Metamorfóseos o Transformaciones (3 de 4)
Part 6
La noticia de este nuevo prodigio hubiera acaso admirado á las cien ciudades de Creta, si en esta region no hubiera sucedido otro portento bien semejante con la transformacion de la doncella Ifis. En la ciudad de Festo, que está confinando con el reino de Creta, habia un hombre poco conocido que se llamaba Ligdo, el cual era de lo mejor de la plebe, y su hacienda no era mayor que su nobleza; pero era fiel y de una vida irreprensible. Estando su muger embarazada y ya cercana al parto, la habló de esta forma: „Dos cosas son las que deseo, y por las que dirijo mis votos á los Dioses; la una que tengas un parto feliz, y la otra que sea varon lo que des á luz; porque si es hembra, es mas gravosa para mí, y la naturaleza me negó riquezas para poder dotarla; y si esto sucediese, y parieses hembra, lo cual los Dioses no permitan, mando y dispongo, aunque con mucha repugnancia (perdóneme el paternal amor), el que se la dé la muerte.” Esto dijo, y ambos prorumpieron en lágrimas, que les corrian y lavaban el rostro, tanto del que lo mandaba como de la que recibia el precepto. Sin embargo Teletusa[131] importunaba á su marido con inútiles ruegos, suplicándole no pusiese su esperanza en tal apuro; pero Ligdo se mantuvo inflexible en su resolucion. Apenas ella podia ya sostener la gravedad de su vientre por estar muy adelantada, cuando á media noche Isis,[132] acompañada de su pompa ordinaria, en apariencia de sueño se pone ante su lecho, ó á lo menos asi le pareció que la veia. Tenia en su frente una media luna y una real diadema de espigas, semejantes en el color al oro refulgente, á la cual acompañaban el Dios Anubis[133] en figura de perro, la Diosa Diana, Apis,[134] vario en colores, y el Dios que tiene el dedo en la boca,[135] símbolo del silencio: habia tambien sistros;[136] y se hallaba alli Osiris,[137] nunca bastantemente buscado; y tambien un aspid, serpiente peregrina en la isla de Creta, llena de soporífero veneno. La Diosa, hablando con Teletusa como si estuviese despierta, la dijo: „Ó Teletusa, que eres una de las que me dan culto, depon tu cuidado y temor, y procura engañar á tu marido. Cuando se verifique tu parto no te detengas en criar lo que nazca, sea varon ó hembra. Yo te soy una deidad propicia, y movida de tus ruegos te dispenso mi socorro. No tendrás que quejarte de que diste culto á una Diosa desagradecida.” Despues que Isis le hubo aconsejado esto desapareció. La cretense Teletusa despertó con la alegría, se levantó de la cama, se arrodilló, y alzando sus manos al cielo, hizo una deprecacion para que se verificase su sueño. Llegó la hora de que le acometiesen los dolores y se verificase el parto, en el cual dió á luz una hembra, que la madre mandó criar ocultándolo al padre, al que persuadió ser varon: él lo creyó, y este secreto estuvo reservado entre la madre y el ama de leche. Ligdo cumplió las promesas que habia hecho á los Dioses por que fuese varon, y puso á la prole el nombre de Ifis, que era el de su abuelo: la madre se alegró del nombre, porque cuadraba bien á ambos sexos: el artificio proseguia disfrazado, y servia para ocultarlo piadosamente al marido: el vestido que le puso era de niño; y el rostro tan acomodado á varon y hembra, que parecia hermosamente ambas cosas. Habiendo cumplido la edad de trece años, su padre prometió á Ifis por esposo á Yanta, hija de Telesto, la mas hermosa de todas las doncellas de la ciudad: ambas eran de una edad é iguales en belleza, y habian recibido de unos mismos maestros las primeras instrucciones. De aqui resultó el apoderarse el amor del incauto corazon de entrambas, y la herida fue igual á una y á otra, pero desigual la esperanza. Yanta espera regocijada el tiempo de las bodas estipuladas, creyendo y teniendo por hombre á Ifis, y que habia de ser su marido. Ifis ama lo que no espera poder gozar, y esto mismo le aumenta su ternura, y arde una