Metamorfóseos o Transformaciones (3 de 4)

Part 9

Chapter 94,061 wordsPublic domain

No permitió Baco quedase esta maldad sin castigo; y sintiendo la pérdida de un hombre que era el corifeo de sus sacrificios,[194] al punto convirtió en árboles á todas las mugeres de Tracia que cooperaron á la maldad y estuvieron presentes. Extendidos los dedos de sus pies, se pegaron en la sólida tierra en el órden que se seguian, y echaron raices. Y al modo que la ave, luego que se ve presa en el lazo que el astuto cazador ocultó, se revuelve, se agita, y hace mil esfuerzos, que solo sirven para apretar mas el lazo que la tiene presa; asi estas Bacantes, luego que se vieron presas, pegadas en la tierra, atónitas procuraban en vano la fuga; pero las raices las detenian, y no las dejaban proseguir en sus saltos bacanales; y mientras se paran á mirar donde estan sus dedos, sus pies y sus uñas, ven que las rodillas se iban vistiendo de madera; y queriendo golpear tristemente con las manos, herian la misma madera, la cual fue creciendo hasta convertir en tronco los muslos, el pecho, los hombros y los brazos extendidos en ramas.

FÁBULA II.

_BACO DEJA LA TRACIA._

No contento Baco con esta venganza, desampara la Tracia, teatro funesto de la muerte de Orfeo. Acompañado de mejor coro, se va á los viñedos del Tomolo y á las riberas del Pactolo,[195] aunque en aquel tiempo no tenia las arenas de oro, ni era envidiado de los hombres. Los Sátiros y Bacantes acompañaban á este Dios; pero Sileno no pudo seguirle: unos labradores frigios le hallaron vacilante, asi con la edad como con el vino de que estaba poseido; y despues que le adornaron con guirnaldas y flores, lo llevaron al Rey Midas, á quien Orfeo y el ateniense Eumolpo habian enseñado los ritos de los sacrificios de Baco. Luego que este Príncipe reconoció á Sileno por compañero de aquel Dios, y por uno de los que intervenian en sus sacrificios, celebró con una gran fiesta la llegada de tal huesped, la que duró diez dias y diez noches, y al amanecer del undécimo el mismo Rey placentero fue á los campos lidios, y lo restituyó á Baco su alumno.

[Ilustración: (114) Sileno, adornado de pámpanos, es presentado á Midas, quien lo entrega á Baco.]

Alegre este Dios por haber recibido á su ayo, mandó al Rey de Frigia pidiese el don que gustase. Entonces Midas, que no preveia las funestas consecuencias de su demanda: „Concédeme, le dice, la gracia de que se convierta en oro todo cuanto tocare mi cuerpo.” Concedióle Baco al momento lo que deseaba; le dió un don que le habia de ser nocivo, y sintió que no le hubiese pedido otro mejor. El Rey se retiró muy contento por la gracia fatal que habia obtenido; y aun no asegurándose bien de ella, iba tocando todas las cosas que encontraba para hacer experiencia de si seria ó no verdad: cortó una rama verde de una encina, y al punto fue convertida en una rama de oro. Tomó una piedra del suelo, y tambien se puso roja como el oro: tocó un terron, y se convirtió luego en masa de oro fino. Arrancó unas espigas de trigo, y al momento se convirtieron en oro. Cogió una manzana de un árbol, y juzgaria cualquiera que era del jardin de las Hespérides. Apenas tocó las puertas de su palacio cuando resplandecen maravillosamente. Si se lavaba las manos, el agua se teñia de un color que podria engañar á Dánae.[196] Encantado Midas de una virtud tan extraordinaria, se entregaba á todos los trasportes de su alegría, cuando le avisaron que la mesa estaba puesta, y grandemente provista de viandas. Luego que se sentó en la mesa y tomó el pan, don precioso de Céres, lo halló convertido en oro. Si llevaba á la boca cualquier manjar para satisfacer su apetito, cuando lo iba á comer lo hallaba convertido en oro resplandeciente. Cuando le dieron de beber vino mezclado con agua, no tragó sino oro líquido. Atónito con la novedad de un mal tan extraordinario, rico y pobre á un mismo tiempo, aborrece una opulencia que le costaba tan cara, y se arrepiente de haberla deseado. En medio de la abundancia no puede satisfacer su hambre ni apagar la sed que le abrasa la garganta, y con justa razon le atormentaba el oro, que ya aborrecia. Entonces levantando las manos al cielo, dijo: „Ó padre Leneo, perdóname; confieso haber delinquido: por vida tuya que tengas misericordia de mí, y me libres de este precioso metal que me aflige.” El piadoso Dios, mirando ya con benignidad al que confesaba su pecado, le restituyó á su antiguo estado, y en premio del beneficio de haber restituido á Sileno le revocó el don que le habia concedido: „Para no verte bañado del oro que malamente codiciaste, ve, le dice, al rio vecino á la famosa Sardes,[197] y caminando agua arriba, sigue por el collado de la ribera hasta que llegues á su nacimiento: mete la cabeza en las espumosas aguas que forman su raudal copioso, y lava á un tiempo tu cuerpo y el delito cometido.”[198] Midas, obedeciendo esta órden, se encaminó al rio y se entró en el agua, á la que de su cuerpo se transfirio la virtud aurífica,[199] y desde entonces sus arenas se convirtieron en oro; y cuando sale de madre se inundan los campos vecinos de arenas doradas. Aborreciendo Midas las riquezas, frecuentaba las selvas y campos, acompañando en ellos al Dios Pan, el cual de continuo se retiraba á las grutas de los montes; pero el trato de este Dios no le abrió mas el ingenio. Quedóse con la insensatez, que habia de acarrearle los daños que habia ya experimentado.

