Metamorfóseos o Transformaciones (2 de 4)

Part 6

Chapter 64,113 wordsPublic domain

Cerca de esta ciudad estaba situada una llanura bien hollada de caballos, en donde la multitud de ruedas y duros cascos habian reducido á polvo los terrones.[164] Habian concurrido á aquel sitio á hacer exercicio los hijos de Niobe, montados en soberbios caballos enjaezados con frenos de oro y mantillas de la mas encendida púrpura. Ismeno, el mayor de todos, corria su caballo á la redonda, quando ¡ay de mí! exclama traspasado al mismo tiempo con una flecha; y soltando el freno sus manos moribundas, cae exánime á los pies del caballo. Sipilo, que era el mas inmediato, suelta las riendas al suyo al oir el zumbido de una saeta; y así como el piloto, que ve cercana la tormenta, se apresura á recoger velas para preservarse del furor de los vientos, así pica al caballo este jóven Príncipe; pero en vano, porque la saeta le atraviesa la cabeza, y la lengüeta se descubre por la garganta. Como iba echado hácia adelante, viene á caer por el cuello y crin del caballo espantado, tiñendo la tierra con su sangre caliente. El desdichado Fedimo y Tántalo, heredero del nombre de su abuelo, despues de acabar la tarea acostumbrada, pasaron al juvenil exercicio de la resplandeciente palestra; y estando ya dispuestos para luchar, atraviesa á ambos de parte á parte una flecha, así como estaban abrazados; ambos se lamentaron á un tiempo, á un tiempo cayeron en tierra, á un tiempo se eclipsaron sus ojos, y á un mismo tiempo murieron. Alfenor, que los ve exhalar los últimos suspiros, penetrado del dolor mas vivo, se arroja sobre ellos, los abraza tiernamente, y procura reanimarlos; pero mientras él les tributaba este deber piadoso, cae á par de ellos de un flechazo con que Apolo le atraviesa el pecho. Al arrancarle el dardo harpado de la herida, sacaron una parte de sus pulmones, y el alma salió con su sangre. El jóven Damasicton recibió dos heridas, la una en la rodilla; y mientras se esforzaba á sacar el dardo fatal, recibió otro flechazo, que le atravesó la garganta. La sangre que salta con ímpetu de su herida expelió la flecha, y se esparció lejos como una menuda lluvia. Ya no quedaba de los hijos de Niobe mas que Ilionéo, el menor de todos, que en vano levantaba los brazos al cielo, invocando el socorro de los Dioses. ¡Mas ay! que él no sabia que Apolo era el único á quien debia aplacar. Compadecióse sin embargo este Dios del jóven; pero ya el dardo irrevocable estaba disparado, y murió; aunque con menos rigor que sus hermanos, porque la flecha no hizo mas que herirle levemente el corazon.[165]

El rumor de este funesto accidente, los sollozos del pueblo, y las lágrimas de los criados, anunciaron bien presto á Niobe el desastre de sus hijos. Admiróse del poder de los Dioses; y aun se irritó vivamente de que se hubiesen atrevido á tanto. Su esposo Anfion, por no sobrevivir á tal desgracia, se quita la vida atrevesándose el pecho con su espada. ¡Ah, quan otra era Niobe en esta ocasion, de aquella soberbia Niobe que conducida en un suntuoso carro iba apartando al pueblo de las aras de Latona! Entonces era su suerte envidiada de todos, y ahora compadecida aun de sus mismos enemigos. Se arroja sobre los frios cadáveres de sus hijos, y sin guardar órden les va dando á todos los últimos besos; y levantando al cielo los brazos dixo: „Complacete en mi dolor, cruel Latona: experimenta el bárbaro placer de verme agoviada de pena y despecho: sacia en fin tu rencoroso corazon, mientras que yo muero viendo mis siete hijos difuntos: salta de gozo y triunfa como que has vencido. ¿Pero en qué? Aun no debes cantar la victoria, pues en medio de mi desgracia me quedan aun mas hijos que á tí en medio de tu dicha. He perdido siete; pero aun te aventajo en el número de los que me quedan.”

