Metamorfóseos o Transformaciones (2 de 4)

Part 1

Chapter 13,755 wordsPublic domain

NOTA DE TRANSCRIPCIÓN

* Las cursivas se muestran entre _subrayados_ y las versalitas se han convertido a MAYÚSCULAS.

* Los errores de imprenta han sido corregidos.

* La ortografía del texto original ha sido respetada, con normalización de las variantes a la grafía más frecuente y tildado de las mayúsculas.

* Las notas a pie de página han sido renumeradas y colocadas al final del tomo.

* Se han reubicado muy ligeramente algunas ilustraciones para que no interrumpan un párrafo. Asimismo se han dividido algunos párrafos para alojar una ilustración.

* Se ha añadido al final un listado de las estampas numeradas que ilustran el tomo.

* Las páginas en blanco han sido eliminadas.

METAMORFÓSEOS ó TRANSFORMACIONES DE OVIDIO.

METAMORFÓSEOS

ó

TRANSFORMACIONES DE OVIDIO,

TRADUCIDOS AL CASTELLANO

CON ALGUNAS NOTAS PARA SU INTELIGENCIA,

_POR DON FRANCISCO CRIVELL_.

NUEVA EDICION.

TOMO II.

MADRID EN LA IMPRENTA REAL AÑO 1809.

ÍNDICE de las Fábulas contenidas en este tomo.

LIBRO QUARTO.

Pág.

ARGUMENTO. 1

INTRODUCCION. 3

FÁBULA PRIMERA. _Píramo y Tisbe._ 8

FÁB. II. _Marte y Venus._ 15

FÁB. III. _Apolo y Leucotoe._ 19

FÁB. IV. _Salmacis y Hermafrodito._ 23

_Las hijas de Minio transformadas en murciélagos._ 30

FÁB. V. _Tisifone vuelve furiosos á Atamante y á Ino._ 33

FÁB. VI. _Cadmo y Hermione convertidos en serpientes._ 42

FÁB. VII. _Atlante transformado en montaña._ 45

FÁB. VIII. _Perséo liberta á Andrómeda._ 50

FÁB. IX. _Perséo se casa con Andrómeda._ 55

LIBRO QUINTO.

ARGUMENTO. 58

FÁBULA PRIMERA. _Finéo da una batalla á Perséo._ 59

FÁB. II. _Finéo transformado en roca._ 70

FÁB. III. _Conversacion de las Musas con Palas._ 75

FÁB. IV. _Pluton herido por el amor._ 82

FÁB. V. _Rapto de Proserpina._ 86

FÁB. VI. _Ceres consigue que su hija viva con ella seis meses cada año, y los otros seis con su marido._ 94

FÁB. VII. _Alféo y Aretusa._ 98

FÁB. VIII. _Linco transformado en lince._ 103

LIBRO SEXTO.

ARGUMENTO. 107

_Orgullo de Aracne._ 109

FÁBULA PRIMERA. _Aracne convertida en araña._ 113

FÁB. II. _Niobe convertida en mármol._ 121

FÁB. III. _Unos aldeanos transformados en ranas._ 131

FÁB. IV. _Apolo y Marsias._ 135

_Filomela confiada á Tereo._ 138

FÁB. V. _Tereo viola á Filomela._ 144

_Filomela noticia á su hermana el delito de Tereo._ 148

FÁB. VI. _Filomela sale de la prision._ 150

FÁB. VII. _Itis servido á su padre Tereo en un banquete._ 153

FÁB. VIII. _Oritia arrebatada por Boreas._ 157

LIBRO SÉPTIMO.

ARGUMENTO. 161

FÁBULA PRIMERA. _Jason y Medea._ 162

_Jason roba el vellocino de oro._ 170

FÁB. II. _Eson remozado por Medea._ 174

_Pelias degollado por sus hijas engañadas por Medea._ 182

FÁB. III. _Medea incendia el palacio de Jason y mata á sus hijos._ 186

FÁB. IV. _Hércules encadena al Cancerbero._ 190

FÁB. V. _Eaco niega socorro á Minos._ 194

FÁB. VI. _Las hormigas convertidas en hombres._ 198

FÁB. VII. _Céfalo y la Aurora._ 207

FÁB. VIII. _Céfalo y Procris._ 210

METAMORFÓSEOS ó TRANSFORMACIONES DE OVIDIO.

