Metamorfóseos o Transformaciones (2 de 4)
Part 4
Luego que cesó la batalla partió el nieto de Abante con su esposa para los patrios muros;[92] y aunque no debia grandes favores á su abuelo Acrisio,[93] determinó no obstante vengarle de su hermano Preto que le habia echado de sus estados. La fuerza de las armas y fortaleza de que se apoderó este usurpador no le sirvieron de nada contra la cabeza de Medusa. No obstante esto, ni el valor de este jóven, que se habia distinguido por tantas acciones ilustres, ni los peligros que habia corrido, pudieron ablandar tu corazon, Polidectes, Rey de la pequeña isla de Serifo, sino que exercitas tu odio inflexîble, no queriendo acabar de deponer la ira que sin razon tienes á Perséo:[94] quieres disminuir su fama, y dices que no ha quitado la vida á Medusa: Perséo por fin va á convencerte y á darte pruebas de la verdad: apartad, dice á sus compañeros, la vista, y presentándote la cabeza de Medusa quedas transformado en una descarnada piedra.
[Ilustración: (60) Minerva va al monte Helicon á visitar á las Musas.]
FÁBULA III.
_CONVERSACION DE LAS MUSAS CON PALAS._
Hasta aquí acompañó Palas á su hermano Perséo, engendrado de la lluvia de oro, y ocultándose despues en una nube parte de la isla de Serifo, dexando á la derecha las de Cythno y Giarea,[95] y por donde la pareció mas corto el camino se dirige á Tebas, y de allí al monte Helicon, consagrado á las Musas, adonde luego que llegó las habla de esta manera: „La fama de una fuente[96] que abrió el duro casco del alado Pegaso, nacido de la sangre de Medusa, en este sagrado monte, es la causa de mi viage. Como le vi nacer de la sangre de su madre, quiero averiguar ahora si las maravillas que he oido de la admirable fuente son verdaderas.”[97] „Sea qualquiera el motivo que te trayga á nuestra morada, respondió Urania[98] á la diosa, estamos con razon muy contentas por el honor que nos dispensas. No te ha engañado la fama en lo que has oido de la fuente: el Pegaso es seguro que la abrió:” diciendo esto guió á Palas á las sagradas aguas, de las que maravillada bastante tiempo, registra despues los bosques de las antiguas selvas, las grutas y yerbas adornadas de innumerables flores. Alabó á las Musas sobre sus sabias ocupaciones,[99] llamándolas felices por su estudio y por el sitio que habitaban. „¡Ó Tritonia, la dixo una de ellas, que habias de ser nuestra compañera, si la virtud[100] no te hubiera destinado á cosas mayores!; no puedo negarte que dices bien, y con razon alabas nuestro exercicio y sitio, y en efecto seríamos dichosas si la malicia agena nos dexase; pero hasta ahora nada se ha prohibido á la maldad, y todo causa miedo á unas castas doncellas; aun me parece que estoy viendo al cruel Pirenéo:[101] todavía no nos hemos recobrado del susto que nos causó: este tirano se apoderó con tropas de Tracia, de los campos Dauticos y Foceos, y tenia ocupados injustamente aquellos Reynos. Nos vió un dia que íbamos á visitar los templos del sagrado Parnaso; y venerándonos con semblante engañador: Musas, nos dice (porque ya nos conocia), ruegoos que os quedeis aquí; no temais; libraos de la abundancia de la lluvia que despide el cielo; entrad en mi casa: muchas veces han entrado los dioses en otras menores. Movidas de sus ofertas y de la tempestad fuimos á su palacio y nos guarecimos en la entrada de él.[102] Luego que dexó de llover, y huian las opacas nubes, serenado el cielo, quisimos continuar nuestro camino, pero nos lo impidió el tirano cerrando las puertas, é intentó violarnos. Felizmente huimos de su fuerza valiéndonos de nuestras alas; y como nos vió en medio de los ayres subió á una torre alta diciendo: „seguiré el mismo camino que vosotras.” Creyó en efecto volar como nosotras, y el desatinado se arroja de lo alto de una torre cayendo boca abaxo; y al morir se esparcieron en la tierra la sangre de este malvado y los huesos de su cara y cabeza.”