Apenas dexó de hablar quando se oyó el ruido de un arco que vibra una flecha. Sorprehendióse la asamblea; y solo Niobe, á quien sus desgracias habian hecho insensible, permaneció tranquila. Sus hijas, vestidas de luto, y con el cabello tendido, lloraban ante los fúnebres lechos en que yacian sus hermanos, y sintiéndose una de ellas con el pecho herido de una flecha, cae muerta sobre el cuerpo de uno de ellos: otra, procurando consolar á su madre, perdió de repente la vida sin que se viera el dardo que la hirió, y no cerró la boca sino despues de espirar. Una cae intentando huir, otra muere sobre el cadáver de su hermana: esta busca inútilmente donde ocultarse, y aquella está temblando. Habian ya muerto seis de diversos modos, y con diferentes heridas; solo quedaba una, á quien cubriendo su madre con todo el cuerpo y vestido: „Déxame, dixo á Latona, una á lo menos; de tantas una sola te pido, y de estas la mas pequeña de todas.” Pero mientras ella hacia esta súplica, la ve espirar entre sus brazos. La desgraciada Niobe, viéndose privada de su esposo é hijos, se sienta entre los cadáveres: la pena la endurece; ya no agita el viento sus cabellos: en su rostro aparece una mortal palidez; sus ojos sin movimiento, su lengua pegada al paladar, sus venas cárdenas: no puede levantar la cabeza ni brazos: en fin no da ninguna señal de vida; en efecto no es otra cosa que una roca inanimada. No obstante llora, y es la sola señal de sensibilidad que manifiesta; y arrebatándola un fuerte torbellino, la lleva el viento á su patria, fixándola en la cumbre de un monte, donde continúa su llanto; y aun por eso dicen que el mármol hasta ahora derrama lágrimas.

[Ilustración: (68) Júpiter transforma en ranas á los aldeanos que insultaron á Latona.]

FÁBULA III.

_LOS ALDEANOS CONVERTIDOS EN RANAS._

Un castigo tan horroroso aterró de tal modo á las gentes, que así hombres como mugeres se apresuraban á competencia á honrar á la fecunda Latona, dándola con nuevo zelo las muestras indubitables del culto que acostumbraban tributarle. Y como acaece que un suceso que nos sorprehende nos trae á la memoria algun otro con quien tiene conexîon, refirió un Tebano á este propósito la venganza que habian experimentado en otro tiempo de esta misma Diosa algunos habitantes de la fértil Licia: „La aventura, dixo, no es célebre por la calidad de las personas á quienes sucedió, pero es verdaderamente admirable. He visto el sitio y el estanque mismo que hizo memorable el prodigio. Porque hallándose mi padre incapaz de viajar por su avanzada edad, me envió á comprar á aquella tierra unos bueyes, dándome por guia un hombre del pais. Como íbamos recorriendo los pastos, acertamos á pasar por las orillas de un lago donde miré un altar ennegrecido de hollin y rodeado de trémulas cañas. Paróse mi conductor, y saludando al altar: „favoreceme, dixo en voz baxa,” y yo hice por mí la misma súplica y del mismo modo: le pregunté si era aquel altar consagrado á las Náyades, Faunos, ó á alguna otra divinidad del pais.

„No está, me respondió, erigido este altar á los Dioses de estos montes, sino á la Diosa que Juno arrojó en otro tiempo del orbe, á la qual apenas proporcionó asilo la isla de Delos, que andaba flotante entonces por las aguas.” Dió á luz en ella al pie de un olivo dos hijos, á pesar de las persecuciones de su rival; quien poco lastimada del estado en que se hallaba, la obligó aun á salir de esta isla, y llevar en sus brazos los dos hijos que acababa de parir. Por esta causa llegó un dia muy cansada con el largo viage á la Licia, pais bien célebre por la Quimera.[166] Rendida del cansancio y la sed, cosa muy natural en un tiempo caluroso, y mas habiendo traido mamando á los dos gemelos, descubrió en lo hondo de un valle un lago de agua clara, y se llegó á beber á él. Se hallaba en aquel sitio mucha gente del campo cortando mimbres, juncos y demas yerbas que se crian en las lagunas; y poniéndose ella de rodillas para beber mas cómodamente, la prohibe aquella turba villana: „¿Amigos, les dice, por qué me impedis que beba? ¿No es tan comun á todos el agua como la luz y el ayre que la naturaleza nos reparte? Ruegoos no obstante me permitais beber; lo que os pido es muy poco, pues no es mi objeto el bañarme sino solo apagar mi sed, que es tan grande que tengo la boca seca, árida la garganta, y apenas puedo articular palabra: el agua de vuestro estanque será para mí el nectar de los Dioses: dexadme beber, y haré cuenta que os debo la vida que con la bebida me dareis. Si no os compadeceis de la suerte de una madre desconsolada, sed á lo menos sensible á la desgracia de estas criaturas que os tienden los tiernos brazos.” Y en efecto casualmente los extendian. ¿Á quién no hubiera enternecido esta súplica tan justa y amorosa?

