Metamorfóseos o Transformaciones (1 de 4)

Part 7

Chapter 74,050 wordsPublic domain

En el mismo seno de la felicidad tu nieto Cadmo, convertido en ciervo, y devorado por sus propios perros, fué la primera causa de tus desgracias: mas el motivo de esta triste aventura, si se indaga, se ha de atribuir al acaso, y no á ningun delito personal; porque ¿qué crímen puede causar un error? Habia matado muchas fieras en el monte Citeron; y el sol estaba en medio de su carrera, quando llama á sus compañeros, que aun corrian por medio del bosque, y les dice: „Nuestras redes y dardos estan teñidos de la sangre de los muchos animales que hemos cazado; debemos estar contentos con la caza que tenemos: mañana, quando la aurora se asome por el oriente, repetirémos nuestro exercicio. Febo está á igual distancia de oriente y de occidente;[185] sus calores hienden la tierra; dexad el trabajo; recoged las nudosas redes.”

Sus compañeros le obedecen, y dexan el trabajo. Habia cerca de allí un valle con el nombre de Gargafie: lugar poblado de pinos y cipreses, y consagrado á Diana. Ocultaba en lo interior una cueva sombría y obscura, que aunque formada por sola la naturaleza, se podia tener fácilmente por obra del arte. Veíase en ella un nativo arco de rocallas y piedras pomez, á cuya derecha corria con apacible murmullo una fuente de agua clara entre las dos orillas cubiertas de yerbas. Á este agradable arroyo venia á bañarse la Diosa de los bosques quando se hallaba fatigada del exercicio de la caza. Aquel dia, inmediatamente que llega allí, da á una de sus Ninfas las flechas, arco y aljaba: otra la desnuda: dos de ellas la descalzan, miéntras que Crocale, hija del rio Ismeno, que era la mas diestra, la ataba el cabello, que estaba destrenzado por su espalda, aunque tambien ella le tenia desatado. Niféa, Hiale, Ranis, Pseca y Fiale sacaban agua en los vasos, y bañaban á su Señora. Á este tiempo Acteon, que despues de haber interrumpido su caza andaba sin cautela por aquel monte, llega guiado por su mala ventura al lugar en donde se bañaba la Diosa: apénas se acercó á la fuente, quando las Ninfas, viéndose desnudas á la vista de un hombre, hinchen de clamores todo el bosque, se hieren sus pechos, y se ponen á la redonda de Diana para ocultarla; pero sobresalia la cabeza de la Diosa, que les excedia en la estatura. Qual suelen parecer las nubes quando el sol las hiere con sus rayos, ó la rosada aurora despues de ocultarse las estrellas, tal pareció el rostro de Diana al verse desnuda en presencia de un hombre. Aunque estaba rodeada de sus Ninfas, no dexó de apartar su vista y ocultar su hermoso rostro. Y así como hubiera lanzado contra él sus flechas á haberlas tenido, del mismo modo se sirve de las aguas, y arrojándolas á la cara de Acteon, pronuncia estas palabras, funesto presagio de su desgracia: „Ahora, si eres hombre, di que has visto bañarse á Diana; y cerró sus labios.”

FÁBULA IV.

_ACTEON TRANSFORMADO EN CIERVO._

En el mismo momento la cabeza de Acteon se cubre de astas de ciervo, su cuello y orejas se aumentan, sus manos se truecan en pies, los brazos en piernas largas y delgadas, y todo su cuerpo se cubre de un manchado pelo. Se llena de pavor; huye este héroe, y tan ligero, que se causa admiracion á sí mismo. Luego que vió su figura y cuernos en la sombra de un arroyo, ¡ah, que desgraciado soy! hubiera querido decir; pero le faltaba ya la voz; y en su defecto los suspiros y lágrimas, que corrian por agenas mexillas, declaraban toda su pena, porque conservaba aun su conocimiento: confuso, no sabe qué hacer, si emboscarse en la selva, ó volverse al palacio de su padre: el pudor le impide aquello; y esto el temor; y en medio de esta duda le descubren sus perros.

[Ilustración: (42) Acteon transformado en Ciervo es despedazado por sus perros.]