LIBRO QUARTO.

_ARGUMENTO._

Alcitoe juntamente con sus hermanas despreciaron de tal modo las fiestas de Baco, que no observándolas, se ocuparon, mientras estas se celebraban, en las tareas ordinarias; y durante su labor cada qual, para hacerla menos penosa, refirió una divertida historia. Ya contaba la una la transformacion de las moras blancas en negras: ya referia la otra como Apolo se habia transformado en la figura de Erinome para engañar á Leucotoe; por lo que Clicie tuvo zelos, y fue convertida en Heliotropio por la compasion que tuvo Apolo. Asimismo contaba otra la union de Hermafrodito y la de Salmacis, ninfa, en un mismo cuerpo. Pero por fin las hermanas en medio de su labor se convirtieron en murciélagos, y las telas en vides y pámpanos. Agave, alegrándose de esto, sintió un gran dolor quando Ino y Atamante, agitados de la locura, se precipitaron al mar, y Neptuno los convirtió en Dioses marinos. Como las mugeres Tebanas los llorasen por muertos, se transformaron en piedras y aves. Tambien Cadmo afligido con esta calamidad, dexando á Tebas, partió en compañía de su esposa á la Iliria, en la que ambos se convirtieron en serpientes. De los que habian despreciado á Baco, solo quedaba Acrisio, abuelo de Perséo, que cortó la cabeza á la Górgona, de cuyas gotas de sangre, derramadas en tierra, nacieron serpientes; y á Atlante lo transformó en monte, y á las varas en piedras, despues que libertó á Andrómeda. Suscitándose en seguida un tumulto en las bodas de Perséo, convirtió en piedra á Finéo con los suyos, y juntamente á Preto y á Polidectes, solo con mostrarles la cabeza de Medusa.

[Ilustración]

INTRODUCCION.

_Las hijas de Minias desprecian á Baco._

Á pesar de todos estos prodigios, Alcitoe, hija de Minéo, y sus hermanas, reprueban la celebridad de las Orgias,[1] ó fiestas de Baco, y aun se atreven á decir que este no es hijo de Júpiter. Manda el gran Sacerdote publicar una fiesta; que las señoras y criadas no trabajasen aquel dia; que vistiesen su cuerpo de pieles, y dexasen sueltos sus cabellos, coronándose de pámpanos, y llevando en sus manos tirsos enramados. Las amenaza que de no hacerlo así experimentarian la ira de aquel Dios. Jóvenes y ancianas obedecen su órden: dexan el texido, la costura y la rueca; queman incienso sobre los altares de Baco, llamándole con los misteriosos nombres de Bromio y de Lieo: le llaman tambien hijo del fuego, engendrado dos veces,[2] y que solo él tuvo dos madres: añaden á todos estos nombres el de Niséo, el de no barbado Tionéo: le atribuyen la gloria de haber sido el primero que plantó las vides,[3] y por esta causa los renombres de Geneo, Nictelio, padre Eleléo, Jacho, Evan, y todos los demas que la Grecia inventó en honra suya. Tú eres, ó Baco, le dicen, aquel niño eterno, cuya juventud está siempre lozana; eres el mas hermoso y amable de los Dioses del Olimpo; quando te manifiestas sin los cuernos, que acostumbras llevar, tienes todo el esplendor y hermosura de una doncella jóven: tú conquistaste el Oriente hasta donde la aterrada India se baña por el remoto Ganges: tú castigaste á los sacrílegos Pentéo y al sanguinario Licurgo; precipitaste en las ondas á los perjuros marineros de Toscana. Va tirado tu carro de dos linces, cuyos elevados cuellos oprimes con pintados frenos, y te siguen las Bacantes, los Sátiros, y aquel borracho viejo,[4] que apenas puede sostenerse con la férula,[5] ni cabalgar bien en su cabizbaxo jumentillo. Por donde quiera que pasas te celebran el clamor de los jóvenes y las voces de las mugeres; suenan los panderos, las trompetas y las horadadas flautas. Hoy las Tebanas te invocan, y ruegan les asistas propicio y benigno, celebrando tu promulgada fiesta.