Pero ellos no solo se obstinaron en negarla aquel alivio, sino que la injuriaron, y gritando, amenazaron maltratarla si no se alejaba de allí. Aun llevaron á mas extremo su insolente brutalidad, pues enturbiaron con pies y manos el agua para que el cieno que removian del hondo la impidiese beber. La indignacion de la Diosa la hizo olvidar su sed; y sin pensar ya en ablandarlos, ni en decir palabras que no fuesen dignas de una Diosa, levantó al cielo las manos y dixo: „Vivid para siempre en este estanque.” Se cumplió inmediatamente el voto de la Diosa; pues se les vió sumergir en el cieno, algunas veces sacar la cabeza y nadar sobre la superficie del agua; otras salir á descansar á la ribera del estanque, y algunos momentos despues volverse á zabullir. Pero aun emplean sus torpes lenguas en proferir injurias; y habiendo perdido la vergüenza, se congratulan baxo de las aguas con decir dicterios. Enronquecióse su voz, se hinchó su garganta, se ensanchó su boca, y se unieron sus espaldas de tal manera que desapareció el cuello enteramente: el espinazo vino á quedar de un color verde; solo el vientre, que es en extremo mas grande á proporcion de las demas partes de su cuerpo, conservó una especie de blancura: en una palabra, fueron convertidos en ranas; y se les vió saltar y zabullirse en el cieno del estanque.”

[Ilustración: (69) Apolo, despues de haber vencido á Marsias en un desafio, le hace desollar vivo.]

FÁBULA IV.

_APOLO Y MARSIAS._

Despues que no sé quien concluyó esta relacion, otro de la compañía se acordó de la aventura de Marsias,[167] vencido por Apolo quando le desafió á tocar la flauta. El hijo de Latona tomó la mas horrorosa venganza. En la hora pues en que le estaban desollando vivo, exclamó así el infeliz de Marsias: „¡Ay de mí! ¿por qué me despedazas de esta suerte? Ya me arrepiento de mi temeridad. ¡Ah! ¿Es posible que haya de costarme tan caro esta desgraciada flauta?” Le estaban desollando de pies á cabeza, quando llenaba el ayre de sus tristes lamentos. Ya su cuerpo no era sino una llaga; la sangre caia por todas partes; se veian todos sus nervios, venas, intestinos, y se podian contar fácilmente hasta las menores fibras de su cuerpo. Los Faunos y Sátiros de los vecinos montes, y Olimpo,[168] que ya entonces era célebre, las Ninfas y pastores de aquellos campos, todos lloraron su muerte. La tierra recibió todas las lágrimas en su seno, y formaron el rio impetuoso, que aun hoy conserva el nombre de Marsias, cuyas aguas son mas transparentes que las de los otros rios de la Frigia.

La relacion de estas antiguas historias renovó la memoria de lo que acababa de suceder. Todos lloraron la desgracia de Anfion y de sus hijos; al paso que les indignó el orgullo de Niobe. Solo Pelope, su hermano, la tributó algunas lágrimas; y en el exceso de su dolor rasgó sus vestidos, y manifestó su hombro izquierdo de marfil. No habia nacido con él, sino que era de la misma naturaleza que el derecho quando nació; pero habiéndole degollado su padre para servírsele á los Dioses en una cena, estos recogieron cuidadosamente todos los miembros para reunirlos, y como no hallaron el hombro izquierdo, pusieron en su lugar uno de marfil, y así volvió á vivir todo entero Pelope.

