Metamorfóseos o Transformaciones (2 de 4)

Part 7

Chapter 74,044 wordsPublic domain

Celebraban por entonces las mugeres de Tracia en honor de Baco las fiestas que se renovaban cada tres años.[180] Habiendo llegado la noche consagrada á estos misterios, y quando el monte Rodope resonaba con el estrépito de los tambores é instrumentos de metal, salió la Reyna de su palacio con los adornos mismos de las demas Bacantes, coronada de pámpanos: llevaba sobre el hombro izquierdo una piel de pantera, y el ligero tirso en la mano. Rodeada de una multitud de compañeras, corria por medio de las selvas, causando espanto, y agitada de todo el furor que inspira la ira; en una palabra, imitaba fielmente, Baco, á tus sequaces. En fin, habiendo llegado al desviado castillo en que Filomela estaba encerrada, llena el ayre con sus gritos; y despues de haber hecho resonar por todas partes el misterioso nombre de Evoe,[181] hace pedazos las puertas, saca á su hermana de aquel funesto lugar; la viste de Bacante, y cubriéndola el rostro con hojas de yedra, la lleva atónita al palacio de su marido.

[Ilustración: (71) Progne saca á Filomela de su prision y la conduce en pompa á la Corte de Tereo.]

Al entrar Filomela en un sitio en que se hallaba su mas cruel enemigo, empezó á horrorizarse, cubriéndose su rostro de la mas triste palidez. Su hermana la conduxo á un aposento; la despoja del vestido de Bacante; la quita la corona[182] que le cubria el rostro, y la abraza con todas las muestras de la mas tierna amistad. Triste y trémula la desdichada hija de Pandion no se atreve á mirar á su hermana, considerándose adúltera de ella; y sin atreverse á levantar los ojos quiere jurar y poner á los Dioses por testigos del caso y violencia que el pérfido cuñado le habia hecho, sirviéndola de intérpretes sus manos. No cabe ya la ira en el corazon de Progne, y conteniendo las lágrimas de su hermana: „No es tiempo, la dice, de lágrimas sino de venganza: el hierro, y si hay aun algun instrumento mas terrible, es lo que debemos emplear. Sí, querida hermana, á toda maldad estoy dispuesta. Ó el fuego que pondré al palacio abrasará al pérfido Tereo, ó le arrancaré la lengua, los ojos, y en fin quanto sirvió á su crímen, ó le abriré puerta á su alma perjura por mil heridas. Ignoro aun qual de estos dos partidos elegirá mi furor; pero estoy á todo dispuesta.”

[Ilustración: (72) Progne hace servir á Tereo en una comida la cabeza de su hijo Itis á quien habia quitado la vida.]

FÁBULA VII.

_ITIS SERVIDO Á SU PADRE TEREO EN UN BANQUETE._

Hallándose de este modo dudosa Progne, ve llegar á su hijo Itis, y su vista la hace decidir de pronto.[183] „¡Desgraciado, le dice, mirándole con sañudos ojos, quan parecido eres á tu padre!” Y sin decir mas palabra, medita el desastrado y trágico castigo que ha de dar á su hijo, estimulándola la rabia y desesperacion á executarlo quanto antes. No obstante, luego que el tierno Príncipe llega, saluda á su madre, se abalanza á su cuello, la besa y hace mil caricias: se enternece Progne, calma su cólera, y no puede menos de verter algunas lágrimas. Pero advirtiendo que se enternecia, aparta los ojos de su hijo, y se vuelve á contemplar en su hermana; y mirando despues á ambos alternativamente: „¿Por qué, decia, este niño me ha de mover con halagos, y mi hermana ha de callar por faltarle la lengua? ¿Por qué aquella no llama hermana á la que este llama madre? Mas considera, hija de Pandion, el marido que tienes, y no podrás amarle sin hacerte delinqüente. En fin, sin detenerse arrebata á Itis qual una tigre que conduce por los sombrios bosques á un cervatillo para devorarle, y le lleva al sitio mas retirado del palacio. Allí esta madre cruel, insensible á las caricias de su hijo, que, como si previese el riesgo, la tendia los brazos, y clamaba muchas veces ¡ó madre! ¡ó querida madre! le clavó un puñal en su pecho, sin apartar siquiera un momento los ojos de tan horroroso espectáculo. Aunque esta sola herida bastaba á quitar la vida al jóven príncipe, no obstante, Filomela le degüella, y despedaza los miembros aun palpitantes, los que recogieron estas dos furias, é hicieron cocer una parte de ellos, y asar la otra, quedando lo interior de palacio bañado de sangre.

