Metamorfóseos o Transformaciones (2 de 4)
Part 3
Iba á la sazon á perecer allí la inocente Andrómeda[69] por decreto del injusto oráculo de Amon para expiar la culpa de su madre. Vióla Perséo con sus brazos amarrados á un peñasco; y á no ser porque sus cabellos se movian á impulso de un débil soplo del viento, y por las lágrimas que corrian de sus ojos, la hubiera tenido por una estatua de mármol. Aficiónase á ella sin echarlo de ver: se pasma, y arrastrado del encanto de su hermosura, casi se olvidaba de batir sus alas para sostenerse. „Tú, que no mereces, la dice, esas duras cadenas, sino las que pone el amor á dos amantes, ruégote que me digas tu nombre, tu patria, y por qué estas aprisionada á esa roca.”
[Ilustración: (56) Perséo liberta á Andrómeda.]
Ella enmudece al principio, porque su vergüenza no la dexaba hablar á un hombre; y aun cubriera su modesto rostro con las manos, si no las tuviese atadas; solo indicó sus desgracias con el copioso llanto que eclipsaba sus dos soles, hasta que vencida de sus instancias, y temerosa de que infiriera de su silencio alguna grave culpa, le confesó su nombre, su patria, y el exceso de vanidad que su madre tuvo en su hermosura. Aun no habia acabado de hablar, quando bramó el mar, y se vió en la superficie de las aguas un monstruo, cuyo cuerpo ocupaba un espacio inmenso. Grita la afligida Andrómeda, y su padre y madre, igualmente infelices, aunque mas culpados, se hallan presentes; pero no pudiendo socorrerla, se contentan con gemir, llorar, y estrecharla entre sus brazos. „Tiempo bastante os queda, les dixo Perséo entonces, para llorar, pero bien poco para remediar á vuestra hija. Si yo que soy hijo de Júpiter y de Dánae, que vencí á la Górgona,[70] coronada de víboras, y me atrevo á surcar con veloces alas la vaga region del ayre, os la pidiese por esposa ¿me prefeririais sin duda á otro hombre? pues yo quiero añadir á estos títulos, el mérito de salvar su vida, si place así á los hados. Solo quiero que me otorgueis su mano si lo cumplo.” Cefeo y la Reyna, no solo se convienen, sino que le ruegan que cumpla su promesa, ofreciéndole, si lo hace, la hija, y aun el Reyno en dote. Del modo que la nave agitada fuertemente por los remeros, que sudan con el trabajo, surca las ondas, cubriéndolas de espuma, así las venia cortando con su pecho el marino monstruo. Distaba ya del peñasco el espacio que puede alcanzar una piedra disparada por la honda mallorquina,[71] quando el jóven, estribando el pie en la tierra, se elevó rápidamente en el ayre; y apenas vió el monstruo retratada en las aguas su sombra, quando se lanza á ella con toda su fuerza; y así como el águila, quando con el sol descubre al dragon en campo raso, vuelto de espalda al sol, se arroja sobre él ligeramente, y rezelosa de que la muerda si vuelve la cabeza, la hace presa con sus garras en la escamosa cerviz, así se dexa caer Perséo volando sobre el monstruo, y le introduce por la espalda derecha el acero hasta la empuñadura. Sintiéndose herida la fiera, ya se levanta sobre las aguas, ya se sumerge en ellas, y ya finalmente se vuelve y revuelve con ferocidad como un jabalí acosado de una manada de perros. Pero el jóven, al paso que con la ligereza de sus alas evita las heridas de sus rabiosos dientes, insiste hiriéndola con su alfange, unas veces en el costado, otras en donde no podian defenderle las conchas, y otras en fin en la parte que á manera de pez acababa en una delgada cola. Vomitaba la fiera agua teñida en sangre, rociando con ella las ya pesadas alas de Perséo; el qual temiendo no poderse sostener en ellas, vió un peñon, cuya cima dexa descubierta el mar quando está en calma, pero la cubre quando se embravece; y asiéndose de él con la mano izquierda, le introduxo muchas veces con la derecha el hierro por el vientre. Entonces fue quando los ecos de aplauso y alegría resonaron en la playa, y llegaron hasta las encumbradas mansiones de los Dioses. Casiope y Cefeo, llenos de gozo, saludan á su yerno, confesando que habia sido su libertador, y el amparo de su