Hablaba aun la Musa quando oyeron resonar por los ayres ligeras alas, y una voz que parecia descender de los altos ramos y saludar á Minerva. Alzó la vista la diosa, llena de admiracion, preguntando de donde salia aquella voz que parecia humana. Eran nueve picazas, aves que repiten quanto oyen, y parándose entonces en las ramas, se quejaban amargamente de la desgracia que les habia sucedido. La Musa, para sacar á Palas de la admiracion en que se hallaba, la habló de esta manera: „Hace poco tiempo que vencidas estas en un certámen, fueron transformadas en aves. Piero, Rey de Macedonia, tuvo nueve hijas de la Reyna Evipe su esposa. Esta Princesa parió nueve veces, y nueve veces invocó á la poderosa Lucina:[103] desvanecida la numerosa turba de las necias hermanas se atrevió á penetrar el Parnaso, despues de haber atravesado la Tesalia y parte de la Grecia, y nos desafiaron en estos términos: No engañeis al vulgo ignorante con vuestro canto; si teneis alguna satisfaccion entrad en competencia con nosotras: tantas á tantas somos;[104] mas estamos seguras de no ser vencidas ni en la voz ni en la destreza de tocar: ó confesaos vencidas, y cedednos la fuente Hipocrene y la de Aganipe,[105] ó si nos venciereis, os cederemos los agradables valles de Tesalia, y nos retiraremos á las nevadas montañas de Tracia: he aquí las condiciones de la competencia; las Ninfas de esta comarca serán nuestros jueces. Indecoroso era seguramente el admitir el desafio; pero lo hubiera sido mas el dexarlo de aceptar. Las Ninfas elegidas por jueces, despues que juraron por los rios que harian justicia al mérito, ocuparon unos asientos formados naturalmente de piedra viva.
Entonces, sin echar suertes, la primera[106] que se convidó á disputar cantó la guerra de los Gigantes[107] con deshonor de los Dioses, y disminuyó quanto pudo las hazañas de estos: dixo que Tiféo,[108] producido de las entrañas de la tierra, de tal modo atemorizó á los moradores del cielo que fueron huyendo hasta Egipto; que este formidable Gigante habiendo ido tras ellos les obligó á mudarse en diferentes figuras; que Júpiter Amon, que se venera en Libia, se hizo carnero; que Apolo se disfrazó en cuervo, Baco en cabron, Diana en gata, Juno en vaca blanca, Venus en pez y Mercurio en Ibis.[109]
Hasta aquí habia cantado en su cítara la hija de Piero; en seguida nosotras fuimos solicitadas; pero, acaso, gran Diosa, no tendrás tiempo para detenerte á oir la referencia de lo que contamos. „Sí tendré, respondió Palas, sentándose en la suave sombra de la selva, porque quiero tambien enterarme de lo que vosotras cantásteis.” La Musa prosiguió su narracion de esta manera: „Á Caliope,[110] nuestra hermana, le confiamos por nuestra parte el certámen: se levantó esta, y despues de haber recogido sus sueltos cabellos con yedra, y templado la vihuela, cantó al son de sus dulces cuerdas la historia del rapto de Proserpina del modo siguiente.”
FÁBULA IV.
_PLUTON HERIDO POR EL AMOR._
„Ceres fue la primera que rompió la tierra con el corvo arado; á ella se debe la produccion de los frutos, del trigo, y de todo lo que sirve de alimento al hombre. Ella antes que otro promulgó leyes; y quantos bienes poseemos son dones de su divinidad.[111] Á esta he de elogiar hoy; ¡y oxalá pudiera cantar himnos dignos de una diosa que por tantos motivos merece ser alabada! En la célebre isla de Sicilia hallaron su sepultura los Gigantes. Aquel Tiféo que pretendió subir al Olimpo mismo está sepultado debaxo de la vasta mole de muchas montañas: en vano hace esfuerzos para levantarse, porque sobre su mano derecha está el promontorio de Peloro, y sobre la izquierda el de Pachino; y tú, Lilibeo, le oprimes sus piernas; su cabeza yace baxo el monte Etna, desde donde vomita torrentes de fuego y arena.
