Metamorfóseos o Transformaciones (2 de 4)

Part 2

Chapter 23,964 wordsPublic domain

Vosotras ignorareis quizá por qué la fuente Salmacis vino á hacerse tan nombrada, y por qué sus aguas vuelven á los hombres floxos y afeminados;[29] oidlo pues, que el efecto es tan patente como la causa oculta. Las Náyades criaron en las cuevas del monte Ida un niño nacido de Venus y Mercurio: sus facciones eran tales que demostraban bien quienes eran sus padres, y de ambos tomó despues el nombre.[30] Quando llegó á la edad de quince años abandonó los montes en donde se habia criado, deseoso de ver nuevas tierras y nuevos rios, haciéndole este mismo deseo menos sensibles las incomodidades de sus viages. Habia ya visto las ciudades de Licia, y llegado á Caria, que está cerca, quando se paró junto á una fuente, cuyas aguas eran tan puras que veia fácilmente su fondo; nada la enturbiaba; ni juncos, ni cañas, ni ovas. Un cesped siempre verde formaba al rededor de ella una hermosa cenefa. La Ninfa que la habitaba, ni tenia aficion á la carrera, ni á la caza, ni á disparar el arco: era la única de las Náyades que jamas conoció Diana. Solian decirla sus hermanas: Salmacis, ármate de un dardo, toma una aljaba, reparte el descanso con el exercicio de la caza; pero sus persuasiones eran inútiles, porque la ociosidad formaba todas sus delicias. No tenia otro placer que bañarse, cuidar de adornar sus cabellos con un blanco peyne de Venus, y consultar en el cristal de las aguas los adornos que la sentarian mejor. Unas veces, adornada de un brillante vestido, permanecia reclinada sobre la yerba y el cesped; otras se divertia en coger flores; y en esto estaba entretenida quando descubrió al jóven Hermafrodito. Apenas le vió se enamoró de su hermosura, y deseó tenerle por marido; pero aunque lo deseaba, no quiso acercarse á él hasta engalanar bien su cuerpo y componer sus miradas de modo que pudiera parecer la mas bella á los ojos de este jóven.[31] Luego que se adornó á su placer, le dixo: „Jóven extrangero, quien quiera que seas, pues algunos te tendrian por un Dios, si lo eres, no puedes dexar de ser el mismo Amor; y si eres un simple mortal ¡que felicidad para tus padres tener un hijo de tanta gentileza! ¡qué afortunados serán tus hermanos si los tienes! ¡qué ventura para la que tuvo el cuidado de criarte! Pero mas que todos dichosa tu esposa, si es que estas casado, ó la que haya de honrar la tea nupcial y coronar el himeneo: si es que ya posee alguna esta felicidad, permíteme gozar de tí secretamente; mas si hasta ahora no tienes hecha eleccion de muger, yo te ofrezco mi mano, y descansaremos en un mismo lecho.”[32] Calló Salmacis y Hermafrodito se llenó de vergüenza al oirla, como que no sabia qué era amor, pero su mismo rubor añadió nuevas gracias á su belleza. El color de su rostro parecia al de las manzanas coloradas quando estan colgadas del árbol, ó al marfil teñido de encarnado, ó al de la luna en su eclipse en una noche serena. „Al menos, continuó Salmacis, dáme algun ósculo del modo mismo que le darias á una hermana tuya;” y diciendo esto quiso arrojarse á sus brazos. „Modera tus transportes, la dixo Hermafrodito, si no quieres que huya de tí para siempre. No, detente, replicó Salmacis, consternada con esta amenaza; tú eres Señor de este sitio, yo te cedo su dominio.” Al pronunciar estas palabras, fingió alejarse de allí, y se ocultó detras de unas espesas matas para acecharle sin ser vista. Entonces el jóven, como muchacho, y creyendo hallarse solo en un lugar tan frondoso, ya se paseaba de una á otra parte, ya metia los pies en el agua, y ya, convidándole á bañarse su frescura, se determinó á desnudar. El incentivo de este objeto acrecentó la pasion de la Ninfa;[33] brillaban sus ojos como los rayos del sol quando reflexan en un cristal, y apenas podia contener sus conmociones, ni dilatar su deseo. Saltó al agua Hermafrodito, y mientras nadaba, parecia su cuerpo una hermosa figura de marfil, ó una azucena vista por el cristal. „En fin yo venzo;” exclamó Salmacis, desnudándose y echándose al agua. Acercase á él, le asegura á pesar de su resistencia, le da algunos ósculos, le sujeta las manos, toca sus pechos estrechándole consigo por todos los modos posibles. Así como la serpiente quando es arrebatada por un águila, la oprime y se enrosca en sus alas y garras; así como la yedra se enlaza á un árbol, ó como el pulpo á la presa que descubre sobre las aguas, así la Ninfa Salmacis se arroja y estrecha con el indiferente Hermafrodito. En vano hace esfuerzos para desasirse de ella; en vano se resiste á su ternura; la Ninfa le ruega mas y mas, le hostiga, le solicita; pero un cruel desprecio es el solo premio que da á sus delirios. „Á pesar de todos tus esfuerzos, le dice, no te desprenderás de mí: Dioses haced que nada me separe de este pérfido.”