Progne mandó avisar despues á Tereo que el banquete estaba dispuesto; y suponiendo que era costumbre de su pais, que durante las fiestas de Baco el marido comiese solo con su muger, mandó retirar á los amigos y criados. Luego que Tereo se sentó en el excelso solio de sus mayores, tomó del detestable manjar que le habian preparado, alimentándose así de su propia sangre y substancia. ¡Tan ignorante está del caso! Un momento despues mandó que le llevaran allí á su hijo, y gozosa la cruel Progne de tener la ocasion de anunciarle ella misma el crímen que acababa de cometer: „Dentro tienes lo que buscas, le dixo con una alegría que ya no podia disimular.” Tereo vuelve á un lado y á otro la cabeza por ver dónde estaba su caro hijo, y al tiempo de llamarle, entra Filomela conforme estaba, esparcidos los cabellos y toda ensangrentada, y dió á Tereo en el rostro con la cabeza de Itis. Nunca deseó tanto poder hablar como en esta ocasion por expresar al tirano toda la satisfaccion que tenia de haberse así vengado. Á la vista de tan horroroso espectáculo, Tereo da un espantoso grito, derriba la mesa, é invoca en su socorro á todas las Furias del Averno. Quisiera poder abrirse el vientre para arrojar el cruel manjar que acababa de comer; vierte un torrente de lágrimas, y en el exceso de su dolor ya repite muchas veces que habia sido el triste sepulcro de su hijo; ya despues con la espada en mano busca á Progne y Filomela, pero ya se habian retirado, y huian con tanta ligereza que qualquiera creeria que sus cuerpos tenian alas. En efecto las tenian. Filomela, convertida en ruiseñor, voló á los bosques, y Progne, en golondrina, se fue al techo del palacio. Sus plumas teñidas de un color que se asemeja á la sangre, conservan aun las señales de su crueldad.[184] Tereo, en el exceso del mas vivo dolor, y deseando con ansia poder vengarse, fue tambien convertido en ave. Su cabeza apareció con una cresta que tenia la forma de un casco, y su boca se mudó en un pico semejante á un dardo. Se llama Abubilla,[185] y parece que está siempre armada. La nueva de esta deplorable tragedia, habiendo llegado poco tiempo despues á Atenas, causó tanto sentimiento á Pandion, que murió de la pena antes de sus dias señalados y de los últimos tiempos de su larga vejez. Ericteo su hijo heredó el Reyno; ilustre por sus virtudes, no es fácil decidir si el amor de la justicia excedia á su valor, ó el valor al amor de la justicia. Tenia este Príncipe quatro hijos y otras tantas hijas; pero dos de ellas eran de igual hermosura.

[Ilustración: (73) No habiendo podido Boreas conseguir á Oritia de su padre, la roba y lleva á la Tracia.]

FÁBULA VIII.

_ORITIA ARREBATADA POR BOREAS._

Céfalo, hijo de Eolo, casó con la una llamada Procris; y Oritia, su hermana, fue largo tiempo el objeto de ternura de Boreas.[186] La Tracia, donde reynaba, y la memoria de Tereo eran impedimento para su enlace; mas este Dios[187] persiste en sus ruegos, queriendo mas usar de rendimientos que de la fuerza. Pero viendo en fin que nada adelantaba con las persuasiones, se dexó arrebatar de su furia, que es natural y muy comun á tal viento, y dixo: „Con razon se me desprecia. ¿Por qué pues he abandonado mis armas, la crueldad y violencia, mi ira y ánimo amenazador, y he echado mano de ruegos é indignos suspiros? ¿Son pues estas las armas que deben asegurarme la victoria? No, nada me está mejor que el furor y la fuerza, con la qual arrollo las nubes: con violencia disipo las nieblas, agito los mares, derribo los robustos robles, quajo la nieve, y congelo el granizo.[188] Quando yo encuentro en el ayre, que es mi verdadero campo de batalla, los demas vientos, mis hermanos, lucho con ellos con tanto ímpetu, que todo el cielo se estremece, y chocando las nubes unas con otras, despiden el horroroso trueno, y lanzan los fogosos rayos que atemorizan á todo el orbe. Quando puedo introducirme en las concavidades de la tierra, hago estremecer á los infiernos, y lleno de temblor á todo el universo. De esta suerte debí pedir á Oritia en casamiento; y Ericteo seria mi suegro por fuerza, ya que no quiere rendirse á ruegos.”