doncella en el fuego de otra; y deteniendo apenas las lágrimas, dice: „¿Qué fin es el que puedo prometerme en un amor tan prodigioso, tan nuevo, y que en el mundo no tendrá egemplar? Hubiera sido piedad el que los Dioses me hubieran privado de la vida, y si no querian quitármela ni destruirme, á lo menos debieron haberme dado un amor natural, y de la clase acostumbrada y correspondiente. No ama ardientemente una vaca á otra, ni una yegua á otra yegua: el carnero enamora á la oveja; la cierva sigue al ciervo; por este órden se aman las aves, y entre todos los animales ninguna hembra se inclina á otra hembra. Para verme en este apuro mas bien quisiera no haber nacido. Pero Creta parece el teatro de todas las monstruosidades: Pasifae se enamoró de un toro, es verdad; mas eran los dos de distintas especies; y si vale decir la verdad, mi amor es mas desatinado que el de aquella, pues en el de Pasifae hubo esperanza de verificarse y tener efecto, como le tuvo con el engaño de tomar la artificiosa figura de una vaca, y alli habia un amante que fuese engañado. Pero aqui y en mi amor, aunque se reunan á favorecerme las astucias de todos los hombres, aunque el mismo Dédalo vuelva volando con sus alas enceradas, ¿qué podrá adelantar? ¿Por ventura podrá transformarme en varon por medio de la destreza de sus artes? Ó cuando á mí no me vuelva, ¿podrá transformar á Yanta para que asi pueda verificarse nuestro enlace?” Despues, reconviniéndose á sí misma, decia: „Ifis, ¿por qué no entras en acuerdo contigo, y por qué no apartas de tí unos deseos tan necios y desnudos de consejo? Reflexiona que has nacido muger; y si no te engañas á tí misma, desea solo lo que te es lícito desear, y ama lo que debe amar una muger. La esperanza es el orígen y el alimento del amor, y esta me la quita y destruye la imposibilidad del caso. Para abrazar á mi amada Yanta no tengo el inconveniente de las centinelas, ni el rezelo de un sospechoso marido, ni la aspereza de un padre, ni ella se niega ni resiste á mis instancias. Mas con todo no puedo verificar mis deseos, ni puedo ser feliz, aunque todas las cosas se reunan en mi favor, ni aunque los hombres y los Dioses se desvelen en idear medios de proporcionarlo. Es cierto que ninguna cosa de cuanto puedo desear de las que conducen al complemento del amor me hace falta, y los Dioses propicios me concedieron y facilitaron cuanto pudieron para fomentarle. Lo mismo que yo quiero quiere ella, lo quiere su padre, y lo quiere tambien el mio; pero no lo quiere ni lo permite la naturaleza, que tiene mayor eficacia y poderío que todos ellos; y esta es sola la que tengo en contra mia. Ya se acerca el deseado tiempo y el dia de nuestras bodas, y en él será mia Yanta; pero de ningun modo será mia, y ambas nos abrasaremos de sed en medio de las aguas. Tú, Juno, y tú, Himeneo, ¿de qué aprovechará que asistais á unas bodas, en las cuales no habrá marido, y seremos ambas novias?” Calló con esto la desgraciada Ifis: Yanta por su lado no estaba menos enardecida y deseosa de que llegase con celeridad el dia del himeneo. Teletusa, temiendo que las bodas descubriesen el engaño, unas veces propone dilaciones, otras finge indisposicion, muchas recurre á los pretextos de suponer que habia tenido agüeros y sueños infaustos; pero ya llegaron á apurársele los pretextos y ficciones de que se valia, y se acercaba el tiempo, que hasta alli habia podido retardar, de celebrar las bodas, para las que solo faltaba un dia, y en este apuro y afliccion se quitó y quitó á su hija la cinta que recogia sus cabellos, y con ellos sueltos[138] se encaminaron al templo de Isis, y asida al ara pronunció con el mayor fervor esta deprecacion: „Divina Isis, que eres reverenciada en Paretonio,[139] en los campos Marcóticos, en la isla de Paros y en el Nilo dividido en siete bocas, suplícote que me favorezcas y proporciones remedio á nuestro temor. En otro tiempo te ví, ó Diosa, con las mismas