Metamorfóseos o Transformaciones (3 de 4)
Part 1
NOTA DE TRANSCRIPCIÓN
* Las cursivas se muestran entre _subrayados_ y las versalitas se han convertido a MAYÚSCULAS.
* Los errores de imprenta han sido corregidos.
* La ortografía del texto original ha sido respetada, con normalización de las variantes a la grafía más frecuente y tildado de las mayúsculas.
* Las notas a pie de página han sido renumeradas y colocadas al final del tomo.
* Se han reubicado muy ligeramente algunas ilustraciones para que no interrumpan un párrafo. Asimismo se han dividido algunos párrafos para alojar una ilustración.
* Se ha añadido al final un listado de las estampas numeradas que ilustran el tomo. Las estampas del libro Nono no aparecen en el original en el orden de su numeración.
* Las páginas en blanco han sido eliminadas.
METAMORFÓSEOS ó TRANSFORMACIONES DE OVIDIO.
METAMORFÓSEOS
ó
TRANSFORMACIONES DE OVIDIO,
TRADUCIDOS AL CASTELLANO
CON ALGUNAS NOTAS PARA SU INTELIGENCIA,
_POR DON FRANCISCO CRIVELL._
NUEVA EDICION.
TOMO III.
MADRID EN LA IMPRENTA REAL AÑO DE 1819.
ÍNDICE de las Fábulas contenidas en este tomo.
LIBRO OCTAVO.
Pág.
ARGUMENTO. 1
FÁBULA PRIMERA. _Minos pone sitio á Megara._ 3
FÁB. II. _Teseo mata al Minotauro._ 12
_Dédalo hace alas para sí y su hijo Icaro._ 15
FÁB. III. _Icaro cae al mar._ 17
FÁB. IV. _Perdix convertido en ave._ 20
FÁB. V. _Meleagro mata el jabalí de Calidonia._ 23
FÁB. VI. _Teseo se detiene en casa de Aqueloo._ 41
FÁB. VII. _Filemon y Baucis._ 46
_La hambre se apodera de Eresicton._ 53
FÁB. VIII. _Metra toma diferentes formas._ 59
LIBRO NONO.
ARGUMENTO. 62
FÁBULA PRIMERA. _Combate de Aqueloo._ 64
FÁB. II. _Rapto de Deyanira._ 71
FÁB. III. _Muerte de Hércules._ 75
FÁB. IV. _Apoteosis de Hércules._ 83
FÁB. V. _Lucina retarda el parto de Alcmena._ 85
FÁB. VI. _Driope convertida en lotos._ 89
FÁB. VII. _Biblis transformada en fuente._ 98
FÁB. VIII. _Ifis transformada en varon._ 113
LIBRO DÉCIMO.
ARGUMENTO. 122
FÁBULA PRIMERA. _Eurídice muere de la mordedura de una serpiente._ 124
FÁB. II. _Bajada de Orfeo á los infiernos._ 126
FÁB. III. _Orfeo toca la lira en el monte Rodope._ 131
FÁB. IV. _Cipariso transformado en ciprés._ 133
FÁB. V. _Rapto de Ganimedes._ 136
FÁB. VI. _Jacinto transformado en flor._ 138
FÁB. VII. _Los Cerastes convertidos en toros._ 142
FÁB. VIII. _Pigmalion._ 144
FÁB. IX. _Mirra convertida en árbol._ 149
FÁB. X. _Nacimiento de Adonis._ 161
FÁB. XI. _Venus y Adonis._ 163
FÁB. XII. _Venus y Adonis sobre el cesped._ 166
FÁB. XIII. _Carrera de Hipomenes y Atalanta._ 167
FÁB. XIV. _Hipomenes convertido en leon y Atalanta en leona._ 176
FÁB. XV. _Muerte de Adonis._ 179
LIBRO ONCENO.
ARGUMENTO. 181
FÁBULA PRIMERA. _Orfeo despedazado por las Bacantes._ 183
FÁB. II. _Baco deja la Tracia._ 188
FÁB. III. _Apolo y Midas._ 192
FÁB. IV. _Proteo predice las bodas de Tetis y Peleo._ 197
FÁB. V. _Naufragio de Ceix._ 208
FÁB. VI. _Hesperia huye de Esaco._ 228
[Ilustración]
LIBRO OCTAVO.
