fuego voraz de sus encrespados cabellos, y cargando sobre sus hombros un umbral que arrancó de la tierra, y que apenas podria llevarle un carro, no podia tirarle al enemigo por su enorme peso, y dejándole caer, lo aplanó á él y á Cometes su compañero que estaba á su lado. Reto, que no podia contener el gozo que le causaba este suceso, dijo: „¡Plegue á Dios que suceda lo mismo á todos los demas de tu partido, y se defiendan con la valentía que tú!” Y menudeando golpes con el tizon medio encendido, le rompió las vertebras del cuello y parte de la cabeza, y los huesos quebrantados nadaban entre los sesos. Ufano con la victoria, se dirigió contra Evagro, Corito y Drias; y habiendo muerto á Corito, que aun no tenia pelo de barba, le dijo Evagro: „Por cierto que es una grande hazaña el haber dado la muerte á un muchacho.” Reto no le dejó hablar mas, pues metiéndole el tizon por la boca, se lo introdujo hasta el pecho.