Metamorfóseos o Transformaciones (2 de 4)

Part 5

Chapter 53,775 wordsPublic domain

„Un dia, si mal no me acuerdo, volvia fatigada del bosque de Estínfalo; el calor era grande, y le habia hecho en mí mas excesivo el cansancio: encontré luego una fuente, cuyas aguas eran tan hermosas y claras que se pudieran contar todas las piedras que habia en el fondo, y caminaba tan lentamente que apenas se percibia su curso. Unos antiguos sauces y álamos frondosos, que el agua del arroyo conservaba siempre verdes, formaban sobre sus riberas una apacible sombra. Luego que llegué, mojé las plantas de los pies; despues entré hasta las rodillas, y no contenta con esto, me desnudo del todo, y poniendo mi ropa en las ramas de un sauce, me arrojo al agua. En tanto que yo nadaba, y que movia las aguas bañándome de mil modos, oí no sé qué murmullo debaxo de la corriente, y salté asustada prontamente á la ribera. ¿Á dónde vas bella Aretusa? ¿á dónde vas? me dixo dos veces Alféo desde sus raudales, pero con voz ronca. Mis vestidos estaban por desgracia al otro lado de la ribera, y mi desnudez me hizo parecerle mas hermosa, y por lo mismo mas se abrasa y me persigue: iba á mas andar, y él corria tras mí con tanto ahinco, que yo parecia á una tímida paloma acosada del azor, y él á la misma ave de rapiña que hace todos los esfuerzos por coger á la tímida paloma. Pude correr hasta las inmediaciones de la ciudad de Orcomeno: pasé cerca de Psofis: atravesé las montañas de Cileno, de Menalo y Erimanto, y llegué á la Elide, y no me excedia en velocidad; pero como mis fuerzas iban ya decayendo, no podia continuar mas tiempo la carrera; su robustez podia sostener este ímprobo trabajo. No dexé sin embargo de correr por los campos, por los montes cubiertos de árboles, y tambien por las rocas y por lugares escarpados é inaccesibles.

„Como me daba el sol de espaldas, vi ante mis pies su sombra, á no ser que fuese efecto del miedo que tenia; mas no era así, porque sentia sus pisadas, y su respiracion hacia mover mis cabellos. En fin no pudiendo pasar mas adelante, imploré la proteccion de Diana: Ó Dictina,[134] la dixe, socórreme, y no abandones en una necesidad tan grande á una Ninfa que, fiel en acompañarte, muchas veces tuvo el honor de conducir tu aljaba, flechas y arco. Oyó mi súplica la Diosa, y me cubrió al instante con una nube muy obscura; Alféo, viéndome desaparecer tan pronto, me busca en la obscuridad de la nube que me cubria, é ignorante de lo acaecido, da dos vueltas al sitio donde la Diosa me habia ocultado: Aretusa, Aretusa, decia, ¿dónde estas? ¡Con qué ánimo estaria yo, infeliz, entonces! ¿No te persuades que me pareceria á la inocente cordera, que oye aullar al carnicero lobo al rededor de su redil, ó á la tímida liebre que se oculta en los abrojos, sin osar á moverse, acosada de los solícitos galgos que pretenden su muerte? Como Alféo no vió pisadas algunas hácia otra parte que le pudieran hacer creer que yo estuviera mas lejos, se detuvo al rededor de la nube que me ocultaba.

„Entonces un sudor frio empezó á esparcirse por todo mi cuerpo, de tal modo que por todo él corrian gotas de agua; y por qualquiera parte que movia el pie salia un manantial, y aun de mis rubios cabellos caia rocío: en una palabra, me vi convertida en fuente en menos tiempo que te he referido mis desgracias. El Dios del Rio,[135] que me conoció mudada en agua pura, dexando la figura de hombre que habia tomado, se vuelve á tornar agua para mezclarse conmigo. Diana entonces abre la tierra; me facilita paso por medio de las profundas cavernas,[136] y llego á Ortigia, donde determiné quedarme, ya por lo delicioso del sitio, y ya tambien por amor á Diana.”