_ARGUMENTO._
Despues que Minos puso sitio y tomó á Megara, Niso fue transformado en gavilan y Escila en cogujada. Desde aqui aquel volvió á Creta, donde estaba el Minotauro encerrado en el laberinto. Habiendo muerto á este Teseo, y volviendo con Ariadna á su patria, la abandonó en el camino. De aqui la llevó Baco, y colocó su corona en el cielo. Queriendo Icaro volar en pos de su padre de la isla de Creta, cayó y se ahogó en el mar; y cuando estaba aquel haciéndole las exequias, fue visto por Perdix, en que poco antes habia sido transformado Acalo su sobrino. Llamado Teseo para matar el jabalí de Calidonia, murió Meleagro, y fueron transformadas sus hermanas en aves, llamadas de su nombre Meleágrides. Despues, hospedado por Aqueloo, vió á las Náyades convertidas en las islas Equinades. La posibilidad de estos hechos la prueba Lelex con el egemplo de Baucis y Filemon transformados en árboles, su casa en templo, y su aldea en laguna. Finalmente añade Aqueloo las transformaciones de Proteo y Metra, y las suyas, de que habia usado en otro tiempo cuando se vió oprimido de Hércules por causa de Deyanira.
[Ilustración: (82) La enamorada Escila es despreciada de Minos por traidora.]
FÁBULA PRIMERA.
_MINOS PONE SITIO Á MEGARA._
Luego que el lucero de la mañana, ahuyentadas las tinieblas de la noche, restituyó el claro dia, dejó de soplar el solano, y las nubes llovedoras se iban levantando, el suave austro facilita la navegacion á los soldados de Eaco y á Céfalo, quienes habiéndose hecho á la vela, arribaron felizmente á Atenas en menos tiempo que lo que creian. Entre tanto Minos, tomadas y asoladas las playas de Megara, dirigió la fuerza de su egército contra esta ciudad, en que reinaba Niso,[1] cuya suerte y seguridad del reino consistia en un cabello encarnado[2] que tenia en medio de las canas. Ya habia seis veces la luna llenado su redondez,[3] y aun duraba el sitio, sin que la fortuna, que entre los dos volaba, se hubiese declarado por ninguno de los dos partidos. Era el Real palacio de Megara una torre edificada sobre sus muros armoniosos, en los cuales se cuenta que Apolo dejó depositada su dorada lira, y que su sonido se comunicó á las piedras. Escila[4] en tiempo de paz solia subir muchas veces á esta torre, y entretenerse en hacer resonar las piedras de los muros, tirando á ellos algunas piedrecillas. Durante el sitio iba tambien por ver desde alli los ataques y encuentros sangrientos de Marte que se daban al rededor de la ciudad. Como hacia mucho tiempo que el enemigo estaba acampado, ya conocia por sus nombres á los principales oficiales, sus armas, caballos, y modo de pelear. Especialmente habia observado á su capitan[5] con mas atencion de la que era menester para su tranquilidad. En su opinion Minos si cubria su cabeza con el morrion soberbio, con su penacho era gallardo; si tomaba el refulgente escudo, le caia bien; si lanzaba el asta con sus brazos, alababa sus fuerzas y destreza, y juraba que Apolo no era mas diestro en disparar del arco las saetas. Cuando se quitaba el morrion para montar á caballo,[6] y sujetarle haciendo egercicio, salia fuera de sí, y llamaba dichoso al dardo que él manejaba, y venturosas á las riendas que tocaba con la mano. La venian ímpetus (si la fuera decente) de salirse á pasear entre el egército enemigo, y arrojarse de lo alto de la torre por caer en el campo de su amante; en fin estaba dispuesta á abrirle las puertas de bronce de la ciudad, ó á egecutar otra cualquiera cosa que fuese en favor de Minos. Sentada en lo alto de la torre, y tendiendo la vista al pabellon Real