Oyeron los Dioses su súplica, y sus dos cuerpos se hicieron uno solo, y uno solo sus dos rostros.[34] Así como vemos dos ramas, que creciendo se unen, y las cubre una misma corteza, así sus dos cuerpos parecieron uno solo, sin que se pudiera decir si era de hombre ó de muger; pues nada era siendo uno y otro. Viendo Hermafrodito que acababa de mudar de sexô, y que su cuerpo era mitad hombre y mitad muger, habló á Mercurio y á Venus con una voz no ya como antes de hombre. „¡Ó padre mio! ¡ó madre! les dice, no negueis á vuestro hijo la gracia que os pide; y es, que todos los que vengan á bañarse á esta fuente experimenten esta misma transformacion.” Su súplica fue oida; porque Mercurio y Venus derramaron en la fuente una esencia que la comunicó la virtud de hacer mudar de sexô.

_LAS HIJAS DE MINIO TRANSFORMADAS EN MURCIÉLAGOS._

Despues de haber concluido su conversacion las Mineidas, aun manifestaban, continuando su labor, el desprecio que hacian de Baco y de sus fiestas, quando de repente oyeron un confuso ruido de tambores, flautas y trompetas, que las sorprehendió tanto mas quanto no veian persona alguna que le originase. Un olor de mirra y azafran se esparció en su aposento, y, lo que parecia increible, su tela se cubrió de verdor y brotó pámpanos y hojas de yedra. El hilo que acababan de emplear se convirtió en sarmientos cargados de uvas, y estos tomaron el mismo color de púrpura de que era su labor.[35] Era ya aquella parte del dia en que las sombras que empiezan á cubrirle, y la luz que va desapareciendo, hace dudar si es dia ó noche, quando un espantoso ruido estremeció toda la casa. Se llenó repentinamente de antorchas encendidas, y de otros fuegos que brillaban por todas partes: oyéronse aullidos horrendos, como si la casa estuviese llena de fieras. Las Mineidas aterradas huyeron de la luz y el fuego; pero mientras buscaban los parages mas solitarios para ocultarse, se reducen á una pequeñez increible, cubre sus cuerpos una delgada membrana, y se extienden sobre sus brazos unas alas delicadísimas. La obscuridad del sitio en que estan ocultas, las impide conocer que habian mudado de figura; se elevaban en el ayre, sosteniéndose con unas alas, no de plumas, sino de una piel transparente. Querian hablar para expresar su pena, pero formaban solo un sonido endeble y proporcionado á la pequeñez de sus cuerpos. Complacíalas habitar en las casas y no en las florestas como las demas aves; huian de la luz volando solo de noche, y por esta causa se las dió el nombre de Murciélagos.[36]

Esta maravilla inspiró en los Tebanos un gran respeto á Baco; Ino, tia de este, la referia en todas partes, confesando que no habia experimentado otro dolor que el que le causaron las desgracias de sus hermanas.[37] Envidiosa Juno de la prosperidad de esta Princesa, que estaba envanecida por ser esposa de Atamante, por tener muchos hijos, y la gloria de haber criado á Baco; Juno, digo, no pudo disimular por mas tiempo su encono. „¿Cómo, decia, el hijo[38] de una rival mia pudo precipitar en las olas y convertir en delfines á los marineros que le despreciaban? ¿Inducir á una madre á despedazar á su propio hijo,[39] y transformar en murciélagos á las tres hijas de Minéo? ¿Y todo el poder de Juno se limitará á derramar lágrimas inútilmente? ¿Quedaré contenta con tan débil satisfaccion? ¿Está limitado mi poder á solo esto? No: el mismo Baco me enseña como he de vengar mis ofensas; lícito es aprender del enemigo. El homicidio de Pentéo me hace conocer demasiado lo que puede el furor; ¿pues por qué Ino no ha de experimentar los efectos mismos que sus hermanas?”

