Metamorfóseos o Transformaciones (2 de 4)

Part 8

Chapter 84,001 wordsPublic domain

„Ó Noche, fiel confidenta de los mas ocultos misterios: astros que suplis con la luna la luz del dia; y tú, triforme[203] Hecate, á quien confio todos mis secretos, y cuya proteccion siempre he experimentado favorable: vosotros encantos, artes mágicas; y tú, tierra, que provees á los que las ponen en uso de yerbas y plantas poderosas; vosotros, en fin, ayre, vientos, montes, rios, lagos, Dioses de los bosques y de la Noche, asistidme todos: con cuyo favor he hecho retroceder quando he querido los rios hácia su nacimiento; vosotros dais á mis encantos la virtud de calmar las agitadas olas, de mover las borrascas y tempestades, de desterrar las nubes y levantarlas, de contener la violencia impetuosa de los vientos, y afloxarles las rienda á mi arbitrio, de romper la garganta á las serpientes y víboras, de arrancar los árboles y rocas de sus asientos, de conmover los bosques y montes; en fin de hacer bramar la tierra, y obligar á los manes á salir de sus sepulcros. Á tí tambien, ó poderosa Luna, te hago descender del cielo, á pesar del ruido con que hacen resonar el ayre por auxîliarte quando estás eclipsada. Yo pongo pálida á la Aurora y al carro inflamado del sol, de quien desciendo.

„Vosotros tambien, poderosos encantos, embotasteis la impetuosidad de las llamas que vomitaban los toros, y sujetasteis sus cuellos al corvo arado. Vosotros hicisteis que los hijos de la serpiente[204] moviesen una cruel guerra contra sí mismos, en la que perecieron con sus propias armas; y vosotros por último hicisteis que adormecido el dragon que le guardaba, robase mi esposo el Vellocino de Oro, y lo llevase victorioso á Grecia. Yo necesito ahora de algunas yerbas, con cuya virtud se pueda reanimar una cansada vejez, y espero que la tierra no me las niegue; porque no en vano resplandecen los astros con tanta claridad, ni en vano veo descender del cielo ese carro tirado por dos dragones.”

Descendió en efecto un carro, en el qual subió Medea; y despues de haber halagado á los dragones que le conducian, y tomado con sus manos las riendas, se elevó sobre los ayres. Despues de haber atravesado el valle de Tempe, se detuvo en los sitios en que habia yerbas propias para sus encantos. Las cogió en el monte Osa, en el Pelion, en el Otris, en el Pindo y en el Olimpo.[205] Parte de ellas arrancaba con sus raices ya experimentadas, y de otras solo cortaba las hojas. En las riberas del Epideno y Anfriso recogió muchas que la agradaron. Tambien contribuyeron con otras el rio Enipéo, las orillas del Peneo y Esperquio, y las juncosas playas del Bebe. Cogió tambien las eficaces yerbas de Antedon, no conocidas aun, sin embargo de la transformacion de Glauco.[206] En fin, despues de haber empleado nueve dias y otras tantas noches en recorrer en el carro todos los sitios en que se encontraban estas plantas, volvió á Yolcos. Los dragones no habian tenido en este tiempo otro alimento que el olor que exhalaban las yerbas, y no obstante se despojaron de la piel de su dilatada ancianidad. De vuelta Medea no entró en el palacio de su esposo, cuya compañía evitó; y parándose cerca de la puerta, construyó dos aras de cesped en un sitio descubierto: la de la derecha para Hecate, y la de la izquierda para Hebe, Diosa de la juventud. Las rodeó de verbena[207] y ramas de árboles; y habiendo cavado dos pequeños hoyos, cuya tierra dexó en los bordes, degolló una oveja negra, y derramó la sangre en ellos: despues de haber pronunciado algunas deprecaciones, y echado un poco de vino en uno de estos hoyos, y leche caliente en el otro, invocó los Dioses de la tierra, y tambien á Pluton y Proserpina, para que no separasen el alma de los viejos miembros de Eson.