de su enamorado: „No sé, decia, si debo alegrarme ó entristecerme con esta deplorable guerra: siento á la verdad que Minos sea enemigo de quien le ama; pero si no hubiera guerra ¿cómo yo le pudiera conocer? ¡Oh! ¡si quisiera terminarla aceptándome á mí en rehenes, y que siendo yo prenda de la paz me llevase consigo! Gallardo Minos, Príncipe el mas hermoso de todos, si la que te dió á luz[7] fue tan hermosa como tú, con razon se enamoró Júpiter de ella. Seria yo muy feliz si conducida en alas por los aires pudiese volar á tu campamento, y manifestándome á tí, y confesándote mi amor, preguntarte qué querrias te diese por ser mio, que todo seria otorgado, con tal que no pidieses el reino de mi padre. Porque mejor quisiera perder las esperanzas de mi amor, que conseguirlas por una traicion. Aunque muchas veces sucede que la clemencia del vencedor hace mas suave la condicion de los vencidos. La guerra que Minos hace para vengar la muerte de su hijo[8] es justa; y puesto que la razon y fortuna estan de su parte, no podremos dejar de ser vencidos; y si este fuese el fin y la suerte de esta ciudad, ¿para qué ha de allanar Marte los muros, pudiendo hacerlo mi amor? De este modo podrá vencer sin muertes, sin dilacion, y sin exponerse á recibir ninguna herida. ¡Ay de mí! Mucho temo, querido Minos, la suerte que rezelo, y es que alguno sin conocerte te hiera; digo sin conocerte, porque ¿quién será tan cruel que sabiendo quién eres, se atreva á dirigir su lanza contra tí? Elijo y me resuelvo á entregarme, dando mi patria en dote, y poner asi fin á esta guerra; pero de nada sirve el estar resuelta á ello: las puertas de la ciudad estan cerradas, y mi padre tiene las llaves; á él solo temo; solo él retarda mis deseos. ¡Ojalá permitieran los Dioses que me hallara sin padre! Pero cualquiera se figura que es un Dios; la fortuna se burla de los vanos ruegos. Cualquiera otra, abrasada en un amor tan grande, ya hubiera vencido todos los obstáculos que se opusiesen á su pasion; y ¿qué? ¿tendré yo menos valor para vencerlos, aunque me sea necesario pasar por entre el fuego y el hierro? Pero no tengo necesidad de exponerme á tantos riesgos; solo necesito del cabello de mi padre. Él será para mí mas precioso que el oro; hará mi felicidad, y pondrá colmo á mis deseos.”
Estando Escila revolviendo en su imaginacion estos pensamientos, sobrevino la noche, y las tinieblas, tan propias para fomentar nuestras inquietudes, aumentaron su atrevimiento. Apoderábase ya el primer sueño de los cuerpos fatigados con los trabajos del dia, y he aqui la ocasion en que entrando esta pérfida sin ser sentida en el aposento de su padre, le corta (¡oh atrocidad!) el fatal cabello. Ufana la Princesa con este precioso depósito, á quien el crímen daba nuevo atrevimiento, sale de la ciudad apresurada; y atravesando el campo enemigo, llega á la tienda de Minos, á quien, sorprendido de verla, habló de esta manera: „Príncipe, no te admires de ver á la hija de Niso, que viene á entregarte su patria y Dioses: el amor ha sido el consejero de esta maldad. Toma este purpúreo cabello, prenda de mi amor, y no eres dueño de él solo, sino de la vida de mi padre; solo tu corazon te pido por premio de un servicio tan importante.” Minos, turbado con la idea de tal maldad, rehusando recibirle, la dijo: „¡Deshonra de nuestro siglo, los Dioses te destierren de su reino, y te nieguen el beneficio de la tierra y el mar![9] Ciertamente yo no consentiré que la isla de Creta,[10] en que Júpiter tuvo su cuna, y que es mi reino, admita en su recinto á quien cometió tal atrocidad.”