[Ilustración: (53) Juno manda á las Furias que vayan al Palacio de Atamante.]

FÁBULA V.

_TISIFONE VUELVE FURIOSOS Á ATAMANTE Y Á INO._

Hay un camino declive obscuro, con árboles funestos, que conduce á los infiernos por parages que hacen mas pavoroso su silencio;[40] exhalan continuamente muchas nieblas las aguas de la Estigia,[41] por donde las sombras de aquellos que recibieron los honores de la sepultura baxan al infierno. La palidez y el frio habitan allí, y los Manes[42] nuevos ignoran el camino que conduce á la Estigia, y donde esté la Corte de Pluton, que tiene mil entradas, y todas abiertas. Aquel lugar recibe todas las almas, así como el Océano quantos rios corren sobre la tierra, y á pesar de las innumerables que llegan á él parece estar siempre vacío.[43] De todas partes llegan almas separadas de sus cuerpos: unas freqüentan el Foro, otras se apresuran á hacer la corte á Pluton, y finalmente todas se dedican á los mismos exercicios en que se habian ocupado sus cuerpos durante su vida, sin contar con las que estan en los tormentos.[44] Irritada Juno (tantos deseos tenia de venganza), dexa su mansion celeste para descender á la lúgubre estancia. Á su llegada, la puerta por donde entró, hizo un ruido extraordinario. Abrió sus tres bocas, y ladró tres veces el Cancerbero.[45] Llama al instante á las Furias,[46] hijas de la Noche, que estaban sentadas á la puerta de aquella tenebrosa cárcel peinando las enroscadas serpientes que tenian por cabellos. Luego que vieron á Juno por entre la obscuridad, se levantaron. La prision que custodiaban era la mansion de las almas criminales: allí Ticio, cuyo cuerpo ocupa el espacio de nueve yugadas, es despedazado por un buytre; allí Tántalo corre tras del agua que le huye, procurando en vano coger el fruto de un árbol que se aleja; allí Sisifo se afana en subir la peña que al punto ha de volver á rodar; allí Ixîon da vueltas eternamente atado á una rueda, huyendo y buscándose á sí mismo: allí en fin las hijas de Dánao, que se atrevieron á dar muerte á sus maridos, se afanan en llenar de agua unas vasijas horadadas.[47]

Juno, habiendo mirado con severidad á estos desgraciados, y en especial á Ixîon, y despues á Sisifo: „¿Por qué, preguntó á las Furias, es este el solo de sus hermanos que se ve condenado á tormentos eternos, quando el soberbio Atamante y su muger, teniendo siempre la vanagloria de despreciarme, habitan en un palacio magnífico?” Contó en seguida á las Furias la causa que tenia para aborrecerles, lo que la hacia descender á los infiernos; y finalmente lo que pretendia de ellas. Su intento era echar por tierra el palacio de Cadmo, y que las Furias induxesen á Atamante á cometer una horrorosa maldad. Para obligar á las Diosas á que cumplan sus deseos, las interesa con súplicas y ofertas, pero con un cierto imperio. Tisifone, sacudiendo sus canas erizadas, y desviando sobre sus espaldas las culebras que la rodeaban: „Excusemos, dixo á la Diosa, de rodeos: haz cuenta que ya estan puestos en execucion tus preceptos; y así dexa este triste Reyno, y vuelve al Olimpo á respirar un ayre mas benigno.” Juno sale regocijada; y al ir á entrar en el cielo, derrama sobre ella Iris,[48] hija de Taumante, un celestial rocío con que queda purificada.