[Ilustración: (61) Venus ruega á su hijo que hiera con una de sus flechas el corazon de Pluton.]
Los esfuerzos continuos que hace por sacudir de sí el peso que le oprime, y sacar su cuerpo de entre los pueblos y montes, estremecen la tierra,[112] y aun Pluton, Rey del infierno, teme no se abra una gran abertura, por la qual, penetrando el dia con su luz, atemorice é inquiete á las pavorosas almas de los muertos. Para remediar esta desgracia, salió de su region tenebrosa en su carro, tirado por dos caballos negros,[113] visitó los cimientos de Sicilia; y despues de haber reconocido que todo estaba en buen estado, y que nada tenia que temer por su imperio, pasó al monte Erix.”
„Venus que le vió discurrir por él, abrazando á su alado hijo,[114] le habló de esta manera: „Hijo mio, armas mias, manos mias, y todo mi poderío; toma, ó Cupido, de aquellas flechas con que triunfas de todos, emplea las mas eficaces y ligeras en el corazon del terrible Dios á quien tocó por suerte el señorío del infierno. Tú vences á los Dioses y al mismo Júpiter; las deidades del mar y el que las gobierna, tampoco estan libres de tus tiros; ¿por qué pues lo han de estar los infiernos? ¿por qué no dilatas el imperio de tu madre y el tuyo hasta sujetar á él esta tercera parte del mundo? Sin embargo de nuestro poder, tenemos que sufrir que en el cielo nos desprecien, y las fuerzas del amor se disminuyen conmigo. Por ventura ¿no ves como han huido de mi imperio Palas y la cazadora Diana? La hija de Ceres tambien, si nos estamos en inaccion se nos escapará, y seguirá el exemplo de aquellas. Pero si eres sensible al interes de nuestra gloria, haz de modo que Pluton se enamore de ella, y que venga á ser esposa de su tio.”[115] Esto dixo Venus, y tomando Cupido su aljaba, escogió entre mil flechas la mas aguda y certera, y la mas acomodada al arco, segun la voluntad de su madre, y puesta la rodilla en tierra estiró su arco flexîble, é hirió con una harpada flecha el corazon de Pluton.
FÁBULA V.
_RAPTO DE PROSERPINA._
Hay un lago muy profundo no lejos de los muros de Ena[116] llamado Pergo: sus riberas, aun mas que las del Caistro,[117] resuenan sin cesar con los dulces cantos de los cisnes. Está ceñido por todas partes de una amena selva, que con sus hojas, como con un verde toldo, no dexa penetrar á los ardientes rayos del sol; los ramos mantienen una agradable frescura; la tierra por todas partes está matizada de las mas hermosas flores, y reyna allí una perpetua primavera. En este delicioso bosque se entretenia Proserpina en coger flores, y en hermanar en graciosos ramilletes las obscuras violetas con las blancas azucenas. Mientras con ansia juvenil llena su canastillo y regazo, y se afana por coger mas flores que sus compañeras, la ve Pluton, y el verla, amarla y robarla, todo es al mismo tiempo. ¡Tanto como esto se apresura el amor!
[Ilustración: (62) Pluton roba á Proserpina y convierte en fuente á Ciane porque queria impedírselo.]