insignias que te veo ahora; todas las conocí, como igualmente á tus compañeras, las antorchas y el sonido de los sistros. Yo cumplí la órden que me diste, y por haberla observado ve mi hija la luz;[140] y si yo no he sido castigada por no haber obedecido á mi marido, es un efecto de tu bondad y proteccion. Apiádate de estas dos infelices, y ayúdalas con tu auxilio.” Esta súplica fue acompañada de un torrente de lágrimas. Pareció que la Diosa habia movido su altar, y con efecto lo habia conmovido. Las puertas del templo empezaron á temblar. La media luna que la Diosa tiene en la cabeza se vió resplandecer, y se oyó la armonía del sonoro sistro. Teletusa, alegre con tan felices presagios, aunque no del todo segura, se echó fuera del templo. Ifis la seguia con mas acelerado paso que el que acostumbraba. Su rostro habia perdido algo de su blancura; se sentia con aumento de fuerzas; su semblante era menos afeminado; sus cabellos mas cortos y ensortijados; se siente mas vigoroso que cuando era muger: en una palabra, queda hecho varon la que antes fue hembra. Cumplid ¡ó agraciados! los votos que ofrecisteis[141] á estos templos, y en buena hora regocijaos ya sin sobresaltos. Efectivamente se desempeñan de la obligacion en que estaban, grabando alli esta breve inscripcion: _Ifis, mudada en varon, cumplió exactamente las promesas que tenia hechas cuando era muger_. Cuando los dorados rayos del sol alumbraban ya al mundo el dia siguiente, Venus, Juno é Himeneo se congregan á celebrar las bodas de los dos consortes, é Ifis transformada en hombre se desposa con su querida Yanta.
[Ilustración]
LIBRO DÉCIMO.
_ARGUMENTO._
Himeneo, que habia asistido á las bodas de Ifis, partió desde ellas á las de Orfeo; pero fue con mal agüero, pues de alli á poco perdió este dos veces á Eurídice; una cuando murió mordida de una serpiente, y otra cuando la sacaba de los infiernos. Orfeo con este suceso quedó tan asombrado, como aquel á quien la vista del Cancerbero deja convertido en piedra. Despues de esto, como para alivio de sus penas cantase al son de su lira en un monte muchas y varias transformaciones, vinieron á él y le rodearon todos los árboles de aquella montaña, y entre ellos el pino en que habia sido convertido Atis, y el ciprés en que habia sido transformado Cipariso.
FÁBULA PRIMERA.
_EURÍDICE MUERE DE LA MORDEDURA DE UNA SERPIENTE._
Desde las bodas de Ifis partió el Dios Himeneo por los aires cubierto con un vestido amarillo, y llegó á las playas de Tracia, en donde fue inútilmente invocado por Orfeo[142] para que asistiese á sus bodas. El asistió efectivamente á ellas; pero ni profirió la cantinela nupcial, ni fue con buen semblante ni con feliz agüero. La antorcha que tenia en las manos no ardia ni se encendia, aunque se le aplicaba el fuego, ni hacia otra cosa que rechinar y apagarse, despidiendo un humo que hacia salir las lágrimas de los ojos. El suceso fue mas triste que los anuncios; porque mientras la recien casada[143] andaba discurriendo por un florido prado, acompañada de una tropa de Náyades, la acarreó la muerte la mordedura que la hizo una serpiente en un talon.
[Ilustración: (100) Corriendo Eurídice por un prado con otras ninfas es mordida por una serpiente y muere.]
FÁBULA II.
_BAJADA DE ORFEO Á LOS INFIERNOS._
Despues de haber llorado Orfeo la pérdida de su esposa, y haber llenado los aires de ayes y lamentos, para hacerlos tambien resonar en la region de las sombras, formó por último el atrevido designio de bajar á los infiernos por la cueva y entrada que está en el monte Ténaro;[144] y caminando por entre una multitud de leves sombras de las almas de los que habian logrado el honor de la sepultura, se presentó ante Proserpina y Pluton, que son los que reinan en aquella triste region, é hiriendo las cuerdas armoniosas de su lira, las acompañó con la cancion siguiente:
[Ilustración: (101) Saca Orfeo á Eurídice del Infierno y vuelve á perderla por mirarla.]