Despues de haber aplacado á las tales Deidades con una larga y mal articulada súplica, mandó traer ante el altar á Eson, que estaba como cadáver con el peso de sus años; é infundiéndole con sus encantos un profundo sueño, con que le dexó como muerto, le tendió sobre las yerbas que habia recogido, y mandó retirar á Jason y á quantos le acompañaban, temiendo que su presencia profanase los misterios. Luego que se retiraron atónitos, empezó á correr Medea al rededor de los altares como una furiosa Bacante; mojó despues dos hachas hendidas que tenia en la mano en los hoyos que habia hecho, las encendió en la llama de los altares, y purificó al anciano Eson tres veces con fuego, tres con agua, y tres con azufre. Durante estas ceremonias hervian las yerbas, cuya virtud era la mas poderosa, en una olla de metal, que ya estaba cubierta de espuma blanca. Esta composicion estaba hecha de raices cogidas en los valles de Tesalia, de simientes, de flores y plantas ácidas y corrosivas. Habia añadido piedras traidas de las extremidades del Oriente; arena de la que el mar dexa en la playa en su refluxo; rocío que la Luna esparce sobre las yerbas durante la noche; la carne y alas de un mochuelo; las entrañas del ambiguo lobo que se suele ver convertido en hombre; la tierna concha de una jóven tortuga del rio Cinipe; el hígado del vividor ciervo; el pico y la cabeza de una corneja que habia vivido novecientos años. Despues de haber preparado á Eson este especifico, compuesto de las drogas ya dichas y otras mil, lo meneó con una rama seca de olivo, revolviéndolo todo de arriba á baxo. Á poco tiempo se reverdeció el tal ramo brotando hojas, y cargándose de aceytunas. La espuma que la violencia del fuego arrojaba del caldero, y caia en la tierra, reverdecia la seca yerba, y hacia brotar las flores.

Viendo Medea que su medicamento se hallaba en este estado, abrió la garganta de Eson con una espada desenvaynada; y haciendo salir la sangre que contenian sus venas, las llenó por la herida y boca del licor que acababa de preparar; y al punto que se introduxo en el cuerpo del viejo, su barba y cabeza canas empezaron á ponerse negras, las arrugas desaparecieron de su rostro, recuperó la gentileza y vigor, y transportado de admiracion se encontró remozado y en el mismo estado en que hacia memoria se vió quarenta años antes.

_PELIAS DEGOLLADO POR SUS HIJAS ENGAÑADAS POR MEDEA._

Baco que habia visto desde el alto Olimpo tan maravilloso prodigio, enterado de que sus nodrizas podian volverse á la edad juvenil, logró este don de Medea. Y para continuar sus engaños, fingió estar mal con su esposo, y fue á pedir asilo á Pelias[208] en su palacio. Como este Príncipe se hallaba ya agoviado con los años, la recibieron las hijas, de quienes se burló Medea socolor de amistad. Para engañarlas mejor, solo les habla de la ingratitud de Jason; encarecia los beneficios que le habia hecho, refiriéndolas tambien que habia remozado á Eson. Se detuvo mucho tiempo en la relacion y circunstancias de una operacion tan maravillosa. Las hijas, que no dudaron dispensase igual favor á su padre, se lo pidieron con muchas instancias, prometiéndola una recompensa proporcionada á tan importante servicio. Quedó en silencio Medea por un corto tiempo, como que dudaba; y con una gravedad fingida dexó suspensos los ánimos de las suplicantes, pero las prometió por último executar lo que deseaban. Para que tuviesen mayor confianza de que les haria este beneficio, pidió que la traxesen el carnero mas viejo del rebaño, para hacer con él la experiencia de su remedio. Inmediatamente traen uno tan flaco y consumido que apenas podia sostenerse. Medea le degüella, le extrae la poca sangre que circulaba por sus venas, y le pone á cocer con las yerbas que habia preparado. Al punto se le cayeron los cuernos, y se observó que iba deponiendo todas las demas señales de vejez: y aun se le oyó balar en medio del caldero como bala un tierno cordero, y un momento despues se le vió, con grande admiracion de toda la asamblea, salir, brincar, y buscar las ubres para mamar. Admiradas las hijas de Pelias de este prodigio, hicieron á Medea nuevas instancias para obligarla á aplicar á su padre el mismo remedio. Con todo tardó tres dias en satisfacerlas. La noche del quarto puso en una vasija un poco de agua con algunas yerbas de ninguna eficacia. Despues, habiendo adormecido con sus encantos al Rey y sus guardias, hizo venir á sus hijas; y luego que las tuvo al rededor de la cama las dixo: „Sin deteneros, desenvainad una espada, y sacadle toda la sangre para substituirle en su lugar otra nueva. La vida y la edad de vuestro padre está en vuestras manos; su salud depende de vosotras. Si confiais en mis promesas, si teneis algun amor á vuestro padre, no dudeis un momento en tributarle este piadoso deber. Sacadle con el cuchillo la vejez, y extraedle la sangre corrompida.” Este discurso anima á las Princesas; y para ser piadosas, se hacen impías, y creyéndolo beneficio, cometen la maldad de degollar á su padre, descargando en su garganta cuchilladas á tientas, y con la cara vuelta hácia atras, porque no se atrevian á mirarlo. Pelias, aunque nadando en su sangre, y lleno de heridas su cuello, se esforzó á incorporarse y salir de la cama; y viéndose rodeado de tantos aceros: „¿Qué haceis, hijas? las dice tendiéndolas los brazos. ¿Qué ciego furor os mueve á quitar la vida á vuestro padre?” Al oir estas palabras desfallecieron su ánimo y sus manos. Iba á proseguir hablando Pelias, y Medea le cortó la voz y la garganta, y echó su cuerpo en la caldera que estaba hirviendo.