Amedrentada la Diosa, llamaba con acentos tristes y repetidos á su madre y compañeras; pero mas veces á su madre. Por desasirse de Pluton rasgaba sus vestidos, de modo que soltando el regazo se le cayeron las flores que habia cogido; y era tanta su candidez en aquellos años juveniles, que sintió mucho y lloró la pérdida de las flores. Discurre el robador con gran velocidad en su carroza; instiga á sus caballos, y para estimularlos mas los llama por su nombre, y les afloxa las riendas. Atraviesa profundos lagos, y en particular el de los Pálicos,[118] que huele á azufre, y que hierve por la hendida tierra; pasa por aquella ciudad, que se construyó antiguamente entre dos puertos desiguales por los dos hijos de Baquia,[119] oriundos de Corinto, ciudad ceñida de dos mares.[120] Entre Ciane y Aretusa[121] hay un espacio de mar contenido por algunas rocas, que por todas partes le rodean. Habitaba aquí Ciane, una de las mas hermosas Ninfas de Sicilia, de quien tomó nombre el estanque. Habiendo salido esta Ninfa del fondo del agua, y conocido á Pluton, le habló de esta manera: „No pasarás adelante; no debes pretender ser yerno de Ceres contra su voluntad: antes debiste pedirla que robarla. Y si me es permitido comparar las cosas pequeñas con las grandes, diré que tambien á mí me amó Anapo: me casé con él, rendida á sus instancias, pero sin amedrentarme como tú á esta.” Dixo esto, y tendiendo los brazos de frente queria estorbar el paso; pero el hijo de Saturno, llenándose de ira, agita á los briosos caballos, y lanzando con poderoso brazo su cetro á lo profundo de la corriente, hizo una hendidura en la tierra que les abrió paso á su reyno, por donde baxaron los caballos y carro. Ciane, sintiendo, ya el robo de la Diosa, ya tambien el desprecio del derecho de su fuente, conservó en lo interior de su corazon una pena tan grande, que desde entonces jamas dexó de derramar lágrimas, hasta que por último fue transformada en aquellas mismas aguas de que poco há habia sido Diosa soberana. Insensiblemente todas las partes de su cuerpo comenzaron á ablandarse, sus huesos se tornan flexibles, y las uñas dexan de ser duras: en una palabra, sus hermosos cabellos, dedos, pies y rodillas se convierten en agua; porque quanto mas sutiles y delicadas son las partes del cuerpo, tanto mas fácilmente se liquidan. Sus espaldas, hombros, costados y pecho se transforman en otros tantos arroyuelos. En fin, el agua se entró por las venas viciadas en lugar de la sangre que antes corria por ellas, y nada quedó en su persona que no tuviese la fluidez de este elemento.
En tanto Ceres, llena de sobresalto, busca inútilmente á su hija por mar y tierra. Ni la aurora que sale con su dorada madexa, ni el lucero de la tarde la vieron parada en ninguna parte: tomó dos teas, que encendió en el volcan del Etna, y continuó así buscándola durante la noche. Al dia siguiente, luego que la luz ocultó las estrellas, recorrió toda la tierra desde el occidente al oriente. Fatigada de andar tenia bastante sed por no haber querido pararse á beber en ninguna fuente, quando por casualidad descubrió una cabaña cubierta de paja; llama á la pequeña puerta, sale una vieja, y quando le pedia de beber la Diosa, la presentó una especie de poleada[122] bien agradable que acababa de cocer. Mientras ella tomaba aquella confeccion, un muchachuelo atrevido y desvergonzado se echó á reir, llamándola voraz y glotona. Ofendida la Diosa de esta burla, roció al muchacho con la poleada y agua que la quedaban. Su rostro se vió luego lleno de manchas, sus brazos se mudaron en piernas, una larga cola le salió de la extremidad del cuerpo, y todos sus miembros tomaron una forma diferente: y porque nunca pudiera hacer mucho daño, le contrae á una figura muy pequeña; en una palabra, fue transformado en lagartija ó estelion. Admirada, llorando y amedrentada la vieja de este prodigio, y queriendo acercarse al reptil, huye este de ella y se oculta en una rendija. Á este animalito se le puso oportunamente el nombre de Estelion,[123] por estar su cuerpo pintado y lleno de manchas estrelladas.