Solo las hijas de Minéo la profanan empleadas en cardar, en hilar y texer sus lanas, imponiendo tarea á sus criadas.[6] „Mientras que las demas, dixo una de estas jóvenes, estan hoy ociosas, y solo cuidan de ofrecer incienso á una divinidad imaginaria, nosotras que trabajamos baxo los auspicios de Minerva, que es la mejor de las Diosas, procuremos suavizar nuestra útil tarea con discursos divertidos:[7] contemos alternativamente alguna historia que nos entretenga y haga mas corto el tiempo.” Aprueban las hermanas su pensamiento, y la ruegan principie la conversacion. Como sabia una infinidad de historias, tardó en hacer eleccion por qual habia de dar principio. Dudaba si deberia hablar primeramente de tí, Dercere,[8] convertida en pez, y que, despues de tu transformacion, habitas las lagunas de la Siria; ó de Semíramis, tu hija, que, baxo la figura de una paloma, fixó su morada sobre las altas torres de Babilonia; ó de los encantos de Nais, que con la dulzura de su voz, ó la virtud de algunas plantas, transformaba en peces á los jóvenes que se aficionaban á su hermosura, hasta que experimentó en sí igual transformacion; ó últimamente de aquel árbol, morera, cuyo fruto era antes blanco, y ahora le produce negro por el contacto de la sangre de dos desgraciados amantes. Agradóles esta; y como era la historia menos conocida de ellas, se determinó á referirla, y, continuando en hilar, la principió en los términos siguientes.

FÁBULA PRIMERA.

_PÍRAMO Y TISBE._

En aquella celebrada ciudad que Semíramis cercó de altas murallas,[9] fabricadas de ladrillo, vivian pared por medio Píramo y Tisbe; el uno el mas gallardo de los jóvenes, y la otra la mas hermosa de las doncellas que tuvo el Oriente. La vecindad abrió los primeros pasos para conocerse. Con el tiempo creció el amor, y hubiera terminado en legítimo casamiento; pero vedaron los padres lo que no pudieron prohibir: ambos estaban igualmente enardecidos en amor mutuo; nadie lo sabia; hablaban por gestos y señales, y quanto mas procuraban ocultar su amor, tanto mas se abrasaban en su oculto fuego.

[Ilustración: (49) Tisbe se traspasa el pecho con la espada aun caliente con la sangre de Píramo.]

La pared que mediaba entre ambas casas estaba hendida con una pequeña rendija que habia quedado en ella desde que se hizo; defecto desconocido hasta entonces de todos; pero ¿qué cosa se oculta al amor? Tiernos amantes, vosotros tuvisteis los primeros la dicha de verla, y de serviros de ella para expresar, sin que nadie lo advirtiese, vuestros mas dulces sentimientos.[10] Quántas veces Píramo de un lado y del otro Tisbe decian despues de mil suspiros, y de tomarse mutuamente la respiracion: „Pared envidiosa de nuestra felicidad, ¿por qué te opones al logro de nuestros amores? ¡Qué te costaba permitir la union de nuestros cuerpos, ó si esto era mucho, á lo menos dieras ensanche á los ósculos! Te agradecemos sin embargo el bien que nos dispensas en poder hablarnos por tu medio.” Repetian cada dia el mismo discurso, concluyéndole con un tierno á Dios, y besando cada uno por su lado la pared, como si sus ósculos hubieran de penetrarla. Una mañana, apenas la aurora habia ocultado las estrellas, y quando el sol con sus rayos enxugaba ya el rocío de las yerbas, acudieron uno y otro al sitio acostumbrado; y despues de lamentar su triste suerte con mucho silencio, y la situacion á que estaban reducidos,[11] determinaron engañar los guardas, y salir en la próxîma noche de sus casas y de la ciudad; pero temerosos de no extraviarse por el espacioso campo, acordaron juntarse al lado del sepulcro de Nino,[12] y de un moral muy abundante de moras blancas que estaba cerca de él á la márgen de una agradable fuente. Aprobaron el concierto muy alegres; y aunque este dia les pareció mas largo que los otros, llegó por fin la noche. La cuidadosa Tisbe, auxîliada de las tinieblas, abriendo la puerta con mucho cuidado, se cubre el rostro con un velo, sale de su casa sin ser sentida de persona alguna, atraviesa la ciudad, y llegando la primera al sepulcro de Nino, se sienta debaxo del árbol en que quedaron convenidos. El amor la infundia atrevimiento; pero por desgracia viene á beber á la fuente inmediata una leona que, despues de haber devorado una vaca, traia en la boca las señales de su crueldad. Con la claridad de la luna la ve Tisbe venir á lo lejos; y huyendo amedrentada á una obscura cueva, dexa caer el velo con la precipitacion de la fuga. Apagada la sed, se vuelve la cruel bestia á la selva; encuentra el velo que habia dexado caer Tisbe, y le hace mil pedazos con su ensangrentada boca.