Melampo, excelente perro de Creta, y el Espartano Icnobates, diéron señales por sus ladridos, que estaban sobre la senda; los demas los siguiéron con una velocidad, que igualaba á la del viento; Panfago, Dorcéo, Oribaso, naturales de Arcadia, el valiente Nebrofono, Teron, tan furioso como Lelape, el ligero Peterelao, Agre, que tenia una delicada nariz, Hiléo, que poco tiempo ántes habia sido herido con la dentellada de un jabalí, Nape, hija de un lobo verdadero, Poemenis, que en otro tiempo guardaba ganados, Harpia con sus dos hijos, Ladon, excelente perro agalgado de Sicion, Dromas, Canacho, Sticte, Tigre, Alce, el blanco Leucon, el negro Asboló, Lacon, el mas fuerte, y Aëlo, el mas ligero de toda la turba, Thoo, Licisce con Ciprio su hermano, el negro Harpalos, que tenia una señal blanca en la frente, Melanéo, Lachne con el pelo erizado, Labros y Agriodos, cuyo padre fué traido de Creta y la madre de Laconia, Hilactor, gran ladrador, con otros muchos que seria molesto nombrar; y todos, con deseos de coger la presa, le siguen con ardor, atravesando montes, rocas, y aun lugares inaccesibles donde no habia ninguna señal de camino. El desgraciado Acteon huye de sus canes por los mismos parages en que tantas veces habia cazado. ¡Ah! ¡el amo huye de sus criados! Quisiera hablar y decirles: yo soy Acteon; reconoced vuestro amo; pero su mala suerte ya le habia privado del uso de las palabras para poderse explicar. Entre tanto resuena el ayre por todas partes con los ladridos de los perros. Melanchete fué el primero que le mordió en la espalda, Therodamas le hirió casi en el mismo sitio, y Oresitrofo en los riñones; estos tres perros, aunque habian salido los últimos, llegáron primero que los demas, porque atajáron por las montañas. Despues que le detuviéron, toda la turba se echó sobre él, y fué tan maltratado, que no quedaba ya en su cuerpo parte alguna en que pudiesen hacerle nuevas heridas. Acteon gime, y hace que se escuche una especie de voz ménos articulada á la verdad, que la de un hombre, pero mas distinta que la de un ciervo. Las cercanas montañas, donde tantas veces habia cazado, resonaban con sus gritos y quejas; inclina las rodillas, y como queriendo pedir la vida á sus compañeros, les mira tristemente, no pudiendo tenderles los brazos: mas ellos azuzan á los perros contra su amo, que en vano buscan y llaman, como si estuviese muy distante. Al oirse nombrar, levanta el miserable la cabeza: ellos sienten amargamente no verle, y que no asista al espectáculo de la presa: él quisiera ciertamente hallarse ausente: quisiera asistir al espectáculo; pero no ser él mismo la víctima. Rodéanle todos sus perros, y aplicando los hocicos despedazáron á su amo baxo la figura de ciervo; pero no se sació la ira de Diana, aunque terminó su vida acribillado de innumerables heridas.

FÁBULA V.

_JÚPITER Y SEMELE._

Opináron con variedad los Dioses de la accion de Diana: á unos parecia demasiado cruel: á otros justa y digna de una Diosa severamente casta: cada uno apoyaba su opinion con buenas razones. Sola Juno ni aprueba ni vitupera la accion, como que tenia complacencia en qualquiera desgracia acaecida á la familia de Cadmo. El odio que tenia á Europa, la hacia aborrecer toda su prosperidad. Una nueva causa de zelos acababa de aumentar su desesperacion contra esta familia. Viendo, á pesar suyo, que Semele estaba preñada de su marido, desata su lengua en oprobios: „¿Qué me aprovecha, dice, reñir tan sin fruto con mi esposo? Á ella en derechura dirigiré mis tiros; morirá, si es que verdaderamente soy llamada la gran Juno: si me es propio empuñar el precioso cetro, si soy Reyna, hermana y muger de Júpiter, á lo ménos sé que soy hermana. ¿Pero acaso esta belleza se habrá ocupado en una simple galantería, sin haber deshonrado mi lecho?

[Ilustración: (43) Júpiter desciende con toda su magestad al palacio de Semele y su resplandor le incendia.]