Despues que Boreas dixo estas ó semejantes palabras, sacudió sus alas,[189] con cuyo movimiento se conmovió toda la tierra, y se encrespó el dilatado mar: habiéndose cubierto despues de una nube obscura, y barrido la tierra, levanta por todas partes densas polvaredas, y arrebata á Oritia entre sus brazos. La violencia del movimiento con que la llevaba acrecentó su amor; y voló sin descansar hasta Tracia, su Reyno. Oritia, hecha Reyna ya de aquellos helados climas, parió dos gemelos, que en todo se hubieran parecido á la madre á no tener alas como el padre. No obstante, dicen que no nacieron con ellas, sino que les salieron en su adolescencia. Algun tiempo despues Cetes y Calais (así se llamaban estos dos Príncipes) siguieron la carrera de las armas, y embarcándose en la nave de los Argonautas, que fue la primera que se atrevió á surcar los mares, acompañaron á Jason á la conquista del famoso vellon de oro.

LIBRO SÉPTIMO.

_ARGUMENTO._

Despues que Jason volvió con Medea á su patria, esta reduxo á Eson á su juventud. Prometiendo que haria lo mismo con Pelias, ensayándose en un carnero, le quitó la vida con engaños. Pasando de allí por varios lugares, y executando diversas transformaciones, se casó con Egeo, despues de haber muerto á sus hijos. Minos movió guerra contra este; junta tropas de todas partes, como asimismo de Paros. Á esta la habia vendido Arnéa, por lo que fue convertida en graja. Eaco se declaró en favor de Egeo, y le envió por auxîliares á sus Mirmidones, que habian nacido de las hormigas, con su capitan Céfalo; el qual antes disfrazado habia solicitado á su muger al adulterio, y habia visto á su perro con una zorra convertidos en peñascos.

FÁBULA PRIMERA.

_JASON Y MEDEA._

Ya la nave Argos[190] habia conducido á los de Tesalia por diferentes mares; ya habian visto á Finéo,[191] aquel Príncipe desgraciado, pasando una postrada y triste vejez despues de haber perdido la vista; ya los hijos de Boreas habian ahuyentado á las Harpías,[192] que con tanta crueldad atormentaban al viejo; quando en fin, despues de haber padecido muchos trabajos en todo el discurso del viage, llegaron estos héroes con su caudillo Jason á las orillas del Faso.[193] Luego que desembarcaron se presentan al Rey, y le piden el vellocino de oro[194] en que Frixo habia sido conducido á la Cólquide.

[Ilustración: (74) Medea recibe los juramentos de Jason, hace que dome los toros y que robe el vellocino de oro.]