No se hubiera librado Medea del castigo que merecia su crueldad, á no haberse escapado por los ayres en su carro tirado por los alados dragones. Pasó inmediatamente sobre el Pelion, mansion antigua de Filira,[209] madre del Centauro Quiron; despues sobre el Otris, donde en otro tiempo habia habitado el anciano Cerambo, quien habiéndose retirado al Parnaso en el diluvio de Deucalion, fue convertido en ave por las Ninfas de este monte. Dexó á la izquierda á Pitane, ciudad de Eolia, en cuyas cercanías estaba la figura de aquel dragon que fue transformado en roca, y al bosque de Ida, en el qual Baco, para ocultar el robo que habia hecho su hijo[210] transformó en ciervo un becerro que habia hurtado.

FÁBULA III.

_MEDEA INCENDIA EL PALACIO DE JASON._

Atravesó Medea en seguida el pais donde el padre de Corito[211] estaba enterrado, y los anchos campos que Mera,[212] convertida en perra, intimidó en otro tiempo con sus ladridos. Tambien encontró al paso la ciudad de Coa, donde reynaba Eurípilo, y donde algunas mugeres fueron convertidas en vacas, quando Hércules pasaba con las que habia hurtado á Gerion; la isla que está consagrada á Apolo[213] y la ciudad de Yaliso, célebre por los Telchines, sus habitantes, que infestaban quanto veian, y que Júpiter los anegó en las ondas de su hermano;[214] la antigua ciudad de Cea, donde Alcidamas debia ver cierto dia con admiracion á su hija convertida en paloma; el lago de Hirie, y el valle de Tempe, célebre por el canto de un cisne, cuya aventura es como sigue:

[Ilustración: (76) Medea, despues de haber muerto á los dos hijos que tuvo de Jason, huye á Atenas.]

Filio, por agradar al hijo de Hirie, domesticaba aves y leones para hacerle presente de ellos. Con este objeto combatió con un toro fiero, y le venció; pero viendo que todos sus cuidados eran inútiles, y que era imposible ganar su amistad, le negó el toro quando con mayor instancia se lo pedia. Viéndose el jóven desayrado, le dixo con desprecio: „Sentirás inútilmente algun dia no haber accedido á mis instancias.” Y se precipitó de un alto peñasco. Todos los que se hallaban presentes creyeron que habia muerto despeñado; pero se sostuvo en el ayre convertido en cisne. Su madre Hirie, que lo creia difunto, derramó tantas lágrimas, que de ellas se formó el lago de su nombre. Cerca de allí estaba la ciudad de Pleurone, donde Combe, hija de Ofias, se transformó en ave para huir y libertarse de las heridas de sus hijos.