Despues que hubo dicho estas palabras se hizo dueño de la ciudad, impuso leyes á los vencidos,[11] y mandó dar la vela á sus naves forradas de cobre. Viéndose Escila tan cruelmente despreciada, se entrega á todos los transportes de su ira; y dando rienda á su furia, con el cabello desgreñado y las manos extendidas, exclama diciendo: „¿Adónde huyes, ingrato? ¿Por qué no llevas contigo á la que te ha procurado la victoria? ¿Tú sabes, oh pérfido, que te he preferido á mi padre y patria, y sin embargo me abandonas con tanta vileza? ¿Qué? ¿no pudieron moverte ni mi amor, ni el fatal presente que te hice, ni el colocar en tí todas mis esperanzas? ¡Desgraciada de mí! ¿Adónde me volveré ya desamparada? ¿Á mi patria? Ya no existe para mí; y aunque existiera, mi perfidia me ha desterrado para siempre de ella. ¿Á la vista de mi padre, que sacrílega te entregué? Los ciudadanos dignamente me aborrecen; los comarcanos se horrorizan de un egemplo semejante, y con razon temerian que egecutase con ellos igual vileza. Me he desterrado de toda la redondez de la tierra por solo la isla de Creta. ¿Y tienes valor para impedirme la entrada en ella? ¿Asi me desamparas, ingrato? No, no eres hijo de Europa, sino nacido quizá en alguna de las Sirtes,[12] ó de una tigre de Armenia, ó de Escila,[13] que ocasiona mil naufragios. No, no eres hijo de Júpiter, como presumes, convertido en toro para robar á tu madre, porque esto es solo una vana ficcion que inventaron para darte un orígen ilustre. El toro á quien debes tu nacimiento era mucho mas que fiero, y nunca conoció los efectos de amor. ¡Oh padre mio, dame el castigo que merezco! ¡y vosotros muros que poco há he vendido, regocijaos al verme sufrir con razon tantos males! Confieso que los merezco, y que soy digna de morir; pero ya que muera sea á manos de aquellos á quienes he ofendido. ¿Por qué tú que venciste con mi delito quieres ahora tomar venganza de él? El crímen que yo he cometido ha sido en beneficio tuyo, y contra mi padre y patria. ¡Oh! ¡y qué digna es de tenerte por marido aquella que concibió por un toro un amor detestable, y que dió á luz al monstruo Minotauro![14] ¿Pero mis tristes lamentos llegan acaso á tus oidos? Los vientos se llevan mis vanas palabras, del mismo modo que impelen y esparcen tus naves. Ya, ya no me admiro de que tu muger Pasifae antepusiese un toro á tu amor. Mas fiero eras tú que él. ¡Ay infelice de mí! ¡Cuán alegre se aleja el ingrato surcando las olas, que impelen los remos causando tan grande ruido! Pero en vano procuras alejarte de mí; te seguiré á todas partes, y asida á la popa de tu nave, atravesaré los anchurosos mares.” Apenas acabó de decir esto cuando se arroja al mar, é infundiéndola fuerzas el amor, llega nadando hasta la nave de Minos, en la que se detiene á pesar suyo. Niso, su padre, que ya se habia transformado en gavilan, la vió desde el medio de los aires, sostenido en ellos con sus alas rojas, y arrojándose sobre ella, procura despedazarla con su encorvado pico; pero ella con el temor deja la popa, y en vez de caer al mar se sostiene en el aire bajo la forma de aquella especie de cogujada, que trae su nombre del cabello que cortó á su padre.
FÁBULA II.
_TESEO MATA AL MINOTAURO._
Minos luego que desembarcó en Creta hizo á Júpiter el sacrificio de cien toros que le tenia ofrecido, y colgó en su palacio los despojos y trofeos[15] de su victoria. Entre tanto crecia de dia en dia el Minotauro, monstruo de dos formas, y oprobio de la casa de este Príncipe. Era fruto del loco amor de Pasifae. Minos determinó tener oculta esta afrenta de su casa, encerrándole en el laberinto que edificó Dédalo, famoso arquitecto, con unas calles intrincadas, en que se perdia el tino con sus vueltas y revueltas.[16]
[Ilustración: (83) Teseo mata al Minotauro y sale del laberinto de Creta.]