Este Príncipe, con la idea de desanimarlos y echarlos de sí, les dixo lo que debian hacer para adquirir aquel rico depósito, y les hizo ver todos los riesgos á que debian exponerse. Entre tanto, Medea, su hija, se enamora de Jason. Y despues de luchar por mucho tiempo sin poder vencer con reflexîones la inclinacion que la arrastraba: „En vano, se dixo, te resistes, Medea; algun Dios se opone á tu tranquilidad; los ocultos movimientos que agitan tu corazon te son desconocidos; pero si no me engañó, esto es lo que llaman amor, ó se parece mucho á ello. Pues á no ser así, ¿cómo me habian de parecer demasiado duras las leyes que mi padre ha impuesto á este héroe? Ellas lo son en efecto. ¿Por qué temo tanto su muerte? ¿Por qué me alarma el riesgo que corre este extrangero? ¿Quál puede ser la causa de un temor tan excesivo? ¡Infeliz! apaga si puedes el fuego que has concebido en tu corazon virginal. ¡Ah! si yo pudiera seria mucho mas sabia. Pero una nueva violencia me arrebata aun contra mi voluntad; el amor me aconseja una cosa, y el entendimiento me persuade otra. Veo lo mejor; lo apruebo, y sin embargo me dexo arrastrar de lo mas malo. Insensata ¡quál es tu ceguedad! ¿Una Princesa de tu clase debe amar así á un extrangero? ¿Estoy yo destinada á seguir un marido á desconocidos paises? ¿No hallaré, pues, en el Reyno de mi padre otro amante digno de mi afecto? De cuenta de los Dioses está su vida ó muerte: viva en efecto; á lo menos bien puedo pedirles por su vida sin amarle. ¿Qué delito ha cometido para verse expuesto á tantos riesgos? ¿Á quién, sino es una fiera, no inclinará su juventud, nobleza y gallardía? Y quando le faltara todo esto, ¿quién no se moveria al ver el ayre noble y gracioso que brilla en su persona? ¡Ah! yo me siento demasiado interesada por él.

„Sin mi auxîlio, ó será devorado por las llamas que vomitan los toros, contra quienes debe pelear, ó vencido por el número de los enemigos que han de nacer de los dientes de la serpiente que le obligarán á sembrar, despues que triunfe de ella; ó en fin será presa de aquel horrible dragon que guarda el vellocino de oro. Si yo llego á mirar tal espectáculo, ¿no me persuadiré, ó que he nacido de una tigre, ó que tengo el corazon mas duro que un bronce y que las rocas? ¿Por qué, pues, no me resuelvo á verle morir, y á hacer á mis ojos cómplices de su muerte? ¿Por qué, pues, no enciendo fuego para que muera abrasado, ó por qué no animo contra él los toros, los soldados que salgan de la tierra, y al vigilante dragon? No ¡justos Dioses! permitid que logre cosas mas lisonjeras. Pero yo no debo desearlas, puesto que puedo hacerlas.[195] ¿Mas le he de entregar el reyno de mi padre por salvar á un desconocido, que viéndose libre tal vez me abandonará, se embarcará sin llevarme consigo, é irá á entregar á otra su corazon y mano, quedando yo en un continuo tormento? ¡Ah! perezca Jason, puesto que puede cometer esta ingratitud posponiéndome á otra. Pero no demuestra tal cosa su rostro, ni la nobleza de su ánimo, ni la gracia de su belleza: no, no tengo que temer engaño ni olvido de mis beneficios: la generosidad es inseparable de las almas como la suya. Ademas yo quiero que antes comprometa su palabra, y le haré que jure por los Dioses: y en tal caso ¿qué temor tendré con tal seguridad? Vamos pues sin mas tardanza á socorrerle. Jason, que se reconocerá deudor mio, se unirá á mí con solemne matrimonio: sí, serás celebrada y aplaudida del pueblo por todas las ciudades de la Grecia, que te mirarán como á su libertadora. ¿Pero he de abandonar á mi hermana, hermano, padre, Dioses y patria? Y ¿qué he de hacer? quando mi padre es un cruel, mi hermano[196] aun niño, la tierra bárbara; y por lo que toca á mi hermana[197] obro segun sus deseos. Algun grande Dios está dentro de mí; lo que voy á dexar no es tan grande ni interesante como lo que determino seguir, que es la gloria de haber librado la juventud griega, mejorar de Reyno y de Corte, trocando la mia por otra, en que, segun la fama, florecen la cultura y las artes, y poseeré al amable Jason, que prefiero á todos los bienes del universo: si yo soy su esposa, mi felicidad igualará á la de los Dioses. No ignoro los riesgos que se corren en el mar; sé que se encuentran escollos; que la cruel Caribdis vuelve á vomitar las olas que ha sorbido; que Escila con sus perros ladradores de un modo horrible causa terror y espanto en el mar de Sicilia. Pero teniendo yo lo que amo, y asida á los brazos de Jason, atravesaré sin miedo los vastos mares; y si temiere algo, serán solo los peligros de mi esposo. ¡Infeliz! ¿con qué le llamas tu esposo? ¿con que cubres tus delitos con el nombre sagrado de Himeneo? Considera antes el horrible crímen que meditas, y evítale mientras puedas.”