Píramo, que habia salido mas tarde, se llenó de espanto al ver, á la misma claridad de la luna, huellas nada equívocas de una fiera: vió tambien el velo ensangrentado, y presumiendo alguna desgracia en su amante, exclama: „Una misma noche acabará con estos dos desgraciados amantes. Yo solo soy el culpado; pero la inocente y desgraciada Tisbe era digna de gozar mas tiempo de la vida. Yo te he muerto, decia, muger digna de compasion, induciéndote á venir de noche á un sitio tan medroso, y al que debia llegar el primero para defenderte. Fieros leones que habitais los senos de esas cóncavas rocas, venid, despedazad mi cuerpo, arrancad mis pérfidas entrañas con vuestros dientes crueles; pero no, que es de espíritus cobardes el desearse la muerte.”[13] Levanta el velo de la desgraciada Tisbe, y se encamina con él al árbol señalado: le baña con sus lágrimas, y despues de besarlo: „Tú debes, dice, ser tambien teñido con mi sangre: recógela, pues es justo sea mezclada con la de mi querida Tisbe.” Articuladas estas palabras, se atraviesa con su espada, y sacándola de la herida cayó de espaldas en tierra. Salta su sangre con la misma impetuosidad que suele el agua de un roto caño, que despedida con violencia parece que corta el ayre. El fruto de este árbol rociado con la sangre se volvió negro, y empapada en ella su raiz ennegreció repentinamente las moras.

Tisbe, aun no bien recobrada del susto, sale de la cueva por no incurrir en falta: busca ansiosa á su amante para contarle el riesgo de que se habia librado. Exâmina el parage por ambos convenido; pero el nuevo color del árbol la hace dudar algun tiempo si era este ó algun otro donde debian juntarse: en esta incertidumbre ve en el suelo un cuerpo palpitando. Túrbala este espectáculo, retrocede, se queda mas amarilla que el box, y se estremece al modo que lo hace el mar quando el blando céfiro agita su superficie. Mas al fin, parándose á reflexîonar un poco, reconoce á su desgraciado amante, y, dexándose llevar de su fiero dolor, comienza á despedazar sus brazos,[14] indignos de tal tratamiento, despide lastimeros ayes, arranca sus cabellos, lastíma su pecho; y por último abraza con entrañable amor el cuerpo de su amante, riega la herida con sus lágrimas, mezclando su llanto con la sangre, y besando mil veces aquel yerto semblante. „Píramo, le decia, ¿qué funesto accidente me priva de tu vida? Respóndeme: advierte que tu querida Tisbe es quien te llama; escúchame, querido, y echa una ojeada siquiera sobre la infeliz Tisbe.” Al oir este dulce nombre abre Píramo sus moribundos ojos, y espira despues de haberla visto. Mas viendo Tisbe su velo, y la espada de Píramo fuera de su vayna: „¡Ah infeliz! exclama, tu misma mano, tu mismo amor fue tu verdugo; pero tambien hay en la mia fortaleza para imitarte, tambien tengo amor que me dé fuerzas para resistir las heridas; aun despues de muerto te seguiré, y se dirá de esta desdichada, que si yo he sido causa de tu muerte, soy tambien compañera en tu sepulcro. Y tú, á quien la muerte sola podrá arrancar de mis brazos ¡ay! ni aun despues de ella habrá cosa alguna que nos separe. Desventurados padres de estos infelices amantes, no os opongais, os lo suplican ambos, no os opongais á que encierre un mismo sepulcro á aquellos á quienes han unido para siempre la muerte y el amor mas tierno. Y tú, árbol funesto, que haces sombra al cuerpo de mi querido, y vas á cubrir el mio, conserva para siempre la señal de nuestra desgracia; tus frutos lúgubres y tristes sean un eterno monumento de que has sido teñido con la sangre de dos desgraciados,” dixo: y tomando la espada, aun caliente con la sangre de Píramo, la apuntó á lo mas baxo de su pecho, y se dexó caer sobre ella. Sus ruegos enternecieron á los Dioses, y conmovieron á sus padres: porque el fruto del árbol, al paso que madura se va volviendo negro, y las cenizas de entrambos, retiradas de la hoguera, fueron colocadas en una misma urna.