No de otra manera que el precipitado Meandro gira en los campos de Frigia, y fluye y refluye con retorcida corriente,[17] y saliéndose á sí mismo al encuentro como si quisiera ver correr sus aguas caudalosas, unas veces se vuelve hácia su nacimiento, y otras hácia el mar, sin que se pueda formar idea de su incierto curso; asi Dédalo habia intrincado el laberinto con tantas calles que se cruzaban y volvian á encontrar unas en otras, que apenas pudo él mismo hallar la salida. ¡Tan enmarañada como esto estaba aquella morada! En este laberinto pues fue donde se encerró el Minotauro; este monstruo se habia saciado dos veces con la sangre de los jóvenes y doncellas que los atenienses pagaban en tributo cada nueve años; pero le domó uno de los que salieron en el tercer sorteo, que fue Teseo, el cual con un hilo que ató á la entrada del laberinto, y que al efecto le habia dado Ariadna, hija de Minos, salió de él felizmente despues de haber muerto al Minotauro, y se llevó robada á la Princesa á la isla de Naxos, en donde desentendido de cuanto la debia, tuvo la crueldad de dejarla abandonada. Viéndola en esta triste situacion, y compadecido Baco de su suerte y de sus quejas, la dió sus brazos, la consoló, y la ayudó. Con la idea de hacer inmortal la memoria de una Princesa tan amable, este Dios la quitó de la frente la corona que la adornaba, y la tiró y colocó en el cielo. Cuando volaba por los aires las piedras de la corona se convirtieron en estrellas, y en una constelacion que conserva la especie y figura de una corona, y se halla en medio de la que se llama Dragon.
_DÉDALO HACE ALAS PARA SÍ Y SU HIJO ICARO._
Dédalo entre tanto, fastidiado de Creta, y del largo destierro que en ella sufria, se dejó arrebatar del amor de su patria; y como por todas partes estuviese cercado del mar, dijo: „Aunque la tierra y las olas me estan cerradas por el tirano,[18] no podrá este cerrarme el camino de los aires. No se extenderá su imperio hasta esta region, aunque sea señor del mundo entero, y yo sabré abrirme paso por ella para mi patria.”
Apenas dijo esto empezó á meditar un proyecto, que nadie hasta entonces habia imaginado. Tomó algunas plumas, y las puso en órden, empezando por las pequeñas, y concluyendo por las mayores, imitando las alas de las aves que se crian en los montes, á la manera que una rústica zampoña se compone de cañas desiguales. Ató con lino las grandes, y pegó con cera las pequeñas, y en esta disposicion las encorvó en aquella proporcion que se observa en las alas naturales. El muchacho Icaro, que estaba con Dédalo su padre, ignorando que trabajaba para su ruina, ya con rostro alegre recogia las plumas que el viento habia arrebatado, ya ablandaba entre sus dedos la cera que debia unirlas; tambien algunas veces con sus juegos sencillos estorbaba la admirable obra del padre. Luego que esta se concluyó hizo Dédalo la prueba tomando vuelo, y se elevó con el movimiento del aire.
[Ilustración: (84) El calor del Sol derrite la cera que pegaba las alas de Icaro, y cae al mar.]
FÁBULA III.