FÁBULA III.

_APOLO Y MIDAS._

El Tomolo es una montaña de dificil subida, que se extiende desde Sardes hasta la pequeña ciudad de Hipepa. Es muy elevada y escarpada, y de su cumbre se descubren los anchos mares. En esta montaña cantaba Pan sus versos á las jóvenes Ninfas al son de la encerada flauta, jactándose de que excedia al canto de Apolo. Desafióle, y se aplazó la competencia, haciendo juez de ella al Tomolo. El anciano juez toma asiento en lo mas elevado de su misma cumbre para que los árboles separados no le impidiesen oir; y ciñéndose una guirnalda de encina, de la cual pendian las bellotas hasta las sienes, dijo al Dios Pan: „Por el juez no hay detencion.” Pan empezó luego á cantar al son de su flauta agreste, y embelesó á Midas (que á la sazon se hallaba presente) con la inculta música. Despues que Pan acabó, Tomolo volvió su semblante á Febo, y todos los árboles del monte hicieron lo mismo, y se inclinaron á él.

[Ilustración: (115) Apolo pone orejas de asno á Midas en castigo de su mala sentencia.]

Apolo, coronado de laurel cortado del Parnaso, y vestido de una ropa rozagante de color de púrpura que arrastraba hasta el suelo,[200] tomó en su mano izquierda su lira embutida de marfil y piedras preciosas, y en la derecha el plectro, y en esta actitud empezó á tocar con tanta delicadeza, que enagenado Tomolo con su dulzura, manda que la flauta de Pan ceda la victoria á la lira de Apolo. Agradó á todos el parecer y sentencia del monte: solo Midas dijo que era injusta. No queriendo Delio que unas orejas tan insensatas conservasen la figura humana, se las alargó, cubrió de pelo blanco, é hizo movibles; en una palabra, las orejas de hombre se trocaron en orejas de asno perezoso. Lo demas de su cuerpo le quedó como de antes, castigándole solo en la parte que habia pecado. Midas procuraba ocultar esta deformidad, y la tapaba con una tiara[201] purpúrea; pero el criado que solia cortarle el pelo cuando crecia le vió las largas orejas; mas no se atrevió á descubrir á nadie este defecto. Incomodado de guardar este secreto, que no podia retener en sí,[202] se fue á un lugar retirado, hizo un hoyo en la tierra, y en él con voz sumisa depositó el secreto que su señor tenia orejas de asno, y despues, tapando el hoyo, se retiró dejándolo escondido en él. Algun tiempo despues empezó á crecer alli un espeso cañaveral; y habiendo pasado un año, crecidas ya las cañas, descubrieron el secreto, pues agitadas por el viento de mediodia, articularon con el manso ruido las palabras que se habian escondido en el hoyo por el criado, y publicaron que su amo tenia orejas de asno.