„Ó Deidades del mundo subterráneo, adonde venimos á parar todos los mortales, si dais licencia para que hable la verdad, omitiendo preámbulos importunos, no he venido acá para ver la negra mansion de los infiernos, ni para atar al Cancerbero de tres gargantas, ásperas con las serpientes que las rodean. Mi esposa es la causa de mi venida, que pisando una víbora, la mordió é infundió su veneno, y la causó la muerte en los floridos años de su juventud: procuré sufrir con paciencia esta desgracia, y confieso haber hecho cuanto pude para conseguirlo; pero venció el amor: ese Dios, que es bien conocido allá sobre la tierra: dudo si aqui lo será igualmente; pero me inclino á creer que sí tambien lo es, pues á vosotros igualmente os ha ayuntado el amor, si es que no miente la fama de que os unisteis por medio del pasado rapto.[145] Yo pues os suplico, poderosos Dioses, por estos lugares llenos de temor, por este caos, y por el pavoroso silencio de este dilatado reino, que me deis á Eurídice, y anudeis el hilo de su vida, que fue cortado fuera de sazon. Todos los vivientes os somos deudores; y aunque dilatemos algo nuestra vida, tarde que temprano todos caminamos á estas regiones. Estas son nuestras últimas moradas, en que os podeis vanagloriar de tener un imperio eterno sobre el género humano. Tambien Eurídice, cuando muera á su tiempo y en otra edad mas avanzada, volverá á recaer en vuestra jurisdiccion. Solo os pido el uso de algun tiempo por gracia y beneficio; pero si los hados se oponen á mis deseos, vengo con determinacion de quedarme en estos lugares: gozad enhorabuena de la muerte de dos.” Aquellas pálidas almas lloraban al ver expresar los sentimientos de Orfeo, y al oir acompañar sus acentos con su armoniosa lira. Tántalo[146] dejó de coger el agua que siempre se le escapaba. La rueda de Ixion[147] se detuvo; los crueles buitres, que despedazaban el hígado del desgraciado Ticio, le dieron algun descanso; las hijas de Belo cesaron de echar agua en el tonel horadado, que se vacia al paso que lo llenan; Sísifo se sentó sobre la piedra, que está condenado á rodar sin pausa ni descanso. En esta ocasion fue cuando se vió por primera vez llorar á las implacables Furias. Proserpina y Pluton se enternecieron, y mandaron llamar á Eurídice, que estaba entre las almas recien entradas, y vino cojeando[148] por causa de la mordedura de la serpiente. Recíbela Orfeo bajo la condicion de no volver atras los ojos hasta haber salido de los valles del Averno, so pena de que la perderia, y seria nula la gracia.[149] En medio de aquel profundo silencio trepan por un camino cuesta arriba lleno de malezas, y en que habitaban la oscuridad y las mas densas tinieblas. Ya les faltaba poco para llegar á la superficie de la tierra, y salir de aquella oscura region, cuando Orfeo, temiendo en este sitio no se cansase Eurídice, y deseoso de verla volvió la vista, y al punto fue detenida y retirada hácia atras; y extendiendo sus brazos para asir con ellos á su esposo, ó ser asida por él, no encontró ni palpó otra cosa la infeliz que el viento deleznable, y muriendo con esto segunda vez, no se quejó de que tuviese la culpa su marido. Porque ¿cómo habia de quejarse de verse amada? Con esto le dió el último á Dios, que con dificultad llegó á sus oidos, y fue tornada con violencia al oscuro reino de donde habia salido. No causó menos pasmo á Orfeo la duplicada muerte de su muger que á aquel pastor[150] que tímido vió á Cancerbero encadenado por la garganta de en medio, el cual no perdió el pavor hasta que se le trasmutó su naturaleza convirtiéndose en peñasco: ni el referido pasmo de Orfeo fue menor que el de Oleno, que, cargando sobre sí el delito de su muger, quiso parecer y aparentar que era reo, el cual y Letea su esposa, engreida con su hermosura, y que en otro tiempo se quisieron tiernamente, ahora son peñascos del monte Ida. El desgraciado Orfeo volvió hácia atras en seguimiento de su muger, y se esforzaba para pasar el rio Leteo; pero el barquero Aqueronte[151] se lo prohibió, alejándole de su barca. Permaneció siete dias y otras tantas noches á la ribera del rio infernal sin otro alimento que sus lágrimas.