De allí pasó Medea por cerca de la isla de Calaurea, consagrada á Latona, famosa por haber sido convertidos en aves su Rey y Reyna.[215] Dexando á su derecha el monte Cileno, en el qual Menefronte[216] habia formado el designio de tener acceso con su madre, á manera de las mas crueles fieras; descubrió á lo lejos á Cefison llorando la desgracia de su nieto, á quien Apolo habia transformado en lobo marino; y el alcázar de Eumelo,[217] donde todos estaban de luto por la Princesa su hija, que habia sido convertida en ave. Finalmente llegó á Corinto, ciudad célebre por haber sido poblada desde el principio del mundo por hombres nacidos milagrosamente de los hongos que llovieron. Aquí fue donde habiendo sabido que Jason habia casado con Creusa, hija de Creonte, con ignominia suya, la hizo perecer con el vestido y corona envenenados que la regaló; ambos mares vieron arder el palacio, quedando abrasado el padre con su hija; dió de puñaladas á los dos hijos que tuvo de Jason, y habiendo vuelto á subir en su carro para evitar con una precipitada fuga el justo castigo de sus maldades, llegó á Atenas, ciudad que te vió volar en otro tiempo, justísimo Finéo, y á tí viejo Perifa, y no menos observó tus nuevas alas, ó nieta de Polipemon.[218] Egeo[219] la recibió; y poco contento con haberla concedido una franca hospitalidad, se casó con ella; digno de vituperio en este solo hecho.

FÁBULA IV.

_HÉRCULES ENCADENA AL CANCERBERO._

Teseo, despues de haber libertado el estrecho de Corinto de los ladrones,[220] que cometian en él mil desórdenes, y restablecido la tranquilidad y seguridad en este pais, llegó en aquel tiempo á Atenas. Como Egeo, su padre, no le reconocia aun por su hijo, formó Medea el designio de quitarle la vida, para lo qual preparó una bebida con el acónito que habia traido de Escitia, y que produxo la espuma del Cancerbero.[221] Hay en aquella comarca una caverna obscura, cuya entrada es profunda y muy pendiente. Por ella sacó Hércules á Cerbero con una cadena de diamante, á pesar de la resistencia que hacia para no ver la risueña luz del dia.

[Ilustración: (77) Hércules ata á Cancerbero que de rabia inficiona la tierra con su espuma.]

Lleno de rabia y furor este gran mastin de tres cabezas hizo resonar el ayre con tres ladridos, é inficionó la tierra con su espuma, que despues de este tiempo llegó á ser fértil en yerbas venenosas; á las quales, por nacer entre las rocas, llama acónito la gente del campo. Era un veneno compuesto de esta planta el que Egeo, por consejo de su esposa, iba á dar á su hijo; y este Príncipe estaba pronto á beberlo, quando su padre, que le conoció en el puño de su espada, donde tenia grabado su sello, le apartó de la boca la envenenada copa. Medea evitó el castigo que merecia, ocultándose en unas nieblas que formó por virtud de sus encantos.

Lleno de alegría Egeo al ver á su hijo, se estremecia al acordarse del peligro en que habia estado, y con repetidos sacrificios dió gracias á los Dioses de haberle librado. Se sacrificaron por su órden muchas víctimas, cuyos cuernos estaban adornados con cintas victimales. Jamas se celebró en Atenas fiesta con mayor magnificencia. Los grandes y el mismo vulgo fueron convidados al banquete que el Rey habia mandado preparar; y quando el vino y manjares regalados derramaron la alegría en el espíritu de los convidados, empezaron á cantar las alabanzas de Teseo en la forma siguiente:[222] „Tú eres fortísimo Teseo, quien libertaste la llanura de Maraton del toro[223] que la asolaba. Don y hazaña tuya es el que los colonos de Corinto aren con seguridad los campos de Cromion, libres por tí de la fiera que los infestaba.[224] Epidaura fue testigo de la victoria que ganaste sobre aquel monstruo hijo de Vulcano;[225] el rio Cefiso vió perecer al cruel Procrustes,[226] y Eleusis te debe la derrota del famoso Cercion:[227] tú quitaste la vida del feroz Sinis, tan temible por aquella fuerza que empleaba solamente en oprimir la inocencia: el cruel torcia los árboles, y baxaba desde lo alto á la tierra los pinos que habian de desmembrar á los miserables que ataba á ellos: despues de la muerte de Esciron, se puede ir con seguridad á Megara, cuyo camino tenia sitiado. La tierra negó su seno á los huesos de este malvado; el mar los arrojó afuera, y el ayre, á que quedaron expuestos, habiéndoles petrificado, los transformó en peñascos, quedándoles el nombre de Esciron. Últimamente, si quisiéramos contar tus hazañas, hallaríamos que exceden á tus años. Ofreceremos sin cesar nuestros votos por la conservacion de una vida tan preciosa, y por tí celebramos hoy una fiesta tan solemne, y en honra tuya brindamos con este vino.” El palacio resuena con las aclamaciones y aplausos del pueblo, participando lo mas oculto de la ciudad de la alegría de la Real familia.