[Ilustración: (65) Ceres transforma á Linco en Lince porque iba á quitar la vida á Triptolemo.]

FÁBULA VIII.

_LINCO TRANSFORMADO EN LINCE._

Despues que Aretusa acabó su historia, la abundante Ceres unció dos dragones á su carro, y llevada por el ayre por medio del cielo y la tierra, fue hasta Atenas, donde entregó á Triptolemo[137] su ligero carro, dándole órden para que fuera por todas partes á esparcir las semillas en las tierras, parte en las enteramente incultas, y parte en las que hallase no cultivadas despues de mucho tiempo. Despues que él recorrió la Europa y el Asia, aportó á las orillas de la Escitia, donde reynaba Linco. Habiendo ido á su palacio, el Príncipe le preguntó de dónde venia, el designio de su viage, su nombre y patria. „Mi patria es la célebre Atenas, le respondió su huesped; mi nombre Triptolemo; no he venido aquí por mar ni tierra; el ayre me ha abierto el camino[138] que me ha conducido á tus estados. Yo traygo los preciosos dones de Ceres; los quales, esparcidos por los anchos campos, producirán fértiles cosechas.” El bárbaro, envidioso del honor que recibia el extrangero, y esperando poder atribuirse esta gloria, le da hospedage, é intentó quitarle la vida al primer sueño; pero á tiempo que iba á atravesarle el pecho, fue convertido en lince por Ceres, mandando al jóven ateniense subir de nuevo en su sagrado carro, y executar sus órdenes.

„Con esto acabó su canto la mayor de nosotras;[139] y las Ninfas, que habian sido nombradas por jueces de la contienda, declararon acordes por nuestra la victoria. Prorumpiendo en dicterios las hijas de Piero contra nosotras, supuesto, las dixe, que es poca la pena que habeis merecido en el certámen, y aumentais con injurias vuestro delito provocando nuestra paciencia, sufrireis los castigos de nuestra justa indignacion. Echáronse á reir las Piérides, despreciando nuestras amenazas, y quando iban á hablar, y á extender contra nosotras sus protervas manos, con mucha algazara, vieron cubrirse de plumas manos y brazos; que su boca toma la figura de un dilatado pico, y que se añadian por nuevas aves á las selvas. Quisieron quejarse y golpearse el pecho; pero sus brazos, que eran alas, habiéndolas levantado en el ayre, las encaramaron en los árboles vecinos. De este modo fueron convertidas en picazas las hijas de Piero; quienes conservando siempre los mismos deseos de hablar, hacen resonar con sus gritos importunos y voces roncas los bosques, de los que son la vergüenza y el oprobio.”

LIBRO SEXTO.

_ARGUMENTO._

Movida de este exemplo Minerva, se disfrazó en vieja; y entrando en competencia sobre la hilaza con Aracne, despues que cada una representó en su tela varias transformaciones, la convirtió en araña. Nada de esto impidió á Niobe para que, sin embargo de haber perdido los hijos, dexase de convertirse en piedra. Propalada esta noticia, se acordó el pueblo que Latona habia transformado en ranas á los rústicos Licios, y Apolo desollado á Marsias. Concurriendo las ciudades cercanas á consolar á los Tebanos, solo faltaron los Atenienses, porque estaban infestados por el Rey Tereo: el qual, habiendo estuprado á Filomela, fue transformado en abubilla, del mismo modo que Filomela en ruiseñor, y Progne en golondrina. Esta noticia causó la muerte á Pandion su suegro. Sucedióle en el Reyno Erecteo, de cuya hija Oritia tuvo el Boreas á Calais y á Cetes. Estos fueron despues unos de los Argonautas, quando Jason fue á la conquista del vellocino de oro, y sembró los dientes de la serpiente, de que salieron hombres armados; y habiendo despues adormecido al monstruo, consiguió robar el precioso don á que aspiraba.