Despues que Apolo se vengó de Midas se retiró del monte Tomolo; y conducido por la vaga region del aire, pasó el estrecho del Helesponto,[203] é hizo alto en los estados de Laomedonte. Á la derecha está el promontorio de Sigeo, á la izquierda el de Reteo,[204] y en medio de este espacio hay un antiguo altar dedicado á Júpiter. Desde alli vió Apolo á Laomedonte, que edificaba los muros de la nueva Troya, y que estos, como una obra tan grande, adelantaban poco, y por lo mismo requeria el edificio crecidas sumas. Sin detenerse toma figura humana, juntamente con el Dios que rige el golfo hinchado con el tridente, y presentándose entrambos al Príncipe, se ofrecen á construir los muros de la ciudad por cierta cantidad de dinero que estipulan. Acabada la obra, el Rey faltó á su palabra, negándose á pagar, y añadiendo por cúmulo de su perfidia juramentos falsos. „Tu delito, le dijo el Dios del mar, no quedará sin castigo.” La venganza siguió á la amenaza, y desde aquel momento suelta todas las aguas del mar á las playas de la avarienta Troya con tanta impetuosidad, que en poco tiempo se inundó todo el pais, los campos se anegaron, y las riquezas de los labradores quedaron sepultadas debajo de las olas. Poco satisfecho con un castigo tan terrible, exigió tambien que la hija de Laomedonte fuese acometida de un monstruo marino. Atan á Hesione á un peñasco, y Hércules la libra. Este héroe pide al padre de la Princesa el tiro de caballos que le habia prometido por un servicio tan importante. El Rey, siempre pérfido, le niega la paga de tan señalado servicio, y Hércules se apodera de los muros de Troya, que por dos veces habian sido perjuros.[205] Telamon recibe á Hesione por recompensa, porque el ilustre Peleo su hermano, que tambien habia acompañado á Hércules á esta expedicion, ya se habia casado con una Diosa.[206] Aunque este Príncipe era nieto de Júpiter, no obstante no se honraba tanto con su nacimiento como con este nuevo enlace, puesto que era el solo mortal que podia vanagloriarse de tener á una Diosa por muger, en vez de que muchas personas podian gloriarse de traer su orígen del Soberano de los Dioses.

[Ilustración: (116) Tetis oye á Proteo que la pronostica tendrá un hijo mas poderoso que su Padre.]

FÁBULA IV.