La severa Tisifone toma al momento una hacha teñida en sangre y un vestido asimismo ensangrentado, se ciñe una serpiente,[49] y sale de aquel Reyno tenebroso. El llanto, el pavor, el terror y el furor que lleva en su semblante, la fueron acompañando. Llega al umbral de la casa de Atamante, se estremece la portada; y sus puertas, hechas de madera de acebuche, se llenan de obscuridad, y hasta el sol retira de allí sus rayos. Aterrados Atamante y su esposa con tales prodigios, querian echarse fuera del palacio; pero les cerró el paso la implacable Furia extendiendo los brazos enlazados con las enroscadas víboras, y sacudió su cabello. Hacen un fuerte ruido las culebras; se esparcen unas por las espaldas, y otras, dexándose caer por el rostro al pecho, dan silbidos, vomitan negra ponzoña, y esgrimen las abrasadoras lenguas. Arranca Tisifone dos de entre todas, y con su pestífera mano las arrojó contra Ino y Atamante. Corren en sus senos, á los que inficionan de un hedor pestilencial, pero sin lastimar sus cuerpos, como que el alma sola habia de padecer los tormentos que les tenia preparados.

Habia traido tambien consigo la Furia un sutil veneno, compuesto de la espuma que arroja por la boca el Cancerbero, de la ponzoña de la Hidra, y de quanto podia inspirar el olvido, el delito, la rabia, el llanto y el deseo del homicidio; y habiendo mezclado este veneno con sangre reciente, lo hizo cocer en una caldera de cobre, agregando tambien una porcion de cicuta. Valiéndose la Furia de la ocasion que la ofrecia el espanto de estos dos esposos, vierte aquella fatal confeccion en sus pechos, que inmediatamente penetra hasta sus entrañas. Da muchas vueltas con el hacha que llevaba, consiguiendo encenderla con esta agitacion; y ufana de su triunfo, como de haber obedecido á la Diosa, se desciñe la serpiente, y regresa al obscuro reyno de Pluton.

Enloquecido de improviso Atamante, corre furioso por medio del palacio gritando: „¡ah! compañeros, tended las redes en estos bosques, que he visto una leona con dos cachorros hijos suyos.” Al decir esto persigue á su esposa furioso como un loco, teniéndola por fiera; arrebata de su seno á su tierno hijo Gearco, que le tendia los brazos muy risueño, y volteándole muchas veces á manera de onda, hace pedazos sus tiernos miembros arrojándolos contra un peñasco. Entonces la dolorida madre, ya instigada del mismo dolor, ó del veneno esparcido en sus entrañas, huye con el cabello desgreñado, fuera de sí, y con espantosos aullidos, y llevándote en sus brazos, tierno Melicerto, va diciendo á voces: ¡Evohe, Baco! Pero Juno, riéndose al oir tal nombre: „Sí, dice, que te ampare ese Dios que tu criaste.”[50]

Sobresale á orilla del mar un escollo, que socavado en su parte inferior por las olas, las da sosegada acogida en su concavidad: forma en su parte superior varias puntas, y se extiende sobre las aguas á largo trecho. Ino, animada de su mismo furor, sube sin temor á la roca, y desde ella se precipita al mar con su hijo, á cuyo golpe se cubrió el agua de blanca espuma. Compadecida Venus de la desgracia no merecida de su nieta, habló á Neptuno, su tio, en estos términos: „Dios de los mares, á quien tocó el imperio que mas se parece al celestial, mucho es lo que te pido; pero compadécete de una familia que tanto me interesa, y ves fluctuar en medio de las olas del mar: colócala pues en el número de tus deidades; tambien yo he sido favorecida del mar, pues engendrada en otro tiempo en sus profundidades, fui espuma, y de esta tengo en el idioma griego el mismo nombre.”[51] Accedió Neptuno á sus ruegos; y despojando á Ino y Melicerto de quanto tenian de mortales, les adornó de una magestad digna de veneracion, dándoles nuevo nombre y nueva forma, por lo que se llamaron desde entonces, Ino su madre, Leucotea; y Melicerto su hijo, Palemon.