Todos los magnates de las provincias vecinas tomaron parte en la afliccion de Pelope, y todas las ciudades de la Grecia persuadieron á sus Reyes á visitarle en persona. Argos, Esparta, Micenas, engrandecida por Pelope, y Calidonia, que aun no se habia grangeado la indignacion de Diana; la feraz Orcomeno, Corinto, célebre por su metal precioso; la invencible Mesene, Cleone, Pilos, Trecene; en una palabra, todas las ciudades que encierra el istmo de Corinto bañado de dos mares, y las que estan situadas por la parte de afuera, le enviaron diputados.

_FILOMELA CONFIADA Á TEREO._

¿Qué podria añadir á este oficio de piedad? Solo tú faltaste á este deber, Atenas, porque la guerra en que te hallabas entonces empeñada no te dexó cumplir como debias. Una flota de bárbaros que te tenia bloqueada amenazaba apoderarse de tus muros. Tereo, Rey de Tracia, que vino á socorrerla, arrojó á los enemigos, y grangeó con este triunfo mucha gloria. Pandion, Rey de Atenas, llevado del poder de este Príncipe, de sus riquezas y de la nobleza de su prosapia, que traia su orígen del Dios Marte, le dió en casamiento á su hija Progne. No asistieron á este enlace Juno[169] ni Himeneo, ni presidieron las Gracias al lecho nupcial; solo las Furias le alumbraron con sus fúnebres hachas; ellas solas cuidaron de prepararlo. Un buho se colocó sobre el aposento en que debian descansar los dos esposos, y su himeneo se executó baxo los funestos presagios de esta ave, que asistió igualmente al nacimiento de su primer hijo. Sin embargo, en toda la Tracia se celebró con regocijos públicos este casamiento: todos rindieron gracias á los Dioses; y aun establecieron que el dia de la union de Tereo y Progne, y el del nacimiento de su hijo Itis, fuesen festivos en lo sucesivo. Hasta este grado se oculta á los hombres lo que les tiene cuenta. Habia ya cinco años que Progne se hallaba unida á Tereo, quando con halago le habló en estos términos: „Si me amas, no me niegues el permiso de ir á visitar á mi hermana, ó al menos permite que venga á tu corte. Si quieres ir tú mismo á buscarla, podrás asegurar á mi padre que no estará privado de ella mucho tiempo; y cree que no podrás darme mayor satisfaccion que la de proporcionarme estrecharla entre mis brazos.” Tereo manda al instante preparar algunas naves; se embarca, y arriba felizmente al puerto de Pireo.[170] Despues de saludar á su suegro, y cumplimentarse mutuamente, le cuenta la causa de su viage, y el deseo que la Reyna su esposa tenia de ver á su hermana, prometiendo volvérsela dentro de poco tiempo; pero ya el discurso se interrumpió con un desagradable presagio. Filomela entra en la sala suntuosamente vestida; pero su hermosura excedia al esplendor de su magnífico adorno. En su modo de andar, y en el ayre de magestad que se dexaba ver en toda su persona, hubiera podido pasar fácilmente por una Náyade ó Driada,[171] si estas divinidades campestres estuvieran tan magníficamente vestidas como ella. Con tanta prontitud se abrasó Tereo con la vista de Filomela, como se suelen abrasar las secas aristas, si alguno les aplica fuego, ó con la rapidez que arde la yerba estando seca. Á la verdad era bastante hermosa esta Princesa para inspirar una pasion vehemente; pero el temperamento del Rey, y la inclinacion de la gente de Tracia al amor, acrecentaron de tal modo su violencia, que desde aquel instante no puso término á sus deseos. Pensó luego sobornar las guardas que la acompañaban, y la fidelidad de su aya. Resuelto á sacrificar todas las riquezas de su reyno para hacer sensible á Filomela, formó el designio de solicitar á ella misma con grandes dones; y quando nada de esto alcanzase, robarla y defenderla despues con la fuerza de sus armas.[172] Á todo se atreve ya un hombre tan loco de amor como él estaba, y su pecho no puede ocultar mas tiempo el fuego que le devora: ya no puede sufrir ninguna dilacion, y apresura la partida de la Princesa, pretextando el placer que recibiria Progne al verla. Hacíale eloqüente su pasion; y aun quando pareciese mas importuno que debiera, se justificaba con decir que seguia las intenciones de la Reyna. Aun algunas veces derramaba lágrimas, como si realmente las vertiese por órden de su esposa. ¡Ó soberanos Dioses! ¡Cómo se envuelven en densas tinieblas los mortales! Tereo medita un horroroso crímen, y se le mira como á un hombre que obra solo por respeto hácia su esposa, y aun se le elogia en su mismo delito.[173] ¿Y qué diremos al ver igual deseo en Filomela? Ella se arroja al cuello de su padre, y le pide hasta por su salud, y contra la suya propia,[174] la dexe ir á ver á su amada hermana. Las inocentes caricias que hace á su padre, los besos que le da, avivan la pasion de Tereo, y la alimentan. Quando la ve abrazada á Pandion quisiera ser este venturoso padre; pero aun no seria mas piadoso.