No, hállase preñada, y solo me faltaba este agravio: el estado en que se halla prueba hasta la evidencia su delito; ella quiere tener hijos de Júpiter, cosa que á mí sola no ha cabido mas que una vez; ¡tanta es la vanidad de su hermosura! pero esta misma ha de acarrear su ruina, porque no he de ser hija de Saturno, si el rayo de su amante no la precipita de cabeza en el Tártaro.” Despues que la Diosa acabó de hablar, levántase de su trono, y desciende al palacio de Semele cubierta de una nube, y no salió de ella, sino despues de haberse dexado ver en la forma de una vieja. Cúbrese la cabeza de canas, arrúgase la cara, camina con paso vacilante, y habla con voz cascada: en fin, se transforma en la misma Beroe, nodriza de Semele. Despues que habláron cosas indiferentes, enderezó Juno de tal modo la conversacion, que hizo recayese sobre Júpiter, y suspirando: „¡Oxalá, dice, que sea el mismo Júpiter el que te ama! Pero yo temo lo contrario: ¡quantas mugeres han sido engañadas por simples mortales que tomaban el nombre de algun Dios! Pero no basta que él diga que es Júpiter, es menester que te dé pruebas seguras de su amor, y si es el verdadero, ruégale, que te reciba en sus brazos como le recibe Juno; y que tome, para asegurarte, todas las insignias de su grandeza.” Persuadida la hija de Cadmo por este discurso, cuyas miras no alcanzaba, pidió á Júpiter una gracia sin decirle qual era. „Puedes pedir, la responde, todo lo que quieras, segura de que nada te negaré, y para que mas lo creas lo juro por la Estigia, Dios tan temible para todos los demas, de quienes es el Soberano.” Alegre Semele con el mal, confiada de su poder, é ignorando que habia de ser su ruina el obsequio de su amante: „Quando vengas á verme, le dice, preséntate con la misma magestad que te enlazas con Juno en calidad de esposo.” Quiso el Dios cerrarla la boca, para impedirla acabar su demanda; pero la voz precipitada ya habia subido por los ayres.[186] Suspiró profundamente; pero ya ni podia evitar la peticion de Semele, ni el desdecirse él del juramento que le habia hecho. Sube, pues, al cielo lleno de tristeza: junta los nublados, la lluvia, los truenos, los relámpagos y los rayos, cuyos tiros siempre son certeros.

[Ilustración: (44) Júpiter da á luz á Baco. Ino le cría en secreto y lo confía á las Ninfas de Nisa.]

FÁBULA VI.

_NACIMIENTO DE BACO._

Procuró Júpiter quanto pudo enervar la fuerza de los formidables rayos: no quiso tomar de aquellos con que quitó la vida á Tifon el de cien manos, por parecerle demasiado terribles: hay otros rayos mas leves, que fabrican los Cíclopes, y que tienen ménos ardor, ménos fuego, y ménos actividad; á estos llaman los Dioses rayos de segunda especie. Toma de estos, y baxa con toda su magestad al palacio de Semele. No pudo sufrir un mortal cuerpo el aparato acelerado del cielo, y así es que fué abrasado con los conyugales dones.[187] Estaba preñada Semele, y Júpiter sacó el imperfecto niño del vientre de su madre; y, aunque parece cosa increible, le introduxo en su muslo, donde cumplió el tiempo que le faltaba de su madre:[188] su tia Ino[189] le recibió secretamente en la primera cuna, y despues le entregó á las Ninfas Niseidas para que le ocultasen en sus cuevas, y en ellas le alimentáron con leche.

Miéntras sucedia esto en la tierra, por el fatal destino que arregla todos los sucesos, y estaba segura ya la vida del dos veces nacido Baco,[190] dicen que habiendo bien bebido un dia Júpiter, y dexado los graves cuidados que le ocupaban, se divertia con Juno, estando ociosa y de buen humor, y entre otras cosas la dixo: „Yo me inclino á creer que las mugeres tienen mas placer que los hombres en el comercio del amor.” Juno le respondió que no era de su opinion; y para determinar esta contienda, concertáron que la juzgase el sabio y justo Tiresias, que habia gustado de los placeres del amor baxo los dos sexôs; porque hallando cierto dia en un bosque dos serpientes que estaban engendrando, las hirió con su báculo, y al momento (¡cosa admirable!) fué transformado en muger, y vivió siete años con vida tan penosa. Al octavo, volviendo á encontrar estas mismas dos serpientes, asimismo ligadas y juntas, si es tanto el poder de vuestra herida, dixo, que á quien os hiere dais contrario sexô, os heriré tambien ahora. Apénas lo habia executado, quando adquiere la primera forma y figura con que habia nacido. Nombrado este por juez en una causa jocosa, confirma el parecer de Júpiter. Sentida Juno mas de lo justo, y de lo que la cosa merecia, castigó al juez, privándole para siempre de la vista; pero Júpiter por esta pérdida (porque un Dios no puede deshacer lo que otro ha hecho) le concedió el don de conocer lo futuro, compensando de este modo el daño que Juno le habia originado.