Siguieron con toda la presteza que pudieron las matronas Tebanas las huellas de Ino; y viendo que estas las conducian hasta la extremidad del peñasco, no dudaron de su desastrada muerte: rasgaron sus vestiduras, arrancaron sus cabellos, é hirieron sus pechos llorando amargamente las desgracias de la familia de Cadmo; y como culpasen la injusticia y crueldad de Juno en haber castigado tan cruelmente á la adúltera,[52] no quiso esta Diosa sufrir semejantes ultrajes: „Vosotras mismas, dixo, vais á ser el mas horroroso exemplo de mi crueldad.” Siguióse el efecto á la amenaza; porque diciendo la mas compasiva de las Sidonias, seguiré á mi Reyna hasta en las aguas mismas, quedó inmoble asida al peñasco, al ir á arrojarse desde él, sin poder moverse. Otra, que intentaba lastimar su pecho impelida de su dolor, siente convertirse en piedra sus brazos. La tercera, que extendia sus manos hácia el mar, experimentó la misma suerte; y á la última, que iba á mesarse los cabellos con las manos, se le quedaron entre ellos petrificados los dedos. Cada qual quedó en aquella actitud en que se hallaba al tiempo de su transformacion. Las demas Tebanas fueron convertidas en aves, que desde este tiempo van volando en el mismo sitio, tocando el agua con la extremidad de sus alas.

FÁBULA VI.

_CADMO Y HERMIONE CONVERTIDOS EN SERPIENTES._

Cadmo ignoraba que su hija y tierno nieto[53] hubiesen sido recibidos en el número de los Dioses marinos; y penetrado del dolor que le causaban los infortunios de su familia, y prodigios que habia visto, abandona la ciudad que construyó, como si ella y no su adversa fortuna fuera la causa de tantas desgracias; y despues de andar vagando largo tiempo, llegó á la Iliria[54] con su esposa, que jamas se separaba de su lado. Agoviados ambos, así de sus desgracias como del peso de los años, hablaban un dia de las calamidades de su familia, y de los trabajos que habian experimentado, quando dixo Cadmo:

[Ilustración: (54) Cadmo y Hermione se retiran á la Iliria, y son transformados en serpientes.]

„¿Estaria por ventura consagrado á algun Dios el dragon que al entrar yo en Grecia maté con una flecha,[55] y cuyos dientes, como semilla nueva, esparcí en la tierra? porque si lo estaba, y los Dioses en venganza me castigan de este modo, yo les ruego que me conviertan en serpiente.” Apenas acabó esta súplica quando se extiende su vientre, siente crecer duras escamas en la piel, cubrirse de verdinegras manchas; al fin cae de pechos en la tierra, y juntándose sus piernas, forman una larga cola. Tiende los brazos, que solo conservaba; y llorando aun como hombre: „Llégate esposa la mas desdichada, dixo; llégate, compadécete de mí; y mientras exîste algo de mi antigua forma, tócame, y recibe la mano que aun queda ilesa, antes que acabe de convertirme en dragon.” Queria proseguir; pero hendiéndosele la lengua en dos partes,[56] no pudo articular otra palabra por mas esfuerzos que hacia, ni explicarse de otro modo que con silbidos, que era la voz que únicamente le dexó la naturaleza. „Querido Cadmo, exclama Hermione hiriéndose el pecho con las manos, dexa esa figura monstruosa. ¿Qué es esto, esposo mio? ¿Qué se han hecho tus pies, tus hombros y tus brazos? ¿Qué tu color y tu rostro? ¿Y qué todo tu cuerpo? ¿Por qué, ó Dioses celestiales, no me convertis á mí tambien en culebra?” Mientras Hermione hablaba así, Cadmo lamia el rostro de su esposa; y conociendo aun el amado seno, la abrazaba, y como antes, queria llegar á su cuello. Sus compañeros, que estaban presentes, se asombraron de ver á los dos súbitamente convertidos en serpientes: estas, despues de halagarlos, se fueron arrastrando por tierra, una junto á otra con los cuellos levantados, hasta entrar en un cercano bosque; pero ni huyen de los hombres, ni les pican, acordándose con placer de lo que antes fueron.

[Ilustración: (55) Perséo presenta la cabeza de Medusa á Atlante, que al verla queda transformado en montaña.]

FÁBULA VII.