FÁBULA V.

_EACO NIEGA SOCORRO Á MINOS._

No disfrutó sin embargo Egeo una cabal alegría despues de haber hallado á su hijo, porque nunca se experimentan placeres completos, pues regularmente son turbados por algun disgusto. Minos se preparaba á hacer sentir á los Atenienses todos los horrores de la guerra: tenia tropas bien disciplinadas, y una esquadra numerosa; pero lo que le hacia aun mas temible era la justa indignacion que habia concebido contra este pueblo. Resuelto á vengar la muerte de su hijo Androgéo,[228] quiso antes de empezar la guerra, hacer alianza con sus vecinos, y se embarcó para ir á pedirles socorro. Despues de haber atraido con promesas á la isla de Nanfio,[229] obligó á la de Estimpalea con guerra. Tambien traxo á su partido á Cimolia, á Cithnos, Micona, Esciros, Serifo, Paros, tan célebre por sus hermosos mármoles, Sitonia, á la qual vendió la avarienta Arnéa en otro tiempo por una cantidad de oro, y los Dioses para castigarla la convirtieron en mochuelo, ave que tiene los pies y plumas negras, y en quien suponen igual propension al oro despues de su transformacion.

[Ilustración: (78) Eaco niega á Minos el socorro que le pide contra los Atenienses.]

No habiendo podido lograr Minos socorro alguno de las islas de Didimo, Oliaro,[230] Andros, Tenos, Giarea y Pepareto, tan fecunda en olivos, se fue á Egina, donde reynaba Eaco.[231] Á esta isla llamaron Enopia los antiguos; pero este Príncipe la llamó Egina, del nombre de su madre. Salieron en gran número de la ciudad por ver á un conquistador de tanta fama. Telamon y sus hermanos Peleo y Foco salieron tambien á recibirle. El mismo Eaco, aunque de una edad muy avanzada, salió de su capital, y le preguntó qual era la causa de su expedicion. El Rey de cien pueblos,[232] renovando con este discurso el paterno llanto, le respondió en estos términos: „Á suplicarte me auxîlies en una guerra justa he venido; toma parte en la afliccion de un padre desgraciado; ayúdale á vengar la muerte de un hijo; no niegues este servicio á los manes de Androgéo. Una cosa me pides, le respondió Eaco, que no puedo concedértela, ni aun mis vasallos podrán tomar partido contigo; porque hemos hecho una alianza con los Atenienses, que las leyes mas sagradas hacen inviolable.” Ofendido Minos de esta respuesta le dixo al retirarse: „Esa alianza te costará bien cara;” pero se contentó con esta amenaza, no queriendo por entonces llevar mas adelante su venganza por no debilitar sus fuerzas.

La armada de Minos podia divisarse aun desde los muros de Egina, quando llega con velas tendidas una nave Ática, y entra en el puerto aliado; mandábala Céfalo,[233] que venia á pedir socorro contra el Rey de Creta. Los hijos de Eaco conocieron á este Príncipe, no obstante de haber mucho tiempo que no le veian; y despues de haberle abrazado, le conduxeron al palacio de su padre. Este héroe, que en una edad avanzada conservaba aun alguna muestra de su primera hermosura, llevaba en la mano un ramo de oliva,[234] y á sus lados á Cliton y Butes, hijos de Palante. Despues de los primeros cumplimientos, Céfalo expuso las órdenes que habia recibido de los Atenienses, y pidió socorro contra el ambicioso Minos, que queria oprimir la libertad de la Grecia. Para obligar á Eaco á otorgar lo que pedia, recuerda la alianza y los antiguos tratados de los dos pueblos, añadiendo para hacer mas fuerza que Minos dirigia sus tiros contra toda la Acaya.