Tiresias se habia ya hecho célebre en toda la Beocia por los infalibles oráculos que daba á los pueblos que iban á consultarle. La cerúlea Liriope fué la primera que experimentó la certeza de sus respuestas. Enamorado de ella el rio Céfiso, la encerró un dia en sus ondas; la forzó, y la hizo madre de un niño tan hermoso, que desde entónces podia ya ser amado de las Ninfas. Narciso le pusiéron por nombre. Habiendo ido su madre á consultar á Tiresias sobre el destino de este niño, le preguntó si llegaria á una edad avanzada: „Sí, la responde el adivino, con tal que no contemple su hermosura, viéndose á sí mismo.” La respuesta fué tenida en mucho tiempo por vana; mas el suceso, el modo con que Narciso perdió la vida, y la singularidad de su pasion, la hiciéron ser creida. Habia llegado ya á la edad de diez y seis años, y podia pasar por muchacho y jóven[191] á un mismo tiempo. Muchos jóvenes, muchas doncellas le solicitáron; pero su hermosura le hizo tan altanero y orgulloso, que no permitió tocarse ni de unos ni de otros.

[Ilustración: (45) La Ninfa Eco, procurando divertir á Juno para engañarla, es convertida en voz.]

FÁBULA VII.

_ECO TRANSFORMADA EN VOZ._

Vió á Narciso, obligando á los ciervos á dar en las opuestas redes, Eco, Ninfa vocinglera, que ni podia callar, quando otro hablaba, ni hablar la primera. Todavía era cuerpo Eco y no solo voz:[192] aunque capaz de hablar, no tenia otro uso su voz que el que ahora tiene, y es repetir las últimas silabas de las palabras. De este modo la habia castigado Juno, porque quando esta Diosa queria sorprehender á Júpiter en los montes con alguna de las Ninfas, Eco la detenia con agradables discursos hasta que estas se retiraban. Conociendo la hija de Saturno el engaño: „yo haré, dice, que tenga corta potestad esa lengua de que abusas para engañarme, y el uso de tu voz sea muy limitado.” Siguióse la execucion á la amenaza; y Eco, desde este tiempo, no podia articular sino los últimos acentos de las palabras que oía. Luego, pues, vuelvo á decir, que vió por las inaccesibles selvas á Narciso, y se vió cautiva de su hermosura, rastrea ocultamente sus pasos, y quanto mas le sigue, tanto mas se acrecienta la llama en que se abrasa, del mismo modo que arden las extremidades de las teas untadas con azufre activo. ¡Ó quantas veces quiso llegarse á él con cariñosas palabras, manifestarle su amor, y aun rogarle! pero lo repugna su naturaleza, no la concede empezar, y solo le permite que se disponga á repetir las últimas palabras que escucha. Separado por ventura el jóven de la muchedumbre de sus fieles compañeros, ¿quién está aquí? dixo; y _está aquí_, respondió Eco. Se pasma, y mirando á todas partes, llégate, clama con el mayor esfuerzo: y ella llama á quien la llama:[193] vuelve á mirar con mas atencion, y como no se acercaba nadie, ¿por qué huyes de mí, dice? y oye repetir las mismas palabras. Se para, y engañado de aquella voz articulada alternativamente: juntémonos aquí, dice, y como á nada podia responder Eco mas gustosa, _juntémonos_, le responde. Comprueba con los hechos sus palabras; y saliendo de las selvas con la ansia de echar los brazos al deseado cuello, huye él impidiendo así los brazos, diciéndola: apártate de mí, que estoy dispuesto á morir ántes de reducirme á ser tuyo: nada le responde ella, sino _ser tuya_. Se oculta vergonzosa entre las selvas, y desde entónces, cubriendo su ruboroso rostro de hojas, habita solo en las cavernas, conservando sin embargo su amor, que se aumenta con el sentimiento de verse repudiada. Los vigilantes cuidados tienen extenuado su cuerpo miserable, la flaqueza arruga su piel, y toda la sangre de su cuerpo se convierte en ayre; no quedó de ella otra cosa sino la voz y los huesos; pero solo la voz se conserva, porque los huesos fuéron trocados en piedras. Desde este tiempo se esconde entre las selvas; pero no se dexa ver en monte alguno: todos la oyen, porque solo el sonido vive en ella.