_PROTEO PREDICE LAS BODAS DE TETIS Y PELEO._

Hablando cierto dia el anciano Proteo con Tetis, le dijo: „Diosa del mar, tú serás madre de un hijo de tan gran valor, que excederá á su padre en la valentía de sus hazañas, y tendrá mas fama que él.” Júpiter pues, aunque estaba penetrado de un amoroso fuego, rehusa las bodas de Tetis para evitar que naciese de ella un hijo que excediese á su mismo padre, y que hubiese en el universo cosa mas poderosa que él, y manda que su nieto Peleo suceda en sus deseos, y se case con la Diosa. Hay un seno en Tesalia de la figura de una hoz, formado por unas lenguas de tierra que entran en el mar. Seria muy buen puerto si tuviera mas profundidad; pero en él apenas cubre el agua la arena. La playa es tan maciza, que ni se estampan en ella las huellas, ni hay estorbo para andar, ni está cubierta de ovas. Cerca de alli hay una selva de mirtos cargados de arrayanes verdinegros; en medio de ella hay una gruta de tal modo fabricada, que se duda si es obra del arte ó de la naturaleza; no obstante hay indicios para creer que es mas bien obra del arte. Á esta gruta, ó Tetis, solias venir desnuda muchas veces, sentada sobre un enfrenado delfin, y en ella te acometió Peleo estando dormida; y porque no quisiste consentir á sus deseos se dispuso á la violencia, echándote los brazos al cuello; y hubiera conseguido lo que deseaba si no te hubieras valido de tus acostumbradas artes, transformándote en diferentes figuras. Primeramente te dejaste ver bajo la forma de una ave, y él no obstante te tenia agarrada bajo de esta figura: despues te transformaste en un gran árbol, y Peleo no se desasia de él; pero cuando te convertiste en una tigre manchada se amedrentó y te soltó. Entonces dirigiéndose á los Dioses del mar, les ofrece un sacrificio, derramando vino sobre el mar con las entrañas de la víctima, y hace humear el incienso en su honor, hasta que el adivino Proteo dijo desde en medio del piélago: „Ó hijo de Eaco,[207] tus deseos se cumplirán: serás dichoso; pero es necesario sorprender á Tetis cuando descansa dormida en su fresca cueva, y atarla con tales cordeles y prisiones que no pueda escaparse. Si cien figuras mudare por vencerte, aprisiónala sin intimidarte hasta que se vuelva á su primera forma.” Apenas Proteo pronunció estas últimas palabras cuando se ocultó en el mar. El sol estaba entonces al fin de su carrera, y su carro iba á entrar en el Océano, cuando la hermosa Tetis, dejando el mar, va á la cueva donde acostumbraba descansar. Apenas Peleo la habia atado cuando toma diferentes figuras, hasta que sintió que estaba aprisionada en todas ellas. Entonces en fin extendiendo sus brazos por todas partes, dió un gran gemido, y habló asi á su amante: „Peleo, solo con el socorro de algun Dios quedas victorioso.” Al decir esto volvió á su primera figura; consintió en casarse con él, y fue madre del gran Aquiles.