FÁBULA VI.

_LAS HORMIGAS CONVERTIDAS EN HOMBRES LLAMADOS MIRMIDONES._

Despues de haber sostenido su causa con mucha eloqüencia el Rey de Egina, apoyándose entonces sobre su cetro: „No pidais auxîlio, les dice, ó Atenienses, sino tomad quanto necesiteis. No dudeis que son vuestras quantas tropas hay en esta isla; disponed de ellas, y vayan las principales con vosotros. Tengo armada; tengo exército bastante para mi defensa y contra mis enemigos; tengo el favor de los Dioses, y tenemos por último una feliz coyuntura. Así suceda, le respondió Céfalo, y se aumente la poblacion de tu reyno, al que luego que llegué me llené de regocijo viendo que me salia á recibir una juventud tan lozana; pero echo menos á muchos que vi en otro tiempo quando estuve en tu corte.”

[Ilustración: (79) Júpiter, por ruego de Eaco su hijo, transforma en hombres á unas hormigas.]

Eaco suspirando le habla de este modo: „Vas á oir la relacion de una historia lastimera, cuyo fin, sin embargo, podrá causarte algun consuelo; pero como no es posible que comprehendas todo su horror, me contentaré con referírtela en pocas palabras y sin guardar órden. Yacen huesos y cenizas aquellos por quienes preguntas: ay ¡y cómo he perdido con ellos mis mejores vasallos! La desapiadada Juno, que no podia sufrir que esta tierra tuviese el nombre de su rival,[235] asoló todos mis pueblos con una cruel peste. Creimos al principio que este mal no era sino una enfermedad ordinaria, y empleamos todos los auxîlios de la medicina; pero los remedios eran inútiles. Al empezar, se cubrió el ayre de obscuras nubes, y se sintió un excesivo calor.[236] El viento del Mediodia, tan propio para infestar el ayre, reynó por el tiempo en que la luna llenó por quatro veces la faz que muestra á la tierra, y otras tantas menguando quedó privada de la luz.[237]

”Los lagos y fuentes se inficionaron con el funesto veneno que esparció en ellas una multitud de serpientes desconocidas en el pais. Se observó la fuerza del mal primeramente en los perros, aves, ovejas, bueyes y demas animales. El labrador consternado veia morir á los robustos bueyes en medio del trabajo, y caer en medio del surco. Las ovejas despojadas de su vellon, y flacas, llenaban el campo de balidos lastimeros. El brioso caballo, despreciando los combates y victorias que tantas veces habia ganado, gemia en el pesebre esperando la muerte con una enfermedad que le debilitaba. El jabalí no se acordaba de su natural ferocidad; la cierva ya no tenia su ordinaria ligereza; el oso no se atrevia ya á embestir á los ganados. Á todos tenia acobardados el contagio; los bosques, campos y caminos estaban cubiertos de cadáveres que inficionaban el ayre con su fetidez; y lo que es mas de admirar, ni los perros, ni las aves de rapiña, ni los canos lobos se atrevian á tocarlos: se podrian sobre la tierra, y esparcian el contagio por todo el contorno. De los animales pasó la peste á las aldeas y gentes del campo, y de ellas penetró hasta las ciudades. Primeramente se abrasaban las entrañas, y el color encendido que salia á la cara era indicio del fuego que les abrasaba interiormente. No se respiraba sino con trabajo, y la lengua seca é hinchada obligaba á tener la boca abierta, y así se atraia mas la infeccion del ayre. No pudiendo los dolientes sufrir la cama, ni ningun género de cobertura, tendian sus cuerpos sobre el duro suelo; pero lejos de darles la tierra algun refrigerio, se abrasaba esta con el calor de los cuerpos. Los Médicos que hubieran podido contener de algun modo la propagacion de un mal tan violento, se hallaban padeciéndolo, sin que pudiera preservarles su arte: y los que mas se apresuraban á socorrer á los enfermos, eran las primeras víctimas de la muerte.