[Ilustración: (50) Marte en los brazos de Venus.]

FÁBULA II.

_MARTE Y VENUS._

Poco despues que Alcitoe acabó su historia, tomó Leuconoe la palabra, y escuchándola sus hermanas: sabed, las dixo, que el Sol, ese Dios que lo alumbra y gobierna todo con su luz, no estuvo exênto del amor. Voy á referiros su aventura. Como todo lo registra el primero, dicen que descubrió el adulterio de Venus con Marte; y envidioso ó zeloso del hecho, se lo contó al esposo de esta Diosa, mostrándole el parage y sitio de la traycion. Consternó tanto esta noticia á Vulcano que quedó sin seso, se le cayó de las manos la obra,[15] y hasta el martillo con que la trabajaba. Mas volviendo sobre sí se puso á hacer una red y lazos de alambre tan sutiles y delgados que apenas eran perceptibles; no excederian á su delicadeza ni el hilo mas delgado, ni las mas delicadas telas de araña que penden del techo. Hízola con tal artificio que el mas leve movimiento pudiera jugarla. Tendióla al rededor del lecho de Venus, de suerte que apenas entró en él con Marte, ambos se quedaron presos y abrazados. Contento Vulcano con tan buen suceso, abrió las puertas de su aposento, y convidó á los Dioses á ver el espectáculo; halláronlos feamente abrazados, cosa que excitó á los Dioses á risa,[16] sin embargo de que no faltó entre ellos alguno menos rígido que quisiera verse avergonzado á tal precio. El hecho fue contado y sirvió mucho tiempo de conversacion en el cielo.

Ofendida en extremo Venus, resolvió vengarse del que habia descubierto su delito, é hizo arder en un amor igual al suyo al que descubrió su oculta pasion. ¿De qué te sirven, hijo de Hiperion,[17] tu hermosura, tu color y tu brillante luz? Tú que esparces por todas partes el fuego, te dexas abrasar de una nueva llama; tú, que debes mirarlo todo, fixas solo tus ojos en Leucotoe. Sales antes y vuelves despues de lo ordinario á la mansion de Tetis:[18] por contemplar despacio su beldad, haces mas largos de lo ordinario los dias del invierno: deliras algunas veces,[19] y comunicando la ceguedad de tu entendimiento á los rayos que despides, pones en consternacion con su obscuridad á todos los mortales.[20] Quando te turbas, no es porque se ponga entre tí y la tierra la luna que está mas cerca de ella: el amor produce este color tétrico. Sola Leucotoe causa tus delicias; ya no te acuerdas de Climene, ni de Rodas,[21] ni de la hermosa madre de Circe, ni de Clicie, que sin embargo de haberla tú despreciado, deseaba colgarse de tu cuello en el mismo tiempo en que te habia el amor herido gravemente con otras flechas. Leucotoe te hace olvidar todos tus amores. Fue esta hija de Eurinome, la mas hermosa de toda la Arabia; pero despues que llegó á su juventud, la hija excedia tanto en hermosura á su madre, quanto esta habia excedido á todas las de su tiempo: su padre Orcamo fue el que gobernó la Persia, siendo el séptimo Rey despues de Belo.[22]

[Ilustración: (51) Leucotoe, prendada de la hermosura de Apolo, se dexa vencer sin resistencia.]

FÁBULA III.