Dichoso Peleo con este himeneo y con el nacimiento de un hijo tan ilustre, hubiera gozado de una felicidad perfecta, á no haberla turbado el fratricidio de su hermano Foco, por cuyo delito fue desterrado de la casa de su padre, y se acogió á Trachinia, region de la Tesalia, donde pacíficamente reinaba Ceix, hijo de Lúcifer, que en su rostro ostentaba muy bien el resplandor de su padre; pero en aquel tiempo le tenia oscurecido por el dolor de la muerte de su hermano Dedalion. Luego que Peleo, fatigado del camino y de la pena de su destierro, llegó á Trachinia, y entró en la ciudad con poco acompañamiento, dejando antes en un sombrío valle no lejos de sus muros los rebaños y vacadas que traia consigo, se presentó al Rey, y haciéndole una grande reverencia con las manos tendidas, en las que llevaba una señal de paz,[208] le refirió quien era, quien era su padre, y la causa que pretextó de la fuga de su casa, callando y ocultando el fratricidio que habia cometido, pidiéndole que le acogiese en la ciudad ó en algun otro lugar de sus estados. Ceix le respondió con rostro apacible en estos términos: „Mis estados estan abiertos á cualquiera persona por humilde que sea, y mi reino hace gala de esmerarse en la hospitalidad; mi ánimo benigno se inflama mas á egercerla, y le son poderosos impulsos tu esclarecido nombre, y el ser descendiente de Júpiter. No pierdas el tiempo en plegarias: cuanto pidas te será concedido; elige lo que te acomode entre todo lo que ves, y ¡ojalá hubieras llegado y lo hubieras visto en mejor estado!” En este punto comenzó Ceix á llorar, y Peleo y sus compañeros le preguntaron cual era la causa de tanto sentimiento, á los cuales respondió asi: „Acaso creereis que la ave[209] que vive de rapiñas, y es el terror de las demas aves, lo fue siempre, y estuvo vestida de plumas como ahora; pues no es asi: hace poco tiempo que era hombre, y ha conservado despues de su transformacion el ánimo, ferocidad y violencia que tenia antes. Llamábase Dedalion, y tuvo por padre al astro precursor de la Aurora, y que desaparece el último.[210] Como yo siempre he amado la paz, he empleado todos mis cuidados por conservarla en mis estados y familia; mi hermano por el contrario tenia toda su complacencia en las sangrientas guerras. El valor con que desde su transformacion persigue á las palomas tisbeas, lo empleó antes en sujetar naciones enteras y Reyes poderosos. Tenia una hija dotada de gran belleza llamada Quione, que á la edad de catorce años era pretendida de muchos amantes. Volviendo un dia acaso Febo y Mercurio, aquel de Delfos, y este del monte Cileno, la vieron ambos, y ambos se enamoraron de ella. El primero quiso esperar la noche para declararla su pasion; pero Mercurio, sin diferir mas tiempo, tocó el rostro de la doncella con su caduceo, que tiene la virtud de infundir sueño: ella se duerme con el contacto poderoso, y en el sueño fue violentada por él. Luego que llegó la noche Apolo toma la figura de vieja, y bajo de esta apariencia tomó lo que ya otro habia disfrutado. Al cabo de nueve meses parió dos hijos: el uno fue Autólico, que parecido en todo á su padre Mercurio, y de su misma índole y astucia, era ingenioso, é inclinado á todo robo, y sabia hacer de lo negro blanco y de lo blanco negro. De Febo nació Filamon, hombre aventajado por su voz y lira. Pero ¿qué aprovecha á Quione haber agradado á dos Dioses, haber tenido dos hijos tan célebres, ser hija de un padre tan valiente, y nieta del dueño y Soberano de los Dioses? Hay muchos á quienes son dañosos la gloria y los honores, y esto le sucedió á Quione, pues se atrevió á preferirse á Diana y á llamarla fea,[211] poniendo faltas á su hermosura; de lo que ofendida la Diosa, se dejó arrebatar de la vehemente pasion de la ira contra ella, diciendo: „Ya que no le agrada mi rostro, tendrá que sufrir mis hechos;” y al momento encorvó el arco, y de un flechazo atravesó la lengua sacrílega. Herida Quione mortalmente, hace vanos esfuerzos por hablar; su voz la abandona, y pierde la vida envuelta en su misma sangre. Yo entonces abrazándola tiernamente, sufrí en obsequio de la piedad todo el dolor que cabe en el corazon de un tio, y procuré consolar á mi hermano; pero este, como padre, recibió el consuelo no de otro modo que los peñascos insensibles la agitacion estrepitosa de las olas del mar, y se abandonó á los lamentos por la pérdida de su hija. Pero luego que la vió en la pira, cuatro veces tuvo ímpetus de arrojarse á ella, é impedido otras tantas de que lo egecutase, echó á huir con precipitacion, y á la manera que lo hace un novillo, que estimulado del aguijon de los tábanos ó moscardones, se arroja por las asperezas y por donde no hay senda ni camino. En la precipitacion de su carrera me parecia que iba aumentándose su velocidad mas que la que puede tener un hombre: quien le viese juzgaria que tenia alas en los pies. Nos fue imposible alcanzarlo, y veloz con el deseo de perder la vida, llegó á la altura del Parnaso; y habiéndose precipitado de un alto peñasco, tuvo Apolo misericordia de él, convirtiéndole en ave, y sosteniéndolo en el aire con alas repentinas que le dió al tiempo de caer. Su boca fue mudada en un pico corvo, y sus uñas se encorvaron igualmente como lo estan los anzuelos. Conservó en su transformacion su antigua inclinacion, y unas fuerzas superiores al tamaño de su cuerpo. En fin vuelto gavilan, es enemigo de todas las aves, y les hace sentir una parte de los males que él mismo sufre.”