Cede en fin el Rey á las súplicas de ambos; y Filomela en medio de su júbilo le da las gracias, y mira como una felicidad para sí y su hermana lo que tan funesto habia de ser para entrambas. Se acercaba el sol á su ocaso, y sus caballos hollaban ya cuesta abaxo al Olimpo,[175] quando se sirvió un banquete espléndido de manjares y de delicados vinos, que bebieron en vasos de oro,[176] y concluido el convite se retiraron todos á gozar del delicioso sueño. El Rey de Tracia, aunque apartado de la Princesa, siente toda la violencia de su pasion. Filomela está siempre en su memoria; y no se apartan de su imaginacion ni sus ojos, ni sus manos, ni los demas atractivos. Esta le representa mil bellezas que no ha visto, y acrecienta el fuego que le devora; en fin, el desórden en que se halla no permite que sus ojos se entreguen al apacible sueño. Habia ya llegado el dia quando Pandion, abrazando á su yerno, y con los ojos cubiertos de lágrimas, le dixo: „Puesto que mis dos hijas han deseado tanto este viage, y que tú tambien parece que lo deseas, yo te confio á mi hija, y mas quando lo exîge un motivo tan justo como es el amor de las dos hermanas: en nombre de los Dioses te ruego que la cuides con paternal cariño; por nuestra alianza y amistad que me restituyas quanto antes este dulce alivio de mi vejez. ¡Ah! qualquiera tardanza será larga para mí. Y tú, hija mia, luego que hayas estado algunos dias con tu hermana, no dexes de volver, si es que conservas algun amor á un padre que tiernamente te ama; bástame el verme privado de tu hermana.” Durante este discurso Pandion abrazaba á su hija, y bañaba su rostro con sus lágrimas. Y despues que pidió la mano á Filomela y á Tereo en testimonio de la fe que debian darle, les dexó partir, rogándoles saludaran de su parte á Progne y á su nieto. En fin, por un oculto presentimiento de quan funesto habia de ser aquel viage, no pudo pronunciar el último á Dios sino con muchos suspiros y sollozos.

FÁBULA V.

_TEREO VIOLA Á FILOMELA._

Luego que Filomela entró en la pintada nave,[177] y esta en alta mar: „Ya he vencido, clama Tereo; conmigo traygo el objeto de mi ternura.” Triunfa el bárbaro; y no cabiéndole ya el gozo en su pecho, no aparta los ojos de su querida, semejante al ave de Júpiter[178] que devora con sus miradas á la tímida liebre que ha llevado á su nido entre las garras. Quando llegaron á las costas de Tracia, y hubieron desembarcado, Tereo conduxo á la Princesa á un viejo castillo situado en lo interior de unos bosques. Allí fue donde la desdichada Filomela, pálida y trémula, preguntando por su hermana, desechos sus ojos en llanto, y temiendo todas las cosas en un sitio tan silvestre, fue encerrada por el tirano, quien la descubrió entonces su exêcrable intento, y triunfó de ella con violencia, como de una muger sola y sin auxîlio.

[Ilustración: (70) Tereo encierra en un antiguo castillo á Filomela su cuñada despues de haberla violado y cortado la lengua.]