Seria demasiado prolixo si me parase á contar los diversos paises y mares que corrió la desgraciada Ceres en busca de su hija: despues de haber recorrido todo el orbe en su busca, se vuelve á Sicilia, y registrando todos los lugares por donde pasaba, llegó tambien al lago en que vivia en otro tiempo Ciane, quien todo se lo hubiera descubierto, á no haber padecido la transformacion ya mencionada; y aunque deseaba hablar, le faltaba ya entonces la boca y lengua con que hacerlo. No obstante se explicó por señas, y mostró á esta madre afligida la cinta que habia servido á Proserpina de ceñidor, que se le habia caido en aquel lugar,[124] y que andaba sobrenadando en las aguas. Luego que la Diosa la conoció, renueva su pena y sentimiento, y como si supiera entonces por la primera vez que habian robado á su amada hija, se arranca la descompuesta cabellera, se hiere el pecho una y muchas veces; y aunque ignora dónde está, maldice sin embargo á todas las tierras, llamándolas ingratas é indignas de los dones con que las enriquecia todos los años.[125]
Pero principalmente maldice la Sicilia, en donde acababa de descubrir los primeros indicios de la desgracia de Proserpina. Allí pues quebró todos los arados; dió muerte sin distincion á los bueyes y labradores que los conducian: la tierra fue condenada á una eterna esterilidad, y vició la semilla para que allí no naciera en adelante trigo. Es ya una memoria vana la fertilidad de aquella tierra tan celebrada por todo el mundo; y las mieses se secaban apenas nacian: unas veces un excesivo calor las quema; otras, un grande aguacero las inunda: los vientos y tempestades las daña. Las aves se comen el grano conforme se siembra, y lo que se escapa á su voracidad se ahoga con el ballico y otras yerbas malas. Movida Aretusa de todas estas calamidades sale del fondo de las aguas, y apartando de la frente los cabellos mojados habló á Ceres de esta manera: „Gran Diosa, madre de una hija que buscas por todo el mundo, madre tambien de todos los frutos, pon ya fin á un tan ímprobo trabajo, dexa ya de desfogar tu ira sobre una tierra que te ha sido siempre fiel; ella no tiene la culpa, antes bien, mal de su grado, abrió su seno para dar paso al hurto.
„Y porque no juzgues te ruego por mi patria, decirte debo que tuve mi nacimiento en Pisa, mi orígen de la Elide, que vivo aquí extrangera, y por ser mas agradable esta tierra que qualquiera otra, he determinado fixar en ella mi domicilio; y te suplico que la conserves baxo tu proteccion. No es ahora tiempo de referirte por qué causa he dexado mi patria, y atravesado tantos mares para llegar aquí; pero cuidaré de darte cuenta, quando tus cuidados hayan calmado, y te halles mas tranquila. Basta que sepas ahora que la tierra me abre camino, y que despues de haber atravesado las mas profundas cavernas, levanto aquí la cabeza, y miro un cielo desacostumbrado. Andando pues por la laguna Estigia, he visto allí á Proserpina por mis ojos.[126] Ella seguramente está triste, y aun no ha acabado de volver del sobresalto; mas con todo es Reyna, esposa de Pluton, y manda en el vasto imperio de las sombras.”
FÁBULA VI.
_CERES CONSIGUE QUE SU HIJA VIVA CON ELLA SEIS MESES EN EL AÑO Y OTROS SEIS CON SU MARIDO._
Quedó Ceres como una estatua de mármol al oir este discurso; y pasando despues de algun tiempo de la pena al furor, sube sobre su carro, atraviesa la inmensa extension de los ayres, y se presenta ante Júpiter con el rostro bañado en lágrimas y desgreñado el cabello: „Soberano de los Dioses, le dice, vengo á suplicarte por tu prosapia y la mia:[127] y si á nada puedo yo moverte, muévate á lo menos tu hija; y te ruego que no te muestres poco sensible por haber nacido de mí. Sabe pues que he hallado por fin á mi hija despues de haberla buscado tanto tiempo, si se llama hallarla, lo que es mas cierto haberla perdido sabiendo dónde está. Disimularé el que me la hayan robado, con tal que la restituya el ladron, porque por ser hija tuya no es digna de un marido de esta clase, aunque por ser mia lo mereciera.”
[Ilustración: (63) Aretusa cuenta á Ceres que Pluton se habia llevado á su hija Proserpina.]