Ceix continuaba aun refiriendo las calamidades de su hermano, cuando Anetor, pastor de los ganados de Peleo, llegó apresurado con el aliento anhelante, y dijo: „¡Ay Peleo, Peleo, vengo á anunciarte una gran desgracia!” Peleo le manda se la diga, y el Rey de Trachinia queda suspenso y temblando del miedo. „Yo habia conducido, respondió Anetor, tus novillos á las playas cuando[212] el sol altísimo en medio de la esfera habia subido tanto cuanto le faltaba para descender á su ocaso: unos echados sobre la roja arena miraban desde alli las cristalinas llanuras del mar; otros con paso perezoso andaban errantes en aquellas cercanías, y otros en fin se habian metido en el agua para refrescarse, y solo se les veia el cuello. Cerca del mar hay un templo, en cuya construccion no se empleó oro ni mármol, sino unas toscas vigas, é inmediato á él un antiguo bosque sombrío con la espesura de sus árboles, dedicado todo á Nereo[213] y á las Nereidas. Un pescador que estaba en la playa enjugando sus redes me informó de que el templo estaba dedicado á aquellos Dioses. Inmediato á este templo hay una laguna cercada de espesos sauces, la que se formó con el agua que rebosa del mar. Del fondo de este pantano sale de repente un lobo fiero de un tamaño enorme, haciendo un estruendo tan espantoso, que amedrentó á todos los lugares comarcanos. Una espuma mezclada con sangre negra le salia de la boca, y sus ojos centelleaban llamas. Mas impelido de la rabia que de la hambre, no tanto por satisfacer á esta cuanto por saciar á aquella con la muerte de los bueyes, á unos hiere, y á otros derriba causándoles la muerte. Algunos de mis compañeros, heridos del lobo por querer defender al ganado, perdieron su vida. La playa y las primeras olas se tiñen de sangre, y en todas las lagunas comarcanas resuenan los bramidos de las reses heridas. No perdamos tiempo, continúa; la menor dilacion nos será perniciosa. Armémonos todos, que es el recurso único que nos queda para ir á salvar lo que se pueda escapar del furor de este monstruo.” Asi habló Anetor. Peleo, menos movido por esta pérdida que por la memoria de su delito, comprendió que la Nereida queria que estas calamidades fuesen venganza y sacrificio á un tiempo en alivio de Foco su hijo. Ceix manda que todos tomen sus armas, y él se disponia á ir con ellos; pero su muger Alcione, que lo entendió por el ruido que habia en palacio, salió precipitada de su cuarto á medio peinar, y abandonando al aire sus cabellos, se arrojó al cuello de su marido, y con persuasiones y lágrimas le rogaba que no fuese él á aquella empresa, y que procurase guardar su vida, en la que consistia la suya propia. „Deja, ó Reina, la dijo Peleo, tus honestos y piadosos temores. La oferta que Ceix me ha hecho prueba su bondad y generosidad; pero no es mi ánimo aprovecharme de ella, ni perseguir con las armas á tan nuevo monstruo, sino adorar y suplicar á la Deidad del mar que me ha afligido con tal desgracia.” Cerca de la playa habia una elevada torre, y un fanal en lo mas alto de ella para direccion y regocijo de los navegantes. Suben á ella, y miran con dolor á los toros muertos y tendidos en la playa, y al monstruo que habia causado tantos estragos con la piel toda teñida de sangre. Entonces Peleo, tendiendo las manos hácia la ribera del dilatado mar, ruega á la cerúlea Psamate[214] que deponiendo su saña, les sea propicia. La Nereida no se ablandó con las palabras y súplicas de Peleo. Tetis, su muger, la suplicó por su marido, y consiguió el perdon; pero el lobo, cebado en la dulzura de la sangre, perseveraba en la cruel matanza, hasta que en la accion de estar despedazando la cerviz de una novilla fue transformado en piedra por la Diosa: el color indicaba que ya no era lobo, ni habia ya para qué temerle, aunque el cuerpo conservaba la forma y figura de fiera. El destino no permitió á Peleo permanecer mas tiempo prófugo en los estados de Ceix: errante y fugitivo aportó á Tesalia, y alli tomó venganza de Acasto, dándole la muerte por la traicion[215] que en otro tiempo habia intentado contra él.

FÁBULA V.

_NAUFRAGIO DE CEIX._

Perturbado Ceix con las calamidades de su hermano y las que siguieron á estas, dispone ir á consultar al oráculo de Apolo, que existia en la ciudad de Claros, porque el bandido Forbas,[216] unido con los Phlegios, tenia interceptados los caminos del templo de Delfos. Comunicó anticipadamente esta su resolucion Ceix á su querida muger, que al oirla se quedó helada, y su semblante pálido á la manera del box, corriéndole las lágrimas por las mejillas. Tres veces procuró hablar, y tres veces se lo impidió el llanto y los sollozos, que interrumpian sus amantes quejas.

[Ilustración: (117) Ceix, que va á consultar el oráculo de Apolo, se despide de Alcione.]