casa. Andrómeda, libre de las cadenas, como causa de su riesgo, corre á premiar al vencedor, quien despues de lavar sus manos victoriosas, sepulta con gran cuidado en la arena la cabeza de Medusa, hija de Forco; y por evitar que hiciera algun daño, la cubrió de hojas y ramas tiernas que nacen en el mar. Pero como estaban recien cogidas, chuparon el veneno de la Górgona, y sin mas que su contacto se petrificaron. Las Ninfas, admiradas, hicieron la experiencia con otras ramas, y regocijadas de ver en todas igual prodigio, arrojaron algunas al mar, y se convirtieron en corales; este vegetal conserva la misma naturaleza, pues siendo dentro del agua una planta tierna, fuera de ella se convierte en piedra. Perséo en accion de gracias erigió á tres Dioses tres altares de cesped, el de la derecha á Palas, el de la izquierda á Mercurio, y el del centro á Júpiter: sacrificando una vaca á la Diosa de la guerra, un becerro á Mercurio el mensagero de los Dioses, y á tí, Júpiter, el mayor de todos ellos, un toro.[72]
[Ilustración: (57) Perséo da gracias á los Dioses por su victoria y se casa con Andrómeda.]
FÁBULA IX.
_PERSÉO SE CASA CON ANDRÓMEDA._
Dió luego la mano á Andrómeda, como recompensa de su hazaña, sin pretender dote alguno en este enlace. El himeneo y el amor hacen preparar las nupciales teas: quémase abundancia de perfumes: cuelgan las casas de floridas guirnaldas, y por todas partes resuenan las canciones[73] acompañadas de flautas, liras y clarines, como señales ciertas del general alborozo. Las puertas del real palacio abiertas dan paso libre á sus riquísimas estancias, y los Proceres de la Corte asisten al convite regio, preparado con la mayor magnificencia. Acabado el banquete, se veian sumamente regocijados los ánimos de todos con la generosidad del vino, y Perséo procura instruirse en las costumbres y ceremonias de la nacion:[74] á lo que despues de haber satisfecho Lincides completamente: „ruégote, muy valeroso Perséo, le dixo, que nos refieras qué fortaleza te valió y qué arte te ayudó para cortar á Medusa la cabeza, poblada de víboras en vez de cabellos.”
„Hay, le responde, al pie del frio Atlante un lugar cercado de fuertes muros, en cuyo interior vivian las dos hermanas Forciadas, quienes veian alternativamente con el auxîlio de un solo ojo; quando la una fue á prestársele á la otra, yo alargué la mano con mucha sutileza, y me apoderé de él. Dueño así del primer paso, caminé por sendas extraviadas, por fragosos montes y peñascos, hasta llegar al palacio de las Górgonas. Á cada paso hallaba en los campos y caminos estatuas de hombres y de fieras, que Medusa habia transformado en piedras con su vista. Yo entonces, por preservarme de igual riesgo, miré su horrenda figura en la imágen que los rayos de la luz retrataban en mi escudo; y quando se habia apoderado el sueño de ella y de las víboras que la servian de cabellos, separé de un golpe la cabeza de su cuello, y de su sangre se formó el ligero Pegaso, y otro hermano suyo, llamado Crisaor.” Contó tambien los demas peligros que habia corrido en su largo viage: los mares y tierras que habia visto debaxo de sí quando surcaba los ayres: los astros á que se habia acercado con su vuelo; acabando su relacion quando menos lo esperaban. Pero uno de los Proceres que le oian, le preguntó, ¿por qué sola Medusa, entre las Górgonas sus hermanas, tenia víboras interpoladas con los cabellos? Á que respondió Perséo: „Pues me preguntas una cosa digna de contarse, has de saber que fue hermosa con tanto extremo, que la requirieron de amores mil jóvenes apasionados; pero sin embargo de ser bella nada tenia mas perfecto que el cabello. Así al menos lo aseguran quantos la vieron. Cuentan tambien que Neptuno, el Soberano del mar, enamorado de su hermosura, profanó con ella el templo de Minerva; y que horrorizada esta Diosa, se cubrió el recatado semblante con su egida, pero por no dexar impune su culpa, convirtió en víboras los cabellos de la Górgona; y que desde entonces, para aterrar á sus enemigos, las lleva esculpidas en su escudo.”