[Ilustración: (102) Orfeo atrae al son de su voz y de su lira á los animales, rocas y árboles.]
FÁBULA III.
_ORFEO TOCA LA LIRA EN EL MONTE RODOPE._
En fin despues que Orfeo se quejó inútilmente de la crueldad de los Dioses del infierno, se fue al monte Rodope y á Hemo, donde reina el frio Aquilon. Pasáronse tres años sin haberse permitido al trato de ninguna muger, ya porque le habia salido tan mal el casamiento, ó ya porque le queria guardar á Eurídice la fidelidad que le habia prometido. No obstante muchas Ninfas desearon casarse con él, y solo las correspondió con desprecios, dedicándose á un amor inverso, que de él aprendieron los pueblos de Tracia,[152] á quienes agradaba la florida edad de los niños que aun no habian entrado en la juventud.
Sobre la cumbre de un collado se ostentaba una hermosa llanura de un campo, que estaba siempre verde con la grama y otras yerbas. En este sitio sin sombra fijó su residencia Orfeo, y en él tocaba su lira, y al sonido de ella vinieron todos los árboles comarcanos á hacerle sombra, atraidos del dulce sonido de la lira. No hicieron falta ni dejaron de concurrir las encinas, los álamos blancos, los suaves tilos, las hayas, los laureles, los avellanos, los fresnos, los abetos, los carrascos, los plátanos, los acebos, los sauces, los lotos, el box siempre verde, los brezos, los arrayanes de dos colores, y las higueras. Tambien vinisteis vosotras, yedras trepadoras, juntamente con las vides llenas de pámpanos, y los olmos vestidos de parras, los quejigos, el madroño cargado de fruto encarnado, las erguidas palmas, premio de los vencedores, el pino de áspera y recogida copa, grato á la madre de los Dioses desde que Atis, sacerdote de esta Diosa, se convirtió en él.
[Ilustración: (103) Queriendo darse la muerte Cipariso, es transformado en Ciprés por Apolo.]
FÁBULA IV.
_CIPARISO TRANSFORMADO EN CIPRÉS._
Entre toda la multitud de árboles que acudieron al son de la lira de Orfeo, vino tambien el ciprés, émulo de las pirámides, el cual, aunque ahora es árbol, fue antes un muchacho querido de aquel Dios que con las cuerdas arma y maneja la cítara y el arco.[153] El caso de su transformacion fue el siguiente: Habia un corpulento ciervo dedicado á las Ninfas de los campos de Cartea, el cual tenia unas astas de tal elevacion y anchura, que le servian de sombrage á su cabeza: las astas resplandecian con el oro, y de su delgado cuello iba pendiente hasta los brazuelos un collar de piedras preciosas. Un medallon de plata colgaba sobre su frente sujeto con unos pequeños lazos de cuero, y de sus orejas pendian tambien sobre las sienes dos arracadas del mismo metal. Este ciervo domesticado, y acostumbrado á no conocer el miedo, solia entrar en las casas, y presentar su cuello aun á las manos desconocidas para que lo halagasen; pero no obstante á nadie le agradaba tanto como á tí, Cipariso, jóven el mas hermoso de toda la isla de Cos.[154] Tú cuidabas de llevarlo á los pastos mas abundantes y á las fuentes mas cristalinas. Unas veces entretejias sus astas con variedad de flores, otras, acomodándote en su espalda, ibas con él de una á otra parte, enfrenándole con un cabestro de color de púrpura.