En vano implora el favor de su padre y hermana; en vano llama á los supremos Dioses. Despues de tan sensible afrenta, queda pasmada, trémula é inmóvil, así como la tímida oveja, que herida por un viejo lobo, aunque se vea desasida de su boca, le parece que aun no está segura; ó como la débil paloma, que viendo sus plumas salpicadas de su sangre, teme aun las crueles uñas que la habian preso. Vuelta ya en sí, se entrega á los transportes del mas cruel despecho: se arranca los cabellos, se hiere el pecho, y prorumpiendo en un torrente de lágrimas: „¿Qué has hecho, bárbaro? exclama, levantando al cielo las manos. ¿Qué exêcrable crímen has cometido, cruel? ¡Qué! ¿no pudieron ablandarte ni las lágrimas de mi padre, ni sus ruegos, ni el interes de mi hermana, ni los respetables derechos del matrimonio, ni la inocencia de una doncella que te fue confiada? Todo, todo lo has atropellado. Yo me he hecho adúltera contra mi desgraciada hermana, y tú marido de entrambas. No merecia yo tan cruel tratamiento. ¿Por qué no llevas al cabo tus maldades? ¿Por qué ¡ó pérfido! no me quitas esta vida, para que no falte ningun delito? ¡Oxalá lo hubieras hecho antes de cometer tan detestable crímen! Así á lo menos tuviera el consuelo de baxar inocente á la mansion de las sombras.

„Mas si los Dioses han visto una accion tan perversa; si supone algo su poderío; si no feneció todo conmigo, yo espero vengarme de tu atrevimiento. Yo misma publicaré tu delito aun á costa de mi pudor. Si llego á verme libre, toda la tierra lo oirá de mi boca; y si quedo encerrada en medio de este bosque, haré resonar los árboles y rocas con mis gritos y quejas. Á lo menos el cielo y los Dioses, si hay alguno que lo habite, me oirán y vengarán.” Estas voces encendieron la cólera del tirano; el cobarde temió los efectos de las amenazas de Filomela, y estimulado de una y otra causa, asiendo por los cabellos á la desdichada Princesa, la ató los brazos atras, y desenvainó la espada de que iba ceñido.

Á su vista concibió Filomela la esperanza de su muerte, y le presentó su hermosísima garganta: mas quando invocaba el socorro de su padre, y se esforzaba á gritar, el bárbaro la sacó la lengua con unas tenazas, y se la cortó á raiz con el afilado acero. Al caer su lengua en el suelo, parecia que aun murmuraba y se quejaba; y como salta la cola de una culebra, que ha sido separada del resto del cuerpo, así palpitaba y hacia varios movimientos, qual si buscara los vestigios de su señora. Se dice (cosa que parece increible) que despues de una accion tan bárbara, sació aun este monstruo muchas veces su pasion en el estropeado cuerpo.

Despues de tantos delitos, tuvo la osadía de presentarse á su esposa, quien luego que le vió pregunta por su hermana; pero el pérfido, exhalando fingidos suspiros, la dice que habia muerto, y las lágrimas que con arte derramaba autorizaron su impostura. Progne, rasgando entonces los vestidos magníficos con que estaba adornada, y desnudándose de ellos, se vistió de luto, erigió un cenotafio,[179] y tributó á su hermana, aun no difunta, todos los sufragios debidos á los manes. La lloró; pero ¡ah! sus lágrimas debian correr por una causa mas digna de llanto que la misma muerte.

_FILOMELA NOTICIA Á SU HERMANA EL DELITO DE TEREO._

Habíase ya pasado un año sin que Filomela hallara medio de noticiar á su hermana su desgracia. La era imposible burlar la vigilancia de sus guardias; los muros de su prision eran demasiado eminentes para poder esperar salir de ella: no tenia lengua con que explicarse; pero el dolor es ingenioso, y proporciona mil arbitrios al desgraciado. Filomela trazó en una tela clara la historia de su desgracia, y por la mezcla de los hilos encarnados con los blancos, dió á conocer á Progne el atentado de Tereo, y el estado á que la habia reducido. Luego que acabó la obra se la entregó á uno de sus guardias, rogándole por señas que se la entregara á la Reyna. Este, sin penetrar el designio de Filomela, la llevó á Progne, consorte del cruel tirano: desenvuélvela esta, y lee en ella la deplorable historia de su hermana. Este triste descubrimiento la reduxo (cosa extraña en una muger) á un profundo silencio. El sentimiento la impidió la articulacion; é intentando prorumpir en exêcraciones contra su marido, la faltaban palabras con que hacerlo. En lugar de entregarse á un llanto desmesurado, solo piensa en su venganza.

FÁBULA VI.

_FILOMELA SALE DE LA PRISION._