LIBRO QUINTO.
_ARGUMENTO._
Palas, que hasta allí habia acompañado á su hermano Perséo, habiéndose separado de él, se dirigió al monte Helicon para reconocer la fuente Hipocrene. Allí las Musas la cuentan la desgracia de Pirenéo y la transformacion de las Piérides en picazas, despues de vencidas en la contienda del concertado canto de varias transformaciones.
[Ilustración: (58) Finéo entra en la sala del banquete con el dardo en la mano dirigiendo la palabra á Perséo.]
FÁBULA PRIMERA.
_FINÉO DA UNA BATALLA Á PERSÉO._
Continuando aun Perséo la narracion de sus aventuras en presencia de Cefeo y de su corte, se llena el palacio de gente enfurecida, y ya no se oyen voces que solemnicen el himeneo, sino otras que declaran y publican una cruel guerra. La fiesta mudó tan de repente de aspecto, que bien se podia comparar al mar, quando de improviso se altera con la impetuosidad de los vientos.
Entra el primero Finéo, autor de aquel desordenado motin, blandiendo una lanza de fresno[75] con una hoja de cortante acero, y dirigiéndose á Perséo: „Aquí tienes, le dice, un enemigo que viene á tomar venganza de la injuria que le has hecho, robándole su esposa. Ni tus alas, ni el pretendido Júpiter que tú finges haberse convertido en lluvia de oro[76] para darte la vida, te librarán de mi furor.” Iba á arrojarle la lanza quando Cefeo exclamó, diciendo: „¿Qué vas á hacer, hermano mio? ¿Qué desenfrenada locura te mueve á tan enorme maldad? ¿Este pago quieres darle por el servicio que ha hecho salvando la vida de Andrómeda? Mas si exâminas el hecho hallarás que no te la quitó Perséo, sino la divinidad respetable de las Nereydas, el cruel oráculo de Amon, y aquel fiero monstruo[77] que venia á saciarse en la hija de mis entrañas. En el momento que iba á perecer te fue arrebatada. Bárbaro, ¿serias tan cruel que desearas hubiese perdido la vida, y que te alegrases con nuestro llanto? ¿No es para tí bastante afrenta el que siendo su tio y prometido esposo, consentiste el que fuese amarrada á tu presencia sin tratar de socorrerla, sino que añades la de dolerte de que otro la haya libertado, y quieres quitarle el premio? Y si te parece grande, debias haberlo buscado en aquel peñasco donde estaba atada: ahora pues dexa que aquel que lo ganó, y por quien mi vejez no se ve privada de una hija tan apreciable, goce lo que mereció y pactó: y ten entendido, que él no ha sido preferido á tí, sino á una muerte inevitable.” Nada respondió Finéo á esto; pero mirando unas veces á su hermano, y otras á Perséo con turbados ojos, duda á qual de los dos ha de herir primero; y deteniéndose un poco, vibra en fin, con el furor que le suministraba su indignacion, la lanza contra Perséo; pero en vano, porque no le hirió, aunque se clavó en el asiento en que se hallaba. Levantóse luego el fuerte Perséo, y con la misma lanza hubiera atravesado el pecho enemigo á no haberse refugiado Finéo detras del altar, cuya ara (¡qué indignidad!) favoreció al malhechor; pero no se perdió el tiro, porque la lanza se clavó en la frente de Reto, quien cayendo en tierra daba tan fuertes saltos despues de haberle sacado el hierro de la herida, que su sangre salpicó las mesas del banquete. Llena de furor é ira con tal accion la multitud que acompañaba á Finéo, unos disparan dardos, otros piden á gritos la muerte de Cefeo y su yerno; pero el primero habia ya escapado de Palacio, poniendo por testigos al derecho de gentes, á