Quando Medea acabó de hacer todas estas reflexîones, el pudor, la razon y la piedad se presentaron ante su agitado espíritu, y ya salia desarmado el amor. Su pasion ya no tenia la misma violencia, y se sentia animada de un valor y fuerza que no conocia un momento antes: quando habiendo salido á ofrecer un sacrificio á la Diosa Hecate,[198] cuyo templo estaba en la espesura de un opaco bosque, tuvo la desgracia de encontrar á Jason. Como una chispa casi apagada en la ceniza se enciende al menor soplo, y se hace capaz de ocasionar los mayores incendios, el amor de Medea, á quien sus reflexîones habian debilitado, volvió á tomar nueva fuerza á la vista del jóven héroe; y por fortuna, puede decirse que nunca estuvo mas hermoso que aquel dia, y aun se podria disculpar la pasion que le tenia. Luego que le descubrió, le mira con tanta atencion, teniendo clavados en él los ojos, como si fuera la primera vez que lo veia: tan ciega estaba, que le parecia divino su semblante, y no se apartaba de él un punto. Despues que la habla el extrangero, le alarga la mano, é implora rendido su auxîlio prometiéndola ser su esposo. „Bien sé, le respondió la Princesa, derramando algunas lágrimas, el partido que debiera tomar; pero si falto á mi deber, no es porque ignore sus rigurosas leyes: el amor solo puede servirme de disculpa: serás libre con mi ayuda; mas no te olvides de tus promesas.” „Sí, la dixo Jason, yo te prometo una eterna fidelidad: juro por Diana, á quien reverencian en este pais: por el sol, de quien desciendes:[199] por este Dios que nos ve, y que alumbra el universo; y por los riesgos de que me libertas, que nada será capaz de separarme de tí.” Asegurada Medea por los juramentos de Jason, le dió al momento algunas yerbas encantadas, enseñándole el uso que habia de hacer de ellas, con lo que se retiró contento á su casa.

_JASON ROBA EL VELLOCINO DE ORO._

En el dia siguiente, quando la roxa aurora hacia retirar á las estrellas, concurria el pueblo en gran tropel al campo de Marte, colocándose sobre las eminencias y colinas que le cercaban. Sentóse en medio de la asamblea el Rey vestido de púrpura, y con el brillante cetro de marfil en la mano. Luego que se colocaron todos, sacan los toros con pies de metal, echando fuego por las narices diamantinas, con el que hacian arder las yerbas de alrededor. El fuego salia de sus narices con un ruido semejante al de un horno encendido, ó de la cal quando se la echa agua. Jason sin embargo se presenta ante estos brutos. Los toros que le ven acercarse, le presentan sus cuernos calzados de hierro, le miran con furor, escarban la tierra con sus pies hendidos, llenan el ayre de polvo y humo, y le hacen resonar con sus espantosos bramidos. Los Argonautas se pasman de miedo; pero el intrépido Jason embiste á los dos monstruos sin sentir el fuego que respiraban: tal era el poder de los encantos de Medea. Este heroyco jóven, despues de halagarlos algun tiempo con la mano, los amansó de tal modo, que les obligó á llevar el yugo, y á arar un campo que jamas se habia cultivado. Llénase de pasmo todo el concurso, y los Argonautas animaban á su caudillo con sus vítores repetidos.

Arado ya el campo, Jason tomó en un morrion los viperinos dientes, y los sembró en los surcos. Como antes habia tenido cuidado de untarlos con las yerbas encantadas que Medea le habia dado, se ablandaron en poco tiempo, y de ellos nacieron y crecieron nuevos cuerpos. Pero así como el infante no sale del útero materno hasta que está formado, y con la debida perfeccion en todos sus miembros, así aquellos hijos de la tierra no aparecieron hasta ser hombres perfectos; y lo que es mas de admirar, salieron enteramente armados. Los capitanes griegos, que vieron que enristraban las lanzas contra Jason, se asustaron en extremo; y aun la misma Medea, que le habia asegurado de este ataque, se amedrentó á la vista de tantos enemigos que combatian contra uno solo; una palidez mortal apareció en su rostro, y la sangre se heló en sus venas. Como temia que los encantos que habia empleado para sacarle de aquel riesgo no fuesen bastante poderosos, pronunció algunas palabras mágicas, y se valió de todos los secretos de su arte. Entre tanto Jason, arrojando una pesada piedra en medio de los enemigos, se vuelven inmediatamente unos contra otros; y estos hijos de la tierra caen heridos mutuamente, y mueren en una guerra social. Los Griegos al punto dan el parabien á su caudillo, y no se cansan de abrazarle. Bien hubieras querido, Medea, ostentar con iguales caricias el gozo que te causaba una victoria tan inesperada, pero te detienen el pudor y la modestia; y le hubieras abrazado, á no perder tu opinion; pero bien siente tu corazon esta alegría, dando gracias á tus encantos y á los Dioses autores de ellos.