Un dia de estío á la hora del mayor calor se echó el ciervo sobre la yerba, viéndose muy fatigado, para tomar un poco el fresco á la sombra de los árboles. El muchacho Cipariso, sin saber lo que se hacia, le atravesó con una aguda flecha, y viéndole espirar de aquella cruel herida, quedó sobrecogido de tal tristeza y desesperacion, que resolvió darse á sí mismo la muerte. ¿Qué de cosas no le dijo Febo para consolarle? Le amonesta que no se abandone á tanto sentimiento por una cosa de tan poca consideracion; pero él seguia entregado á sus gemidos y sentimiento, pidiendo á los Dioses que por último don le concediesen que jamas interrumpiese sus lágrimas. Á puro llorar vino á derramar su sangre por los ojos, y sus miembros empezaron á tomar un color verde, á transformarse en erizada melena aquellos hermosos cabellos que poco há pendian de su nevada frente; y endureciéndose poco á poco, se elevó mirando rectamente al cielo, angostándose la copa hasta rematar en punta. Fue muy sensible á Apolo esta transformacion de que habia sido testigo, y suspirando: „Yo lloraré tu pérdida, le dijo, Cipariso; tu llorarás la de otros, y asistirás siempre á los lúgubres llantos.”[155]
FÁBULA V.
_RAPTO DE GANIMEDES._
Aquellos eran los árboles que Orfeo habia atraido al rededor de sí, y permanecia ordinariamente sentado á la sombra en medio de los animales y aves, que el encanto de su voz hacia venir de todas partes. Un dia despues que templó bien su lira, y conoció que las varias voces concordaban, sin embargo de la diversidad de sonido, se puso á cantar de este modo: „Ó Musa,[156] madre mia (pues todas las cosas estan sujetas al imperio de Júpiter), inflama mi pecho para que mis versos comienzen con sus alabanzas. Yo he celebrado ya muchas veces su poder; y subiendo mi lira al tono heroico, canté en otro tiempo la victoria que ganó sobre los gigantes, que abatió con los rayos[157] en los campos de Phlegra: ahora conviene un estilo mas llano para cantar los jóvenes que han sido amados por los Dioses, y las doncellas que, entregadas á no permitidos amores, merecieron la justa pena de su liviandad.
[Ilustración: (104) Júpiter transformado en Águila arrebata á Ganimedes.]
„El Rey de los Dioses amó en otro tiempo con el mayor ardor al troyano Ganimedes,[158] y para conseguir su amor queria deponer su divinidad, é inventar una cosa en que transformarse diversa de la que él era; pero no quiso trasmutarse en otra ninguna ave sino en águila, porque esta era sola la que podia llevar sobre sí sus rayos. Puso por obra sin demora esta su determinacion; tomó con efecto la figura de águila, y rompiendo los aires con sus aparentes alas, bajó volando, y arrebató á Ganimedes, y lo subió al olimpo, en donde, aunque á pesar de la zelosa Juno, le hizo su copero, y le sirve la bebida del néctar.”
FÁBULA VI.
_JACINTO TRANSFORMADO EN FLOR._
„Á tí tambien, jóven Jacinto, te hubiera trasladado Apolo al cielo si se lo hubieran permitido los hados; sin embargo tienes el privilegio de la inmortalidad, que es cuanto pudo hacer en tu obsequio. Cuantas veces expele la primavera al invierno, y cuantas saliendo el sol del signo de Piscis entra en el de Aries, otras tantas te renuevas, brotando tus flores en la verde pradera. Mi padre Apolo te amó mas que á otro ninguno, y tanto que por tí abandonó el templo y oráculo de Delfos,[159] frecuentando solo las riberas del rio Eurotas y la ciudad de Esparta por visitarte: ni le gustaba la lira ni tampoco las flechas, sino que enagenado de sí no se avergonzaba ni rehusaba llevarte las redes, los perros, y acompañarte por los collados de los ásperos montes, fomentando de este modo su pasion, y convirtiéndola en costumbre.
[Ilustración: (105) Jugando Jacinto con Apolo, le mata un tejo que el viento desvió.]