la fidelidad y á los Dioses de la hospitalidad,[78] de que no tenia culpa alguna en el tumulto acaecido, y habia procurado evitar. Aparécese á este tiempo la belicosa Palas, defiende á su hermano[79] con la Egida, infundiéndole brios para pelear. Hallábase presente el Indio Atis, á quien la Ninfa Limniace, hija del rio Ganges, habia dado á luz debaxo de las cristalinas aguas. Era de extremada hermosura, y la hacia mas sobresaliente la magnificencia del trage: su edad no llegaba á diez y siete años: estaba vestido de una clámide[80] Tiria, guarnecida con una faxa de oro; un collar del mismo metal adornaba su cuello, y una diadema sus rubios y hermosísimos cabellos empapados en mirra. Aunque diestro en acertar con el dardo los objetos mas distantes, lo era mucho mas en el manejo del arco; mas al tiempo que se preparaba á acometer á Perséo, tomó este del altar un leño encendido, con el que rompiéndole los huesos afeó su hermoso rostro. El Asirio Licabas, compañero é íntimo amigo de Atis, no pudiendo ocultar su amor sincero, al verle bañado en sangre, y que exhalaba el alma con la fuerza de la herida, llorando le arrebató el arco; y amenazando á su enemigo, le dice: „Conmigo lo has de haber ahora: no te gloriarás mucho tiempo de la muerte de un jóven, con la qual te has adquirido mas bien afrenta que alabanza.” Aun no habia acabado de hablarle en estos términos, quando disparó de la cuerda la penetrante saeta; pero Perséo evita el golpe, que pierde su fuerza en su vestidura llena de pliegues, quedando no obstante clavada en ella; y dirigiendo contra Licabas el corvo alfange con que habia cortado la cabeza á Medusa, le atraviesa con él el pecho. El soberbio Asirio, turbados sus ojos con la presencia de la muerte, mira sin embargo á su Atis, y se reclina sobre él, llevando á los infiernos el consuelo de haber muerto al lado de su amigo. Á este tiempo Forbas, natural de Siene, hijo de Metion, y el Livio Anfimedon, deseosos de entrar en pelea, caen resbalando en la sangre que por todas partes corria; y al tiempo que se esfuerzan á levantarse, una misma estocada, que atraviesa la garganta al primero, y traspasa el costado al segundo, les hace volver á caer: Erito, hijo de Actor, que tiene por arma una hacha de dos cortes muy grande: acomete con ella á Perséo; y este, en vez de recibirle con su espada, toma con ambas manos una gran vasija y de mucho peso que estaba en la mesa, y tenia esculpidas muchas imágenes de relieve;[81] y tirándosela á la cabeza, cae moribundo en tierra, arrojando por la boca la roxa sangre. Despues derriba á Polimedon, descendiente de Semíramis, á Abaris, que habia venido de las inmediaciones del monte Cáucaso, á Liceto, hijo de Esperquion, á Elix de prolongada cabellera, á Flegias y á Clito, y atropella á otros mil que se le ponian por delante. Finéo, no atreviéndose á lidiar de cerca con su enemigo, le tira un dardo desde lejos, el que vino á dar á Ida, que ningun partido habia tomado ni en uno ni otro bando. Este, mirando á Finéo con sañudos ojos: „Puesto, le dice, que me obligas á declararme, en mí encuentras el enemigo que buscas, recompensa una herida con otra herida;” mas al ir á arrojarle el dardo que acababa de sacar de su cuerpo, cayó desfallecido, por faltarle ya las fuerzas con la abundancia de sangre que le salia. Odites, el primero despues del Rey Cefeo, fue muerto por Climeno; Protenor por Hipséo, y este por Lincedes.