Se burló Narciso de aquella infeliz, del mismo modo que se habia burlado de otras Ninfas, ya de los rios, ya de los montes, é igual befa habia hecho de muchos hombres quando era muchacho. Hubo alguno, que resentido de los desprecios y arrogancia de este jóven, ¡oxalá, dice, levantando las manos al cielo, que él ame sin ser correspondido de su amada! Oyó su justa peticion la Diosa Nemesis.[194] En un apacible valle habia una fuente, á cuyas aguas, tan claras como la plata, jamas habian tocado los pastores ni ganados. Ninguna ave, ninguna fiera, ningun ramo caido de los árboles la habian enturbiado. Estaba revestido de yerba, á la que conservaba fresca el agua inmediata, y la densidad de la selva no permitia que el Sol calentara con sus rayos aquel sitio.

[Ilustración: (46) Narciso se ve en una Fuente y se enamora de sí mismo.]

FÁBULA VIII.

_NARCISO TRANSFORMADO EN FLOR._

Cansado Narciso de la caza, y fatigado del ardor del Sol, se reclinó al pie de aquella fuente atraido de la amenidad y hermosura del sitio; pero intentando aplacar su sed en las cristalinas aguas, le sobreviene otra de nuevo.[195] Porque transportado, al beber, de la imágen de una hermosura[196] que veia retratada en ellas, ama una esperanza sin efecto, teniendo por verdadero cuerpo lo que era una sola ilusion. Su misma hermosura suspende á Narciso; se queda inmoble, sin alterársele el semblante, como una estatua hecha de mármol de Paros. Contempla, tendido, sus dos ojos, que parecian estrellas, sus dedos dignos de Baco, y sus cabellos merecedores de Apolo, sus impúberes mexillas, aquel cuello, que parecia de marfil, la delicadeza de su boca, y el carmin que cubria á su candor extremado. Se admira de quanto en él es admirable. Asimismo se desea imprudente, y es alabado el mismo que alaba: quando desea, es de sí propio deseado; y á un mismo tiempo despide fuego, y se abrasa. ¡Quantas veces besó inútilmente la engañada fuente! ¡y quantas, lanzando los brazos en el agua, para asirse al cuello que veia, no se encontraba á sí mismo! No conoce lo que está viendo; pero con su vista se abrasa, y el error que seduce sus ojos enciende mas su pasion. ¿Para qué procuras, crédulo,[197] unas fugaces sombras? En ninguna parte está el ídolo de tu deseo. Retírate de esa fatal fuente, y perderás lo que amas. Lo que ves, es solo una sombra que reflexa en el agua. Nada tiene suyo, tú llevas, y en tí permanece todo su encanto; y se separará contigo, si es que puedes de aquí separarte. Pero ni la necesidad de comer, ni el cuidado del descanso le pueden arrancar de allí, ántes tendido en la umbrosa yerba, contempla aquella falaz figura, sin poder dar satisfaccion á su vista. Sus mismos ojos causan su ruina, y se incorpora un poco, tendiendo sus brazos á las selvas inmediatas: „¿Quién, selvas, exclama, ha amado con mas crueldad? Bien sabeis, y yo sé, que muchos os fiáron sus secretos; ¿pero os acordais en los largos años que teneis, haber visto á un amante, que como yo se haya consumido? Me lisonjeo con ver el objeto de mi pasion; pero quando me agrada y le veo no puedo tocarle: ¡qué error tan grande está apoderado de este miserable amante! y para mi mayor tormento, ni el vasto mar, ni un dilatado camino, ó una ciudad cercada de murallas, nos separa; la simple superficie del agua prohibe nuestra union. Él mismo desea enlazarse conmigo, pues quantas veces dí ósculos á las líquidas aguas, otras tantas quiso besarme. Es tan corta la distancia que prohibe nuestra union, que puede creerse que podemos tocarnos; y tú jóven, qualquiera que seas, sal; ¿por qué, pues, eres