_APOLO Y LEUCOTOE._

El pasto de los caballos del sol está hácia el poniente, donde, descansando de la fatiga del dia, se alimentan de ambrosia en vez de yerba, con cuyo sustento recobran las perdidas fuerzas para volver á la tarea. Una noche, mientras ellos pacian, entró el sol en el aposento de su amada Leucotoe baxo la figura de su madre, y la halló hilando[23] á la luz, acompañada de doce criadas. Yo tengo que hablarte, la dixo, dándola un ósculo; retiraos vosotras, pues no necesita de testigos el secreto que intento confiar á mi hija. Obedecieron, y habiendo quedado solos, la dice: „Yo soy el que gobierna el año,[24] el que todo lo ve y todo lo alumbra; yo soy la luz del mundo; y yo, creeme, estoy enamorado de tí.” Leucotoe se llena de temor, y con el miedo dexa caer de sus trémulas manos el huso y la rueca. El rubor la hacia mas hermosa; y Febo, para no retardar sus deseos, cobra su verdadera figura y su propio resplandor.

Leucotoe, aunque al principio espantada con un resplandor tan repentino, accedió por último á los deseos de Apolo, dexándose llevar de su hermosura. Se abrasa de zelos Clicie, porque el amor que le habia tenido era vehemente, y deseosa de vengarse de su rival, publica su delito hasta ponerlo en noticia del padre de Leucotoe. Enfurecido Orcamo con esta nueva, manda enterrarla viva, y echar sobre su cuerpo una porcion de arena, sin atender á la desgraciada Leucotoe, que, levantando las manos[25] á su amante, juraba que fue violentada. El sol, con la actividad de sus rayos, entreabrió la tierra que te cubria, ó graciosa Ninfa, para que pudieses levantar tu sepultada cabeza; pero en vano, porque ya te habia quitado la vida el peso de la arena. Despues de la desgracia de Faeton, no habia experimentado el sol un dolor mas vehemente. Procuró reanimar con su calor el yerto cadáver de su amada; pero el destino[26] hizo inútiles sus esfuerzos. Quejóse, gimió, y rociando con nectar el cuerpo de Leucotoe, y la tierra que la cercaba: „Al menos, dixo, tendré el consuelo de restituirte al ayre.” En efecto, el cuerpo liquidado en un humor oloroso empapó la tierra, la qual, formando raices y rompiendo el túmulo, brotó las varas que producen el incienso.

El amor, que habia sido causa de la indiscrecion de Clicie, hubiera podido disculparla; pero sin embargo, desde aquel dia la miró Apolo con indiferencia, y jamas volvió á tener comercio con ella. Sus desprecios la conduxeron á una terrible desesperacion; y reducida á la situacion mas lamentable, no pudo sufrir la compañía de las ninfas. Expuesta continuamente á la inclemencia de los elementos, desnuda, y el cabello suelto, no probó otro alimento en nueve dias que sus lágrimas y el rocío del cielo.[27] Inmóvil en este tiempo, solo volvia al sol los ojos, siguiéndole con ellos mientras duraba su curso. Cuentan que su cuerpo quedó unido á la tierra; que la parte inferior de él apareció de un color cárdeno, y que en lugar del rostro se veia una flor tornasolada con mezcla de violeta. Aunque asida á la tierra por sus raices, no dexa de volverse hácia el sol, mostrándole, á pesar de su transformacion, lo mucho que le ama.[28]

[Ilustración: (52) La ninfa Salmacis abraza al jóven Hermafrodito que estaba en el baño.]

FÁBULA IV.

_SALMACIS Y HERMAFRODITO._

Causó bastante admiracion en sus hermanas lo que Leuconoe acababa de referir. Las unas decian que era increible: las otras, que todo lo podian los verdaderos Dioses; pero que no era Baco de este número. Alcitoe nada habia dicho aun; y por lo mismo la suplicaron contase alguna historia, y la obligaron á ello con el silencio. Nada os hablaré, dixo, continuando su labor, de la aventura del pastor Dafnis, que guardaba sus rebaños en el monte Ida, y á quien una Ninfa, zelosa de su rival, convirtió en roca. ¡Tanto furor como este inspira el amor quando es despreciado! Esta historia es bien sabida de todos. Tampoco diré la de Esciton, hombre y muger á un tiempo. Pasaré en silencio la de Celmo, tan fiel á Júpiter en su infancia, y que despues, por su indiscrecion, fue transformado en diamante. No me detendré en la de los Curetes, que se formaron de una lluvia. Tampoco es mi ánimo contaros la de Croco, ni la de Esmilax convertidos en flores; pero sí quiero divertiros con una historia agradable.