El anciano Emation, fiel observador de la justicia, y temeroso de los Dioses,[82] no hallándose en estado de pelear, y detestando aquellas armas impías, andaba por todas partes procurando con sus discursos persuasivos apaciguar el tumulto. Cromis, poco movido de sus exhortaciones, le corta la cabeza al tiempo que con sus manos trémulas se abrazaba al altar.[83] El desgraciado viejo, diciendo algunas imprecaciones contra el bárbaro, espira en medio del sagrado fuego. Broteas y Amon, hermanos gemelos, invencibles en el juego de los cestos,[84] (aunque estos no servian contra las espadas) murieron á manos de Finéo, como asimismo Ampico, Sacerdote de Ceres, á quien no reservaron las blancas cintas[85] con que adornaba sus sienes. Tú tambien pereciste, desgraciado hijo de Japeto, no convidado para tales debates,[86] sino para solemnizar la boda cantando al son armonioso de tu vihuela la paz y concordia. Viéndole Pétalo á lo lejos con el instrumento en la mano: „Ve á cantar, le dice burlándose, al infierno lo que te falta,” y le atravesó la sien izquierda con su espada. Cae este desgraciado, pero aun hiriendo las cuerdas de la vihuela con sus moribundos dedos, y por casualidad era lúgubre la cancion que cantaba. No puede el valiente Licormas dexar sin venganza la muerte del músico; coge una de las barras de hierro que servia para cerrar la puerta, y dándole un fuerte golpe en medio de la cerviz, cae acogotado como un novillo. Quando Pelates, Cinifeo, intentaba arrancar la otra barra, Corito, atravesándole la mano de un flechazo, le dexa clavado contra la puerta, y Abante le dió una estocada en el costado, de la que murió luego, quedando pendiente del postigo que le detenia la mano.
Menaléo, que seguia el partido de Perséo, y Dorilas, el mas rico entre los Nasamonios; Dorilas, repito, el hacendado que excedia á todos en posesiones y en la abundancia de sus cosechas, perecieron tambien en la refriega. El último recibió un golpe mortal en la ingle izquierda. Alcionéo, que fue el que le hirió, viéndole que iba á exhalar el alma, y que torcia los ojos: „De los muchos bienes, le dice, que poseias, conténtate ahora con solo el espacio que ocupa tu cuerpo.” En el mismo momento saca Perséo el dardo de la herida de Dorilas, y le clava en Alcionéo con tanta furia, que entrando por medio de la nariz le hizo salir por la cerviz, y se descubre por ambas partes: y acompañando la fortuna á su diestra, quita la vida á los dos hermanos de madre, Clitio y Clanis, con distinto golpe, porque el primero murió de un flechazo que le atravesó los dos muslos, y el segundo de otro que le entró por la boca. El Mendecio Celadon, Astreo, cuya madre era de Palestina, y su padre se ignoraba quien fuese; Etion, sagaz en otro tiempo en conocer lo futuro, pero burlado ahora con sus vaticinios; Toactes, escudero del Rey, y el parricida Agirtes, murieron tambien en este sangriento dia.
Mucha sangre se habia ya derramado, pero quedaba aun mucha mas por derramar. Todos se enfurecian contra Perséo, porque á él solo querian matar. Los esquadrones conjurados pelean por todas partes por la causa que ofende al mérito y justicia. En vano estan á su favor los suegros y esposa; y hacen resonar las salas con sus clamores, porque el ruido de las armas y el gemido de los moribundos no dexa oirlos. Belona,[87] no satisfecha con la sangre que habia hecho derramar, renueva la guerra. Finéo con mil soldados que le siguen rodean á Perséo: los dardos vuelan por uno y otro lado al rededor de sus ojos y oidos mas espesos que una granizada de invierno.[88] Para evitar parte de los tiros se estrecha contra una gruesa coluna; y teniendo seguras las espaldas, y vuelto á sus enemigos, sostiene con valor todos sus esfuerzos. Molpéo, Caonio, le ataca por la izquierda mientras que Etemon, Nabateo, le estrecha por la derecha. Así como la hambrienta tigre, oyendo en distintos valles los bramidos de dos vacadas, no sabe á qué parte abalanzarse antes, y arde en deseos de lanzarse sobre las dos; así duda Perséo si atacará al enemigo de su derecha, ó al de la izquierda: en fin se deshizo de Molpéo atravesándole una rodilla, y por lo mismo se vió precisado á retirarse; pero Etemon le estrecha fuertemente, se llena de furor, é intentando acalorado descargar el golpe en el erguido cuello de Perséo, rompió la espada manejada con poca destreza dando en la coluna, y saltando un pedazo de la hoja, se le clavó en la garganta: la herida sin embargo no fue de muerte; mas lanzándose sobre él Perséo, le atravesó el cuerpo con su alfange al tiempo que le alargaba humildemente los brazos ya desarmados para pedirle la vida.