_ATLANTE TRANSFORMADO EN MONTAÑA._

Consolábales en esta transformacion la memoria de su nieto Baco, tan reverenciado en la India, que acababa de sojuzgar, como en la Grecia toda, donde le edificaban templos. Solo quedaba de los despreciadores de Baco, Acrisio, hijo de Abante, que prohibia en su reyno la adoracion de aquel, con las armas en la mano, negando que fuese Baco hijo de Júpiter, y que este, transformado en lluvia de oro,[57] hubiese en Dánae procreado á Perséo. Pero se arrepintió bien pronto (¡tan grande es la fuerza de la verdad!) así de haber profanado á Baco, como de no reconocer á su nieto; pues el uno[58] estaba ya en el número de los inmortales, y al otro[59] vió volar ligeramente, llevando en señal del triunfo la cabeza poblada de víboras que habia cortado á Medusa. Al pasar así por las arenas de la Libia, cayeron algunas gotas de sangre de la cabeza de aquel monstruo, y de cada una animó la tierra una serpiente, y esta es la causa por que abunda tanto de ellas aquel pais.[60]

Perséo, agitado por los contrarios vientos, es elevado á vagar sobre la atmósfera por toda ella á manera de una lluviosa nube: corrió todo el mundo, viendo debaxo de sí innumerables tierras, de que le separaba un largo espacio:[61] tres veces se acercó á las frias Osas, otras tres vió los brazos del Cancer,[62] ya al oriente y ya al ocaso, hasta que viendo declinar el dia, temeroso de la cercana noche, paró en el Reyno de Atlante[63] á descansar brevemente, hasta que el lucero de la mañana viniese á anunciar la vuelta de la aurora. Este Atlante, hijo de Japeto, excedia en estatura á todos los hombres, y ocupaba un imperio en los últimos términos de la tierra,[64] y aquella extremidad del mar,[65] donde los caballos del sol, al terminar su carrera, descansan de la fatiga del dia. Mil rebaños de ganado mayor y menor pacian tranquilamente en aquellos prados, sin que ninguno de sus habitantes poseyese allí un palmo de tierra. En sus frondosas arboledas las hojas y frutos de oro adornaban los dorados ramos: „Príncipe, le dixo Perséo, si te es de algun aprecio una ilustre prosapia, sabe que yo desciendo de Júpiter: si te prendas de las grandes hazañas, yo sé que te admirarán las mias. Solo te pido que me hospedes, y dexes descansar aquí esta noche.” Acuérdase Atlante de que le dió en otro tiempo en el Parnaso el oráculo de Temis esta respuesta. „Dia vendrá, Atlante, en que tus árboles serán despojados de su dorado fruto, y esta hazaña está reservada á un hijo del mismo Jove.” Temeroso desde entonces, habia hecho cercar de paredes y rocas fuertes sus jardines,[66] y puesto un espantoso dragon en su custodia, y á ningun extrangero recibia en los confines de su posesion. „Aléjate, le dice, no sea que te veas burlado de la gloria de tus mentidas hazañas, y el Júpiter de quien blasonas ser hijo no pueda venir en tu socorro.” Añadió la fuerza á la amenaza, y procuró echar de allí á Perséo, quien unas veces le respondia con dulzura, y otras con entereza. Pero inferior en fuerzas (porque ¿quién igualó en ellas á Atlante?) „Pues tan en poco tienes mis hazañas, le dice, recibe la merecida recompensa.” Y volviendo el rostro al lado izquierdo, le presentó la cabeza asquerosa de Medusa. Á su vista fue convertido en montaña, siendo su barba y cabellos las selvas que la coronan, formando la cumbre sus brazos y hombros, su cabeza la punta, y sus huesos los peñascos: creciendo tan considerablemente su cuerpo (¡así lo quisísteis ó Dioses!), que se hizo capaz de sostener el cielo y las estrellas.[67]

Habia encerrado Eolo[68] los vientos en la eterna cárcel, y el lucero de la mañana resplandeciendo en el cielo dispertaba á los hombres á sus respectivos trabajos; á este tiempo Perséo volviendo á acomodarse á sus pies los talares, y ciñéndose el corvo alfange, empieza á cortar rápidamente los vientos; y dexando debaxo de sí, y al rededor innumerables pueblos, fixó la vista en la Etiopia, donde reynaba Cefeo.

FÁBULA VIII.

_PERSÉO LIBERTA Á ANDRÓMEDA._