„Siendo tu hija, respondió Júpiter, prenda igual de nuestra ternura, no puedo menos de tomar parte en la pena que te aflige; pero si te he de hablar sin rebozo, este arrojo no es una injuria, sino un amor verdadero; y no debemos tener á deshonra el que Pluton sea nuestro yerno, con tal que prestes tu consentimiento. Porque aun quando no tuviera todas las brillantes qualidades de los demas Dioses, ¿no es bastante que sea hermano de Júpiter? Pero no, no es inferior á ninguno, y solo la suerte le reduxo á ser menos que yo. Mas si á pesar de todo esto quieres el divorcio, vuelva Proserpina enhorabuena al cielo, con tal que no haya comido nada desde que entró en los infiernos, porque así está establecido en las leyes de las Parcas.”[128]
Esto dixo; pero ninguna fuerza hizo á Ceres el discurso de Júpiter: insistió en la resolucion de recobrar á su hija; pero no se lo permiten los Hados, porque Proserpina habia quebrantado el ayuno. Paseándose pues por los jardines del palacio de Pluton, habia cogido una granada, y comido de ella siete granos: nadie habia sido testigo de esto sino Ascalafo, hijo de Orphne, una de las mas célebres Ninfas del infierno, y á quien tuvo de su Aqueronte dentro de las negras cavernas. Lo vió pues, y publicándolo, impidió la salida de Proserpina. Llena de sentimiento la Reyna del infierno, castigó al indiscreto delator transformándole en ave, y rociando su cabeza con agua del Flegetonte, la transformó en un feo pico con plumas y ojos grandes: de todo su cuerpo solo le quedó unas alas rubias, cabeza grande y unas uñas retorcidas; pero con dificultad puede mover sus brazos con el impedimento de las alas. En una palabra, fue convertido en buho, ave fatal, y que solo anuncia fatalidades á los mortales.[129]
Es cierto que la indiscrecion de Ascalafo podia merecer este castigo; pero decidme, Sirenas, hijas de Aqueloo, ¿por qué teneis plumas y pies de ave, y los rostros de doncellas?[130] ¿Es acaso porque acompañabais á Proserpina, quando fue robada por Pluton al tiempo mismo que estaba cogiendo flores? Con efecto; porque despues de haberla buscado inútilmente por todo el mundo, deseábais con ansia, para que los mares fuesen testigos de vuestro cuidado, poder tener alas para buscarla tambien por este elemento. Os lo concedieron los Dioses, é inmediatamente se cubrieron vuestros miembros de plumas; pero quedándoos aquella habilidad para cantar que encanta á los mas delicados oidos, y tambien la voz y rostro de doncellas.
Júpiter pues, para ajustar la diferencia que habia entre Pluton y Ceres, mandó que Proserpina estuviera cada año seis meses con su marido y seis con su madre.[131] Con esto se tranquiliza el corazon y semblante de Ceres, que hasta entonces habia parecido triste al infierno mismo, así como se dexa ver el sol despues de haber disipado las opacas nubes que cubrian su faz brillante.
FÁBULA VII.
_ALFÉO Y ARETUSA._
Tranquilizada Ceres con haber hallado en seguridad á su hija, te pregunta Aretusa la causa de tu viage,[132] y por qué estás convertida en fuente sagrada. Suspenden su murmullo las aguas, y sacando tú, Ninfa, la cabeza, la cuentas despues de haberte enxugado tu verde cabellera,[133] los antiguos amores de Alféo. „Fui una, la dices, de las Ninfas de la Grecia, y no hubo ninguna que me ganase á recorrer los bosques, ni que supiese tender las redes con mas destreza que yo; pero aunque nunca anhelé por parecer hermosa, si bien era esforzada, me tenian sin embargo por bella, mas no por eso me engreia la hermosura que tanto ensalzaban en mí; y yo como rústica me avergonzaba de lo que otras suelen alegrarse, porque tenia por un delito el llegar á agradar á alguno.
[Ilustración: (64) ¿Á dónde huyes, hermosa Aretusa, exclama entonces Alféo, á dónde huyes?]