Para salir victorioso de tantos riesgos, solo le quedaba á Jason vencer al dragon que guardaba el vellocino de oro. Este monstruo, singular por la cresta que tenia en la cabeza, y por sus tres lenguas; temible por los agudos dientes de que estaba armado, velaba noche y dia en guarda del vellocino de oro. Despues que este héroe derramó sobre él el xugo de algunas yerbas, y pronunció tres veces unas palabras que tenian la virtud de adormecer, y aun de calmar las olas irritadas, y detener los impetuosos rios en medio de su curso, el sueño se enseñoreó por la primera vez de sus ojos; y aprovechando Jason tan feliz momento, se apoderó del vellocino de oro. Soberbio con este rico despojo, y aun mas con la conquista de Medea, con cuyo socorro habia salido de tantos riesgos, se embarcó con ella, y llegó con felicidad á Yolcos.[200]

FÁBULA II.

_ESON REMOZADO._

Toda la Tesalia tomó parte en el suceso del viage de los Argonautas: todos dieron gracias á los Dioses por su feliz arribo; ofrecieron sacrificios; inmolaron un gran número de víctimas, cuyas astas estaban doradas, y los altares exhalaban por todas partes el olor del incienso que se quemaba en ellos. Solo Eson faltó á las fiestas que se celebraron en esta ocasion. Caduco ya, y con el pie en la sepultura, no pudo tomar parte en la alegría pública. Su hijo Jason, movido de verle en tal estado, habló á Medea en estos términos. „Yo sé, amada esposa, que me salvaste la vida, y que los beneficios que te debo exceden á lo que puede imaginarse. Con todo tengo que pedirte una nueva gracia, y es que quitando de mis años juveniles alguna parte, la transfieras á mi padre[201] siempre que puedan hacerlo tus encantos; pero ¿cómo no podrán quando nada se resiste á este arte?”

[Ilustración: (75) Medea remoza con diferentes yerbas al padre de Jason.]

Las lágrimas que derramaba al hacerla esta súplica conmovieron á Medea, reparando en el amor del hijo para su padre, pero se acordó de Eetas[202] á quien habia abandonado, sin profesarle por eso el amor que veia en su esposo. „¿Qué maldad has proferido? ¿Crees, pues, amado esposo que puedo yo por razon alguna transferir á quien quiera una parte de tu vida? Ni Hecate me ha dado poder para tanto, ni, aunque así fuera, sabes lo que te pides. Procuraré hacerte una gracia mayor que la que me suplicas. Voy á emplear todos mis desvelos en renovar la vida de un padre que amas, sin acortar la tuya; y espero lograrlo si la Diosa Hecate favorece mi empresa.”

Tres noches faltaban para que acabase de llenar la luna; mas despues que llegó esta época, y alumbró la tierra en toda su plenitud, salió Medea de su casa sola en el profundo silencio de la media noche con un manto tendido, descalza de un pie, y con el cabello esparcido sobre los hombros, que tambien llevaba descubiertos. Reynaba en la tierra un profundo silencio: los hombres, aves y fieras gozaban de la dulzura del sueño: ningun viento agitaba las hojas ni espinales. El ayre estaba sereno y tranquilo, y solo los astros brillaban en el cielo. Medea se volvió tres veces á él tendiendo sus brazos; y habiendo rociado otras tantas sus cabellos con agua de rio, y dado tres clamores, se puso de rodillas, é hizo esta súplica.