[Ilustración]

_ORGULLO DE ARACNE._

Oida por la Tritonia Minerva la referencia del cántico de las Musas, les dió la preferencia, y aprobó su justa venganza: „El alabar á otras, dixo entre sí, es de poca importancia; yo tambien merezco ser alabada, y no debo permitir que impunemente se ultraje á mi deidad.” Se acordaba del suceso de Aracne, natural de Lidia. El caso fue, que habia llegado á sus oidos como esta jóven se jactaba de mas diestra en el arte de texer, en el que era afamada, pero no en nacimiento. Su padre Idmon exercia el oficio de tintorero[140] en la ciudad de Colofonia: su madre habia ya muerto; pero tambien fue de gente baxa é igual á su marido. Sin embargo, ella se habia adquirido nombre memorable en todas las ciudades de la Lidia por lo primoroso de sus texidos: aunque habia nacido de prosapia poco ilustre, y moraba en la pequeña ciudad de Hipepa, las Ninfas del Timolo dexaron muchas veces sus agradables viñedos; y las del Pactolo sus aguas para ver sus obras encantadoras. Y no solamente las agradaban los vestidos hechos, sino aun mucho mas gustaban verlos hacer: ¡tan grande era la destreza que tenia en su arte! Ya fuese que devanase sus lanas, ó que las cardase y peinase con sus hermosos dedos imitando los vellones á las nieblas matutinas; ahora hilase, ahora bordase con la aguja, qualquiera diria que era discípula de la misma Palas.[141] Pero no obstante llevaba á mal que su saber se atribuyese á la enseñanza de esta Diosa. „Puede venir, decia enojada de esto, á disputar conmigo; no me niego á entrar en competencia con quien presuma saber mas que yo, y si quedáre vencida me someteré á qualquier género de castigo.”

Agraviada Minerva[142] de unas palabras tan insolentes, toma el disfraz de vieja, se cubre la cabeza de canas, y apoyándose en un báculo, habló á Aracne en estos términos: „No debe nadie persuadirse que la vejez nos haga en todo despreciables. La experiencia se adquiere con los muchos años, y no debes despreciar los consejos que voy á darte. Vive contenta con la fama que tienes de exceder por tu habilidad á todas las mugeres del mundo; pero no pretendas entrar en competencia con una Diosa; procura pues satisfacerla, y ruégala te perdone las injurias que la has hecho; ella es muy compasiva, y quedará desagraviada si se lo ruegas.” Miróla con ojos airados Aracne, dexando la tela de las manos, y queriendo arremeter á ella: „Vete de aquí, la dice, vieja temeraria, que ya estás delirante con tu vejez, y á quien perdono en atencion á tus muchos años. Ve, y da esos consejos á tu hija ó nuera, si es que tienes alguna, que yo bien me sé lo que hago sin necesitar consejo de nadie; y porque no pienses que me han hecho mella tus razones, te digo que me mantengo en lo dicho: ¿por qué pues no se presenta Palas? ¿por qué no viene á competir conmigo?”

[Ilustración: (66) Aracne es transformada en araña por Minerva.]

FÁBULA PRIMERA.

_ARACNE CONVERTIDA EN ARAÑA._

„Palas lo acepta,” dixo entonces la Diosa; y dexando la forma de vieja, se mostró con las señales de su divinidad. Todas las Ninfas y mugeres que allí estaban la tributan sus respetos; sola Aracne no se amedrenta, aunque se asomó en su rostro, á pesar suyo, un pequeño rubor, que duró poco tiempo, al modo que suele el ayre volverse purpúreo á los primeros rayos de la Aurora, pero en breve tiempo empieza á emblanquecerse, herido del sol. Firme en su resolucion, y lisonjeándose vanamente de exceder á Minerva, camina hácia su ruina. La Diosa ya no piensa en darla consejos en balde; admite el desafio, y quiere en el momento apercibirse á disputar la victoria. Ambas preparan sus obras, urden sus telas, las atan con el lizo, y se colocan en diversas partes. Ya la lanzadera arrojada con destreza entretexia la trama; y cada vez que pasa por medio de los hilos, tienen cuidado de apretarlos con los dientes del peyne, de que suelen servirse en semejantes tareas. Las dos, recogido el ropage hasta el pecho, trabajan con una destreza y ligereza incomparables, y el deseo que cada una tiene de vencer y no ser vencida hace que no sientan el trabajo.[143] Entretexen en sus telas hilo de color de púrpura teñido en Tiro,[144] mezclando algunas sombras para mayor gracia; sus colores eran tan varios, que podian compararse al contraste que forma el arco Iris en el ayre con los reflexos del sol; los quales, padeciendo refracciones en las pendientes gotas, forman una inmensidad de colores; pues aparece una tan hermosa variedad de ellos que deslumbran la vista, siendo en realidad el mismo color el que está inmediato, aunque hay diversidad en los extremos.