el único que me burlas? ¿Adónde huyes quando te llamo? Mi edad ni mi hermosura no es para que me desprecies: hasta las mismas Ninfas me amáron. No sé qué esperanza me promete tu amigable semblante. Quando yo te alargo mis brazos, me correspondes voluntariamente: ries quando yo me rio: tambien fui testigo de tus lágrimas, quando yo las derramaba: apruebas las señales de afecto que te hago devolviéndomelas; y á lo que advierto, por el movimiento mismo de tus delicados labios, despides palabras que no llegan á mis oidos. Ya conozco que yo soy á quien amo; no me engaña mi imágen. Me abraso en amor de mí mismo: yo alimento y sufro esta llama. ¿Qué haré? ¿seré suplicado, ó rogaré? Pero ¿qué pediré? En mí está lo que anhelo. En medio de la abundancia soy miserable. Oxalá pudiera yo separarme de mi propio cuerpo: quisiera que estuviese léjos de mi lo que amo; deseo pocas veces visto en un amante. El dolor ya me debilita las fuerzas; no me queda mucho tiempo de vida, y voy á morir en la flor de mi edad. Pero no me es sensible la muerte, puesto que han de terminar con ella todas mis penas; quisiera sí, que viviese largo tiempo mi amado: mas ¡ay! que ahora morirémos en un alma con unos mismos deseos.” Dixo esto, y casi demente vuelve á mirar la misma imágen: con el llanto enturbia las aguas, y con su turbacion desapareció aquella hermosura. „¿Adónde huyes? clama, luego que se habia ocultado: vuelve, y no desampares cruel á un amante: permítaseme verte, ya que no tocarte, dando de este modo pábulo á un furor miserable.”[198] Rasga sus vestidos de alto abaxo con la vehemencia del dolor, y hiere su desnudo pecho con aquellas blancas manos, poniéndole colorado con los golpes, y con el mismo color que tienen las manzanas, quando de un lado estan blancas, y del otro rubicundas, ó el que suele tener la uva en varios racimos quando todavía no ha acabado de madurar: luego que el infeliz vió así su pecho en el agua ya serenada, no pudo resistir mas; y así como suele derretirse la roxa cera con lento fuego, y el rocío de la mañana con el calor del sol, del mismo modo se va ya consumiendo, extenuado con el amor, y acabándose el ardor que ocultaba su pecho. Habia perdido ya aquella blancura natural, el vigor y las fuerzas le faltan, y desaparece aquello que tanto encantaba con ser visto. Ya no exîste aquel cuerpo, que habia sido otro tiempo el objeto del amor de Eco, quien, aunque airada y resentida de sus desprecios, hizo gran sentimiento quando le vió; y quantas veces el miserable jóven ¡ay! exclamaba, otras tantas le correspondia con las mismas voces; y tambien hacia resonar movimientos de repercusion, quando él se golpeaba el pecho con sus manos. La última voz que despidió, mirando al agua como solia, fué: ¡ay, jóven en vano amado! y las mismas palabras repitió aquel lugar:[199] y diciendo vale; _vale_ respondió Eco. Dexó caer su cansada cabeza sobre la verde yerba, y la muerte cerró aquellos ojos, que admiraban la hermosura de su Señor. Y aun en la laguna Estigia se contemplaba atentamente, luego que fué recibido en el Imperio de Pluton. Le lloráron las Nayades[200] sus hermanas, y le ofreciéron los cabellos que se habian cortado sobre su sepulcro. Lloráron tambien las Driadas,[201] y Eco corresponde á su llanto. Disponian ya la hoguera, la leña hecha rajas, y el féretro; pero en ninguna parte encuentran el cadáver, y en su lugar halláron una flor roxa, ceñida de unas hojas blancas.

[Ilustración: (47) Baco llega triunfante á Grecia y resuenan los campos con el ruido de sus fiestas.]

FÁBULA IX.

_LAS FIESTAS DE BACO._