FÁBULA II.
_FINÉO TRANSFORMADO EN ROCA._
Viendo Perséo que eran desiguales sus fuerzas, comparadas con las de tantos contrarios: „pediré, dixo, auxîlio al enemigo, á ello me obligais vosotros: apartad la vista los que seguis mi partido,” y descubrió la cabeza de la Górgona. „No me asusta, le dixo Tescelo, la vista de ese monstruo;” y al levantar el brazo para disparar un dardo, se quedó convertido en estatua en la misma postura. Ampix, el mas inmediato á este, acomete lleno de valor con la espada al pecho de Lincéo, pero en vano; porque la mano quedó yerta conforme la habia tendido. Niléo, que habia fingido ser hijo del caudaloso Nilo, y en prueba de lo qual traia en su escudo las siete embocaduras de este rio esculpidas en oro y plata,[89] habló á Perséo de esta manera: „Mira en este escudo el antiguo blason de mi linage: tendrás á lo menos en la mansion de las almas el consuelo de haber sido muerto por tan ilustre y valerosa mano.”
[Ilustración: (59) Perséo no pudiendo resistir al gran número de enemigos les presenta la cabeza de Medusa.]
Sus últimas palabras fueron interrumpidas á medio articular, quedando su boca en ademan de hablar, pero sin poder hacerlo.[90] Erix,[91] viendo tímidos á sus compañeros, les dice con altivez: „Valor, amigos, seguidme; no la cabeza de la Górgona, sino el temor, os hace estar inmobles: acometed conmigo, y echad por tierra á un temerario que solo tiene por armas unos vanos encantamientos:” ya iba á acometerle, y el suelo le detuvo los pies convirtiéndose en estatua de piedra armada: justamente pagaron estos su merecido; pero el desgraciado Acontéo, soldado de Perséo, miró por desgracia en la pelea la cabeza de Medusa, y sin culpa quedó transformado en piedra. Astiages, juzgando que aun vivia, le dió una estocada, y sonó la espada como quando se dan golpes sobre un mármol: y al admirar tal prodigio se convierte en piedra baxo la figura de un hombre que conserva todas las señales de su admiracion.
Seria nunca acabar referir uno por uno de tantos como fueron castigados. Doscientos combatientes quedaban aun; pero con la vista de la Górgona se petrificaron. Ya en fin se arrepiente Finéo de la injusta guerra que habia movido; pero ¿qué ha de hacer? Por todas partes ve estatuas de piedra en diversas posturas; conoce á los suyos; los llama por su nombre pidiéndoles socorro, y no queriendo creer lo que veia, toca á los que estaban á su lado, y se desengaña por último que eran mármol: aparta la vista de la fatal cabeza, y tendiendo los brazos á Perséo, le habla humillado de este modo: „Me doy por vencido, Perséo: solo te ruego que ocultes el semblante de tu Medusa, que convierte en piedra á qualquiera que lo mira: apártalo por vida tuya; has de saber que ni el odio ni el deseo de reynar me ha compelido á la guerra que te he dado, sino solo el amor de Andrómeda me ha hecho tomar las armas: tu causa fue mejor en mérito, y la mia en tiempo. Me pesa, ó valerosísimo Perséo, de no habértela cedido, concédeme solo la vida, y todo lo demas sea tuyo.” Así habló Finéo sin atreverse á mirar á su enemigo. „Te concederé, le responde Perséo, lo que puedo concederte, y es mucha gracia para un cobarde como tú: no morirás por hierro: quiero quedes aquí para perpetua memoria, y que estés siempre en la casa de mi suegro, para que consuele tu vista á mi esposa.” Dicho esto mudó la cabeza de Medusa á aquella parte á que miraba el temeroso Finéo: quien al querer apartar su vista se le quedó yerta la cabeza, el humor de sus ojos helado, y él hecho piedra en la actitud de un suplicante que pide la vida con los brazos tendidos y el semblante humillado.