Tal era la delicadeza de sus obras; el oro estaba allí entretexido con la seda de un modo enteramente ingenioso. Con todo, para hacerlas aun mas perfectas, ambas delinearon algunas historias antiguas. Palas dibuxó en la suya aquella roca antigua que se veia en el Areopago[145] de Atenas con la historia del litigio que tuvo con Neptuno sobre el nombre que se debia poner á esta ciudad.[146] Se miraban allí los doce Dioses sentados en sus tronos con aquella magestad que les acompaña, y á Júpiter presidiéndolos en medio. Cada uno de los Dioses estaba representado al natural; pero Júpiter tenia un ayre de grandeza que anunciaba ser el dueño absoluto del mundo. Ponia de pie á Neptuno, hiriendo la tierra con su tridente, y haciendo salir de ella un caballo: lo que parecia autorizarle para dar nombre á la ciudad. Á Minerva representaba con su broquel, yelmo, lanza y escudo, en el que estaba la formidable cabeza de Medusa, y á la tierra, herida con su lanza, produciendo la blanca oliva, llena de hojas y fruto, cuyo prodigio admiraban los Dioses; y concluia su obra con la victoria de este juicio.

Y para que pudiese conocer su competidora el castigo que la esperaba por su loco atrevimiento, añadió en los quatro ángulos otras tantas competencias, vistosas por su colorido, adornadas de figuras pequeñas. En un ángulo se veia la aventura de Hemo, Rey de Tracia, y de Rodope, su esposa, que fueron convertidos en montes y frios páramos, por haberse apropiado los nombres de los supremos Dioses.[147] En el otro estaba la historia de Pigas,[148] Reyna de los Pigmeos, á quien Juno, para castigarla de su presuncion, transformó en grulla, condenándola á que hiciera una guerra sangrienta á su pueblo. En el tercero se veia á Antigone, que habia tenido el atrevimiento de igualarse á la muger del gran Júpiter; á la qual Juno transformó en cigüeña; no pudiendo estorbar ni la ciudad de Troya, ni Laomedonte su padre, el que fuese revestida de plumas blancas, en que conservaba su vanidad de alabarse. Últimamente en el quarto ángulo estaba el desdichado Ciniras solo y lloroso abrazando las gradas de un templo. Estas eran sus propias hijas, á quienes los Dioses así habian transformado. Adornó finalmente la orla de su tela con ramas de oliva entretexidas unas con otras. Tal era la idea de esta primorosa obra, que la Diosa quiso concluir con el árbol que la está consagrado.