_ICARO CAE AL MAR._
Acomodó tambien otras alas á su hijo, diciéndole de esta manera: „Procura, Icaro mio, guardar un buen medio cuando vueles por los aires, porque si vas muy bajo se entorpecerán las plumas con los vapores del agua, y si muy alto el calor del sol puede abrasarlas. Camina entre estos dos extremos, y te mando que no mires á Bootes,[19] ni te acerques á la Osa helada ni al Orion:[20] sígueme siempre á mí como á tu guia.” Le instruye en las reglas del vuelo, y acaba de ajustar á sus hombros las alas: temblábanle las manos al viejo, y le caian las lágrimas por las mejillas al tiempo de acomodárselas y de darle sus consejos. Últimamente, despues de haberle besado por la última vez, emprendió su vuelo delante para mostrarle el camino, cuidadoso siempre del hijo, y con su egemplo le exhorta á que le siga, enseñándole el nuevo y dañoso arte: asi como el ave cuando saca á volar desde el alto nido sus tiernos hijuelos, ni mas ni menos Dédalo movia sus alas, é iba siempre mirando á las de su hijo. Se pasman viéndolos volar el pescador que tenia echada á los peces su trémula caña, el pastor que se apoyaba en su cayado, y el labrador en su esteva, creyendo y teniendo todos por Dioses á los que volaban por los aires. Ya Dédalo é Icaro habian dejado á su izquierda la isla de Samos, tan célebre por el culto de Juno, la de Delos y Paros, y miraban á su derecha las de Lebinto y Calimne, tan fecunda en miel, cuando el jóven Icaro empezó á alegrarse temerariamente con el vuelo, y abandonó á su guia por elevarse mas alto, arrebatado del deseo de volar hasta el cielo: en esta disposicion el calor del cercano sol ablandó la cera que sujetaba las plumas, y derritiéndose y deshaciéndose las alas, ya volaba con los desnudos brazos, careciendo de remos con que sostenerse sobre el aire; y llamando en vano á su padre, cayó en el mar, que se llamó Icaro de su nombre. „Icaro, Icaro, exclama su desgraciado padre (aunque habia dejado de serlo), ¿donde te hallas? ¿En qué pais te buscaré, hijo mio?” Cuando pronunciaba estas tristes palabras vió en las aguas las plumas. Despues que maldijo la destreza de su arte, hizo las exequias á Icaro, dándole sepultura en la isla cerca de la cual habia perdido la vida, y que se apellidó despues con su nombre.
FÁBULA IV.
_PERDIX CONVERTIDO EN AVE._
Mientras Dédalo daba sepultura[21] á su desgraciado hijo le vió desde las ramas de una encina la parlera perdiz, única y no vista ave hasta aquel tiempo, y en la que poco antes habia sido convertido Perdix ó Acalo, sobrino de Dédalo: empezó á sacudir las alas, y á manifestar con su canto la alegría de que Dédalo pagase asi su delito, y la injuria que le habia hecho, porque Acalo, siendo de doce años y de una índole acomodada para aprender, su madre, hermana de Dédalo, se lo habia confiado para que le enseñase é instruyese en las artes, no sabiendo lo que de ello habia de resultar. Observando cierto dia con alguna atencion la espina que los peces tienen en medio, trabajó sobre este modelo un pedazo de hierro, y habiendo hecho una sierra, tuvo la gloria de haber sido el inventor de un instrumento utilísimo.
[Ilustración: (85) Perdix es precipitado por su envidioso tio, pero Minerva le transforma en Perdiz.]
Él fue tambien el primero que unió dos hierros iguales, de modo que el uno quedase inmóvil en tanto que el otro daba vuelta á la redonda, y fue de este modo el inventor del compas. Dédalo, envidioso de los progresos que hacia el jóven, lo despeñó de lo alto de la torre de Minerva,[22] é hizo correr la voz que habia caido por acaso; pero felizmente no pereció,[23] porque Minerva, que siempre ha favorecido á los ingenios, lo cubrió de plumas, transformándole en ave. La eficacia antigua de su veloz ingenio se comunicó á sus pies y alas, y conservó su mismo nombre. No obstante, como se acuerda aun de su caida, no se atreve á remontar mucho el vuelo,[24] ni á hacer sus nidos en los árboles; vuela cerca de la tierra, y pone sus huevos en los vallados.
Ya Dédalo habia llegado á Sicilia, donde su benigno Rey Cócalo le defendió á fuerza de armas del poder y persecucion de Minos: y ya el reino de Atenas por la hazaña de Teseo[25] se habia libertado del vergonzoso tributo que hasta entonces habia pagado á Creta, y en reconocimiento de ello se ofrecian sacrificios á Minerva y á Júpiter:[26] los templos estaban magníficamente adornados; el incienso ardia en ellos, y corria la sangre de las víctimas.
[Ilustración: (86) Meleagro presenta á Atalanta la cabeza del Jabalí de Calidonia.]
FÁBULA V.
_MELEAGRO MATA EL JABALÍ DE CALIDONIA._