Aracne por su parte pintó en su texido á Europa, engañada por Júpiter baxo la figura de un toro.[149] Parecia que el toro era verdadero, y verdadero el mar en que nadaba. Parecia igualmente que ella volvia el rostro á mirar la ribera que acababa de dexar, que llamaba á sus compañeras, y que encogia los pies por temor de que no se le mojasen. Tambien pintó á Asteria luchando con el águila, cuya figura habia tomado Júpiter, y á Leda con el cisne que la acariciaba.[150] Las demas aventuras de este Dios estaban representadas con mucha delicadeza.[151] Se le veia disfrazado baxo la figura de Sátiro con la hermosa Antiopa, de quien tuvo dos hijos gemelos: en la forma de Anfitrion quando se dexaba ver de tí, ó Alcmena: transformado en lluvia de oro para entrar en la torre de Dánae: baxo la figura de un pastor, procurando agradar á Mnemosine: convertido en fuego para engañar á Egina, y en serpiente quando seducia á Deois. Aracne tambien te habia representado á tí, Neptuno, transformado en toro en la aventura que tuviste con una de las hijas de Eolo: baxo la forma del rio Enipéo en los amores con Ifimedia, de quien tuviste los dos Aloides:[152] baxo la de un carnero quando procurabas agradar á Bisaltis: baxo la de un caballo para engañar á Ceres: baxo la misma forma para seducir á Medusa; y en delfin para violar á Melanto. Todos estos personages estaban pintados tan al natural, que en sus vestidos y ayre de cara era fácil conocerlos, como igualmente el pais de su naturaleza.[153] Tambien se veia allí á Apolo transformado en villano, en alcon, en leon y en pastor. Baxo esta última transformacion se hizo amar de Ises, hija de Macareo. En fin, Baco aparecia baxo la forma de un racimo de uvas con que seduxo á Erigone, y Saturno baxo la de un caballo para engañar á Filira, de quien tuvo al Centauro Quiron. La orla de este hermoso texido estaba guarnecida con hojas de yedra,[154] enlazadas artificiosamente unas en otras.

Estaba la obra tan perfecta que Minerva no pudo hallar en ella defecto alguno, ni la misma envidia tendria aliento para reprobarla; por lo que la Diosa se encendió tanto en ira, que rompió la labor[155] en que los delitos de los Dioses estaban tan vivamente representados; y con su lanzadera de box del monte Cítoro hirió muchas veces la frente de Aracne, que con el pesar de verse tan despreciada se echó animosa un cordel á su garganta para ahorcarse. Palas, movida sin embargo á compasion, sosteniéndola en el ayre, temerosa de que no acabara de ahogarse, la habló en estos términos: „Vive, insolente Aracne; pero estarás siempre colgada: y para escarmiento de tus descendientes comprehenda la misma ley de tu pena á toda tu sucesion.” Apartándose Palas despues, la roció con zumo de una yerba envenenada,[156] y al punto, con su actividad, la hizo caer los cabellos, nariz y orejas: su cabeza y cuerpo se disminuyeron: aparecen unos dedos muy delgados en lugar de piernas: el vientre ocupa el resto del cuerpo, del qual aun ahora sale estambre; y por eso las arañas executan sutiles telas á imitacion de las que esta hacia quando muger.

[Ilustración: (67) Á ruego de Latona, Apolo y Diana hacen perecer los hijos de Niobe.]

FÁBULA II.

_NIOBE CONVERTIDA EN MÁRMOL._

Toda la Lidia se consternó con la desgracia que acababa de suceder á Aracne; y el rumor del suceso llegó hasta la Frigia, de donde se extendió luego por todo el resto del mundo. Niobe[157] habia conocido á Aracne antes de su casamiento, y en tiempo que vivia en Sipilo; pero esta triste aventura, que miraba como un castigo de una persona de la plebe, ninguna impresion la hizo: en nada cedió de su orgullo, ni del desprecio que en sus discursos afectaba tener á los Dioses. Muchas cosas contribuian á sostener su soberbia; pero ni el poder de su marido, ni la sangre ilustre de donde ambos descendian, ni el brillo de la corona la hacian tan orgullosa; si bien se complacia en ello, como los hijos que tenia; y hubiera sido en efecto la mas afortunada de las madres, si ella no se hubiera tenido por tal.

Porque cierto dia, Manto, hija de Tiresias, impelida de una inspiracion divina,[158] corriendo por las calles de Tebas, gritaba: „Tebanas, coronaos de laurel,[159] é id á ofrecer con ruegos piadosos incienso á Latona y á sus dos hijos: esta Diosa os lo manda por mi boca.” Al punto la obedecen; y todas las Isménides adornan sus sienes con hojas de laurel, y van á porfia á encender en honor de estas divinidades el fuego sagrado, y á unir sus devotos ruegos con la llama que se levantaba en sus altares. Pero Niobe se presenta acompañada de una multitud del pueblo, graciosamente vestida á la usanza Frigia; el oro resaltaba en su trage; hermosa quanto su furor permite, y agitando con su vistosa cabeza el cabello tendido por sus hombros. Se para; y despues de haber mirado por todas partes con bastante altanería: „¿Qué locura, dice, os mueve á anteponer á las que veis las deidades de que solo teneis noticia? ¿Por qué reverenciais á Latona en los templos? ¡Y mi divinidad aun está sin incienso! ¿Ignoráis que yo soy hija de aquel Tántalo, que solo él ha tenido el honor de comer á la mesa de los Dioses? Una de las Pleyadas es mi madre; el grande Atlante mi abuelo, el qual sostiene con sus hombros el cielo. El mismo Júpiter es el otro abuelo mio, á quien igualmente me glorío de tenerlo por suegro.[160] Los pueblos de la Frigia me temen. El palacio de Cadmo, y aquella célebre ciudad cuyas murallas se levantaron al son armonioso de la lira de Anfion, reconocen á mi marido y á mí por soberanos. Á qualquiera parte que vuelvo los ojos, se dexan ver en mi casa inmensas riquezas: agrégase á esto el tener yo un rostro propio de una Diosa. Juntad á tantas prerogativas la de tener siete hijas y otros tantos hijos. Juzgad en vista de esto si yo no tengo razon para desaprobar el que se prefiera á mí la hija de no sé que gigante Ceo, la qual no pudo encontrar en todo el mundo un pequeño rincon para parir;[161] errante y fugitiva, ni el cielo, ni la tierra, ni el mar quisieron recibirla, hasta que por último la isla de Delos, tú andas, le dice, errante por la tierra, y yo por el mar, y se detuvo para recibirla; y allí fue donde dió á luz los dos hijos con que está tan altanera, siendo solo como una séptima parte de mi generacion. ¿Quién negará mi felicidad? ¿Y quién dudará que será muy durable? El número de mis hijos asegura mi dicha. Soy tan rica que aunque la fortuna me quitase mucho, me quedaria aun otro tanto; con tantos bienes nada tengo que temer; porque en fin, quando sucediera que de la multitud de mis hijos la muerte me arrebatase algunos, tendria aun mas que Latona, y los que me quedaran me proporcionarian todavía muchas ventajas sobre ella. Dexad pues esos sacrificios; arrojad de vuestras sienes esas guirnaldas de laurel; obedeced á prisa.” Todos obedecen, y dexan sin concluir los sacrificios, contentándose con adorar en secreto la divinidad de Latona, que es lo que no se les podia impedir.

Indignada la Diosa[162] de la orgullosa altanería de Niobe, habló en lo mas alto del Cinto[163] á sus hijos en estos términos: „Envanecida de ser madre vuestra, solo reconozco superioridad á Juno en el Olimpo; sin embargo, en esta ocasion se me llega á disputar mi divinidad: yo me veo vergonzosamente arrojada de los templos donde he sido venerada en todo tiempo: sí, yo soy desterrada para siempre de ellos, si vosotros ¡ó queridos hijos! no me valeis en esta ocasion. Y no se limita á esto solo mi dolor, pues la hija de Tántalo, cuya sacrílega lengua recuerda la de su padre, ha añadido á esta accion las injurias mas sensibles: ha tenido la osadía de preferir sus hijos á vosotros, publicando que se me debia mirar como á una madre estéril.” Queria añadir Latona á este discurso las súplicas y lágrimas, quando la dixo Apolo: „Basta; quejas inútiles solo pueden retardar tu venganza.” Lo mismo la dixo Diana; y encubriéndose los dos en una nube, baxaron hendiendo los ayres con ligero vuelo, y se dirigieron á Tebas.